Autora POV

Ichigo observó estupefacto al hombre calvo frente a el mientras bailaba para finalmente realizar una pose que a sus ojos lucía completamente ridícula, con sus piernas separadas, las rodillas flexionadas, y sus brazos extendidos hacia el frente mientras enseñaba su zanpakuto enfundada.

– ¡Tachaaan! –exclamó el shinigami como si estuviese enseñándoles un objeto invaluable que era merecedor de su asombro. Un incómodo silencio reinó sobre los cuatro presentes. – ¿¡Pero qué hacen ahí parados!? –exclamó molesto mientras usaba su zanpakuto para señalarlos. – ¡Encima que he hecho el baile del "Tsui Tsui" para darles tiempo de salir de ahí! ¿¡Y solo se les ocurre quedarse ahí de pie mirando!?

Ichigo y Ganju lo observaron entre irritados y estupefactos por su actitud, mientras que él seguía maldiciéndolos.

– ¿Qué le pasa a ese tipo? –murmuró entre dientes el pelinaranja.

– ¡Eh! –exclamó Ganju por su parte llamando la atención de Ichigo.

– ¿Qué? –preguntó el pelinaranja observando con cierta molestia al miembro del clan Shiba.

– ¿Cómo que "qué"? ¡Tenemos que irnos de aquí rápido! –habló Ganju.

Aquellas palabras no fueron del agrado de Ichigo, quien inmediatamente se volteó para enfrentarlo con una expresión de enojo en su rostro, siendo respondida por una expresión igualmente feroz de parte del Shiba.

– ¿¡Pretendes huir!? ¡No es buen momento para mostrar tu estupidez! –le gritó el pelinaranja.

– ¿¡Estás tonto o qué!? –contraatacó Ganju. – ¡Su poder espiritual es mucho mayor que el de un shinigami común y corriente!

– ¿Sobre que están charlando? –habló burlón el hombre calvo desde atrás de Ichigo haciendo que tanto él como Ganju dejaran de gritarse y le prestasen atención. – Oh bueno… Hablen todo lo que quieran. De todos modos, su final está cerca. –dijo con una expresión confiada.

– Pero si esperamos demasiado tal vez venga alguien y nos quite la presa… –murmuró el otro shinigami, hablando por primera vez desde que habían decidido confrontar a los ryoka.

– ¿Eh? Pues tienes razón… –estuvo de acuerdo el calvo. – ¡Muy bien! ¡Les daré un tiempo para hablar! –exclamó efusivamente. – Hasta que termine mi próximo baile… –dijo mientras comenzaba a bailar nuevamente.

– ¿¡Y a mi que me importa!? ¡Si quieres luchar hazlo tu solo! ¡Me voy! –exclamó Ganju dándose la vuelta y comenzando a correr lejos de la escena. No tenía intenciones de enfrentarse a ninguno de esos dos tipos.

Estaba claro que no eran shinigamis ordinarios, y no estaba seguro de poder triunfar en una batalla contra ellos. Lo mejor era resguardarse y seguir con el plan para salvar a la amiga de Kurosaki.

– ¿Eh? –fue todo lo que atinó a decir el shinigami calvo al notar como el castaño comenzaba alejarse. Su mirada se dirigió entonces hacia Ichigo. – ¿Qué ocurre? ¿Problemas de pareja?

– Más o menos… –respondió Ichigo viendo con fastidio a Ganju.

– Bah… Vaya problema… –suspiró el calvo antes de hacerle un gesto a su compañero. – ¡Yumichika!

– ¡Afirmativo! –exclamó el nombrado antes de correr detrás de Ganju.

Ichigo simplemente se quedó quieto observando como ambas figuras se alejaban, inseguro de si debía ir a ayudar a Ganju o no.

– ¡Oye! –el shinigami lo llamó captando su atención. – Tengo una pregunta ¿Por qué no has intentado huir? –preguntó mientras se balanceaba sobre uno de sus pies. – Ese tipo seguramente se dio cuenta de que éramos muy fuertes y por eso huyó. –continuó hablando refiriéndose a Ganju. – Lo cual creo que es una decisión inteligente… –finalizó esbozando una sonrisa soberbia.

