Sakura POV

Mis pasos eran lentos mientras avanzaba por las calles del seiretei, siendo escoltada por cinco miembros de la primera división. Cuatro a cada una de mis diagonales, bloqueando cualquier posible escape de mi parte. El quinto caminaba frente a mí, guiando el camino hacia la cuarta división.

Yamamoto-jiisan había aceptado mi solicitud de dejarme ver por última vez a Aizen, con la única condición de que tendría que ir acompañada de un grupo de oficiales de su división. Tan pronto como terminase de despedirme del difunto taichou de la quinta división, tendría que ser escoltada de regreso hacia Kuchiki Manor, de donde no podría moverme hasta nuevo aviso.

Con un gran pesar en mi corazón había aceptado sus condiciones. Había decidido cooperar a pesar de que me sentía como si hubiesen atado cadenas alrededor de mi cuello y extremidades.

– Ya estamos aquí, hime. –habló Sasakibe Choujiro, teniente de la primera división. Había sido uno de los hombres que sotaichou había designado para escoltarme, no había nadie más a quien Yamamoto-jiisan le tuviese más confianza.

Levanté mi cabeza para notar que, en efecto, nos encontrábamos frente a los cuarteles de la cuarta división.

– Arigato, Sasa-jii… –le agradecí ofreciéndole una pequeña sonrisa. – No tardaré mucho, lo prometo.

El negó con la cabeza ante mis palabras.

– Entiendo la delicadeza de la situación. Tómese el tiempo que usted necesite, hime. –habló con calma el hombre mayor. – La estaremos esperando aquí para escoltarla de regreso cuando esté lista.

Suspiré y asentí en respuesta. Sasakibe se hizo a un lado para permitirme el paso. A pasos dudosos avancé, adentrándome dentro del gran edificio frente a mí.

En el interior todo parecía ser un gran caos. Parecía que había varios heridos, y todos los miembros de la división estaban movilizándose para poder darles la mejor atención.

Pasé rápidamente mi mirada por el lugar, buscando a Unohana-taichou. Rápidamente pude reconocer su haori, y me acerqué a ella, colocando una mano sobre su hombro para llamar su atención.

– ¿Oh? ¿Sakura-hime? –preguntó notándose levemente sorprendida de verme. – ¿Qué te trae por aquí?

– Uhm… Yo… –balbuceé apartando la mirada un tanto dudosa antes de volver a mirarla a los ojos. – M-Me gustaría ver a Aizen-taichou… –murmuré.

Su mirada se aflojo y esbozó una sonrisa comprensiva.

– Entiendo… Sígueme… –dijo con calma antes de darse la vuelta y comenzar a guiarme.

Me guió hacia un pequeño sector oculto por unas blancas cortinas. Al correr las cortinas pude ver una pequeña camilla, y algunos miembros de su división reunido alrededor de ella. Parecían estar investigando el cuerpo que estaba sobre la cama.

Unohana les hizo un gesto rápido para que se marcharan, antes de voltearse a verme.

– Tómate el tiempo que necesites… –fue todo lo que dijo antes de volver a cerrar la cortina para darme algo de privacidad.

Mi mirada se posó sobre el cuerpo inerte sobre la cama. Mis ojos se llenaron de lágrimas al verlo.

Me acerqué a pasos lentos, inclinándome a su lado. Mi mano se posó con suavidad en su mejilla fría, acariciándola con dulzura. Las lágrimas que estaba luchando por contener comenzaron a deslizarse por mis mejillas y un sollozo ahogado escapó de mis labios.

– G-Gomen… –susurré recostando mi cabeza sobre su pecho, esperando oír el latido de su corazón a pesar de que sabía que eso no era posible. – No he pasado nada de tiempo contigo desde que llegue…

Era verdad que me había estado dando una extraña sensación, pero… Al final del día, el seguía siendo Aizen, uno de los capitanes que más me había cuidado durante mi infancia. Por supuesto, su muerte me dolía bastante.

Mordí mi labio ahogando otro sollozo, mientras las memorias que tenía de Aizen comenzaban a colarse en mi mente.

