Para no aburrirse

Deborah y Sev continuaron abrazados un rato, mientras ella se recuperaba. ("Voy a contarle lo del espejo, ella me ha declarado amor eterno.")

-¿Sabes? Hoy te he visto en el espejo.

-Ya me viste ayer.

-No. Me refiero a mi deseo solo.

-¿Qué es lo que deseas tú solo?

("Se atreve a preguntarme, qué bien.")

-Estar rodeado de la gente que amo, los más cercanos, apenas cuatro personas, y una de ellas eres tú.

-Vaya…

-Ayer no te veía y hoy sí.

-Claro, Prince. Desde ayer me amas como yo a ti.

-¿No quieres descansar en la cama un rato?

-No, quiero seguir. Yo también quiero catarte a ti, no te he tocado y eres magnífico. Quiero tocarte entero, ponte en pie otra vez.

("Bien, así me pone bien caliente para mi turno.")

Él se levantó de nuevo y se dejó acariciar por ella. Primero levemente, de los pies a la cabeza, apreciando cada forma y textura de su cuerpo, al tiempo que le hablaba:

-Eres perfecto. Nunca hubiera soñado tener para mí un cuerpo semejante. Voy a seguir contigo, quiero verte desarrollarte completamente como hombre.

("Buf… me obnubila tanta admiración, pero tiene razón. Voy a superarlo y a sentirme orgulloso de mí mismo. Esta mujer me lo levanta todo. Se me había pasado el calentón pero me he recuperado al instante cuando ha pasado a las caricias más intensas, cómo me desea.")

-Voy a hacértelo con la boca ya mismo – le dijo ella.

("Va a ser corto, pero no importa, hay mucho tiempo y si quiero lo repetirá.")

-De acuerdo.

-Quédate en pie, quiero hacértelo de rodillas como tú a mí.

Lo tocó por fin por encima de la ropa interior y le dijo:

-Ya he notado esta tarde, y por eso he decidido hacértelo así, que posees un auténtico monumento, por eso también te he dicho entonces que quiero que me estrenes tú. Estoy ansiosa por verla y tenerla dentro de mí, aunque sólo sea en la boca.

Ella lo abrazó desde atrás y lo masajeaba estrechando su cuerpo contra sí.

-Vuelvo a estar caliente – le dijo ella.

-Entonces vamos a hacerlo de otra manera.

Él la levantó del suelo y la arrojó a la cama, boca abajo.

-Háztelo sola, yo voy a ayudarte.

-¿Y tú?

-Cuando te falte poco.

Ella comenzó a tocarse, él se sacó la ropa interior, se subió a la cama y se puso sobre ella, encajándose entre sus duras nalgas pero sin moverse, simplemente ayudándola a presionar.

-Las camas del colegio son horribles – dijo ella - Son muy blandas.

-Tienes razón. Otra cosa que pedirle al viejo, los colchones se pueden convocar. La próxima vez vamos a la Sala de Menesteres y demandamos un dormitorio en condiciones.

Continuaron así unos diez minutos. ("Le cuesta mucho llegar, como a Lily al principio.")

-Ya me queda poco…

-Allá voy.

Él se encajó entre sus pliegues.

-Agárrala con las manos y háztelo con ella.

Ella lo hizo.

-Muévete tú también...

-Desde luego.

Él se movía muy lentamente como le gustaba a ella. Llegó a los dos minutos, gritando de nuevo.

-Ya está… ¿Por qué no hemos comenzado así desde el principio…?

-Porque no hay ninguna prisa y habría tenido que contenerme, Deborah. No me gusta contenerme, sino dejarme fluir.

Cuando ella terminó él le dijo:

-Me toca. No la sueltes.

Embistió más rápido para llegar también. Cuando estaba casi a punto, le dijo:

-No te asustes por lo que voy a hacer… hoy no voy a romperte…

Introdujo la cabeza en su umbral, descargándose en su interior, mientras le decía:

-¿Ves…? Ya me he derramado dentro de ti... eres mía…

-Sueño con el día que me llenes hasta el fondo.

-Lo haré… Deborah… pero si me esperas para que sea el primero… Si no, te quedarás sin ella...

-Eso ni soñarlo. Aunque tuviera que esperar años.

