¡Bienvenidos a un nuevo capítulo! ¡Gracias por sus reviews!

FlautaRara: gracias por leer y cuando puedas dale un review a cada capítulo. Como veo que prefieren el Crashtex, habrá en otras historias.

Guest: qué bueno que te va gustando. Gracias por tu gran análisis de la historia. También que tengas un buen día.

Ahora a lo importante: el nuevo capítulo:


Capítulo 16

La última vez

Una vez que los Bandicoot llegaron a su casa, luego de deambular por el bosque con parte del N Team, sintieron como si se habían alejado de su hogar por décadas. Aku Aku y el tigrecito Pura los recibieron entre felices y preocupados; eso último fue porque de inmediato se dieron cuenta de que las cosas no les salieron bien. Los hermanos llegaron agotados después de tanto viaje y la máscara mágica no los quiso molestar con un montón de preguntas, sin embargo, Coco tuvo ánimos para contar lo sucedido. El médico brujo no podía creer lo que la chica le decía: primero el engaño y ser abandonados a su suerte en un bosque, luego la desaparición de Cortex y aquel asunto con la policía. Todos estaban realmente molestos con el tratamiento y de sus imprevistas consecuencias que, de seguro, el psicólogo no esperó que pasara. Por unos días los familiares descansaron hasta que recibieron una llamada de la secretaria de los psicólogos, avisando sobre una nueva sesión al día siguiente. Fue la rubia quien atendió el llamado y se aguantó como pudo no mandar al diablo a la mujer porque, por todo lo que pasó, no creía que la terapia continuaría.

—Pues claro que iremos —dijo al final la marsupial fingiendo amabilidad y cortó la llamada, para que la secretaria no oyera que planeaba insultar de pies a cabeza al canguro y a toda la clínica.

El berrinche de la joven llamó la atención de los habitantes de la cabaña y ella contó la novedad a gritos, agregando que esta pesadilla jamás se terminaría. La máscara de madera y su hermano le pidieron que se calmara que tuviera esperanzas a que todo se arreglaría, y eso sirvió para que su ánimo mejorara. Ya habría tiempo para lanzar su ataque de ira, o mejor aún, exigir que estos encuentros se terminaran de una vez. Sí, todos ellos estuvieron de acuerdo en que esta sería la última vez que se verían y, ella prefería mil veces encontrar a esos humanos en una batalla y no tratando de arreglar sus diferencias a la fuerza. El momento del encuentro llegó de inmediato y el chico que no hablaba se veía algo nervioso y ahora fue el turno de su hermana en tratar de que se calmen las cosas. Era una lástima que ella no pudiera entender a veces lo que le "decía" su propio hermano y todo porque no hablaba. Menos mal que estaba ese espíritu guardián que podía leerle los pensamientos, pero había veces en que el traductor se iba por ratos largos y ninguno de ellos sabía bien hacia donde se iba. Tampoco lo averiguaba porque no le interesaba.

—¿Ya todo está listo? —preguntó Crunch a su grupo, reuniéndose por fin todos en el sótano y laboratorio de su pariente para luego tele-transportarse hacia la ciudad. Él estaba un poco molesto y harto por viajar obligatoriamente, porque Aku Aku no estaba ahí para reemplazarlo.

Los tres aparecieron de repente en medio de la cuidad y, con caminar sólo un par de metros, se encontraron con el edificio que buscaban. En la sala de espera, Crash aún estaba preocupado mientras que sus familiares trataban de mantenerse en calma, para no estallar en furia. Aunque eso no duró mucho en ellos dos al notar que se acercaban sus compañeros de terapia y justo los mismos que fueron al desastroso viaje. No cruzaron palabra alguna entre ambos equipos pese a que parecía que querían preguntarse algunas cosas: cómo esas personas salieron de prisión, por ejemplo, o cómo los mutantes se atrevieron a revelar ciertas cosas a las autoridades. Los seis se quedaron en silencio por largos minutos, ni siquiera se miraban, y lo peor era que ya era la hora de entrar al consultorio y no los llamaban. Algunos pensaban que fue un error citarlos a tal hora, que la secretaria se había equivocado, o que el doctor aún seguía jugando con ellos, un perverso juego que nunca aceptaron participar. Pasaron diez minutos y nada cambió, hasta que el mayor de los hermanos se levantó para ir a averiguar por qué diablos no estaban ya en la sesión.

