Sakura POV

Corrí tan rápido como mis piernas y el grueso kimono me lo permitían. Había tropezado varias veces en el camino. Mi vista se alternaba entre el cielo, para seguir el rastro del rayo de luz; Y las calles, para asegurarme de no chocar a nadie.

Estaba a unos pocos metros de donde parecía que el rayo iba a impactar, cuando vi a un grupo de shinigamis de pie. Todos estaban con sus zanpakuto en la mano, listos para luchar contra quien sea la persona que se aproximaba.

No podía permitirles que dañaran a cualquiera de los chicos.

Rápidamente me acerqué a ellos y los encaré con una expresión firme y seria.

– ¿Qué creen que están haciendo? ¡Largo de aquí! –ordené con una voz autoritaria.

Ellos voltearon a verme con expresiones de desconcierto. No parecían tener idea de quién era yo, e incluso se veían molestos porque me estaba entrometiendo.

– ¿Quién rayos eres tu niña? –espetó uno.

– Vete de aquí, estamos trabajando. –dijo otro.

– No tenemos tiempo para cuidar a una mocosa como tú. Ya vete. –añadió otro.

Mi ceño se frunció levemente, pero mi postura se mantuvo rígida. No iba a retroceder.

– ¿Acaso no me escucharon? –pregunté molesta. – No pienso repetirme. Hagan lo que les dije o se arrepentirán.

– ¿Jo? ¿Y qué si no te hacemos caso? ¿Nos matarás? –se burló uno de sus hombres. No podía ver quién había hablado, así que había asumido que estaba al fondo del grupo, lejos de mi rango de visión.

– ¿Acaso son tontos? –una voz a mis espaldas se hizo presente logrando sobresaltarme.

Rápidamente me volteé para enfrentar al dueño de la voz. Pude notar que los otros shinigamis también habían dirigido su mirada hacia la persona recién llegada.

– ¡Abarai-fukutaichou! –exclamaron los shinigami a mis espaldas.

– Han recibido una orden directa de Sakura-hime y han osado no solo desobedecerla, sino que también la han insultado. –gruño Renji mientras tomaba un par de pasos para pararse junto a mí. Mi mirada no se apartaba de él mientras lo veía avanzar. – Rápido. Discúlpense con nuestra princesa y márchense de aquí si no quieren ser castigados. –dijo desenvainando su zanpakuto para enfatizar su amenaza.

Pude escuchar el murmullo del grupo de shinigamis.

"¿Realmente estamos frente a Sakura-hime?", "Creí que Sakura-hime estaba en Kuchiki Manor", "Esto es malo… No sabía que era Sakura-hime". Eran algunas de las cosas que lograba registrar que decían.

En un abrir y cerrar de ojos todos estaban haciendo una exagerada reverencia hacia mí.

– ¡L-Lamentamos haberle faltado el respeto, Sakura-hime! –exclamaron a coro.

– Bien… Ahora lárguense. –ordenó Renji con tono mordaz.

Atemorizados por la ira del teniente de la sexta división, todos se dieron la vuelta y se marcharon rápidamente, dejándonos a solas.

– No pensé que me seguirías… –murmuré.

– Dije que te serviría. –respondió con simpleza el pelirrojo. – Además, también quiero rescatar a Rukia…

Una pequeña sonrisa se formó en mis labios al escucharlo.

Mi mirada se dirigió al cielo. Se estaba acercando cada vez más…

Entonces pude ver cómo, agraciadamente, un gato negro aterrizaba en el suelo. Mi sonrisa se pronunció aún más y rápidamente corrí para recoger al gato entre mis brazos.

– ¡Okaa-san! –exclamé feliz.

– ¿O-Okaa-san? –pude escuchar que Renji repetía mis palabras confundido.

Yo solo podía abrazar felizmente a mi madre mientras daba vueltas.

– Sakura, me alegro ver que estás sana y salva. –habló mamá frotando su cabeza felina contra mi mejilla. – Hubiese corrido sangre si alguien se hubiese atrevido a tocarte si quiera un pelo.

– Estoy bien, Okaa-san. Nadie me ha hecho daño. –reí levemente mientras paraba de dar vueltas y me volteaba para ver a Renji. – Mira, mira, Renji. Te presento a mi madre, Shihouin Yoruichi.

