Sakura POV

– Alguien quiere hacernos creer que Aizen está muerto…

Tan pronto como pronuncié las palabras, las miradas de Toushiro y Rangiku se posaron con sorpresa sobre mí.

– ¿A qué te refieres? –espetó Toushiro. Sus manos posándose sobre la superficie de la mesa de una forma un tanto brusca.

– No tengo toda la información al respecto… No se quién está detrás de todo esto o por qué lo está haciendo, pero puedo decirte con certeza que el cuerpo que encontraron no es el de Aizen. –dije con seriedad dejando a un lado mi taza de té.

– ¿No es Aizen? –repitió con confusión Rangiku. – Pero la cuarta división confirmó que se trataba de él, luce como él ¿Cómo es posible que no sea él?

– Es una mera ilusión, perfectamente creada para engañar nuestros sentidos. Al principio también creí que se trataba de él… Cuando fui a despedirme de él, el contacto físico se sentía demasiado real, no había duda alguna de que era una persona la que se encontraba allí.

– ¿Pero…?

– Pero, desde hace unos días he estado haciendo contacto con el espíritu de mi zanpakuto… No conozco al cien por ciento la naturaleza de su poder, pero fue ella quien me advirtió de que el Aizen que estaba frente a mi no era real. Usó su poder para disipar la ilusión para mi… lo siguiente que supe es que en vez de estar viendo a Aizen, había una zanpakuto en su lugar. –expliqué intentando buscar las palabras adecuadas para expresarme, era una situación bastante confusa.

– ¿Una zanpakuto? –repitió Toushiro arqueando una ceja en señal de confusión.

– Si… No tengo idea de a quién le pertenece… Estaba bastante abrumada por la situación por lo que abandoné rápidamente el lugar. Tampoco se lo he dicho a Unohana… Tenía miedo de que ella me delatase con sotaichou… Le prometí que me quedaría quieta, si descubre que he desobedecido… realmente se molestará conmigo. –murmuré.

– Pero, ¿no dijiste que tu zanpakuto había disipado la ilusión? –preguntó Rangiku.

– Únicamente para mí. Como aún no se ha manifestado su forma física, su poder no puede influir en otros… solo pudo mostrarme la verdad a mí, para los demás aquella extraña zanpakuto sigue siendo el cuerpo de Aizen, de lo contrario… Unohana ya hubiese puesto una alarma e informado al respecto. –contesté.

– Eso es realmente problemático. –bufó Toushiro. – Si tu eres la única que puede ver la verdad, convencer a los demás de esto.

– Lo sé. Pero no espero convencer a los demás… Te he dicho esto a ti porque sabía que me creerías, sé que puedo confiar en ti… –contesté. Extendí mis brazos por encima de la mesa para tomar sus manos mientras lo miraba fijamente. Un fuerte rubor cubrió sus mejillas ante mi acción. – Shiro-kun… No hay nadie más a quien le pueda pedir esto… Por favor, te ruego que investigues lo que está pasando. Temo que podemos estar bajo un gran peligro… Me preocupa lo que pueda pasar… Así que, por favor…

– Lo haré. –dijo con firmeza Toushiro cortando mis palabras. Sus manos le dieron un apretón cálido a las mías, como si estuviese tratando de decirme "No te preocupes". – No hace falta que me lo pidas… La sociedad de las almas también es mi hogar, y si sotaichou no puede ver lo que está sucediendo, haré lo que esté a mi alcance para proteger este lugar. Puedes contar conmigo, Sakura…

Una pequeña sonrisa surcó mis labios al oírlo.

– Moo~ taichou, usted realmente se comporta como un caballero cuando está con la princesa… –habló Rangiku con un ligero tono burlón.

Las mejillas de Toushiro se volvieron de un rojo tan fuerte que incluso podrían competir con el cabello de Renji. En un rápido movimiento soltó mis manos y se volteó para encarar a la pelinaranja.

– ¡No se de qué me hablas, Matsumoto! –exclamó ganándose una estruendosa carcajada de parte de su teniente.

