Buenas, después de tanto tiempo. ¡Gracias por sus reviews!

Guest: qué bueno que te guste el fic y perdona por responder re contra tarde.

Stephdragonness: Sorry for making you wait a long time. I'm glad you like it.

Guest: ahora sí tengo ánimos para continuarlo.

Ahora el nuevo capítulo:


Capítulo 14

La cabaña del terror

Dentro de un dirigible se daba una situación complicada: había seis pasajeros que no entendían lo que estaba pasando, ya que los conductores los estaban obligando a bajar. Ellos desconocían por qué los uniformados querían que se bajaran en medio de un bosque horripilante y más aún se desconcertaron al ser apuntados por las armas de esos dos. Quien exigía una explicación a gritos fue Cortex, que al final no obtuvo ninguna respuesta a sus preguntas, sino que además Pinstripe y Tawna pidieron los bolsos como si fuera un asalto común y corriente. Fue así que los dos bandos, los Bandicoots y el N Team, accedieron obligadamente a las demandas del gánster y su novia y, una vez en tierra, el barbudo los maldijo y acusó a los marsupiales héroes de no servir para nada, ya que no hicieron algo para impedir que los abandonaran y robaran a todos. Crunch y Coco hicieron oídos sordos ante la acusación, pero no sucedió lo mismo con Crash, quien bajó la vista totalmente apenado. Ante eso último, este asunto de buscar culpables terminó ahí, porque lo más importante era averiguar cómo salir de aquel lugar tan inhóspito.

—Bueno, ¿qué hacemos? —preguntó el amarillento, ocupando sin permiso la posición de líder.

Mientras que Neo observaba cómo el dirigible se alejaba poco a poco, los demás le trataban de explicar que no tenían muchas cosas, que los teléfonos móviles fueron robados, así que no se podía pedir auxilio con facilidad. Al saber esto, nadie sabía bien qué hacer y tampoco hubo un tiempo para pensarlo ya que el clima los sorprendió, surgiendo una lluvia que caía a goterones. Los humanos fueron los primeros en reaccionar, como si cayera lluvia ácida, refugiándose bajo los árboles, que por cierto no tenía mucho follaje, así que igual se estaban mojando. Al fijarse en el cielo, daba a suponer que esto sólo era el principio y que una tormenta se aproximaba con rapidez, al escuchar el sonido de los truenos. Había que buscar un refugio, propuso la rubia con firmeza y todos los demás parecían estar de acuerdo con ella, pero el problema era hacia dónde ir. Eso no importaba, ya que era peor quedarse en ese lugar sin hacer nada, y cuando la lluvia bajó un poco la intensidad, los seis empezaron a caminar con la chica y el amargado a la cabeza.

Los mutantes estaban acostumbrados a andar sobre suelo desparejo, sin embargo, los otros tres se estaban quedando atrás, en especial el de la N en la frente, que estaba por quedar atrapado en el barro en cualquier momento. Por mucho que caminaran, ellos no podían ver algo distinto que no fuera más y más pinos de hojas casi marchitas y, por momentos daba la sensación de caminar en círculos. Las cosas se iban a poner muy feas si no encontraban rastro de civilización alguna, y cuando la mayoría estaba perdiendo la esperanza, ellos notaron un espacio sin árboles, en donde descubrieron un estrecho camino. No lo dudaron ni por un instante en seguir por ese camino, ya que la lluvia intermitente realmente los estaba molestando y enfermando, continuando con un paso más veloz. Pero el ánimo fue decayendo de a poco porque no estaban llegando a ningún lado, y a pesar de que ya de por sí el ambiente estaba algo oscuro, se estaba oscureciendo aún más ya que estaba atardeciendo. Era preciso encontrar algún refugio para pasar la noche y, al detenerse en una bifurcación, uno de los caminos conducía a una cabaña.

—Bien, quien sea que viva ahí, tendrá que ayudarnos —exclamó decidido el hombre casi calvo.

—Pero se ve que nadie vive allí —supuso la chica de la coleta al contemplar la casa con cierto miedo, junto con los demás que también se les veía el temor en sus expresiones—. Está casi en ruinas y… ¿No será peligroso si entramos? Se ve que podría derrumbarse en cualquier instante.

