Saludos y bienvenidos a un nuevo capítulo. ¡Gracias por sus reviews!

Stephdragonness: I will write until I finish it.

SaraRage: por supuesto. Debo terminarlo aunque me lleve tiempo.

Guest: muchas gracias de verdad. Me alegra que te guste.

FlautaRara: y vendrán muchos más.

Es tiempo del nuevo capítulo:


Capítulo 15

Bosque locura

Todos, excepto Nina, se quedaron paralizados ante la escena que observaron hacía muy poco, en donde hubo un momento totalmente contradictorio entre Crash y Cortex. Ambos estaban durmiendo muy cerca uno del otro, hasta que el científico huyó del mutante ni bien se despertó y lo trató como si fuera un monstruo horripilante. Sólo a la estudiante le hizo gracia la reacción de su tío, pero los demás se veían preocupados, en especial los hermanos del marsupial, que no esperaban ver estos peculiares resultados por la terapia. Por eso, los tres hermanos tuvieron una conversación a solas, o más bien una especie de reprimenda, haciéndole recordar al que no hablaba que aquel hombre siempre sería su enemigo. No hay que confiar en él, le decían una y otra vez, porque en cualquier momento él podría perpetrar su venganza. Aunque aquel chico asentía a cada rato, diciendo estar de acuerdo con los argumentos, a él no le parecía que las cosas eran de esa manera, ya que pensaba que el médico podía "tener arreglo" y dejar de una vez ser enemigos. Sin embargo, él observó que sus parientes no cambiarían de opinión, hasta que pudieran ver con sus propios ojos que todo este tiempo se equivocaron. Eso al parecer estaba llevando su tiempo y, con esta última resistencia, no sabía si podía conseguir su objetivo.

—Bueno, será mejor irnos de este lugar —propuso la gótica, interrumpiendo la charla familiar—. A ver si esta vez logramos llegar a casa, porque todos se ven realmente mal, como vagabundos.

El comentario no les cayó bien a los demás, pero ella tenía razón y, otra cosa que no les gustaba era que parecía que ocupó sin permiso la posición de líder que tenía su tutor. Todos salieron despacio de la cabaña y se detuvieron unos metros más adelante, porque no veían por ningún lado al que se recibió del colegio de medicina malvada. Mientras que el cielo apenas despejado señalaba que el mal clima continuaría, la chica de piel azulada llamó a gritos al desaparecido, sin embargo, no se oyó nada como respuesta. Ellos esperaron como unos cinco minutos para que se apareciera, y fue el rato más largo y aburrido que pasaron, hasta que supusieron que era mejor buscarlo. Al llegar a la bifurcación se detuvieron y discutieron por un tiempo para decidir por dónde seguir, hasta que eligieron uno gracias al azar, usando una canción. Al mismo tiempo que seguían ese sendero, cada tanto uno de ellos llamaba al casi calvo, aunque los movimientos bruscos entre la vegetación hizo que más se mantuvieran en silencio y estuvieran en estado de alerta. Ninguno de ellos se animó a averiguar de qué se trataba y le echaban la culpa al viento, así como también se decían no perder el tiempo en eso sino en poder salir del maldito bosque.

Aunque había cierto miedo entre ellos, también había cansancio y algo de preocupación al pasar horas sin hallar a Neo. Los humanos del grupo se estaban quedando atrás, pensando que nunca habían caminado tanto antes y, por culpa de ellos, tuvieron que parar para tomar un descanso. La de dientes de conejo se quejaba por el dolor en sus pies, porque los zapatos que llevaba para la escuela no eran para semejante caminata y, por otro lado, N. Gin debía soportar el dolor de cabeza hasta que se volviera insoportable para no terminar con las únicas dos pastillas que le quedaban. Por su parte, los Bandicoots estaban bien, salvo que se veían algo despeinados, con la ropa un poco arrugada, y con cierta preocupación en sus rostros. A pesar de eso, el de pelaje naranja era el que se veía más animado y, mientras que los demás descansaban, él tuvo la idea de trepar a la cima de un árbol para tener una vista panorámica y así tratar de ver una posible salida. Sus hermanos estaban expectantes y querían saber si había buenas noticias, mas ellos debían tener paciencia para descifrar la explicación con gestos y sonidos raros que él hacía.

