Temeridad

Sev dejó que Deborah se fuera antes. La Sala Común ya se había quedado vacía, todo el mundo se había marchado a la Biblioteca. Subió al dormitorio, Jack y Anthony no estaban. Sacó del baúl el libro de la Magia Roja y del cajón de la mesilla el Giratiempo. ("Habría estado bien darme una ducha, pero no voy a hacerla esperar. No pasa nada, también hay ducha en el servicio del dormitorio oculto, podemos ducharnos juntos, algo que nunca he probado, así que también me llevo el coletero, una muda y el despertador.")

Cerró las cortinas del dosel de su cama y las protegió. Deborah llegó a los cinco minutos. ("Wow… se ha puesto una falda muy corta y ajustada, botas bajas y camisa. Nunca me había fijado en ella en uniforme. Vaya piernas tiene, duras como rocas. Está en muy buena forma, si fuera más alta sería una mujer impresionante, como Lauren.") Ella se vinculó.

-Ya veo que te gusta…

-Estoy a cien, Deborah, no me aguanto más. Hoy te voy a reventar. Pasa delante.

-¿No vamos a tu cama?

-No. Tengo un lugar privado para los dos, donde podrás gritar sin Muffliato.

-Eres una caja de sorpresas.

-El viejo nos preparó un dormitorio para Anthony y para mí, por si no se marchaban los maléficos, para que estuviéramos protegidos. Él no conoce que existe.

-Vaya…

-Pasa. Hasta el fondo.

("Así la miro por detrás. Voy como una moto, no sé si seré capaz de contenerme. Ya casi me da igual.") Él abrió mentalmente el espacio oculto, apareció la puerta y se la abrió.

-Quédate en la entrada, vamos a usar el Giratiempo.

-Si tenemos tiempo de sobra, Prince, son las ocho y veinte.

-Tenemos muchas cosas que hacer, Deborah, y quiero que durmamos nueve o diez horas, mañana tenemos un día de veintiocho y esta noche te voy a reventar. Vamos a usar el Giratiempo.

-Tú mandas, Prince.

Pasaron, él cerró la puerta y se quedaron en la entrada.

-Nadie sabe que estamos aquí, la puerta desaparece, como la de la Sala de Menesteres o la de la Sala de Entrenamiento, y no se oye nada desde el exterior.

-Maravilloso.

-Déjame calcular cuántas horas necesitamos. ¿A qué hora vas a marcharte a tu dormitorio?

-A las siete y media.

-De acuerdo. Habrá que despertarse a las siete para comenzar bien el día. ¿Te parece?

-Por supuesto.

-Diez horas para dormir, hay que hacerlo a las nueve.

-Tenías razón, claro que necesitamos el Giratiempo.

-¿Le damos al máximo?

-¿Cinco horas más? – asombrada.

-Sí, quiero hacer muchas cosas contigo, tenemos mucho tiempo que recuperar. Si nos cansamos y nos dormimos más temprano, más tiempo por la mañana.

-Perfecto, entonces.

Él sacó el Giratiempo, pasó la cadena en torno a sus cuellos y giró cinco vueltas el mecanismo.

-Ya está. Son las tres y veinte de la tarde.

-Vaya invento el Giratiempo.

-Desde luego, qué suerte que somos brujos. Venga, a la cama, la de la izquierda.

-No, no. A la cama tú.

-Vale.

-Desnúdate y quédate en ropa interior.

-Tú mandas.

Sev dejó los bártulos sobre la mesilla y se sentó en la cama para descalzarse. Ella se quedó a unos pasos, mirándolo.

-No te quedes sentado, quítate la ropa en pie, que te vea hacerlo.

("Vaya, no se ha roto el Vínculo desde tan lejos y sin mirarnos, ya podremos comunicarnos a través de la mesa del Comedor. Y vaya… quiere admirarme, y seguro que ella hace lo mismo después. Qué bien que hemos venido aquí, en mi cama no habríamos podido hacerlo. Buah… ya estoy frenético, cómo me voy a poner. El primero va a ser muy corto. Que se fastidie, por provocarme así. Me debe la de anoche.") Se quitó también los calcetines y se puso en pie.

Empezó quitándose lentamente la guerrera y la camiseta, sin dejar de mirarla. ("Cómo me mira. Ya te digo que estoy como un tren, ya verás cómo me dice algo.")

