Autora POV

– Parece que ha sido buena idea tomar prestadas estas ropas… –murmuró una joven pelinaranja mientras observaba a un par de shinigamis, que hasta hace tan solo unos segundos habían estado hablándole, alejarse.

– Aunque es algo decepcionante que ni siquiera puedan reconocer quien es su aliado y quien no. –comentó a su lado un chico de lentes y cabello negro.

– Al menos podremos movernos libremente por aquí sin sufrir grandes inconvenientes. –habló alegremente la joven ignorando las palabras de su compañero.

– Supongo… –suspiró el joven quincy. – Será mejor que empecemos a movernos. Aún tenemos que encontrar a los demás.

– Hai. –asintió entusiasmada Orihime antes de que ambos echaran a correr.

Luego de que el grupo había sido dividido, Uryuu y Orihime habían quedado juntos. Habían estado ocultándose, casi siendo atrapados en un par de ocasiones, antes de que a la pelinaranja se le ocurriese la brillante idea de tomar las vestimentas típicas de los shinigamis y utilizarlas para mezclarse.

"Con nuestras vestimentas actuales es muy obvio que no somos aquí. Si nos vestimos como la gente de aquí entonces pensaran que estamos de su lado" –habían sido las palabras que la joven había utilizado.

Uryuu no había podido quedar más asombrado al oír su idea. No era por quitarle mérito a la pelinaranja, pero usualmente no era la persona más lúcida del mundo. Escucharla formular tal plan, lo habían tomado por sorpresa. Había sido una sorpresa y una desilusión mucho mayor cuando la idea de Orihime pareció funcionar a la perfección.

Ahora moverse por el seiretei era mucho más fácil y cómodo. No tenían que preocuparse por esconderse.

Entonces el único inconveniente que les quedaba ahora era buscar a los demás. No tenían idea de dónde habían ido a parar, y conociéndolos no se iban a quedar sentados esperando a ser encontraos. Si todos comenzaban a movilizarse tardarían más en encontrarse unos a otros.

– ¡Quédense quietos ustedes dos!

Tanto Uryuu como Orihime tropezaron al escuchar la voz firme que los regañaba. Levantaron sus miradas para ver a una mujer anciana que los miraba con reproche. Estaba vestida con el atuendo de los shinigami, y llevaba entre sus manos varios elementos de jardinería.

– Menudos irrespetuosos… ¿Qué no saben que frente al árbol de la princesa no se pueden hacer disturbios de ningún tipo? –los siguió regañando la mujer.

¿Árbol de la princesa?

Uryuu y Orihime intercambiaron miradas confusas antes de evaluar su entorno. Grande fue su sorpresa al notar que a lo que la anciana se refería era un enorme y majestuoso árbol de Sakura, en cuya base había una especie de lápida de piedra con escrituras en ella.

¿Cómo es que no lo habían notado antes?

– ¿Árbol de la princesa? –se atrevió a preguntar Orihime curiosa. Quería saber por qué ese árbol era tan importante.

– Estos niños de hoy en día… –suspiró la anciana. – ¿Qué acaso ya no prestan atención a sus clases en la academia?

Al ver que ninguno de los dos jóvenes parecía tener idea de lo que estaba hablando, volvió a dejar escapar un suspiro y les hizo un gesto para que se acercasen a la base del árbol.

– Presten atención porque no pienso repetir dos veces este relato. –dijo con firmeza la mujer. Ambos humanos la observaron como un par de niños pequeños. – Hace más de cien años nació aquí en el seiretei una pequeña niña de nombre Sakura Shihouin Urahara… Su nacimiento fue de especial importancia… No solo porque era la heredera del honorable clan Shihouin, sino porque también se trataba de la hija de dos respetados capitanes del gotei 13… –hizo una pequeña pausa para observar con cuidado a los jóvenes frente a ella. – Desde el primer momento, esta particular joven parecía estar bendecida por los dioses mismos… Su poder era enorme para alguien de su edad, y prometía volverse aún más fuerte con el entrenamiento adecuado… Y su belleza particular y exótica… Era como estar frente a un espíritu de la naturaleza…

– ¿En serio? –preguntó asombrada Orihime tratando de imaginarse como luciría la princesa para que la mujer la describiese de ese modo.

La anciana asintió con su cabeza en respuesta antes de continuar con su relato.

