¡Nuevo capítulo!
Gracias por tu review, FlautaRara, y espero no hacerte llorar.
Espero que les guste este nuevo capítulo.
Capítulo 19
Decisiones que duelen
Después de salir de la reunión, en donde el renacido Uka Uka era el centro de atención, N. Gin y Nina estaban aun con muchas dudas en cuanto a qué hacer para recuperar sus lugares en el N Team. Aun no podían creer que por culpa de ciertas personas los echaron del grupo y, por eso estaban más que molestos. Como el problema se debía a asuntos ajenos, que posiblemente las cosas entre ellos no cambiarían, los ciborgs estaban pensando en alternativas. Era así porque el volver al equipo se veía más difícil de lo que parecía y de esta forma se mantuvieron pensando mientras iban de regreso al acorazado. Mientras que el almirante veía su agenda desde la sala de control, la gótica que estaba ahí cerca empezó a desesperarse por la situación. Tanto fue así que le gritó a su colega, el cual parecía tomar esto con calma, y le exigió una solución. Él quedó estático por esa reacción y luego creyó que ella se volvía loca porque aquella comenzó a hablar en voz baja diciendo que sus amigas tenían toda la razón. El científico le pidió preocupado que se calmara, aunque la chica estaba dentro de su conversación con ella misma, así que lo repitió.
—Ya lo oíste: debemos demostrar que queremos estar en el equipo —explicó logrando que por fin la estudiante lo escuchara—. Creo que es algo que debemos hacer cada uno y por separado.
—¿Es en serio? ¿No me ayudarás? —preguntó indignada ella, quien amagó ahorcar al hombre con sus grandes y pesadas manos metálicas—. Tal vez me perdonen si pido perdón de rodillas…
Al mismo tiempo en que Nina decía en voz alta sus planes para que la admitieran al grupo, ella se alejaba de aquel egoísta, en dirección hacia su camarote. Ella realmente estaba muy molesta y ser echada arruinó todo lo que conocía: era indispensable para cualquier alumno de la escuela del mal pertenecer a un grupo, así podría poner en práctica todo lo que le enseñaban y tener en cuenta las experiencias de otros científicos malvados. Además, quizá ahora por la influencia del héroe, su tío podría obligarla a pasarse del lado de los buenos y eso significaría la despedida de sus amigas de la academia y, lo más importante, olvidarse de esa sensación de ser una villana. Eso no iba a permitirlo y lo primero que hizo fue insistir en comunicarse con él, hasta que por fin lo logró. Al principio, Neo no entendía por qué su sobrina le dijo que arruinó su vida y, sin dejar de gritar, ella le fue explicando todo lo que sucedió. Por más que él negaba que tuviera algo con el bandicut, no servía de nada porque había pruebas contundentes en su contra, y al preguntar cuántos más lo sabían, él se quedó paralizado al escuchar que todo el N Team estaba al tanto.
Después de un rato a que el de piel amarillenta reaccionara, su pariente lanzó la bomba: debido a su relación prohibida, estaba fuera del equipo. Mucho a él eso no le importaba, pero cambió de parecer al oír que de seguro no sólo se conformarían con echarlo, sino que habría algo más, como una especie de represalia. Eso sí que no lo veía venir, sin embargo, a pesar de que aliarse con el marsupial sirvió para detener a los Gemelos Malvados, no sabía si correría con la misma suerte si se enfrentaba a la máscara maligna. Todo esto debía pensarse con cuidado, le decía a la muchacha, aunque ella no quería que se perdiera más tiempo pensando y le exigía que todo volviera a la normalidad. Ella cortó la comunicación sintiendo tanta bronca que casi rompe su teléfono móvil. No entendía por qué él quería renunciar a todo por culpa de un animalejo sin cerebro. Tantos años dedicados al equipo se tirarían a la basura así como así, por más que no se consiguieran muchas victorias. La desesperación y la furia la llevaron a arrojarse a su cama con violencia y a derramar lágrimas, las suficientes como para que su maquillaje se le arruinara. Ella permaneció inmóvil durante largo un tiempo, hasta que sintió que había algo extraño ahí cerca.
—Deja de llorar, Nina —le pidió una voz grave que la hizo sobresaltar, encontrándose que al frente estaba el oscuro hechicero—. Estuviste muy bien. Eso de mentirle fue muy buena idea.