El pelirrojo parpadeó anonadado.

– ¿Tu madre es un gato…?

Hice un pequeño puchero.

– ¡No es un gato, baka! –lo regañé. – Okaa-san puede tomar forma de gato, pero no es un gato.

– O-Oh, entiendo…

– Un gusto conocerte. –habló mamá desde mis brazos.

– Okaa-san, el es Abarai Renji, el teniente de la sexta división. El también quiere ayudarnos a salvar a Rukia, está de nuestro lado. –le expliqué a mamá.

– Eso es bueno. –murmuró mamá.

– Deberíamos apresurarnos a buscar a tus otros amigos. –habló Renji interrumpiendo nuestra conversación. – Ahora mismo se han convertido en enemigos del gotei 13, se ha dado la orden de que los capturemos si los encontramos. Tus amigos podrían estar en problemas.

– Tienes razón. –murmuré. – Por favor, Renji, guíanos. –ordené.

El dio un leve asentimiento antes de darme la espalda y comenzar a correr, dándome a entender que debía seguirlo.

Aún con mamá en brazos, comencé a correr detrás de él.

– Tenía miedo de que algo malo les haya sucedido, han pasado un par de días desde que nos separamos. –comenté sin dejar de correr.

– Lamento haberte preocupado, buscar la forma de entrar al seiretei no fue difícil, pero había que hacer preparativos antes, por eso nos hemos demorado. –explicó ella.

– ¿Cómo está Jidanbo? –pregunté recordando que Gin lo había herido cuando llegamos a la sociedad de las almas.

– Inoue-san lo ha curado, se encuentra fuera de peligro.

Suspiré aliviada al oír sus palabras.

– Eso es bueno. –murmuré. – No he podido averiguar mucho… Sé que Rukia-san está en la torre de arrepentimiento, van a ejecutarla con el Sokyoku. Yamamoto-jiisan no ha querido oírme y no he podido hablar con la cámara de los 46… Las opciones pacíficas no han tenido frutos. Cualquier acción que tomemos será contra las reglas, si fallamos nos condenaran por traidores del seiretei. –le expliqué.

– Era de esperarse… –suspiró mamá. – Solo esperemos que el plan tenga éxito.

– La vida de Rukia depende de ello…

– ¿Qué hay de ti? –preguntó entonces mamá.

– ¿Eh?

– ¿Qué hay de ti? ¿Qué has hecho en estos días? ¿Dónde te estás quedando? –empezó a lanzar una gran cantidad de preguntas.

– E-Eh… –balbuceé sin saber por donde comenzar. – Bueno… Para empezar… Tsunade-shishou y Mito-san han logrado quitarme el sello que bloqueaba mis recuerdos. –comencé a explicar. – Puedo recordar todo, incluso el periodo en el que fui cautiva de mis secuestradores. Los escuadrones 2 y 12 han reanudado la investigación acerca de mi secuestro.

– Je, parece coincidencia que las divisiones en las que tu padre y yo hemos estado sean las encargadas de investigar eso. –murmuró mamá. Asentí de acuerdo.

– Actualmente estoy bajo el cuidado de Byakuya y el clan Kuchiki. Tengo entendido que los ancianos del clan Shihouin me dejaran libre por un tiempo mientras me acostumbro nuevamente a la vida aquí. Pero pretenden que, como heredera del clan, tome el liderazgo…

– Era de esperarse… E-Espera ¿¡Dijiste que estabas quedando con Bya-boo!? –exclamó mamá alterada. – ¡Más le vale que no te haya tocado ni un pelo! ¡O Kisuke y yo lo pulverizaremos!

– ¡O-Okaa-san!

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Autora POV

Los capitanes del gotei -a excepción de Ukitake- se encontraban reunidos en las instalaciones de la primera división. Estaban llevando a cabo una reunión cuando las alarmas comenzaron a sonar escandalosamente, indicando que había intrusos infiltrándose en el seiretei. Los cuerpos de todos los capitanes adoptaron posturas tensas e intercambiaron miradas entre sí.

El primero en moverse fue Kenpachi Zaraki, capitán de la undécima división, quien salió corriendo a gran velocidad de la habitación, ignorando los llamados de sus compañeros. Era imposible detener a aquel hombre salvaje cuando estaba decidido a luchar. El amante de la pelea había decidido que lucharía con el más fuerte de los ryoka, y no había nada que pudiesen decir para hacerlo cambiar de parecer.

