Prólogo

Al principio detestaba los prólogos, considerándolos una "muela por gusto" que ponía frenos al ansia de meterme de lleno en la historia. Solo después de varias lecturas y años transcurridos, aprendí que muchos secretos de dichas obras se revelan precisamente aquí. Es por eso, y para no obligar a los que desdeñan esta parte, solo aquellos muy interesados en conocer qué pormenores guarda la narración deben seguir leyendo.

Primero, quise que el argumento de mis fiscales preferidos se aunara con una historia de mi ciudad natal. En La Habana, pocos saben al dedillo de las penurias y el amor de Catalina Lasa del Río y Juan Pedro Baró. Su antigua residencia hoy por hoy es constantemente visitada no solo por turistas, sino por los mismos citadinos que buscan sentarse en los jardines -otrora preciosos- allí donde la pareja disfrutó apenas tres años de sus vidas, a partir de la construcción en 1926. Los restos de nuestros particulares Romeo y Julieta (sin suicidio, pero trágica historia de prejuicios hasta que lograron una dispensa Papal que les permitió contraer matrimonio), reposan en una bóveda de mármol extraordinariamente bella en el Cementerio de Colón, que actualmente se encuentra siendo restaurada, "gracias" a un cruel saqueo en los años del llamado Período Especial (1989-1995).

En el segundo capítulo encontrarán una situación basada en hechos reales, donde unos conocidos pasaron por la misma circunstancia que Franziska y Miles, solo que a diferencia de ellos, sí tuvieron que llevar la simulación hasta sus últimas consecuencias. Para los que resulten curiosos, les digo que por suerte dichos amigos a raíz del suceso terminaron casándose y teniendo una vida feliz por una buena cantidad de años.

Agradezco a la escritora Gina Picart, a quien supongo una de las mayores entendidas en cuanto a la historia de Catalina y Juan. Gracias a sus artículos publicados, amén de viejas conversaciones con ella, logré imaginar cómo serían los amantes y de qué modo acercarlos a mis personajes favoritos. Cuando pude hacerme, además, con el libro del fallecido arquitecto y académico Mario Coyula Fowley, me fue sumamente grato comprobar que la idea que yo tenía sobre Catalina y Juan Pedro, no distaba mucho de la realidad. Su obra me ofreció detalles que desconocía sobre cambios que se han realizado en la casa y su manera de ver a los amantes complementó la mía (si bien no comparto su visión de Baró, que respeto, dado su papel en la novela). Para intensificar mi confianza, le fue publicado justo ahora a mi amiga Sigrid Victoria Dueñas, Sissi para los amigos, el libro "Hilda", de temática juvenil y que acabó por demostrarme que una alemana bravía puede enamorarse de La Habana. Debo también un agradecimiento al espíritu de Gabriel García Márquez, cubano honorario, por la inspiración. El Gabo se las ingenió a través de sus obras y aún desde el más allá para hacerme creer en el amor antes y después de todo, arriba y abajo, sin límites de tiempo o velocidad. Por si fuera poco, el insigne Miguel Barnet me prestó su musa al hojear ese magnífico libro suyo que es "Canción de Rachel". Así, sin plagiar y rindiendo tributo a los que lo merecen, fui conformando esta obra.

Les confieso que mi mayor aspiración ha sido llevar el espíritu de mi país y ciudad a este fanfic, para que se conozcan algunas tradiciones, jerga, personajes de leyenda o históricos, grandes exponentes del arte (sobre todo la música y la poesía), así como algo de crítica social, de modo que puedan sentirla como yo. La Habana es una ciudad de romance y amistad, coqueta, deliciosa, tentadora. Por lo tanto, esto no podía ser sino una historia de amor.

2/2017