Sakura POV
– E-Esto es malo… –murmuré asustada. – ¿No hay algo que podamos hacer? Orihime no pelea, y la fuerza de Uryuu tal vez no sea suficiente para enfrentarse a Kurotsuchi.
– Sería muy peligroso acercarse en estos momentos. –contestó Mito cruzándose de brazos. – Kurotsuchi sería capaz de atacarnos si intentamos interferir en sus objetivos. Es la clase de hombre que es…
Suspiré sabiendo que tenía razón. No recordaba demasiado del capitán Kurotsuchi, pero recordaba lo suficiente para saber que era un hombre que había que tratar con cuidado.
Mayuri Kurotsuchi, era lo que se podía denominar "científico loco", alguien a quien no le importaba dañar a sus camaradas con tal de lograr los avances científicos deseados. En aquel entonces… él era el teniente de la décimo segunda división, papá siempre tenía que frenarlo antes de que cometiese una locura… y Kurotsuchi a cambio odiaba a papá, odiaba como él siempre parecía estar a la sombra de papá…
"Era un día como cualquier otro en la sociedad de las almas. Mamá estaba trabajando, y no había nadie que me pudiese cuidar actualmente por lo que me encontraba acompañando a papá en los laboratorios de la décimo segunda división.
Papá se encontraba a unos metros de mi hablando de algún asunto importante con uno de los miembros de la división, Akon. Papá me había dicho que no tocase nada ya que podría lastimarme, así que me encontraba de pie, sin moverme de mi lugar, jugueteando con las mangas del kimono que mamá había elegido para mi esta mañana.
Estaba tan distraída en lo que hacía, que no noté una presencia que se acercaba a mí.
– No entiendo como Urahara Kisuke pudo crear una criatura como tú. –una voz masculina sonó a unos metros de mi llamando mi atención.
Volteé la cabeza para ver de quien se trataba, encontrándome con un chico considerablemente menor que papá, pero mayor que yo. Tenía su cara pintada y unos extraños adornos en su cabeza.
– ¡Mayuri-san! –le sonreí amistosamente, pero el no correspondió mi gesto. Por el contrario, esbozó una mueca de disgusto.
– ¿Cómo un simple shinigami como él pudo darle vida a un ser tan particular como tú, Sakura-hime? –volvió a preguntar él. Me sentía confundida por sus preguntas y no sabía cómo responder, así que simplemente ladeé mi cabeza mientras dejaba que mis facciones hicieran notable mi confusión. – Tus niveles de reiatsu son mucho mayores que cualquier shinigami, incluso me atrevería a decir que tu poder sobrepasa el del mismo rey espiritual… ¿Por qué? No tiene sentido para mi… Urahara Kisuke, el hizo algo para que nazcas con tal poder y quiero saber qué fue. No me importa si tengo que abrirte en dos para averiguarlo.
Chillé asustada al ver como desenvainaba su zanpakuto y comenzaba a acercarse a mi amenazadoramente. Por cada paso que el daba, yo daba dos más para retroceder, hasta que mi espalda chochó contra una de las mesas y unos frascos cayeron estrellándose contra el suelo, alertando a todos los presentes.
En un abrir y cerrar de ojos papá estaba frente a mi deteniendo a Kurotsuchi, mientras que Akon estaba en cuclillas a mi lado asegurándose que no tuviese ninguna herida.
– ¿Estás bien, hime-chan? –preguntó él hombre. A penas me las pude arreglar para asentir. Mi cuerpo entero temblaba del temor que estaba sintiendo.
Al notar la condición en la que me encontraba, Akon me rodeó con sus brazos en un intento de brindarme calma.
– ¿Qué significa esto, Mayuri? –la fuerte voz de mi padre resonó en la habitación. Estaba enojado mientras se dirigía a su teniente.
– Tsk, no estaba haciendo nada malo. –se defendió Kurotsuchi.
– ¿Nada malo? –gruñó papá. – ¡Ibas a lastimar a Sakura!