-Merlín, ya estoy caliente, sólo de verte, estás de toma pan y moja.

Sonrió satisfecho. ("Qué expresión más graciosa, nunca la oí.")

-Dale a los pantalones también.

Se los bajó hasta los tobillos y se los sacó con los pies.

-Un cuerpo perfecto. Pasaría una hora sólo mirándote.

-¿Ves cómo necesitábamos el Giratiempo al máximo? Mira todo lo que se te antoje.

Pasó largos minutos haciéndolo. ("Así se me va a pasar el calentón. No importa, luego me calienta ella.")

-De perfil – le pidió ella y él la obedeció - Vaya trasero.

Él rio avergonzado.

-Deborah, me está dando vergüenza.

-Pues que no te la dé, estás como un tren. Déjate admirar, eso sí qu es mérito tuyo, si estás tan fuerte es porque te lo has trabajado.

-Tienes razón. Gracias, Deborah.

Pasaron unos minutos más.

-Ahora de espaldas.

Él se giró del todo.

-Wow… pensaba que era imposible de mejorar. Vaya espalda tienes, eres perfecto. Qué buen ojo tengo - siguió mirándolo unos minutos más - Ya sé lo que vamos a hacer cuando decaiga el tema. Vamos a luchar desnudos. Quiero verte en acción.

-Muy buena idea. Nunca se me habría ocurrido.

-Imagino que se te ha pasado el calentón. A mí no. ¿Cómo quieres seguir? ¿Quieres que me desnude yo o prefieres hacerlo tú?

Él se giró.

-Me encantaría cualquiera de ambas cosas.

-Lo que más te ponga.

-Desnúdate tú, quiero mirarte también.

-Túmbate si quieres, pero preferiría que no. Así sigo caliente yo también.

-De acuerdo. Dale.

Ella se sacó primero las botas y la falda.

-Wow… qué piernas, Deborah. Me muero de ganas de catarlas.

-Pues aguántate las ganas un poco, así te vas calentando.

-Ya lo estoy.

-Así me gusta. ¿Quieres que siga?

-No. Date la vuelta.

Ella se giró.

-Tú también estás muy fuerte. Vaya gemelos.

-Por supuesto. Yo también me lo trabajo.

("Seguiría mirándola, pero no quiero que se le pase el calentón a ella.")

-Mírame otra vez.

Ella se giró de nuevo.

-¿Sigo?

-Sigue.

Ella se desabrochó muy lentamente la camisa y se la sacó sensualmente. Debajo llevaba un salto de cama, negro, con encaje en los bordes.

-Wow… Deborah. Eso sí que quiero quitártelo yo.

-Préstamo de Valerie.

-Vaya… habéis tenido una buena charla de secretos de chicas.

-Sí, cuando hemos ido a la enfermería. Voy a contarte algo que me ha dicho, me ha dado permiso para hacerlo.

-Ya sé lo que es.

-¿Qué?

-Que yo también le gusto.

-A ti tampoco se te escapa una. Cuando le ha vacilado a Andrew con ser compartida se refería a ti.

-Ya lo sabía.

-Me pone mucho que te deseen así las mujeres y tenerte para mí. Soy una privilegiada.

-Vaya...

-No me importaría que te lo hicieras con ella.

-¿Ya se te ha pasado lo de ser posesiva?

-Sí, por completo. Entiendo que no estás hecho para una sola mujer. Sería un desperdicio, y me pone imaginarte con otras.

-Nunca me lo haré con Valerie, no le haría eso a Andrew. Son perfectos el uno para el otro.

-Cuando aprendan Oclumancia, háblales de la Magia de la Luna, estoy segura de que él la aceptará. No renuncies a Valerie, es excepcional y te desea mucho.

-Lo pensaré de aquí a entonces.

-La harías feliz, y él también la valoraría más si tú la deseas.

-Claro... tus maniobras.

-Y estrecharía los lazos entre todos, como en las sociedades primitivas.

-Cómo has cambiado en veinticuatro horas, Deborah.

-Gracias a ti.

("Destinado a cambiar vidas a mejor.")

-Ya comienzo a imaginarla a ella con ese modelito que llevas.

-Precisamente por eso me lo ha prestado, para provocarte.

Sev pasó a viva voz.

-¡Qué malas sois!

Deborah rio y respondió vinculada.