– Ahora ya no puedo pasar tiempo a tu lado… –sollocé. – R-Realmente lo siento… –sin darme cuenta había comenzado a romper en llanto. Mi cuerpo se agitaba con los sollozos. Mis mejillas estaban húmedas por las lágrimas, cubiertas por un ligero sonrojo. Mis ojos también habían adquirido una tonalidad rojiza por el llanto. – Me hubiese gustado, por lo menos hablar una última vez contigo… Q-Que me abraces como lo hacías cuando era una niña… Que desordenes mi cabello y me hables del futuro… Aizen… N-No quiero que te vayas… –mis manos se aferraron al frente de su ropa. – Q-Quédate conmigo, por favor… –rogué a pesar de que sabía que no era posible.

Cerré mis ojos derramando más lágrimas. Mis manos se aferraron con más fuerza a su ropa.

Deseaba tanto que esto no fuese más que una mentira. Que, en verdad, solo estuviese dormido y se despertase. Que me abrazase y me dijese que todo estaba bien.

"Sakura-sama… Algo está mal…" –mis ojos se abrieron con sorpresa al escuchar la voz de mi zanpakuto. Rápidamente me alejé del cadáver en la camilla, limpiándome las lágrimas.

"¿Qué sucede?"

"Lo siento… Sé que no debería interrumpirla en un momento tan delicado… Pero… He notado algo extraño en la persona frente a usted. Sakura-sama…"

Mis ojos se posaron extrañada sobre la figura del difunto taichou.

"¿A qué te refieres?" –pregunté adoptando una postura más seria.

"Es solo una ilusión…"

Me sobresalté al escucharlo ¿Una ilusión? Pero… No era posible. El cuerpo frente a mi era sin duda el de Aizen-taichou. Entonces… ¿Cómo?

"Parece que algo está interfiriendo con sus sentidos. Si me lo permite… Puedo hacerme cargo… Deje que mi luz ilumine su visión, Sakura-sama"

Mis ojos comenzaron a arder en ese preciso instante. Los cerré intentando apartar la molesta sensación. Pasaron algunos minutos antes de que la sensación desapareciese y pudiese volver a abrir mis ojos.

– ¿P-Pero qué…? –dije con confusión al ver que el cadáver de Aizen había desaparecido completamente y en su lugar yacía una zanpakuto. – ¿Q-Qué sucedió?

"Se lo dije, Sakura-sama… El cuerpo que estaba viendo era solo una ilusión. Desconozco qué o quien la estaba creando"

"Pero entonces… ¿Dónde está el verdadero Aizen?" –pregunté.

"Me temo que no lo sé, Sakura-sama. Solo he podido detectar la ilusión, no sé nada más a parte de eso"

Esto era realmente malo. Algo muy raro estaba pasando y esto lo confirmaba.

No sabía con certeza si Aizen estaba realmente muerto o vivo, pero aparentemente alguien quería que creyésemos que estaba muerto ¿Por qué? ¿Para qué? El no tener las respuestas a aquellas preguntas realmente me inquietaba.

Me puse de pie apartándome de la camilla y me retiré del lugar. Unohana aún se encontraba del otro lado de la cortina, esperando a que yo terminase de "despedirme" de Aizen. Al verme salir, su mirada se posó sobre mi con un cariño maternal.

– ¿Cómo te sientes? –me preguntó extendiendo su mano para limpiar los restos de lágrimas que quedaban sobre mis mejillas.

Dudé antes de responder.

¿Debería decirle lo que acababa de descubrir? Sería lo más prudente. Ella y el resto del gotei 13 podrían hacer una investigación más minuciosa y descubrir lo que estaba sucediendo, pero… ¿Realmente podría confiar en Unohana? Cabía la posibilidad de que no me creyese, e incluso que me delatase con Yamamoto-jiisan. Él estaría realmente enojado conmigo luego de que le prometí quedarme quieta hasta que la situación se resolviese.

"¿Puedes disipar la ilusión para Unohana de la misma forma que lo hiciste conmigo?" –le pregunté a mi zanpakuto.

"Gomen, Sakura-sama. Hasta que mi forma física no se manifieste, mi luz solo puede tocarla a usted"

Maldije mentalmente al escuchar la respuesta. No tenía pruebas para respaldar mis palabras.

Me mordí el labio debatiéndome sobre qué hacer.