-Descuida… no serán años…

Se dejó caer sobre ella y le daba besos en la cabeza. Al rato ella le dijo:

-Estoy exhausta, pero quiero seguir. Ahora ya te debo dos.

-Yo también estoy cansado. No te preocupes, me las apunto, ya te las cobraré. Vamos a intentar dormir, aunque sea un rato, si nos despertamos de madrugada ya continuaremos.

Eran las cinco menos cuarto de la tarde, pusieron el despertador para las dos y media de la madrugada y se metieron en la cama a dormir, abrazados. Ambos lo hicieron al instante y del tirón hasta que sonó el despertador. Sev lo apagó, lo puso una hora más tarde y continuaron dormitando, dándose besos y caricias.

("Qué bien me sienta estar con esta mujer, estoy como nuevo, cuánta razón tenía Lauren. No quiero abandonarla nunca, aunque tenga que repartirme.") Cuando sonó el despertador otra vez, Deborah le propuso:

-Vamos hasta las cocinas a comer algo.

-Desde luego, estoy hambriento. Saco el Mapa para vigilar a Filch.

Sev sacó el Mapa y lo estudiaron. Filch estaba en el segundo piso.

-Vamos ya – dijo Deborah.

-No, no te confíes, patrulla sin orden ni concierto. Espera a ver adónde se dirige.

Filch tomó el pasadizo hasta el quinto piso. Sev se carcajeó.

-¿Has visto? Le encanta ese pasadizo, siempre va por ahí.

-Vamos ya, que ahora está lejos.

-No, espera, a ver si patrulla el quinto o vuelve a bajar.

Filch no patrulló el quinto, subió al sexto y comenzó a patrullar.

-¿Te das cuenta? – dijo Sev carcajeándose - Lo que te decía, sin orden ni concierto.

-Ya te digo – ella también lo hacía.

Siguieron riendo mientras continuaban hablando.

-Vamos ya – dijo él, plegando el Mapa para seguir viendo el sexto.

-¿Así? ¿Qué dices? Habrá que vestirse.

-¿Para qué? Sólo nos verán los elfos y ellos no se chivan. Venga, vamos, Filch puede volver a bajar en cualquier momento.

-Al menos los zapatos y tú la ropa interior.

-No, vamos ya. Sigilosos en el dormitorio y después corriendo.

Lo hicieron. Salieron sigilosamente del dormitorio oculto, luego del común y después corriendo por las escaleras a la Sala Común, las mazmorras y hasta la planta baja y las cocinas, él por completo desnudo, ella en salto de cama, ambos descalzos, a carcajada limpia. Sólo llevaban las varitas y el Mapa.

Comieron allí mismo, era la primera vez para Deborah que andaba de noche por el castillo, y él estuvo contándole de sus correrías desde primer año, incluido cómo había espiado a Pince para acceder a la S.P. y poder robar libros de Magia Oscura. Ella estaba encantada, y se echaron también unas buenas risas.

Volvieron al dormitorio llevando más provisiones. ("Ahora estamos los dos frescos, es mi turno por fin, a ver si me lo propone ella.") En efecto, en cuanto entraron, ella le dijo:

-Quédate en pie, quiero hacértelo de rodillas.

-Déjame ponerme caliente primero tocándote, me queda mucho por catar.

Él le amasó los pechos a través del salto de cama. ("Los tiene más grandes que Lily pero aun así separados y muy duros. Ella tampoco podría hacerme nunca lo que me hizo Audrey. No importa, ya me lo hará Lauren. Los de Deborah son perfectos así.") Ambos se pusieron frenéticos casi de inmediato.

-Buaaah, Deborah… Todavía no te los he visto, pero me parecen perfectos, voy a mordértelos también.

Lo hizo a través de la tela, con lo que ya estaban los dos a cien, mucho más calientes que antes de dormir.

-Vamos a dejar para luego lo de hacérmelo con la boca, me iría enseguida.

Se tumbaron en la cama y lo hicieron como por la tarde, pero sin ropa y con ella encima.

-Así tengo yo ahora el control…

("Lo hace muy lento pero genial, me encanta, y no me voy así. Es perfecta para mí.")

