Capítulo 14
"Detrás de lo que creemos conocer de sobra se esconde una cantidad equivalente de desconocimiento. La comprensión no es más que un conjunto de equívocos."
Sputnik mi amor
HARUKI MURAKAMI
Disclaimer: Danmachi es obra de fujino Omori y ninguno de los personajes de su obra usados en este fanfic me pertenece. (excepto Sigurd ese man es mi OC, claro que esta basado en el héroe mitológico y en la imagen del pelirrojo del trailer de kuiyu chouyuan pero esos solo son detalles) xD
Capítulo 14
Los misterios del espejo
Bell desvió su mirada, se sentía bastante incómodo en esta situación. No quería ocultarle nada a esta chica cuya imagen ya estaba grabada en su corazón. Pero su diosa le había prohibido hablar sobre el sharingan y todo lo relacionado al fruto del árbol divino.
"lo siento señorita Wallenstein… pero yo no…"
Aiz permaneció inmóvil con su semblante estoico, aparentemente imperturbable. El aventurero solo esperaba que su interés amoroso no insistiera más en este asunto.
"entiendo, no debí de preguntar... Todas las familias tienen sus secretos, fue muy grosero de mi parte preguntarte sobre tu estado"
Un pequeño asentimiento junto a su suave voz fue todo lo que recibió Bell como respuesta.
La forma de hablar de Aiz usualmente no le permitía a los demás saber lo que ella sentía, pero esta vez sin duda el peliblanco se percató de un pequeño dejo de decepción entre sus palabras. Su corazón se contrajo, pero se mantuvo firme y se aferró a la promesa que había hecho con su diosa para guardar el secreto.
"u-ummm, señorita Wallenstein… ¿cómo es que me encontraste aquí en la mazmorra?"
"volvía de una batalla, mientras caminábamos hacia las escaleras al piso superior escuchamos un extraño crepitar y tras buscar un par de minutos te encontramos tirado aquí inconsciente"
"¿m-me encontraron…?"
"sí, Riveria venía conmigo"
La vergüenza que sentía Bell al ser visto inconsciente por la belleza que lo estaba cuidando no hizo más que aumentar al saber que otra aventurera de primer nivel lo había visto en un estado tan patético.
Era un hecho que de no haber sido encontrado por Aiz, algún monstruo al azar lo pudo haber asesinado en cualquier momento. Seguro que no estaba dándole la mejor impresión a la persona que le gustaba.
El silencio creció entre ellos, la cabeza de Bell comenzaba a sentirse más despejada. Para cuando la cabeza del peliblanco dejó de estar en las nubes se comenzó a ruborizar al darse cuenta de la posición en la que estaban ambos. Trató de levantarse de esta celestial almohada legendaria de la que le había contado en múltiples ocasiones su abuelo.
"¡aaah!"
Pero tan solo al erguir su torso un enorme dolor hizo que sujetara su abdomen y fue obligado a caer hacia el piso. Finalmente se dio cuenta… todos sus músculos le ardían como si alguien lo hubiera quemado por dentro.
"¿Bell, te encuentras bien?"
"… me duele… todo mi cuerpo. Es como si alguien me hubiera quemado por dentro"
"no parece que hayas sido herido"
Aiz dijo al observar nuevamente si Bell tenía alguna herida visible en su cuerpo. Pero solo volvió a confirmar que estaba intacto. Ella lo tomó lentamente de su cabeza y lo volvió a recostar nuevamente en su regazo. No se había dado cuenta de que Bell se había movido desde el principio solo para dejar de estar recostado sobre sus piernas.
A Bell le dejo de preocupar ese detalle debido al dolor que sentía. Aiz solo echo nuevamente otro vistazo a su alrededor, se encontró con una gran cantidad de piedras mágicas dispersas junto a la armadura rota de Bell. La energía residual de la magia era bastante densa, fue entonces que una idea se le vino a la cabeza.
"¿usaste magia antes de caer inconsciente?"
"…sí"
Bell se tranquilizó ligeramente, mientras no se moviera el dolor parecía desvanecerse.
"ya veo… podría ser que tu magia te haya causado un daño interno, aunque son muy extraños estos casos, hay algunos registros sobre ellos. Por lo general eso quiere decir que o tu cuerpo es muy débil o tu magia es demasiado fuerte y de ser ese el caso eso significaría que podrías poseer una magia de alto nivel. En cualquier caso, necesitas aumentar tu estadística de resistencia o incrementar la afinidad con tu magia para que no te vuelva a pasar"
Aiz parecía buscar entre el ligero equipaje que tenía sobre ella.