– Estoy bien… –respondí finalmente a Unohana. – Gracias… por dejarme verlo una última vez…

Hasta que no pudiese demostrar la situación, lo mantendría en secreto para mí. Aunque, mi trato con Yamamoto-jiisan realmente complicaba las cosas: No podría investigar nada si estaba encerrada dentro de Kuchiki Manor. Tal vez debería buscar a alguien de confianza para explicarle la situación. Pero… Yama-jii sospecharía también. Ugh… Esto es realmente complicado.

– No te preocupes por eso. –escuché a Unohana decir. Su mano se posó suavemente sobre mi hombro. – Eras realmente apegada a él cuando eras pequeña. No puedo imaginarme lo mucho que te debe doler esta situación. Te prometo que encontraremos al culpable.

Mordí mi labio y aparté la mirada al escucharla.

Encontrar al culpable… La persona que había montado la ilusión, la persona que nos quería hacer creer que Aizen estaba muerto. Sin duda, sin duda lo encontraríamos.

– Arigato, Unohana-san… –le sonreí. Ella asintió levemente antes de dejarme ir finalmente.

Estaba de camino a la salida cuando vislumbré a Toushiro y su teniente, Rangiku. El pareció notarme también, pues rápidamente se acercó a mi luciendo una expresión de sorpresa y preocupación.

– ¿Qué haces aquí? –exigió. Su tono de voz era ligeramente brusco. – Pensé que estabas con…

Negué con la cabeza cortando sus palabras.

– Llegamos a la celda de Rukia… Pero Byakuya y Ukitake aparecieron… Me desmayé cuando oí la noticia de la muerte de Aizen, y Ukitake me llevó directamente a la sede de la primera división. No sé qué pasó con los demás… –expliqué.

– Hime… –escuché a Rangiku decir con preocupación.

– No puedo moverme por el seiretei sin escoltas de la confianza de sotaichou. Y hasta que la situación se normalice, no podré salir de Kuchiki Manor… –agregué.

Pude ver como Toushiro fruncía el ceño y apretaba los puños. Por el costado de mi mirada también pude notar como algunas personas volteaban a mirarnos.

– Esos idiotas… Les dije que no te dejaran sola… –masculló enojado. Antes de que pudiese continuar hablando, me lancé a sus brazos, abrazándolo por el cuello. – ¿P-Pero qué…?

– Necesito hablar contigo, he descubierto algo. –susurré para que él fuese el único que escuchase mis palabras. – Ven a verme a Kuchiki Manor…

Me aparté de él.

Su mirada se había vuelto seria. Se limitó a darme un asentimiento de cabeza, señalando que había comprendido mis palabras. Le dediqué una pequeña sonrisa y una reverencia antes de continuar mi camino hacia la entrada de del lugar.

Autora POV

Renji entreabrió sus ojos posando su mirada sobre el espíritu que se manifestaba a su lado: Un mono blanco con tatuajes similares a los que él mismo poseía, y cola en forma de serpiente. No sabía exactamente donde se encontraba, pero la falta de cadenas que indicaran que fuese un prisionero, le daban la tranquilidad suficiente como para relajarse y centrarse en el espíritu que lo acompañaba.

– Zabimaru… –murmuró débilmente. Aún estaba adolorido por su batalla con Ichigo.

– ¿Cuánto tiempo vas a seguir ahí acostado? ¡Asqueroso! –espetó el espíritu con molestia observando a su maestro.

– Vaya cosas que dices luego de tanto tiempo sin hablar… ¿Qué quieres? –preguntó el pelirrojo con un aire de diversión a pesar de que su tono de voz no lo reflejaba. La mirada del shinigami se dirigió al techo mientras esperaba la respuesta de su zanpakuto.

– Estoy realmente preocupado… –contestó Zabimaru. – Ahora puedo luchar. Te estoy esperando… Así que deja de pasar el rato ahí acostado y cúrate de una vez. –ordenó impaciente. – Así podré… Volver a enfrentarme a Zangetsu… ¡Esta vez le venceré!

Un suspiro escapó de los labios del teniente de la sexta división. Ya no veía al ryoka como su enemigo, pero su espada no parecía ser consciente de ello.

– Idiota… –susurró a su Zanpakuto. – ¿Otra vez te vuelves a dormir? Él ya no es mi enemigo.