-Claro, ¿qué te pensabas?

-Pues pienso hacérmelo con ella en cuanto me dé ocasión.

-Qué caliente me pone imaginaros.

-¿Te has puesto caliente también con el intercambio con Paul?

-Por supuesto. También me pone mucho, es magnífico.

("Ya te digo que le ha gustado, y ella a él. Pero quiero estrenarla yo. Que espere.")

-He pensado mientras hablabais que él iba a ponerte caliente y luego te iba a disfrutar yo, y también me he puesto.

-Lo sabía. Por eso nos hemos sentado así.

-Lo habéis planeado todo entre Valerie y tú.

-Claro que sí. Pero que sepas que te voy a esperar, aunque acabe eligiéndolo a él. Que espere también.

("¡Toma ya! Yo le pongo mucho más.")

-Como me entere de que te toca un pelo, lo marco también a él.

-Cómo me pone que me digas eso, Prince, que me quieres sólo para ti. Tranquilo, sólo lo utilizaré para provocarte.

("Wow… me encanta.")

-Por el momento, lo voy a enseñarle Oclumancia para que pueda formar parte de la escolta de verano – continuó ella - Él tiene el talento seguro.

-Vaya, Deborah, dos pájaros de un tiro. Conectas con él y me consigues otro buen guerrero.

-Claro que sí, hay que aprovechar bien el tiempo, tenemos mucho trabajo.

-Pero tú no lees mucho.

-Sí que leo, he estado practicando mucho con Anthony. Ya llego a profundos.

Sev pasó a viva voz.

-¡Qué callado te lo tenías!

Deborah respondió vinculada.

-Siempre esperando al momento oportuno. Sabía que ibas a necesitarlo en cuanto Jack te fallara.

-¿Entonces por qué no me has propuesto leer tú al Rave de sexto?

-Porque no quiero que rompas del todo tu buena relación con él. También os hacéis mucho bien.

-Tienes razón. Hoy nos ha costado vincularnos, pero en cuanto se lo he propuesto, ha vuelto a surgir la confianza.

-Claro, debemos estar todos unidos.

-Entonces ya se te está pasando también lo de ser rencorosa.

-Por supuesto.

-Deborah, has vuelto a nacer.

-Gracias a ti. Vamos a seguir, que no decaiga el tema.

-No decae, Deborah. Tu inteligencia y conversación también me ponen mucho.

-Y a mí las tuyas. ¿Dónde quieres desnudarme? ¿En la cama o en pie?

-En pie, para verte bien entera. Ven aquí.

Ella se acercó de frente a él. Él se arrodilló y recorrió con las manos sus piernas desde los tobillos, palpándolas con firmeza, deleitándose en ellas.

-Cómo me tocas, Prince. Sería capaz de llegar así.

-Eres dura como una roca, Deborah. Buah… estoy a cien. Te vas a enterar de lo que es bueno.

Pasó varios minutos disfrutando sólo de sus piernas. Llegó a su trasero.

-Buaaah… qué duro.

-Eso mismo me decías anoche.

-Vaya…

Al tiempo que la masajeaba por debajo de la ropa interior, aproximó la cara su a sexo, aspirando y le echándole el aliento.

-Wow… qué bien hueles, debes saber genial.

-Nunca me lo han hecho con la boca.

-Vaya… pues hoy lo vas a probar.

-No me lo han hecho porque no he querido. Yo nunca lo he hecho con la boca.

-No me importa. Yo sí que lo hago y voy hacértelo aunque tenga que obligarte.

-Cómo me pone que me digas eso, Prince.

("Lo sabía. Qué sucia es, cómo me gusta. Voy a decírselo.")

-Qué sucia eres, Deborah, me encanta.

-Lo sabía, a ti más que a nadie. Pudiste haber sido Mortífago, y eso también me pone mucho.

("¡Toma ya! Y en eso no hay quien me alcance. Se lo hago ya mismo, ella me merece más que nadie, me acepta tal como soy.") Le bajó la ropa interior y se la sacó por los pies.

-Abre las piernas – autoritario - Voy a hacértelo ya mismo. Te vas a enterar de lo que es bueno.

Ella las abrió. Le levantó el salto de cama, la abrió con los dedos y comenzó a lamerla con fruición y ella a jadear.

