– ¡Tsunade, deja de hacer eso!
– ¡No me gritas, obaa-san!
– ¡No me grites tú!
– ¡Me vas a dar jaqueca!
Reí nerviosa observando la entrada de aquel lugar mientras escuchaba los gritos provenientes del interior.
La biblioteca de archivos de los shinigami, el lugar donde Mito y Tsunade trabajaban. Vagamente podía recordar pasar mi niñez en este lugar. Ambas mujeres me cuidaban bastante cuando mamá y papá no estaban, eran realmente mis nanas.
– ¿Estás segura de que quieres estar con esas mujeres?
Volteé a ver a Byakuya quien estaba a un par de pies detrás de mi, con una expresión seria, obviamente descontento por la escandalosa y poco profesional actitud de ambas mujeres.
– Hai… Realmente necesito hablar con ellas. –respondí con calma. Byakuya asintió en comprensión a mi respuesta.
– Volveré más tarde a buscarte para llevarte a tu habitación. –fue todo lo que dijo antes de darse la vuelta y marcharse a paso rápido.
Volví a dirigir mi mirada a la entrada del edificio.
Tomé un par de respiraciones profundas, armándome de valor para finalmente entrar.
Sus hábitos no habían cambiado para nada: Había grandes montañas de papeles desordenados por todas partes junto a montones de pergaminos mal enrollados, alguna que otra botella de sake vacía tirada, y en el centro de la habitación ambas mujeres discutiendo.
Mis ojos comenzaron a picar llenándose de lágrimas al verlas.
Estaban iguales que en mi memoria, tal vez con unos pequeños cambios en sus vestuarios. Ambas vestían las vestimentas tradicionales de shinigami, levemente modificadas para que quedasen personalizadas a gusto de cada una.
Tsunade llevaba un gran escote; Sus pantalones eran más ceñidos a diferencia de lo que comúnmente solían usar los shinigami, estos le llegaban a la mitad de la pantorrilla, dejando expuestos sus tobillos; Llevaba unas pequeñas sandalias con taco, similares a las que yo tenía puestas; También usaba un haori verde sobre el resto de su vestimenta.
Mito por su parte, conservaba los colores tradicionales de la ropa shinigami, sin embargo, sus vestimentas eran más similares a un kimono tradicional, con una larga falda que ocultaba sus pies, y largas y hermosas mangas.
– E-Etto… S-Sumimasen… –hablé para hacer notar mi presencia frente ambas mujeres que no dejaban de discutir. – Sumimasen. –hablé más fuerte al ver que no me habían escuchado.
Ambas dejaron de discutir y se voltearon para enfrentarme.
Me miraron fijamente durante unos segundos antes de que sus ojos se abrieran con sorpresa al igual que sus bocas.
– L-Lo siento… No quería interrumpirlas… –murmuré esbozando una sonrisa apenada. – Pero acabo de llegar al seiretei… Y quería ver a mis nanas…
Ninguna de las dos dijo nada, haciendo que comenzara a preocuparme ¿Acaso…? ¿Acaso no me recordaban?
– ¿S-Sakura…?
Lo voz de Tsunade me hizo sobresaltarme levemente. Ella tomó un par de pasos para acercarse a mí, extendiendo su mano para tocar mi mejilla.
– H-Hola… T-Tsunade-shishou… –podía sentir un nudo en mi garganta, a duras penas esbocé una sonrisa. Mis ojos se llenaban de más lágrimas.
– Sakura-chan… –habló Mito acercándose también a mí.
– Mito-san…
Ambas me envolvieron en un fuerte abrazo. Podía sentir sus cuerpos temblar producto del llanto.
Cerré mis ojos disfrutando la calidez del abrazo. Me sentía tan bien entre sus brazos, tan querida… Era como se mimada por un par de tías o abuelas, a pesar de que realmente no estábamos relacionadas por sangre.
Sin contenerme empecé a llorar.
Era tan curioso, no sabía lo mucho que las extrañaba hasta este momento. Sea quien sea la persona que me ha llevado al mundo humano, sentía un gran odio por haberme apartado de mi hogar, de mi familia.
– Por dios… Sakura, mira que hermosa te has vuelto. –habló Mito siendo la primera en apartarse del abrazo. – Te has convertido en una mujer muy hermosa, como tu madre.
– No puedo creer que realmente estés aquí. –habló esta vez Tsunade. – Creímos que habías muerto… Nadie pudo encontrarte…
– Lo sé… Yo… –poco a poco les fui explicando todo lo que me había sucedido y descubierto. Cómo había llegado al mundo humano, lo que mis secuestradores me hicieron, mi encuentro con Rukia e Ichigo, mi reencuentro con papá, cómo llegué a la sociedad de las almas, lo que le sucedió a Jidanbo, la reunión con los trece capitanes.
– Moo~ Ese Yamamoto. –se quejó Mito cruzándose de brazos. – Cuando me lo encuentre me va a escuchar. Cómo se atreve a negarte la palabra cuando tienes argumentos válidos para defender el caso de Kuchiki Rukia…
– Harás eso después, obaa-san… –habló Tsunade. – Realmente me preocupa lo que las personas que la secuestraron le hicieron… Mira, incluso perdió el byakugou…
– Tienes razón… –murmuró preocupada Mito mirándome fijamente.