Antes de que alguien pudiese hacer o decir algo más, la puerta de la habitación se abrió de golpe, revelando la imponente figura de Byakuya. A unos pasos por detrás de él, de pie con miradas dudosas, se encontraban Chihiro y Torio quienes habían traído el té que les había solicitado.

Mi mirada se posó sobre el líder del clan Kuchiki, quien a su vez tenía la mirada fija en Toushiro con algo parecido a la molestia.

– ¿Cuál es la razón para que el capitán de la décima división y su teniente estén en mi casa? –inquirió Byakuya con un tono firme que daba miedo.

– Yo los cité aquí… Toushiro me había prestado uno de sus uniformes y quise devolvérselo. –me apresuré a responder. No era del todo mentira, en verdad quería devolverle su uniforme, pero sin duda no era la razón principal por la cual les había hecho venir a la mansión. – Pensé que tal vez sería un tanto mal visto que me quedase a solas con un hombre, por lo que pedí que Rangiku también estuviese presente.

– ¿Es así? –inquirió Byakuya alzando una ceja mientras su mirada se posaba esta vez sobre mí. – ¿Realmente es verdad lo que dices?

– ¿Estás dudando de mí? –pregunté incrédula. A pesar de que le estaba mintiendo, me sentía sumamente ofendida de que él dudase de mí.

– Luego de todo lo que has hecho en los últimos días, tengo varias razones para desconfiar de ti. Mucho más cuando invitas a personas a mi casa sin mi consentimiento. –contestó el Kuchiki cruzándose de brazos.

Pude ver como Chihiro y Torio se alejaban de la puerta y se marchaban, no queriendo estar en medio ante la inminente ira de su maestro.

– ¿No se me permite tomar el té con un viejo conocido? –espeté cruzándome de brazos.

– No si no estoy previamente informado al respecto. –contestó Byakuya. – ¿Acaso ya se te ha olvidado en la condición en la que te encuentras, el trato que hiciste con sotaichou?

– ¡No estaba haciendo nada malo! –me quejé. – ¡Deja de hacer un gran drama al respecto! Te estás comportando como un imbécil, Byakuya.

– ¿Y esperas que crea en tus palabras? –se burló el pelinegro. Mi ceño se frunció aún más.

– Me parece suficiente, Kuchiki-taichou. –intervino Toushiro poniéndose de pie. Rangiku imitó rápidamente su acción. Ambos poseían expresiones de enojo en sus rostros.

– ¿Te atreves a hablarme así en mi propia casa? –acusó con molestia Byakuya.

– Te hablaré de la forma que sea necesaria para que dejes de atacar de esa forma a la princesa. –gruñó en respuesta Toushiro.

– Tu princesa en los últimos días ha estado conspirando con los ryoka. –acusó el pelinegro. – Y ahora mírala aquí, citando sin mi consentimiento al único capitán que sería lo suficientemente tonto para romper las reglas para cumplir con sus tontos caprichos.

No pude más. Tan pronto escuché sus últimas palabras, me puse de pie. No sabía en qué momento de la discusión había comenzado a derramar lágrimas, pero podía sentir la humedad en mis mejillas. A paso lento me acerqué a Byakuya, alcé mi vista observándolo con una expresión dolida mientras el me devolvía una mirada confusa.

– Eres realmente un idiota, Byakuya… –dije casi en un susurro antes de marcharme de la habitación. No tenía fuerzas para continuar allí y escuchar como una de las personas más importantes para mi me acusaba de ser una traidora.

Autora POV

– Creo que es mejor que nos vayamos, Matsumoto. –murmuró Toushiro dirigiendo su mirada a Byakuya.

Ambos intercambiaron miradas en un tácito enfrentamiento. Había pasado realmente mucho tiempo desde la última vez que habían tenido un confrontamiento de este estilo.