– Si de verdad eres más fuerte que yo ¿Qué sentido tiene escapar si me vas a atrapar de todas formas? –preguntó serio Ichigo. El shinigami lo observó con interés. – Pero… Si solo eres un debilucho… Puedo patearte el trasero y seguir con mi camino.

– Ya veo… –sonrió el calvo. – No eres tan tonto como pensaba…

En un rápido movimiento desenvainó su zanpakuto y se lanzó al ataque. Ichigo lo observó asombrado a penas logrando esquivar su ataque. Fuese quien fuese ese shinigami, Ichigo podía decir con seguridad que era un guerrero habilidoso.

Rápidamente se apresuro a tomar su propia zanpakuto para devolver el ataque. El shinigami bloqueó fácilmente su ataque usando tan solo la funda de su espada. El pelinaranja lo observó incrédulo.

Una sonrisa sádica surcó en el rostro del shinigami a medida que el combate avanzaba. Amaba las peleas, la adrenalina que estas le ocasionaban.

Ambos se mantuvieron de pie frente a frente, observándose mientras la sangre de corría por sus rostros. El combate era parejo y ambos habían logrado lastimar a su rival.

– Dime una cosa… –comenzó el hombre calvo sin borrar la sonrisa de su rostro. – ¿Cómo te llamas?

– Ichigo Kurosaki… –respondió el pelinaranja respirando un tanto agitado por la velocidad que había tenido que emplear para esquivar los ataques del contrario.

– Ichigo… ¿Eh? Bonito nombre. –lo aduló el shinigami.

– ¿Tu crees? Eres la primera persona que me lo dice… –comentó Ichigo.

– Los hombres que suelen tener la palabra "Ichi" en sus nombres, suelen tener mucho talento y poder… ¡Yo soy Madarame Ikkaku! ¡Tercer oficial de la undécima división! –se presentó finalmente el shinigami. Su ojo derecho se entrecerraba levemente para que la sangre le entrara en este. – Ya que llevamos la palabra "Ichi" en nuestros nombres, hagamos que este combate sea fantástico.


(N/A: La "I" de "Ikkaku" vendría a ser una forma apocopada de "Ichi")


– ¡Seguro! –contestó Ichigo esbozando una sonrisa.

Ambos se lanzaron nuevamente al combate, sus zanpakuto chocando entre sí. Difícilmente podían el dominio pues sus fuerzas eran bastante parejas.

Nuevamente de un gran salto tomaron distancia entre ambos para mirarse. Ichigo levantó su mano para limpiar la sangre que caía sobre su rostro. Aquello le valió una pequeña risa burlona por parte de su contrincante.

– Aunque hay una gran diferencia entre nosotros, cuando se está combatiendo solo un novato quitaría una mano de su espada. –se burló Ikkaku.

– Eso no es asunto tuyo. –replicó Ichigo. – Me cuesta ver porque la sangre se me mete en el ojo, así que la limpio con mi mano. –se justificó.

– La herida en tu frente no es tan profunda ¿Cómo puede sangrar tanto? –preguntó el calvo mientras quitaba el extremo del mango de su zanpakuto y tomaba con sus dedos una extraña sustancia para luego aplicársela en el corte que tenía sobre su ceja derecha. Su hemorragia se detuvo inmediatamente. – En lugar de estarte limpiando todo el rato deberías buscar un modo de detener la hemorragia.

– ¡Ah! –exclamó infantilmente Ichigo. – ¡Tramposo! ¡Tienes pomada para cortar la hemorragia!

– ¿¡Eh!? –exclamó ofendido Ikkaku. – ¡Esto no es ser tramposo! ¡Es ser inteligente! ¡Inteligente! –su expresión lentamente cambió nuevamente a una sonrisa soberbia. – Estúpido… Actúas como un novato. No se puede decir que seas realmente un guerrero. Pero tienes unos reflejos impresionantes y tus ataques son realmente poderosos. Los movimientos de tu cuerpo son… Casi tan perfectos como los míos. –Ichigo lo observó con una expresión seria en su rostro. – ¿Por qué te pones tan serio? Es un cumplido… Pero solo eres un novato al que le gusta pelear. Decir que estas usando tus instintos me parece que es demasiado ¿Quién es tu maestro?

