Holas.

Después de mucho meditar (?), llegué a la conclusión de que quiero que dejen sus reviews para ver si están leyendo realmente. Así que los espero y cuéntenme cómo va la cosa y cómo podría ser más interesante.

* Belle Star 1: sí, trato de hacer las cosas diferentes y de buena calidad, aunque tenga la misma popularidad que un hongo.

* wherever: si querés que ponga yaoi, mínimo escribite cinco reviews más, aunque la idea se me haga rara pero quizá puede ser...

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Capítulo 3

Los preparativos

—Pero, ¿yo por qué? Si esa es tarea del doctor Brio —protestó N. Gin luego de quedar cansado por el viaje hacia N. Sanity—. ¿Por qué tengo que ayudarlo si a mí nadie me ayudó?

—Porque no irás a la terapia, por esa simple razón —respondió Tropy con toda tranquilidad.

—Además, sí tuviste ayuda… —interrumpió Nina la reunión de los tres científicos malvados, mientras se acomodaba de un salto a uno de los sillones y comenzó a hablar con aires de superioridad—. Si no fuera por mí, Crash no hubiera aceptado la propuesta.

—¿Eso es verdad, Ni-Ni-Nina? —preguntó el pelón con asombro.

—¡Claro que no! —exclamó con cierto enfado el del misil incrustado en la cabeza—. Crash decidió por sí mismo. El problema fue que Coco no quiso acceder al principio.

—Bueno, bueno. Ya tuviste que echar todo para atrás mi gran hazaña —se quejó la chica, gruñendo y cruzándose de brazos.

—Está bien, dejemos este tema de lado y vayamos al siguiente paso de nuestro plan —propuso el maestro del tiempo y al instante se puso de pie para ir por Cortex, no sin antes "obligarlo" con una mirada amenazadora al de los tornillos a seguirlo.

Fue así que Brio, seguido de Tropy y detrás N. Gin y Nina subieron por las escaleras ya que sabían bien que Neo Cortex estaba en su habitación, encerrado. Luego de esto, siguieron por un pasillo al que le vendría bien un poco más de luz aunque, para unos científicos malvados, el lugar terrorífico les caía bien. En el ambiente, no había otro ruido más el que los que hacían sus pasos al caminar, y todo daba lugar a que se apareciera algún monstruo. Nunca apareció, y por eso los cuatro llegaron sin problemas a la puerta de la habitación del amarillento.

La impulsiva de la chica de manos de metal se había decidido a entrar sin tocar pero el hombre de la armadura la frenó a tiempo. Luego de reprenderla con la mirada, este último fue quien golpeó la puerta levemente y preguntó si podía pasar. Nada. Nada se escuchó como respuesta válida ni nada por el estilo y eso fue preocupante. La estudiante volvió a intentar ingresar a la fuerza pero nuevamente fue frustrado su plan por eso ella, junto con el azulado y el de las tuercas, pegó una oreja a la puerta intentando oír algo. Nada de nada.

—Tal vez no esté allí —comentó la adolescente.

—¿A dónde más iría? Creo que sí está. ¿Será bueno entrar? —preguntó Nefarious.

—Sí, no hay problema —respondió así como así el del ojo robótico.

—Bueno —contestó no muy confiado el de los relojes de aguja—, pero si pasa algo, será toda tu culpa.

El genio de la robótica sonrió confiado, demostrando que le importaba un comino la amenaza, y fue por eso que el del peculiar sombrero metalizado abrió la puerta con lentitud, como si detrás de esta hubiera una criatura espantosa. Cuando los cuatro individuos entraron, la habitación estaba hecho un completo desastre y apenas una pequeña lámpara iluminaba parte de la misma. Al dar unos pasos más adentro, descubrieron que no había nadie sobre la cama deshecha y fue por ello que buscaron por todas partes.

—¿Dónde demonios se escondió? —se preguntó Tropy cansado, luego de buscar por debajo de la cama sin resultados positivos.

—¿Y qué sé yo? —contestó Nina de mala gana abriendo la puerta de un armario sólo para caerle encima una tonelada de ropa y demás objetos—. ¿Por qué a mí? —se preguntó.