Contrario a la creencia popular, Byakuya y Toushiro se conocían desde mucho tiempo antes de ser capitanes. Ambos habían sido íntimos amigos de Sakura en su niñez, y como tal se habían visto en la obligación de convivir varias veces debido a la niña. Jamás se habían llevado particularmente bien, ambos enamorados de la princesa y siendo conscientes de los sentimientos del contrario, habían compartido una fuerte rivalidad. Cuando la pelirrosa había desaparecido sin dejar rastro, dejaron de verse, ya no tenían motivos para convivir entre sí. Años después volvieron a verse, ya ambos siendo shinigamis hechos y derechos. Decidieron ignorar por completo el hecho de que ya se conocían, actuando como si fuesen completos desconocidos. Ninguno de los dos se atrevió a mencionar el hecho de su antigua rivalidad ¿Qué sentido tenía? Después de todo, Sakura ya no estaba con ellos, su rivalidad carecía de importancia, y debían actuar profesionalmente por el bien de la sociedad de las almas.

Y a pesar de que habían decidido dejar atrás el pasado, tampoco se podría decir que eran especialmente amigos. Convivían en la medida justa que su trabajo como capitanes demandaba.

Ahora, con Sakura de regreso, era casi como si la llama de su rivalidad se reavivase. Ninguno estaba dispuesto a permitir que el contrario se acercase demasiado a la pelirrosa. No estaba seguro de que fuesen a luchar por el amor de la pelirrosa, pero aún así poseían ese sentido de sobreprotección y pertenencia hacia la princesa.

Con un paso firme Toushiro comenzó a salir de la habitación, deteniéndose brevemente al pasar junto al pelinegro.

– Si te atreves a volver a lastimarla de ese modo, te mataré. –habló mordazmente el peliblanco. Era el tono suficientemente bajo para que Rangiku no escuchase la amenaza, pero lo suficientemente fuerte para que Byakuya pudiese comprender sus palabras.

El capitán de la sexta división no dijo nada al respecto, y así… los líderes de la décima división se marcharon de la mansión con un agrio sabor en sus bocas. Realmente habían odiado ver a la pelirrosa tan dolida, pero ahora no había mucho que pudiesen hacer al respecto más que cumplir con la promesa que le habían hecho: Averiguar la verdad sobre lo que estaba sucediendo en el seiretei.

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– ¿Debemos hacer algo al respecto, Aizen-sama? –preguntó Tousen, su cabeza estaba volteada en dirección a donde el castaño estaba sentado. – Podría ser realmente un problema.

– Admito que me intriga bastante saber cómo ha logrado contrarrestar mi ilusión… Sin embargo, no creo que represente una gran amenaza. La han confinado dentro de la mansión Kuchiki, sus movimientos están estrictamente vigilados. Diga lo que diga, no la tomarán en cuenta. –contestó con calma Aizen, su mirada fija en la pantalla frente a él, donde imágenes de la pelirrosa se hacían visibles. – Eventualmente ella conocerá la verdad, pero no afecta en nuestros planes. Está previsto que ella vendrá con nosotros al final.

– Entiendo… –murmuró en respuesta el capitán de la novena división. – ¿Qué hay de Hitsugaya Toushiro?

– Por más que investigue al respecto, no logrará averiguar la verdad a tiempo. –respondió el castaño. Una sonrisa soberbia adornaba sus labios mientras sus dedos trazaban el contorno de la figura de su amada pelirrosa. En las imágenes frente a él se podía ver como la joven yacía en su cuarto, llorando por la reciente discusión que había tenido con el líder Kuchiki.

– Entonces, el plan continuará como estaba previsto. –dijo finalmente Tousen, más bien como una afirmación que como una pregunta.

– En efecto. –afirmó Aizen. – Puedes retirarte ahora, tu teniente comenzará a sospechar si pasas muchas horas aquí.

– De acuerdo. –contestó el hombre de tez morena antes de realizar una respetuosa reverencia y salir de la habitación dejando a solas al supuestamente difunto capitán de la quinta división.

La sonrisa en los labios del castaño se ensanchó mientras veía fijamente la imagen de la pelirrosa.

