Sakura POV

¿En qué momento me había quedado dormida? Lo último que recuerdo es a Ukitake-san hablando, luego… luego todo se volvió negro a mi alrededor.

¿Habrá sido por el proceso del sello? Había sido realmente doloroso, a penas había podido mantenerme despierta. A pesar de los intentos de Unohana, el dolor había sido simplemente abrumador, algo que no quería volver a experimentar nunca en la vida.

Sentí una mano cálida acariciando mi cabello y mejilla.

¿Quién…? ¿Quién era?

Abrí lentamente mis ojos. Los sentía pesados, como si alguien hubiese puesto un par de elefantes sobre mis parpados.

Parpadeé levemente para acostumbrarme a la luminosidad del cuarto, la cual no era mucha pues todo estaba a oscuras, siendo a penas iluminado por la luz de la luna y una solitaria vela cuya llama estaba a punto de extinguirse.

Dirigí mi mirada hacia donde estaba la persona dueña de esa mano que había sentido hasta hace unos segundos.

Allí, sentado junto al futón pude ver a un hombre de cabellos y mirada café, usaba lentes, y me observaba como si fuese la cosa más preciosa en este mundo. Una pequeña sonrisa adornó sus labios al ver que estaba despierta, o bueno… semi despierta: Me costaba mantener los ojos abiertos gracias al cansancio que aún sentía en mí.

Entreabrí mis labios para hablar.

Mi garganta se sentía seca y ardía levemente pidiendo desesperadamente por que beba algo que aliviase tal sensación.

No pude pronunciar palabra alguna. Tan pronto como abrí la boca, el hombre junto a mi colocó un dedo sobre mis labios, acallándome.

– Es realmente afortunado que hayas regresado en este momento… –lo oír hablar. Su tono de voz era bajo, como si quisiese que nadie más a parte de mi lo escuchase. – Te has vuelto realmente hermosa… Sabía que estabas destinada a convertirte en una reina… –¿De qué estaba hablando? – Cuando todo esto termine… Serás mi reina…

Comenzó a inclinarse cada vez más, acercando su rostro al mío. El dedo fue retirado de mis labios solo para ser reemplazado por los labios del hombre que aprisionaban los míos.

Un quejido de sorpresa escapó de mis labios, siendo ahogado en aquel beso.

Era mi primer beso… ¿Por qué el me estaba besando?

Quise apartarlo de mi pero mi cuerpo no respondía. Estaba comenzando a desesperarme. Mis ojos picaban con lágrimas que se avecinaban.

Entonces se apartó… Mordiendo levemente mi labio inferior antes de apartarse por completo, observándome a los ojos.

– Cuando todo esto termine, crearé un nuevo mundo en el que gobernaré contigo a mi lado… Hasta entonces, por favor no te entrometas en mi camino. No quiero tener que castigarte… Sa. Ku. Ra. Hi. Me. Ahora duerme.

Yo… No entiendo… ¿Quién…? ¿Quién es este hombre? Yo…

¿Aizen… san…?

¡Aizen-san! ¡Aizen-san! –exclamé alegremente mientras entraba corriendo a la habitación en la cual había sentido el reiatsu del teniente de la quinta división.

Pude ver que se ponía tenso e inmediatamente intentaba ocultar algo, para luego voltear a mirarme con una expresión de enojo en su rostro. Inmediatamente retrocedí un par de pasos, apenada por haber molestado a Aizen.

¿Sakura-hime? ¿Qué haces aquí?

Vine a visitarlo… Aizen-san… –murmuré tímida jugueteando con las mangas del kimono que mamá había elegido para mi esta mañana. – Sentí su reiatsu aquí… Y quise ver que estaba haciendo…

La expresión del hombre se suavizó levemente y extendió una mano hacia mí, esperando que yo me acercase. Rápidamente lo hice.

Aizen me tomó por la cintura para sentarme sobre su regazo de forma que pudiese verlo a la cara.

Entiendo, Sakura-hime… Pero no debe aparecer así como si nada… –me regañó levemente. – Sabes que tus padres ocultan tu reiatsu y no puedo sentirte cuando te acercas…

L-Lo siento, Aizen-san… –murmuré apenada bajando la mirada.