"toma, bebe esto"
Ella le ayudó a beber la poción mágica mientras sostenía su cabeza con su mano apoyándolo en su pecho tratando de ayudar a que el líquido se deslizara más fácilmente en su garganta mientras con la otra vertía la poción directamente en su boca.
El sonrojo no se hizo esperar en el pálido rostro del aventurero. Aquel líquido dulzón se deslizó por su garganta mientras Aiz lo mantenía en una posición comprometedora.
"bien. Esperemos a que la poción haga efecto…"
"…sí"
Aiz lo volvió a recostar sobre sus piernas. Como ninguno dijo nada, la rubia volvió a acariciar distraída el cabello del peliblanco. Mientras Bell robaba miradas a la belleza que lo estaba cuidando. Sus ojos se encontraban de vez en cuando, pero nadie dijo nada al respecto.
…
"vamos, ya falta poco"
Los guardias al pie de la puerta que daba acceso a la mazmorra escucharon una voz que venía de la zona interna de la mazmorra. Ambos estaban extremadamente aburridos, para ellos cualquier distracción era buena. Tan pronto como escucharon señales de vida no pudieron evitar dirigir su mirada hacia la persona que se acercaba desde dentro de la mazmorra.
Una silueta envuelta en la oscuridad de la noche se hizo presente. Esta era muy difusa y pequeña pero conforme los pasos que resonaban en las estrechas paredes de la entrada se volvían más fuertes la identidad de esta silueta se fue revelando poco a poco.
"o-oye, esa chica es…"
Su compañero a su lado escupió el café que estaba bebiendo.
"cof cof… baja la voz idiota, ¿acaso no sabes lo sobreprotectora que es la diosa Loki con la princesa de la espada?"
Le susurró esperando que la rubia no la escuchara.
"p-p-pero mira, no viene sola… y-y-y ella está abrazando a alguien"
Tan sorprendido como estaba el guardia, no hizo un escándalo y fue muy discreto mientras hablaba.
"silencio, vuelve a tu posición"
Ambos se pararon frente a la amplia entrada en posición firme de espaldas a ellos mirando hacia la ciudad frente a la torre Babel. No dijeron ni una palabra más, solo esperaban en silencio escuchando los pasos de un par de personas acercándose, entonces la famosa aventurera pasó a un lado de ellos.
Ambos se quedaron viendo embobados a la esbelta y celestial figura de la hermosa rubia. Un gran resentimiento y celos brotaron en sus corazones al ver como un chico peliblanco rodeaba los delicados hombros de la renombrada aventurera con su brazo. La princesa de la espada también abrazaba al chico, sus cuerpos estaban tan juntos y apretados que no había ni un centímetro de separación entre ellos.
No pudieron evitar maldecirlo por tener tanta suerte. Cualquier hombre, incluso hasta los dioses estarían dispuestos a perder un brazo con tal de recibir la gracia de tal belleza. Sus quejas no se hicieron esperar tan pronto como los aventureros estuvieron a una buena distancia.
"¡maldición!, ¿quién es ese bastardo?… se atrevió a robar a una de las chicas más hermosas de Orario"
"sí, ese idiota se debió de haber quedado sin suerte por el resto de su vida solo por poder estar tan cerca de Aiz-sama… ¡maldición, cuanta envidia le tengo!"
"¿oye, sabes si quiera quién es? Nunca había visto a algún aventurero como él"
"no, de seguro debe de ser un chico sin nombre… ¿bajo qué estrella nació ese bastardo para haber merecido recibir la gracia de Aiz-sama?"
…
Aiz y Bell siguieron su camino sin darse cuenta de las quejas de los resentidos guardias, ambos estaban tan inmersos en sí mismos que no les prestaron atención. Habían tenido pequeñas conversaciones en su camino, pero nada que fuera realmente importante. Era obvio que ambos estaban evitando los temas de los que realmente querían hablar.
Pronto llegaron al punto donde los caminos hacia sus hogares divergían. La incertidumbre de no saber lo que les deparaba el futuro los abrumó. ¿se volverían a ver? ¿era esta una despedida? ¿si quiera seguirían vivos como para tener un segundo encuentro? Como aventureros, eran muy conscientes de que la muerte podría llegar en cualquier momento, para ellos no había certeza sobre sus futuros.
