Bienvenidos a un nuevo capítulo y gracias por sus reviews.
Stephdragonness: I'm glad you like the story. Sorry to keep you waiting.
FlautaRara: qué bueno que te gustó y perdón por tardar tanto.
Guest: qué bueno que te guste la historia, aunque lo último fue inesperado.
Espero que les siga gustando este fic.
Capítulo 18
El mundo en contra
—¿Plano o Philip? —preguntaba Nina tranquila y con una sonrisa maliciosa refiriéndose al tipo de destornillador que quería su tío, mientras que él estaba muy sorprendido al encontrársela.
Por supuesto que no contestó a la pregunta, sino que como pudo le preguntó por qué rayos ella estaba en su dirigible, cuando debería estar en el acorazado. Por su parte, la chica respondió sin cambiar de actitud que alguien por teléfono le contó que estaba pasando algo raro, algo que se presentó a último momento y que mantuvo una extraña conversación con cierto médico. Ella se fue en busca de respuestas, porque algo debió pasar en esa cueva, como para que una escapada terminara en inusual cordialidad. De inmediato, el hombre aseguró que nada sucedió, que sólo hizo un trato con el marsupial de dejarse en paz, y se quedó pensando en ese alguien quien fue con el chisme. Sin embargo, ella se dio cuenta de que todo eso fue una mentira y el nerviosismo y cierto enfado en la explicación le daban la razón. Por más que quería saber la verdad, la joven no siguió con sus preguntas porque creía que en algún momento lo vería todo con sus propios ojos. Sólo debía mantenerse cerca de su tío y con una cámara a mano por si resultaba ser lo que ella creía. A él no le gustaba esa extraña sonrisa en su sobrina y no sabía cómo desvanecérsela.
—¿Cómo es que me meto en estos líos? —se preguntó Neo en voz baja mientras que regresaba frente al timón, encontrándose con un Crash que intentaba darle un abrazo—. No, está Nina.
El de ojos verdes se frenó justo a tiempo y volteó hacia atrás para comprobar que aquel estaba diciendo la verdad. Él saludó a la estudiante que se estaba acercando pero, antes de que viniera, el mayor le recordó susurrando lo que habían acordado. Los tres se mantuvieron en silencio por un momento hasta que la de dientes de conejo comentó que le parecía muy raro que el chico se apareciera solo, y no con sus hermanos sobreprotectores. Aquellos dos no respondieron nada y trataban de ignorar eso que se oía con un tono irónico, aunque luego el anaranjado explicó que vino a conseguir un nuevo traductor, ya que su hermana desarmó el que tenía. Tenía sentido la respuesta, si bien había otra cosa que le molestaba y era saber por qué no enviar de una vez a la inesperada visita por el tele-transportador, para no hacer un viaje largo hacia N. Sanity. En esta ocasión, respondió su pariente avisándole ya harto que la máquina no funcionaría bien debido a la mudanza y, además le pidió que se dejara de hacer tantas investigaciones, como si fuera una periodista. Ahí recién ella se dio cuenta de lo rápido que había quebrantado su plan de no hacer tantas preguntas y se alejó un poco de ellos, para ver por una de tantas ventanillas que había.
Después de eso, todo se volvió tan aburrido: el dueño de la nave pilotaba sin ganas, que parecía que se quedaría dormido, y hablando de dormir, eso fue lo que hizo el mutante sobre un par de butacas. Su idea de averiguar no estaba yendo bien y quienes podrían ayudarle con eso eran sus amigas, así que comenzó a mandarles mensajes. Ellas de inmediato la aconsejaron, estaban muy animadas por descubrir una verdad que usarían como objeto de burla, así que todas estuvieron de acuerdo en que debería ocultarse bien, ya que los culpables no lo demostrarían frente a ella. La de piel azul fue a ocultarse en el baño y ahí recibió las condolencias por si todo terminaría en un romance. Al principio, ella no entendía a qué se referían, creía que todo sería gracioso, hasta que le hicieron ver el lado malo de la supuesta historia de amor: toda la asociación de villanos se enteraría que uno de ellos tenía ciertas familiaridades con un héroe. No sólo eso, incluso estaría afectada su familia, ya que ella iba a dejar de ser el centro de atención de su pariente. La gótica creía que sus amigas exageraban y no se tomó las advertencias en serio; sólo quería divertirse.