– Solo quería llevar a cabo una investigación científica. –contestó el teniente encogiéndose de hombros, restándole importancia al asunto. – Quería saber qué fue lo que hiciste para creer tal arma poderosa.
– ¡Sakura no es un arma!
– ¿¡Cómo se atreve a dirigirse así a la princesa!? –espetó Akon con enfado.
– ¿Te atreves a hablarme así, Akon? Recuerda que soy tu superior. –siseó Kurotsuchi. – Como sea… Algún día lograré descubrir lo que hiciste, Urahara Kisuke. Descubriré los secretos que rodean a Sakura-hime, y cuando lo haga… ¡Crearé una criatura que la supere!"
Jamás había sentido odio por lo que había intentado hacer conmigo, pero desde entonces papá dejó de llevarme a los laboratorios de la división doce, y me prohibió volverme a acercar a Kurotsuchi.
"Ese hombre no conoce la humanidad, la empatía…" –era lo que papá siempre solía decir cuando preguntaba al respecto.
En estos momentos, solo me quedaba esperar y rezar porque Orihime y Uryuu se encontrasen bien.
"Tú puedes ayudarlos, Sakura-sama" –la voz de mi zanpakuto resonó en mi mente. Cerré mis ojos al escucharla y dejé escapar un pequeño suspiro. – "Llámeme, llámeme y le pondremos un alto a Kurotsuchi-san…"
"Incluso aunque te convocase, no estoy entrenada para pelear. No puedo esperar ganarle a alguien de nivel capitán" –respondí mentalmente.
"Duda de sus propias capacidades, Sakura-sama. Pero, está bien… Respetaré sus deseos. Solo recuerde, que puede llamarme cuando lo necesite, solo tiene que decir mi nombre…"
"Lo sé…"
– Entonces… ¿Cuál será su siguiente acto? –preguntó Mito sentándose y cruzándose de piernas. Su vista estaba fija sobre mi mientras se recargaba contra el respaldo de la silla. – Han venido aquí para sanar a sus amigos heridos… ¿Qué harán después?
– Asumo que ir tras Rukia… –suspiré. – Hay que evitar su ejecución.
– ¿Y entonces? –inquirió la pelirroja.
– Esperaba que entonces todo cobre sentido. –dije. – Tsunade-shishou y tú lo han notado, ¿no? Algo está sucediendo entre las sombras…
Mito cerró sus ojos y suspiró.
– Entonces no tienes nada realmente planeado. –murmuró Mito. – Tal y como tú dices, hay algo extraño sucediendo aquí, por eso… esperaba que fueses más precavida con tus elecciones. Irán a rescatar a Rukia, pero sabes perfectamente que tendrán muchos obstáculos en el camino… El hecho de que Kurotsuchi esté peleando en este momento es una clara prueba de ello. Puedes hacer que muchos shinigamis hagan tu voluntad, pero al final no lograrás nada si no planificas de forma adecuada tus movidas.
– Estoy de acuerdo… –comentó Toushiro acercándose a Sakura. – Lo siento, me gustaría quedarme y ayudarte con esto, pero hay algo que Rangiku y yo tenemos que investigar… Te mantendré al tanto ¿Sí?
– Lo entiendo. –dije con calma y comprensión. – Pueden ir.
El peliblanco realizó una reverencia en señal de respeto antes de voltearse hacia Chad y Ganju.
– Ustedes dos. Manténganla a salvo, no dejen que otros shinigamis se acerquen a ella. –les ordenó. Su tono de voz era más serio que de costumbre.
– Lo haremos. –se apresuró a contestar Chad con determinación.
Ganju por el contrario… Tuvo opiniones un tanto opuestas a Chad…
– ¿¡Y por qué tengo que hacerte caso a ti!? –exclamó con molestia provocando una mueca de enfado de parte de Toushiro.