—Sí, parece cabaña de película de terror —comentó Nina, con no muchas ganas de acercarse más de lo que estaba; ninguno de los que estaban ahí cerca dio un paso más hacia ese lugar.

Sin embargo el hombre estaba desesperado por escapar de la lluvia, que fue el primero en poner un pie en los escalones del pórtico. Él avanzaba con cuidado porque la madera crujía de tal manera que estaba a punto de partirse, y al final una de las tablas cedió cuando Crunch la pisó. Por suerte, él no se hizo daño y otra cosa que también se rompió fue la puerta al tratar de tocar, permitiendo así el paso a una vivienda casi a oscuras. Nadie respondía a los llamados, dando a saber que la cabaña estaba abandonada y también lo delataba la gruesa capa de polvo que había por todas partes. Por el estilo de los apolillados muebles, hacía suponer que nadie vivió en ese lugar desde la colonia, así que el grupo tuvo en cuenta de que sería una pérdida de tiempo buscando los interruptores de la luz eléctrica. A pesar de que estaban algo cansados, siguiendo las indicaciones de los líderes de cada grupo, ellos trabajaron rápido para encender fuego en la chimenea y buscar velas o cualquier otra cosa que les fuera de utilidad.

Crunch y Nina se las arreglaron para partir muebles en pedazos de leña para el fuego, mientras que Crash colocó la puerta en su lugar, asegurándola de que no se caiga de nuevo. Coco y N. Gin revisaron la casa en busca de provisiones o lo que pudiera servir, y Neo fue el primero en acercarse a la chimenea porque estaba temblando como una hoja del frío y también porque no quería rebajarse a unirse con los demás en el trabajo. Una vez que las llamas tuvieron fuerza, los demás dejaron sus tareas de inmediato para acercarse a sentir el calor, que les hacía tanta falta. Mientras que la ropa mojada se estaba secando, la sensación de pasar por aquel engaño los hizo sentir mal a todos. Lo reciente se comparó con aquella vez en que Cortex decía querer salvar la Tierra con los cristales que reunía el marsupial bailarín, o cuando el viejo convenció aquella vez al bandicut fortachón de trabajar para él. Ellos aún no sabían qué se proponían los culpables con abandonarlos a su suerte, y era seguro que todo esto fue armado por sus crueles psicólogos.

—No creo que esto sea legal —opinó el ciborg, sonando como un tonto, porque los demás lo miraron como diciendo que eso era tan obvio, que no había ninguna manera de contradecirlo.

—¡Pues claro que sí, cabeza-cohete! —exclamó el pelón—. Al regresar, los demandaremos.

—Si es que logramos regresar —comentó la rubia tristemente, aunque el abrazo de su hermano la reconfortó—. Tienes razón, hermano mayor, nosotros pudimos escapar de cosas aún peores.

Como no se podían pasar todo el tiempo frente al fuego y menos cuando debían atender el asunto de la comida, la mayoría fue en busca de algo útil por todas partes, excepto en el sótano: las películas les habían enseñado que aquel no era un buen lugar donde curiosear. Mientras que el de frente marcada obligaba a su compañero de equipo a arreglar la estropeada radio que encontró, los hermanos se quedaron a cuidar el fuego y las chicas fueron a lo que se suponía que era la cocina para ver si encontraban comida. Los suelos de madera crujían de una manera horrible, así como la casa que parecía que el viento la tiraría en cualquier momento. Cada tanto se oía un espantoso trueno y la lluvia se intensificó tanto que había goteras en muchas partes. Por eso, todos tenían cierto cuidado al andar por ahí y más cuando parecía que todo lo que tocaban estaba a punto de romperse. Y así sucedió nomás con la radio, que no había esperanzas de repararlo, pero eso no quería admitirlo el de piel amarilla y trató de arreglarlo él mismo.

