Hola, gente.

Perdón por desaparecer por un largo tiempo. Espero no tardar tanto para la próxima.

¡Pero cuántos reviews! Muchas gracias a todos. Me alegran la vida. Qué bueno que les va gustando esto.

Ahora a lo importante: el nuevo capítulo:


Capítulo 13

Vacaciones en el infierno

En el laboratorio del iceberg, las cosas parecían ir mal como siempre ya que el equipo de científicos se reunió y quienes no estaban presentes cuando los hermanos marsupiales fueron de visita quisieron saber de qué se perdieron. Obviamente que Neo Cortex evitaría el tema a toda costa ya sea porque se sintió avergonzado por recordar aquel momento en que su habitación fue invadida, y por el simple hecho de no saber con lujo de detalles qué pasó antes y después por culpa de su visita al trabajo de su madre. Aquellos que no estaban, Nitrus Brio y Nefarious Tropy, tan sólo se enteraron que ese día con los Bandicoots fue un completo desastre y que los detalles no tenían importancia. Por supuesto que esos dos no eran unos estúpidos para creerse eso y sabían que había algo detrás; sólo faltaba descubrirlo y quienes tenían las respuestas que buscaban eran su socio del misil en la cabeza y la adolescente gótica.

Para ir a la segura, el químico y el maestro del tiempo fueron con Nina, encontrándose los tres en uno de tantos pasillos y fueron a hablar a solas con el pretexto de darle consejos para su futura vida de villana, por si oía algo su tío. La chica los encaminó a su habitación decorada con afiches de bandas metaleras y los doctores agradecieron por dentro que todo estaba ordenado, para no ver ropa por ahí tirada. La estudiante comenzó con su relato asegurándose antes de que la puerta estuviera cerrada y los oyentes no podían creer lo que escuchaban. Ya sabían el porqué de tanto misterio y todos se lamentaron de no tener una cámara de fotos en el momento preciso. Se oyeron risas por eso último y demás exageraciones, pero desgraciadamente tuvieron que acordar no mencionar nada para evitar más problemas. Los bandicuts eran un problema, como siempre, y no era buena idea crear conflictos dentro del mismo equipo.

En medio de todo este desastre, en que el N Team estaba en la completa deriva, sin ningún plan malvado, al de la marca en la frente se le ocurrió una idea que involucraría a su robado Rayo Evolvo. Inspirándose en el hecho de que consideraba a las pesadillas anaranjadas como unos corrientes monstruos, no más tendría que hacerle algunas modificaciones un tanto inestables a la máquina para volver a su plan desde un principio: conquistar el mundo con ayuda de un ejército de súper animales. Él decidió que por ahora trabajaría en secreto, puesto que esto iba en contra del pacto que se hizo en la terapia y no quería vérselas con las represalias de sus antiguos secuaces ahora psicólogos. En cuanto a esto último, la terapia, por desgracia se acercaba apresuradamente una nueva sesión y el médico no estaba de ánimos para volver a ver a los malditos mutantes. Ya que andaban merodeando por ahí ciertos colegas suyos, aquellos dos serían quienes le acompañarían en esta ocasión.

—Está bien, iré —respondió de mala gana el de barba oriental cuando el amarillento le comunicó su idea—. Sólo espero que no compliques más las cosas.

—También yo —decidió el de los tornillos en los costados de la cabeza, también con mal humor—, aunque me perderé de un buen programa.

Aquel día de la cita no había excusas sobre el clima, hacía un día agradable, así que los tres doctores más los integrantes del equipo Bandicoot se presentaron puntualmente para la sesión. Por parte de estos últimos, habían venido Crash, Coco y Crunch, y parece que ellos se pusieron de acuerdo con evitar intercambiar miradas con los malosos. Una vez que ya podían entrar a la sala, los mutantes fueron los primeros en ingresar ya que cierto científico casi pelón no tenía muchas intenciones para participar. Con un buen empujón por parte del más alto de esos humanos se consiguió que Cortex dejara de titubear y entrar de una vez.

