Algo curioso sobre los encuentros inusitados, es que más a menudo de lo que muchos quieren admitir, la culpa y el arrepentimiento son emociones usuales que se suelen sentir no enseguida, sino horas, incluso días luego de haber cometido el hecho.

Muchos podían aprender a ignorar esa reacción, incluso a disfrutarla, varias personas sentían un cierto deje de superioridad en castigar y engañar a sus parejas en esa forma, era parte del atractivo de obrar en esa manera.

Y ella esperaba que tanto su hermana como el zorro, estuviesen a punto de bajar del nirvana que el encuentro propició luego de unas horas, o quizás en el caso del zorro, un par de meses.

Violet observó firmemente al dúo, podía ver que ciertamente, el evento había cambiado su dinámica de forma permanente, acciones que antes habrían sido fraternales, incluso inocentes, ahora tomaban un nuevo giro, sintiéndose más íntimas, puede inclusive invasivas. Era un cambio al que tenían que acostumbrarse.

Ella más que nadie comprendía que el problema con muchas parejas, y la definición de "amor" que la sociedad actual planteaba, se enfocaba mucho en la etapa inicial de una relación, la etapa sexual, dónde las emociones están a flor de piel, y cada acción de tu pareja parece única, especial y excitante.

Donde sin importar lo que haga, por alguna razón no te molesta o incomoda sus acciones, incluso te encuentras adaptándote a sus gustos y costumbres con tal de sincronizarte más.

Hoy en día, los medios y sociedad vendían esta etapa inicial de desenfreno sexual como amor puro y verdadero. Y no como la parte inicial de lo que podría considerarse una auténtica relación amorosa, y, a menudo tras superar esta etapa, es que muchas parejas terminaban por separarse, en especial cuando podían ser objetivos en cuanto a su amor trata.

Violet estaba al tanto de que había mucho en riesgo en cuanto a su hermana y el zorro trataba.

Es por eso que no dejó de fastidiar hasta que finalmente obtuvo lo que quería, y ambos mamíferos en cuestión se encontraban en su oficina privada.

—De acuerdo, Doc. ¿Qué hay de nuevo?

Separando su vista de su carpeta, y alzando una ceja en dirección del zorro, Violet ponderó si quizás podría romper su juramento hipocrático y arrojarle su lápiz al rostro a su paciente.

—Nick…

Alzando sus brazos en rendición, el vulpino simplemente sonrió y no comentó nada más, ambas conejas podían ver que no estaba del todo arrepentido, y que su lenguaje, si bien jocoso y suave, realmente podía percibirse como resguardado y colecto.

Era obvio que Nick se preparaba para lo peor, y que Judy quizás no lo estaba viendo o se negaba a verlo.

—Vi… ¿A qué se debe todo esto?

Suspirando, Violet ajustó sus lentes, antes de bajar su carpeta y mirar al dúo con fijo detenimiento.

—Primero debo aclarar que, me alegra que hayan decidido la cesación de su negación, era una conducta poco saludable y que me temía, tendría consecuencias a largo plazo.

Viendo de inmediato que ambos mamíferos se miraron al uno al otro, Violet pudo enseguida vislumbrar la magnífica capacidad de comunicación que el dúo había desarrollado con el tiempo, sus orejas moviéndose ligeramente en distintas direcciones al mismo tiempo que gestos y miradas transmitían un mensaje que sólo ellos podían descifrar correctamente.

Era un nivel de comunicación envidiable, que usualmente requería años, incluso décadas con tal de lograr a la perfección sin error alguno. Judy y Nick lo habían conseguido en menos de un año, y su afinidad, más que disminuir, de hecho, aumentaba con los días que transcurrían.

—Vi… ¿Qué es lo que quieres? —, preguntó Judy tras un par de minutos en silencio, claramente tomando el control de la situación como siempre acostumbraba, la mirada atenta del zorro dejando poco lugar a dudas de que apoyaba a la coneja en su interpelación.

Violet decidió que quizás la mejor maniobra que podría realizar en este tipo de escenario, era el ser honesta con su hermana y su posible cuñado.

—Han pasado tres meses desde el evento—, comentó la coneja, observando el ligero respingo por parte del dúo, en especial el zorro ante el título que la familia le había otorgado al encuentro que existió entre Nick Wilde, el zorro, y Bonnie Hopps, la coneja. Las respuestas en la familia habían sido mixtas, no todas positivas, pero Bonnie no era una hembra sumisa dispuesta a permitir que se hablase mal de ella o sus invitados en su casa, por lo que rápidamente eliminó o dejó en claro la situación de lo acontecido.