—Además, la oscuridad no ayuda —observó Nitrus mientras tomaba la lámpara para iluminar los demás rincones—. ¿Dónde estás, Co-Co-Co-Cortex?

De tanto en tanto, los científicos y la alumna soltaron maldiciones porque se tropezaban con las cosas que había tiradas por el piso. No sólo buscaban al de la N en la frente, sino también al maldito interruptor de la luz o una ventana para ver por dónde carajos estaban caminando. Además del velador, la otra cosa que iluminaba un poco era el ojo mecánico de N. Gin, y los demás se extrañaron al no oír quejas ni nada de este. Como pudieron, Tropy, Brio y la niña Cortex siguieron esa débil luz ya que el de medio rostro metálico anunció que había encontrado algo.

Lo que había hallado el experto en robots se trataba de una ventana, la cual fue abierta de par en par para iluminar por fin la pocilga que tenía Cortex como dormitorio. Gracias a la luz, todos notaron que Neo sí estaba allí pero pegado al rincón y en posición fetal (parecía todo un trastornado de esa forma, pensaron sus socios).

Más de uno de llevó un buen susto al verlo de repente ya que el amarillento aparentaba que estaba siendo poseído por algún espíritu y les surgió la idea de que él no necesitaba terapia, sino un exorcismo. El casi calvo murmuraba algo inentendible y sus compañeros no se decidían por quien le hablaría primero, pero todas las miradas recaían en el químico.

—Co-Co-Co-Cortex —llamó Brio tartamudeando más que de costumbre.

—Déjenme solo y cierren la ventana —apenas abrió la boca para decir esto el barbudo.

—N-N-No. ¿Acaso no ves que esto te está dañando? No puedes seguir así —respondió el pelado, juntando un poco más de valor y porque se comprometió a hacer su parte.

—¡Lárguense de aquí! —gritó luego de ponerse de pie en un instante e indicó la salida.

Nadie se movió de sus lugares, con lo que hizo enfadar más al de frente marcada. Cuando éste quiso repetir su orden, el inventor del Time Twister levantó su brazo metálico para alzar a quien parecía ser un personaje de Los Simpsons (por lo amarillo) por los aires, agarrándolo por la camiseta. El azulado lo elevó como a medio metro del piso y lo estampó contra la pared. Por supuesto que el otro intentó soltarse pero sólo quedó en un intento. Neo se lamentó por no tener encima su confiable arma de rayo, el cual estaba "burlándose" de él en la mesita de noche.

—¡Escúchame bien, idiota! ¡Te guste o no vas a ir a terapia de nuevo con esa sabandija anaranjada! ¡Así que más te vale que cambies de actitud o te enviaremos a un manicomio! —le gritó Tropy con toda la furia. Cortex seguía pataleando, aunque sí escuchó la amenaza.

—¡No! ¡Ni crean que iré!

—Vamos, esta vez te acompañaremos, Co-Co-Cortex —comentó el inventor del rayo Evolvo.

Neo aún seguía con su plan de liberarse aunque, luego de pensar en las palabras del quien se convirtió en un sapo gigante, se calmó un poco. Los demás no sabían bien si él había caído en la trampa o simplemente se cansó de forcejear, por eso, el azulino lo liberó de repente. El cabezón no se lo esperaba, así que volvió al suelo con brusquedad. Con un poco de dolor, Cortex se puso de pie y se quedó pensando hasta que se vio triste.

—Y aunque me acompañen, la verdad es que no me siento muy bien para eso. Aún tengo… miedo. No quiero volver a ver a ese estúpido bandicut ni tampoco a ese doctor. Sospecho que estaba de lado de Crash todo el tiempo.

—Lamentablemente, ese Ba-Ba-Ba-Bandicoot si estará pero sí pudimos cambiar de doctor —fue explicando el tartamudo—. Creo que esta vez no sucederá lo mismo ya que ese psicólogo pasó por la A-A-Academia de madame Amberley.

—Suena bien, pero aún no quiero saber nada sobre esto —respondió con más desánimo.