Allí dentro ya esperaba tras el escritorio Ripper Roo, quien leía unos papeles con ayuda de sus gruesos anteojos circulares, y además estaba su asistente, Rilla Roo, quien le estaba alcanzando un grueso libro al psicólogo de pelo azul. El medio gorila saludó a los pacientes y de inmediato les pidió que tomaran asiento. Una vez que el híbrido se quedó al lado del canguro de risa insólita, les exigió que devolvieran las formas que llenaron en el encuentro anterior. Neo esperaba a que se hablara sólo sobre esos cuestionarios pero, en lugar de eso, el de sombrero de copa quiso saber cómo habían ido las cosas en el laboratorio. En ese momento, el barbudo se quedó petrificado, con lo que Coco tomó la palabra, aunque su tono de voz parecía inseguro. No contó por ahora algo acusador, hasta mencionó y se hizo cargo de la tontería de huir en la tormenta de nieve. Luego dijo acerca de una interrupción de la energía, con lo que la reunión estuvo medio aburrida.

—Cuando repararon la falla eléctrica, nos fuimos directo a casa —concluyó su relato la chica.

—¿Nada más sucedió? —preguntó el combinado intuyendo a que había algo más. Por su parte, la joven se apresuró a negar con la cabeza—. Lo preguntamos porque nos pareció algo raro que Cortex no sea capaz de relatar lo que pasó en su casa y también porque tú no hablaste mal de él, como en otras ocasiones.

—No sucedió nada más —gruñó el de piel amarilla ya un poco molesto con el entrometimiento—. Y además, ¿qué le ven de malo a que ésta alegría no dice más bobadas? Si lo que quieren es que dejemos de odiarnos, ¿no es así?

—Es cierto. Parece que lograron un avance —anunció el mutante con cara de mono con algo de ánimo y luego se puso a cuchichear con el médico saltarín que tenía a su lado. Luego de un momento así, él siguió hablando—. A modo de celebrar este triunfo, tenemos para ustedes seis entradas para uno de los mejores centros de spa con traslado incluido. Lamentablemente tendrán que ir quieran o no.

Esto que por supuesto que sorprendió a ambos grupos y no tenían manera de rechazar las invitaciones. Los marsupiales fueron los primeros en entusiasmarse por aquel viaje, ya que a pesar de que ellos vivían en una playa paradisíaca, sentían que necesitaban relajarse después de tantos enfrentamientos salvando al mundo. Por otro lado, quien pasó por el colegio de medicina malvada desconfió de todo esto porque consideraba que su verdadero descanso sería acabar con sus enemigos para siempre, y no yendo a un lugar que le provocaba sensaciones extrañas. El resto de la sesión fue para hablar de lo bien que le harían participar de esta nueva faceta del tratamiento, así como los detalles de la salida, el punto de encuentro, y más. Más parecía que aquellos individuos fueron a una empresa de viajes que a la terapia. También estos mencionaron que el lugar estaba algo retirado con lo que ellos debían prepararse para un viaje un poco largo. Al pasar el tiempo, humanos y evolucionados se dispersaron, esperando aquel día en cuestión que estaba muy próximo.

Una vez en casa, mientras que los héroes preparaban con energía un bolso de mano con las cosas que necesitarían para el viaje, quien se había disfrazado de una conocida rubia se veía más amargado que de costumbre. Su humor siguió decayendo cuando sus socios que recién lo acompañaron le dijeron que se buscara a otras dos personas, que ellos no podían ir a este supuesto día de relax por diversos motivos. En ese entonces, Nina, quien había escuchado eso último, empezó a suplicar y a demandar para ser una de esos buscados. Como toda niña malcriada, ella se salió con la suya y fue a contarles de inmediato las nuevas a sus amigas. Pero aún faltaba buscarle dueño a ese pase y el único que estaba disponible en su equipo era N. Gin. Como no le caía bien el del misil desde que se vieron las caras por primera vez, el viejo usó a su sobrina como paloma mensajera para informarle sobre este misterioso viaje. Al almirante no le quedaba otra opción más que aceptar.