Pude sentir su mano grande tomar mi mentón para volver a alzar mi rostro, obligándome a mirarlo.

Perdóname a mí, no es mi intención hacerla sentir mal, Sakura-hime… Una niña hermosa como usted no debería tener una expresión triste en su rostro. –dijo él. Pude sentir mis mejillas calentarse.

¿Q-Qué estaba haciendo, Aizen-san? –pregunté torpemente para desviar el tema de la conversación.

Volteé a ver las pantallas frente a las que estábamos. Papá me había explicado que toda esta tecnología generalmente se usaba para recopilar información y hacer investigaciones. Era por eso que en la división 12 había montones de ellas.

¿Esto? Estaba haciendo una pequeña investigación. –contestó con simpleza a lo que yo lo observé curiosa. Al notar mi expresión, el rió levemente. – Es algo demasiado complejo para que te lo explique ahora, tal vez cuando seas más grande. –hice un puchero con los labios. – ¿Sabe, Sakura-hime? Algún día crearé un mundo nuevo…

¿Un mundo nuevo? –lo observé confundida.

El asintió.

Y en aquel mundo Sakura-hime será una hermosa reina… –dijo el divertido. Instantáneamente volví a sonrojarme.

¡D-Deja de jugar conmigo! –me quejé.

¿Jugar contigo? Pero, Sakura-hime, realmente estoy seguro que algún día, cuando crezcas, te convertirás en una hermosa joven, digna de ser llamada reina.

Aizen-san…

La próxima vez que abrí mis ojos era de día y me encontraba sola en la habitación.

Parpadeé confundida sentándome sobre el futón en el que había estado durmiendo hasta el momento.

¿Por qué Aizen había venido a mi cuarto? ¿Qué quería decir con todas esas cosas que dijo?

¿Terminar algo? ¿No entrometerme? ¿Ser su reina?

Me mordí el labio al pensar en todo aquello. Tenía un extraño presentimiento, había algo realmente raro en la sociedad de las almas.

La puerta de la habitación se abrió repentinamente interrumpiendo mis pensamientos. Una mujer un tanto mayor, vestida con una yukata simple, entró a la habitación. Entre sus manos pude ver que llevaba lo que parecía ser un kimono.

– Buenos días, Sakura-himesama. –habló la mujer dejando el kimono sobre una pequeña mesa. – Kuchiki-sama me ha pedido que ayude con todas tus necesidades. Mi nombre es Fujisaki Chieko, sirvo a la familia Kuchiki desde hace bastante tiempo.

– Entiendo… –murmuré en señal de comprensión. – Yo… ¿Qué hora es?

– Oh, aún es bastante temprano, hime-sama. Ni siquiera hemos servido el desayuno aún. –contestó Chieko. – Kuchiki-sama desea que usted se una a él y a Abari-fukutaichou en el desayuno ¿Le gustaría darse un baño antes de eso?

Dude un par de segundos antes de responder.

A pesar de que parecía que habían cambiado mis ropas a una yukata para dormir, aún podía sentir mi cuerpo sudoroso y pegajoso. Me sentía un asco.

– Eso sería bastante agradable, gracias. –dije poniéndome de pie.

Chieko asintió volviendo a tomar el kimono entre sus manos para comenzar a dirigirse a la puerta del cuarto.

– En ese caso por favor, sígame, Sakura-himesama.

Rápidamente comencé a caminar detrás de ella.

Chieko me guió a través de los pasillos de la enorme mansión. No había mucha gente en ellos, pero cada vez que cruzábamos a alguien -en su mayoría sirvientes de la familia Kuchiki-, las personas se detenían para saludarme, ofreciéndome una respetuosa reverencia.

Se sentía realmente extraño.

Quiero decir… Vagamente podía recordar que aquella era la forma en la que todos me trataban cuando era pequeña, pero… luego de haber vivido en el mundo humano como una chica común y simple, se sentía bastante extraño ser adulada de esta forma.

– Aquí estamos… –anunció Chieko deteniéndose frente a una puerta en específico.

Al abrir la puerta, pude ver que se trataba de un enorme baño. Simulaba levemente una reserva de aguas termales, aunque sabía realmente que no era eso.

En una de las esquinas del gran cuarto, pude ver a un grupo de mujeres que acomodaban los suministros del baño tales como toallas y esencias.

