Cero Uno
La primera parte de la "fiesta"
Ah, la Academia Durandal para qué aspirantes a héroes puedan preparar sus habilidades y blandir las armas de los mismos dioses. Solo los mejores entre todos los jóvenes aspirantes logran asegurarse un lugar en esta prestigiosa institución, un lugar dónde…
-¿Cómo así que no vas a ir a la fiesta de bienvenida para los de primer año? – dijo Ekko colocando ambas manos sobre la mesa de Ezreal.
-Tengo que estudiar, voy a suspender el primer examen teórico si no me aprendo la guía de estrategias. Y no quiero tomar suplementarios…
-¿Qué es suplementarios?
Ezreal levantó la vista de sus apuntes y miró al joven Ekko como si otra cabeza le hubiera crecido de repente. ¿Cómo podía preguntar tal cosa?. Todos los estudiantes de Piltover sabían que era un suplementario, pero bueno, Ekko era de Zaun así que quizá eso no existía allí. Aún así, le daba un poco de vergüenza admitir que estaba teniendo dificultades para mantener el ritmo de la academia. Al menos en su parte teórica.
-Es… cuando no apruebas un examen y tienes que tomar clases extra para… bueno, tomar otro examen e intentar aprobar.
-Oh. Pero aquí no hay de esos…
-¿!Qué!? – dijo el joven estrujando el lápiz entre sus dedos - ¿Cómo que no hay, de dónde sacas que no hay?. No puede no haber, o Dios voy a suspender y no hay suplementarios.
-Está en la guía que te dan el día que te inscribes.. ¿No la leíste?.
Pues no, Ezreal no había leído la guía, es más, el joven aspirante a héroe ni siquiera recordaba dónde la había dejado. Quizá debajo de la pila de repuestos para su guantelete, o de la ropa de la semana pasada, o quizá entre los libros de texto que a duras penas abría… o la había botado por accidente.
En cualquier caso. Ezreal se tomó la cabeza imaginando su horrible futuro una vez suspendiera, seguro que lo sacarían de la academia y debería volver a vivir con su tío, y sería un fracaso, jamás sería un héroe como soñaba. Y lo peor, Lux jamás nunca se fijaría en él. Su vida había acabado antes de empezar.
A menos, que aprobara el examen.
-Entonces… ¿Vamos a ir? - insistió Ekko completamente ajeno a las preocupaciones de su amigo.
-No. Tengo que… pasar el examen de estrategia…
-Pero si estrategia es muy fácil. Mira si el malo esta en área civil la prioridad es alejarlo evacuar a los inocentes. Debes medir con un rápido cálculo de Braum cuál de las dos opciones es más efectiva y rápida, luego solo tienes que filtrar entre las estrategias propuestas por los Solari y Rakkor para saber que maniobra debes elegir. Por ejemplo, si el malo está armado con algún cañón es mejor ir con un escudo de crepúsculo, si es muy ágil para eso mejor espada del Zenith y cuando estés lo suficiente cerca, BAM, elipse solar y listo. Neutralizado.
Ezreal no entendió nada, pero de nada y la cara de desconcierto que puso fue tan evidente que hasta Ekko el despistado lo notó.
No obstante, cuando Ezreal estaba por pedirle a Ekko que fuera su gurú en estrategia Luxanna entró al aula y todos los pensamientos coherentes que habían en la cabeza de Ezreal se esfumaron; Ekko también lo notó y se le ocurrió un plan infalible para llevar al rubio a la fiesta.
El moreno se levantó de un brinco y fue directo a la mesa de Luxanna.
-Holaaaaa Lux. ¿Qué tal?.
La joven pelirroja descargó su maleta y sonrió, de oreja a oreja.
-Hola Ekko. Bien.
-¿Vas a ir a la fiesta?. La de bienvenida…
-Oh, si la fiesta. Si, estaré allí.
Ekko seguía sonriendo, su plan iniciaba con el pie derecho. Pero Lux que seguía sonriendo mientras trataba de organizar sus dos yo para saber que obligaciones debía cumplir.
De hecho, a la presidenta del club de hechiceros se le había olvidado que debía asistir a la fiesta de bienvenida organizada por el comité de la academia. La cual sería ese viernes en el coliseo de la academia, no porque la idea le emocionara sino como parte de sus labores de líder de Club. Al igual que Jayce o Katarina. Pensando en Katarina, ¿Se habría vestido ya o seguiría enviándole tomándose fotos con las cuales tentarla después?