– Te veías tan hermosa llorando por mi en el hospital… –murmuró. – Que una zanpakuto que ni siquiera manifiesta su forma física haya sido capaz de hacerte ver a través de mi ilusión solo es una prueba más del gran poder que posees… Tengo grandes planes para ti, mi amada reina, planes que ansío poner en marcha pronto… ¿Tal vez debería hacerte una visita esta noche? Realmente tengo muchas ganas de volver a probar tus labios… –tarareó mientras apartaba su vista de la pantalla.

Una visita… Sin duda sonaba como una idea tentadora…

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Era tarde en la noche. La pelirrosa se encontraba en su cuarto ya en sus ropas de dormir. Un cepillo yacía en sus manos mientras se encargaba de peinar su larga cabellera rosada.

Luego de la discusión con Byakuya, se había negado a salir de su cuarto. Había llorado hasta que Chihiro se había atrevido a interrumpirla indicándole que dentro de pronto la cena estaría lista. Negándose a volver a ver a Byakuya, había solicitado que le trajesen la cena al cuarto, y Chihiro había obedecido sin rechistar. Tal parecía que el pelinegro tampoco tenía intenciones de acercarse a ella próximamente, pues no había oído ningún comentario al respecto de por qué no lo había acompañado a cenar.

Finalmente, cuando terminó de cenar, Chihiro se había llevado los platos sucios y había vuelto después para ayudarla a cambiar su lujoso kimono por una simple y cómoda yukata de noche. La sirvienta se había ofrecido a ayudarla a cepillar su cabello, pero Sakura se había negado alegando que ella misma podía hacerlo. No queriendo ser insistente, Chihiro aceptó rápidamente su voluntad, deseándole buenas noches y recordándole que podía llamarla ante cualquier necesidad que surgiese para posteriormente abandonar el dormitorio.

Lo cual llevaba a la situación actual en la cual Sakura se encontraba sentada a unos pocos metros de su futón, cepillando su propio cabello mientras su mente divagaba acerca de los diversos acontecimientos que habían ocurrido aquel día.

Estaba preocupada por sus amigos… No había sabido nada de Ichigo desde su enfrentamiento con Zaraki, no sabía en qué condiciones se encontraba, y le asustaba pensar que tal vez el capitán de la undécima división había acabado con él. Ganju y Chad habían resultado realmente heridos gracias a Byakuya, e incluso si lograban sobrevivir, estaba segura de que habían sido capturados. Aún no tenía noticias de Uryuu y Orihime, no había podido encontrarse con ninguno de los dos, y el hecho de saber que alguno de los dos había sido tan desafortunado de tener que enfrentarse a Kurotsuchi no la dejaba tranquila. Tampoco había sabido nada de su madre en un buen tiempo, y si bien sabía que ella podría apañárselas mejor que el resto, la preocupación seguía latente.

También le preocupaba Hanatarou, Tsunade y Mito. Si alguien llegase a descubrir que esos tres la habían ayudado, sin duda significaría una gran cantidad de problemas para ellos. Y ni hablar de la preocupación que sentía hacia Rukia. No había conseguido rescatarla, la joven podría ser ejecutada en cualquier momento debido a que no habían sido lo suficientemente fuertes para hacerle frente a Byakuya. La vida de la pelinegra pendía de un hilo y ella no podía hacer nada.

Un gran suspiro escapó de sus labios.

Había sido totalmente infantil de su parte pensar que simplemente podría llegar a la sociedad de las almas, implorar porque liberen a Rukia y todo se resolvería. Era una princesa únicamente de nombre, no tenía la autoridad para exigir nada, e incluso si formase un argumento lo suficientemente razonable de por qué estaban castigando injustamente a Rukia, nadie la escucharía.

No había podido hacer nada por la pelinegra, y ni siquiera había tenido la oportunidad de ponerse al día con todo el mundo. Había estado tan centrada en su supuesta misión que incluso Aizen había desaparecido sin que siquiera pudiese pasar algo de tiempo con él.

