A diferencia de la ficción, usualmente la perdida de consciencia persiste apenas por algunos segundos antes de que el sufriente recobrase la razón, no obstante, eso no implicaba que la coneja estuviera recuperada por completo.
Su cabeza no dejaba de dar vueltas, y podía sentir los inicios de lo que sería un molesto dolor de cabeza que quizás podría perdurar unos cuantos minutos antes de que pudiese sentirse completamente lúcida, más, sin embargo, a pesar de estos contratiempos, Judy no necesitó mucho para reubicarse, su memoria de inmediato surtiendo la información que necesitaba para comprender lo que había ocurrido.
Miró a su izquierda, a las manos que dulcemente parecían ayudarle a mantenerse contra la pared aledaña.
Por algunos segundos ella vislumbró a su padre, miles de preguntas recorriendo su cabeza, incertidumbre, culpa, y… confusión claramente perceptible en su rostro, si la forma en que podía sentir que su nariz se movía era de juzgar.
—Jude… Judy…
Un suspiro emergió de los labios del conejo, que movió una de sus manos sobre su frente, acariciando el puente de su hocico en un vano intento por calmar sus nervios.
—¿Papá, qué rayos está pasan-?
El gemido que emergió de la habitación contigua bastó para detenerla en seco, sus ojos abiertos más que nunca, sorpresa de pronto convirtiéndose en un extraño coctel de emociones que la fémina no sabía cómo catalogar, en especial ahora que la adrenalina había disminuido y su cuerpo parecía estar en caída.
—Escucha, Judy… creo que lo mejor será que conversemos en… la otra habitación, ¿no lo crees?
Posando sus manos sobre su cintura, Stu rápidamente ayudó a su hija a alzarse sobre sus patas, la falta de resistencia procurando un ligero atisbo de reticencia en el conejo, y, sin embargo, ninguno intercambió palabra alguna… simplemente procedieron a caminar rumbo a una de las habitaciones contiguas, cada uno pensando en lo ocurrido, y en lo que estaba por ocurrir.
Minutos transcurrieron mientras ambos conejos se movilizaban rumbo a la despensa aledaña, Judy rápidamente tomando control de sí misma y con un ligero gruñido de esfuerzo, separándose de su padre con tal de tomar algo de distancia, sus rodillas temblando ligeramente mientras daba cada paso, hasta finalmente sentarse en una de las muchas cajas en la habitación dónde habían decidido resguardarse de la pareja.
Judy no alzó su vista, no miró en dirección de su padre, mucho menos hizo intento alguno por cubrir su cuerpo o arreglar su ropa. La desnudes no le molestaba, al menos no en casa de sus padres, dónde el espacio privado no existía con más de "trescientos hermanos" en una sola madriguera, los baños compartidos al igual que las habitaciones eran una rutina a la que te acostumbrabas rápidamente, por lo que ver varias personas en distintos grados de desnudes por día tendía a inocularte de vergüenza alguna en cuanto a desvestirse trata.
Completos extraños por otro lado, en especial de otra especie… ya Nick le había comprobado que no estaba tan cómoda con la carencia de ropa en ese tipo de situación, al menos, hace ya varios años. Ya hoy en día luego de varias tareas, vigilancias y tiempo libre en cierto club naturalista había eliminado su renuencia.
—¿Porqué…?
Había muchas cosas cruzando por la cabeza de Judy, pero de nuevo, ella estaba al tanto de que en realidad sólo estaba intentando divagar con tal de ignorar lo que deseaba saber más que nada en el mundo.
El suspiro por parte de su papá no procuró confianza alguna, no cuando era obvio que podía notarse un cierto deje de resignación, al igual que renuencia en su tono y lenguaje corporal. Era obvio que no estaba listo para hablar de lo que estaba ocurriendo en esa habitación, mucho menos explicar el porqué estaba permitiéndolo.
O con quién.
—Papá…
—No… no es lo que crees, Judy.
Frunciendo el ceño, la coneja vio en dirección de su padre, que dio un ligero respingo ante la mirada agresiva que le otorgó su hija, todas las señales de que había dicho lo incorrecto saltando a sus ojos.
—¿No es lo que creo, papá? ¿O sea que acabo de imaginarme a mi mamá…?
Alzando sus manos, y dando dos pasos en dirección de la enajenada chica, Stu intentó calmarla, evitar el despliegue de ira que sabía estaba por ocurrir si no corregía el curso con rapidez y acierto.