El punto de encuentro se trataba del puerto indígena, a unos pocos minutos después del amanecer. Los Bandicoot llegaron puntuales bajo lo que sería un hermoso día y esperaron sobre el muelle hecho con gruesas tablas de madera. El sol comenzaba poco a poco a brillar con intensidad, hasta que de repente, una espesa nube tapó la luz que se posaba en el trío de hermanos. No había nada de raro, excepto el ruido a motor que provenía desde el cielo. Al alzar la vista, los marsupiales divisaron lo que parecía ser no uno, sino dos dirigibles que llegaron a acercarse a tierra. Uno de estos era obvio que pertenecía a cierto científico de peinado extraño y bien conocido, en cambio el otro se desconocía el propietario. Por poco los dos vehículos iban a ser protagonistas de un accidente debido a la escasa proximidad entre ambos, pero nada malo ocurrió. Mientras que a los jóvenes mutantes les empezaba a doler el cuello de tanto ver hacia arriba, la plataforma de la nave adornada con una letra N comenzaba a bajar.

—Parece que tendré que instalar ese altavoz —decía Cortex a su sobrina y al cyborg—, de haberlo tenido antes, le hubiera dicho al idiota de aquel dirigible que salga de mi camino.

Para ese entonces, la plataforma llegó a tocar el muelle y ninguno del N Team ni de los evolucionados se atrevió a decir un simple "hola", tan sólo se intercambiaron miradas. Los animalejos venían vestidos como siempre, y lo único que tenían de nuevo eran unas mochilas y bolsos. Por otro lado, aquellos extraños seres humanos usaban ropa un poco más normal, en comparación con sus batas de laboratorio o uniforme escolar de costumbre. Permanecieron en silencio por un rato que parecía eterno, hasta que la otra plataforma de la nave desconocida fue bajando lentamente. Cuando ésta se posó sobre los tablones, a aquellos seis individuos les pareció raro que ninguno bajara para decir qué diablos estaban haciendo ahí. Sin embargo, a la mayoría le pareció un tanto conocida esa nave, como si la habían visto por algún lado. El silencio volvió a reinar en el ambiente, hasta que observaron que un parlante incrustado en medio de la plataforma vacía comenzaba a sonar, al principio con interferencia.

—Pasajeros con destino al spa Sierra Morena pueden hacer el favor de ir subiendo a bordo. Recomendablemente sólo hasta tres personas a la vez —decía una voz dulce y femenina.

—¡Yo primero! —exclamó el barbón, subiéndose de un salto a la placa de metal, y desde allí le hizo señas a su sobrina para que subiera también. Para N. Gin no fue la misma situación, sino que le impidió el paso—. Tú todavía no. Primero ve a avisarle a Dingodile que se lleve mi dirigible hasta mi casa y también dile que no lo raye. ¿Entendiste?

El experto en robots fue de mala gana a cumplir con la orden, mientras que los dos familiares iban subiendo hacia la nave sin saber qué les esperaba. Los tres hermanos fueron los siguientes y, al llegar, se encontraron con lo que parecía ser la cabina de un avión de primera clase. Tan sólo había lugar para ocho personas, en donde cuatro asientos enfrentados tenían una mesita en medio. Ni rastro de la persona que les habló antes y, como vieron que tío y sobrina ya ocuparon lugares, los animalejos también lo hicieron buscando, desde luego, no verles las caras a esos dos. Después de colocar sus bolsos sobre un asiento libre, ellos tres se pusieron a esperar y echaron un vistazo por las circulares ventanillas. Por fin el humano que faltaba apareció para dar comienzo con el viaje y, una vez que ya este último se reunió con sus aliados, la puerta de la cabina del conductor se abrió para dar paso a una figura familiar.

—¡Buenos días, señores pasajeros! —saludó Tawna con una sonrisa amable, aunque nadie le devolvió el saludo. Al parecer, ninguno de ellos esperaba tal cosa, y menos el médico ya que reencontrarse con más de sus "hijos" lejanos le hacía recordar malos momentos.

—¿Qué demonios estás haciendo aquí? ¿Acaso no trabajabas para mi madre? —le preguntó.

—Me gusta más este trabajo —respondió mientras llenaba unos papeles y sin perder el buen ánimo—. Es más sano y no tengo que ir hasta la Antártida. Además, aquí estoy con él.