– Porque si no lo haces, y algo malo le pasa a la princesa, tendrás un boleto directo a una muerte horrorosa. –gruñó el capitán de la décima división.
– ¡Es la princesa de los shinigamis! ¿¡Quién rayos querría hacerle daño aquí!? –espetó Ganju a pesar de su claro nerviosismo por la amenaza del peliblanco.
– ¿Acaso eres tonto? –inquirió Toushiro. – Realmente no sabes nada… –bufó. – En estos momentos el seiretei está dividido en dos, estamos en un conflicto que nos está distrayendo de una situación más seria… Como dijo la princesa, hay algo extraño sucediendo aquí, no sabemos a qué nos enfrentamos, todos podríamos estar caminando a una muerte segura sin darnos cuenta. Si la princesa llega a salir herida aquí… –habló apretando sus puños.
Suspiré mirando con compasión a Toushiro.
– Estaré bien… –dije dedicándole una pequeña sonrisa cálida para tranquilizarlo. – Sabes que no me dejaré vencer tan fácilmente.
– Princesa…
– Ahora ve. –le ordené.
Él permaneció en silencio por largos minutos, simplemente mirándome sin mover si quiera un músculo. Finalmente relajó su postura con un profundo suspiro, y se acercó a mi, colocando una de sus manos sobre mi mejilla.
– No se si te lo he dicho antes… Pero, estoy realmente feliz que hayas regresado… –murmuró antes de voltearse rápidamente y tras hacerle un gesto a Rangiku, ambos salieron del edificio.
Las siguientes horas transcurrieron demasiado lento para mi propio gusto. Estaba sentada junto a Mito -quien se encontraba haciendo su trabajo- mientras que intentaba luchar contra el sueño. Ganju se encontraba sentado en un rincón mirando el techo sin hacer o decir nada, y Chad, por su parte, ayudaba a Mito ordenando algunos papeles.
Estaba a punto de caer en brazos de Morfeo, cuando finalmente Hanatarou y Tsunade salieron de la habitación que habían estado usando como enfermería.
Al verlos cruzar la puerta, todo el cansancio que llevaba en mi desapareció como por arte de magia. Rápidamente salté de mi silla antes de que el resto pudiese reaccionar, y corrí hasta estar frente a Tsunade.
– ¿Cómo están? –a penas me las arreglé para que la pregunta fuese coherente. La preocupación era palpable en mi voz.
Tsunade esbozó una sonrisa tranquilizadora y colocó una de sus manos sobre mi hombro con dulzura.
– Ambos están fuera de peligro. Pudimos sanar todas sus heridas… Lo único que necesitan ahora es descansar. –explicó en respuesta la mujer rubia.
– ¿Puedo pasar a verlos? –pregunté dudosa.
Tsunade asintió con la cabeza en respuesta y se hizo a un lado para que pudiese pasar. Le di una sonrisa agradecida antes de entrar a la habitación donde Renji e Ichigo descansaban.
Me detuve en seco al cruzar la puerta.
Había dos camillas improvisadas en el centro de la habitación donde ambos chicos yacían. Los dos estaban desnudos de la cintura para arriba, dejando sus torsos expuestos, llenos de vendajes.
Verlos de esa forma era realmente triste para mí. Lo único que lograba tranquilizarme era notar como sus pechos subían y bajaban normalmente con sus respiraciones, dejando ver que únicamente estaban inconscientes.
Tomé una respiración profunda y me acerqué a ellos.
Tracé mis dedos a lo largo de la mejilla de Renji, antes de voltearme y realizar la misma acción con Ichigo.
– Ustedes dos realmente son unos tontos imprudentes… –murmuré. – Pero no puedo culparlos… –suspiré.
Tomé una pequeña silla y la situé entremedio de ambas camas, acto seguido tomé asiento. Estaba decidida a quedarme con ellos hasta que despertaran.
Las horas pasaron y sin darme cuenta caí dormida.
Autora POV
El pelinaranja abrió lentamente sus ojos sintiéndose desorientado ¿Dónde se encontraba?