"¿estás seguro de que podrás seguir desde aquí tu solo?"
"no se preocupe, señorita Wallenstein. El dolor ya ha desaparecido, estaré bien"
Ambos se separaron y finalmente se vieron directamente a los ojos sin apartar inmediatamente sus miradas.
"bueno, será mejor que regrese a casa pronto. Debo volver antes de que Hestia-sama descubra que he salido sin su permiso…"
Bell parecía dudar, debatiendo dentro de sí mismo para darse valor y agradecer a Aiz antes de marchar. Aun así, ese momento de duda causó innumerables tribulaciones en el interior de la princesa de la espada.
"¡espera!"
Su voz fue apenas un decibel más alto de lo usual, pero la forma urgente en que Aiz lo detuvo le llamo la atención al peliblanco.
"… Bell, yo… te quiero pedir disculpas…"
"¿eh?"
Aiz bajó su cabeza, mientras hacía algo que debió de haber hecho en aquella ocasión en la anfitriona de la fertilidad. La nueva perspectiva del mundo que le había dado Bell tras su primer encuentro y aún más importante, la purificación de la sucia llama oscura en su interior.
La princesa de la espada estaba profundamente agradecida con el aventurero frente a ella. Por eso la culpa que sentía por el incidente de los minotauros y el comportamiento de Bete en el pub creció desmedidamente.
"quería pedirte disculpas por lo que te provoque en la mazmorra y también por el comportamiento de Bete… quiero que sepas que yo no pienso en ti de aquella forma en la que él lo hizo parecer. Sobre la mazmorra… no sé qué clase de milagro te ocurrió para haberte recuperado, pero cuando te encontré… ciertamente tenías tu columna destrozada, si yo hubiera llegado antes no tendrías que haber peleado contra el minotauro ni tampoco hubieras sufrido tanto por ello. Yo solo… estoy muy feliz de que te hayas recuperado"
Ella se inclinó ligeramente demostrando la sinceridad de su disculpa.
"s-se equivoca señorita Wallenstein, por favor perdóneme. Usted no tiene la culpa de esos dos acontecimientos"
Aiz se levantó completamente para ver confundida a ese par de orbes escarlata. Quería encontrar en la mirada de Bell si este era sincero o simplemente estaba siendo educado.
"¡s-señorita Wallenstein! No tiene por qué disculparse, fue Bete quien se comportó grosero, no usted. Y lo de la mazmorra no fue su culpa tampoco… en realidad, yo estoy muy agradecido. De no ser por usted yo ya habría muerto en esa ocasión. Incluso esta noche, sino me hubieran encontrado ya todo habría terminado para mi"
Aiz se dio cuenta de la sinceridad de los sentimientos de Bell, ella no pudo evitar que su corazón se derritiera un poco.
"soy yo quien debería disculparse por no haberle agradecido adecuadamente antes, le pido que me perdone. De haber sabido que se sentía de esta forma hubiera expresado esto antes, pero simplemente me sentía demasiado avergonzado para hacerlo... por eso yo… espero que me perdone"
Ambos se miraron, esta situación era demasiado extraña para ambos. Aun así, Bell no pudo evitar reír por la extraña interacción, incluso Aiz que era menos expresiva dejo salir un suspiro de alivio mientras sus labios se curvaban ligeramente formando una muy pequeña sonrisa modesta.
'como pude ser tan tonta al punto en que creí que él podría ser una mala persona en nuestro primer encuentro… me deje llevar al ver sus ojos en aquella ocasión. Pero Bell ciertamente es una de las personas más amables e inocentes que me he encontrado hasta ahora.
"¿crees que nos volveremos a encontrar pronto en la mazmorra?"
La pregunta se le escapó a Aiz. Por algún motivo no quería dejar de ver a este chico.
"bueno… eso me gustaría, es solo que mi armadura quedo hecha polvo. Pero en cuanto compre una nueva espero poder volver a verla señorita Wallenstein. Aunque espero que la próxima no sea conmigo inconsciente o tirado sangrando en el piso"
Bell susurró avergonzado la última parte. Ya no quería volver a lucir débil frente a ella.
"cierto… ¿no tienes una de repuesto?"
