Si había un defecto palpable en Judy Hopps, era su impulsividad.

En más de una ocasión la coneja saltó antes de mirar, actuó antes de pensar, accionar que no siempre concluía bien para ella, en más de una ocasión su tendencia ultimaba con ella lastimada, castigada, o, al inicio de su carrera como agente de la ley, casi despedida.

Ahora, apenas a dos años de los treinta, su impulsividad le había ubicado en un evento que, al bajar la adrenalina y reafirmarse su razón, la coneja de nuevo estaba en una situación que realmente no tenía una salida fácil.

Sus ojos se abrieron poco a poco, memorias rápidamente asaltando su cabeza a medida que la razón entraba en ella, un suspiro enorme emergiendo de sus labios.

—Oh, Queso y Galletas…

—Buenos días, tesoro…

Volteando en dirección de su madre, Judy no pudo más que sonreír, memorias de lo que había ocurrido anoche rápidamente acudiendo a ella, sus orejas enrojeciéndose enseguida.

—Ah, ah, ah, nada de eso querida…

Mirando a su madre, Judy tenía tantas preguntas en mente, pero había algo que tenía que aclarar:

—Disculpa por haberte forzado a recibir su nudo, mamá…

Una sonrisa se ubicó en el rostro de la matriarca, cuyas orejas estaban claramente tan enrojecidas como las de su hija ante el recuerdo de lo ocurrido, en especial los orgasmos que tuvo mientras cabalgaba el enorme pene del ahora novio de su retoño, mientras dicho retoño frotaba su vulva contra su cola, claramente satisfaciéndose al mismo tiempo que forzaba un divino ritmo entre todos los implicados que los llevó a la completa perdición.

—No hay de qué disculparse, fue… intenso, debo admitirlo—, reconoció Bonnie, quien suspiró con gran satisfacción, su cuerpo aun recibiendo una que otra descarga eléctrica ante el mero recuerdo de la experiencia—: No fue lo que esperaba, pero… no me arrepiento.

Viendo en dirección del vulpino, que, para gracia de ambas hembras, se había quedado completamente dormido mientras abrazaba a un claramente confundido Stu, quien las miraba plácido desde los brazos de lo que ambos esperasen fuese su futuro yerno.

Alzando una ceja, Judy simplemente ponderó cómo es que su papá había terminado en semejante posición, por lo que Bonnie decidió aclarar con tal de evitar despertar al agotado cánido.

—Luego de… que acabaras, te quedaste dormida, Judy.

—Oh…

—Oh, no… nada de eso querida, no hay de qué sentir vergüenza…

—Me quedé dormida ante mi segundo orgasmo de la noche mamá…

—Tsk, subestimas la potencia del mismo, amor. Ambos sabemos que algo más que sólo frustración sexual se liberó anoche—. Aclaró Bonnie, quien alzó una mano con tal de acariciar la mejilla de su pequeña, intentando reconfortarla con ligeros mimos como solía hacerlo hace tantos años atrás.

Judy ponderó lo dicho, y asintió. Realmente no podía dimitir la posibilidad de que el evento haya sido el desencadenante de una bien merecida catarsis, luego de tantos años en negación. El beso, la admisión y la aceptación al igual que sus acciones y lo que provocó, fue más que suficiente como para noquear incluso al más experimentado de los mamíferos.

—¿Y… luego?

Sonriendo, Bonnie miró en dirección de Stu, quien había cerrado sus ojos nuevamente, simplemente resignándose al hecho de que haría de muñeco de felpa por más tiempo del necesario, dejándole a su esposa toda la responsabilidad de explicar lo sucedido.

—Pues… Nick también se quedó dormido—, la matriarca admitió, mirando curiosa al cánido por algunos segundos antes de suspirar—. Quizás es la diferencia entre especies, o tal vez hay que entrenar un poco su estamina en la cama, pero… esperaba un par de rondas más. Luego de que se quedaran dormidos, pues, tu papá tuvo que solicitar algo de ayuda para poder moverlos a esta cama, espera preguntas por parte de tus hermanas cariño… En especial Violet.

Abriendo sus ojos de par en par, Judy simplemente observó a su madre, incrédula, Bonnie por otro lado, simplemente negó con su rostro ante la reacción de su hija, en especial porque sabía qué en específico fue lo que le había sorprendido y horrorizado de todo lo que había dicho.

