Aún sigo bastante avergonzada por haber confundido los capítulos de dos fanfics distintos ;w;

De verdad, a cada rato vuelvo a revisar el fanfic para asegurarme que corregí bien el error. Realmente lamento la confusión que causó mi pequeño error, espero que no dejen de leer la historia solo por esto :c

Aquí les traigo el décimo capítulo. Espero que les guste...


Sakura POV

– Me gustaría saber para qué han solicitado mi presencia… Tsunade-san no ha sido muy explícita en su mensaje. –habló Unohana acercándose. Mi mirada se cruzó con la suya y ella me dedicó una pequeña sonrisa antes de voltearse nuevamente hacia Mito.

– Bueno, vamos a remover el sello que bloquea los poderes y recuerdos de Sakura-chan… –dijo Mito. – Es bastante probable que el proceso le provoque bastante dolor. Necesito que Tsunade-chan se enfoque únicamente en romper el sello, por lo que tú eras la opción más viable para esta tarea. Necesitamos que, en caso de que Sakura empiece a sentir mucho dolor, intentes amortiguar el dolor con tus poderes sanadores.

– Entiendo… Entonces haré mi mayor esfuerzo. –dijo Unohana antes de tomar lugar frente a mí. – ¿Cuándo planean comenzar con el proceso?

– En unos segundos… Hitsugaya-taichou tiene que traer algunos suplementos que le he pedido. –respondió Mito. Unohana asintió en comprensión.

– ¿Cómo se siente, Sakura-hime? –preguntó Unohana mirándome a mi ahora.

– Yo… Nerviosa… –murmuré sincera. – No se cómo será esto, pero, realmente quiero deshacerme del sello. Es lo único que me impide recordar completamente mi vida aquí…

– Ya veo… Todo saldrá bien, Sakura-hime. Usted es una mujer muy fuerte. –dijo con su tono amable Unohana. – Y Mito-san y Tsunade-san son las mejores para este trabajo, estoy segura de que todo saldrá muy bien. –continuó hablando. – Hmm… Probablemente ya te han dicho mucho esto, pero… En cuanto sepamos quienes fueron los desgraciados que te hicieron esto, me encargaré de hacerlos sufrir.

Un escalofrío recorrió mi espalda haciéndome estremecer al oír las palabras de Unohana, su dulce tono solo hacía que fuese más aterradora.

– L-Lo sé… –murmuré. – Estoy comenzando a sentir pena por la o las personas que me apartaron de aquí. Todo el seiretei, mis padres… Ninguno parece dispuesto a tener piedad.

– Ah, es que debes entendernos, Sakura-hime… Fue un momento realmente duro para todos cuando desapareciste. Nuestra pequeña princesa no estaba más y no había rastro alguno de su paradero. Tu padre movilizó a todo el equipo de investigación para que buscaran en los archivos de todo el mundo pistas que nos ayudasen a dar contigo. Nada funcionó. –explicó Unohana. – Luego de eso solo comenzaron a haber problemas en el seiretei… Pasó mucho tiempo hasta que la situación se estabilizara.

– ¿Problemas…? –repetí confundida.

– Hai… Te contaremos de eso después.

– Traje lo que me pidió, Mito-san. –la voz de Toushiro se hizo presente en la habitación a medida que el entraba cargando una bandeja con todo lo que Mito le había pedido.

– Genial, entonces podemos comenzar con esto. –habló la pelirroja. – ¿Estás lista Sakura-chan? ¿Hay algo que quieras antes de empezar con la extracción del sello?

Negué con la cabeza inmediatamente.

– Por favor… Comencemos…

Mito asintió comprendiendo antes de situarse a mis espaldas junto a Tsunade. Pude sentir las manos de ambas sobre mi cuello, cubriendo completamente el kanji dibujado sobre mi piel. Tomé una respiración profunda antes de comenzar a sentir como la energía comenzaba a fluir por sus dedos.

Ni siquiera pasó un minuto antes de sentirlo: Mi cuerpo fu envuelto por un dolor punzante; Mi cuello ardía, y ese ardor se extendía por toda mi columna y hombros; Mi cara se sentía caliente, afiebrada; Mi garganta estaba repentinamente seca; Mi cuerpo comenzaba a sudar; Sentía como si mi energía comenzase a drenarse; Me sentía simplemente horrible.

No pude evitar gritar cuando el ardor se intensificó.

Sentía mis ojos picar, las lágrimas se avecinaban como una respuesta natural al dolor. Podía sentir que alguien me hablaba… pero el dolor era tan intenso que ni siquiera podía concentrarme en comprender quién era o qué me decía.

Cerré mis ojos sintiendo las lágrimas escurrirse por mis mejillas. Solo deseaba que esto terminase pronto.

Autora POV

Unohana se movió rápidamente colocando sus manos a cada lado de las sienes de la pelirrosa, dejando que su energía sanadora se filtrara a través de sus dedos, intentando apaciguar de alguna forma el creciente dolor que sentía la joven.