– Conforme comenzaba a crecer, sus demás peculiaridades comenzaron a mostrarse. Una inteligencia y facilidad para aprender cosas nuevas, junto con un manejo impecable de su reiatsu, lo cual le ganó el título de prodigio. Una inocencia cautivadora que incitaba a todos a querer protegerla. Y un corazón tan puro que ansiaba ayudar a los demás, que hizo que todos se terminasen enamorando de ella. No había dudas que crecería para convertirse en una gran shinigami. –dijo la mujer. – No se sabe con exactitud quién fue la primera persona que la nombro de esta forma, pero pronto todos nos encontrábamos llamándola "princesa".

– ¿Eso quiere decir que no era originalmente una princesa? –preguntó Uryuu intrigado.

– Exactamente… –contestó la mujer. – La única forma de monarquía que había existido en la sociedad de las almas era el rey espiritual… Quien mantiene el equilibrio entre todos los mundos. Dentro de la sociedad de las almas, a pesar de la existencia de los clanes nobles, jamás se había hablado de príncipes o reyes… Sakura fue una princesa nombrada así por sus seguidores… En un futuro, cuando ella creciese, sería quien nos guiaría a un futuro próspero y lleno de paz…

– Sigue hablando de ella en pasado… –murmuró Uryuu.

– ¿Algo le pasó? A la princesa… –preguntó Orihime.

Una sonrisa amarga surcó los labios de la mujer mientras volteaba a ver el gran árbol.

– Una noche ella simplemente desapareció sin dejar rastro. –dijo finalmente tomando por sorpresa a ambos humanos. – Los trece escuadrones la buscaron por todos los mundos posibles, pero fue inútil… No había rastro alguno de su paradero, tampoco una pista de lo que había sucedido. Pasaron muchos años… pronto la esperanza de que estuviese viva desapareció. Esto dejó un gran vacío en el seiretei… Nuestra amada princesa se había ido…

– Eso es realmente triste… –dijo apenada Orihime.

– Lo es… Los capitanes del gotei 13 tomaron la decisión de difundir entonces la historia de la princesa… Si no podían traerla de vuelta, no dejarían que su recuerdo muriese. Es por eso que a todos los nuevos shinigamis se les enseña sobre la princesa de los shinigami, e incluso si no han llegado a conocerla… todos terminan venerándola. –habló la mujer. – Este árbol… Fue plantado aquí por el capitán comandante, y esta lápida fue tallada por el clan Shihouin… Este lugar se convirtió en una especie de santuario en honor a la princesa… –explicó. – Es por eso que está prohibido hacer disturbios aquí… Porque eso sería un insulto al recuerdo de la princesa.

– O-Oh… Lamentamos haberle faltado el recuerdo. –se apresuró a disculparse Orihime sintiéndose culpable. – No fue nuestra intención…

– ¿Para qué son las ofrendas? –preguntó curioso Uryuu al notar que en la base del árbol había distintas ofrendas que iban desde pequeños arreglos florales y velas, hasta costosos regalos.

– ¡Oh! Todos los años en el cumpleaños de la princesa, todos los habitantes del seiretei colocan un regalo a los pies del árbol de la princesa… –contestó la anciana.

– ¿Eso quiere decir que su cumpleaños ha sido recientemente? –preguntó Orihime sorprendida.

– No realmente… –murmuró la mujer. – Estas ofrendas son por otro motivo…

– ¿Hmm?

– Verán… Recientemente ha estado comenzando a circular un rumor por todo el seiretei de que la princesa está viva y ha vuelto a casa. Las ofrendas son a modo de celebración. Lamentablemente… Debido a todos los inconvenientes con la invasión ryoka y la ejecución de Kuchiki Rukia, no hemos podido agasajarla adecuadamente.

La pelinaranja bajó la cabeza sintiéndose culpable por lo que la mujer les acababa de decir. Estaba segura de que el regreso de la princesa era algo sumamente importante, y por culpa de ellos no habían podido darle la debida importancia. Pero por otro lado… Tampoco iban a abandonar la misión de salvar a Rukia.

– Estoy segura de que cuando todo esto termine podrán celebrarla adecuadamente. –dijo entonces Orihime levantando su cabeza para mirar a la mujer con la más grande de las sonrisas.

La anciana la observó con una expresión de sorpresa antes de esbozar una cálida sonrisa.

– Seguramente si…

Uryuu observaba el intercambio entre ambas mujeres con una expresión pensativa.