Aizen… La situación acerca de él la preocupaba bastante ¿Estaría realmente muerto? ¿Estaría vivo? ¿Estaría bien? ¿Por qué alguien querría hacerles creer que estaba muerto? Tantas incógnitas que no obtenían respuesta…

Tal vez todo hubiese sido más fácil si se hubiese quedado en el mundo humano junto a su padre… ¿¡Por qué siquiera estaba considerando esto!? No. Hubiese sido completamente egoísta de su parte si se hubiese quedado de brazos cruzados sin siquiera intentar hacer algo. Por más mal que estuviesen las cosas, no podía arrepentirse de la elección que había hecho.

– Pareces realmente abrumada, mi querida… –la repentina voz la sobresaltó, y un chillido de terror escapó de sus labios.

Rápidamente su mirada se dirigió al origen de la voz, y sus ojos no tardaron en llenarse de lágrimas al ver a nada más y nada menos que Aizen Sosuke. Dudó antes de ponerse de pie, mientras silenciosamente le preguntaba a su zanpakuto si la imagen frente a ella era real o una mera ilusión. Cuando la confirmación llegó a ella, no tardó en correr a los brazos del castaño, rompiendo en llanto. Una suave sonrisa surcó los labios de Aizen mientras envolvía sus brazos protectoramente alrededor.

– R-Realmente eres tú… Santo cielo… Estaba tan preocupada. No podía creerlo cuando escuché que estabas muerto, y luego mi preocupación creció cuando vi que no eras tu el que estaba en esa camilla del hospital… –sollozó la pelirrosa. – ¿Dónde estabas? ¿P-Por qué todos te creen muerto? –comenzó a bombardearlo con preguntas.

La desesperación en los ojos de la pelirrosa resultaba sumamente entretenida y tierna a ojos de Aizen quien dejó escapar una suave risa antes de guiar a la pelirrosa hacia su cama, sentándose en esta con la joven sobre su regazo, tal y como solían hacerlo años atrás antes de que ella desapareciese.

– Lamento haberte preocupado mi querido cerezo… Tuve que fingir mi muerte por seguridad. –contestó con calma el castaño mientras trazaba suaves círculos en la espalda de la pelirrosa.

– ¿Fingir tu muerte? –repitió confundida la pelirrosa.

– Creo que habrás notado que algo extraño está sucediendo en el seiretei. Comencé a investigar luego de que la sentencia de Kuchiki Rukia fue dada. A medida que mi investigación avanzaba, comencé a darme cuenta lo peligrosa que era la situación. Me vi en la obligación de fingir mi muerte para continuar con mi investigación. –mintió Aizen, observando con diversión como la pelirrosa creía sus palabras. Era tan inocente e ingenua, tan fácil de manipular…

– ¿Qué es lo que está pasando, Aizen? Estoy realmente preocupada por lo que pueda pasar… –murmuró Sakura. Su mirada era desesperada mientras que sus manos se aferraban con fuerza a los hombros del capitán de la quinta división.

El castaño sonrió mientras depositaba un casto beso sobre la frente de la pelirrosa.

– No puedo darte detalles… Es demasiado peligroso y odiaría ponerte en peligro luego de que finalmente regresaste a casa. –contestó Aizen. – Estoy tan feliz de que estés aquí… Estaba tan perdido cuando la noticia de tu desaparición se propagó. Hirako y yo movilizamos a toda la división en tu búsqueda.

– ¿Qué sucedió con Hirako? –preguntó la pelirrosa ante la mención del antiguo capitán de la quinta división.

– No es algo que debamos hablar ahora. –contestó Aizen comenzando a acortar la distancia entre sus rostros. – En este momento solo quiero disfrutar de tu compañía… –susurró seductoramente antes de tomar los labios de la pelirrosa en un apasionado beso el cual la joven respondió torpemente.

Estaba tan confundida que no conseguía hacer otra cosa más que seguirle el juego al castaño. En esos momentos era tan maleable, tan sumisa ante el castaño… y a él le fascinaba.

Dentro de poco sus planes se consumarían. Dentro de poco finalmente Rukia sería ejecutada y el obtendría el Hogyoku, entonces se marcharía a Hueco Mundo con Gin, Tousen y Sakura. Dentro de poco… Solo debía esperar un poco más…