—¿Qué? ¿Acaso tienes miedo? —preguntó Nina ya hastiada; su tío asintió con apenas fuerzas—. Pero, ¿qué clase de tío tengo? Te dejas vencer por Crash hasta a distancia. Parece que no tienes huevos.

Nunca los doctores pensaron que la chica diría semejante cosa y, por eso, se quedaron asombrados, con los ojos como platos y con la boca desencajada. Ella, por su parte, sonreía diabólicamente y esperaba a que su plan funcionara; nunca fallaba, según ella y fue así que él cayó redondo.

—¡¿Con que eso es lo que crees, Nina?! ¡Iré entonces! —decidió por fin el viejo Cortex.

Luego de su resolución, con todas las energías (que no se sabía de dónde lo había sacado) él fue ordenando su cuarto y mientras trabajaba, los demás comenzaron a retirarse. Ellos ya estaban algo aliviados de que casi tenían al Cortex de antes y, cuando se alejaron lo suficiente, felicitaron una y otra vez a la chica de los dientes de conejo. Sin embargo, había algo que no cuadraba: si la misión es la tregua, ¿por qué el amarillento estaba tan animado a ello? ¿Acaso será que tenía un plan macabro de por medio? Sólo el tiempo lo dirá.

Finalmente el gran día llegó y el de la barba candado parecía ser el de antes, con lo que sus socios pensaron en echar todo para atrás y no enviarlo al terapeuta. Pero lo más insólito (luego de tanto protestar al principio), el cabezón casi calvo insistió en ir. Al parecer, él sí tenía un plan después de todo y, lo peor, es que no lo compartía con los demás. Lo único que podía esperar el resto del N Team era en no quedar como las víctimas de la futura treta.

A pesar de sentirse amenazados, Nina y a quien arrastró por la fuerza para acompañarla, el descolorido de N. Gin, no pensaron mucho en esto ya que ambos tenían que asistir a la serie de recitales en poco tiempo. La primera comenzó desde temprano a prepararse para dicho evento, con lo cual se había desconectado del equipo para pasar todo el tiempo en su habitación y revolver su guardarropa.

Por su parte, el acompañante obligado trataba mentalmente de armarse de paciencia ya que cuidar a una adolescente y, en especial a una malvada, era una tarea del asco. El del misil no sabía por qué justo él tenía que ser el compinche de la chica Cortex, aunque tal vez era por ser el más joven entre los científicos. Aun así, a él le parecía poca explicación aquella y fue entonces que decidió mejor pensar en otra cosa, como en supervisar los artefactos del Iceberg Lab. Durante su tarea, el cyborg se encontró con sus socios.

—Ya nos vamos, N. Gin —habló primero el de los relojes.

—Bueno… Entonces… Buena suerte —atinó a responder ya que estaba algo sorprendido por el hecho de que se marchaban tan temprano.

Levantando una mano para saludar, el del aspecto de zombi vio cómo se iban sus compañeros, los cuales se iban subiendo por las escaleras. Al parecer, ellos se iban a tomar el dirigible del cabezón para ir hacia allá. Sin embargo, ahora que ellos ya se fueron, quien sufría de dolores de cabeza debía estar al tanto de lo que hacía la adolescente. Sí, por una parte, Nina ya era grande y no necesitaba de tanto cuidado pero (según lo que le enseñó algunas películas), los chicos más grandes eran los peores. Por eso, él debía cuidar de que el laboratorio no quede patas arriba por culpa de ella ya que, a quien castigarían, sería a él y no a la verdadera responsable.

Fue así que él se acercó con los ánimos al piso hacia la recámara de la chica pasada de pálida y, cuando se asomó (ya que la puerta estaba abierta), nunca vio antes tal desastre. Al parecer, el tener la habitación como si hubiera pasado un tornado en esta era cosa de familia y, lo peor fue encontrarse con su dueño. Al principio, aquella chica sobrecargada de accesorios y demás cosas raras no parecía ser la Nina de siempre. Por esto, N. Gin dio un salto hacia atrás por el susto que se había pegado al ver a semejante esperpento.