– Isane. –habló con voz firme a su teniente.

– ¿Si, Unohana-taichou?

– Ve a buscar una cubeta con agua fría y muchos paños limpios. –ordenó la capitana de la cuarta división.

– Hai. –respondió la peliplata antes de marcharse rápidamente a buscar lo solicitado por su capitana.

La mirada de Unohana se posó ahora sobre Toushiro quien observaba con suma preocupación en sus ojos a Sakura.

– Hitsugaya-taichou, por favor use ese abanico que trajo para darle algo de aire a Sakura-hime. –indicó la pelinegra al joven capitán de la decima división.

Toushiro parpadeo un par de veces antes de obedecer la orden dada por la mujer pelinegra. Estaba realmente preocupado por Sakura, al punto que le costaba pensar o moverse correctamente.

Torpemente agarró el abanico y lo abrió, para luego comenzar a moverlo creando una pequeña brisa que fuese agradable para la pelirrosa.

– Traje lo que me pidió, Unohana-taichou. –Isane volvió a entrar a la habitación cargando con ella la cubeta de agua y los paños limpios.

– Bien. Moja uno de esos paños y refresca el rostro de Sakura-hime. Repite la misma acción cada cinco minutos, ¿entendido? –volvió a indicar Unohana.

– Hai, Unohana-taichou. –asintió Isane mientras dejaba la cubeta en el suelo.

Tomó uno de los paños que había traído y lo sumergió en el agua fría por unos segundos. Lo sacó, escurriendo el exceso de agua, y lo acercó al rostro de la pelirrosa limpiando su sudor, dejándolo un poco más de tiempo en su frente para intentar calmar su fiebre.

Los cuatro shinigamis se mantenían en silencio haciendo sus tareas, por lo que el único ruido que se escuchaba en la habitación eran los gritos, gemidos, y sollozos de dolor que Sakura emitía.

Las personas que pasaban fuera del departamento de archivos del seiretei, se paraban brevemente observando con curiosidad aquel lugar. Algunos incluso miraban con pena al escuchar los desgarradores gritos. Fuese quien fuese la persona que los emitía, realmente parecía que estaba sufriendo.

El entrecejo de Tsunade se fruncía mientras clavaba su vista en el sello, poniendo todo su empeño para romperlo. Realmente se estaba resistiendo, lo cual estaba siendo un problema. Quería finalizar rápidamente con ello. Los gritos de Sakura eran como un puñal a su corazón.

– ¡Maldición! –exclamó molesta sin dejar su trabajo. – ¡Cuando encuentre al maldito que le hizo esto lo voy a matar!

– Cálmate, Tsunade… –le habló Mito a su lado.

– ¿Falta realmente mucho? –preguntó Toushiro volteándose a verlas brevemente, solo para volver a posar su mirada en Sakura cuando otro grito abandonó sus labios. – ¡Acaben con esto rápido, Sakura-hime está sufriendo!

– Hitsugaya-taichou. –lo regañó Unohana por su arrebato.

– Una cuarta parte del sello se ha ido. –informó Mito. – Pero está siendo realmente difícil… El sello está defendiéndose.

– ¿Es eso realmente posible?

– La persona que le colocó el sello a Sakura-chan estaba seguro de lo que hacía. Un sello tan complicado que solo le provocase dolor si intentábamos removerlo… Probablemente pensó que no lo haríamos, o dejaríamos el proceso inconcluso por temor a hacerle más daño. –explicó Mito.

Toushiro tomó con fuerza la mano de Sakura al escuchar otro grito desgarrador de su parte. Intentaba brindarle algo de confort, a pesar de que la pelirrosa no parecía ser realmente consciente de su entorno a causa del dolor.

– Tu puedes hacerlo, Sakura-hime… Eres fuerte… Solo resiste un poco más… –murmuró el capitán de la decima división.

Los minutos pasaban y seguían en aquella estresante situación. Alrededor de media hora después Mito y Tsunade retiraron sus manos sonriendo aliviadas con cierto aire triunfal. No había rastro alguno del sello en la piel de Sakura, aunque el dolor persistía.

Tsunade volvió a acercar sus manos al cuello de la pelirrosa, esta vez desprendiendo sus poderes sanadores, ayudando a Unohana a calmar el dolor.

– Respira… Vamos, inhala… exhala… –le indicaba la mujer rubia. – Hitsugaya, el agua.

– H-Hai…

Torpemente el peliblanco se apresuró a llenar un vaso con agua y acercarlo a los labios de la joven para que esta pudiese hidratarse adecuadamente. Desesperadamente la pelirrosa tomó el vaso entre sus manos, apresurándose a beber el contenido, casi atragantándose en el proceso.

– M-Más… –murmuró débilmente Sakura. Su respiración era irregular, a penas podía abrir sus ojos, aún había pequeños rastros de lágrimas en sus ojos.

