Autora POV
– Estoy sorprendido… –murmuró Renji mientras tomaba un par de pasos. Su vista estaba fija en Ichigo quien lo observaba con seriedad. – Pensé que habías muerto después de que el capitán Kuchiki te atacara…
El pelinaranja frunció el ceño al escuchar las palabras del contrario, y comenzó a caminar hacia el frente para acortar la gran distancia que los separaba.
– ¡O-Oye! ¿A dónde vas, Ichigo? –intentó detenerlo Ganju quien se encontraba a unos metros detrás de el junto a un miembro de la cuarta división que, tontamente, habían decidido tomar como rehén horas atrás.
– No sé cómo has logrado sobrevivir, pero de todos modos es sorprendente. Todo un logro. –habló Renji manteniendo su expresión seria. – Pero… aquí se acabó todo. –declaró mientras desenvainaba su zanpakuto. – Sakura-hime estará realmente enojada conmigo por confrontarte… Pero, creo que ya te lo dije… Mataré al hombre que le robó sus poderes a Rukia. –gruñó y se lanzó al ataque. Ichigo imitó su acción tomando su propia zanpakuto entre sus manos. – Mientras sigas vivo… Rukia no podrá recuperar sus poderes.
– ¿¡Y tu no te la llevaste para matarla!? –gruñó en respuesta Ichigo. – ¿¡Por qué me reclamas esto ahora!? ¡Hazte a un lado, tengo que seguir adelante!
– ¡Eso será si eres capaz de vencerme! –dijo soberbio el pelirrojo adoptando una postura defensiva, listo para interceptar cualquier ataque que Ichigo pudiese hacer. – ¡Inténtalo si tienes las agallas!
Sakura POV
– ¡Matsumoto deja de dormirte aquí!
Parpadeé sorprendida viendo como Toushiro regañaba a su propia teniente. Luego de nuestro encuentro en las calles del seiretei, el peliblanco me había traído a su oficina en los cuarteles de la décima división para que pudiésemos hablar de forma más privada. Grande fue mi sorpresa cuando llegamos al ver que una pelinaranja de curvas voluptuosas se encontraba dormida en el sofá de la habitación.
– ¿Eh? ¿Taichou? –balbuceó adormilada de la mujer mientras se incorporaba quedando sentada en el sofá. – ¿Qué hace usted en mi cuarto?
No pude evitar soltar una pequeña risa al ver que no se había percatado de que no se encontraba en su alcoba.
– ¡Tonta! –exclamó Toushiro fastidiado con la actitud de la mujer. – ¡Estás en la oficina! ¿Cuántas veces te he dicho que este lugar no es para dormir? Ten algo de decencia en frente de la princesa, ¿quieres?
La pelinaranja parpadeó sorprendida antes de dirigir su mirada hacia mí, que aún me encontraba de pie en la puerta de la oficina.
– ¿La princesa…? –repitió anonada antes de ponerse de pie y acercarse a mi a paso veloz para atraparme en un abrazo sofocante. – ¡Santo cielo! ¡Eres tan linda! ¡Jamás pensé que podría conocerte! –chillaba emocionada mientras me apretaba más contra su cuerpo. Debido a la diferencia de altura que teníamos, mi rostro había quedado enterrado en sus senos, ocasionando que no pudiese respirar apropiadamente. – ¡He escuchado muchas historias de ti, pero ninguna de crédito a lo que eres en verdad! ¡Tenemos que ir de compras juntas! ¡Te mostraré las mejores tiendas del seiretei!
– N-No puedo respirar… –me quejé.
– ¡Matsumoto! –la regañó Toushiro haciendo que ella se detuviera y aflojara un poco su agarre, lo cual me permitió apartar mi rostro de su pecho y jadear en busca de aire. – Vas a matarla si sigues así.
– ¡Oh! ¡Lo siento mucho! –exclamó apenada mientras finalmente me soltaba.