—Pero, ¿qué? —se preguntó Nina cuando encontró a esos dos en las butacas, uno al lado del otro, pero con un Crash que tenía un brazo alrededor del cuello del científico—. ¿Qué les pasa?
—Nada —respondió el hombre un poco nervioso—. Es que dejé de tenerle rencor al marsupial entrometido que ahora actuamos como amigos. Sólo una vez, ya que no nos veremos de nuevo.
—Parece que la terapia les funcionó —concluyó ella desconfiando de aquella explicación—, tal vez demasiado bien, porque el ser amigos no era el propósito. ¿De verdad que son sólo amigos?
Ahí fue cuando los dos se sorprendieron abriendo los ojos como platos, y se ruborizaron por esa mirada maliciosa en la cara de esa chica. Ellos trataban de explicar soltando frases a medias y al mismo tiempo, sin embargo, pudieron alcanzar a decir que ni siquiera eran aliados, que tan sólo estaban pasando el tiempo. A pesar de eso, ella aun percibía que algo estaba pasando pero todo fue interrumpido ya que una alarma los sobresaltó a todos. El horrible y fuerte sonido provenía de los monitores del panel de control del dirigible, y luego de que Neo los revisara rápidamente, tomó el timón y cambió la dirección de repente. Eso por poco casi tiró a los tripulantes al suelo y, luego de la sacudida, los chicos esperaban una explicación a lo sucedido. Una gran tormenta se apoderó de N. Sanity, se enteraron después, con lo que llegar hasta ahí sería mortal para el vehículo aéreo, y luego el anaranjado explicó que ese mal clima duraba días completos. Los tres pensaron a dónde ir por ahora y la única alternativa era alcanzar el acorazado de N. Gin, ya que la nave no tenía combustible ilimitado. Fue entonces que ellos siguieron por una nueva ruta y, después de un tiempo largo, llegaron hasta ese buque de guerra para poder descansar por fin.
Por suerte, para los enamorados, la estudiante siguió por un pasillo diferente en lugar de ir a su camarote, el cual estaba al lado de su familiar. El que ejercía la medicina malvada no quiso ir a preguntarle hacia dónde iba, en cambio, fue directo hacia su habitación, con el animalejo que lo estaba siguiendo. Por alguna razón, él se sentía cansado así que se arrojó sin más hacia su cama, viendo que el muchacho también hizo lo mismo. Ambos se quedaron mirándose a los ojos sin decirse nada, hasta que el más joven se acercó peligrosamente, con lo que el otro le pidió que todo fuera más despacio. Lejos de entristecerse o molestarse, aquel aceptó con su típica sonrisa de oreja a oreja, aunque se preguntaba por qué le pedía eso, si bastante bien ellos se conocían. Sin siquiera darse cuenta, los dos se quedaron dormidos, disfrutando del contacto del otro, pero un fuerte ruido los despertó de golpe, el cual se trataba del aviso de que la cena ya estaba lista. Más le sorprendió y aterrorizó al que usaba pantalones azules ya que la voz de Rusty Walrus por el parlante, hizo que recordara esa horrible persecución. Él explicó por qué estaba espantado.
—Deja de preocuparte. Veras que las cosas cambiaron —le animó el barbudo, si bien el otro no estaba muy convencido—. Te prometo que no nos quedaremos mucho tiempo en este barco.
Eso hizo que aquel sonriera y, con esa nueva confianza, salió de la pequeña habitación para ir en busca del lugar de reunión, no sin antes esperar las indicaciones de su guía. Ahora que estaba animado, él vio las cosas como si fuera turista de un crucero y no como aquella vez en que todo era zona de peligro. Luego del laberinto de pasillos, los dos por fin llegaron al salón y, al ver que el lugar estaba lleno, demostraba que ellos eran los últimos en llegar. El sitio se parecía más al comedor de una prisión, con varias mesas y bancas largas para los rinocerontes mutados, así como esas bandejas con divisiones a modo de plato. A esto también se agregaba los rostros de pocos amigos que tenían esos marineros, y algunos de estos se fijaron en el visitante, lanzando miradas de odio. Ahí se fue la confianza que tenía recién, obligando al adolescente a refugiarse cerca del que tenía una N en la frente. Las cosas cambiaron un poco cuando llegó a la apenas más elegante mesa reservada para el almirante y sus aliados, encontrándose ahí con Nina y N. Gin. Todo esto le parecía un tanto extraño al que le gustaba bailar, eso de compartir la mesa con quienes hacía poco eran sus enemigos, sin embargo, Cortex lo invitó a sentarse amablemente.