– Sayako, Kaede, Ayame. Preparen el baño por favor, Sakura-himesama desea asearse. –anunció Chieko con una voz firme.

A pesar de que todas eran criadas, Chieko parecía tener un cierto rango de autoridad por encima de esas muchachas, pues ni bien terminó de dar la orden, las tres mencionadas obedecieron sin rechistar.

Pude ver como dos de ellas comenzaban a llenar la gran bañera con agua tibia, esencias naturales y hasta incluso flores aromáticas. El baño entero comenzó a llenarse de un agradable olor a jazmines y rosas.

La tercera chica se acercó a mí.

– Por aquí, hime-sama, permítame ayudarla con sus ropas. –dijo la muchacha guiándome hacia una pequeña parte del baño que parecía estar destinada para que las personas se vistan y desvistan.

Dejé que la chica comenzara a desatar el nudo de mi yukata mientras apartaba la vista bastante sonrojada. Todas estas mujeres estarían viéndome desnuda mientras me bañaba. No podía evitar sentirme un tanto incómoda por ello, pero tampoco me sentía bien con la idea de rechazar sus servicios.

Cuando estuve completamente desnuda, volvió a guiarme hacia la bañera, donde me ayudó a meterme.

Solté un suspiro de alivio al sentir el agua cálida aflojar mis músculos. Sin duda había sido una buena idea tomar un baño.

– Su cabello es realmente hermoso, hime-sama… –oía a las mujeres hablarme. Yo simplemente cerré mis ojos permitiéndome relajarme cuando un par de manos se deslizaron por mi cuero cabelludo, haciendo pequeños masajes para limpiar mi cabello.

– No se preocupe, hime-sama, cuando terminemos la dejaremos aún más hermosa. Kuchiki-sama se quedará impresionado cuando la vea. –habló otra mujer.

– ¿Kuchiki-sama? –repetí.

Las imágenes de mi conversación del día anterior volvieron a mi mente.

"Actualmente no tengo intenciones de volver a contraer matrimonio"

El no estaba interesado en mi como las palabras de papá me habían hecho creer, y por alguna razón aquello me había herido más de lo que quisiera creer.

Vagamente podía recordar mi relación con él.

Era a penas unos años mayor que yo, pero solíamos pasar mucho tiempo juntos. Mamá lo entrenaba, y cuando acababan sus lecciones yo me quedaba horas hablando con él, a veces jugando. En aquel entonces, la presencia de Byakuya era algo a lo que me había acostumbrado bastante, hasta el punto de que podía decir que tenía un pequeño enamoramiento hacia él.

Mis dedos se deslizaron hacia el collar de plata en mi cuello. Podía recordar como me lo había dado…

Correteaba alegremente por todo el salón esquivando a las personas que se encontraban reunidas aquí. Hoy era mi cumpleaños, y papá y mamá habían hecho una gran fiesta para mí.

Mucha gente había asistido. Podía ver a los trece capitanes hablando entre ellos, no muy lejos de donde ellos se encontraban estaban sus tenientes. Toushiro estaba en una de las esquinas de la habitación comiendo en silencio, no queriendo socializar con nadie. Había muchos otros shinigamis también.

¡Bya-kun! –exclamé alegre acercándome al niño de cabellos negros. – Pudiste venir.

Jamás me perdería su fiesta de cumpleaños, Sakura-hime. –contestó el esbozando una pequeña sonrisa.

Moo~ Bya-kun, ya te he dicho que no tienes que ser tan formal. Puedes decirme simplemente Sakura, ¿sí? –dije haciendo un pequeño puchero.

El apartó la mirada, pude ver como sus mejillas se tornaban levemente rosadas ¿Acaso tenía fiebre?

No sería lo correcto, Sakura-hime. –lo escuché decir y suspiré rendida. No importaba cuantas veces se lo repitiese, Byakuya seguiría llamándome "hime" como los demás. – Sakura-hime… Tengo un regalo para usted.

Lo miré entre curiosa y emocionada.

¿En serio? ¿Qué es? –pregunté entusiasmada.

El no respondió, simplemente tomó mi mano y comenzó a guiarme fuera de la habitación, hacia los balcones del gran salón donde nos encontrábamos. Torpemente lo seguía.