Me trastabillé intentando poner algo de distancia entre nosotras. Fue Toushiro quien me sostuvo para evitar que me cayese, y me ayudó a recobrar el equilibrio. Aunque… No pude evitar sonrojarme al sentir su brazo rodear firmemente mi cintura.
– ¿Estás bien? –preguntó el peliblanco mirándome preocupado.
– S-Si…
– Realmente lo siento, creo que me emocioné mucho. –dijo la pelinaranja. – Permítame presentarme, princesa. Soy Matsumoto Rangiku, teniente de la décima división del gotei 13. –hizo una pequeña reverencia para acompañar sus palabras.
– Un gusto conocerte… Rangiku-san… –dije amablemente correspondiendo a su reverencia. – Urahara Shihouin Sakura… –dije a modo de presentación.
– Oh, no tiene que presentarse princesa, todo el mundo aquí sabe quien es usted.
– Ella solo está siendo cortés. –intervino Toushiro cruzándose de brazos. – Más tarde hablaremos sobre tu falta de respeto… Pero, ya que estás aquí, nos vienes bien de ayuda… Sakura necesita algo de ropa cómoda para poder moverse por el seiretei.
La pelinaranja posó su mirada sobre mí, observándome de pies a cabeza de forma analítica.
– Tal vez podrías usar uno de los uniformes de shinigami… O los uniformes de la academia… –murmuró pensativa.
– Eso estaría bien. Podrías prestarle uno de tus uniformes, Matsumoto. –dijo el capitán de la décima división dándose la vuelta para encaminarse a su escritorio.
– Pero taichou… No creo que mis uniformes le queden, serían demasiado grandes para ella. –objetó Rangiku. – Creo que le iría mejor uno de sus uniformes, taichou. Ustedes tienen casi la misma altura, tal vez le quede un poco grande porque su contextura física es más pequeña, pero… no sería tanto como con mis uniformes.
Por el rabillo del ojo pude notar como Toushiro se tensaba ante las palabras de la pelinaranja.
– ¿No puedes pedirle a alguien más? –preguntó él.
– Me llevaría un tiempo. La mayor parte de los shinigamis aquí son hombres altos y musculosos… No puedo pensar en nadie con la contextura física de la princesa. –contestó la pelinaranja. – Sería más rápido si le das tu ropa.
Toushiro suspiró rendido y se volteó a verme.
– Bien… –masculló. – Sígueme. Tengo algunos guardados aquí en caso de emergencia. – dijo para luego encaminarse hacia una puerta a parte que había dentro de la habitación. Al abrirla, pude ver que esta conducía hacia una especie de "zona de descanso".
Rápidamente me apresuré a seguirlo, adentrándome a esa habitación con él. Me quedé de pie estática a unos metros de la puerta mientras observaba como Toushiro buscaba algo en un estante. No fui consciente de que la puerta detrás de mi se cerraba.
– Aquí tienes… –dijo finalmente el peliblanco sacando un uniforme perfectamente doblado y entregándomelo. – Puedes usar esta habitación para cambiarte. Te esperaré afuera para hablar. –habló serio evitando mirarme mientras se acercaba a la puerta para marcharse. – ¿Qué rayos? –murmuró confundido al intentar abrir la puerta. Estaba bloqueada. – Maldición… ¡Matsumoto! ¡Abre! –al no obtener respuesta un gruñido molesto escapó de sus labios y comenzó a golpear la puerta intentando abrirla. – Esa tonta… Nos encerró aquí y se fue.
– Uhmm… –balbuceé sin saber que responder. – ¿No hay otra forma de salir de aquí? –pregunté.
El negó.
– Esta es la única puerta, y preferiría no tener que destruir este lugar para salir de aquí. Sotaichou me regañaría por los daños. –explicó.
– Entiendo… Uhmm… Toushiro… –murmuré nerviosa.
– ¿Sí?
– ¿P-Podrías darte la vuelta? R-Realmente quiero cambiarme de ropa…
Su mirada se clavó sobre mi logrando ponerme nerviosa. Pude ver como gradualmente sus mejillas iban adquiriendo una tonalidad rojiza antes de voltearse bruscamente para darme la espalda.