– ¿Bya… qué? –dije confundida.
– Byakugou. –repitió Tsunade antes de señalar el sello con forma de rombo que tenía sobre su frente y que Mito también poseía. – Es un sello que solo personas con un gran control de energía pueden lograr…
– Básicamente es una gran cantidad de reiryoku acumulada durante un largo periodo de tiempo. –explicó Mito. – Cuando el sello se libera, el usuario puede aumentar sus capacidades físicas y espirituales…
– De pequeña fuiste capaz de lograrlo en tan poco tiempo, poseías una gran cantidad de reiryoku. –habló Tsunade. – Si aún lo tuvieses sería una buena señal, significaría que aún posees una buena parte de tu reiryoku… Pero… Realmente han deteriorado bastante tu poder espiritual. Haría falta un entrenamiento bastante intenso para lograr restaurarlo a sus viejos niveles… Bueno, si es lo que decides.
– ¿Decidir…?
– Bueno, nosotras solíamos ser tus principales maestras en las artes shinigamis, aunque ocasionalmente los capitanes también te entrenaban cuando tenían tiempo libre. Tenías el sueño de convertirte en una gran shinigami, alguien que pudiese purificar las almas de los Hollows, dando el debido descanso a las almas que nunca pudieron llegar a la sociedad de las almas. Era bastante tierno verte entusiasmada con tal idea, aún si sabíamos que no era posible revertir el proceso de hollowficación. Era una idea realmente hermosa… –comentó Mito. – Sin embargo, tu vida a cambiado mucho desde entonces, tal vez ahora no deseas ser más una shinigami…
– Yo… No lo había pensado… –murmuré.
Y era cierto. No me había planteado hasta el momento la idea de convertirme en una shinigami como Rukia o Ichigo.
Desde que había descubierto la verdad sobre mi verdadero ser, lo único que había pensado era en recordar mi vida, recuperar a las personas que eran especiales para mí. Había asumido que era una persona importante en la sociedad de las almas, pero jamás había pensado en el hecho de tener habilidades como shinigami.
En retrospectiva… Me sentía un poco tonta por no haberlo pensado.
– Ara… No te preocupes… –habló Mito con un tono maternal. – Aún tienes mucho tiempo para pensarlo, y muchas cosas que hacer antes de siquiera pensar en entrenarte…
– Pero, si aún así decides que quieres convertirte en shinigami… Con gusto te enseñaremos nuevamente lo que necesitas saber. –agregó Tsunade con una sonrisa determinada.
– Ahora… Déjanos ver ese sello que mencionaste. –dijo Mito.
Yo asentí en respuesta y me puse de espaldas a ella, corriendo mi cabello para dejar mi cuello expuesto. Pude sentir sus dedos trazando los gruesos trazos del kanji que marcaba mi piel.
– ¿Pueden romperlo…? –pregunté esperanzada.
– Bueno, es realmente un sello complejo. La persona que lo hizo tiene conocimientos realmente altos acerca de sellos… Pero… Tu padre tiene razón, el sello es más débil. La coloración varía en varias zonas, y el hecho de que tus memorias se filtren son la prueba de ello… –respondió Mito. – Aún así será difícil removerlo… Es un sello preparado para infringirte daño… Es muy probable que en cuanto empecemos el proceso de eliminación, el sello se active provocándote mucho dolor.
Me mordí el labio al escucharla.
– ¿Crees que puedas soportarlo? –preguntó Mito.
– L-Lo haré. –me apresuré a contestar, tropezándome con las palabras. – Aunque duela… Quiero deshacerme de este sello lo antes posible. Con él no tengo chances de recuperar completamente mi memoria, tampoco podré empezar un entrenamiento si este sello me reprime cada vez que intente usar una habilidad.
– Si es lo que deseas… –dijo la pelirroja comprendiendo. La miré de reojo viendo como esta se volteaba a ver a Tsunade. – Probablemente lo mejor sea que llamemos a Unohana-taichou, ella podría intentar aliviar el dolor de Sakura mientras nosotras trabajamos para romper el sello…
– Yo también soy una sanadora, obaa-san. –refunfuñó Tsunade, como si la sola mención de Unohana le hubiese fastidiado de sobremanera.
– Baka. –la regañó Mito mientras le daba un pequeño golpe en la cabeza a Tsunade. – Necesito que enfoques el cien por ciento de tu atención a romper el sello… Se que eres una gran médica, pero en este momento necesito que hagas otra cosa. –Tsunade bufó, no muy convencida con las palabras de la pelirroja. – Eso es todo… Por favor, mándale una mariposa del infierno a Unohana-taichou, de ser posible dile que también venga Isane-fukutaichou.
– Hai… –masculló Tsunade antes de apartarse para hacer lo pedido por Mito.