—Con que muy callados los delatores —soltó Cortex de repente, llamando la atención de los marsupiales, en especial de Coco, quien había sido la que más había declarado ante la policía.

Ella quería responderle, mirándolo con odio al principio, pero en ese momento el asistente del psicólogo llamó al grupo. Rilla Roo dejó pasar a los pacientes, con cierta tranquilidad como si las cosas estaban saliendo bien, y los invitó a ocupar las sillas que estaban frente al escritorio. La chica anaranjada y aquel científico iracundo no esperaron a que el gorila-canguro empezara a hablar y comenzaron a quejarse al mismo tiempo. Como esos dos gritaban, parecía que nada se podía entender, sin embargo, el híbrido pidió disculpas una y otra vez mientras que le regresaba las cosas que les habían robado. Sí, ellos confesaron que habían planeado lo de abandonarlos en el bosque, porque buscaban que ellos trabajaran en equipo para sobrevivir sólo un par de días, ya que luego iban a rescatarlos. Mas como ellos se alejaron de la zona en donde los dejaron, los pilotos no pudieron encontrarlos, y eso sonó como si no tuvieran la culpa. Oír eso sólo los hizo enfurecer aún más, exclamando que esa no era forma de tratarlos, y al final, los dos estuvieron de acuerdo en no asistir más a los encuentros. Eso último dejó la habitación en silencio y Ripper y Rilla cuchichearon entre ellos por un rato, como si fraguaran un próximo plan descabellado.

—De acuerdo. Tienen razón —comenzó diciendo el medio mono, sorprendiendo a algunos—. Esta será su última sesión, si consiguen exponer los aspectos positivos de todo el transcurso.

De la alegría al saber que esto se acababa, pasó a ser una decepción por poner condiciones que tal vez no podían cumplir. Nina empezó recordando que su tío dejó de ser tan depresivo y que tiene un nuevo objetivo que dejó en el misterio. Crunch destacó que ya no eran tan enemigos, mencionando algunas situaciones en que se trataron como compañeros. N. Gin observó que fue bueno conocer un poco de la vida del otro, descubriendo que entre ellos no eran tan diferentes. Coco no sabía bien qué decir, estuvo siempre en contra de todo esto, aunque comprendió que fue buena idea confiar en su hermano para seguir adelante y así conseguir parar la enemistad. Neo también reflexionó y finalmente agradeció que le hicieran comprender que pelear contra el mutante sonriente era un caso perdido, prometiendo ahí mismo no volver a aparecerse en su camino. Era el turno de Crash, que no más pudo bajar la mirada con tristeza, tanto que estaba a punto de soltar lágrimas. La escena fue interrumpida cuando el ciborg le dio algo al chico triste, una especie de aro grande, y le indicó que se lo pusiera en la cabeza, como si fuera una corona.

—Ya dame eso —exigió la rubia, arrancándole de las manos el objeto que tenía su pariente.

—Es sólo un traductor de pensamientos —explicó el del misil, un poco harto de que ella siguiera desconfiando—. No quería dárselo, después de la denuncia a esos policías, pero le dije que iba a ayudarlo. Póntelo de una vez, Bandicoot. La máquina primero debe escanearte para funcionar.

Había que esperar un tiempo a que el traductor completara el escaneo y, mientras tanto, los terapeutas propusieron una prueba final: el famoso ejercicio de confianza que había salido mal al principio. La mayoría tenía un mal presentimiento ante ese pedido y, quien iba a dejarse caer, ni se movió de su asiento debido al terror que lo invadía. Sólo se oyeron ánimos desde esos dos animales profesionales, ni una palabra por parte de sus secuaces, y obligadamente el hombre se levantó para ponerse frente a su peor creación. Él no quería ni mirarlo a los ojos, esos ojos tan verdes y brillantes, así que enseguida le dio la espalda. De ninguna manera quería hacer esto de nuevo y los recuerdos de la vez pasada lo atormentaron, logrando que volviera a repetirse una y otra vez palabras para tranquilizarse. Antes de cerrar los ojos, él se fijó primero si había frutas que pudieran distraer al bicho de pelo naranja, como antes sucedió, aunque pensaba resignado que cualquier cosa podría alejarlo de su deber. Se produjo un silencio mortal en la habitación y, aunque temían lo peor, todos esperaban la acción con paciencia, incluso Nina, quien le gustaría grabar la caída con su teléfono. Cuando finalmente Neo se dejó caer, se sorprendió al detenerse casi de inmediato y no sobre una superficie dura, como el suelo, sino sobre algo cálido y seguro.