Sakura, princesa de los shinigami…. ¿Sería realmente la misma Sakura con la cual habían llegado a la sociedad de las almas? Tendría sentido si recordaba cómo Jidanbo la había tratado antes de que se separasen. Pero entonces… ¿Cómo era que ella había ido a parar con la noble familia quincy de los Haruno?

– Disculpe… –habló el pelinegro llamando a la mujer. – Quisiera saber… ¿Cómo es que luce la princesa? –indagó.

– Oh, es sumamente hermosa. –dijo la anciana. – Su piel es tan blanca como la nieve, y tersa y delicada como la porcelana. Su cabello es rosado, como los pétalos de las flores de este árbol. Y sus ojos son verdes, como dos jades pulidos.

Entonces realmente era ella… ¿Su padre lo sabía?

"– Uryuu, necesito hablar contigo. –dijo su padre entrando a su cuarto cuando estaba estudiando.

El nombrado simplemente se limitó a apartar la vista de su libro y girar levemente la silla en la que estaba sentado para encarar a su padre, dándole a entender que, sea lo que sea que quería decirle, lo estaba escuchando.

Dentro de unos días una de las familias quincy, los Haruno, vendrán a Karakura. –anunció su padre.

¿Y qué esperas que haga? –preguntó Uryuu acomodándose sus gafas.

Hazte amigo de la hija de los Haruno…"

Su padre no le había dado mucha información al respecto, pero sabía a la perfección lo que su padre pretendía: Los matrimonios arreglados entre quincys eran bastante comunes para preservar el poder, y siempre supo que tarde o temprano el sería empujado a casarse con una niña quincy.

La idea simplemente dejó de desagradarle cuando "Sakura Haruno" apareció en su clase.

La joven era como un ángel caído del cielo. Tan hermosa, tan pura, tan delicada. Se mentiría a si mismo si decía que cuando la vio no se imaginó una vida entera a su lado.

Había tenido la intención de hablarle aquel día, pero el momento jamás se había dado. Grande fue su preocupación y desilusión cuando los siguientes días Sakura no apareció en clases.

Y ahora resultaba que ella era una shinigami… Y no cualquiera… Era la princesa de los shinigami…

No sabía con certeza qué estaba sucediendo, pero estaba dispuesto a descubrirlo.

Sakura POV

– ¿Por qué estás cosas me pasan solo a mí? –lloriqueé mientras intentaba escapar de un grupo de shinigamis de la cuarta división.

Luego de que Renji, mamá y Zaraki me dejasen atrás, había permanecido junto a Ikkaku. Había decidido que lo cuidaría momentáneamente hasta que alguien de la cuarta división llegase a tratar sus heridas. La situación había marchado bastante bien, no había pasado mucho tiempo hasta que un par de sanadores apareciesen y empezasen a realizar los primeros auxilios obligatorios que debían brindarle a Ikkaku antes de movilizarlo hacia los cuarteles de la cuarta división.

El problema había sido que…

"Sakura-hime, le pido por favor que nos acompañe a los establecimientos de la primera división. Sotaichou ha dado órdenes de que la escoltemos allí si la encontrábamos"

No era tonta como para no conocer las intenciones del hombre a quien consideraba mi abuelo. Sabía que Yamamoto no deseaba que me involucrase con los ryoka, y estaba dispuesto a encerrarme como niña que acababa de ser castigada, con tal de que no me encontrase con Ichigo y los demás.

Incluso podía imaginar las palabras que él me diría.

"Eres la princesa de los shinigami, Sakura. Debes ser un ejemplo a seguir y obedecer las reglas"

Pero no estaba dispuesta a que esto ocurriera, por lo que me vi en la necesidad de huir, lo cual me llevaba a mi situación actual en la que estaba tratando de escapar de un grupo de shinigamis que me perseguían. Para empeorar aún más la situación, el kimono que llevaba puesto limitaba bastante el movimiento de mis piernas, haciendo que correr fuese más difícil y me cansara con mayor facilidad.

¿Por qué Byakuya tuvo que elegir tales ropas para mí?

Quiero decir… Era un kimono realmente hermoso, y agradecía inmensamente que me diese tantos lujos. Pero en estos momentos, era una vestimenta muy poco práctica para mí.

– ¡Deténganse ustedes! –la voz firme y autoritaria de Toushiro se hizo presente. Por el rabillo del ojo pude distinguir una sombra que saltaba desde uno de los tejados, aterrizando en el suelo frente al grupo de shinigamis que me perseguía, haciendo que detuvieran su andar.