Los ojos del pelinaranja se abrieron con sorpresa ante tal pregunta mientras una imagen de Urahara se hacía visible en su mente.

– Solo me enseño durante diez días, no sé si es suficiente para considerarlo mi maestro… Pero es cierto que alguien me ha enseñado técnicas de combate. –habló Ichigo.

– ¿Cómo se llama? –indagó Ikkaku.

Ichigo se mantuvo en silencio por un par de segundos antes de contestar.

– El padre de la princesa… Urahara Kisuke.

Los ojos del shinigami se abrieron levemente con sorpresa ante la mención de la princesa de los shinigami.

Al igual que todos en el seiretei, había escuchado las historias sobre la amada princesa, y si bien dichas historias no iban con su personalidad de guerrero, no iba a negar que sentía cierto respeto hacia la niña. Era su princesa y tenía su lealtad.

Ahora… ¿Cómo era que un ryoka sabía de la existencia de la princesa? Durante muchos años se había creído que estaba muerta, y hace tan solo unos pocos días los rumores de su regreso habían comenzado a esparcirse. No creía posible que ese ryoka que provenía del mundo humano tuviese conocimiento acerca de la princesa.

– Oye tú… –habló serio Ikkaku. Su expresión adoptando un aire oscuro. – ¿Cómo es que sabes de nuestra princesa?

– Porque ella es mi amiga. –respondió Ichigo. – He venido a la sociedad de las almas junto a ella.

Ikkaku se burló.

– No te creo. –gruñó. – Durante muchos años se pensó que estaba muerta, solo en el seiretei se habla de ella… ¿Por qué un humano que no conoce nuestras costumbres sabría de la princesa?

Ichigo frunció el ceño ante sus palabras.

– Se nota que no sabes realmente sobre ella…

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Chad se encontraba oculto entre los árboles, tratando de evadir al grupo de shinigamis que había llegado a la zona donde él había impactado luego de separarse del resto.

Estaba solo, y no sabía exactamente en donde se encontraba. Haberse separado de los demás sin duda le estaba jugando una mala pasada. Pero no podía rendirse ahora. Tenía que encontrar a Ichigo.

– Oye tú… –una voz a unos metros de él lo hizo sobresaltarse. Su cuerpo entero se tensó mientras volteaba a ver a quien le había hablado.

Sentada sobre una de las ramas del árbol contiguo, yacía una mujer rubia de curvas voluptuosas. Llevaba ropas tradicionales de shinigami y un haori verde, lo cual le advirtió de que se trataba de una enemiga.

Chad levantó su brazo listo para atacar, pero la mujer hizo un gesto con su mano para detenerlo.

– No tengo intenciones de luchar contigo. –dijo con un tono desinteresado la mujer. – Eres uno de los amigos de Sakura, ¿verdad?

La mirada del mestizo se iluminó al escuchar nombrar a la pelirrosa.

– ¿U-Usted conoce a Sakura-san? –a penas pudo articular la pregunta.

La rubia realizó un leve asentimiento con su cabeza.

– Sakura es mi ahijada y mi pequeña alumna… –explicó. – Mi nombre es Senju Tsunade, un gusto en conocerte.

– Yasutora Sado… –se presentó un tanto dudoso Chad.

Tsunade asintió en reconocimiento.

– Sakura me dijo que había llegado aquí con un grupo de humanos, pero que por culpa de Ichimaru-taichou ustedes no fueron capaces de entrar al seiretei. Ella sospechó desde un principio que encontrarían una manera de entrar. –habló con calma. – Desde entonces hemos estado atentas a su posible llegada. Como amigo de Sakura, tengo la intención de ayudarte…

– Pero ¿No es usted una shinigami? –preguntó confundido Chad.