—Judy… tienes treinta y cuatro hermanos de sangre, y casi más de doscientos setenta sobrinos y primos en la madriguera con los que te has criado como si fueran tus hermanos. Creo que está más que explícito que los Hopps poseemos un amplio apetito sexual.

Cerrando los ojos, Judy tuvo que admitir que sí, ciertamente había más que prueba suficiente para justificar las palabras de su madre, más, sin embargo.

—Eres insaciable—, no pudo evitar agregar con una sonrisa, provocando una ligera carcajada de parte de Bonnie, quien tapó su boca con tal de evitar despertar al vulpino.

—Bah, no pierdas el tiempo… ese bueno para nada ha estado fingiendo estar dormido desde mucho antes que yo despertara. ¿no es así, Nick?

—El número al que usted llamó, no puede ser localizado.

Carcajeándose ante la impertinencia del zorro, en especial la mirada incrédula por parte de su papá, Judy simplemente guardó silencio por un par de segundos antes de finalmente ordenar.

—Libera a mi papá, Nick. Dudo mucho que quiera recibir el mismo trato que le diste a mamá anoche…

La cara de horror en el rechoncho conejo bastó para arrancar más carcajadas por parte de Bonnie.

—No lo sé, Judy… Tal vez quiera invertir los papeles, ¿sabes? Quizás me agrade ver a mi marido retorcerse de placer al ser rellenado…

—Oh Santo Cielo… por el culo no…

Risas, carcajadas que, en el caso del zorro, terminaron en tos desenfrenada rápidamente inundaron el lugar, eliminando la tensión que se había acumulado desde que Judy despertó, era obvio que todos los implicados estaban esperando a que ella diera su opinión al respecto de lo ocurrido ahora que su cabeza no estaba llena de deseo e impulsos irrefrenables.

Respirando agitadamente, Judy simplemente sonrió antes de cerrar los ojos con tal de recomponerse y recobrar el aliento.

—Si están esperando a que me arrepienta, pues… les digo de una vez por todas que no me siento completamente penitente, lo que pasó… pasó, y si bien no fue un evento romántico como llegué a soñar y luego reprimir, al final creo que conseguí a mi zorro—, alzando una mano para impedir el comentario que sabía vendría por parte del vulpino bastó para detenerlo en el acto, era obvio que ella no estaba siquiera cerca de haber terminado—: Sin embargo, y… no quiero ser grosera, pero me gustaría tener algo de tiempo a solas con él, ¿si no es mucho pedir?

Bonnie simplemente sonrió, acercándose lo suficiente como para besar la nariz de Judy y alejarse con una ligera sonrisa en su rostro, y una caminata claramente dificultosa, cojeando tenuemente a medida que ella y su padre se alejaban de la habitación en cuestión de minutos, dejando al par de mamíferos finalmente solos luego de lo que ocurrió entre ellos.

Mirando en dirección de Nick, pudo ver que, si bien su cuerpo estaba relajado, había ciertas pistas que marcaban un deje de intranquilidad, en especial sus orejas.

—Tranquilo astuto, no me estoy arrepintiendo, en serio quiero tiempo a solas contigo—, levantándose de su cama y caminando rumbo a la del vulpino, ella sonrió al ver su cola moverse abruptamente entre las sábanas, provocando un ligero fruncido en su rostro—: Oh, no te enojes por que tu cuerpo está feliz por lo que va a pasar entre nosotros.

—Me gustaría que conversáramos antes de que hagamos algo más, Judy…

Dando un salto sobre su cama, la coneja simplemente observó al cánido, lentamente gateando hacia él, quien no podía apartar los ojos de ella, provocando una sonrisa en el rostro de la fémina.

—Qué bueno que puedes coger y hablar al mismo tiempo, ¿no lo crees?

Una carcajada emergió del hocico del macho, y ella disfrutó cada segundo del sonido, subiendo lo suficiente como para finalmente apoyarse sobre su pecho, ignorando la tentación de hurgar en su entrepierna, sabiendo que, si realmente cumplía lo que amenazaba con hacer, ninguno de los dos querría un intercambio de palabras sino de fluidos.

Sus brazos se posaron sobre su torso, alzándola lo suficiente como para que su rostro ahora estuviese firmemente apoyado sobre su cuello, acción que Judy aprovechó de inmediato con tal de olfatear profundamente la esencia de quien estaba más que segura, sería su pareja sexual y de vida de ahora en adelante.

—Apestas a mamá… es tan confuso.