—¿En serio? —preguntó con una sonrisa maliciosa—. Aunque no logré convencerlo ahí mismo.
—Lo conseguirás —respondió con una voz tenebrosa—. Mientras tanto, estás dentro del equipo N y, por cierto, no quería deshacerme de ti. Te necesito para que me ayudes con un nuevo plan.
La gótica no podía estar más feliz ahora que se sentía apreciada por esa máscara vudú, y eso era mucho mejor que ser cuidada por su tío traicionero. Uka Uka se desvaneció ante sus ojos en una nube de humo, dejándola a ella para pensar en su segundo ataque, buscando romper esa unión. No obstante, como holgazana que era, ella dejó la tarea para después para echarle en cara a N. Gin que consiguió estar de vuelta en el N Team. Fue hacia donde lo vio por última vez, mas no lo encontró aunque sí a un rinoceronte que le avisó que su jefe salió a quién sabe dónde. La chica intuía algo, por más que no debería importarle a dónde se fue el cabeza-cohete, así que fue a la sala de vigilancia. Después de buscar en cada monitor, ella descubrió que aquel misterioso se tele-transportó, pero no pudo saber hacia qué lugar. ¿Acaso él averiguó dónde estaba Cortex y fue a buscarlo? Si era así, ¿por qué no le pidió que le acompañara? Había una manera de poder saberlo y era utilizar las mismas últimas coordenadas del tele-transportador, entonces ella fue corriendo hacia esa máquina. Luego de activarlo, ella apareció en un lugar que reconocía bien.
—Es… la isla N. Sanity —se dijo después de notar que estaba la cascada y la casa del marsupial.
El cielo estaba cubierto y la arena mojada por la lluvia que parece que recién paró. La de manos de metal no entendía por qué apareció ahí, si supuestamente los novios estaban evitando la isla por el mal clima. Antes de revelar el misterio, se dirigió hacia la casucha de los héroes por varias razones: una, para buscar refugio porque en cualquier momento llovería y, dos, para contarle a Coco lo que anda haciendo su hermano, sólo para verla sufrir. No fue directo a golpear la puerta sino que se asomó por la ventana, sólo para saber si venía en un momento adecuado. Lo que vio la sorprendió: la rubia parecía estar llorando frente a la chimenea, su compañero tigre estaba a su lado, y al otro costado estaba el del misil en la cabeza. Justo que ella quería darle la noticia, el hombre arruinó sus planes, de todas formas, quería presenciar el duelo más de cerca así que ya era hora de entrar de una vez. Del otro lado se tardaron un rato en abrir la puerta, encontrando a la mutante limpiándose el rostro y al científico un poco molesto por razones desconocidas. Los dos le decían a la de pelo negro que este no era un buen momento para que viniera a molestar.
—Lamento mucho todo esto —habló la estudiante oyéndose apenada—. Me gustaría que nada de esto hubiera pasado y que todo vuelva a ser como era antes. A mí también me afectó mucho.
—Gracias, Nina —agradeció la de ojos verdes mostrando una débil sonrisa—. Qué bueno que al menos estamos de acuerdo con algo. No sé por qué mi hermano tuvo que querer a un villano.
Ahí ella continuó explicando, tratando de no ofender a nadie, que no entendía por qué ellos se querían si eran totalmente diferentes, como agua y aceite. Más temía porque el sonriente eligió a alguien que había optado por el camino del mal, y suponía que aquellas personas nunca iban a cambiar. Sostenía que entre héroes y villanos nunca podría haber amistad, mucho menos amor, un verdadero amor, por eso, tenía la esperanza a que lo sucedido no iba a durar mucho tiempo. La de dientes de conejo estaba de acuerdo y siguió con la conversación, sin embargo, el doctor se fue de la casa con prisa y sin decir una palabra. Fue extraño que él saliera de esa forma tan de golpe e incluso con el aguacero que había afuera, aunque ellas no querían averiguarlo; estaban concentradas en tratar de resolver el problema cuanto antes que habían causado sus parientes mayores. Transcurrió una hora y averiguaron donde estaban los fugitivos rastreando el teléfono de Neo y acordaron en que si ellos no terminaban con su paseo romántico, los irían a buscar. Ya que algo ellas avanzaron y se estaba oscureciendo, la de ojos azules quiso irse y no sabía cómo.