El resto de los capitanes dirigió su mirada hacia el capitán comandante, esperando órdenes acerca de cómo debían proceder ante tal situación.

– Esta reunión queda suspendida hasta próximo aviso. Nuestra prioridad ahora son los ryoka. –anunció Yamamoto con una expresión seria en su rostro. – Si se cruzan con uno, captúrenlos inmediatamente. Y… una cosa más. –siguió hablando. Un pequeño suspiro escapó de sus labios al pensar en sus siguientes palabras. – Es de suponer que Sakura-hime intentará ayudar a los ryoka. Ha pasado mucho tiempo lejos de aquí, no dudará en desobedecer las reglas con tal de proteger a sus "amigos", y me temo que podría ser capaz de hacer que cualquier shinigami rompa las reglas para ayudarla. Si la encuentran, tráiganla de inmediato aquí.

Se escuchó un asentimiento colectivo antes de que los diez capitanes se marcharan, dejando atrás al capitán comandante.

Byakuya no podía evitar fruncir el ceño mientras avanzaba hacia los cuarteles de la sexta división. Tenía que seguir las reglas, pero sabía que Sakura lo odiaría si se atrevía a confrontarla. Se había sentido en una encrucijada cuando dictaron el castigo de Rukia: Deseaba salvar a su hermanita adoptiva, cumplir la promesa que le había hecho a su difunta esposa, pero si hacía eso iría en contra de la promesa que había hecho frente a la tumba de sus padres, la promesa de no volver a ir en contra de las reglas del seiretei. Ahora que Sakura se había sumado a la mezcla, solo podía sentir que el peso sobre sus hombros se multiplicaba considerablemente.

Había sufrido demasiado en aquel entonces, aquel día que le dijeron que Sakura había desaparecido. Se había sentido tan desolado, y durante mucho tiempo la ausencia de la pelirrosa había dejado un gran vacío sobre su pecho, un vacío que ni siquiera la misma Hisana había podido llenar. No es que no hubiese amado a su difunta esposa, pero Sakura siempre había sido su gran amor.

Al principio había sido reacio a la idea de dejar entrar otra mujer en su corazón. Sentía que al hacerlo solo traicionaría la memoria de la princesa shinigami. Habían pasado muchos años hasta que finalmente se había permitido enamorarse de alguien más… pero a pesar de la felicidad que había sentido en todos esos años que había compartido con Hisana, un pequeño sentimiento de culpa permanecía en su pecho.

Culpa, porque jamás podría amar a Hisana de la misma forma que amaba a Sakura. Hisana no se lo merecía para nada; Culpa de haberse casado con alguien más, a pesar de aquella promesa que había hecho, de que Sakura sería su esposa.

Esa misma culpa había sido la que lo había empujado a actuar distante con la pelirrosa.

Cuando Gin la había llevado por primera vez a la reunión de capitanes, simplemente no lo podía creer. Luego de tantos años, su amada pelirrosa estaba ahí de pie, luciendo mucho más hermosa de lo que habría podido imaginar.

Estaba viva, realmente estaba viva, y por primera vez el hueco en su pecho comenzaba a llenarse.

Había deseado tanto tomarla entre sus brazos, besarla y no soltarla más. Pero se había contenido tan pronto como el sentimiento de culpa lo había invadido.

No se sentía digno de ella. No era merecedor de su amor.

Le mintió diciendo que no estaba interesado en contraer matrimonio con ella, le mintió al decir que solo había hecho aquella promesa para protegerla. Dolía demasiado ver esa expresión de desilusión en el rostro de su amada, dolía escucharla decir tan tristemente que había cambiado y que no esperaba que cumpliese una "tonta promesa infantil". Dolía como si lo apuñalaran millones de veces, porque sabía que con sus acciones la estaba lastimando.

Apretó sus puños con fuerza.

No quería lastimarla más, pero Sakura tampoco retrocedería: Estaba decidida a salvar a Rukia y a proteger a sus amigos del mundo humano. No podía romper las reglas nuevamente, pero tampoco podía enfrentarse a ella.

¿Qué era lo que debía hacer entonces…?