Llevada por la curiosidad también detuve mis pasos y volteé levemente mi cuerpo para observar la escena.

– ¡Hitsugaya-taichou! –exclamó una de las personas que me había estado persiguiendo.

– Pídanle disculpas a Sakura-hime y márchense de aquí. –dijo serio el peliblanco.

– ¡P-Pero Hitsugaya-taichou! –objetó uno. – ¡Sotaichou dio ordenes de que escoltásemos a la princesa hasta los cuarteles de la primera división!

– ¡Si! –estuvo de acuerdo otro. – ¡Dijo que era urgente!

– Yo sé lo que sotaichou dijo. –gruñó Toushiro. – Yo me encargaré de esto. Ahora, discúlpense con Sakura-hime y retomen sus deberes.

El grupo vaciló ante las palabras del capitán de la décima división. El deseo de querer cumplir con las órdenes de Yamamoto era visible en sus rostros, pero podía notar como parecían estarse debatiendo: Toushiro era un capitán, si el decía que se encargaría de este asunto las cosas deberían estar bien ¿Verdad?

Poco a poco comenzaron a moverse realizando una reverencia hacia mí. Uno por uno brindaron sus disculpas antes de marcharse dejándome a solas con Toushiro.

– S-Sabes que no iré con Yamamoto-jiisan, ¿verdad? –aún anonadada por lo que acababa de suceder, intenté adoptar una postura firme.

– Lo sé, y tampoco es mi intención llevarte con él. –respondió Toushiro volteándose a verme.

– ¿Eh? –fue todo lo que pude decir ¿Él no me llevaría con Yamamoto-jiisan? – P-Pero…

– Se que tú no quieres estar encerrada… Y si bien tampoco me agrada la idea de ayudar a un grupo de ryoka, no haré nada que vaya en contra de tus deseos. –dijo firme. Podía sentir mis mejillas arder ante su intensa mirada.

Toushiro… Realmente había cambiado demasiado en todos estos años que yo había estado ausente. Aún podía percibir aquella postura rígida que usaba para demostrar que no era un niño, pero… había mucho en él que había cambiado. Era mucho más serio, y a pesar de su pequeña altura su presencia era imponente.

– Yo… –me mordí el labio. No podía articular correctamente ninguna palabra.

– Te he estado buscando únicamente para cerciorarme de que estuvieses bien. –dijo él tomando la palabra. Parecía notar que me era imposible hablar en estos momentos. – Hay algo realmente extraño ocurriendo aquí en el seiretei, y me preocupaba tu bienestar.

Al oír sus palabras adopté una postura seria y lo observé fijamente.

– ¿Tú también lo notaste? –pregunté.

– Hai. –afirmó el peliblanco. – Sotaichou no dirá nada… Él y varios capitanes planean limitarse a cumplir con el decreto de la cámara de los 46.

– Y como sotaichou está en ese bando no hay nadie que piense objetar al respecto. –murmuré pensativa.

– Exacto… Pero no hay dudas de que algo siniestro está ocurriendo. –habló Toushiro.

– ¿Hay información al respecto que puedas brindarme? –pregunté.

– ¿Estás planeando involucrarte? –inquirió él sin responder a mi pregunta.

– ¡Por supuesto que sí! –exclamé con un tono de voz más alto del que me gustaría haber empleado. – Si Yamamoto-jiisan es tan terco para ver la verdad entonces yo tomaré este asunto entre mis manos.

Por varios minutos Toushiro no dijo nada. Su mirada estaba fija sobre mí y yo me esforzaba por sostenerle la mirada. Finalmente pude ver como una pequeña sonrisa surcó sus labios.

– Jamás te gustó que te nombraran princesa, peo eres una líder natural. –Parpadeé aturdida por sus palabras.

– ¿E-Eh? ¿¡P-Por qué me vienes con estas cosas ahora!? ¡N-No digas idioteces, Toushiro! –chillé sonrojada.

El sonrió ladinamente.

– Me alegra ver que realmente no has cambiado…

Me quedé observándolo al escucharlo pronunciar tales palabras ¿Yo no había cambiado? Estaba segura que luego de todos estos años yo ya no era la misma niña inocente que todos habían conocido. Escucharlo decir aquello me era completamente extraño.

– ¿Tú crees… que no he cambiado? –murmuré confundida.