– No exactamente… –contestó Tsunade. – Soy una de las muchas almas que llegó a la sociedad luego de haber muerto en el mundo humano. He aprendido varias de las artes y costumbres de los shinigamis, pero no soy formalmente una shinigami. Trabajo en el departamento de archivos, básicamente archivando todo el papeleo que las trece divisiones realizan. –explicó, recibiendo miradas confundidas de parte del humano quien no terminaba de entender lo que la mujer le estaba diciendo.

– ¿Usted está muerta? –fue todo lo que atinó a preguntar Chad.

Una risa escapó de los labios de Tsunade.

– Llevo miles de años muerta. –anunció. – Estuve viva en la época de las naciones ninja…

Los ojos de Chad se abrieron con mucho más asombro recordando las clases de historia que le habían dado en la escuela. Las naciones ninja, eso había sucedido hace miles de años atrás ¿Realmente la mujer frente a él llevaba muerta tanto tiempo?

– Tu asombro es realmente tierno… Pero no es momento ni lugar para hablar de esto. –suspiró Tsunade. – Sígueme. Te llevaré a un lugar seguro donde ninguno de los capitanes te encuentre.

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La lucha continuaba entre Ikkaku e Ichigo. El primero atacaba ferozmente al pelinaranja con su shikai ahora activado.

Su zanpakuto se había transformado de una espada a una lanza con mango de madera y unas plumas rojas decorando el extremo de esta. Hozukimaru, así se llamaba su arma.

Ichigo dejó escapar una risa confiada mientras esquivaba los constantes ataques de Ikkaku.

– Se que se tarda más en atacar con una lanza. Es imposible que pueda perderla de vista. –habló confiado el pelinaranja.

– Estás equivocado… –murmuró Ikkaku tomando por sorpresa a Ichigo mientras que en un rápido movimiento lo atacaba.

Ichigo se preparó para bloquear su ataque, pero su sorpresa fue grande al ver como la empuñadura de la lanza se dividía en múltiples partes que eran unidas por una cadena.

– ¡Diviértete Hozukimaru! –exclamó Ikkaku mientras observaba divertido la expresión desconcertada en el rostro de Ichigo. A penas pudo usar su brazo para defenderse, ganándose un profundo corte sobre este. El shinigami esbozó una sonrisa mientras los extremos de su arma volvían a él. Se tomó unos segundos para observar satisfecho la herida que había logrado infringirle al ryoka. – Hozukimaru no es una lanza, es un nunchaku de tres partes.

Ichigo examinó con una expresión seria la herida en su brazo antes de tomar la venda que se unía a su zanpakuto para comenzar a envolver su herida ignorando el parloteo de su oponente.

– Te pusiste mucho más violento cuando te dije que no conocías realmente a tu princesa. –comentó Ichigo mientras terminaba de ajustar el vendaje. La herida dolía, pero ya no le molestaba como para impedirle usar aquel brazo.

– Lo siento. Pero si no te mato para mi no será una victoria. –habló Ikkaku. – Eres un rival digno, y deseo hacerte retractar de tus palabras.

– ¿Hacerme retractar? –repitió Ichigo. – ¿Por qué me retractaría? Sakura es mi amiga lo creas o no. Y te agradecería si pudieses decirme dónde se encuentra ella ahora mismo. –dijo para luego lanzarse a atacar nuevamente.

Ikkaku a penas tuvo tiempo de salir del camino, observando con asombro como el ryoka destrozaba el edificio que hace tan solo unos segundos había estado a sus espaldas.

– Esto acaba de empezar Ikkaku. La próxima vez serás tu el que no pueda sostener su arma.

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Sakura POV

– ¿Estamos muy lejos, Renji? –pregunté viendo al pelirrojo que corría a unos metros por en frente de Zaraki.

A pesar de mis palabras, el capitán de la undécima división se había negado a dejarme ir, afirmando que sería más fácil y rápido movernos por el seiretei si el me cargaba sobre su hombro.