—¿Acaso se fue y me dejó en este lugar? —protestó ella luego de notar que en los alrededores no estaba aquel sujeto, así que salió en su busca—. ¿Dónde rayos se habrá metido ese idiota?
—¿Ya terminaste? —preguntó él aunque estaba de espaldas a la chica y sentado sobre la arena contemplando el mar—. No sé si darte las gracias u odiarte por aparecerte para arruinarlo todo.
La muchacha no sabía de qué diablos estaba hablando él y lo peor era que no le daba una rápida explicación. Por eso ella se dio cuenta que aquel estaba empapado por la lluvia, y fue mejor que en ese momento el mal clima no continuara, pese a que aún relampagueaba. Ese especialista en robots se ponía de pie con torpeza y ahí recién ella se fijó en la mirada entre odio y tristeza que tenía el otro. Él explicaba que estaba en deuda con la joven por revelarle lo que Coco pensaba sobre los villanos y así le ahorró una cruel humillación. Por otro lado, la odiaba porque le quitó la oportunidad de convencer a la bandicut que las cosas no eran tan así como pensaba y que el amor podía superar toda diferencia. La adolescente aun no tenía todas las piezas, no obstante, tenía cierta idea de lo que pasaba y sospechaba a que aquel tipo justo se decidió a confesar sus sentimientos a la rubia. Al preguntárselo si era cierto, él sólo bajó la mirada y con eso ya daba la respuesta. Qué buen momento para decírselo, exclamó ella con sarcasmo y sin fijarse si podría lastimarlo. Él le comentó que todo estaba bien, y al final se quedó con la opción de agradecerle.
—Bien, ya regresemos al acorazado —decidió el de pelo naranja con una débil sonrisa y activó el transportador, que los envió en un segundo al buque—. Ahora sólo me queda volver al equipo.
Como N. Gin se veía realmente triste, la que tenía manos de acero no se decidía por disculparse o no, o decirle algo que lo animara, por lo menos. Sin embargo, ella permaneció en silencio al mismo tiempo que lo estaba siguiendo, porque los dos acordaron en ir hacia la cocina en busca de algo para comer. Al doblar por una esquina, por poco los dos se chocaron con el hombre de la N en la frente y los tres no sabían bien cómo reaccionar después del inesperado reencuentro. Fue Cortex quien empezó a hablar en voz baja preguntando qué tan grave es el asunto y, antes de que todo el barco escuchara los gritos de la de piel azulada, el ciborg los condujo a un lugar más tranquilo para charlar. Los tres fueron a la cabina de mando y el almirante se aseguró antes de apagar la cámara de vigilancia. Fue ahí en que el barbudo se avergonzó por saber cómo ellos lo descubrieron y, mientras sus socios trataban de mantener la calma, fue escuchando todo lo que había pasado. Al final, la fémina soltó una amenaza a su pariente: que debía dejar al chico antes de que pasara algo realmente malo. Aquel no podía dar una respuesta clara de qué hacer.
—No sé si pueda hacerlo —dijo con una voz entrecortada—. Nunca había sentido algo así antes.
—¿Acaso no tienes miedo de lo que pueda ocurrirte? —gritó furiosa ella mientras que el sujeto pelirrojo miraba hacia otro lado también enfadado—. Sé lo que planean y no podrás escaparte.
Los hombres estaban sorprendidos al escuchar eso último y, luego de mucho dudar, el de piel amarilla pidió un tiempo para pensar. Su sobrina le dio hasta la mañana siguiente con el aviso de que mientras antes se resuelva, mejor para todos. Esa fue una noche larga para el de poco pelo, quien se la pasó preocupado, por más que ver a Crash durmiendo a su lado plácidamente, lo alegraba. Él se encontraba dentro de un gran dilema: hacer que las cosas volvieran a ser las de antes, por más que no quería, o vivir huyendo junto con las personas que querían. Lo último tenía sus detalles y lo principal era que probablemente los demás no aceptarían vivir así. Como era imposible que el muchacho dejara atrás para siempre a su familia, no le quedaba otra más que aceptar lo que no quería y así mantenerse ambos a salvo. Mas había un problema y era que no podía terminar así como así la repentina relación solo, con lo que debería pedir ayuda a esos aliados. Eso mismo lo comentó al día siguiente, a escondidas del marsupial, quien salió a tomar el sol como si estuviera vacacionando. Nina y N. Gin no sabían cómo demonios ayudar al viejo.