-Lo haces perfecto… Deborah…

-Así es como siempre he llegado con alguien antes que contigo…

Él seguía tocando y mordiendo sus pechos a través de la tela y entonces sí que se volvió completamente loco. Ella también, y llegaron ambos muy rápido, a la vez.

Ya eran las cuatro y media, descansaron un poco y Sev le dio a leer el capítulo del Vínculo como Pareja de la Magia Roja. Ella lo hizo en silencio, sin comentarle nada, y cuando acabó él le propuso:

-Quiero hacerlo contigo.

-Yo no, Prince, me llega con lo que tenemos. Eso de no poder ocluir todo lo que siento por ti me parece abrumador para ti. Es demasiado intenso, no disfrutaríamos de estar vinculados como estamos haciéndolo.

-Ya, quizá tienes razón.

-Eso creo. Dejaríamos de conservar los pies en la tierra, y en la situación que estamos no nos lo podemos permitir. Ambos tenemos un papel fundamental. Quizá cuando llegue la paz.

("Deberé pensar mejor lo de hacerlo con Lily y Lauren, porque es cierto, todos tenemos sentimientos muy profundos y no podríamos vincularnos en cualquier situación, pero entonces tampoco podremos hacer la Unión de las Almas. Vaya lío, esta magia no es tan perfecta como parecía.")

-Quería que leyeras también la Unión de las Almas, pero no sé si merece la pena. Si no nos vinculamos como Pareja no podremos hacerla.

-Lo leo igualmente, quiero conocerlo, quizá eso me convenza.

Deborah leyó en silencio. Al rato le dijo:

-Me salto la poción.

-Sí, sáltalo.

Ella continuó leyendo y cuando terminó le dijo:

-No me importaría hacerlo en el aspecto de conocer todo tu pasado y que tú conocieras el mío. Sería fantástico, conocernos hasta ese punto y seguir aceptándonos y amándonos, porque estoy segura de que lo haríamos.

-Sí, yo también lo estoy, en ese aspecto no tengo duda alguna, me encantaría hacerlo.

-Pero, como bien has dicho, hay que estar vinculado como Pareja y no me parece el momento adecuado para hacerlo.

-Ya, ya me lo has explicado y lo entiendo.

-Y en el aspecto de que el Vínculo no se rompe aunque uno de los dos deje de confiar en el otro, no tengo preocupación alguna. Sé con absoluta seguridad que la comunión entre nosotros va a ser de por vida. Nunca voy a fallarte, pase lo que pase, seamos lo que seamos. Ya te lo he dicho antes, incluso si cambiaras de bando te seguiría amando.

-Buah, Deborah… eso es mucho decir. Tu mayor deseo es matar Mortífagos.

-No sería la primera ni la última vez que se da el caso de amantes de bandos enemigos en una guerra, el amor está por encima de los bandos. Se puede amar a un asesino, y más siendo Sly y teniendo instinto asesino. Y de esa manera podría seguir protegiéndote si coincidiéramos en alguna batalla, te rastrearía y velaría por ti. Ya te he dicho antes que mataría y moriría por ti. No ha sido el calentón, yo nunca diría cosas así en vano, llevo mucho tiempo sintiéndolo.

-Abrázame, Deborah.

Se abrazaron.

-Te amo con todo mi ser – dijo él - Espero que nunca tengas que verte en esa situación, voy a contarte algo.

-Di.

-El viejo me ha convertido en su mano derecha.

-Ya lo sé, por supuesto que lo ha hecho.

-Sospecho que cuando me gradúe va a pedirme que cambie de bando y me convierta en agente doble para espiar al enemigo.

-No me digas…

-Sí, así lo creo. Albus es un consumado manipulador.

-Vaya…

-Hasta ahora estoy sabiendo manejarlo, lo manipulo yo a él y no él a mí. Pero según se desarrolle la guerra, quizá necesitemos espías, no los tenemos y yo sería perfecto, instruido por él y con mi pasado.

-Por supuesto que serías perfecto, su as en la manga. Pienso que sí que lo hará.

-E imaginas en ese caso lo que debería hacer, ¿no?

-Por supuesto. Cometer atrocidades para que Voldemort y Lestrange llegaran a confiar en ti, después de todo lo que está ocurriendo.

-Eso mismo.

-¿Y lo harías?

-Preferiría morir antes que matar inocentes, pero si no existe otro modo de vencerlo, tendré que hacerlo.