Por un lado lo agradecía: El kimono que llevaba puesto era muy poco conveniente para correr. La tela era rígida y bastante ceñida a mi cuerpo, haciendo que a penas pudiese mover mis piernas. Tenía que hacer movimientos cortos y rápidos para correr, lo cual hacía que me agotara más fácilmente. Pero, por otro lado, encontraba un tanto tedioso el ser cargada de esta forma.

Mi mirada se dirigió brevemente a la pequeña pelirrosa que colgaba del hombro contrario del capitán. Parecía estar bastante acostumbrada a ser llevada de esa forma por el hombre adulto, incluso parecía disfrutarlo.

– No estamos demasiado lejos de Kurosaki. –escuché que Renji me contestaba. – Sin embargo, puedo sentir el reiatsu del tercer oficial de la undécima división junto a él, parece que están combatiendo.

– ¿Madarame? –cuestionó Zaraki con una sonrisa en su rostro. – No es de extrañar.

Por sus palabras podía deducir que este oficial poseía los mismos gustos por la pelea que el capitán Zaraki.

– ¿Acaso todos los miembros de la undécima división son así? –murmuré para mi misma sin esperar respuesta alguna.

– Son las bases de la undécima división. –escuché a mamá hablar.

– ¿Ohh? ¿Neko-chan puede hablar? –preguntó asombrada Yachiru mientras extendía una de sus manos intentando acariciar al pequeño felino.

– No soy realmente un gato, pequeña. –contestó mamá. – Puedo transformarme en un gato a mi antojo, pero soy una persona igual que tú. –explicó.

– ¿Ara? ¿Cómo es eso, neko-chan? –preguntó curiosa la pelirrosa, manteniendo el apodo a pesar de que se le había dicho que mamá no era un verdadero gato.

– Es una habilidad que poseo.

– ¿Y por qué la está usando ahora, neko-chan? ¿Es que acaso no le gusta caminar y se está aprovechando para que lo carguen? –preguntó inocentemente a pesar de que sus palabras estaban cargadas de burla y acusación.

– Yachiru-chan, mi Okaa-san no está en esta forma por eso… –me quejé.

– ¿Okaa-san? ¿Neko-chan es la madre de hime-chan? –preguntó con asombro Yachiru. – ¿Eso quiere decir que hime-chan también puede convertirse en un gatito?

– N-No exactamente… –tartamudeé.

– Yo quiero ver a hime-chan transformarse en un gatito. –hizo un puchero para luego comenzar a jalar el cabello de Zaraki para que este le prestase atención. – Nee, nee, Ken-chan ¿Tu no quieres ver a hime-chan convertirse en un gatito?

Suspiré sin saber qué decir ¿Realmente esa niña tenía el nivel de un teniente? No quería ser prejuiciosa, pero… No podía evitar que tales pensamientos se colaran en mi mente: Era una niña, podrían matarla en un abrir y cerrar de ojos.

– M-Maldición… –un gruñido de parte de Renji me sacó de mis pensamientos.

– ¿Qué sucede, Renji?

– El reiatsu de Kurosaki está comenzando a alejarse, parece que el combate terminó… –respondió él.

– Eso quiere decir que Ichigo salió victorioso… –murmuré un tanto aliviada. Si había comenzado a moverse significaba que estaba bien y no había sufrido grandes daños.

Seguimos avanzando y de pronto el paisaje a nuestro alrededor comenzó a convertirse en un caos con múltiples casas destruidas por el enfrentamiento. De pronto pude divisar una figura tirada en el suelo.

– Hay alguien ahí… –murmuré.

– Es Ikkaku. –escuché a Zaraki afirmar.

Corrimos hasta llegar hasta donde el shinigami se encontraba. Zaraki dejó de correr, pero Renji continuó.

– ¡H-Hey! ¡Renji! –lo llamé. – ¿A dónde vas?

– ¡Alguien tiene que alcanzar a Kurosaki! –lo escuché responder. Ni siquiera se tomó la molestia de voltear a verme para responder.

– P-Pero… –intenté objetar.

– Iré tras él. –dijo mamá antes de saltar de mis brazos y comenzar a seguir al pelirrojo.

Suspiré frustrada asumiendo que era inútil intentar detenerlos.