—Creo que no le agrado a nadie —dijo el bandicut en voz baja al pelón, ya que notó durante la cena que los rinocerontes marineros lo veían con cierto enfado—. Ellos aún deben acordarse.
—Así que regresaste, carne traviesa —comentó indignado la morsa cocinera mientras le servía la comida y luego se volvió a su jefe—. Almirante, ¿por qué esta cosa está aquí en su mesa?
Neo parecía que iba a estallar de la ira, por el descaro de ese bicho colmilludo, incluso pensaba en darle su merecido, ahora que tenía en su poder su arma de rayo. De todas formas, todo se terminó cuando el ciborg explicó sin ánimos que aquel era un invitado del doctor y que se debía tratar con respeto. El chef dio media vuelta y se fue con eso, aunque no muy convencido, y eso percibió el de piel amarilla, quien estaba por demás molesto con aquel cabeza-cohete. Como si eso no fuera suficiente, el resto de la velada fue también un asco: esta vez la chica de pelo corto y el de un ojo mecánico no le seguían la conversación al líder del N Team. La primera más veía su teléfono y respondía con monosílabos, mientras que el otro mantenía los ojos en el plato. Él ya presentía lo que pasaba: todo era por culpa de Crash, y no quería armar otra pelea por eso. Cuando él y el mutante regresaron al camarote, tomó una decisión extrema y era abandonar el barco cuanto antes y desaparecer por unos días con su acompañante. Él pensaba que era mejor que todos se vayan al diablo, por no comprenderlo, de todos modos, un par de días no dañaría.
Los dos se fueron sin avisar y fijándose bien que nadie los seguiría, en especial cierta muchacha de ojos azules, hasta que llegaron a la paz del dirigible. De una forma apresurada, el científico accionó todos los mecanismos para que la nave se eleve cuanto antes, sin olvidar que contaba con el combustible necesario. Cuando ellos ya estaban bien lejos de aquel acorazado, ambos se sintieron aliviados por salirse con la suya y siguieron adelante hasta llegar después a un islote. Aquella isla pequeña tenía un clima tropical y era bastante parecida a N. Sanity, en cuanto a su belleza. Al peludo le agradó estar en tierra de nuevo y los dos llegaron justo a tiempo para ver el ocaso desde una playa paradisiaca. Sentados sobre la arena, ellos se olvidaron de sus problemas y se sentían bien por una vez en que sólo seguían a sus instintos, dejando de lado las opiniones de los demás. Tenían al mundo en su contra, reflexionaba el cabezón, y a ambos mucho eso no les importaba porque estaban luchando por conseguir la felicidad. Fueron momentos mágicos los que formaban parte de un recorrido por islas deshabitadas, en que la buena suerte estaba con ellos. Parecía que todo les saldría perfecto, que nadie y nada podría acabar con su secreto.
—¿Encontraste algún indicio, Nina? —preguntó N. Gin ni bien puso un pie dentro de la estación de vigilancia, en donde la que tenía manos de acero observaba con detenimiento una pantalla en especial de tantas que había—. ¿Cómo fue que desapareció? Tenemos que ir a una reunión.
—Estamos en problemas —habló apenas ella y sin quitar la mirada del monitor. Como el de pelo anaranjado no entendía lo que pasaba, presentía que la respuesta estaría averiguando qué veía tanto ella—. ¿Qué voy a hacer? ¿Acaso debo guardar el secreto o contárselo ya mismo a todos?
El dueño del barco no podía responder a esa pregunta, a pesar de que no estaba dirigido a él, ya que tampoco sabía qué hacer. Él sólo se fijaba en aquella insólita escena, en la que el marsupial se mostraba bastante cariñoso con ese alguien que estaban buscando. De inmediato, el doctor desvió la mirada para no seguir viéndolos, y se agradecía a sí mismo por poner sólo cámaras de vigilancia en los pasillos y no en los camarotes. Bueno, esa relación explicaba muchas cosas, no obstante, ellos desearían que la situación no fuera tan grave. Todas las advertencias que dijeron sus amigas, cayeron como un balde de agua fría a la que tenía dientes de conejo, y en seguida entró en una especie de estado de pánico. En lugar de tranquilizar, el otro le contó una noticia aterradora: Tropy y Brio consiguieron despertar a Uka Uka y por eso todo el N Team debía estar en reunión. Por eso, ahí mismo ellos decidieron mantener el secreto porque, si se llega a saber, de seguro que la máscara maligna mataría sin piedad a Neo. Podría decirse que se lo merecía, mas Nina no quería que eso le ocurriera a la poca familia que tenía: su tío era como su padre.