-Entonces haz lo que debas hacer, Prince. Estaré ahí para ayudarte a tomar la decisión cuando te llegue el momento, y continuaré protegiéndote a toda costa aunque estés aparentemente del otro lado. Incluso yo misma también me marcaría porque no estuvieras solo.

-Vaya, Deborah. Es cierto que me abruma tanto amor.

-Venceremos, Prince, cueste lo que cueste.

-Eres la primera persona a quien se lo he contado.

-Gracias por hacerlo.

-Dudo que haya nadie en el mundo que me acepte y me comprenda como lo haces tú.

-Vaya… Yo también dudo que alguien lo haga como lo haces tú conmigo. Nos vincularemos y haremos la Unión cuando todo pase, pase lo que pase. Si te ves obligado a asesinar lo aceptaré igualmente y no dejaré de amarte por eso. Mientras yo viva, nunca estarás solo.

("La amo.")

-Gracias, Deborah, no mueras antes que yo, por favor.

-Claro que no, Prince, moriremos juntos, de viejos.

("Cómo deseo poder hablarle de los horrocruxes. Ella lo comprendería todo perfectamente, mucho mejor que Lily. Y no necesitamos en absoluto vincularnos como Pareja, ya nos decimos todo lo que sentimos de palabra, absoluta honestidad. Cuánto bien me hace esta mujer, y pensar que hace menos de cuarenta y ocho horas la ignoraba casi por completo.")

Se dieron mimos y se dijeron muchas palabras tiernas para recuperarse de la nueva desazón. Cuando ya pasaban de las cinco y media volvieron a la carga. Esta vez, para ponerse a tono, Sev quiso verla desnuda por completo. ("Así le cobro una de las que me debe.")

-Sal de la cama – le ordenó.

-A sus órdenes, comandante.

Salieron ambos de la cama y le sacó el salto de cama estando ella en pie, la admiró largamente y también la tocó.

-Eres perfecta, tienes todo el cuerpo duro como una roca, y las formas de tus pechos y trasero son totalmente armoniosas y proporcionadas.

("Lástima que no sea más alta, si lo fuera, sería monumental.")

-Ya estoy frenético de nuevo.

-Ya, ya lo veo.

-¿Y tú?

-Yo también, sólo por cómo me miras, pero voy a aguantarme las ganas. No quiero marcharme hoy sin hacértelo con la boca, llevo toda la noche imaginándolo.

-Está bien, yo también llevo mucho tiempo deseándolo. Si cuando acabe todavía estás caliente, aún tendremos tiempo para otro.

-Qué potencia, Prince. Ya he perdido la cuenta.

-Y yo.

Se puso ante ella con los brazos en jarras.

-De rodillas – le ordenó.

-¿Puedo coger la almohada?

("Le va a poner que le diga que no. Me lo pregunta precisamente por eso.")

-No – tajante – En el suelo. Si te hace daño te fastidias.

Ella se arrodilló mirándolo extasiada, con los labios entreabiertos. ("Ya te digo que se ha puesto, era lo que buscaba. Ya verás, va a ser espectacular.")

-Cómo me pone ser el primero que te la meta en la boca.

Ella jadeó. ("Ya está tan caliente como yo.")

-Vamos, ¿a qué esperas? Quiero ver lo que sabes hacer por ti misma, novata.

-Lo primero, admirarla. Es preciosa, Prince… perfecta.

La acariciaba levemente con la yema de los dedos mientras la miraba extasiada. ("No debe haber visto muchas, si estaba colada por Jack hasta que se lio con Anthony, pero sí que es verdad que es agradable de ver. Y me encanta verla así, adorándola. Algún día no muy lejano la tendrá.")

-Me estás haciendo esperar.

-Allá voy.

Ella comenzó a lamerla de abajo arriba, en toda su longitud, mientras lo miraba.

-¿Te gusta? – le preguntó ella.

-Me encanta. Pero lo que más me gusta es que a ti también te está gustando.

-Desde luego. ¿Puedo mejorarlo?

-Sí, aprieta más al llegar a la punta.

-Vale…

Continuaron así cinco minutos.

-¿No te cansas? – le preguntó él.

-No, podría pasarme horas.

-Pues yo me aburro un poco. Pasa al siguiente paso.