– Ahora, Sakura, tendré que pedirte que recojas tu cabello y te bajes un poco la parte superior de tu kimono. Nos facilitarías bastante el trabajo de esta forma. –dijo la pelirroja dirigiéndose a mi ahora mientras arremangaba las mangas de su kimono y las aseguraba para que no le estorbasen.
– De acuerdo… –murmuré.
Recogí mi cabello uniéndolo al rodete que ya tenía armado, y bajé levemente las mangas de mi kimono hasta la mitad de mi brazo. Agradecía que solo estuviesen Mito y Tsunade aquí, al bajar mi kimono dejaba una gran parte del inicio de mis senos expuesta, sería realmente incómodo si alguien entrase y me viese así.
– Mito-san, Tsunade-san, vengo a traer unos papeles que…
Volteé levemente mi cabeza para observar a la persona que estaba situada en la entrada del lugar. Era uno de los capitanes, un chico de cabello plateado y ojos azules.
Nuestras miradas se cruzaron y pude notar como su rostro comenzaba a tornarse completamente rojo, también podía sentir mis mejillas calentarse. Me volteé rápidamente dándole la espalda.
Esto era realmente incómodo.
– ¡L-Lo siento, Sakura-hime! N-No sabía que… –exclamó avergonzado intentando disculparse conmigo.
– Ah, Hitsugaya-taichou. –escuché a Mito hablar en forma de saludo hacia el chico.
Hitsugaya…
– M-Mito-san….
– ¿A qué debemos su presencia, taichou? –preguntó Mito.
– Y-Yo, venia a traer unos papeles que Matsumoto olvidó traer. –respondió el chico.
Hitsugaya…
– Ah, Rangiku-chan siempre tan distraída. –rió Mito. – Muchas gracias por traerlos, Hitsugaya-taichou, sin embargo, debo decirle que estamos algo retrasadas en nuestro trabajo… Y hemos pausado momentáneamente las actividades del departamento. Verá… Debemos ayudar a Sakura-hime a quitarse ese feo sello que tiene en el cuello.
Pude escuchar como el peliplata hacía un sonido indicando que comprendía la situación. Podía sentir su mirada clavada en mi nuca.
– ¿Hay algo en lo que pueda ayudar?
Hitsugaya…
Hitsugaya…
– Bueno… Ahora que lo mencionas… –escuché a Mito murmurar. – Podrías traer algo de comida y mucha agua. También un abanico o algo para abanicar a Sakura-hime. Verás… el proceso será bastante doloroso, agotador y hasta incluso sofocante para Sakura-hime.
Hitsugaya…
Hitsugaya… Toushiro… kun…
Un quejido escapó de mis labios al sentir el característico ardor que el sello me provocaba cada vez que una memoria venía a mí.
– E-El sello está brillando…
– ¿Eh? ¿Sakura-chan?
– N-No te preocupes… Es solo… Una pequeña memoria… –murmuré. Hice un gesto de dolor, rápidamente sentí como alguien se acercaba a mi y pronto una extraña calidez sobre la zona de mi cuello se hizo presente.
Pasaron unos pocos segundos y el dolor desapareció completamente.
– ¿Estás mejor…? –era Tsunade.
– Si… Gracias, Tsunade-shishou… –murmuré.
– ¿Qué fue lo que recordaste? –oí que Mito me preguntaba.
– Un nombre… –respondí volteando levemente, asegurándome de cubrir mi escote. Mi vista se fijó en Toushiro que me observaba preocupado. – El nombre de Toushiro-kun…
Seguía observándolo y, a cambio, el me observaba a mi con una expresión indescifrable para mí.
– Si un simple nombre te provocó tal dolor… Es mejor que nos apresuremos a quitarte esa cosa horrorosa. –habló seriamente Tsunade. Su mirada se dirigió hacia Mito. – Unohana e Isane ya han sido avisadas, deberían estar aquí en cualquier momento.
– Comprendo… Hitsugaya-taichou… ¿Podría traer lo que le he pedido?
– H-Hai…
Nuestro contacto visual se rompió. Toushiro se dio la vuelta marchándose rápidamente para ir en busca de los elementos que Mito le había solicitado.
– Ese chico realmente está interesado en ti… –habló Mito.
Mis mejillas se tornaron rojas ante su comentario.
– ¿¡Q-Qué!?
– Bueno, es muy obvio… El pobre chico estaba realmente devastado cuando desapareciste. Sabes… El es realmente famoso entre las chicas jóvenes del seiretei, sin embargo, el rechaza a cualquiera que se le confiese… Los rumores dicen que es porque tenía la esperanza de encontrarte algún día. Y la forma en la que te miró ahora… Ah, Sakura-chan, eres realmente una pequeña rompecorazones. –habló divertida la mujer pelirroja.
– D-Deja de decir tonterías… –mascullé sonrojada a lo que ella solo rió.
– ¿Me han llamado, Mito-san, Tsunade-san? –la dulce voz de Unohana se hizo presente en la habitación.
Unohana se hizo paso a través de la habitación quedando a unos pies de Mito, a su lado, una chica de cabello corto plateado yacía de pie lista para acatar cualquier orden que su capitana le diese.
– Ah, justo a tiempo, Unohana-taichou…