—Y, a pesar de que me alegra que ambos hayan decidido permanecer juntos, he podido vislumbrar cierta, inconformidad, o renuencia en ustedes ahora que los matices rosados de lo que ocurrió han caído y están enfrentándose a la realidad que les espera.

El zorro bufó, y Judy simplemente suspiró, era obvio que ambos estaban al tanto de lo ocurrido, y que encontraban su interferencia de su desagrado.

—¿Qué estás tratando de decir, Violet?

La psicóloga observó al par, antes de asestar el golpe.

—Estoy diciendo de que, si no hablan sobre lo ocurrido, y en caso de Nick, dejan de pretender que están gratos con la atención de la familia. En especial aquellos que no están cómodos o satisfechos con lo ocurrido.

Judy le miró fija ojos entre cerrados y orejas alzadas, Violet conocía muy bien esa mirada, era obvio que su hermana estaba a punto de comentar lo que pensaba, y que no estaba satisfecha con lo dicho, pero antes de que pudiera tan siquiera abrir su boca, una mano sobre su hombro acalló a la coneja en el acto, provocando que sus alzadas orejas descendieran y sus ojos se cerrasen, una simple acción apaciguando a la bestia que una enojada Judy Hopps solía ser cuando se lo disponía.

Violet podía sentir la sangre en su cuerpo arder ante el acto, una acción tan minúscula, que parecía ser suficiente para acelerar su pulso y hacerla sentir que su cuerpo estaba al borde de la ignición, en especial cuando la atención del zorro estaba ahora fija en ella.

—No es por eso que estamos aquí, ¿no es así, Violet?

Aspirando profundamente, e intentando controlar su pulso, la psiquiatra intentó mantenerse en calma y recuperar el control de su sesión, pero todo eso se fue al caño cuando Nick de súbito decidió hacerse cargo.

Levantándose súbitamente, el vulpino entonces procedió a caminar en el pequeño estudio, de un lado a otro, sus ojos jamás despegándose de los de Violet, que no podía dejar de mirarlo, sus manos de pronto aferrándose a su falda, apretando inconscientemente algo de la tela, sus nervios algo remecidos por la acción predatoria.

—Puedo verlo, coneja…— levantando su mano derecha, el vulpino procedió a señalar a sus hermosos ojos jade, su garra, ahora extendida demarcando una línea desde su ojo hasta su nariz, una acción que provocó que la piel de la coneja se erizara—, al igual que olerlo. Estás aterrada de mí, ¿no es así?

—N-n-no, no lo estoy.

Una sonrisa, sus aperlados dientes saltando a su vista, su corazón acelerándose a mil por segundo.

—Mentir en tu profesión no es apropiado, ¿sabes?

Indignación asaltó sus sentidos, el ardor que amenazaba con quemarla de pronto viéndose ofuscado por la helada garra de la ira, provocando que Violet se alzara sobre sus patas, mirando fijo al vulpino, que no parecía sorprendido por su reacción.

"El maldito esperaba que reaccionara así…"

Pensó inmediatamente Violet, y, sin embargo, cayó por completo en su trampa, incapaz de evitar algo que debería ser obvio en contexto. No podía dejar de observar al zorro, y, sin embargo, su mente le gritaba en pánico de que estaba ignorando algo importante, algo que jamás debió haber dejado de observar desde un principio.

Estaba en peligro, pero no por el depredador que obsesivamente estaba observando, sino por la presa que, como muchos otros, había decidido ignorar en el momento en que el zorro abrió su boca.

Y así, como muchos otros, Violet Hopps se encontró víctima de Judy, que de súbito reapareció detrás de ella, un brazo tomándola de la cintura y el otro alrededor de su cuello, congelándola en el acto ante la sorpresa y el firme agarre que la policía podía procurar.

—¡AH!

—Shh, shh, shh… sabes que es inútil que te resistas, Vi. Nunca has podido ganarme cuerpo a cuerpo—. Agregó Judy, confianza y un cierto tono burlón en su voz, incluso denigrante, provocando que de nuevo la sangre en la psicóloga hirviese como nunca, miles de cosas y posibilidades cruzando por su cabeza.

—¿J-Judy… qué crees que haces?

—¡Cállate! —, espetó la policía, su mano en su cuello firmemente sujetando a su víctima, que tembló con marcada impotencia y temor, no se suponía que las cosas fueran así, no se suponía que todo se tornase violento—, Hablarás cuando te lo diga, ¿De acuerdo?

—J-Judy…

—¡¿DE ACUERDO?!