Ella se introdujo la cabeza en la boca y la rodeaba con la lengua.

-Wow, Deborah. Eso no es de novata.

-Ya sabes, consejos de Valerie.

-Vaya… qué ganas de hacérmelo con ella.

-Alguna vez nos lo haremos los tres juntos.

-Por supuesto que sí.

("Y ya sé dónde, en el Espacio de Entrenamiento en Magia Ancestral, con las camas grandes.")

Pasaron cinco minutos más.

-Pasa a lo siguiente, Deborah, que me aburro.

Le succionaba la cabeza, al tiempo que la mordía levemente con los dientes.

-Wooow… eso nunca me lo habían hecho. Valerie es toda una experta. Dale más fuerte.

Ella lo hizo.

-Sabía que esto te iba a gustar.

-Ya te digo. Muerde más fuerte, quiero que me duela. Así aguanto más, porque esto me está gustando mucho y quiero que dure, ahora no pares hasta que yo te lo diga - la dejó hacerlo diez minutos - Maravilloso. Dale a lo siguiente.

Se la introdujo hasta la mitad y la atrapaba entre el paladar y la lengua rozándola con los dientes, entrando y saliendo.

-Wow, Deborah… eres una artista. No me creo que sea tu primera vez.

-Te juro que lo es.

-Qué afortunado soy. Como me entere de que se lo haces a otro, te quedas sin ella.

-Te juro que no lo haré.

Siguió así tres minutos más.

-Siguiente paso. Hasta el fondo.

Ella lo hizo, se la introdujo hasta el fondo de la garganta, contra el que chocaba al entrar, y cada vez que salía, la succionaba y mordía.

-Buah, Deborah... Inmejorable. Creo que el recuerdo de mi Patronus ha cambiado.

-Ya era hora.

Siguió así otros tres minutos.

-¿Me dejas terminar como me gusta a mí?

-Por supuesto, Prince. Vivo para obedecerte.

-¿Puedo irme dentro?

-Vaya pregunta estúpida. ¿Cómo ibas a irte fuera? Quiero que te derrames dentro de mí, como antes.

-Sabe mal.

-Vaya tontería, a estas alturas.

-Allá voy, entonces. Succiona muy fuerte cuando lo sientas.

-Tú mandas.

La aferró por la cabeza y se movió a su ritmo, frenético, chocando contra su garganta cada vez.

-No te vayas todavía, para al borde, me encanta que me muevas así, me pone muy caliente.

("Sly… sexo sucio. Me encanta mi casa, el Sombrero acertó.")

-Qué bien, así ya estás preparada para el próximo.

Paró al borde y lo repitieron una docena de veces. Ella lo miraba extasiada.

-Te sientes poderoso.

-Por supuesto, porque te domino, estás a mi merced, hago lo que quiero contigo. ¿Te duelen las rodillas?

-Sí.

-Me gusta que te duela.

-Y a mí.

-A la próxima me voy. Ya sabes cómo tienes que hacer.

-Dale.

Le dio, más frenético. Estalló contra su garganta y redujo el ritmo. Ella lo succionó y lo mordía algo menos fuerte que al principio, mientras él gritaba disparando largas y calientes ráfagas. Cuando, acabó, jadeante, le dijo:

-Wooow… Deborah… el mejor de mi vida hasta ahora - ella se desprendió de él y lo abrazó - Levanta, vamos a la cama - se tumbaron en la cama, abrazados - ¿Estás caliente?

-Sí, pero descansa.

-Wow… Deborah, qué feliz me haces. Eres perfecta para mí - descansaron diez minutos - ¿Se te ha pasado el calentón?

-Sí, Prince, estoy muy a gusto, nos queda menos de una hora, prefiero quedarme así.

-¿Te apetece que nos duchemos juntos? Sería mi primera vez con alguien y me encantaría que fuera contigo.

-Vale. Y luego comemos algo.

Fueron al cuarto de baño. Sev se recogió el pelo.

-¿No vas a mojarte el pelo? – le preguntó ella.

-No, me lo lavé ayer. Me cuesta mucho secármelo con la varita.

-Claro, a mí también, pero entonces no vamos a disfrutar igual.

-Ya, tienes razón. Entonces nos lo lavamos también.