Tan ensimismado estaba aquel hombre en su tarea que tarde se dio cuenta de las risas que había en la sala hacía un buen rato y, para averiguar si de él se estaban burlando, se aproximó con cara de pocos amigos. Los cinco estaban sentados en el suelo polvoriento, formando una ronda y, en el centro de aquel círculo, giraba una botella. El viejo no sabía qué estaba pasando, aunque se lo imaginaba, ni cómo empezó esta especie de juego, y exigió a gritos una buena explicación. El grito acalló las risas de repente porque ellos se alarmaron ante tanto escándalo y se quedaron petrificados. Su sobrina fue la primera en levantarse y explicar con cierto fastidio que encontraron algo de comida y se la estaban repartiendo con ese juego, agregando que ella lo llamó pero no obtuvo respuesta. Lejos de defenderse y, como más le interesaba la comida en ese momento, Cortex se acomodó en la ronda apartando a empujones a Crunch y a N. Gin, poniéndose en el medio. Él quería saber en qué clase de juego se involucró su pariente y también cuál era el menú de esta noche, pero la de dientes de conejo no le reveló el misterio.

—Tu turno, Crash —comentó Nina, acercándole la botella al anaranjado para que pueda girarla.

El chico que no hablaba no paraba de sonreír mientras que la sucia botella daba vueltas, ante la mirada expectante de los demás. Cuando el objeto por fin se quedó quieto, la gótica carcajeó ante el resultado: la botella apuntó hacia el nuevo participante, y le pasó el frasco con la comida misteriosa y una deslustrada cuchara al sonriente—. Ahora te toca darle una cucharada a mi tío.

—¡No! ¡Aléjate, marsupial! —gritó Neo al ver que su antiguo enemigo se acercaba gateando peligrosamente, con una cucharada de una cosa viscosa, que no podía reconocer con facilidad.

A pesar de las protestas, el adolescente continuó siempre sonriendo, así que el científico retrocedía como podía oyendo de paso que la organizadora del juego lo trataba de cobarde. Sin embargo, como ninguno se rendía y parecería que esto seguiría hasta el fin de los tiempos, la chica se decidió a expulsar a su familiar del juego y él no se lo tomó muy bien, ya que sostenía que ella no era nadie para darle órdenes. Así fue como el viejo arruinó el juego y se quedó con el premio, pese a que los demás no estaban de acuerdo. Ahí pudo comprobar que lo que había en el frasco era una especie de mermelada de un sabor extraño, pero que se podía comer. De inmediato, sintió las miradas de cierto odio y decepción de los que estaban ahí y él no quería caer tan bajo como para participar de una pelea por ese comestible. El barbudo entregó el botín, sugiriendo con una voz apagada que no deberían jugar y que se repartieran el contenido en partes iguales. Ellos accedieron, en parte porque era la única comida que tenían por ahora y también para ahorrarse una batalla que ninguno de ellos tenía los ánimos como para intervenir.

Comer los entretuvo por un rato ya que fue una miserable porción la que les tocó y, al buscar más, los frascos que encontraron tenían contenido en putrefacción. Desanimados, todos ellos se reunieron frente a la chimenea, excepto el chico de ojos verdes, quien olfateaba como perro los tablones del suelo. Luego él compartió su descubrimiento ante los demás, que la mayoría de ellos reaccionó poniendo cara de asco. El adolescente tenía en sus manos unos cuantos gusanos que vivían entre la madera podrida y, sin importarle lo que los otros opinaban, su hermanastro entendió y fue en busca de una sartén para cocinarlos. Aunque el grandote comentaba acerca de las bondades de los gusanos, ninguno de los humanos se animó a probarlos, con la excusa de que no estaban tan desesperados. Eso creía el amarillento, pero también sostenía que pronto los rescatarían, para aprovechar la suerte que tenían los héroes. Algo para no pensar en comida, y tampoco en lo que extrañaban, era ir al mundo de los sueños, así que se las arreglaron como podían para buscarse un lugar para dormir. Al principio, ellos hablaron sobre de que alguno de ellos quedara como guardia por turnos, sin embargo, eso no sucedió a falta de voluntarios.

—Será difícil tratar de dormir un poco en este lugar —se dijo para sus adentros el médico, apoyado sobre uno de los costados del único sillón en buen estado que se lo cedió a su sobrina.