Los ojos del espíritu se entreabrieron con sorpresa ante las palabras de su amo ¿Kurosaki Ichigo ya no era un enemigo? ¿Qué era lo que había hecho cambiar la voluntad de su maestro?

– ¿No? –inquirió Zabimaru. – Entonces… ¿Quién es ahora tu enemigo? –preguntó.

No iba a discutir el por qué Renji había dejado de considerar al ryoka de cabellos naranja como un enemigo. Él estaba listo para enfrentarse a cualquier persona que su maestro considerara un enemigo, y si Kurosaki Ichigo ya no era un enemigo, entonces lo aceptaría.

Renji guardó silencio ante la pregunta de su Zanpakuto. Sus ojos se posaron sobre la única ventana de la habitación mientras en su mente se hacía presente la imagen del hombre al que necesitaba derrotar.

Aquel hombre que le había arrebatado a Rukia hace años atrás. Aquel hombre que iba en contra de la voluntad de la princesa.

Había entrenado durante muchos años, lo había observado minuciosamente para conocerlo mejor y saber cómo atacar. Finalmente había llegado el momento en el que haría pagar a Kuchiki Byakuya por todo.

– Veo que finalmente te has despertado… –una nueva voz le hizo salir de sus pensamientos.

Su mirada se dirigió rápidamente hacia la entrada de la habitación, viendo a una mujer voluptuosa de cabello rubio y ojos café. Vagamente podía recordarla como Senju Tsunade, la administradora del archivo de shinigami.

– ¿Dónde estoy? –inquirió el pelirrojo.

– En una de las habitaciones del archivo. –contestó con simpleza la rubia mientras se acercaba al teniente para revisar sus vendajes. – Luego de que te desmayaste por el combate, te trajeron a ti y a Kurosaki Ichigo para que yo pudiese tratar sus heridas, sin que fuesen capturados por el gotei.

– ¿Usted es sanadora? –preguntó con sorpresa Renji.

Conocía realmente poco a la mujer frente a él, pero no se esperaba que la mujer que se encargaba del departamento de archivos fuese capaz de sanar heridas ¿Por qué no estaba en la cuarta división como el resto de los sanadores?

– Lo fui cuando estaba viva. Aún poseo el conocimiento y la habilidad, por lo que encargarme de tus heridas no fue nada. –contestó Tsunade.

– ¿Por qué no trabaja para la cuarta división? –se atrevió a preguntar el pelirrojo.

– No soy oficialmente una shinigami. Conozco acerca de su cultura y puedo usar el reiatsu, pero eso es todo… Me ofrecí a trabajar aquí porque mi abuela se encontraba aquí, y porque no tenía nada más interesante que hacer desde que llegué a la sociedad de las almas. –explicó la rubia. – Además… Realmente odiaría ser subordinada de Retsu. –comentó con cierto disgusto en su voz. Tal parecía que la rubia y la capitana de la cuarta división no se llevaban realmente bien.

Renji asintió no queriendo ahondar más en el asunto.

– ¿Por qué me trajeron aquí? Quiero decir… Entiendo que para sanar mis heridas… Pero… ¿Por qué específicamente aquí? –preguntó el pelirrojo.

Tsunade suspiró con cansancio mientras terminaba de revisar los vendajes y se sentaba en una silla que estaba cerca.

– Si los llevaban a la cuarta división serían encarcelados inmediatamente. Hanatarou no podía tratar el solo las heridas de ambos, por lo que Sakura sugirió que los traigan aquí. –contestó la mujer cruzándose de brazos.

– ¿Sakura-hime?

– He sido la nana de Sakura desde que ella era una bebé. Así que puedes decir que soy alguien de confianza para ella. –dijo Tsunade encogiéndose de hombros. – No me importa lo que sotaichou o la cámara de los 46 diga… Solo sigo a esa pequeña…

– Pero… ¿No la arrestarán por eso? –preguntó Renji alzando una ceja inquisitivamente.

– Técnicamente no soy parte del gotei 13, así que no estoy atada a ninguna de sus normas. Y ellos saben perfectamente que no deben meterse con los shinobis si no quieren problemas.

– ¿Shinobis? –repitió Renji. El término le era vagamente familiar.

– Eso es una explicación para otro momento, muchacho. Ahora dime… ¿Cuáles son tus planes? –preguntó Tsunade observando seriamente al shinigami frente a ella.