– Ha-Hazlo rápido…
Rápidamente me apresuré a intentar quitarme la ropa. Dejé escapar una pequeña maldición ya que no podía alcanzar el nudo del obi en mi espalda. Habré pasado unos cinco minutos en la misma situación antes de que sintiera unos manos deslizándose por mi cintura, obligándome a quedarme quieta.
Las manos no estuvieron mucho tiempo allí. El obi en mi cintura comenzó a aflojarse gradualmente a medida que las manos que antes me habían retenido, lo desataban.
– Eres realmente molesta a veces… –la voz de Toushiro se hizo presente haciéndome cosquillas en el oído.
– L-Lo siento… –tartamudeé torpemente.
– Ahora, apresúrate. –dijo antes de volver a darme la espalda para brindarme algo de privacidad.
– H-Hai…
Autora POV
– ¡Ichigo! –exclamaron Ganju y Hanatarou asustados al ver que el pelinaranja era herido una vez más por el teniente de la sexta división.
El pelirrojo sonrió ladino lanzando otro ataque con el cual planeaba acabar finalmente con su oponente. Grande fue la sorpresa de todos los presentes al ver como Ichigo detenía el ataque, tomando con tan solo una de sus manos desnudas la hoja de la zanpakuto de Renji, cortándose levemente en el proceso.
– Siento haberte hecho esperar Renji… –murmuró el shinigami sustituto levantando lentamente la cabeza para mirar a su oponente. La seriedad y determinación en su rostro lograron descolocar al pelirrojo quien, hasta hace unos momentos, había pensado que tenía la batalla ganada. – Ahora voy a usar todas mis fuerzas… ¡Para vencerte!
El pelinaranja blandió su espada enviando una ola de energía para atacar al teniente. Este levanto su zanpakuto listo para defenderse. Pero la fuerza de Ichigo era mayor…
Renji a penas pudo registrar como su espada se destrozaba por el ataque de su enemigo, antes de que la ola de energía le diese de lleno en el hombro, hiriéndolo y mandándolo a volar hasta que su cuerpo impactó contra una superficie de piedra y cayó al suelo. Su sangre se esparcía por el suelo, sus cabellos que anteriormente habían estado recogidos en una coleta alta, ahora caían desprolijamente por el rostro del hombre caído.
"He perdido…" –era el pensamiento que recorría la mente del pelirrojo mientras apretaba con fuerza sus dientes. – "Mis pies… No puedo moverlos… No puedo levantar mi brazo… Maldita sea… ¿Cómo me ha derrotado? Es imposible…"
– ¡Rukia! –el gritó salió de su garganta tan desgarradoramente.
Lo odiaba, odiaba haber perdido. Rukia… No podría ayudar a Rukia. Había fallado…
Con dificultad se colocó de pie nuevamente, y a pasos pesados comenzó a acercarse a Ichigo.
– Ahora que lo pienso… Quizá solo estaba asustado porque yo… Maldita sea, solo soy un vagabundo. Me odio a mi mismo. –hablaba con dificultad a medida que avanzaba. La sangre goteaba de su herida dejando un rastro. – Estuve ladrándole a la estrella, pero no tuve el valor de agarrarla… –Ichigo observó con sorpresa como el pelirrojo se paraba frente a el y lo tomaba por el frente de su ropa. – Yo nunca pude ganarle a Kuchiki-taichou… Desde que Rukia se fue, entreno a diario… pero aún así no he podido lograrlo. Es demasiado fuerte… –a medida que hablaba, el pelinaranja podía notar como el cuerpo del contrario temblaba levemente ¿Sería por rabia acumulada? ¿Por miedo? No estaba seguro. – Luchar para recuperar a Rukia… Es algo imposible para mi en este momento… Kurosaki, aunque sea una deshonra para mí, tengo que pedírtelo… Por favor… ¡Tienes que salvar a Rukia!
La expresión en el rostro de Ichigo se suavizó al oír sus palabras.