Pasaron días sin saberse nada sobre los fugitivos y ya era hora de aquella dichosa reunión, que se llevó a cabo en casa del maestro del tiempo. Con la excusa de que el líder del grupo estaba muy enfermo, los ciborgs fueron a esa casa que estaba lejos de toda gente, en China y ahí ellos se encontraron con aquellos tres. Los mismos se veían molestos, en especial ese brujo oscuro, ya que estaba bastante cambiado, con apariencia de esqueleto. La máscara vudú explicó lo que le pasó, que tuvo que tomar otros objetos para formar su forma física, porque los anteriores los habían dañado esos loros de la décima dimensión. No se sabía bien por qué ese hechicero daba bastante miedo cada vez que hablaba, pero así lo era y más parecía al relatar sobre una antigua magia que había en una isla. Esa misma magia podía volverse maligna, explicaba, y se utilizaría como fuente de energía, lo que le faltaba al último plan de Cortex. Todo sonaba bien decidido, aunque los últimos en llegar no se mostraban muy convencidos, ya que el que faltó de seguro que ahora tenía otros planes en su gran cabeza. Por eso mismo, ellos se mantenían en silencio.
—¿Qué diablos les pasa? ¿Por qué no dicen nada? —preguntó un poco harto el que parecía un extraño cadáver flotante a esos dos—. Admítanlo, es el mejor plan que hayan oído en sus vidas.
Ahí ellos se apresuraron a elogiar a la brillante idea y a su inventor, casi de una forma exagerada mientras que el de los relojes y el de las pociones los observaban de una manera rara. Aquellos dos no eran muy buenos mintiendo y más se ponían nerviosos tratando de ocultar semejante secreto. Por eso fue que los demás desconfiaban, que esos que eran los más cercanos al pelón se traían algo entre manos, en especial Uka Uka, quien preguntó si el ausente estaba de verdad enfermo. La chica se encargó de responder, contando una anécdota de cómo fue que su tío se enfermó después de comer algo en mal estado. Había sido culpa de una rata que se metió en su camarote, agregó el experto en robots, y se descubrió que el animal encontró las golosinas que guardaba bajo llave. La historia fue convincente y los demás no querían oír nada más cuando la joven dio detalles repugnantes acerca de los síntomas que sufría aquel. El de los tornillos en la cabeza quiso cambiar de tema rápidamente, pidiéndole al ser espiritual más detalles acerca del proyecto. Aquel fue explicando con lentitud ciertas cosas, hasta que paró de hablar de repente.
—¡Están mintiendo! —gritó haciendo temblar las cosas de la habitación y también a esos dos—. ¡No, no puede ser! ¡Crash y Cortex! ¡No! ¡Debí haberlos matado cuando tuve esa oportunidad!
—¿De qué está hablando? —quiso averiguar el hombre de piel azul, coincidiendo con su colega.
—Leí la mente de esos dos traicioneros y tal parece que ahora hay una pareja de héroe y villano.
Nefarious Tropy y Nitrus Brio no podían creer lo que oían, sin embargo, aquel huesudo estaba muy seguro de lo que decía y no se dejaba convencer con nada. Era inútil tratar de negarlo y ahí mismo, la máscara maligna decidió no sólo echar al barbudo del equipo, sino también a sus dos cómplices. Por supuesto que ellos protestaron al principio, pero ellos no podían enfrentarse a la fuerza oscura de ese brujo renacido. Cuando todo parecía perdido, aquel ser les dio una chance para regresar y sólo podían hacerlo cuando demostraran de verdad querer estar en el grupo. Es decir, que todo de alguna manera volviera a la normalidad: optando el camino del mal y además volviendo a ser enemigos de esos marsupiales arruina-planes. Eso sonaba un poco complicado de realizar y tampoco sabían cómo lo lograrían. Las cosas estaban cambiando muy rápidamente.
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