Continuaron charlando en la ducha.

-Pena de mi champú.

-Ya, y del mío. El del colegio es una porquería.

-Ya te digo, y yo, que tengo el pelo muy grasiento, debía lavármelo cada dos días.

-Vaya… E imagino que nunca se te ha pasado por la cabeza cortártelo.

-Nunca, ni siquiera cuando apareció mi retrato en El Profeta. No sería yo.

-Es cierto, no serías tú. No lo hagas, sería una muestra de debilidad.

-Eso mismo pienso yo.

Disfrutaron enjabonándose mutuamente el cuerpo y la cabeza. Se pusieron calientes y se lo hicieron de nuevo, bajo el agua. Primero él a ella, abrazándola por detrás. También le introdujo un dedo y apreció que su barrera no era tan estrecha como la de Lily. ("Quizá a la próxima pueda meterle dos, en otra posición que me maneje mejor.")

-Wow… Prince… cuántos trucos sabes… eres todo un experto…

-Porque no me dedico a meterla y ya está.

-Contigo no hay quien se aburra… Ya he perdido la cuenta y todos han sido distintos… - le costó llegar pero lo consiguieron - Ahora tú. ¿Quieres con la boca otra vez?

-No, me llega con la mano.

-Te caliento bien con la mano pero acabamos con la boca. Quiero que te vayas dentro de mí otra vez.

-Entonces dale ya con la boca, me voy enseguida.

Ella se arrodilló.

-Dale, muéveme tú.

Él lo hizo. Llegó al minuto y medio. Siguieron conversando mientras salían de la ducha y se secaban el pelo con las varitas.

-Qué potencia, Prince, después de todos los que llevas.

-Estoy en buena forma.

-No, eso no tiene nada que ver. Eres muy potente tanto para ponerte como para irte. Tiene que ver con las hormonas.

-¿Qué son las hormonas?

-Sustancias reguladoras que segrega el cuerpo. Tienen muchas funciones, y entre ellas, la de ponerse caliente.

-Vaya…

-Y con semejante pedazo que tienes, es más difícil aún, pues requiere que se llene de sangre.

-¿Qué dices? – asombrado.

-Claro. ¿Cómo pensabas si no que se te levanta?

A él le dio la risa nerviosa. ("Es demasiado sincera para mí, me abruma.") Ella también rio.

-La verdad es que nunca me había parado a pensarlo.

-Biología. Una ciencia muggle.

-Lo que quiere estudiar Remus.

-¿En serio? ¿Va a estudiar una carrera muggle después de graduarse?

-Sí, eso me dijo el viernes cuando lo vi de noche.

-Qué interesante. A mí me gusta, leo sobre el tema. Me interesa el tema sexual, me informo mucho. Ahora hay mucha información, ya sabes, los muggles están en plena revolución sexual.

-Sí, lo que nos robaron a nosotros hace siglos ahora lo toman para ellos.

-Hemos de seguir leyendo juntos el libro de la Magia Roja. Y conseguiré libros y revistas muggles para pasarte, así aprendemos cosas juntos y también puedes compartirlas con tus otras mujeres.

-Vaya… estupendo, Deborah, porque a mí también me interesa mucho.

-Así hacemos algo más que darnos revolcones.

Se carcajearon.

-Desde luego, y también nos servirá para ponernos.

-Cuando lo hagamos por fin, estudiaremos juntos el Kama Sutra.

-¿Qué es el Kama Sutra?

-Un tratado indio milenario, que habla del amor de pareja y las relaciones sexuales.

-Vaya… ¿Indio, de la India, la antigua colonia inglesa en Asia?

-Claro, perdona, olvido que apenas sabes Geografía.

-¿Y dices que es milenario?

-Sí, en India predomina una religión mucho más tolerante con la sexualidad que el cristianismo, o al menos así era en aquellos tiempos, porque ahora las mujeres viven totalmente sometidas a los hombres.

-Vaya… Cuántas cosas interesantes de las que hablar contigo, Deborah.

-Desde luego. No nos va a llegar la vida.

-Cuéntame más del Kama Sutra. ¿Lo has leído?

-Claro que lo he leído. Es un código sobre cómo deben comportarse los miembros de una pareja para llevar su relación a buen término, desde el aspecto más público al más privado.