– Lo haré…
– ¡Renji!
Los cuatro hombres presentes en el lugar se sobresaltaron al oír el grito femenino. Rápidamente voltearon sus cabezas hacia el origen de la voz, viendo con sorpresa como una pelirrosa se acercaba corriendo a ellos, siendo seguida de cerca por un peliblanco y una pelinaranja.
– ¡Sakura! –exclamó alegre y sorprendido Ichigo al ver a la joven allí. Había estado tan preocupado por ella desde el momento en que se habían separado el primer día que llegaron a la sociedad de las almas.
– H-Hime-sama… –murmuró Renji antes de bajar la mirada sintiéndose avergonzado. Sentía que había traicionado de la peor forma a la princesa, no tenía derecho a siquiera verla.
– ¡Santo cielo! ¿¡Por qué tenían que pelear!? –los regañó la pelirrosa una vez que estuvo de pie junto a ambos. – Ahora están heridos… ¿En qué estaban pensando?
– ¡H-Hey! Es la primera vez que te veo en días ¿Y lo único que harás será regañarme? –se quejó Ichigo solo para ser atacado por una serie de golpes inofensivos por parte de la pelirrosa en su pecho.
– ¡Eres un tonto Kurosaki Ichigo! –chilló infantilmente la joven. – Estuve muy preocupada por ti ¿Por qué tardaron tanto en venir al seiretei?
– Ah, lo siento… Eso fue mi culpa… –murmuró apenado Ichigo. – Pero no hay que hablar de eso… Me alegra saber que estás bien. –dijo logrando sonrojar a la pelirrosa. – Tu padre me mataría si dejo que algo malo te pase…
– Oh, papá no sería el único… –murmuró la pelirrosa pensando en su madre y en los muchos shinigamis que le habían jurado su lealtad.
– Princesa… –murmuró Renji interrumpiendo el intercambio que Ichigo y Sakura habían estado teniendo hasta el momento. La mirada de la pelirrosa se posó ahora sobre él, observándolo con preocupación. – Yo… Realmente lo siento…
– ¿Por qué te lamentas? –preguntó la pelirrosa. – No has hecho nada malo aquí… –dijo tomando por sorpresa el pelirrojo. Este levantó abruptamente su cabeza para mirar a la joven.
– P-Pero… S-Sakura-hime… Y-Yo prometí ayudarla, y en lugar de eso intenté matar a alguien que es importante para usted… Yo… N-No merezco servirle. –balbuceó Renji mortificado.
– ¿Eres tonto? –preguntó Sakura deslizando su mano dulcemente por la mejilla del pelirrojo. – ¿Crees que estoy enojada contigo? Sabía desde el principio cuáles eran tus intenciones cuando me dejaste atrás donde Madarame-san estaba… Estaba realmente preocupada, porque no quería que ni tu ni Ichigo se lastimasen entre sí. Creo que fue tonto que peleasen, pero se que tenías tus motivos… Al final… Todos queremos salvar a Rukia ¿No?
– Pero me temo que nadie podrá salvar a nadie con las heridas que Abarai-fukutaichou y el ryoka poseen. –habló Toushiro por primera vez desde que habían llegado hasta ese lugar.
– Es cierto… Debemos apresurarnos a tratar sus heridas… –estuvo de acuerdo Sakura.
– Pero no podemos llevarlos a los cuarteles de la cuarta división. –objetó Rangiku posando su mirada sobre su capitán. – Encarcelarían al ryoka, y harían lo mismo con Abarai…
– Tienes razón… –estuvo de acuerdo el capitán de le décima división. La mirada del peliblanco se posó entonces en el shinigami pelinegro que yacía de pie junto a Ganju. – Oye, tú. –lo llamó para captar su atención. Al notar que Toushiro se dirigía a él, el pelinegro adoptó una posición rígida y nerviosa pensando que iba a ser regañado. – Eres de la cuarta división, ¿verdad?