Aterrada, Violet asintió, mirada fija al frente, mirando al zorro que lentamente caminaba hasta la puerta de su estudio, una sonrisa marcada en su rostro que parecía disfrutar la incomodidad en ella, en especial el respingo que su cuerpo sufrió en el momento en que sus orejas y ojos pudieron ver y escuchar al zorro cerrar el seguro de la puerta.

—¿Q-qué hacen, por qué cierran la puerta?

El zorro sonrió, pero ahora de pronto no necesitaba hablar o comentar algo, su mirada y su sonrisa parecían revelar por qué lo había hecho. La sangre y el pulso de la coneja elevándose a niveles no saludables, rápidamente intentando moverse, huir, incluso gritar, sólo para que el agarre de Judy se afirmara en ella.

—Ah, ¿Te he dado permiso para moverte, Vi?

—¿Por qué Judy?

—Porque puedo, Vi… verás, siempre me ha molestado tu tendencia a inmiscuirte en lo que no te incumbe, lo sé, lo sé, es hipócrita de mi parte decirlo, en especial cuando mi trabajo depende de mí habilidad para hacer eso.

Violet respingó al sentir a su hermana presionar su cadera contra sus nalgas, una acción posesiva, incluso invasiva y demandante.

—Pero, en este caso, estoy harta de que quieran decirme qué hacer, y cómo vivir mi vida, en especial con quien debo estar—, la mano en su cintura de pronto ascendió, tocando su cuerpo a través de su ropa, y provocando un respingo al igual que un candor expandirse en todo su cuerpo—. Pero más en específico, estoy harta de que otros se crean con el derecho a decirme cómo proseguir en mi relación con Nick, en especial tú, Violet.

Su aliento sobre su oreja provocó que Violet cerrara sus ojos, temerosa de lo que podría pasar.

—Pero sabes algo, ¿Vi? Si hay algo que siempre me molestó de ti, es esa actitud de "mejor que tú" que siempre has tenido. Y, hermana, puedo olerlo, hasta saborearlo… debajo de esa fachada de chica colecta y buena, se esconde una puta, una puta que está celosa de que su hermanita obtuvo al macho que por meses ha estado invadiendo sus sueños, pesadillas y… deseos, ¿no es así?

—N-No sé de lo que hablas…

—Puedes pretender todo lo que quieras, o quizás deba darte una lección de una vez por todas.

Y más rápido de lo que Violet pudo reaccionar, la mano en su cuello se afirmó, casi al punto de la asfixia, a la vez que la otra descendía hasta una de sus patas, alzándola sin resistencia alguna en el aire, exponiendo su húmedo y empapado centro ante el mundo.

—Has estado chorreando desde que entramos, Vi.

—Hng…

—Y creo que es hora de darte lo que mereces, ¿no lo crees así, Nick?

Abriendo los ojos de súbito, Violet miró que el zorro de la nada estaba ante ella, arrodillado de tal forma que pareciera que estuviera en cuatro patas como sus antepasados salvajes, una sonrisa firme en su hocico que rápidamente olfateaba sus mojados labios, provocando un gemido por parte de la prisionera, su piel erizándose más allá de lo que jamás imaginó fuera posible.

—Esto es lo que quieres, ¿no es así? ¿Vi?

La aludida no comentó, no cuando de súbito una lengua empezó a lamer sus genitales, un alarido gutural emergiendo de su garganta, deseo y placer como nunca antes invadiendo su cuerpo, haciéndole perder por completo la razón, una de sus manos que habían extrañamente estado inmóviles hasta ahora, afirmándose sobre una de las orejas del vulpino, forzándolo a lamer más fuerte, más cerca.

Su torso giró, su pasión encegueciéndola en el momento en que el asalto fue una realidad, su mano restante elevándose y tomando de la nuca a Judy, que abrió sus ojos ante su accionar, sus labios de pronto conectándose, un quejido de sorpresa surgiendo de la policía, que rápidamente se separó de su "víctima…"

A-Aulladores.

Separándose de súbito, el trío respiró agitado, deteniendo todo en el acto, Violet en específico cubría su rostro con sus orejas, en un vano intento por ignorar lo que había hecho en el momento de pasión.

—¿Qué diablos Vi? I-Incesto no es lo que habíamos acordado…

Nick decidió guardar silencio, dejando que las féminas solucionaran lo que había ocurrido.

—Lo sé, lo sé… me dejé llevar… ¡Lo siento mucho!

Suspirando, Judy se acercó a su hermana, antes de abrazarla, y calmar sus obviamente destrozados nervios.