—Y, ¿qué te parece si voy así? —preguntó la estudiante con brillo en sus ojos, esperando una respuesta positiva. El cyborg no sabía qué contestar ya que si hablaba con sinceridad, quizá la chica se largue a llorar.

—Pues… —arrancó así a contestar pero él no sabía cómo terminar y la muchacha se veía impaciente—. Es que sería bueno que no llamaras tanto la atención. Creo que tanta cosa encima te hace ver mal.

Nina no respondió nada y se colocó frente a un largo espejo para mirarse un buen rato. El científico se armaba otra vez de paciencia ya que todo este asunto lo estaba llevando a pensar en saltar desde el techo del laboratorio y que sea lo que Dios quiera. En ese momento, él se arrepintió por haberse asomado a ver qué hacía la Cortex y ya estaba planeando la retirada. Sin embargo, la chica parecía que había llegado a un acuerdo y volvió su mirada hacia el casi fugitivo.

—Creo que tienes razón —respondió ella y su cuidador respiró aliviado puesto que no sería el acompañante de alguien sacado de un circo—. Bueno, ahora ya decidí. Voy a cambiarme pero antes necesito decirte algo.

—¿Qué cosa? —preguntó N. Gin con cierto temor ya que presentía que no sería algo bueno. Con pasos lentos, él se fue acercando para sentarse junto con la azulada en la cama.

—Verás, es que no sólo tendrás que acompañarme en el festival. Allí estarán mis amigas y tendrás que cuidarlas a ellas también. Ya arreglamos con sus padres antes, como hace un mes.

—¿Qué? —gritó del susto.

—Pero no te preocupes, ellas son como yo y seguro que se comportarán bien.

"Estoy perdido", pensó el del misil agarrándose la cabeza. Si algo sale mal (que es lo más probable), no sólo él se las vería con el viejo Cortex sino con los padres de las otras chicas.

—¿Y cuándo tenías pensado decirme esto? ¿No ves que esto es grave?

—Bah, no es para tanto —dijo sin importancia y fue a atender a su teléfono móvil—. Oh, no puede ser. ¿Katrina no va a ir? ¡Qué mal! ¿Qué voy a hacer con su entrada?

Por un momento, el almirante pensó que se había librado de una de las cargas pero esto se deshizo cuando Nina quería buscarle desesperadamente un dueño a esa entrada. Tanto fue el empeño hacia esto que echó a patadas al pelirrojo teñido para que ella pudiera pensar tranquila y cambiarse de una buena vez. Después de varios minutos, la adolescente abrió la puerta para mostrarse casi con su mismo aspecto de siempre salvo por la camiseta oscura con el nombre de su banda favorita y una pollera escocesa azul.

—¿Y bien? —preguntó N. Gin para averiguar qué sucedió con el tema de la entrada.

—Nada —respondió ella sonriendo sospechosamente; algo no iba bien—. Ya lo arreglé todo, llamando a alguien especial. ¿Nos vamos?

El acompañante obligado asintió con apenas fuerzas ya que su mente estaba hecho un embrollo, tratando de responder una pregunta clave: ¿qué demonios hizo Nina y quién era ese alguien especial? Tarde o temprano lo averiguaría, aunque sería mejor si fuera temprano. Sin embargo, él tenía que ocuparse en ir hacia el garaje, junto con la chica (obviamente), y prepararse para conducir una de tantas naves voladoras que tenía, (porque en el acorazado llegarían la semana que viene).

La nave era una mejora de la que usó contra Crash la primera vez que pelearon y los brazos con rayos láser los seguía teniendo por si no encontraba estacionamiento. Por su parte, la joven de manos de acero estaba en el asiento del acompañante, jugando con el estéreo con el fin de poner algo de música. Se veía bastante feliz y cómo no lo estaría: tenía a un esclavo que hacía todo lo que ordenaba. Pese a su cara de maldad, el conductor se animó a entablar una conversación para disipar sus dudas.

—Y al final, ¿cómo solucionaste el problema precisamente?

—No te preocupes por eso... Lo sabrás cuando lleguemos.


No olviden los reviews, ¿eh?