– ¿Mis planes?

Tsunade asintió.

– Los demás se fueron. Decidieron que era mejor dejar que te recuperes, y siguieron adelante… Desde entonces no han vuelto ¿Qué es lo que planeas hacer tú? –repitió su pregunta.

Renji cerró los ojos procesando la nueva información adquirida.

Ichigo y los demás habían partido dejándolo atrás, siguiendo adelante con su misión de rescatar a Rukia ¿Habrían tenido suerte? No… El seiretei estaba demasiado en calma como para significar que hubiesen tenido éxito ¿Se encontrarían bien?

No podía evitar preocuparse por la princesa.

En caso de que sus intentos hubiesen fallado, eso podría significar que la hayan capturado y la hayan encerrado, prohibiéndole volver a interferir con los ryoka. Dudaba que Ichigo dejase que esto sucediese, pero… aún así, la preocupación seguía latente. Había observado a la princesa por el tiempo suficiente para saber que no le gustaba someterse ante las reglas del seiretei. Que le quitasen su libertad, Renji realmente lo consideraría como algo imperdonable.

– Yo… Yo voy a pelear… Por Rukia y por la princesa…

– ¿Ese es tu plan?

– Hai…

Tsunade cerró sus ojos conteniendo un suspiro antes de volver a abrirlos y encarar al shinigami.

– En ese caso, hay un lugar al que deberías ir…

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Ichigo entreabrió sus ojos encontrándose en lo que parecía ser una cueva. Un sentimiento de confusión lo invadió antes de que las imágenes de todo lo que había sucedido comenzasen a volver a su mente.

Estaba a punto de enfrentarse a Kuchiki Byakuya, entonces Yoruichi apareció y luego… todo se volvió oscuridad.

Rápidamente se puso de pie examinando su entorno con la mirada, encontrando a la mujer pelimorada de pie a unos metros de donde él mismo se encontraba. Yoruichi estaba de brazos cruzados mientras lo observaba fijamente.

– No tenemos tiempo para esperar a que te recuperes por completo. Así que sentirás bastante dolor, pero no tienes otra opción. –comenzó a hablar la mujer omitiendo el hecho de que había detenido su enfrentamiento con Byakuya, lo había traído hasta este extraño lugar, y había dejado atrás a Rukia y los demás.

No parecía afectada por la clara expresión de enojo de parte de Ichigo.

– Si… –murmuró Ichigo antes de lanzarse hacia Yoruichi, tomándola por el frente de su ropa. La mujer no se inmutó ante sus acciones. – ¿¡Por qué!? –exigió con enojo el pelinaranja. – ¿¡Por qué me has salvado a mí!? ¡El que tenía más opciones de sobrevivir a esa lucha era yo! ¡Ahora Ganju y Chad, incluso Rukia, podrían morir! –continuó despotricando dejando salir todo su enojo y angustia.

Yoruichi continuó con su mirada impasible observando al shinigami sustito.

– No pienses que eres tan bueno. Era imposible que salieras vivo de esa lucho. Ninguno de ustedes hubiese sobrevivido a un enfrentamiento con Byakuya. –sentenció la ex capitana de la segunda división del gotei 13.

Sus palabras no hicieron más que incrementar la ira del pelinaranja.

– Tú… –gruñó Ichigo, pero antes de que pudiese hacer o decir algo, Yoruichi lo volteó, estampándolo contra el suelo.

Un quejido de dolor seguido de un ataque de tos escapó de los labios de Ichigo cuando su espalda impacto contra el suelo duro.

– Deja de esforzarte a menos que quieras que tus heridas se vuelvan a abrir. –lo regañó Yoruichi. – Si quería escapar de Byakuya, solo podía cargar a una persona.

– Entonces… ¿Por qué no te llevaste a Rukia en vez de a mí? –inquirió Ichigo desde su lugar en el suelo, viendo como Yoruichi le daba la espalda.