—Créeme pelusa, si de confusión hablamos, estoy seguro de que me llevo el premio gordo—, admitió Nick, quien apretó un poco sus cuerpos el uno contra el otro, reafirmando que ella estaba allí con él y por propia voluntad cuando ella no tardó en reciprocar el gesto—: parte de mi todavía cree que estoy soñando, y que pronto estaré por despertar.

Frotando sus mejillas contra el pecho del cánido bastó para acallarlo, sorprendido de sus acciones, su cola de inmediato comenzando a levantar la sábana en claro júbilo ante el gesto.

—Listo, ahora tienes mi olor encima… y yo el tuyo… en cuanto a si estás soñando o no—. Una mordida sobre su hombro, firme pero no lo suficiente como para penetrar la piel bastó para demostrarle al vulpino que distaban de estar fantaseando, cimentando realmente que lo que había pasado fue la realidad.

—Santa Madre… ¿En serio todo eso pasó?

—Todo eso pasó, Nick… estoy tan contrariada como tú, debería estar enojada, molesta… asqueada, básicamente me masturbé con la cola de mi madre mientras ella te cabalgaba… y mi papá veía. Anoche fue… fue algo intenso.

Asintiendo, el zorro guardó silencio, simplemente disfrutando la compañía y la intimidad que existía entre ellos en este momento.

—No es que me moleste… pero, ¿cómo diablos fue que empezó todo esto?

Suspirando, Nick simplemente ponderó lo que su compañera preguntó.

—Supongo que hace un año… cuando estuviste con Emily.

—Nick… ¿Qué te he dicho de mencionar ese nombre?

Carcajeándose, el zorro simplemente alzó las manos, rindiéndose en el acto e ignorando lo adorable que Judy se veía en sus brazos ante el arrebato de celo, en especial al verla reafirmarse más a su piel, sus manos dejando en claro que no pensaba compartirlo con esa coneja en particular.

—Tranquila fiera, me preguntaste cuando inició todo, y… desastre o no, debo admitir que fue ella quien implantó la idea.

Alzando una ceja, Judy simplemente miró incrédula al zorro, incapaz de creer que la misandria de Emily le haya permitido tentar a Nick en dicha forma.

—Oh, créeme… es obvio que ella me detestaba, de eso no hay duda. Era el sucio macho que amenazaba con suprimir a su Diosa… ja, ja, ja, ja- ¡AY!

Mirando en dirección de la coneja, y al hecho de que esta ahora estaba mirándolo fijamente mientras mordía el pelaje de su pecho, el macho no tuvo más que admitir que la mera visión bastó para eliminar sus inhibiciones en el acto.

—Oh Dios… Judy, si sigues así te voy a coger aquí y ahora, al diablo la conversación.

Soltando su piel, Judy simplemente sonrió, antes de empezar a mover sus caderas sobre su miembro, dejando en claro que ella tampoco estaba tan opuesta a dicha acción.

—C-Considéralo una prueba, g-galán…— comentó Judy, que rápidamente cerró los ojos al sentir que sus genitales se frotaban el uno al otro, en especial el calor que su pene expelía, amenazando con quemarla de la forma más deliciosa posible—, Oh cielos, Nick… creo que estoy por reprobar.

Respirando profundo, y rodeando a la coneja con sus brazos con tal de evitar que esta siguiera bajando, el zorro respiró agitado. Era obvio que los dos tenían años de tensión sexual que no habían podido resolver, y era más que claro que ambos estaban al borde de perder la cordura nuevamente.

—A-Ah, Zanahorias, eres mi perdición, ¿Lo sabías? Siempre lo has sido…

—I-Igualmente tesoro, a-ahora… ¿D-decías?

—N-no te lo había dicho, pero su última pelea tuvo que ver con una discusión que tuvo conmigo—, confesó el zorro, quien respiraba agitado en un vano intento por contenerse, en especial cuando su pene estaba empezando a sentir el alivio del líquido de su coneja lubricar la superficie ardiente de su miembro—: Nada grave, te lo aseguro. Pero ella describió paso a paso las bondades del cuerpo femenino, en especial de un lagomorfo… y, debo admitir que eso fue realmente el inicio de mi… curiosidad por el tema.