-Wow… Prince… es alucinante…

-Claro, boba. ¿No ves lo que te estabas perdiendo?

-Ya te digo...

-Y lo mereces más que nadie. Me aceptas con todos mis defectos.

La aferró por el trasero para presionar más contra su lengua. Ella a él por la cabeza.

-Buaaah…

-Qué bien sabes, Deborah.

-Y tú lo haces genial… eres maravilloso... ¿Puedes mirarme…?

-Claro.

Levantó la mirada hacia ella. ("Se siente poderosa por tenerme a sus pies.")

-¿Te sientes poderosa, Deborah?

-Sí… mucho… voy a hacértelo con la boca yo también…

-No quiero que hagas nada que no te apetezca.

-Pero quiero… estoy segura de que contigo me va a gustar… Tendrás que enseñarme…

-No tengo nada que enseñarte, me lo haces como te salga. A mí me va a gustar seguro, hagas lo que hagas. No pienses en eso ahora, disfruta.

-Me pone mucho imaginar que te lo hago…

-Entonces piensa en ello, imagínalo, pero no me lo cuentes, quiero llevarme una sorpresa.

Siguieron así unos cinco minutos, en silencio mental.

-Cómo estoy disfrutando… como nunca… Ya ha cambiado otra vez el recuerdo de mi Patronus… Qué razón tenías…

("Y sin haber llegado. Podría meterle el dedo, pero voy a esperar a ver si llega así y lo reservo para luego.")

-Dime cosas sucias…

-Me gustaría morderte y hacerte sangrar también aquí.

-Hazlo…

-No. Es muy delicado y no querrás que Poppy te cure aquí. Aprenderé a curar y te lo haré cuando sepa.

-Vale…

-Tampoco quiero que te haga esto nadie más hasta que yo te rompa.

-Claro que no… soy tuya… no pienso hacérmelo con nadie hasta que estés listo… Ya conoces… mi característica… a ti sí que quiero serte fiel…

("¡Toma ya!")

-Estaremos en verano también si encontramos dónde hacerlo. No te haré pasar hambre.

-Me encargaré de buscar dónde…

("Yo ya sé dónde le va a poner a cien que se lo proponga.")

-¿Sabes dónde se me ocurre?

-Dime…

-En alguna pensión de Knockturn.

-Buah… Prince… qué peligro…

-¿Y no te pone que sea peligroso?

-Por supuesto…

("Lo sabía. A mí también me pone mucho.")

-Entonces lo haremos, tenemos el escudo. Nos escapamos los dos.

-Mataría y moriría por ti…

("¡Toma ya! El primer día.")

-Voy a llegar… más fuerte…

Él presionó con todas sus fuerzas. Pasaron un par de minutos.

-Ah… me cuesta…

-No tengas prisa. Imagina que nos pillan en Knockturn así y tenemos que cargárnoslos medio desnudos.

-Ah… sí… sería fantástico…

-Que se enteren de que el amor es la magia más poderosa.

-Ya te digo…

-También quiero que nuestra primera vez sea allí. Aprovecharemos alguna salida a Hogsmeade y nos Apareceremos.

-Por supuesto…

-Te romperé en Knockturn, en un nido de Mortífagos, como lo habría hecho de serlo.

-Aunque te hicieras Mortífago seguiría contigo…

-No lo dudo.

-Ya…

La sintió latir contra su lengua, gritando.

-Llegaste, Deborah.

No se detuvo hasta que ella terminó. Después se incorporó, todavía arrodillado, y la abrazó. Ella le acariciaba la cabeza.

-Buah… Prince, cómo te quiero. Yo pensaba que era imposible quererte más, me revientas el pecho. Daré mi vida por ti, nunca amaré a nadie como a ti.

("Estoy seguro de que dice la verdad, no hay otro como yo. Pero he de animarla a que encuentre su camino. No puedo hacerme cargo de tantas mujeres, y menos todavía con todo el trabajo que debo hacer en esta vida.")

-No pienses eso, Deborah. El amor no tiene límites, ya has oído a Valerie, hay de sobra para repartir.

-Lo de Knockturn no iba en serio, ¿verdad?

("Por supuesto que iba en serio.")

-¿Por qué no?

-Yo no quiero, Prince. Me ha valido para ponerme más, pero es una temeridad. No quiero que mueras.

-Tienes razón, Deborah. No lo haremos.