—¿Habrá alguna forma de volver a odiarnos? —preguntaba con temor el médico y en voz baja.
—¿Por qué no le engañas con alguien? —sugirió la gótica con una sonrisa aviesa, con lo que de nuevo los sobresaltó con sus ideas—. Sabes, tío, siempre creí que había algo entre ustedes dos.
Lejos de enojarse, los implicados sólo sintieron que se les revolvía el estómago; uno más que el otro porque el dueño del barco abandonó la habitación. Al cabo de unos minutos, él regresó y se encontró con que la chica aún seguía insistiendo con que su ocurrencia era la única elección que había. Lo único que ella logró fue atormentar a su familiar quien aún estaba muy aturdido, mientras se agarraba la cabeza y se preguntaba en voz baja qué carajos debía hacer. El del misil estaba harto de la situación tan extraña y también era un misterio para él cómo fue que aquel se enamoró tan perdidamente. Se lo preguntó, como para cambiar el tema de conversación, y le agregó que fue como si ellos se dispararon con el arma de rayo en modo amor. Neo les exclamó que tenía por fin una buena idea: utilizar su arma de rayo con el agregado de una nueva función de anti-amor. Eso les parecía bien a sus colegas y, como el pelón no era muy ducho en hacerle la mejora a su artefacto, el trabajo paraba en manos del experto en robots y en cualquiera que le pudiera ayudar. Mientras que los Cortex volvían a sus asuntos, el ciborg tuvo que iniciar la labor.
—Buenas noticias —comentó el del ojo robótico a Nitrus Brio por teléfono, en busca de pedirle una ayuda con las sustancias químicas—. El doctor Cortex quiere olvidarse de Crash Bandicoot.
—¡No se hable más! —interrumpió enfurecido Uka Uka, dándose cuenta de repente que el otro tenía el aparato en altavoz—. ¡Ven aquí inmediatamente que hay demasiado trabajo por hacer!
Aquello sí que lo sorprendió y, antes de hacer enojar aún más a la máscara maligna, fue por sus cosas y se fue lo más rápido que pudo. Él se tele-transportó a la solitaria casa del químico, en el extenso desierto de Australia, sintiéndose entre asustado y algo esperanzado de volver al grupo al percatarse que el brujo lo necesitaba para algo. El lugar parecía una casa normal, excepto por el sótano, que era donde se encontraba un laboratorio secreto lleno de miles de sustancias y de diferentes aparatos. Ahí él se reunió con el N Team, en medio de un ambiente no muy espacioso y con una gran variedad de olores provenientes de los líquidos. Después de comentar sin vueltas el nuevo plan, todos empezaron a trabajar de inmediato: con el pelirrojo desarmando el arma de rayo, mientras que el calvo iba y venía en busca de los ingredientes para la poción. El ser que flotaba también ayudaba, demandando que se debía utilizar tal hierba o parte de algún animal para que la cosa realmente funcionara. Eso último consiguió poner a esos científicos en una rara situación ya que, como eran hombres de ciencia, la parte "mágica" del plan les parecía increíble.
—Creo que la p-p-p-poción está terminada —anunció un poco inseguro el que podía convertirse en grandes bestias verdosas, logrando que se acercaran sus compañeros—. Sólo falta probarla.
—De seguro que funcionará —habló el huesudo un tanto molesto porque ninguno de los dos le tenía confianza—. Y, por si eso llega a fallar, tengo planeado hacer una invocación de espíritus.
—Eh, Doctor Brio —comenzó diciendo el deforme aun algo asustado porque no quería meterse con fantasmas o lo que sea—, el arma ya está lista. Puede probarla conmigo. No quiero más…
Él no pudo seguir hablando ya que el de los tornillos le disparó sin dudar y tan rápido que no dio tiempo a nada. El sujeto de prueba cayo inconsciente al suelo, y de manera tan brusca como si fuera una bolsa de papas. Cuando despertó, se dio cuenta que estaba en una especie de celda, a pesar de sentirse un poco mareado y nadie estaba por ahí cerca. Él sólo encontró una fotografía.
¿Y? Quiero saber qué piensan. Por favor pasen a dejar un review.