—Creo que dice que hay una cabaña en aquella dirección —explicó Coco y señaló el camino.

—Bueno, espero que sea otra y no en donde ya estuvimos —comentó Nina con desestimación.

De esta manera, fue el turno de Crash de encabezar el grupo, desviándose del estrecho sendero que estaban siguiendo para continuar caminando por el medio de los árboles. Cada tanto él se trepaba a los pinos para asegurarse de que iban por el camino correcto y los demás pensaban que tal vez encontrarían a Cortex en aquella cabaña. El sonriente prometía que estaban yendo por el camino más corto, pero no el más fácil, porque los demás no eran tan ágiles como él para atravesar un terreno irregular lleno de arbustos y malezas. El chico ensanchó más su sonrisa al llegar al claro en el bosque en donde estaba la cabaña buscada, y el resto también se sentía un poco aliviado, ya sea porque observaban que su larga caminata estaba por terminar y también por dejar atrás a la espinosa vegetación. Al mismo tiempo en que trataban de recuperarse del esfuerzo, ellos notaban que, a diferencia de la anterior vivienda, ésta se encontraba en buen estado y todo señalaba a que se trataba de una estación del guardabosque. Los tres hermanos se pusieron frente a la puerta y la chica rubia fue quien llamó golpeándola con cierto temor.

Un hombre alto los atendió, vestido con uniforme, quien los miró con desconfianza y preguntó en qué podría ayudarlos. Una mujer también uniformada les invitó a pasar y, una vez que todos ya estaban adentro, los abandonados comenzaron con su relato, hablando por turnos. Cuando terminaron, los guardabosques no estaban muy convencidos de la historia y les señalaron que no se podía ingresar a la reserva sin permiso. Por más que intentaran convencerlos de que eran inocentes, eso no funcionaba y otra cosa que ellos descubrieron fue que el barbudo no estaba por ahí. De inmediato avisaron sobre una persona desaparecida y el hombre, el cual su insignia decía "Guardabosques Moore", lo investigó y notificó a sus otros colegas que estaban al otro lado del bosque. Mientras que las visitas iban por turno a asearse un poco, los que quedaron se fijaron en el aviso, notando que la foto del desaparecido estaba bastante desactualizada, algo que causó risa más a la chica pálida. Pero eso fue lo único gracioso que pasó, porque los guardas los miraban con cara de pocos amigos, les mezquinaban la comida y tampoco les prestaron la laptop para pedir ayuda. En conclusión, los dos los trataban como sospechosos de un crimen.

—¡Nosotros salvamos al mundo en varias ocasiones! —chilló la karateca, perdiendo la paciencia ante tamañas acusaciones—. Búsquelo en internet. Busque el parque temático de Von Clutch.

—Ese parque es famoso —agregó Crunch con calma—. De seguro que dirá quienes lo salvaron.

La Guardabosques Neville no accedió al principio, aunque después buscó y encontró varias fotos en donde mostraban a los Bandicoots como los héroes por salvar el parque del motor. De esta manera, los hermanos fueron identificados, y fue así que la mutante consiguió que le prestaran la computadora y rastrear la localización de su teléfono móvil. Ella se decepcionó al saber que los ladrones estaban bastante lejos, precisamente en la ciudad en donde su hermano se atendía con el psicólogo. Eso demostraba que todo esto fue arreglado por Ripper Roo, como una suerte de terapia extrema, y que había contratado a Pinstripe y Tawna, pero lo que desconocía era si aquel canguro también tenía planeado la desaparición del cabezón. Ella pensaba en todo esto en el momento en que su hermanastro descansaba tranquilo en un sillón y su familiar estaba viendo con seriedad por la ventana. Ella iba a averiguar en qué pensaba el chico que no hablaba, porque no era normal que se viera pensativo, sin embargo, algo llamó su atención y se trataba de la discusión entre los cuidadores y esos dos integrantes del N Team en el momento de los registros. Al parecer, no había mucha información sobre la estudiante y, cuando por fin el otro reveló su nombre completo, tampoco había mucho, haciendo creer que los dos algo escondían.