Bell solo negó con la cabeza, su familia era muy pobre. Tenía algo de dinero ahorrado, pero prefería guardarlo para emergencias, desde que empezó su carrera como aventurero su vida estuvo llena de altibajos por lo que no creía obtener pronto dinero suficiente para equipo con precios tan inflados como los que tenían en Orario.
"ya veo…"
Aiz puso su mano bajo sus labios mientras se veía profundamente pensativa.
"Bell… ¿estas libre mañana?"
"¿eh? Sí, no tengo nada planeado ¿por qué la pregunta?"
Bell estaba confundido, no se quería hacer ilusiones, pero todo apuntaba a una sola dirección.
'no me digas… acaso Aiz quiere…'
"¿te parece bien si te acompaño mañana para buscarte una nueva armadura?"
"¿eh?"
'no puede ser, esto no es cierto ¿verdad? Debo de estar soñando'
Al ver la falta de respuesta, Aiz sintió que Bell no quería ir con ella. De alguna forma eso la hizo sentir ansiosa, no podía esperar más por su respuesta.
"¿Bell…?"
"¡sí, acepto!"
'¿¡por qué dije que sí? ¿Qué haré si no tengo dinero suficiente para una nueva armadura mañana? Solo quedaré en ridículo frente a ella'
Aiz no notó las tribulaciones que surgían en la cabeza de Bell. Ella solo asintió enérgicamente, por algún motivo que no lograba entender se sentía feliz de que Bell aceptara su invitación.
"bien, nos vemos en la fuente frente a la entrada de la mazmorra. Buenas noches Bell, hasta mañana"
Bell se quedó agitando su mano de izquierda a derecha por un tiempo, aunque Aiz ya no lo podía ver tras dar vuelta en una calle cercana. Estaba tan emocionado por ser capaz de ver nuevamente a la princesa de la espada que parecía que lo habían hipnotizado.
Volvió a casa tambaleante donde lo recibió Haruhime muy preocupada. Afortunadamente para él, Hestia seguía soñando mientras murmuraba su nombre una y otra vez, su rostro estaba sonrojado y tenía una extraña sonrisa.
…
"señorita Wallenstein, espero no haberla hecho esperar"
Bell saludó tan pronto como había llegado a la fuente. A pesar de que había llegado quince minutos antes de lo acordado, Aiz ya estaba sentada ahí esperándolo. Ella giro su cabeza para verlo mientras se levantaba frente a él.
"no te preocupes, acabo de llegar hace poco"
Bell pudo notar que era mentira, si eso fuera cierto habría un montón de gente rodeándola sorprendidos de ver a la princesa de la espada sentada frente a la entrada de la mazmorra. Pero como no había una multitud rodeándola era obvio que ya debía de tener un tiempo relativamente largo esperándolo.
El peliblanco no pudo evitar notar el cambio de atuendo de Aiz.
Ella dejó de lado su usual ropa de guerra que usaba en la mazmorra haciéndola lucir más femenina. Había dejado de parecer una guerrera santa, cuya belleza solo rivalizaba con su abrumadora habilidad de combate para ser una delicada princesa de rasgos finos cuyo encanto podría avergonzar incluso hasta a las hermosas diosas que descendieron del mismo cielo.
Aunque su inexpresivo y estoico semblante la hacían lucir como una muñeca en toda la extensión de la palabra, bella pero irreal al mismo tiempo. Sí sus mejillas estuvieran ruborizadas y sus labios esbozaran una sonrisa Bell no dudaba que incontables hombres estarían arrodillados a sus pies rogando por obtener su gracia. Una sola palabra de ella bastaría para que no dudaran en cumplir sus órdenes, sin importar cual fuera.
"u-ummm…"
Bell miró en otra dirección, no quería que Aiz malinterpretara sus miradas. Había querido elogiar su belleza, pero las palabras murieron en su boca dejando salir solo un lamentable sonido, solo podía esperar que nadie hubiera escuchado.
"¿nos vamos?"
"s-sí"
Bell sintió la mirada de alguien sobre él, una mirada muy pesada y cargada de sentimientos, estaba siendo observado nuevamente. El volteó hacia la cima de la torre Babel, sentía que la mirada provenía de esa dirección, pero no pudo encontrar a la persona que lo observaba.