—Es… todo es consensuado, Judy—, rápidamente explicó el macho, procurando una mirada incrédula en su hija, que provocó que el padre simplemente volviera a suspirar antes de acariciar su rostro con ambas manos, intentando controlar sus nervios en vano—. Tú insistías que no había nada entre ustedes, y… pues, tu mamá y yo… queríamos experimentar un poco, y Nick está obviamente atraído hacia los conejos… y…
Nada más se dijo, Judy no sabía qué comentar y era obvio que su padre no lograba continuar debido a la vergüenza, por lo que sólo permanecieron allí, en silencio, ponderando lo dicho al igual que lo que había ocurrido.
—Judy… te lo juro…
Alzando su cabeza, la coneja limpió sus lágrimas, acción que disparó los efectos acuáticos en su padre, una de las pocas cosas que ambos parecían compartir en común.
—Supongo que no tengo derecho a criticar o juzgar, ¿Cierto? —, admitió la coneja, sonriendo nerviosa ante su padre. Realmente no tenía de dónde aferrarse, lo que existía entre ella y su compañero no era nada más que algo profundamente centrado en la amistad.
—No lo sé Judith… es… es obvio que ustedes han estado reprimiéndose mucho alrededor del otro…—. Observó Stu, sonriendo ligeramente en dirección de la chica—: no sé tú, pero estoy seguro de que, en ningún momento, Nick llamó a Bonnie por su nombre… ¿no es así?
Bajando las orejas en un vano intento por ocultar cuan enrojecidas estaban, Judy simplemente decidió no comentar nada al respecto.
¿Cómo no haber notado que el nombre que su compañero gemía en plena pasión no era otro sino el suyo?
Intentó comentar algo, pero de nuevo una mano sobre su hombro procuró que callara, sus ojos mirando de frente a su padre, quien portaba una expresión de apoyo y comprensión en su cara que era imposible ignorar.
—Hija… comprendo que estés confundida. Pero, ambos sabemos con explícita claridad que existe algo entre ustedes dos que ya no pueden seguir negando…—, viendo que procuró un asentir por parte de la hembra, Stu sonrió antes de proseguir—: Tal vez antes no se había presentado la ocasión, o no era el momento para que hablaran al respecto… Es obvio que existen algunas cosas entre ustedes que impiden o impedían que dieran ese paso, no presumiré saber qué en específico puede ser. Sin embargo, creo que una vez derribada esa barrera, no queda más que conversarlo y decidir a partir de allí, ¿no lo crees?
Sonriendo, Judy no pudo más que cerrar los ojos antes de asentir. Claramente comprendiendo que quizás sí, era hora de dejar de huir al respecto, no obstante, necesitaba respuestas.
—Papá… ¿Cómo diablos es que…?
—Hija… Quiero que pienses muy claramente lo que estás por preguntar—, interrumpió Stu—. Porque es probable que no te guste la respuesta…
Ponderando lo advertido, Judy asintió, era claro que entraría a un terreno que anteriormente habría evadido como la plaga en cuanto a sus padres trata, no obstante, ya estaba demasiado involucrada y había visto y hecho lo suficiente como para sentirse aprehensiva de hablar de sexo con sus padres.
—E-Estoy lista.
Suspirando, Stu soltó el hombro de su hija, su mano acariciando su mejilla en un vano intento por calmar sus nervios.
—Primero que nada… amo a tu madre, y ella a mí, nada cambia las cosas. ¿de acuerdo?
Asintiendo, Judy al menos pudo suspirar en alivio al quitarse parte del peso que tenía encima al escuchar eso, que paradójicamente parecía ser increíblemente reconfortante.
—En segundo… tu madre y yo… hemos estado experimentando por años—, explicó el patriarca de los Hopps, dando un par de pasos hacia atrás con tal de saltar y sentarse de sopetón sobre una caja cercana, gruñendo en alivio, sus manos posándose de inmediato sobre sus rodillas, obviamente más relajado de lo que estaba anteriormente.
—Creo que, gracias a la cantidad de hermanos y hermanas, no debes ir más allá para saber que tu madre y yo somos muy activos en el área. Pero… conforme han pasado los años… las cosas entre nosotros se han vuelto algo… rutinarias, si sabes a lo que me refiero.
Frunciendo el ceño, la coneja no tuvo más que admitir que ciertamente, a sus cuarenta y cinco y cincuenta años respectivamente, era obvio que las cosas entre los dos serían algo… repetitivas. Y mantener una granja repleta de cientos de bocas que alimentar, al igual que un trabajo tan riguroso como lo es poseer una plantación dejaba muy, muy poco tiempo libre para disfrutar en pareja.
