Sakura POV
Avanzaba rápidamente por los pasillos de la mansión Kuchiki buscando la salida de esta. Mis pasos eran cortos debido a la limitación que me daba el kimono que llevaba puesto, pero compensando esto, mis pasos eran rápidos. Lo único que se escuchaba en todo el pasillo era el impacto del tacón de mis zapatos contra el suelo.
Esta maldita casa parecía una especie de laberinto, cada vez que tomaba un cruce en alguno de los pasillos se sentía como si estuviese volviendo al mismo lugar, dando vueltas en círculos.
Bufé frustrada y me recargué contra una de las paredes.
Tonto Byakuya… ¿Por qué se había convertido en un hombre tan amargado y frío? Era tan distinto al Byakuya que yo había conocido ¿Dónde ha quedado aquel chico dulce que ansiaba proteger a sus seres queridos?
– ¿Eh? ¿Sakura-himesama? ¿Se encuentra bien?
Levanté mi mirada sobresaltada, solo para encontrarme cara a cara con quien parecía ser otra de las criadas de la mansión.
Llevaba una yukata simple cuyas mangas habían sido enrolladas hasta sus codos para no estorbarle; Su cabello estaba atado en un moño desprolijo, con varios mechones de cabello cayendo por su rostro sudoroso; Entre sus brazos llevaba una gran cesta con ropa, y en su rostro lucía una expresión cansada, como si hubiese estado trabajando sin parar desde hace varias horas.
Esa chica estaba realmente atareada, y aún así se había tomado la molestia de detener sus deberes para asegurarse de que me encontrase bien.
– Estoy bien. –me apresuré a responder. – Solo… Estaba buscando la salida de la mansión, y me perdí. –expliqué.
Ella parpadeó un par de veces antes de responder.
– ¿Quiere que la escolte hasta la entrada, hime-sama? –preguntó amablemente.
– Yo… No quiero estorbar en tus tareas, parece que tienes mucho trabajo. –respondí haciendo un pequeño gesto hacia el cesto de ropa que cargaba. Lucía un tanto pesado, incluso podía notar como varias veces tenía que acomodarse nuevamente para que el cesto no se le cayese.
– No es ninguna molestia, Sakura-himesama. Kuchiki-sama me mataría si no la ayudo. –dijo la criada. – Venga, sígame. La guiare hacia la puerta. –dijo para luego comenzar a caminar… en dirección contraria hacia donde yo me estaba dirigiendo anteriormente.
Bueno… Eso explicaba por qué me estaba costando tanto trabajo encontrar la salida. Estaba yendo en dirección contraria.
Suspiré por mi torpeza y me apresuré a seguir a la chica.
– Pensé que estaría desayunando con Kuchiki-sama. –comentó ella.
– Eso hacía, sin embargo, digamos que tuvimos una pequeña discusión y me marché sin terminar mi desayuno. –respondí sin dar demasiados detalles. Pude ver como ella me miraba por el rabillo de ojo por unos instantes antes de volver a dirigir su vista al frente.
– Se que no me incumbe… Pero… ¿Podría saber por qué han discutido? Pensé que Kuchiki-sama y hime-sama se tenían bastante afecto.
– Que dos personas se tengan afecto no quiere decir que no puedan discutir. –dije haciendo una pequeña mueca. – Hemos tenido un pequeño desacuerdo de ideas… Realmente Byakuya no es la persona que yo recordaba. Aunque… No puedo culparlo, era mucho más joven en aquel entonces, y ya han pasado más de cien años desde aquel entonces. –suspiré y sacudí la cabeza queriéndome olvidar de aquel asunto. – Por cierto… No me has dicho tu nombre.
– Oh, disculpe mis modales, hime-sama. Mi nombre es Chihiro Maburui. –se presentó
– Chihiro… Lindo nombre… –elogié.
Pude verla tambalearse nerviosa, casi tropezándose, a la par que sus mejillas adquirían una intensa tonalidad rojiza.
– ¡P-Para nada! ¡Chihiro es un nombre tan simple! ¡No se podría comparar ni en un millón de años al suyo, hime-sama! –balbuceó avergonzada. No pude evitar soltar una pequeña risa ante su actitud, era realmente tierna.
– Mi nombre tampoco es tan especial como crees, solo es una tonta coincidencia. –reí por lo bajo. – Oka-san siempre me contaba la historia en mi cumpleaños, mientras veíamos los árboles de cerezos florecer… Nací en el día que los cerezos florecían, y mi cabello es del color de las flores del árbol… Otou-san bromeaba diciendo que parecía un mensaje de los dioses, que simplemente era el nombre adecuado para mí. Yamamoto-jiisan a veces se le sumaba diciendo que yo era alguna clase de espíritu de la primavera. –relaté. A medida que las palabras salían de mi boca una cálida sensación surcaba mi pecho, y una sonrisa nostálgica adornaba mis labios.