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Zaraki gruñó frustrado mientras trataba de decidir en qué dirección ir. Hace tan solo unos minutos la esfera en la que los ryoka estaban había explotado, y se habían dispersado en cuatro grupos, cada uno yendo a parar en distintas direcciones.

¿Cuál de ellos sería el más fuerte? Era lo que el capitán de la undécima división seguía preguntándose.

Siempre había sido una persona de fuerza bruta, no era bueno percibiendo reiatsu y por eso tampoco tenía un buen sentido de la orientación.

¿Qué dirección debía tomar entonces?

– ¡Ken-chan! ¡Ken-chan! ¡Mira! –la pequeña Yachiru, su teniente, exclamó enérgicamente mientras señalaba en una dirección en particular. – ¡Esa chica tiene pelo rosa como yo!

La vista del hombre se dirigió inmediatamente hacia donde la pequeña niña estaba apuntando. Una gran sonrisa surcó sus labios al ver lo que ella estaba señalando.

Abarai Renji, teniente de la sexta división, corría siendo seguido de cerca por cierta pelirrosa en cuyos brazos llevaba un gato negro. Aquella chica, era la princesa, la princesa había llegado a la sociedad de las almas junto a los ryoka, si iba con ella podría encontrarlos y tener la batalla que tanto deseaba.

En un rápido movimiento se encontraba frente al shinigami y la princesa, deteniendo su andar.

Renji había sido rápido y había conseguido frenarse. Sakura, por otro lado, al ver al imponente hombre aparecer en medio del camino, tropezó. Se hubiese estrellado contra el suelo de no ser por el rápido movimiento de Renji para atraparla.

– Joo, parece que encontré un par de ratas. –se burló Zaraki examinando con la mirada a ambos jóvenes. – ¿A dónde estaban yendo ustedes dos?

– ¡Z-Zaraki-taichou! –exclamó Renji viendo con cierto temor al capitán.

– No estará pensando ir con los ryoka, ¿verdad, princesa? –continuó burlándose Zaraki.

– ¿Ara? ¿La linda chica de pelo rosa es una princesa? –preguntó con asombro Yachiru asomándose desde el hombro de su capitán.

– K-Kusajishi-fukutaichou…

Sakura parpadeó anonadada, alternando su mirada entre la pequeña niña pelirrosa y el gran e imponente capitán ¿Esa niña era una teniente? ¿Teniente de la división más salvaje del gotei 13? ¿Teniente de ese aterrador hombre?

Se aclaró la garganta y rápidamente intentó recobrar su postura seria.

– ¿Cuál es su razón para detenernos, Zaraki-taichou? No tenemos precisamente tiempo para hablar con usted ahora mismo… –habló firme mientras envolvía protectoramente sus brazos alrededor de su madre.

Al notar la expresión de la princesa, una estridente risa escapó de los labios del hombre.

– Eres una pequeña fiera, puedo verlo en tu mirada. –comentó entre risas. Pasaron un par de minutos antes de que su risa cesara y los mirara con una sádica sonrisa que los hizo estremecerse. – Quiero que me lleves ante el más fuerte de los ryoka, quiero pelear contra el…

– ¿Q-Qué? –tartamudeó Sakura retrocediendo un par de pasos para alejarse del hombre.

– Ya me oíste. –dijo Zaraki ladeando levemente la cabeza mientras observaba a la joven frente a él. – Quiero enfrentarme al más fuerte de esos ryoka. Tu dijiste que viniste a la sociedad de las almas junto con ellos, los conoces, entonces… Guíame hasta el más fuerte de ellos.

La pelirrosa se mordió el labio inferior e intercambió miradas con Renji, tratando de decidir qué hacer.

– N-No quiero que lastimes a mis amigos… Si tu intención es esa, no puedo hacer lo que me pides. –habló finalmente Sakura. Zaraki realizó una mueca al escuchar la negación en las palabras de la princesa. – Sin ánimos de ofenderlo, pero no tengo tiempo para esto. Tengo que buscar a mis amigos antes de que los capturen o los lastimen, y tenemos que salvar a Rukia… Me temo que tendrá que buscar a alguien más para satisfacer sus ansias de combate.

Renji observaba asombrado a Sakura ¡Nunca nadie le había hablado así al capitán Zaraki!

Ella debía ser realmente muy valiente, o muy tonta, para atreverse a hablarle al hombre de esa forma.