—Puedo entender eso papá… pero…
—Paciencia, Judy-Dudy… es una virtud, ¿Sabes? —, sonriendo ante el ceño fruncido en la coneja, el rechoncho padre guardó silencio por un par de segundos antes de proseguir—: ¿recuerdas el incidente en el establo hace unos meses atrás cuando los chicos decidieron jugar con las pistolas de agua con Nick?
Abriendo los ojos de par en par ante la reminiscencia, Judy asintió, aquel día había sido increíble, lleno de risas y carcajadas… un día inocente de un zorro jugando con múltiples cachorros… abriendo los ojos de par en par, la coneja puso más atención a lo que recordaba, la falsedad de la inocencia cayéndose rápidamente junto con el filtro que había creado en su necedad de ignorarlo.
Ese día Nick había estado empapado, sus ropas usualmente ridículas y de colores estridentes se habían aferrado pecaminosamente a su cuerpo, enfatizando años de entrenamiento, enmarcando una silueta larga, bien preservada a pesar de su edad, en algunos casos incluso revelando algo del pelaje blancuzco que usualmente estaba escondido bajo sus ropas, un atisbo de sensualidad en sus movimientos que había hecho no por primera vez que se diera cuenta de cuan atractivo podía ser Nick cuando lo deseaba, incluso cuando no.
En aquel entonces miró todo lo ocurrido con franca ignorancia, era otro momento más donde el macho con el que compartía la mayor parte de su vida decidió actuar como una cría, sus ojos buscando a los de sus hermanas y su madre por algo de afirmación, sólo para notar que algunas de sus hermanas, un par de sus hermanos e incluso su madre parecían estar… particularmente atrapados viendo el despliegue de agilidad y pericia del vulpino.
En aquel entonces, lo catalogó como uno de muchos momentos inocentes donde su familia demostraba cuán lejos habían progresado en cuanto a aceptación trataba. Ahora con lo que sabía, finalmente comprendía que aquello no eran miradas de dulzura y ternura por una escena fraternal, no, eran las miradas de hembras y machos que habían de pronto descubierto que gustaban de machos que iban más allá de su propia especie, embelesadas, capturadas en un momento de descubrimiento que claramente podría haberlas cambiado para siempre.
En el caso de su mamá, era obvio que el cambio fue mucho más profundo de lo que jamás pudo imaginar. Lo suficientemente insondable como para procurar un grito que rayaba en lo agónico en su momento.
—Oh…
Asintiendo, en especial por que su hija parecía haber comprendido el inicio de todo el problema, el conejo continuó:
—Esa noche, Bonnie y yo tuvimos quizás el sexo más apasionado que jamás hayamos tenido en años… Judy. De pronto, la chispa había regresado a nuestras vidas, y todo gracias a Nick…
Judy ponderó lo escuchado, ciertamente podía notar en las publicaciones en línea de sus familiares, en especial aquellos que aún vivían en la madriguera, que sus padres habían estado inusualmente amorosos en los últimos meses desde su última visita.
No obstante, si bien había finalmente aclarado de dónde surgió el súbito interés de su madre hacia Nick, había todavía una pregunta que no tenía respuesta.
—¿Y… cómo es que…?
Alzando sus hombros, Stu simplemente decidió ser cándidamente honesto.
—Me gusta ver… Judy. Me encanta ver a tu madre disfrutar de su cuerpo, y, Nick es un macho guapo… y sabe lo que hace. Te confieso que verlo con tu madre hace que mi zanahoria esté dura como roca, tesoro.
Gruñendo con ligera agonía ante la confesión, e ignorando la carcajada del sujeto, Judy simplemente cubrió su rostro. ¿Quién diría que su padre terminaría encontrando ser un Cuco excitante? No, espera… mientras más lo pensaba, más claro era que quien llevaba los pantalones en la relación siempre es y había sido su madre, por lo que su padre siempre había estado sometido a su voluntad… ¿Realmente era sorprendente descubrir eso?
No, no lo era… De hecho, era terriblemente común en los conejos que uno siempre estuviera bajo el control de otro, un sumiso y un dominante… Ella usualmente tendía a ser la dominante en sus relaciones, razón por la cual había llamado la atención de cierta coneja sumisa que no volvería a recordar a fondo.