—Perdona si te dejé caer la otra vez —decía una voz de muchacho un poco robótica, que asustó a Cortex por escucharlo tan cerca—. Me lastimaron tus insultos y las cosas que antes pasaron.

El de pelo oscuro se alejó sobresaltado de Crash, sin embargo, el marsupial lo miraba con una amable sonrisa. Como observó que había muchos que lo veían raro, el sonriente también se sorprendió al escuchar en voz alta sus pensamientos, y creía eso era una forma de hablar. Él se encontraba feliz por finalmente conseguir que lo comprendieran y aprovechó para explicarle a ese hombre que no quería volver a pelear. Como respuesta, el barbudo le repitió esa especie de promesa con una voz débil, de no hacer más maldades a cambio de no volver a verse de nuevo. Antes de entrar más en el asunto, el asistente del psicólogo avisó que finalizó el tiempo y les recordó que les daba el alta, con lo que ya se acabó la terapia. Los seis se fueron con diferentes reacciones y ambos equipos se alejaron como si los otros fueran unos extraños. A pesar de que las cosas parecían arreglarse, no era muy seguro de que ese científico cumpliera con lo que dijo, así que la mayoría de ellos desconfiaba del trato. No fue así con el que usaba guantes sin dedos, que había escuchado la oferta que sonaba muy en serio, y él no quería que todo terminara así.

—¿Qué sucede, hermano mayor? —preguntó Coco cuando ya estaban en la paz de su hogar—. Deberías alegrarte de que ya no volveremos a encontrarnos con esos malhechores y, si quieren volver a las andadas, de seguro que los detendremos como siempre. Ya no te preocupes más.

—Sí, pero no eran tan malos hace poco tiempo —respondió temiendo el enfado de su hermana.

—Hermanito, debes entender que hay gente que nunca cambia —explicó Crunch con paciencia.

—Es cierto, puede que ellos parezcan una cosa pero siempre esconden algo —agregó la chica un poco molesta porque su pariente no parecía entender—. Y será mejor que me quede con este supuesto traductor. Quién sabe si tendrá un micrófono oculto o algo peor, como explosivos.

El chico quiso evitar que le arrancaran el dispositivo, pero no podía oponerse a su grupo, así que ella se lo sacó sin pedirle permiso antes. Esa noche, el experto en girar estaba muy inquieto, preguntándose por qué su familia no lo apoyaba, y casi no pudo dormir, a pesar de gustarle las siestas. Él debía probarles a sus hermanos que se equivocaban y, para eso, tenía que actuar él solo, tratando de encontrar pruebas de que las cosas habían cambiado. El problema era escapar sin que nadie se diera cuenta y luego viajar hacia el Laboratorio del Iceberg, con lo que para eso último debería fijarse si aún están los botes de los nativos. Al día siguiente, él visitó el puerto de los indígenas con la excusa de conseguir algunos alimentos y averiguó que podía encargar un bote a la hora que quisiera. Su plan estaba saliendo bien y lo reservó al día siguiente, a primeras horas de la mañana, esperando antes conseguir el traductor que la rubia de seguro guardaba en su laboratorio. En la madrugada, él fue en busca del aparato, descendiendo en silencio por las escaleras, hasta llegar a la habitación subterránea llena de máquinas y demás cosas que no las reconocía. Buscó por todas partes, sintiendo el temor de ser descubierto, hasta que lo encontró.

—Woah —exclamó en voz baja al sorprenderse de hallar lo que buscaba totalmente desarmado.