—Shh, shh, tranquila ya pasó, fue un error hecho en el ardor del momento… además—. Separándose, Judy observó a su hermana mayor, una ligera sonrisa en su rostro antes de proseguir—: No te culpo, quiero decir, soy hermosa, ardiente, el sexo hecho mamífero…

—Oh sí Zanahorias, cien por ciento…

Sonriendo hacia el vulpino, el par de conejas simplemente decidió dejar el juego a un lado, y afrontar las cosas como eran.

—Pues, el juego de rol está arruinado, no obstante, aún estoy caliente, y necesito que mi macho me de atención.

—Ejem…

—Y a mi hermana.

Alzando sus hombros, el zorro simplemente procedió a descartar sus ropas, mirando al dúo fijamente, tomando una decisión en el acto.

—Pelusa, siéntate en mi rostro… me apetece comer conejo, Violet… hoy cabalgas…

No necesitaron más, ropas rápidamente esfumándose en el acto, la necesidad de juego desapareciendo al ser reemplazada por puro deseo, el vulpino rápidamente acostándose y siendo atacado por dos ansiosas conejas, cada una deseosa de que su actividad asignada iniciase.

—Adoro cuando, ah, ah… sí, de eso hablo, tomas el control, Nick.

Lamiendo sus labios, al igual que penetrando su agujero por medio de su ágil lengua fue la única respuesta que Judy recibió, y en el momento, era todo lo que la coneja deseaba.

Violet por otro lado, lentamente procedió a sentarse sobre el enorme falo, boca abierta y aliento alterado con cada centímetro que se adentraba, un ligero gruñido en su garganta siendo lo único que emergía de la misma, sus caderas girando a medida que descendían hasta que finalmente se detuvieron ante el nudo, incapaces de aceptar el enorme bulto sin la preparación requerida.

—Oh Dios… me encanta tu pene Wilde… lo amo, lo amo, lo amo…

Subiendo y bajando, la coneja no tardó en empalarse continuamente, gruñidos y quejidos emergiendo de su boca a medida de que el orgasmo se aproximaba, el enorme miembro calentándose más y más con cada segundo, cada embestida y encuentro entre ambos, sus gruñidos convirtiéndose en alaridos que rápidamente fueron emulados por Judy, que parecía estar al borde del colapso, procurando que Violet incrementara la velocidad y la fuerza de sus arremetidas, su vagina expandiéndose cada vez un poco más con cada golpe hasta que, finalmente, con un 'pop', el nudo entró y Nick procedió a disparar su caliente semen dentro de ella, provocando una reacción inmediata en Violet, que arqueó su espalda en éxtasis, su gemido de pasión siendo opacado por el grito enardecido de Judy al alcanzar su propio orgasmo.

Toda una tarde de planeación para una sesión de sexo se había esfumado, destruido completamente, y convertido en un rapidito furioso y satisfactorio que culminó con Violet atrapada por media hora con el novio de su hermana, su espalda golpeando el estómago del zorro, cayendo al lado de una satisfecha Judy, que respiraba igualmente agitada, una enorme sonrisa en sus labios.

—Eres una suertuda, el nudo es la mejor parte.

Violet sólo sonrió, no podía negar que la cantidad de orgasmos que estaba experimentando iban más allá de lo que jamás esperó, el órgano no parecía dispuesto a parar de disparar dentro de ella, incitando una respuesta natural que desconocía podía ser posible en un mamífero moderno.

Era obvio que su cuerpo disfrutaba la experiencia, y muy dentro de ella, sabía que, si Nick fuese un conejo, estaría dejándola definitivamente embarazada en este momento.

—Oh Dios… la idea de quedar embarazada de tu novio me calienta…

—Bienvenida al club, hermana…

Nick simplemente no dijo nada, no cuando su mundo estaba completamente centrado en su pene y la vagina que férreamente le ordeñaba hasta la última gota posible, dejándole incapaz de actuar en el momento.

—Hey… Vi… lo que mencionaste antes… ya sabes, mientras fingías ser nuestra psicóloga de parejas…

—Oh, pues hay algo de verdad en ello, Judy. No han regresado a la madriguera en meses, y mamá y papá sienten que quizás cruzaron una barrera que no debieron con ustedes, por lo que han decidido darles algo de espacio, este evento tomó meses de planeación para que realmente ocurriera… Es obvio que primero tenían que sacar la posesividad de su sistema, chicos. Saben que mi oficina está abierta para los dos, ya s-sea juntos o por s-separado -O-oh Dios… siento que estoy por explotar… ahhh…

Las hermanas no dijeron nada más, ciertamente el par había decidido no explorar más lo que había ocurrido aquella noche luego del evento, en especial cuando no podían quitarse las manos de encima, era común en recién enamorados, pero era obvio que las cosas habían cambiado y finalmente estaban dispuestos a explorar más allá de sus límites, decidiendo que Violet Hopps, quien vivía en Zootopia ejerciendo como psicóloga y consejera de parejas ciertamente podría ser un comienzo en cuanto a la exploración trataba.