Recordaba haber estado luchando con Renji, haber ganado… Entonces, Sakura apareció y luego… nada, solo… color negro ¿Se había desmayado? Tal vez realmente se había exigido demasiado en la batalla, entonces era natural que se colapsase…
Parpadeó un par de veces acostumbrándose a la luminosidad del lugar antes de pasar su mirada por la habitación. No era ningún lugar que él reconociese, pero era natural: Nunca había estado en la sociedad de las almas antes.
Pudo notar que había otra camilla a unos metros de él, donde Renji yacía inconsciente, su cuerpo totalmente vendado. Al parecer sus heridas habían sido tratadas, y por lo que podía sentir, las suyas propias también.
Se movió ligeramente buscando más comodidad, sintiendo entonces un peso extra sobre el costado de su abdomen.
Bajó con cuidado la mirada vislumbrando una mota de cabello rosado.
Sakura…
Su rostro lucía tan angelical mientras dormía. Sus labios ligeramente entreabiertos, sus largas pestañas acariciando suavemente aquellas pálidas mejillas de porcelana.
Sin poder detenerse, Ichigo extendió su mano rozando suavemente con sus dedos la mejilla de la joven, trazando leves caricias, teniendo cuidado de no despertarla. Sin embargo… Sus planes se vieron frustrados al ver como las pestañas de la joven revoloteaban a medida que empezaba a abrir sus ojos.
– ¿Ichigo? –murmuró adormilada.
– Hey… –contestó el pelinaranja a modo de saludo. Una pequeña sonrisa adornando sus labios.
– Estás despierto… Eso es bueno… –murmuró torpemente la pelirrosada esbozando una tierna sonrisa que ocasionó que el corazón del contrario latiese rápidamente. A pesar del cansancio, la joven princesa se enderezó sobre su silla y comenzó a ponerse de pie. – Tengo que avisarle a Tsunade-shishou cómo estás… Ella querrá ver cómo te encuentras… –dijo comenzando a encaminarse hacia la puerta de la habitación.
– ¡Espera! –exclamó Ichigo apresurándose a tomar la muñeca de la joven para detenerla.
Esta se volteó a verlo sorprendida por su repentina acción.
– ¿I-Ichigo? –preguntó confundida. Un pequeño chillido de sorpresa escapó de sus labios al sentir como el pelinaranja la jalaba para que cayese en la camilla junto a él.
– No te vayas tan rápido… –la regañó Ichigo. – Estuve tantos días preocupado por ti, déjame pasar algo de tiempo contigo.
Las mejillas de la pelirrosa se tornaron de un rojo tan intenso que podía competir con el cabello de Renji.
– N-No digas cosas raras… –balbuceó la joven.
– No son cosas raras. –se rió el pelinaranja rodeando la delgada cintura de la joven con su brazo para apegarla más a su pecho.
– ¿P-Por qué la repentina cercanía? –preguntó nerviosa la pelirrosa sintiendo sus mejillas más y más calientes.
Era tan extraño para la joven princesa encontrarse de ese modo en los brazos del shinigami sustituto. Lo consideraba su amigo, pero no pensaba que fuesen tan cercanos para encontrarse en tal situación. La posición en la que estaban, le parecía algo tan íntimo…
– ¿Tienes algún problema con ello? –indagó Ichigo sin inmutarse por el nerviosismo de la joven.
– Y-Yo… –balbuceó Sakura.
– Veo que tu amigo ya está despierto.
– ¡T-Tsunade-shishou! –chilló la pelirrosa asustada apartándose rápidamente de Ichigo, cayendo al suelo en el proceso.
– Si tus pretendientes te hubiesen visto en este momento estarían realmente muertos de celos… Y si tus padres estuviesen aquí, Kurosaki sería hombre muerto. –comentó divertida la rubia mientras se acercaba a la camilla para revisar el estado del pelinaranja. – ¿Cómo te sientes? –preguntó con tono profesional.