—Les habla el comandante Potorotti —se escuchó de repente por los parlantes una voz masculina y con un acento italiano—. Aviso que ya mismo partimos hacia nuestro destino…

—¡Con razón ya me parecía conocida esta nave! —exclamó Cortex golpeando la mesa con una mano, cuando se le prendió el foco—. Había muchas como esta que sostenían la pista de carreras de esa rata de alcantarilla. ¿Acaso no había alguien más para que nos llevara?

—¡Momento, más respeto! —exigió el piloto ahora presente—. Si no quiere viajar, tendrá que vérselas con los Roo. Además, por lo que escuché, usted está colgando de un hilo.

El viejo respondió ante eso mirando con odio al mutante de pelo marrón y se cruzó de brazos. Dejando el mal momento atrás, Pinstripe y Tawna, quienes llevaban puesto el mismo uniforme, explicaron para los demás que en esta ocasión no contaban con azafatas, con lo que ellos fueron lo que dieron las normas de seguridad. Al terminar, ambos regresaron a la cabina para desactivar el piloto automático y seguir con el viaje. Las próximas horas fueron una espera interminable, un lapso de tiempo de lo más aburrido y los pasajeros no sabían qué hacer para entretenerse. Crash iba y venía para observar por cada ventanilla circular, Coco se dedicó a mirar una película desde un monitor que ya estaba en la mesita, y Crunch pasó el tiempo durmiendo. Por otro lado, Neo se la pasó hablando de sus hazañas mientras daba sorbos a la copa de champagne que había pedido, pero sus aliados fingían que le escuchaban. Nina estaba ocupada mandando mensajes a sus amigas y algo parecido estaba haciendo N. Gin, para saber cómo estaban las cosas en el acorazado.

La chica copiloto apareció después con unos bocadillos, pero en el momento en que ella estaba cerca de su ex novio, él no pudo evitar mirarla con cierta tristeza. El marsupial que no hablaba aun la quería, a pesar de haber tirado la foto que permaneció sobre la chimenea un par de años después de terminar. Después de comer, él acompañó a su hermanastro y se echó a dormir, esperando a sentirse mejor al despertar. Por otra parte, quien no paraba de molestar era el viejo de la N en la frente, quien exigía todas aquellas cosas que podía tener en un vuelo de avión. Al principio, la ex empleada del Moulin Cortex cumplía con los pedidos, aunque a medida que pasaba el tiempo, se demoraba más e incluso llegó a ignorarlo por completo. Mientras que la chica con manos de acero tomaba una siesta, el del misil en la cabeza se puso a investigar sobre el lugar al que irían, haciendo caso a una intuición que tenía. Luego de mucho averiguar, llegó por fin a un resultado.

—Ese lugar no existe —dijo en voz baja, aun pensando que era una equivocación.

—¿Perdón? —preguntó el amarillento un tanto enojado—. ¿Cómo te atreves a interrumpir mi relato? Ahora ya olvidé por donde iba. Tendré que volver a empezar desde el principio.

—Sólo decía que no hay ningún spa en Sierra Morena. Es tan sólo una reserva ecológica.

El médico no le creyó ni una palabra, por más que el pelirrojo trataba de convencerlo. En medio de esa discusión apareció la curvilínea Bandicoot, quien explicó que el lugar no aparecía en internet porque era un sitio especial. Parecía que el asunto murió ahí pero no fue muy convincente para el almirante. La cosa se dejó de lado ya que el gánster que tenían por piloto anunció que llegaron a destino y el dirigible quedó fijo en un punto. Todos agarraron sus pertenencias y se prepararon para bajar, pero antes, ellos quisieron ver el lugar en donde habían llegado. Ningún edificio se veía a excepción de un bosque de grandes árboles y eso fue sospechoso. ¿Quién pondría un spa en medio de una espesa arboleda? Mientras tanto, los conductores de la nave insistían que era el lugar indicado y les pedían que se bajaran de una buena vez. Los pasajeros no tenían muchas intenciones de obedecer.

—¡Bájense ya! —les gritaron Pinstripe y Tawna, y les apuntaban con sus armas de fuego.


Espero sus encantadores reviews, si quieren que continúe con la historia.