-¡Genial!. Nos vemos allí entonces.
-¿Uh?.¿Quieres que vayamos juntos?- preguntó Lux perdida de la conversación por haberse distraído pensando en Katarina y las tentaciones que ofrecia.
-¿Tu quieres?- preguntó Ekko con los ojos muy abiertos.
Luxanna estaba a punto de acertar, porque eso era lo que se esperaría de ella. Que aceptara la invitación de un chico guapo de su propia aula y edad, con énfasis en el chico, y misma edad. Pero Ezreal llegó al lado de Ekko en dos segundos y los miró a los dos mientras gritaba a todo pulmón.
-No, no. No y No.
-Uh… ¿No? – dijo Lux poniendo cara de no entender.
-¡Claro que no!.
-Oye, ¿Por qué no? – quiso saber Ekko.
-¡Por qué tu no puedes ir con ella!
So ultimo lo gritó medio histérico. Los demás alumnos se giraron a ver la interaccion del raro trio y Lux, que ya había descifrado la situación en su cabeza decidió alborotar un poco más el desastre.
-Oh, ya entiendo. Van a ir juntos. Perdón, no lo sabía Ezreal.
-¿Qué? – susurró el rubio.
-Si, ese es el plan… pero si tu vienes…
-Gracias Ekko, pero no quiero arruinar su cita. Los veré en la fiesta, además tengo que estar guiando a los demás miembros del club.
Ezreal estaba mudo, bien fuera por el desconcierto de crees que Luxanna estaba ahora convencida que salía con Ekko o porque este último no estaba haciendo nada para aclarar la situación. Cual fuera la situación, la joven tomó asiento y empezó a sacar su hex-tab para tomar apuntes, en tanto Ezreal daba dos pasos al frente dispuesto a despejar el humo que Ekko había creado, pero antes que pudiera abrir la boca el maestro Graves entró en el aula dando un portazo y ordenándoles a todos tomar asiento.
Al joven no le quedó más remedio que regresar a su lugar.
La clase transcurrió en paz, Graves explico la estrategia del día y les compartió los problemas teóricos para que los resolvieran en grupos de dos. Naturalmente, Ekko movió su mesa al lado de Ez y comenzó a leer las situaciones sin reparar en la mirada de reproche que le dedicaba el rubio; más Lux si la vio, y muy a pesar de saber bien que era ella de quién gustaba Ezreal y no Ekko, se permitió pensar como Luxanna y creer que eran celos por ver a su novio coquetear con una chica.
-Creo que en el primero podemos usar Moonfall.
Ezreal no respondió, Ekko frunció ambas cejas y levantó por fin la vista.
-¿Qué?
-¿Cómo, qué?. Tu…. Ahora Luxanna cree que estamos saliendo.
-Pero no estamos saliendo. Y ahora, tienes una razón para hablarle.
El joven de ojos celeste iba a protestar, pero se quedó pensando un momento y resultó que su amigo tenía razón. Ahora, tenía un motivo de peso para hablarle a Lux y tenía que encontrar valor de algún lado para aclarar el malentendido.
La fiesta de bienvenida sería el escenario perfecto. Si se quedaba estudiando a la hora del almuerzo, y un par de horas después de la reunión del club quizá podía obtener una nota decente en el examen y evitarse el desastre académico. Pero, por supuesto, ahora lo más importante en su vida era convencer a Lux que Ekko y él solo eran amigos.
El día continuó su ritmo normal, Ezreal no buscó hablar más con la joven maga y esta lo agradeció pues su mente ya estaba divagando entre todas las responsabilidades que debía atender como presidenta del club de magia.
Por supuesto, todos los presidentes de club debían ir a la fiesta de bienvenida, sin excepción y eso significaba que incluso la esquiva Katarina estaría allí. Así fuere solo por unos minutos y para acaparar una mesa de ocho puestos ella sola.
La idea de ver a Katarina esa noche le emocionaba, no habían hablado desde la tarde en que la futura asesina le envió esa provocativa foto. Pero Luxanna se deleitaba la vista imaginando como lucían sus pezones bajo la negra banda de censura. Seguro que eran marrones, o quizá, rosados como los suyos. ¿Grandes o pequeños?. ¿Se endurecerían fácil o quizá no eran tan sensibles?. ¿Le dejaría tocarlos o quizá Katarina la obligaría a conformarse con solo verlos?. De hecho, ¿Existía acaso la posibilidad de llegar a probarlos con sus propios labios?.