– ¿Pretendientes? –repitió curioso Ichigo ignorando la pregunta de la mujer.
Tsunade frunció el ceño al ser ignorada abiertamente por el pelinaranja.
– Parece que tu condición es buena. Hanatarou trató bastante bien tus heridas. Se que no puedo retenerte aquí por mucho tiempo, pero te sugeriría comer algo antes de reanudar tu tarea de intentar salvar a Kuchiki Rukia. –dijo seria Tsunade cruzándose de brazos.
– Entendido… Entonces… ¿Pretendientes?
Tsunade suspiró negando con la cabeza. La comisura de sus labios alzándose levemente en una sonrisa incrédula.
– Eres realmente tonto si crees que una hermosa princesa como lo es Sakura no tendría varios hombres babeando por ella. –se burló la mujer mayor. – Si quieres ganártela, tendrás un difícil camino, y sus pretendientes son lo de menos. No quieres enfrentarte a la furia de sus padres, ellos se deshacen de cualquier persona que muestre esa clase de interés por su hija.
– ¿Urahara? –preguntó extrañado. – No parece la clase de persona que sería intencionalmente agresivo con alguien.
– A menos que lo provoquen… –estuvo de acuerdo Tsunade. – No te metas con su pequeño "cerezo" si no quieres despertar su lado oscuro. Oh, y ni siquiera hablemos de Yoruichi.
– ¿Yoruichi? –repitió con confusión. – ¿Shihouin Yoruichi?
– A-Ah, es cierto, tú no lo sabes… –se rió Sakura levantándose del suelo torpemente. Su mirada se posó sobre su nana. – Él cree que mamá es un gato macho…
– Ah, no lo culpo. Ella adora estar en esa forma, y su voz no es particularmente femenina cuando se encuentra así. –rió Tsunade.
– ¿Están queriendo decir que… Yoruichi es una persona?
– Creo que es mejor que vaya a conseguirle algo de comer. –rió nerviosa Sakura saliendo a paso apresurado de la habitación.
Sakura POV
– Entonces ¿Están listos? –preguntó Ichigo moviendo su cuerpo para calentarlo. Parecía como si estuviese esperando tener algún combate pronto.
– Tengan mucho cuidado. –dijo con calma Mito arreglando algunos mechones de mi cabello de la misma forma que lo hacía cuando era pequeña. – Aún tienen al gotei 13 detrás de ustedes.
– Lo tendremos. –dije con confianza. Mi mirada se dirigió a Hanatarou quien estaba de pie junto a Tsunade. Parecía nervioso por la imponente presencia de la rubia. – Te encargo a Renji, dale mi mensaje en cuanto despierte ¿Sí?
– ¿Está segura que no quiere que vaya con ustedes, hime-sama? Podría ayudar a curarlos si resultan heridos… –preguntó el joven de la cuarta división.
– Estaremos bien. –contesté para tranquilizarlo. – Si te ven con nosotros te considerarán un traidor. No podría perdonármelo si te terminamos ocasionando problemas.
– P-Pero… Quiero serle útil a usted, hime-sama. –objetó él.
– Ya eres útil… Ayudaste a curar a Ichigo, y realmente significaría mucho para mi que cuides a Renji… Considéralo como un deber especial que te estoy encomendando ¿Sí? ¿Podrás cumplirlo?
El pareció dudar por unos segundos antes de asentir efusivamente.
– ¡Lo haré, hime-sama!
Dándole una última sonrisa a Hanatarou, me volteé para irme con Ichigo, Ganju y Chad. Habíamos decidido ir los cuatro juntos en busca de Rukia.
Renji aún no despertaba y Tsunade había considerado que lo mejor para él en este momento era seguir descansando. Mito, Tsunade y Hanatarou se quedarían cuidándolo, y se comunicarían conmigo cuando despertase. También les había pedido que me informaran si lograban obtener algo de información acerca del combate de Kurotsuchi.