Mientras más lo pensaba, más se dio cuenta… cómo el escozor en su entrepierna parecía incrementar notablemente, el aroma de coneja excitada poco a poco inundando el aire.
—Oh Queso y galletas… Me gusta mirar…
Asintiendo, y luego alzando sus hombros, Stu simplemente agregó:
—Eso diría, no fuiste tan sutil como creías cariño… No podías verlo desde el ángulo en que estabas, pero en el momento en que empezaste a espiar, Nick claramente pudo olerte, por un par de minutos se detuvo, una mirada de horror en su rostro, que sólo desapareció en el momento que Bonnie decidió poner manos en el asunto.
Alzando una ceja, al igual que sus orejas con obvia curiosidad, Judy no pudo más que observar a su padre.
—Tu madre sabe emplear sus músculos muy bien, Judy. En el momento en que Nick se detuvo y parecía a punto de sacar y detener todo, sólo digamos que tu madre… no estaba dispuesta a permitir que las cosas se detuvieran allí, sólo porque decidiste espiar de improvisto.
Y con eso, Judy admitió que ciertamente había más que confirmado el hecho de que la mera idea de ver a otros coger, o simplemente, ver a Nick cogiéndose a otros la encendía más que nunca, un gruñido emergiendo de su garganta ante tan sólo imaginar lo narrado, un apetito voraz implantándose en su ser que jamás había sentido con anterioridad, provocando que la coneja se lanzara de la caja en la que estaba sentada hasta el suelo, rápidamente aterrizando sobre las puntas de sus dedos con tal de caminar ágilmente hacia la habitación contigua, donde sabía su madre y Nick estarían atrapados por al menos media hora.
—Judy… ¿Qué?
—Papá, voy a ser muy, muy cándida contigo, más de lo que sería apropiado entre padre e hija—, comentó la hembra, jamás volteando a mirar en dirección de su progenitor, temiendo lo peor si llegase a mirarlo al rostro—. La idea de que mi compañero se esté cogiendo a mi madre… es… papi, admito que es… increíble.
Bajando su rostro y cerrando sus ojos, Judy ignoró el temblor que recorría su cuerpo… ansiedad rápidamente afirmándose en su estómago, encendiendo un fuego en ella que jamás pensó sería posible en este tipo de situación, mucho menos con aquellos que estaban totalmente implicados, pero… ya no podía negarlo más y quizás era hora de que dejara de huir a algo que posiblemente podría ser lo mejor que ocurra en su vida, no obstante, había algo que tenía que aclarar.
—Papá… ¿tú y mamá…? Ustedes no esperan que yo…
Comprendiendo casi de inmediato qué es lo que probablemente preocupaba a su hija, quizás porque también estaba consumiéndolo a él también.
—Oh, no, no… para nada hija, a-aparte de tu madre, no creo que… tenga el valor, o el coraje de ver a alguien más en esa situación, mucho menos mis descendientes. Así que, al menos de mi parte, no creo que vaya a espectar si decides imitar a tu madre. S-sin ofender, claro.
Judy asintió, aceptando lo dicho como un hecho, y sintiéndose aliviada por ello, caminando en dirección de la habitación contigua, sus orejas rápidamente escuchando los inicios de lo que era una conversación entre su madre y su compañero, sus ojos abriéndose de par en par, sus piernas acelerando de inmediato con tal de estar allí lo más rápido posible, cruzando el espacio que los separaba en menos de un parpadeo, inmediatamente encontrándose con algo que, no esperaba ver en lo absoluto.
A su madre, completamente rellena por un enorme pene, que claramente parecía estarle otorgando todavía uno que otro orgasmo, su cuerpo temblando profusamente, más, sin embargo, a pesar de que claramente lo estaba disfrutando, el abrazo que su mamá le estaba dando a Nick era obviamente uno de consolación, más que de aprecio o placer.
—¿Nick?
El salto que el zorro tuvo al escuchar su voz, introdujo un poco más de su enorme pene en el apretado agujero de su madre, que alzó sus orejas y arqueó su espalda, un gruñido gutural surgiendo de su garganta, toda cordura en ella desapareciendo en el acto…
—O-oh Dios… lo siento…
—D-descuida, Nick.
Judy observó su conducta, y podía ver que claramente su compañero no estaba del todo bien. Nick no era alguien que mostrase sus emociones, de hecho, hacía todo lo posible por mantenerlas al margen, bajo su control. Sin embargo, no implicaba que estuviera exento de las mismas, ella más que nadie sabía al respecto.