– Es cierto que… Ninguno de los que estaban allí hubieran sido capaces de derrotar a Byakuya. Pero… Dentro de tres días, puede que tu seas capaz. –contestó Yoruichi. – Esa es la razón por la que te he salvado a ti. –Ichigo entreabrió sus ojos con sorpresa mientras escuchaba atentamente las palabras de la mujer felina. – Céntrate en volverte más fuerte. Ahora mismo, en tu estado actual, no hay forma que te enfrentes a Byakuya. Pero dentro de tres días podrás ser capaz de vencerlo, y entonces podrás rescatar a los demás.

La mirada del pelinaranja se tornó seria mientras se ponía de pie. Tomó el mango de su espada, desenvainando a Zangestsu. Sus manos se afirmaron fuertemente en la empuñadura de la zanpakuto mientras su mirada seguía fija en la mujer. Estaba listo para comenzar con el entrenamiento que esa mujer mencionaba.

Derrotaría a Byakuya y salvaría a todos. Volverían al mundo humano con Rukia y Sakura, y todo volvería a la normalidad.

– Para empezar, quiero preguntarte algo. –habló Yoruichi notando la predisposición del muchacho de comenzar el entrenamiento. – ¿Te has dado cuenta de que Zangetsu siempre está en su forma liberada?

– ¿En serio? –preguntó con sorpresa Ichigo. – Así que es igual a la Zanpakuto de Kenpachi… Ahora entiendo por qué es más grande que otras zanpakuto y no cambia cuando digo su nombre.

– Parece que no te habías dado cuenta… –comentó Yoruichi. – Bueno… Entonces tampoco sabrás que existe otro nivel de liberación espiritual para Zangetsu. –sus palabras lograron captar aún más la atención de Ichigo quien seguía siendo bastante ignorante de la cultura shinigami. – De hecho, todas las zanpakuto tienen dos niveles de liberación. La primera se conoce como shikai, y la segunda como bankai. –explicó. – Un capitán debe ser capaz de lograr ambas liberaciones.

– ¿En serio? –preguntó intrigado el pelinaranja.

– Sí. –afirmó Yoruichi. – En otras palabras, todos los capitanes pueden hacer las dos liberaciones, excepto uno.

– ¿Uno? –repitió Ichigo incrédulo. Todos los capitanes parecían ser gente extremadamente fuerte ¿Y se suponía que uno de ellos aún no había alcanzado el nivel bankai?

– Kenpachi Zaraki. –respondió la pelimorada. – En toda la historia de la sociedad de las almas, él ha sido el único que ha logrado convertirse en un capitán sin siquiera saber el nombre de su propia Zanpakuto. Su fuerza descomunal fue tomada bastante en serio por las trece divisiones, aunque… probablemente te diste cuenta de ello cuando luchaste contra él. –continuó hablando para luego regresar el tema hacia las liberaciones de las zanpakuto. – El poder y la forma del shikai y el bankai dependen de la zanpakuto, además de la fuerza y destreza de su portador. Sin embargo, como norma general… El poder del portador aumenta de cinco a diez veces.

– ¿¡Diez veces!? –exclamó Ichigo anonadado. Mientras más aprendía, más sorprendido se quedaba.

– Da miedo, ¿verdad? –dijo Yoruichi divertida por las expresiones de Ichigo. – Eso se debe a que, para lograr el dominio del bankai, incluso los tipos más fuertes necesitan por lo menos diez años de entrenamiento.

Ichigo la observó con sorpresa. Una duda surgiendo en su mente, siendo pronunciada por sus labios tan rápido que ni siquiera pudo pensarlo.

– ¿Sakura pudo lograr el bankai? –fue su pregunta.

Yoruichi abrió los ojos sorprendida por la repentina pregunta, pero rápidamente negó con la cabeza.

– Fue secuestrada antes de que incluso pudiese manifestar su zanpakuto. Pero… Estoy segura de que, en cuanto su poder se restaure por completo, no tardará mucho tiempo en lograrlo. Siempre ha sido una prodigio para las artes shinigamis. –contestó la mujer. Un deje de nostalgia inundaba su voz al pensar en su amada hija.

– Realmente conoces mucho sobre Sakura… –murmuró Ichigo provocando que Yoruichi lo observase incrédula mientras una gota de sudor se resbalaba por su cabeza.

¿En verdad ese chico era tan torpe para no darse cuenta?

– Eres realmente idiota… –bufó Yoruichi. – Dime, ¿cuál es el apellido de Sakura?