Él no sabía qué hacer: con ese objeto iba a decirle claramente ciertas cosas al de piel amarilla y ahora no podía. Había miles de partes desparramadas sobre una mesa que, ni en cien años, iba a dejar como estaba antes. Lo que debía hacer tal vez era esperar a que la karateka lo armara de nuevo, pero eso significaba que su viaje debía posponerse, así que no más optó por retirarse de ese lugar. Ni bien dio media vuelta, se encontró con la que trabajaba ahí, con mala cara porque recién se levantó de la cama y, luego de un bostezo, ella le preguntó qué estaba haciendo ahí. Crash disimuló el susto que se pegó como podía y respondió a la pregunta con sólo una sonrisa. Coco repitió su pregunta aunque no se veía muy molesta como se supondría, de modo que el chico señaló lo que quedaba del traductor. Ella le explicó que no había nada fuera de lo normal y eso representaba que tenían una prueba de que el N Team había cambiado. Sin embargo, ella aclaró al instante que eso podría tratarse de un truco y que no estaba lista para darle la razón a su hermano. El muchacho permaneció pensativo y algo triste, y la chica no sabía cómo animarlo.

—La verdad sería muy bueno si todo fuera como dices —empezó diciendo ella no muy confiada, llamando la atención de su familiar—. Tenemos algunas cosas en común y podíamos ser amigos, pero esa gente nos lastimó por años y no podemos simplemente perdonar todo lo que hicieron.

El mayor respondió con una cálida sonrisa y luego hizo señas de querer irse a dormir. La fémina no lo detuvo porque al principio no sabía qué quería decir él con esa sonrisa, pero suponía a que finalmente había entendido la situación. Ella volvió a su cama más tranquila después de eso, y al día siguiente, despertó con buen humor, tanto que preparó el desayuno mucho más animada que de costumbre. Enseguida Crunch se apareció, saludó y dijo estar hipnotizado por el aroma de la comida. La adolescente sonrió aunque de repente se preocupó al notar que el amante de las frutas wumpa no se presentaba a desayunar. Quizá se quedó dormido por más tiempo por culpa de ese encuentro a mitad de la noche, pensaba, sin embargo, a los cinco minutos fue en su busca. Mientras que el fortachón comenzaba con su desayuno sin esperar a nadie, la joven revisó cada habitación sin encontrar lo que buscaba, hasta que le avisó aterrorizada lo que pasó a su hermanastro. Él, primero que nada, le pidió que se calmara y comenzara a buscar en cada rincón, mientras que él se encargaba de revisar el jardín. Ni rastro alguno, ni una sola pista.

—¿Acaso huyó porque no estábamos de acuerdo con él? —preguntó el de pelo rojo oscuro, en el momento en que se cansó de buscar y se reunió en la cocina con la del peinado con coleta.

—No lo sé —respondió con tristeza—. Creí que todo estaba bien, a menos que Cortex rompiera con su promesa, al ver que Crash no cumplió con su parte por ir a verlo. Si es así, tal vez él…

—Esos dos pelearon por muchos años y con el mismo resultado —trató de calmarla inútilmente.

—Pero no podemos dejarlo solo. Debemos ir a ayudarlo —decidió ella y se preparó para salir.

Antes de que ambos buscaran ropa abrigada para soportar el clima antártico, los dos fueron al puerto indígena para averiguar bien si el silencioso pasó por ahí y se subió a un bote. Tras pasar por la jungla y recorrer un poco por las cavernas, se encontraron por fin con unos nativos que se quedaban custodiando el puerto. Los Bandicoots tenían la esperanza de ver el bote amarrado al muelle pero no fue así: no había ninguna embarcación y quién sabe desde cuando se marchó. Años conviviendo con esas personas que Coco se aprendió su idioma y comenzó a preguntarles, obteniendo como respuesta la confirmación de sus peores temores: sí, el mutante anaranjado se fue temprano hacia las islas nevadas. La desesperación fue mayor al saber que sólo hacían un viaje al día al Laboratorio del Iceberg, aunque eso se solucionaba tele-transportándose hacia ese lugar. El regreso a casa fue a toda prisa, ambos corriendo como sus piernas le permitían, y la menor sólo esperaba a que su transportador no le fallaría. Parecería que la suerte no estaba de su lado cuando ella descubrió que a esa máquina le faltaban un par de cristales para funcionar, algo que tenía que encargarse desde aquella vez en que Neo y N. Gin también querían usarla.

—Busquemos cristales, ¡pero ya! —gritó ella y salió corriendo en dirección a las cavernas; el del medio brazo metálico le siguió hasta cierto punto, ya que planeaban buscar por lados opuestos.

Ni bien encontrara las piedras, Coco buscaría a su hermano para matarlo, por hacer esta idiotez.


Dejen reviews. En serio que me gusta leerlos.