Crash veía que la búsqueda de Cortex no avanzaba mucho que digamos, y menos cuando casi todos estaban discutiendo, así que se decidió que tenía que arreglar ese problema él mismo. Como todos ellos no le prestaban atención, él se escapó sigilosamente por una ventana; no como cuando atravesó una para huir del científico y terminó cayendo desde gran altura. Él no podía quedarse sin hacer nada y, por más que la lluvia era un estorbo, se adentró hacia el bosque siguiendo su instinto, que esperaba que no le fallara. Era un problema no poder gritar el nombre del desaparecido, así que lo que podía hacer era estar atento a cualquier sonido que le ayudara a encontrarlo. Mucho tiempo caminó sin encontrar ni una pista y ya el frío y el hambre empezaban a empeorar su trabajo. Él se quedó a descansar bajo un grueso pino que lo alejaba un poco de la lluvia y se abrazó para calentarse. Permaneció ahí un rato largo y trataba de darse ánimos que, por más lejos que recorrió en busca de cristales y demás cosas, él siempre regresó, y esta vez no debería ser la excepción. Él pensaba que esto se parecía a cuando iba por Bosque Tortuga, esa vez en que aquel médico le convenció que usaría cristales para salvar a la Tierra.

Luego de descansar, el marsupial siguió adelante aunque esta vez yendo un poco más lento y se detuvo de repente al oír como una especie de grito ahogado. Permaneció quieto para ver si lo oía de nuevo pero, como nada sucedía, buscó la fuente del sonido por los alrededores. Dio unas vueltas sin encontrar nada y pensó que había oído mal, hasta que se fijó en que uno de los pinos tenía algo raro, como el tronco deforme. En un instante, unos ojos aparecieron y se esfumaron, haciendo que se confundiera, así que se acercó con cuidado hacia donde estos estaban. Cada vez que se aproximaba, le pareció que el tronco temblaba cada vez más fuerte y al final se dio cuenta que había algo camuflado, porque esa cosa se movió y empezó a gritar de dolor. La voz era de la de Neo, pero costaba reconocerlo porque estaba todo cubierto de barro, tal como ese tipo que quería ocultarse del Depredador. El anaranjado seguía quieto mientras que el hombre le ordenaba que no se acercara y se alejaba como podía con un pie lastimado. Sin embargo, el chico no podía quedarse a ver ese espectáculo lamentable y se dirigió hacia él para ayudarlo.

—¡No! —gritó el viejo, levantando la mano para detenerlo. Respiró profundo para calmarse e intentar armarse de paciencia porque quería explicarle algo—. Escúchame. Tú ganas: no volveré a tratar de dominar el mundo, pero sólo con una condición… No quiero volver a verte nunca.

El adolescente estaba más que confundido, no obstante, aquellas últimas palabras lo hicieron entristecer, viéndose como un cachorro que reconoció que se había portado mal. Tanto fue así que parecía que el chico empezaría a derramar lágrimas en cualquier momento, y fue por eso que el de la N en la frente tuvo algo de compasión para explicarle mejor las cosas. Que no debía entristecerse, sino todo lo contrario, le decía; que debía alegrarse por ganar la guerra que duró muchos años. Que no debería estar dolido, agregaba luego, porque eso no tendría lugar si eran enemigos y nadie quiere ver a sus enemigos. El bicho estaba pensando en todo lo que aquel le decía, pero sus palabras no mejoraban su ánimo. Intentó animarlo y no lo logró y, como se dio cuenta que no llegaría lejos con una posible pierna rota, por mucho que luego se arrepentiría, le pidió ayuda y eso sí logró que apareciera una sonrisa en el rostro del mutante. Primero el de los ojos verdes ayudó indicando hacia dónde estaban los demás y, para llegar más rápido, luego se ofreció como apoyo, en donde el de piel amarilla tuvo que soportar un contacto que no quería.

—Ni bien salgamos de este maldito bosque, espero que podamos cumplir con el trato —gruñó el lastimado tratando de que se le borrara la boba sonrisa al que tenía al lado, pero eso no bastó porque aquel seguía igual, con un poco de sus esperanzas renovadas y también porque no creía que aquello fuera a suceder—. ¡Deja de sonreír y mejor concéntrate en no terminar perdidos!