Los débiles rayos del sol los despertaron, decepcionándose tras abrir los ojos sabiendo que aún estaban en esa horrible cabaña, pero eso pronto cambió al encontrarse con una sorpresa. La estudiante fue la que reaccionó con una risa de burla al encontrar a su tío acurrucado como perro, usando de almohada la cintura del mutante de extraño lenguaje. Ella quiso sacar una foto al hecho, pero como no podía, se conformó despertando a gritos a su pariente. Al hombre le costó levantarse y despabilarse, y cuando por fin se dio cuenta del motivo de las burlas, lanzó un grito de horror. A pesar de que se le entumecieron algunas partes del cuerpo por dormir sobre el suelo, el científico se las arregló para alejarse a toda prisa del de ojos verdes, quien lo miraba como no entendiendo nada. La chica calló sus risas al ver que nadie le acompañaba y también al notar que todos estaban desanimados, ya que era claro que preferirían estar en casa. Aquella angustia se convirtió en otra cosa, como en vergüenza ajena, al ver como Neo intentaba apartar al chico con una ramita, de forma exagerada, como si estuviera frente a su mayor pesadilla. El anaranjado trataba de decirle que todo estaba bien, pero aquel se veía realmente asustado.

—Tío, deja de actuar —pidió la chica pálida, hablando entre dientes—. Me estas avergonzando.

—¡Todo es por tu culpa, Crash! —gritó Cortex pasando del miedo a la furia en un segundo, con lo que el muchacho se quedó paralizado—. Sólo quiero que te alejes de mí. No te acerques más.

Eso último lo dijo un poco más calmado y salió de la cabaña, para así poder alejarse de todos por un rato. Por suerte, ya dejó de llover aunque el suelo no se había secado del todo, de esta forma, él tenía que caminar con cuidado mientras que pensaba en todo lo que había sucedido. No sabía cómo había terminado durmiendo tan cerca de ese marsupial, empeorando las cosas tras el sueño extraño que tuvo. Él no quería ni recordarlo, era mejor olvidarlo o mejor pensar en que ya había pasado lo desagradable, pero una sensación rara lo seguía atacando. Él esperaba que con esa acusación a gritos, el animalejo entrara en razón, y que por más que había una tregua, había cosas que jamás cambiarían. ¿Por qué justo le había tocado un enemigo un tanto complicado? No se podía saber qué podría estar tramando porque era a la vez tan bueno, que aceptó ayudarlo en ocasiones, y con un toque de maldad, cuando últimamente le arrojaba pollos durante las carreras. Su mirada de inocente era lo que más le molestaba: el bandicut podía ser muy persuasivo, como un lindo cachorro, y nadie lo mataría por más que quisiera. Sin embargo, no podía caer en sus convencimientos si no lo veía más, así que llego a una decisión.

—Ya que no pude hacerlo desaparecer, esta vez yo seré quien desaparezca —se dijo con una voz baja—. No quiero volver a verlo y, esta vez, será en serio. Me ocultaré de él por un tiempo.

Terminada la sentencia, por fin el pelón dejó de lado sus cavilaciones para pensar en algo más importante, como en dónde rayos estaba. Así fue, caminar pensando lo llevó a un lugar lejos de la mugrosa cabaña y se preguntó dónde estaría su sobrina y su odioso colega de equipo. Desde luego que él estaba desorientado y, tratando de seguir la poca marca que dejaron sus huellas, se extravió aún más. Cuando se decidió a llamar a gritos a sus conocidos, él llegó a un precipicio que tenía alrededor un suelo resbaladizo, con lo que no pudo evitar caer por ahí y por un par de metros. El de pelo negro terminó casi cubierto por barro y golpes, pero, al querer levantarse, vio que lo peor que sucedió fue que le dolía mucho apoyar una de sus piernas. Mientras trataba de continuar, pidiendo auxilio a su pariente, se dio cuenta que sus gritos no sonaban fuerte porque el dolor se llevaba toda su atención y le obligaba a quedarse quieto. De todas formas, sintió que el alarido que soltó tras caer por el barranco sirvió como para que alguien lo escuchara y viniera a socorrerlo; sólo esperaba a que no fuera el mismísimo Crash quien se asomara como salvador.

—¡Nina! ¡Estoy aquí! —vociferó luego de descansar sobre el tronco de un grueso pino, pero sólo escuchaba el sonido del bosque calmo—. N. Gin, idiota, ven a ayudarme. ¡Quien sea! Pero, por favor, que no sea ese mamífero entrometido. Antes preferiría arreglármelas solo.


Cuando descubrí que había una película que tenía el mismo nombre que este capítulo, al principio quise cambiarlo aunque después no lo hice porque a mí se me ocurrió primero. A la película ni la vi, por si hay cosas parecidas.

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