– ¿El apellido de Sakura? –repitió confundido Ichigo mientras indagaba en su memoria intentando acordarse de tal dato. – Urahara Shihouin…

– ¿Y cuál es mi apellido? –preguntó esta vez la pelimorada esperando que entonces Ichigo se diese cuenta.

– Shihouin… –murmuró el pelinaranja. Yoruichi observó estupefacta mientras la mueca de confusión de Ichigo se transformaba gradualmente en sorpresa pura. – ¿¡E-Eso quiere decir que eres la madre de Sakura!?

– ¡Bingo! –exclamó sarcásticamente Yoruichi.

– ¿¡Eso significa que eres la esposa de Urahara!?

– ¿Por qué te sorprende tanto? –se quejó Yoruichi frunciendo el ceño. – Como sea, deja de perder el tiempo pensando en esta clase de cosas.

– L-Lo siento… –se disculpó Ichigo luciendo avergonzado. Se aclaró la garganta recobrando la compostura. – Dijiste que incluso los tipos más fuertes necesitaban entrenar por diez años… Pero yo no tengo…

– Lo sé. –lo interrumpió la mujer felina. – Se tarda al menos diez años si entrenas en la manera tradicional. Pero, aunque sea muy peligroso y arriesgado, nosotros vamos a utilizar otro método para que logres el bankai en tres días. –sentenció Yoruichi.

Sakura POV

Dejé escapar un profundo suspiro mientras aceptaba la taza de té que Chihiro me extendía.

Había sido escoltada de regreso a Kuchiki Manor, mis ropas habían sido cambiadas de nuevo a un elegante kimono que parecía haber sido confeccionado por el mismísimo sastre de la familia Kuchiki.

Era de un hermoso verde bosque con un obi un par de tonos más claro. La tela del kimono era mayormente lisa, a excepción del bode de la falda, el cual poseía un patrón de flores del mismo color del obi, las cuales le daban un hermoso efecto degradé a la tela. Las mangas del kimono eran largas y amplias logrando cubrir por completo mis manos, haciendo que tuviese que arremangarlas para poder beber el té apropiadamente.

Mi peinado también había sido cambiado. Chihiro había cepillado mi cabello dejándolo suelto a excepción de una pequeña trenza en el costado derecho de mi cabeza, la cual estaba adornada con pequeñas flores que combinaban con mi ropa.

Luego de que mi atuendo hubiese sido cambiado, Chihiro me había escoltado al comedor, y había preparado algo de té y bocadillos para mí. Creo que podía sentir mi angustia y por ende intentaba hacerme sentir cómoda.

– Arigato, Chihiro-chan… –le agradecí luego de tomar un sorbo del té que ella había preparado. – Está realmente delicioso.

– Me alegro que le guste, Sakura-san. Sabe que puede pedirme lo que necesite.

La puerta del comedor se abrió revelando al asistente personal de Byakuya. Detrás de él estaban Toushiro y Rangiku.

– Mi lady, tiene visitas. –anunció mientras se hacía a un lado para dejar pasar al capitán y la teniente de la décima división.

Ellos hicieron una pequeña reverencia en señal de respeto antes de tomar asiento frente a mí. Dirigí mi vista hacia mi propia asistente.

– Chihiro-chan… ¿Podrías preparar algo de té para Hitsugaya-taichou y Matsumoto-fukutaichou? –pregunté amablemente.

Inmediatamente la joven asintió.

– ¡En seguida, Sakura-san! –exclamó mientras se acercaba a la entrada del comedor, lista para ir a la cocina a preparar más té.

– Torio-kun… ¿Podrías ayudar a Chihiro con el té? –pregunté viendo al asistente de Byakuya.

– Como desee, mi lady. –respondió antes de seguir a Chihiro en dirección a la cocina.

Nos mantuvimos en silencio hasta que la puerta del comedor se cerró por completo.

– Ara… Rodeada de los lujos de la mansión Kuchiki realmente luces como una princesa. –comentó con diversión Rangiku.

– ¡Matsumoto! –la regañó Toushiro. – No es momento para bromas. –espetó antes de posar su mirada sobre mí. – ¿Qué es lo que querías hablar? –preguntó yendo directo al grano.

Tomé una respiración profunda antes de responder.

– Alguien está queriendo hacernos creer que Aizen está muerto…