Arqueando su espalda, en especial cuando su clítoris empezó a frotarse directamente con el enorme miembro de su compañero, Judy ponderó lo que había escuchado, Emily… su Ex con tendencias sadomasoquistas y fantasías de dominio, solía tener verborreas que rayaban en lo poético cuando estaba inspirada, había sido esa particular habilidad lo que le había atraído en primer lugar.

—¿E-en serio fue con ella que empezaste a considerar dormir con una coneja?

Mirando en dirección de la fémina, Nick sabía que tenía que responder rápido y lo más sincero posible para difuminar todo problema que podía ver empezaba a fraguarse.

—Admito que, para ese entonces… estabas firmemente posicionada en mi cabeza como Judy, mi mejor amiga, una hembra guapa, pero…

Alzando los hombros, no necesitó decir nada más, en especial cuando la coneja bajó sus orejas y cerró sus ojos, suspirando. Realmente no podía recriminarle por un crimen del cual ella misma era culpable.

—Sí… comprendo lo que dices, yo tampoco puedo decir que haya mirado más allá de mi especie, ¿no es así? Pero… ¿cómo…?

—¿Cómo es que llegué a la conclusión de que, tu madre es alguien con la que quiero coger? Pues, la verdad es que no fue algo inmediato, pelusa. Con el pasar de los años, mi curiosidad sobre la vida sexual de los conejos aumentó, empecé a notar detalles, a disfrutar momentos y reacciones. Jamás pensé que Bonnie sería una de ellas.

Girando sus caderas firmemente sobre su pene, Judy observó al zorro, claramente dispuesta a proseguir con sus juegos a pesar de que era obvio que dé a momento, su curiosidad era mucho más imperante que su deseo.

—Al principio, sólo eran momentos de conversación… Pero, ¿recuerdas el año pasado, cuando… entré por accidente al baño y me encontré con Violet?

Apenas conteniendo una carcajada, Judy asintió. La mojigata de su hermana mayor no paraba de hablar del evento, en particular de lo horrorizada que estaba de haber sido vista por un invitado en semejantes fachas, no obstante, la coneja sonrió ligeramente ante lo implicado, pero decidió guardárselo hasta tener más pistas antes de lanzar una acusación al respecto.

—Pues, te aseguro que nada ocurrió entre nosotros, pelusa. Así que elimina esa sonrisa de tu rostro—. Enfatizó el zorro, antes de mirar al techo en reminiscencia de lo que realmente inició su caída en el agujero del conejo—, fue esa misma noche que el momento más ardiente, al igual que el más vergonzoso de mi vida finalmente ocurrió.

Curiosa, Judy observó a Nick, esperando algunos segundos antes de finalmente perder algo de su paciencia, sus caderas alzándose ligeramente con tal de alinear su pene con su entrada, sus miradas cruzándose por un par de segundos, antes de que sus caderas comenzaran su lento descenso, un aspirar profundo, seguido de un gruñido apasionado salió de la garganta de la coneja, jamás había sido abierta en tal forma.

—Oh Dios… Nick… eres enorme.

Ninguno dijo nada, completamente perdidos en el momento, quizás la primera vez de muchas veces que procederían a unirse de esta manera, las paredes vaginales de Judy lentamente dando paso al implacable miembro del zorro, que parecía dispuesto a golpear, rellenar y masajear su vagina como nadie, ni siquiera sus juguetes más avanzados podían lograr.

—J-Judy… eres tan ajustada, y cálida.

—A-Ah… n-no pares amor, aun tienes mucho que decir, ¿no es así?

Siseando, el zorro se mantuvo firme por un par de minutos, respirando agitado, era obvio que estaba conteniendo la tentación de tomarla por las caderas y proceder a cogérsela violentamente, clamándola como suya, algo que, muy en el fondo, Judy deseaba como nunca, al diablo su curiosidad y su necia necesidad de comprender lo que había pasado.

Por suerte, ambos eran seres obstinados, por lo que, a pesar del deseo que amenazaba con quemarlos en vida, ambos lograron contenerse lo suficiente como para que el vulpino pudiese continuar con su explicación.

—Tu mamá me encontró masturbándome, Pelusa… Por alguna razón, no pude detenerme, tan sólo la vi, no hice más que acelerar el paso, y antes de que lo supiera… había perdido la cordura, seguí masturbándome como loco ante ella…

Girando sus caderas, Judy siseó con pasión… la mera imagen le era excitante, y finalmente le daba los últimos datos que necesitaba para comentar lo que pensaba:

—Oh Nick… ¿no puedes verlo?