Dirigí mi mirada al shinigami que yacía tendido sobre el suelo. Sus ojos estaban levemente entrecerrados y su rostro se contorsionaba en una mueca de dolor mientras intercambiaba palabras con el capitán de la undécima división. Observé su cuerpo notando como había múltiples heridas debido al combate.

Me acerqué lentamente y me arrodillé a su lado.

– Hey… ¿Estás bien? Los de la cuarta división deberían estar aquí pronto… –hablé amablemente.

Su vista se dirigió hacia mí. Lo vi parpadear un par de veces antes de que una mueca de asombro surcara su rostro.

– U-Usted es…

– Mi nombre es Sakura, un gusto conocerte. –me presenté dedicándole una pequeña sonrisa. – Y tú eres Madarame Ikkaku, ¿verdad? –Estupefacto asintió. – Te has enfrentado a Ichigo-kun…

– Entonces… Él no mentía… –murmuró Ikkaku.

– ¿Hmm…?

– Comenzó a afirmar que él era amigo de la princesa, y exigió que le dijese donde se encontraba. –explicó. – Pensé que simplemente estaba bromeando. No creía posible que un ryoka supiese sobre la princesa de los shinigami…

– Uhmm… –tarareé. – ¿Cuánto has oído sobre mí, Madarame-san?

– Todo el seiretei conoce las historias de la princesa. –fue Zaraki el que contestó.

– ¿Sabes por qué desaparecí hace tantos años atrás? –pregunté esta vez. Al verlo negar con la cabeza sonreí cálidamente. – Fui secuestrada por un enemigo desconocido… Intentaron matarme, pero no pudieron, entonces empezaron a experimentar conmigo, me torturaron de múltiples formas, incluso me violaron… –a medida que seguía hablando podía notar que la expresión del shinigami frente a mi se tornaba más y más sombría. – Y cuando ya acabaron de experimentar… Me enviaron al mundo humano… Bloquearon mi memoria, me metieron en un gigai que alteraba mi crecimiento, intentaron suprimir mi reiatsu… En los últimos 16 años viví pensando que era una humana común y corriente. Hace tan solo unas semanas me mudé a la ciudad de Karakura, todo parecía que seguiría siendo normal… Pero, entonces un Hollow apareció… De alguna forma u otra me vi arrastrada en el conflicto, pero Ichigo me salvó y así fue como lo conocí a él y a Rukia-san… Llegué a la sociedad de las almas junto a Ichigo y los demás ryoka, para salvar a Rukia-san de su ejecución…

Ikkaku cerró sus ojos procesando todo lo que acababa de decir.

– Ese chico… Es realmente fuerte… –murmuró finalmente al cabo de varios minutos. – Ha sido un honor, perder contra él…

Lo observé asombrada por sus palabras antes de sonreír.

– Tiene un gran potencial… ¿Verdad? –estuve de acuerdo. – Aún tiene mucho que aprender, pero será un gran shinigami algún día… –mis palabras se vieron interrumpidas al ver que el capitán Zaraki comenzaba a correr en la misma dirección por donde Renji se había ido varios minutos atrás. – ¡H-Hey! ¡Espera! ¡No me dejes aquí! –chillé indignada.

– Zaraki-taichou realmente tiene deseos de enfrentarse a él… –se rió Ikkaku.

Yo solo pude suspirar ¿Ahora cómo se suponía que encuentre a los demás?


¡Tachán! Seguro que no se esperaban tan pronto la continuación ¬w¬

De a poquito estoy intentando que los capítulos empiecen a ser más y más largo, de momento estoy logrando que tengan un mínimo de 3K de palabras a diferencia de antes que el mínimo era de 2K. Y poco a poco nos vamos acercando a las partes interesantes de la trama.

Espero que el capítulo sea de su agrado, a pesar de mi dificultad para narrar batallas... No olviden dejarme sus comentarios si les ha gustado el capítulo.

Ahora, sin nada más que decir, me despido hasta la siguiente actualización.

PD: Hice un boceto de cómo me imagino a Sakura siendo shinigami.