No sabía en qué momento había recuperado tales recuerdos, simplemente surgían de forma tan natural en mi cabeza, como si siempre hubiesen estado allí.
Podía recordar, la sensación de los cálidos brazos de mamá rodeándome, y sobre los de ella se situaban los brazos de papá. Mi cabeza recostada sobre el pecho de mi madre, escuchando los latidos de su corazón que siempre me habían resultado extrañamente relajantes. Nuestras miradas posadas sobre el paisaje que podía ver desde la mansión del clan Shihouin: Un jardín lleno de árboles de cerezo, cuyas flores se abrían por primera vez deslumbrando con bellas tonalidades rosadas.
Mamá hablando sobre la inmensa alegría que sintieron ella y papá cuando llegué a sus vidas, mientras que papá lanzaría algún comentario ocasional que nos haría reír a ambas.
Sin darme cuenta había comenzado a derramar lágrimas ante aquel recuerdo.
No importaba cuantos buenos momentos haya pasado con los Haruno, no se comparaban en nada con la felicidad que siempre había tenido junto a mamá y papá.
Había sido arrebatada de mi hogar, dejando un profundo vacío en mi corazón. No importaba cuanto me esforzara ahora, las cosas habían cambiado, por más que lo deseara jamás lograría que las cosas fuesen exactas a como las recordaba. Debía reconstruir mi vida de cero… Redescubrir a la sociedad de las almas y a las personas que habían formado parte de mi pasado, mientras que intentaba caminar hacia un futuro.
– Suena como algo bastante lindo… –la voz de Chihiro me trajo de vuelta a la realidad. – He oído muchas historias acerca de como usted era tan amada, de cómo sus padres podrían mover cielo y tierra solo por usted, o como los demás capitanes del gotei 13 eran capaces de doblegarse ante una simple sonrisa suya… Pero, me imagino que debe ser tan distinto sentir ese amor que verlo desde afuera.
Era agradable conversar con Chihiro. A penas nos habíamos conocido, pero se sentía como si fuese una gran amiga.
– Bueno, aquí estamos. –dijo finalmente Chihiro deteniéndose frente a la entrada de la mansión Kuchiki. – Ha sido agradable conversar con usted, hime-sama. No dude en llamarme si necesita ayuda con algo, o si solo quiere a alguien con quien hablar.
Esbocé una pequeña sonrisa amistosa.
– Muchas gracias, Chihiro.
Ella realizó un pequeño asentimiento con la cabeza y me sonrió antes de comenzar a alejarse, volviendo a sus tareas como sirvienta de la mansión.
Tomé una respiración profunda antes de salir de aquel lugar. Ninguno de los guardias que custodiaban la entrada me impidió el paso. Tal vez Byakuya les había dicho que podían dejarme hacer lo que quisiera. Me resultaba un tanto extraño, aunque me venía bastante bien. No quería continuar en aquella casa, y no tenía deseos de renegar con nadie al respecto.
No tenía ningún destino fijo, por lo que simplemente comencé a caminar dejando que mis pies me llevaran a cualquier lado.
Decidí olvidarme de Byakuya por un rato, y centrarme en la principal razón por la cual había venido a la sociedad de las almas con Ichigo y los demás: Salvar a Rukia.
Había quedado sola en el seiretei cuando Gin intervino hiriendo a Jidanbo. Desde entonces no había sabido nada de Ichigo y los demás, y no iba a negar que me sentía bastante preocupada acerca de su bienestar. Aunque están acompañados de mamá, podría ser realmente para ellos moverse por la sociedad de las almas.
No dudaba que conseguirían una forma de infiltrarse, Ichigo era un chico bastante determinado como para abandonar tan rápido la idea de salvar a Rukia, pero me preocupaba cuanto peligro habría en su camino para llegar aquí. Si se infiltraban ilegalmente se convertirían en un objetivo para todos los shinigamis que se encontraban aquí, y a pesar de su adoración por mí, dudaba que quisieran escucharme si les decía que "no debían atacar a los ryoka".
Suspiré. Sin duda era una situación bastante compleja. Al menos debería intentar buscar la forma de facilitarles el camino. Si, eso haría.
Lo primero sería averiguar donde tienen encerrada a Rukia. Aún deseaba hablar con la cámara de los 46 para pedir que perdonen a la pelinegra, pero había que estar preparados en caso de que las negociaciones pacíficas no resultasen.
– Esa cabecita parece estar soltando humo de tanto pensar. –solté un pequeño chillido sobresaltada cuando un brazo rodeó repentinamente mis hombros, acercándome a un musculoso pecho.
Levanté rápidamente la mirada para ver de quien se trataba.
– ¿K-Kyoraku-san?