Una vez que estuvimos fuera del salón, el volteó a verme. Con cuidado sacó de su bolsillo una pequeña cajita y la abrió, mostrándome su contenido.

Mis ojos se abrieron maravillados al ver un hermoso collar de plata, con un dije en forma de flor cerezo, hecha con pequeños cuarzos rosados que brillaban cuando la luz los atravesaba.

Quiero darte este collar como una promesa… –habló Byakuya sacándome de mi asombro por la hermosa joya. – Algún día creceré y me volveré lo suficientemente fuerte para protegerla, Sakura-hime… Y cuando eso pase, me casaré con usted.

Mis mejillas se calentaron al escuchar sus palabras.

Bya-kun…

Así que, por favor, hasta entonces, usa este collar… como símbolo de esta promesa… –dijo. Acto seguido retiró el collar de la cajita y me ayudó a ponérmelo. – Ah… Sabía que había hecho la elección correcta, el collar luce tan bien en ti…

Bya-kun… –volví a susurrar con una pequeña sonrisa en mi rostro. Me acerqué a él y le di un pequeño beso en la mejilla, el a cambio me miró sorprendido. – Entonces déjame hacer una sorpresa a mi también. Durante estos años guardaré mi primer beso, esperando que algún día tu seas el que me lo de…

S-Sakura-hime…

Así que este pequeño mocoso quiere sacarme a mi pequeño cerezo…

¡O-Otou-san!

– ¡S-Sakura-himesama! ¿Se encuentra bien? Está llorando…

Abrí mis ojos levemente sorprendida por las palabras de la criada. Sin darme cuenta había comenzado a derramar lágrimas.

Negué con la cabeza mientras me secaba las lágrimas.

– Estoy bien… –murmuré.

Pude notar que no estaban convencidas con mi respuesta, pero aún así se quedaron calladas no queriendo molestarme. Terminaron de lavar mi cabello y me ayudaron a salir de la bañera, apresurándose a secar mi cabello y cuerpo con toallas tan suaves que parecían el pelaje de un hermoso conejo.

Me mantuve quieta dejándolas vestirme y peinarme. Cuando terminaron con su labor, me dieron un pequeño espejo para que pudiese ver mi aspecto.

El kimono era simplemente hermoso, parecía confeccionado con las telas más finas de todo el mundo. Era de un hermoso color lila que iba en degradé a medida que se iba acercando a la parte inferior. En toda la tela había un pequeño estampado de flores que se concentraban en la parte inferior. El obi que se envolvía alrededor de mi cintura era de un violeta más oscuro, y tenía un gran moño en la parte de mi espalda.

Mi cabello había sido cepillado suavemente, y recogido en una coleta alta, adornada con una peineta de oro y pequeños adornos de cuarzo que simulaban pétalos de cerezo. Mi cabello caía en pequeños rizos por mi espalda. Mi flequillo había sido peinado de forma que enmarcase armónicamente mi rostro.

Ellas también habían puesto algo de maquillaje en mi rostro, bastante sutil para realzar mis rasgos sin que se viese demasiado tosco.

A penas podía reconocerme.

– ¿Y bien, hime-sama? ¿Le gusta? Podemos probar otro estilo si no se siente conforme. –habló una de las criadas.

– Está bien, es perfecto. –les dediqué una pequeña sonrisa, agradecida por todo el trabajo que habían hecho.

– Si ya está todo listo, entonces déjeme llevarla al comedor, Sakura-himesama. Kuchiki-sama la está esperando… –habló Chieko.

Con un breve saludo me despedí de las criadas, agradeciéndoles por su trabajo, antes de seguir a Chieko que me guiaba hacia el comedor.

Al llegar allí pude ver a Byakuya junto a un hombre pelirrojo, ambos sentados frente a la mesa llena de alimentos que aún permanecían intactos. Al parecer habían estado esperándome para comenzar a comer.

Tras agradecerle a Chieko por haberme escoltado, me senté en el asiento que parecía haber sido preparado para mí, justo en frente de Byakuya.

– Buenos días… –saludé tímidamente haciendo una pequeña reverencia.

– Buenos días. –respondió al saludo Byakuya. – Espero que hayas podido tener un descanso adecuado. Permíteme presentarte a mi teniente, Abarai Renji. –dijo refiriéndose al tipo pelirrojo a su lado.