La mirada del pelirrojo se dirigió entonces a Zaraki, temiendo que este decidiese atacar a la princesa. Sin embargo, fue grande su sorpresa al ver que el hombre castaño solo sonreía divertido, manteniendo su mirada fija sobre la pelirrosa.

– ¿Sabes que eso no me va a detener? –preguntó divertido.

– Realmente no… –suspiró. – Byakuya me ha contado sobre su incesante deseo de batalla, Zaraki-taichou… Dijo que cuando se le mete la idea de pelear contra alguien, no hay nadie que pueda detenerlo. Creo que Byakuya lo calificó como "bruto salvaje". –murmuró recordando la conversación que había tenido con el pelinegro.

Ante tales palabras el capitán de la undécima división solo pudo soltar otra estridente carcajada antes de agarrar a la pelirrosa por la cintura y cargarla sobre su hombro libre.

– Vamos, princesa, tenemos que buscar a esos ryoka.

Sakura suspiró y dirigió su mirada a Renji dándole una pequeña señal para que liderara el camino. Y así emprendieron camino.

El pelirrojo corriendo en la delantera, siendo seguido de cerca por el castaño que cargaba a dos muchachas pelirrosa sobre sus hombros. Cualquiera que los viera diría que era una escena bastante peculiar.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

– Al final tu estúpida magia nos ha salvado. –bufó Ichigo mientras escupía una considerable cantidad de arena. Detrás de él, un hombre castaño tocía incesantemente. – Gracias Gan… –las palabras del pelinaranja se vieron interrumpidas cuando notó el estado en el que se encontraba su acompañante. – ¡Deja de toser! ¡Es tu propia magia! –lo regañó mientras lo pateaba en la espalda.

– ¡Idiota! –se quejó el castaño, Ganju Shiba, mientras tomaba a Ichigo por el cuello de su ropa. – ¿¡Cómo te atreves a golpear a tu salvador!?

– ¡No te he golpeado! –se excusó el pelinaranja. – ¡Es una forma moderna de decir "gracias"! –mintió.

– ¿¡Qué!? ¿¡Lo dices en serio!? –exclamó fastidiado Ganju por tal patética mentira.

A unos pocos metros de ellos, sobre el techo de uno de los edificios, la figura de dos shinigamis se hizo presente.

– ¡Vaya! –exclamó uno alertando a Ichigo sobre su presencia allí. – ¡Menuda suerte!

Ambos shinigamis saltaron del tejado, aterrizando en el suelo a unos pocos metros de donde los ryoka se encontraban. Ichigo los observó con sorpresa y algo de cautela, sabiendo que no serían amistosos. Después de todo se habían infiltrado ilegalmente en el seiretei.

– Había decidido salir a dar una vuelta porque estar de guardia es un rollo… ¡Y resulta que la presa aparece justo en frente de mis ojos! –exclamó divertido uno de los dos shinigamis.

Se trataba de un hombre calvo con unas marcas de maquillaje rojo sobre sus ojos. Cargaba su espada sobre su hombro, listo para atacar en cualquier momento. A unos pocos metros detrás de él yacía de pie el otro shinigami. Este llevaba unos extraños accesorios naranja alrededor de su cuello y brazos, y unas extravagantes plumas de color rojo y amarillo, unidas a su ceja y pestañas del lado derecho de su rostro.

– ¡Suerte, hoy es mi día de suerte! –canturreó el primero de los dos, para luego apuntar a ambos ryoka con su zanpakuto. – Aunque en tu caso… No has tenido nada de suerte…


¡Tachan! ¡Capítulo 17 finalizado!

Realmente lamento la demora. Tenía mitad de este capítulo escrito y luego me distraje leyendo el manga de bleach y por eso no he estado escribiendo (Si... empecé a escribir este fanfic cuando aún estaba viendo el anime, y ahora leo el manga para saber como acaba la historia ;w;). Espero que lo hayan disfrutado a pesar de haber tardado tanto en publicarlo.

La verdad es que tengo muchas ideas para lo que será el futuro de esta historia, y estoy realmente en duda de como incorporarlas sin que quede realmente exagerado... Espero no terminar arruinando esta historia.

Espero que tengan un buen día, y nos vemos en el próximo capítulo nwn