-Qué interesante.

-Y en el aspecto privado, incluye multitud de posturas diferentes en las que realizar el acto sexual.

-Vaya… qué bueno.

-Para no aburrirse. Como haces tú sin saber nada, más mérito todavía. Eres un dios del sexo.

Volvieron a reír.

-Gracias, Deborah.

-También clasifica a los hombres y mujeres según el tamaño de sus órganos.

-Ah, ¿sí?

-Sí. Los hombres, en orden de menor a mayor, sois liebres, toros o caballos.

-¿Y yo qué soy?

-¿Todavía tienes que preguntarlo? – carcajeándose.

-No he tenido nunca con quién compararme, no me fijo en eso en los otros chicos.

-Eres caballo, y de los grandes.

Rieron los dos.

-¿Y las mujeres?

- Cierva, yegua y elefanta.

("Lily debe ser cierva.")

-¿Y tú qué eres?

-No lo sabré hasta que deje de ser virgen.

-Claro…

-Y luego están las combinaciones.

-Cuéntame.

-Las mejores son las del mismo tamaño. Liebre con cierva, toro con yegua y caballo con elefanta.

-Claro…

-Las siguientes mejores son aquéllas en las que el tamaño del hombre es un grado mayor que el de la mujer. Cierva con toro y yegua con caballo.

-Claro…

-Yo pienso que son mejores que las que recomienda. Mejor cuanto más llena, al menos así nos gusta a nosotras.

-Ya. Pero para nosotros es peor, cuanto más estrecha es la mujer, más nos cuesta contenernos.

-Claro, por eso recomienda las otras. Y luego están las desfavorables, aquéllas en las que el hombre es menor que la mujer. Liebre con yegua y toro con elefanta.

-Claro...

-Y las peores son las extremas. Cierva con caballo, mujer pequeña y hombre grande, provoca relaciones sexuales muy cortas aunque muy satisfactorias.

("Vaya… con Lily.")

-Pero la peor de todas, como podrás comprender, es liebre con elefanta, un hombre pequeño con una mujer grande.

-Claro, apenas se sienten.

-Y nunca llega a golpearle el fondo, que es también una fuente de placer para ambos.

-Vaya, eso del fondo no lo sabía.

-Más Biología, el cérvix, el cuello del útero, donde se gestan los bebés.

-Claro...

-Las chicas, cuando nos ponemos calientes, sentimos escalofríos ahí, es un punto erógeno también, muy importante. Por eso es tan esencial que el hombre tenga un buen tamaño.

-Jo, Deborah, cuántas cosas me estás enseñando.

-Tengo que compensarte lo feliz que me haces. Acabo de vivir las mejores treintaiséis horas de mi vida.

-Me asombra que sepas tanto siendo virgen.

-Hombre, porque no pienso serlo para siempre y quiero hacer las cosas bien desde el principio, me parece esencial.

-Sí, a mí también me lo parece.

-Por eso todavía no me lo he hecho con nadie, debía encontrar alguien que me llenara en todos los aspectos, y tú lo haces. Vas a ser el primero y voy a estar contigo, aunque sea esporádicamente. No cuento con que te hagas cargo de mí ni nada parecido, y por supuesto, no pienso tener familia hasta que acabe la guerra.

-Desde luego que no, yo tampoco.

("Y pueden pasar décadas hasta que acabemos con Voldemort. Buf… qué mala suerte tenemos de ser brujos.")

-Y continuando con el tema sexual y lo de tener familia. Cuando una mujer tiene niños se ensancha y puede pasar de cierva a yegua o de yegua a elefanta.

("Vaya, entonces cuando Lily tenga niños será mejor. A ver si podemos tenerlos.")

-Claro...

-Y no sólo eso, también se incrementa el número de vasos sanguíneos en el aparato sexual y las relaciones son más placenteras. En ese sentido, es bueno tener niños. A mí me gustaría tener al menos uno, algún día, cuando acabe la guerra, todavía me quedan treinta años por delante, y ya sé con quién quiero tenerlo. Contigo.

-Vaya, Deborah… Si prácticamente acabamos de conocernos.