– Buenos días, Sakura-hime. Te ves preciosa el día de hoy, ¿Kuchiki-taichou eligió esa ropa para ti? Escuché que te estás hospedando temporalmente en su casa. –comentó mientras tomaba mi mano y me hacía dar varias vueltas para poder apreciar mejor mi atuendo.
Mis mejillas adquirieron una pequeña tonalidad rosada ante sus halagos.
– G-Gracias, Kyoraku-san…
– Ah, vamos, Sakura-hime, no me trates con tanta formalidad. –dijo el, soltándome finalmente. El me observó fijamente por varios segundos antes de esbozar una pequeña sonrisa nostálgica. – Es bueno tenerte en casa nuevamente… Aunque me hubiese gustado verte crecer… Te has convertido en una mujer hermosa.
– ¿P-Por qué todo el mundo sigue repitiendo eso? –dije apenada. Mis mejillas se ponían cada vez más rojas cada vez que él hacia un comentario acerca de mi aspecto.
– Porque es la verdad. –rió Kyoraku. – Los años te han sentado bastante bien, bendito el hombre que se convierta en tu esposo algún día. O bueno… Tal vez no tanto. –comenzó a divagar. – Sea quien sea tu futuro esposo, deberá sufrir la ira de Yoruichi y Kisuke. Estoy seguro que esos dos no dejarían que cualquiera toque a su pequeña princesa.
Ante sus palabras no pude evitar recordar como papá siempre se mostraba molesto cuando estaba cerca de Byakuya o Toushiro. Parecía bastante reacio a la idea de que yo algún día consiguiese pareja, por lo que… las palabras de Kyoraku al final eran ciertas: Mi futuro esposo tendría que pasar primero por la ira de mis padres antes de poder estar junto a mí.
Mis mejillas se tiñeron de un leve rosado al darme cuenta lo que estaba pensando ¿Realmente iba a considerar la idea de un futuro esposo? Soy joven aún, no tendría por qué entretenerme con tales pensamientos.
– Kyoraku-taichou. –una chica de lentes apareció frente a nosotros. En su brazo portaba la insignia de teniente. – La reunión de los capitanes esta cerca de comenzar, debe ir.
– Ah, Sakura-hime, permítame presentarle a mi teniente, Nanao. –dijo Kyoraku haciendo un gesto hacia la chica pelinegra. – Nanao, creo que ya has escuchado de ella, pero aún así… Te presento a Sakura Shihouin Urahara.
Fruncí el entrecejo levemente mientras alternaba mi mirada entre Nanao y Kyoraku. Esto no coincidía con mis recuerdos ¿Dónde estaba…? ¿Qué había pasado con Lisa?
– Es un gusto conocerla, Sakura-sama. –dijo Nanao haciendo una pequeña reverencia en señal de respeto. – ¿Sucede algo, Sakura-sama? –preguntó al notar mi expresión.
Negué rápidamente con la cabeza.
– No, no. Solo… Aún no me acostumbro a la idea de que las cosas no son como yo las recuerdo. –dije y pude observar por el rabillo del ojo como la expresión del hombre castaño se tornaba lúgubre, sabiendo a lo que me estaba refiriendo.
– Bueno, hay muchas cosas que han cambiado desde entonces, sería bueno sentarnos a charlar para ponerte al tanto. Si no es demasiada molestia, me gustaría invitarte a beber algo más tarde ¿Estaría eso bien para ti?
– Yo… Byakuya quiere que lo acompañe a beber el té, pero… puedes unirte a nosotros si lo deseas, Kyoraku-san.
– Dudo que Kuchiki-taichou me desee dentro de su casa. Pero… por ti correré el riesgo, Sakura-hime. –dijo divertido Kyoraku. – Bueno… Debo marcharme, nos veremos más tarde. –dijo a modo de saludo antes de voltearse a ver a Nanao. – Por favor ayuda a Sakura-hime con lo que necesite antes de volver a la oficina, ¿si, Nanao-chan?
Pude notar un pequeño gesto de irritación de parte de la pelinegra, no parecía contenta con la forma en la que Kyoraku se dirigía a ella, pero a pesar del descontento, asintió obediente. Kyoraku esbozó una pequeña sonrisa y asintió antes de marcharse finalmente.
Nos quedamos en silencio por varios segundos antes de que Nanao se aclarara la garganta.
– ¿Le gustaría que la escolte a algún lugar en particular, Sakura-sama?
– Si… ¿Podrías llevarme a la cámara de los 46?
Voy a marcharme pacíficamente dejando que ustedes se imaginen lo que posiblemente ocurrirá en el próximo capítulo (Pista: Aizen usa a Kyoka Suigetsu)
Me gustaría agradecerles por dejar tan hermosos comentarios, realmente me alegro que les esté gustando el fanfic, me motiva a seguir escribiendo :)