Últimamente había tenido esta sensación más que antes, era como si alguien lo estuviera vigilando. Aunque Bell creía que esta persona dejaba que él se diera cuenta de que lo observaba deliberadamente, como si le quisiera advertir de su presencia. ¿Quizás aquella persona no lo quería ver junto a Aiz? ¿Podría ser alguien que había notado su cercanía con ella y le quería advertir que se alejara? ¿Quizás esa persona estaba enamorada de Aiz?
"¿Bell, te encuentras bien?"
Aiz se había dado cuenta de que el peliblanco la había dejado de seguir.
"s-sí, algo me distrajo. Vámonos"
Ella esperó a que estuvieran emparejados para caminar juntos. Bell solo echo un último vistazo hacia la cima de la torre Babel sin saber realmente que debería de pensar.
…
"¡wow! Estos equipos son realmente baratos. ¿Por qué no me trajo aquí antes señorita Wallenstein?"
'de haber sabido que existía un sitio como este no me habría sentido tan avergonzado por tener que mostrar mi pobreza frente a ti…'
"bueno, tenía que ir a entregar algunos materiales de misiones que mi familia aceptó. Pensé que también te gustaría ver equipo de primer nivel, antes de ir a buscar una nueva armadura"
'así que todo es un malentendido. Y yo que creí que Aiz quería que comprara una de esas armaduras tan caras'
"¿y bien?"
"¿eh? ¿bien qué?"
Bell pensaba que se había perdido en su conversación, porque no entendía lo que quería decir Aiz.
"¿a cuál tienda quieres ir?"
"creo que cualquiera estaría bien…"
Aiz negó con la cabeza. Ella movió su mano lentamente hasta que toda su palma se apoyó sobre su pecho.
"tienes que sentirlo aquí. A partir de este piso hay miles de armaduras que puedes comprar y cientos de ellas se podrán adaptar a tu constitución física, pero simplemente no tenemos tiempo suficiente para encontrar la mejor para ti buscando de tienda en tienda. Aun así, debes de encontrar una armadura con la que tengas algo de afinidad natural, son estos pequeños detalles los que pueden hacer que tu desempeño en la mazmorra mejore notablemente"
"ya veo…"
Nunca había pensado que esto fuera tan importante. Pero no podía cuestionar las palabras de Aiz ella no estaba en la cima de la ciudad Orario por nada.
"si quieres mejorar como aventurero debes de practicar con todas tus acciones fuera de la mazmorra… por ahora trata de guiarte con tus instintos, al igual que cuando exploramos no tenemos siempre un camino claro y debemos de decidir nuestro camino por instinto para llegar a nuestro objetivo"
Bell y Aiz caminaron juntos dejando a todos los transeúntes boquiabiertos detrás de ellos, hasta que el peliblanco se detuvo frente a una de las tiendas de Hefesto.
"¿sientes que aquí podrías encontrar una buena armadura para ti?"
"bueno… no había sentido nada antes de pasar por esta tienda, pero creo que esta desprende un sentimiento que me es extrañamente familiar dentro de ella…"
"bien, entonces entremos"
Ambos estuvieron buscando una buena armadura. Pero cuando Bell se acercó a un estante lleno de baratijas sintió como aceleraba su corazón.
Desconcertado comenzó a buscar entre todas las baratijas que había. No fue hasta que sacó un colgante lleno de herrumbre que se dio cuenta que era esta pequeña cosa lo que lo había estado llamando.
Una vez que lo tomo en sus manos pareció que toda la herrumbre que tenía se había desvanecido y el colgante comenzó a emitir un brilló deslumbrante, revelando un pequeño y exquisito espejo.
Esto no era lo que estaba buscando, pero ahora que lo tenía en sus manos no se quería separar de él.
No tenía dinero extra, pero ya que estaba en un estante de baratijas no debería de ser tan caro. Sin pensárselo dos veces lo puso frente al dwarf a cargo de la tienda, estaba dormitando sin prestar atención a lo que sucedía alrededor.
"¿cuánto por el colgante?"
El dwarf cuyo descanso fue perturbado, abrió los ojos malhumorado.
"serán solo cien va…"
El barbudo hombre miro detrás de Bell, sorprendido. Cuando el peliblanco miro en la misma dirección se dio cuenta de que Aiz estaba ahí muy pegada a él.
"¿encontraste una buena armadura?"
"ah e-esto… no exactamente"
Bell le mostró avergonzado la baratija que había tomado. Para su sorpresa, Aiz reveló una mirada de shock al ver el pequeño espejo.