Cuantas posibilidades pasaban por su cabeza en ese momento, tantas y tan coloridas que poco a poco Luxanna se fue desconectando del mundo real y empezó a imaginar escenarios cada vez más subidos de tono mientras iba llevándose la comida a la boca. La joven asentía de vez en cuando, sonreía mecánicamente a sus compañeros de mesa y parecía que seguía su conversación. Pero en su mente, dónde era libre y su propio ser humano, todo lo que había era una imagen de sí misma, de rodillas y con la cara perdida entre las piernas de Katarina. Ver la sonrisa de autocomplacencia de Katarina, los sutiles cambios en su rostro cada vez que su lengua y sus labios rozaban su sexo.
¿Y qué haría con sus manos?. A ver, quizá las ocuparía con sus generosos senos, o a lo mejor a tendría que utilizar sus dedos para alternar el trabajo de su boca pues podía ser necesario para complacer a Katarina. De hecho, ¿Qué pasaba si la pelirosa no la dejaba tocarla más que con la lengua, tendría vía libre para usar sus dedos en sí misma?.
Luxanna volvió a imaginar la escena, pero esta vez en lugar de dejar que sus manos le ayudaran con el placer de Katarina era entre sus piernas dónde trabajan. Con movimientos veloces y precisos, entrando lo suficiente para estimularla y luego retirándolos para que la siguiente penetración tuviera el mismo efecto una y otra vez. Iria cada vez más rápido, su boca se coordinaría ala perfección y Katarina no tendría más opción que mover su pelvis contra su boca para buscar su propio orgasmo. A lo mejor…
-¡Lux!
La joven espabiló: la Katarina que montaba su cara desapareció de repente y fue reemplazada por el rostro preocupado de Taliyah.
-Ah, uhm. Perdón.
-Estás bien. Te veías toda ida. Estás preocupada por la fiesta o…
¿Fiesta?. Se preguntó el aturdido cerebro de la joven, pero solo necesito unos cuantos segundos para regresar al mundo real. La aburrida y fría realidad.
-Si. Perdón, estaba pensando en todo lo que debo hacer.
-Si quieres, puedo ayudarte. No, uhm, sé mucho de fiestas, pero...
-Está bien, Taliyah. ¿Puedes darme una mano con los asistentes?
La joven shurimana asintió emocionada, como si Lux le hubiera asignado la tarea más importante de su vida. Cuando en verdad, era bastante aburrida y simplona, solo debía marcar en la hex-tableta la fotografía de los miembros del club que veía en la celebración. Pero bueno, una tontería menos de la cual preocuparse, lo que podía significar más tiempo para hacer cosas importantes.
Como meter la cabeza entre las piernas de Katarina, aunque solo fuere en su imaginación.
Katarina, por cierto, estaba en ese momento devorando un delicioso lomo de cerdo a la parrilla con papas fritas bañadas en salsa de ajo. Un poco de limonada sin dulce para bajar esa deliciosa comida y un potecito de flan de postre.
Como siempre, estaba sola en el techo del edificio tecnológico el cual colindaba con el coliseo y por el que había llegado escalando un par de salientes. Nadie subía allí, y si lo hacían nada más con detectar su presencia se esfumarían al instante.
La futura asesina masticaba con la mirada fija en las nubes, no tenía ganas de hacer nada y quizá lo único que le impedía regresar a su habitación y dormir toda la tarde eran las pruebas para aspirantes nuevos. La única responsabilidad como presidenta que si le gustaba porque tenía el placer de romperles algún hueso a la carne fresca. Así que, con el gustico de saber que lastimaría un novato siguió comiendo.
Al terminar, bajó del edifico, botó las cajas de su almuerzo, fue al aula contigua a su club y se durmió hasta que llegó la hora de hacer las pruebas.
Tristemente, Katarina no pudo alegrarse la tarde rompiendo huesos pues él único aspirante de esa semana era un chiquillo flacuchento llamado Kayn, que era familiar de Zed, y por ende le correspondía a él romperle la cara.
Su humor solo empeoró en el momento que su segundo al mando, Talon, le recordó que debía arrastrarse a la fiesta de primer año. Aunque solo fuere para hacer presencia, porque todos sabían que quien se encargaba de todo era el jovencito.