-No, Prince, no. Yo te conozco muy bien desde hace meses. No te he quitado ojo de encima, serías un padre excelente. Mira cómo tratas a Ariel, y el sábado te ganaste a las chicas maléficas en una hora. Y tienes un mérito increíble, porque no recibiste una buena educación, no has tenido buen ejemplo en el que basarte, lo haces todo por instinto. Te has hecho a ti mismo.

-Me dejas a cuadros, Deborah.

-Porque sí que eres modesto, vales mucho más de lo que crees. Pero no creas que por tener un hijo contigo esperaría que lo mantuvieras tú. Me bastaría con que te tuviera como figura paterna, para que llegue a ser al menos la mitad de bueno que tú.

-Me dejas a cuadros, Deborah.

-Llevo mucho tiempo pensándolo.

-Ayer por la mañana me decías que no ibas a estar conmigo para siempre.

-Porque las ideas estaban latentes, debían cristalizar, y lo han hecho en todo este tiempo que hemos pasado juntos. Nos ha valido día y medio por meses, hemos recuperado el tiempo perdido.

-Cierto.

Salieron del cuarto de baño. Ya eran las siete y media.

-Buah, Deborah, se nos hace tarde.

-Ya, a ver si no nos pillan Anthony y Jack.

-Vístete rápido, yo lo recojo todo.

Ella comenzó a vestirse y él se puso la muda limpia.

-¿Esto lo limpian los elfos?

-No tengo ni idea, supongo que sí.

-Entonces deja la comida que hemos traído, queda sólo una hora para el desayuno.

-Claro.

Sev recogió toda su ropa, el Mapa, el libro de la Magia Roja, la varita y el despertador. ("Buf… cuántos trastos, no me caben en las manos.") Le dio la risa.

-¿Cómo hemos quedado con el viejo? – preguntó Deborah.

-En la sala de reuniones. Necesitamos la escolta hasta allí, pues no sabemos si los maléficos pueden haber descubierto cómo se entra a la Sala de Entrenamiento.

-Claro, qué problema.

Deborah estuvo lista en dos minutos, no se puso el salto de cama, sólo la ropa interior, la camisa, la falda y las botas. Lo llevó en la mano junto con la varita.

-Así ya se lo dejo a Valerie en el cesto de la colada.

-Vuelve a pedírselo cuando volvamos a quedar.

-Tiene más modelitos, ya te sorprenderé. Y en verano pienso comprarme unos cuantos, para que tú tampoco te aburras. Podríamos ir a buscarlos juntos, así me pongo lo que te guste.

-Estaría genial.

-Vamos, te abro la puerta.

Salieron al dormitorio común. Sev rastreó a sus amigos.

-Los he rastreado. Están durmiendo.

-Qué útil es esto del Rastreo, y tú y yo no lo hemos probado todavía. Hemos de practicarlo, así podré protegerte en cuanto pueda Aparecerme.

-Desde luego, Deborah.

-Ya me pesa no poder hacerlo ya. Estoy tomando las clases igualmente y ya lo consigo, así que aunque no haya hecho el examen, lo haría de cualquier modo si se trata de salvarte la vida.

-Gracias, Deborah.

-Sabría en cualquier momento si te encuentras en peligro, ya que pienso en ti constantemente, nunca sales de mi cabeza.

-Te amo, Deborah, dame un beso, nos vemos en una hora.

Se besaron.

-Yo también te amo.

Deborah se marchó. Sev dejó todo todos los bártulos sobre el baúl, desprotegió las cortinas de su cama y lo puso todo sobre ella. Lo ordenó todo, se vistió con ropa limpia, bajó a la Sala Común a dejar la ropa sucia en la colada y de paso llevó el libro de ciencia muggle y el diccionario. La charla con Deborah le había despertado de nuevo el interés.

Estudió el diccionario en lugar del libro de ciencia, buscó las palabras 'hormonas' y 'útero' y estudió las páginas en las que venían dibujos, en una sección aparte. Descubrió esquemas del cuerpo humano y de los distintos sistemas que lo conformaban, entre ellos los aparatos reproductores masculino y femenino. Los estudió a fondo, descubriendo los órganos de los que se componían y sus nombres.

A las ocho y veinte subió de nuevo al dormitorio, sus amigos terminaban de prepararse. Bajaron juntos, la escolta ya los esperaba.

-Fila de a uno, varitas fuera – ordenó Deborah.