Metiéndose el pene lo más profundo que pudo, Judy procedió a subir y bajar en un lento ritmo que rayaba en lo agónico, ambos respirando agitados mientras intentaban mantener la cordura para proseguir charlando, cuando era obvio que sus cuerpos deseaban algo más.

—Violet… mamá… todas compartimos el mismo pelaje, los mismos ojos. Me estabas buscando amor… Oh Dios, Nick…

Sus manos sobre su cintura finiquitaron todo intento de conversación tras haber dicho eso, el zorro abruptamente moviendo sus caderas a paso veloz y violento, metiendo y sacando su miembro dentro de la apretada coneja, que siseaba, gruñía y se quejaba deliciosamente ante las oleadas de placer que le estaban asaltando, el nudo en el fondo de su pene golpeando su clítoris con cada embestida, tristemente demasiado enorme para ella como para que pudiese imitar a su madre, más sin embargo, el ritmo y la violencia con la que chocaban el uno contra el otro parecía bastar para que ambos disfrutaran lo que ocurría entre ellos.

No había necesidad de explicar más, ya no era necesario, es obvio que luego de ese evento, Nick y Bonnie habían conversado, Bonnie había propuesto y el zorro decidió ponderarlo por algunos meses hasta finalmente aceptar anoche.

Era obvio que el vulpino había empezado a romper la mentira que ambos habían creado por tres largos años, era obvio que Nick la deseaba tanto como ella a él, lo suficiente como para que sus dos parientes más parecidos a ella destaparan su deseo al punto de la imprudencia, arriesgándolo todo en un acto que pudo haber roto su relación con su familia en tantas formas, más, sin embargo, no había ocurrido.

El porqué era claro que era un misterio que tendrían que averiguar después, pero por ahora, el sonido de las caderas de Judy siendo impactadas de lleno, al igual que sus gruñidos de placer era lo único que importaba para el dúo, la tensión sexual en ellos finalmente alcanzando un pico que amenazaba con explotar y cambiar irremediablemente las cosas entre ellos a un punto de no retorno que ambos con más que ahínco procedieron a detonar con gusto, cada nueva arremetida abriendo un poco más el orificio de Judy, que arqueaba su espalda, una mezcla de placer y agonía inundando su cuerpo a la vez que el zorro finalmente empujaba una última vez, empalándola por completo y disparando un orgasmo que remeció su mundo más allá de lo que jamás creyó imaginable.

Chorros de cálido líquido bañando su útero más allá de su capacidad natural, inflando su estómago ligeramente antes de que, incluso a pesar del nudo dentro de ella, algunas cantidades escapasen completamente… matizando sus pieles con el aroma del otro, marcándolos de por vida como pareja de ahora en adelante.

Judy al final, desfalleció sobre el pecho del agitado zorro, respirando desesperada en un vano intento por succionar oxígeno que expulsó de sus pulmones tras su orgasmo, su consciencia amenazando con esfumarse nuevamente, obviamente su cuerpo no estaba del todo preparado para la intensidad del acto mismo.

—N-necesitamos entrenar más, astuto…

—C-cuando quieras pelusa… je, ah, Oh Dios… tenemos todavía dos semanas de vacaciones, ¿no es así? —, respondió el zorro, posando sus manos sobre las caderas de su coneja, que rápidamente descendieron hacia sus enormes nalgas, jugando con ellas abiertamente—. Más que tiempo suficiente para entrenar lo debido, ¿no lo crees?

Sonriendo, Judy simplemente procedió a apretar sus paredes vaginales, exprimiendo al cánido dentro de ella, y provocando que su rostro perdiera todo sentido común posible.

—Astuto… no tienes idea de en lo que te has metido…

Carcajeándose, el par simplemente permaneció allí unidos, y agotados. Sueño nuevamente amenazando con llevarlos a los brazos de Morfeo, por lo que el cánido rápidamente se apresuró a comentar:

—Te amo, Judy…

Levantando el rostro, y observando al zorro, la coneja no pudo más que sonreír, sus manos limpiando las lágrimas que descendían de sus ojos, sus labios rápidamente dando a entender qué es lo que deseaban responder:

—Te amo, Nick… ven aquí… por hoy, y para siempre… eres mío.

—Igualmente pelusa… por hoy y por siempre.

Fin.

Y éste sería el fin de la historia como tal, ya queda tan sólo un capítulo extra, que sería más un bono, espero hayan estado entretenidos.