Por lo que no le fue muy difícil ver que el zorro estaba conteniéndose, he intentado aparentar fuerza cuando en realidad estaba al borde de un colapso nervioso.
—Judy…
Alzando su mano, la coneja calló al vulpino y simplemente se dedicó a observar a su compañero como quizás jamás lo había visto anteriormente, vulnerable y expuesto, incapaz de ocultar completamente cuanto le afectaba su presencia ante sus acciones, y no lo culpaba. Era difícil no juzgar de forma severa a alguien cuando lo encontrabas con su pene enteramente hundido en la pulsante vagina de tu madre.
Era curioso que, en vez de rotundo y firme asco, o celos… lo que la coneja sentía al ver a su madre retorcerse en éxtasis era envidia, al igual que mucha, mucha excitación, quizás más de la que debería.
—Nick… n-no… no estoy molesta.
Mirarlo a sus ojos era difícil, no cuando sabía que todavía había muchas cosas que reconocer entre ellos, y, sin embargo, persistió. No hacerlo podría costarle caro.
Tampoco era fácil el no mirar su enorme pene, que ahora que podía ver más de cerca, podía ver no estaba del todo dentro de su madre, unos últimos centímetros impidiendo que el falo desapareciera por completo dentro de ella, implicando que Nick quizás no había podido penetrarla por completo debido a la diferencia en tamaños…
Jade se encontró con amatista, y tantas cosas podían vislumbrarse entre ellos: aprehensión, miedo, confusión y finalmente… aceptación. Mucho podía transmitirse con una mirada sincera y años de conocerse el uno al otro, como policías, el transmitir información por medio de la mirada y el lenguaje corporal era vital, y en más de una ocasión les había salvado el pellejo.
En este instante, su postura, al igual que la ausencia del temblor en su nariz, en conjunto que la posición de sus orejas y la firmeza en sus ojos, servía para enfatizarle que realmente no estaba enojada con él, y que de hecho… a pesar de lo imposible que pareciera, deseaba hablar con él a pesar de las circunstancias.
—O-Oh Dios… lo que sea que quieran decir, por el amor a todo lo sagrado… háblenlo de una vez por todas… a-ahhh.
Agregó Bonnie, quien finalmente había recobrado algo de consciencia, la suficiente como para darse cuenta de que estaba completamente expuesta ante su hija, y era absolutamente incapaz de impedirlo. Desgraciadamente para la matriarca, su aroma al igual que el hecho que no dejaba de girar sus caderas sobre el miembro insertado dentro de ella, era más que obvio que la situación distaba de ser algo desagradable para ella.
Suspirando, Judy asintió. Realmente no era una situación apropiada o que se prestase para una diatriba larga y desde el corazón.
—Nick, no diré que estoy bien con lo que sucede—, alzando su mano para detener de inmediato la protesta del vulpino, la coneja frunció el ceño con tal de acallar al macho y poder continuar, sus manos de pronto moviéndose en dirección de las caderas de su madre, que respingó ligeramente al ser tocada, los ojos de ambos participantes abriéndose de par en par.
—J-Judy… cariño…
—¿Z-Zanahorias?
—Así que lo demostraré con acciones, Nick…
Y sin decir más, la coneja empezó a aplicar su peso sobre las caderas de su madre, empujando lo que restaba por entrar dentro de la misma, procurando un grito agudo por parte de la matriarca, quien se aferró a Nick en un vano intento por encontrar apoyo, claramente disfrutando que el nudo que antes no había podido entrar por completo, lentamente estuviese cruzando una última barrera, el nudo entrando finalmente dentro de su madre con un sonoro y pecaminoso 'slush', los ojos de Judy jamás abandonando los de su compañero, enfatizando su mensaje sin siquiera mediar una palabra.
—O-Oh Dios… Judy… Ahhh…
—Shh, shh… déjalo salir, Nick… anda… llena a mamá…
—Judy… ahhh…. Oh Dios mío~ te amo~ hija~…
La coneja sonrió, inclinando su cuerpo y frotando el frente de su mojada pantaleta contra el trasero de su madre, sus labios buscando un beso por parte del impresionado zorro que rápidamente inclinó su rostro hacia ella, conectando sus labios y solidificando su relación y lo que ocurriría de ahora en adelante ante ellos.
Las cosas quizás habían cambiado, mucho más de lo que jamás había imaginado, pero muy, muy dentro de Judy, sabía que todo estaría bien de ahora en adelante.