—¡Hermano, regresaste! —dio la bienvenida Crunch que estaba esperando en el pórtico de la cabaña—. Te tardaste mucho. No sabes, Coco estaba desesperada porque te saliste sin avisar.

En efecto, ya estaba bastante oscuro cuando ellos llegaron al edificio, y gracias a la débil luz de una miserable lámpara dieron con la estación del guardabosque con más facilidad. La lluvia era algo que no les facilitó las cosas aunque sirvió para que Neo pudiera sacarse el barro de encima. Los guardas no recibieron muy bien a las últimas visitas, ya que tuvieron que atender al herido mientras que él y su acompañante arruinaron el aseo de la vivienda, mojando el piso y otras cosas. Mientras que Moore descubría que el tobillo de Cortex se veía mal, Neville llamaba al número de emergencias porque los dos no tenían tanto entrenamiento médico. La ambulancia tardó como media hora y, durante ese tiempo, el guardabosque trataba de desinflamar el golpe con un paño mojado, al tanto que los demás se veían intranquilos, especialmente el que no hablaba. Además, no solo vino la ambulancia sino también una patrulla, para encargarse de los científicos porque habló de más el fortachón, al ver que N. Gin ocultaba la verdad, acusándolos de intento de asesinato. Por eso el paciente tenía vigilancia policial mientras que se atendía en el hospital y se aguantó como pudo maldecir a su ex secuaz, limitándose a sólo mirarlo con odio.

—No te preocupes —le decía Coco a su hermanastro al verlo un poco triste—. Dijiste la verdad.

—Necesitamos su testimonio —habló una oficial a los tres hermanos—. Deben acompañarnos.

Fue así que los Bandicoots tuvieron que ir a la estación de policía, mientras que Nina quedó a cuidado de especialistas que estaban también en la jefatura. A pesar de dieron su declaración, los mutantes aclararon al final que podían defenderse solos y que estaban yendo a una terapia para resolver los problemas. Nada de eso sirvió porque los policías estaban buscando a esos dos doctores hacía mucho tiempo y no pensaban en dejarlos ir como si nada. La declaración terminó por fin y, como los marsupiales solo querían irse a descansar, a modo de recompensa, el jefe de policía los envió a pasar la noche en un hotel y mañana viajarían de vuelta a casa. Mientras que se acomodaban en una habitación lujosa, ellos se tenían que hacer la idea de que sus enemigos no los volverían a molestar jamás y eso les dejó una rara sensación. Al día siguiente, ellos aún estaban intranquilos por todo lo que pasó pero, a pesar de que dos de sus adversarios podrían estar un tiempo en la cárcel, había más por ahí y eso decía que su trabajo de héroes no terminó. Además, por culpa de la terapia, ellos ya estaban reconociendo cierta amistad con el Equipo N y eso les causó cierta pena que la policía los agarrara justo cuando dejaron los planes malvados.

—¿Y ahora qué pasa, hermanito? —preguntó el de medio brazo metálico al no parlante, quien pedía ir hacia otra dirección, en lugar de seguir el camino para emprender el viaje de regreso.

—Hermano mayor, tenemos que llegar a tiempo o nos perderemos el avión —explicó la rubia.

Nada de eso le importó y, al final, Crash se salió con la suya para echar un vistazo en la estación de policía y saber si había alguna novedad sobre el N Team. Gracias a las declaraciones, además del intento de asesinato, el barbudo fue acusado de crueldad animal y, mucho peor, de tratar de dominar el mundo. El del misil en la cabeza fue culpado de ser el posible hackeador mundial de cuentas bancarias y de participar en el mercado negro. Ambos casos eran graves, sin embargo la peor noticia fue que ambos escaparon sin que nadie se diera cuenta, incluso la adolescente, y pasaron a ser los más buscados en el país. Eso sorprendió desde luego al trío de hermanos pero ellos nada podían hacer para solucionarlo por ahora, ya que tenían que tomar un avión hacia Tasmania, y luego ir hacia N. Sanity. Luego ellos se encargarían de ocuparse de los fugitivos, si era realmente necesario, aunque muy en el fondo se alegraban de que esos humanos huyeran, así ellos serían quienes aplicaran justicia, y no unos policías que se llevarían todo el crédito.


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