Cuando me había despertado, ya era de día, y no había signos del reiatsu del capitán del escuadrón doce, lo que daba a entender que la pelea había terminado.
– ¿Estás segura que tu tampoco quieres quedarte? –preguntó Ichigo mientras corríamos en dirección a la torre en la que Rukia estaba encarcelada.
– Si me quedo allí seré un objetivo fácil. No puedo dejar que me atrapen, sino no se me permitirá volver a salir hasta que el gotei 13 pueda "manejar" esta situación. –contesté.
– Pero, eres la princesa… ¿No puedes exigirles que te hagan caso? –preguntó esta vez Chad.
– Solo shinigamis de bajo rango. –dije pensativa. – Ellos si me harían caso porque me ven como una figura de autoridad a la que le deben respeto. No es lo mismo con taichous. –expliqué. – También me respetan y me quieren… Pero, sigo siendo una niña pequeña para ellos, seguirán las reglas incluso si deben ir en mi contra.
– Tontas reglas… –oí a Ichigo mascullar.
– Aún así… ¿Viniendo con nosotros no nos estarías convirtiendo a nosotros en un objetivo fácil? –inquirió con molestia Ganju. No parecía particularmente contento con el hecho de que los estuviese acompañando.
– ¡Ganju! –lo regañó Ichigo. – ¡Si no vas a decir nada inteligente cierra tu bocota!
– ¿¡Qué dices!? –espetó molesto Ganju. – ¡Estoy diciendo la verdad! ¡Es la maldita princesa de los shinigamis! ¡Debe tener millones de guardias buscándola! ¡Es como sacarse la lotería: Encuentra a la princesa y te llevas de regalo a un grupo de criminales!
El pelinaranja parecía estar a punto de responder, pero de pronto, un inmenso reiatsu se hizo presente obligándonos a detenernos. Era difícil moverse, por la magnitud del reiatsu, sin duda se trataba de un shinigami con nivel de capitán.
Levanté mi mirada viendo con horror la figura que se alzaba imponentemente a unos metros de nosotros.
– ¡Z-Zaraki-taichou! –exclamé asustada. Rápidamente volteé a ver a los demás. – ¡T-Tenemos que salir de aquí!
– ¿L-Lo conoces? –cuestionó Ganju.
– Es el capitán de la undécima división, Zaraki Kenpachi… N-No estoy realmente segura de que el nos entregue… E-El problema es que, Zaraki-taichou es un hombre realmente sádico, no conozco mucho al respecto, pero he escuchado que una vez que se interesa en un oponente, no se detendrá hasta lograr combatir con él. Y un combate contra Zaraki-taichou puede significar la muerte. –expliqué temerosa.
– Si es así entonces pelearé. –dijo decidido Ichigo.
– ¿¡Acaso eres tonto!? –exclamó Ganju observando a Ichigo como si al pelinaranja le hubiese crecido una segunda cabeza. – ¡No tienes oportunidad!
– Pero si lo que dijo Sakura es cierto, entonces alguien tiene que quedarse y pelear. Ustedes adelántense y busquen a Rukia, prometo alcanzarlos pronto…
– Ichigo… –murmuré. Al escucharme, el se volteó a verme con una gran sonrisa en su rostro.
– Estaré bien. Lo prometo. –dijo con confianza en un intento de tranquilizarme.
Sabía que no podía detenerlo… Así que, a pesar de la angustia y temor que sentía, suspiré y asentí.
– Por favor… Ten cuidado. Si te dejas vencer no te lo perdonaré ¿Me oíste? –bromeé.
El solo sonrió antes de desenvainar su espada dispuesto a empezar su combate con Zaraki.
– Vamos, Sakura, tenemos que movernos rápido. –me habló Chad tomando mi mano para que empezásemos a correr de nuevo.
Le dirigí una última mirada a Ichigo antes de seguir el camino hacia la torre. Solo me quedaba rezar por que las cosas saliesen bien…