"…espejo del Saṃsāra …"
Ella dio un paso adelante y tomó en sus manos el espejo que sostenía Bell. Sus manos se rozaron por un segundo, pero Aiz estaba tan inmersa en sí misma contemplando el pequeño espejo colgando de una fina cadena plateada que ni siquiera se dio cuenta de la reacción de Bell ante el contacto.
"¿eh? Señorita Wallenstein ¿conoce este objeto?"
Aiz observó absorta al colgante. Aun así, ella término negando con su cabeza. Le estaba diciendo a Bell que no lo conocía a pesar de haberlo nombrado como el 'espejo del Saṃsāra' segundos antes.
"chico ¿lo vas a querer o no?"
El dwarf lo espetó irritado tras recuperarse del shock de ver en su tienda a una de las más reconocidas aventureras de la ciudad.
"s-sí…"
Bell y Aiz salieron de la tienda tras haber pagado solo cien valis por esta supuesta baratija. El peliblanco se lo colgó en su cuello y lo ocultó debajo de su camisa.
Investigaría sobre este más tarde junto a su diosa, pues no le resultaba normal haber sentido tal alivio al ponérselo ni tampoco que Aiz se quedara tan absorta tras verlo por primera vez. Para él era como si acabara de obtener de vuelta un objeto preciado que había perdido hace tiempo.
"vamos Bell, todavía tenemos que encontrar una armadura para ti"
"sí"
Ambos buscaron en más tiendas hasta que lograron encontrar la armadura perfecta para Bell. Para cuando terminaron la luz en el horizonte ya estaba muriendo, afortunadamente para el peliblanco habían pasado casi todo el día juntos.
…
"gracias señorita Wallenstein, sin su ayuda no podría haber encontrado una armadura tan buena y barata"
Bell cargaba una caja con una armadura blanca con adornos de un color tan rojo como la sangre tallados cuidadosamente sobre el metal. Incluso había comprado una armadura de repuesto que estaba hecha por el mismo herrero, Welf Crozzo. Ambas eran de la misma serie de armaduras, ambas llevaban como nombre Pyonkichi y eran las versiones Mk-I Y Mk-II respectivamente.
Aiz se quedó mirando al piso pensativa. Parecía estar teniendo un debate interno.
"Bell… ¿te gustaría ser entrenado por mí?"
"¿¡eh!?"
La propuesta de Aiz tomo desprevenido a Bell y este no supo que responder.
"antes dijiste que no eras tan bueno como yo pensaba y que nunca fuiste entrenado, que si despertaste magia fue solo por suerte y solo lograste progresar tan rápido en los pisos de la mazmorra por el mismo motivo… estuve pensando en ello mientras te buscábamos una armadura. Creo que estaría bien si te ayudo a entrenar… por lo menos hasta que mi familia valla a la próxima expedición"
"gracias señorita Wallenstein, creo que sería genial si usted misma me ayuda a entrenar…"
La calidez por Aiz en el corazón de Bell se volvió más intensa por toda la ayuda que la rubia le estaba dando.
"bien, pero tengo un requisito… llámame Aiz. No me gusta que me llames señorita Wallenstein, me parece muy distante. Siempre y cuando me trates como a una igual no me importaría ayudarte a entrenar…"
"está bien, muchas gracias… Aiz"
La hermosa rubia asintió al escuchar a Bell llamarla por su nombre.
"bien, nos vemos mañana a primera hora sobre la muralla septentrional de la ciudad"
Ambos se despidieron dirigiéndose cada uno hacia el hogar de sus familias. El peso del espejo colgando del cuello de Bell le brindo una extraña calma.
¡Corte!
Eso sería todo por hoy, originalmente el capítulo iba a cubrir más historia hasta algunas escenas de Bell iniciando su entrenamiento con Aiz, pero durante la escritura del capítulo me surgió una idea que no había tomado en cuenta hasta ahora y de hay surgió el espejo, así que creí que sería mejor dejarlo hasta ahí... hay un lector o dos que ya han leído ATG por lo que ya sabrán sobre el espejo, igual abra cambios para el mismo y su historia así que no se sientan tan auto-spoileados xD
De hay en más en este capítulo traté de cubrir el como se comienzan a acercar Bell y Aiz. Un capítulo simple, pero necesario.
Cualquier comentario duda u opinión será respondida por PM.
Crimson se despide, hasta la proxima, bye :)