– ¡S-Si, señor! –contestó inmediatamente el shinigami. – S-Soy Yamada Hanatarou…
– Bien… ¿Crees que puedas curar las heridas de este par? –preguntó Toushiro con una expresión seria.
– L-Las heridas de ambos son bastante graves… Me llevaría un tiempo bastante largo poder curarlos a ambos por completo, y tendríamos que llevarlos a un lugar más discreto. Aquí seríamos blanco fácil para cualquier otra persona que venga buscando al Kurosaki-san… –contestó de forma nerviosa, pero con profesionalismo.
– No contamos precisamente con demasiado tiempo… –gruñó frustrado el peliblanco.
– Estoy bien. –se apresuró a decir Ichigo. – No necesito que me cu… –no pudo terminar la frase pues con un ruido sordo, cayó inconsciente al piso. El combate y sus heridas lo habían dejado bastante desgastado.
– Eres realmente un idiota, Kurosaki Ichigo… –murmuró Renji arrodillándose lentamente junto a Ichigo. Estaba comenzando a sentirse sin energía.
– ¿Qué haremos entonces? –inquirió Rangiku.
– Tsunade… –murmuró Sakura.
– ¿Eh?
– Hay que llevarlos con Tsunade-shishou… –dijo ahora con un tono de voz más fuerte.
– ¿Senju Tsunade? ¿La encargada del departamento de archivos del gotei 13? –preguntó confundida Rangiku.
– ¿Por qué quieres que los llevemos con esa mujer? –habló ahora Toushiro.
– Tsunade-shishou fue una gran sanadora en su vida pasada… Ella sabrá que hacer… –explicó la princesa.
Sabiendo que era imposible negarse ante los deseos de la princesa, el capitán de la décima división dejó escapar un suspiró antes de voltearse para encarar a Ganju y Hanatarou.
– Ustedes dos… Ayúdenme a cargar a Abarai y Kurosaki. –ordenó Toushiro.
Hanatarou se movió dispuesto a obedecer las ordenes del shinigami de rango superior, sin embargo, fue detenido inmediatamente por Ganju quien observaba con desconfianza a Toushiro.
– No confío en ti ¿Por qué un capitán del gotei 13 nos ayudaría? –inquirió Ganju con un tono de voz que tenía la intención de ser amenazante, pero que, frente a Toushiro, no hizo absolutamente nada.
– No estoy aquí para ayudarlos a ustedes. –bufó el peliblanco. – No me interesa un grupo de ryokas… Sin embargo, la princesa confía en ustedes, y no voy a ir en contra de sus deseos. Actualmente, creo que ustedes son el menor de los problemas que tiene el seiretei.
Ganju se mantuvo en silencio mirando aún con desconfianza al shinigami frente a él. Grande fue el alivio de todos al ver como finalmente se movía para ayudar a cargar a Ichigo. Toushiro asintió complacido ante su acción, antes de ayudar a Hanatarou a cargar a Renji.
– ¡Eso! ¡Trabajen hombres! –exclamó Rangiku mientras se daba la vuelta dispuesta marcarles el camino.
– ¡Cállate tonta! No creas que no se me olvidó lo que hiciste hace rato. Tú también ayúdanos a cargarlos.
– ¡P-Pero taichou! ¡Yo no hice nada!
– ¡Nos encerraste a Sakura y a mí!
– ¡Es que creí que necesitaban algo de privacidad!
– ¡Matsumoto!
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– Sakura se está acercando… Parece que trae compañía. –murmuró Mito volteándose a ver a su nieta la cual asintió de acuerdo con sus palabras.
– Están heridos… –dijo la rubia sabiendo que vendrían por su ayuda. – Iré a preparar los materiales… –habló para luego ponerse de pie y marcharse por una de las puertas de la habitación.
La pelirroja sonrió levemente antes de voltearse a ver al hombre de tez morena que yacía sentado en un rincón observando el techo.
– Tus amigos se dirigen aquí. –le dijo Mito.
Al oír las palabras de la pelirroja, el hombre se volteó a verla inmediatamente.