Judy estaba al tanto de que en las relaciones ciertamente habrá caídas y momentos bajos, era imposible que no los hubiera, pero la comunicación era vital para sustentar lo que tenían, y tanto Judy como Nick habían mejorado el acto en un arte, si mantenían esa rutina era posible que llegaran lejos.

Y el hecho de que ahora ambos pudieran explorar su sexualidad y lograr satisfacción con tal de aminorar la tensión de su trabajo, quizás sería el fundamento que cimentara su relación de forma permanente.

—N-no te niego que no me asusta, a veces.

Mirando en dirección de su hermana, Violet ponderó lo que Judy estaba por comentar, por lo que guardó silencio, permitiéndole proseguir:

—A veces siento que estamos en la cima, y que una vez bajemos, las cosas cambiarán… para peor, ¿Sabes? La idea de perderlo, me es… difícil de tragar.

Una mano sobre su muslo, desesperadamente buscando su mano acalló a la coneja, que con igual desespero se aferró a la misma, sujetándola firmemente, buscando el confort que ésta le ofrecía en su momento de debilidad.

—Judy, no prometo que las cosas serán perfectas, pero en lo que a mí respecta, eres lo mejor que jamás me haya pasado en mi vida. Preferiría morir antes que lastimarte…

Judy no dijo nada, sólo se aferró a su compañero. No recriminó sus palabras, no cuando quedaría como una hipócrita en el proceso. No cuando ambos estaban al tanto de que su trabajo podría separarlos permanentemente en un mal día, fue la realización de este hecho lo que había disparado la posesividad en la pareja, sólo cuando finalmente habían decidido aceptar la realidad de su labor fue que ambos decidieron bajar las defensas y tomar las cosas con más calma.

Eso, y Bogo había amenazado con patearles el trasero si no dejaban de ser un dolor en el suyo.

—Ambos pueden ser ridículamente cursis cuando se lo disponen, ¿saben?

—Es un arte, toma tiem- Oh Dios, no aprietes, no… ¡ahhh!

—¿Decías, Zorro?

Judy simplemente carcajeó, para luego meramente disfrutar el silencio que de pronto se asentó entre ellos luego de las carcajadas. Sabía que las cosas no iban a ser fáciles, ninguna relación lo sería, pero, aquí y ahora estaba satisfecha con lo que tenía, y quizás eso era lo importante.

Concentrarse en el presente, y dejar de edulcorar y plantear una meta inalcanzable de un futuro feliz y perfecto que jamás podrían lograr.

Apretando los dedos de su macho, y recibiendo el mismo confort de vuelta, bastó para ella en el momento, las cosas estarían bien, mientras se mantuvieran fieles a quienes eran, y en lo que sentían el uno por el otro todo andaría de maravillas, ahora quizás había una nueva dimensión en su relación, una que ambos claramente disfrutaban de explorar a su máxima extensión.

Pero por hoy, y por siempre, lo mejor que podían hacer era apoyarse el uno al otro, y seguir siendo honestos en cuanto a sus vidas trataba.

—No será fácil, Astuto.

—Lo bueno jamás ha sido fácil, pelusa. Y no planeo dejarte ir, ni hoy… ni nunca.

—O-Oh Dios… ¿Acabas de ponerte más duro de nuevo? M-me vas a matar… Wilde…

Sonriendo, Judy simplemente alzó su cabeza y miró en dirección de su hermana, ponderando su posición y lo que estaba por hacer, su estómago generando una cantidad increíble de mariposas ante la ansiedad y deseo que la consumía en el instante.

—Oye, Nick… estás algo sucio allí, ¿no lo crees?

—¿Uh?

—¿J-Judy?

Levantándose e ignorando la atención de la pareja, la coneja se movió hasta donde el enorme pene del zorro se introducía en la húmeda y chorreante vagina de su hermana, la vista de ambos mamíferos observando atentos cada uno de sus movimientos, los ojos de Violet abriéndose de par en par cuando su hermana procedió a arrodillarse ante ella, su aliento peligrosamente cercano a su clítoris.

—J-Judy… p-pensé que… ¡OH DIOS!

Al final, la vida era para vivirla, y Judy Hopps no podía más que sonreír al escuchar los gemidos de sus mamíferos ante sus acciones, todo estaba bien en el mundo, tenía lo que deseaba y mucho más.