Así pues, Katarina regresó a su habitación y se tumbó. Durmió profundamente hasta que el ruido de la música a lo lejos la despertó.
Como era costumbre, Katarina se quitó el uniforme arrugado, lo lanzó a la cesta y anduvo en ropa interior un rato buscando que ponerse en su closet. Se decantó por un par de pantalones negros de cuero, una camiseta sin mangas del mismo color, botas que hiciera juego y una chaqueta de cuero vino tinto. Se peinó un poco la maraña que tenía por cabello, se puso un poco de base y lápiz para ojos, luego se aplicó una pinta de labial y salió rumbo al coliseo. A cumplir con que le vieran la cara.
Lo que la asesina no esperaba fue que nada más entrar, su humor iba a mejorar considerablemente.
Luxanna estaba allí, muy diligente recibiendo a los miembros de su club que llegaban despistados a su primera fiesta de grandes. Bueno, de grandes era un decir porque todos eran adolescentes que en teoría tenían el futuro de Ciudad Durandal en sus manos, pero que a duras penas sabían lo que querían hacer con sus vidas. Pero bueno, allí estaba esa pelirroja, con su carita de inocencia y su sonrisa angelical, todo falso por supuesto. Porque Katarina ya había adivinado en buena medida lo que escondía esos ojos azules.
Sin llamar demasiado la atención, Katarina se acercó a uno de los chiquillos de primero y lo empujó, el joven cayó al suelo y al levantar la vista palideció cuando sus ojos se toparon con los de Katarina. Esta sonrió y desvió la mirada lo suficiente para asegurarse que su pequeña travesura había captado la atención de Luxanna. Luego, siguió empujando a todos hasta que se perdió por entre los asistentes.
Llegó hasta la barra de comida y se sirvió unos cuantos aperitivos, también tomó un vaso de ponche.
Como era seguro que Luxanna iría a ella, la aspirante a asesina reclamo una mesa y se dedicó a comer en tanto calculaba cuanto era necesario hacerla esperar. No fue hasta que terminó toda su comida que hizo un esfuerzo mínimo por buscar entre el mar de jóvenes que bailaban el único par de nalgas que le interesaban.
Cundo sus ojos se encontraron, Katarina soltó una carcajada pues era obvio que la joven maga llevaba viéndola un largo rato. Así que, sintiéndose buena Katarina abandonó la fiesta por un costado y esperó oculta entre las sombras del pasillo que Luxanna apareciera.
No tuvo tiempo ni de aburrirse, pues dos minutos y medio más tarde pudo escuchar el leve eco de pasos.
Katarina abandonó su escondite y con uno de sus movimientos más rápidos se colocó detrás de Luxanna tomándola uno de sus brazos para doblarlo un poco contra su espalda. La joven no chilló, solo se quedó quieta y caminó hasta que ambas quedaron ocultas en la sombra.
-¿Qué tan estúpida eres? – comentó Katarina aplicando un poco de presión.
-¿Por qué lo dices? – dijo Luxanna sin molestarse en ocultar que le dolía la posición.
-Venir aquí, sola y desarmada. ¿Sabes que puedo abrir ese armario de allí, abrirte las piernas y hacerte lo que se me dé la gana?
Lux no respondió; Katarina se desconcertó durante algunos segundos hasta que la giró un poco para observarle la cara y pudo ver como como los ojos de Luxanna estaban dilatados. Claramente, lo que sea que estuviera imaginando a causa de sus palabras le gustaba.
-Zorrita – dijo Katarina con una sonrisa satisfecha – Eso te gustaría no. Que te coja contra una pared. ¿Si?.
Luxanna seguía sin responder, pero Katarina aflojó su agarre y la giró de repente para luego tomarla del cuello con su mano derecha.
-Dime, ¿Ya te tocaste con la foto esa?
-Esta vez Luxanna si respondió, pero no de manera verbal, sino que una critica sonrisa afloró en su rostro y Katarina no supo que fue ese escalofrió repentino que le recorrió la espalda.
Infortunadamente, no pudo seguir presionando pues escuchó que alguien se acercaba.
Empujó a Luxanna hacía la luz y ella se alejó muy rápido y en silencio, sin mirar atrás, pero con toda la seguridad de que la joven no le quitaba los ojos de encima.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Hola.
Los números son el teléfono.
Ahm, sin comentarios con eso de Ezreal, Lux. Pero… PEROOOOO…
A ver, dónde nos lleva está Lux.