Toushiro rápidamente la consintió cumpliendo sus exigencias. Volvió a llenar el vaso con agua, solo para que la pelirrosa lo volviese a vaciar de un par de tragos desesperados.

– ¿Cómo te sientes, Sakura-hime? –preguntó Unohana apartando sus manos de las sienes de la pelirrosa.

– Como si un camión me acabase de arrollar… Y hubiese roto cada mínimo hueso de mi cuerpo… –contestó la pelirrosa. Su voz estaba ronca de tanto gritar. – Siento como si no hubiese dormido en una semana entera…

– Bueno, ahora solo queda reponer tus energías. –habló Tsunade mientras se encargaba de acomodar la ropa de la pelirrosa. – El sello ya se ha ido, no deberías tener grandes problemas ahora. Tus memorias seguirán llegando de a poco pero ya no deberías sentir dolor cuando eso suceda… Aún así, si sientes algo fuera de lo común, sería bueno que nos avises.

– Realmente es muy fuerte, Sakura-hime… –habló Isane colocando el paño húmedo sobre la frente de la contraria. – Aguantar todo ese dolor sin siquiera desmayarse. –la elogió la peliplata. – Cuando escuchaba sus gritos, por un momento pensé que no lo lograría…

– Pero todo ha salido bien al final. –intervino Mito acariciando los cabellos de Sakura mientras tomaba el abanico que Toushiro había dejado, para comenzar a abanicar a la pelirrosa. – Hmm… Parece que Ukitake-taichou se aproxima. –comentó al sentir el familiar reiatsu del capitán de la decimo tercera división.

Los ojos de la pelirrosa brillaron en reconocimiento ante el nombre.

Tal y como Mito había mencionado, Jushiro Ukitake, capitán de la decimo tercera división del gotei 13, se hizo presente en la entrada. Se veía agitado, como si hubiese corrido para llegar hasta allí.

– Ah, Ukitake-taichou, parece que se encuentra mejor. –mencionó Unohana con su amable tono de voz mientras se ponía de pie, apartándose de Sakura, sabiendo lo que el hombre venía a buscar.

A pasos agigantados, el hombre de largos cabellos blancos se acercó a la joven princesa, colocándose de rodillas frente a ella, tomando delicadamente su rostro entre sus manos teniendo cuidado de no lastimarla.

– Eres realmente tu… –dijo Ukitake en un susurro casi imperceptible. – Kyoraku vino a verme luego de la reunión de capitanes… dijo que habías vuelto… No podía creerlo ¿Cómo era posible? Luego de tanto que te buscamos… ¿Cómo podías aparecer aquí como si nada?

– Ukitake-san… –murmuró Sakura. A duras penas podía mantener los ojos abiertos por el cansancio.

– Y luego lo sentí… Tu reiatsu… Era tan débil, pero allí estaba… Era inconfundible… –continuó hablando el hombre. – Realmente estás aquí.

Sakura esbozó una pequeña sonrisa cariñosa en respuesta. Estaba realmente cansada que ni siquiera quería intentar hablar.

– Mira cuanto has crecido…

La pelirrosa extendió sus brazos para abrazar al hombre frente a ella. Sus pequeños brazos rodearon el cuello del hombre y recostó su cabeza delicadamente sobre el hombro de este, cerrando los ojos, quedándose dormida casi al instante.

Ukitake les lanzó una mirada confundido a los demás presentes en la habitación.

– No te preocupes. –rió Mito. – Está realmente cansada. Acaba de pasar por un doloroso proceso de extracción de un sello maligno. De hecho, que afortunado que esté aquí… Podría llevar a Sakura a su cuarto. Oh, sin ánimos de ofender, Hitsugaya-taichou.

– Hmph…

Ukitake asintió para luego pasar uno de sus brazos por debajo de las rodillas de la pelirrosa, y otra por detrás de su espalda para seguidamente alzarla en sus brazos. Comenzó a caminar fuera de la habitación siendo seguido por los demás presentes.

Los pasos de Ukitake se detuvieron al ver al capitán de la sexta división y su teniente caminar hacia ellos.

– Kuchiki-taichou, que coincidencia verlo por acá.

– No realmente. Venía en busca de Sakura-hime. Hemos preparado un cuarto para ella en la mansión Kuchiki. –habló con su característica calma y elegancia.

– En ese caso, lidera el camino. –habló Ukitake. – Yo la llevaré…

Byakuya observó seriamente al hombre frente a él. No parecía contento con la idea de que ellos entraran a su hogar, por más capitanes que fuesen. Ukitake, a su vez, tampoco parecía dispuesto a soltar a Sakura.

Un breve combate de miradas entre ambos capitanes.

El hombre de cabellos negros se dio la vuelta haciendo un breve gesto para que lo siguieran. No le gustaba la idea, pero tampoco quería discutir cuando Sakura estaba obviamente agotada.

Habían pasado muchos años, pero esa mujer seguía siendo su debilidad…