– Tu personalidad y tu espíritu sigue siendo el mismo… Sigues siendo Sakura, a pesar de todos los años transcurridos… –contestó él. – Esos es bueno…

Me removí incómoda sin saber que responder. El peliblanco pareció haber notado mi incomodidad por lo que se apresuró a cambiar de tema.

– Creo que tal vez sería bueno que vayamos a otro lado. Si cualquiera de los otros capitanes te encuentra aquí tratarán de llevarte con sotaichou, además… tenemos una conversación pendiente acerca de la situación del seiretei en estos instantes. –dijo con un tono profesional adoptando una postura firme.

– Tienes razón… –estuve de acuerdo recuperando la compostura. – Solo… Antes de eso… ¿No podrías conseguirme algo de ropa más cómoda?

Autora POV

– Su plan está saliendo tal y como lo predijo, Aizen-taichou… –un peliplata habló divertido mientras jugaba con el cadáver de uno de los antiguos miembros de la cámara de los 46. – Los Kurosaki Ichigo y su grupo finalmente están aquí y las miradas están puestas sobre ellos.

A unos metros de él, un hombre de cabellos castaños yacía recargado sobre una silla, sonriendo ladinamente.

– Si… Ha sido todo un éxito. Pero aún no ha terminado. –estuvo de acuerdo el castaño. – Solo un poco más y dejaremos este insignificante lugar atrás.

– Como están las cosas, los últimos detalles no deberían tomar muchos más inconvenientes. –habló un hombre de tez oscura entrando a la habitación. Hizo una pequeña reverencia en señal de saludo antes de continuar hablando. – Sin embargo, no hay que bajar la guardia.

– Ah, Tousen, has vuelto. –habló Aizen sin abandonar su expresión soberbia. – ¿Cómo está mi pequeño cerezo? –preguntó.

– La he estado vigilando como me ordenó, Aizen-sama. –contestó Tousen. – Está buscando al grupo ryoka… Originalmente estaba siendo acompañada por Zaraki-taichou y Abarai-fukutaichou, pero ambos la dejaron atrás. La última vez que la vi estaba en compañía de Hitsugaya-taichou.

– Joo~ ¿Eso no es inconveniente? –preguntó Gin dejando de jugar con el cadáver. – Hitsugaya-kun está enamorado de la princesa desde que ambos eran jóvenes… –comentó mirando de reojo a Aizen. Sabía de primera mano que al castaño le fastidiaba que otros mirasen lo que él consideraba propio.

Era realmente aterrador cada vez que recordaba como el castaño se había deshecho de las personas que habían posado su mirada en la princesa. Y si no se había deshecho de esas personas, se había asegurado de hacerlas sufrir.

Hirako-taichou, Kensei-taichou y su grupo. Los había utilizado en sus experimentos de hollowficación, no solo porque eran buenos sujetos de prueba, sino porque le había molestado la forma en la que Hirako y Kensei siempre se acercaban a la pequeña pelirrosa. Los había eliminado sin dudarlo dos veces.

También se había encargado de hacer sufrir a Byakuya. Aquel tonto noble, haciendo una promesa de que convertiría a Sakura en su esposa… Cuando Aizen se enteró de esto le habían hervido las entrañas de la furia que sentía. Asesinó a sus padres, envenenó a Hisana, e incluso ahora ordenaba la ejecución de Rukia, todo para hacer sufrir al joven líder del clan Kuchiki.

Y si Toushiro tenía intenciones con la princesa… No tardaría en obtener un destino similar.

– No hay de qué preocuparse… –habló finalmente Aizen tomando por sorpresa a Gin y Tousen. – No importa lo que pase en estos días… Tarde o temprano todos morirán, y Sakura será mi reina.

– Aizen-sama… ¿Está seguro de que es correcto hacer esto? Sakura-hime no parece compartir sus ideales, en cuanto se entere de la verdad ella se rehusará a estar con usted. –dijo Tousen con calma.

Aizen dejó escapar una pequeña risa ante tales palabras.

– Ella terminará aceptando al final… ¿No lo dije ya? Sakura será mi reina, crearé un nuevo mundo perfecto para ella… De momento solo hay que observar cómo las fichas caen en su lugar. –dijo mientras su sonrisa se ensanchaba sabiendo que en estos precisos instantes, mientras se encontraban hablando, Kurosaki Ichigo y Abarai Renji se encontraban peleando.