– Es un placer conocerla finalmente, Sakura-hime. –dijo Renji haciendo una exagerada reverencia. Se notaba algo tenso, como si las formalidades no fuesen realmente lo suyo, pero no quisiese meter la pata frente a mí.

– Creo que ya podemos comenzar a comer. –dijo Byakuya.

– Itadakimasu. –dijimos los tres antes de tomar nuestros respectivos palillos y comenzar a ingerir la comida que teníamos frente a nosotros. Todo estaba bastante delicioso.

– Te ves realmente hermosa. –comentó Byakuya haciendo una pequeña pausa en su comida. – Sabía que ese kimono luciría bien en ti.

Lo mire un tanto sorprendida.

– ¿Tu lo elegiste? –Él se limitó a asentir antes de continuar con su comida. – Gracias… –murmuré.

– Debo irme a una reunión dentro de poco, pero espero que puedas unirte a mi esta tarde para tomar el té. –volvió a hablar Byakuya. Renji se mantenía callado mientras degustaba su comida, parecía que no quería interferir en la conversación que Byakuya y yo estábamos teniendo.

– Supongo que está bien… –murmuré. – No quiero despreciar tu hospitalidad… Pero, ¿por qué estoy en la mansión Kuchiki? Quiero decir… Soy la heredera del clan Shihouin… ¿No debería estar en la casa de mi clan? –pregunté curiosa.

Desde que me había despertado no había podido dejar de preguntarme por qué me habían traído aquí. Parecía como si Byakuya hubiese tomado la decisión de hacerse cargo de mí, ignorando cualquier otra cosa.

– Soi Fon mencionó lo mismo, sin embargo, creí que te encontrarías más cómoda aquí.

– ¿Y tu eres el que tomaba la decisión final? –pregunté alzando una ceja.

– Suenas descontenta con mi decisión.

– Lo siento, no quiero ser desagradecida, pero es que realmente no entiendo tus motivos… Ayer cuando hablamos… –no pude terminar de hablar ya que fui interrumpida por él.

– ¿Es eso entonces? ¿Estás molesta porque dije que no me casaría contigo?

Fruncí el ceño al escuchar sus palabras ¿Qué pasaba con esa tan repentina actitud? Sin duda Byakuya había cambiado bastante.

– No es eso… –bufé frustrada y continué comiendo. El no dijo nada más al respecto. – Kuchiki Rukia es familiar tuya… ¿Verdad? –pregunté decidiendo cambiar el tema de la conversación.

– Es la hermana adoptiva de taichou. –comentó Renji hablando por primera vez desde que se presentó.

– Entonces… ¿Por qué no haces nada para evitar su ejecución? –pregunté dejando los palillos sobre la mesa y mirándolo seriamente. No debía olvidarlo, había venido aquí a salvar a Rukia.

– Ella rompió las reglas y la sanción fue dada. –dijo con simpleza Byakuya como si aquello lo explicase todo.

– Pero es tu hermana… ¿No la quieres?

– No hay nada que pueda hacer al respecto. –contestó. Apreté mis puños con fuerza al escuchar tal respuesta.

¿En serio se quedaría de brazos cruzados sin hacer nada? Sin duda no es el Byakuya que yo recuerdo.

– Creo que fue muy tonto de mi parte pensar que seguirías siendo el mismo luego de tantos años… –murmuré poniéndome de pie. El me miró fijamente dejando de comer.

– Sakura, siéntate. –me ordenó. Por primera vez omitiendo el "hime" de mi nombre.

Yo negué con la cabeza y comencé a caminar hacia él, quitándome el collar en el camino.

– Fue tonto pensar que seguirías siendo igual que aquel niño que decía que se volvería tan fuerte para proteger a sus seres. O que mantendrías una promesa tan tonta… –seguí hablando. – Solo quiero que sepas, que el hecho de que tu no pienses hacer nada no quiere decir que yo me vaya a quedar de brazos cruzados y ver como ejecutan a la mujer que me devolvió mi vida. –dejé el collar sobre la mesa, junto a su mano. – Solo por favor, no te entrometas en mi camino…

Y dicho eso salí del comedor.