– ¿Ichigo…? –fue lo primero que se atrevió a preguntar.
– No sé realmente si están todos, pero significa que podrás irte de aquí pronto. Después de todo, es más conveniente que se muevan en grupo que moverse por separado. –dijo la pelirroja antes de voltearse a ver a la puerta para observar como Sakura entraba acompañada de un grupo de personas. – ¡Sakura-chan! Estoy realmente feliz de verte. No has vuelto a venir desde que te quitamos ese horrible sello del cuello.
– ¡M-Mito-san! ¿Dónde está Tsunade-shishou? –preguntó preocupada la pelirrosa. – N-Necesitamos que sane a Renji e Ichigo…
– Tranquilízate… –suspiró Mito antes de dirigir su mirada a las personas que cargaban a los dos heridos. – Tsunade está detrás de esa puerta. –dijo señalando la puerta por la cual se había ido su nieta. – Ella los espera para poder tratar las heridas de esos dos. Sabíamos que vendrían.
Todos asintieron en señal de comprensión antes de apresurarse a llevar a Renji e Ichigo a la sala indicada dejando atrás a Sakura con Mito.
– ¡Sakura-san! –exclamó el hombre de tez morena poniéndose de pie rápidamente para acercarse a la pelirrosa. – Me alegro de ver que está bien.
– Digo lo mismo, Chad. –contestó la pelirrosa brindándole una sonrisa cálida. – ¿No están Uryuu y Orihime contigo?
Chad negó con la cabeza.
– No los he visto desde que nos hemos separado cuando llegamos al seiretei. –explicó
– Eso es malo… –murmuró preocupada Sakura. – Eso quiere decir que siguen allá fuera…
– También falta Yoruichi-san… –señaló el hombre.
– ¿Yoruichi? –preguntó Mito con interés. – ¿Shihouin Yoruichi?
– A-Ah, sí, ella también vino aquí. –rió Sakura con nerviosismo.
– Eso es interesante… –sonrió la mujer pelirroja. – Hace varios años que no veo a tu madre.
Chad parpadeó confundido sin comprender ¿Qué tenía que ver un gato negro con la madre de Sakura?
– ¿Shihouin Yoruichi se encuentra aquí en el seiretei? –la voz de Toushiro se hizo presente en la habitación a medida que entraba en compañía de Rangiku y Ganju.
– Si. –respondió Chad dubitativo.
– ¡E-Estoy muerto! –tartamudeó el peliblanco mientras se agarraba de los cabellos con nerviosismo. Aquella acción solo causó risas en Mito quien sabía a la perfección cuales eran los pensamientos del capitán de cabellos blancos.
– Yo… No entiendo qué sucede… –murmuró Chad. Rangiku y Ganju asintieron de acuerdo con él. Ambos estaban igual de confundidos por las acciones de Toushiro.
– Shihouin Yoruichi es la madre de nuestra querida princesa. –comenzó a explicar Mito entre risas. – Ella y su esposo siempre fueron conocidos por ahuyentar a los pretendientes de Sakura-chan. Y siempre han sido principalmente intensos con Kuchiki Byakuya y Hitsugaya Toushiro… Los dos principales pretendientes cuando Sakura-chan era pequeña.
Ante tal explicación, las mejillas de la pelirrosa adquirieron una tonalidad rojiza.
– ¡E-Ellos no son mis pretendientes! –chilló Sakura provocando más risas de parte de su nana.
– Eso dices tú. Pero ellos dos están coladitos por ti. –se burló Mito.
Sus risas se vieron interrumpidas cuando un poderoso reiatsu se hizo presente en todo el seiretei.
– Oh, eso es malo… –murmuró la pelirroja.
– ¿Qué? ¿Qué sucede? –exigió Ganju confundido intentando mantenerse estable ante tal poderoso reiatsu.
– Ese es el reiatsu pertenece al capitán Kurotsuchi… –habló Rangiku. – Que lo esté liberando de esta forma…
– Puede que se esté enfrentando a tus amigos…
