Cero Dos

La segunda parte de la "fiesta"

Ah, la Academia Durandal para qué aspirantes a héroes puedan preparar sus habilidades y blandir las armas de los mismos dioses. Solo los mejores entre todos los jóvenes aspirantes logran asegurarse un lugar en esta prestigiosa institución, un lugar dónde…

Luxanna evitó trastabillar con el empujón de Katarina y caminó muy casual hasta la baranda que separaba los jardines. Se apoyó en ella y observó el campus a medio iluminar, como si estuviera perdida en sus propios pensamientos hasta que escuchó una voz muy cerca suyo.

-Pensé que era el único que se escabullía de las fiestas.

Lux giró y sonrió al ver como Jayce se acercaba con una de sus encantadoras sonrisas.

-Solo quería un poco de aire. Hay muchas personas allí, es difícil respirar.

-Lo entiendo… Luxanna ¿Verdad? – dijo el apuesto presidente Luminari colocando ambos brazos sobre el barandal y arrimándose para quedar al mismo nivel de Lux.

-Lux está bien, mi nombre es demasiado formal.

-Oh, Lux entonces. Aunque Luxanna es bastante bonito.

Fiel al papel que debía jugar, Luxanna se sonrojó levemente y evitó la mirada del joven durante varios segundos, hasta que estuvo segura la sonrisa de este se hubiera ensanchado asegurándose de hacerle creer que su cumplido tuvo justo el efecto que él esperaba; Jayce, por su parte, estaba maravillado con lo bonita que era la joven ahora que tenía la oportunidad de verla más cerca.

-Sonará a que se lo digo a todas, pero…

-¿De verdad? – lo interrumpió Lux fingiendo estar emocionara y alagada, aunque en verdad solo no tenía ánimo de escucharlo.

-Si. En serio. De hecho, el martes hay una exposición. Bueno es una presentación de algunos avances que se han estado haciendo para mejorar la canalización de magia a través de dispositivos hextech. Seguro que estas familiarizada.

-Si, mi bastón usa un núcleo de pirita.

Jayce sonrió, esta vez Luxanna pudo ver que era un gesto genuino y aquello provocó que también la joven dejara de fingir su interés.

-El núcleo de mi martillo es veraplata.

-No es el mejor catalizador.

-Verdad, pero permite un gran control y es capaz de almacenar una cantidad relativamente alta de magia en espera, así, cuando decida utilizar alguna técnica de bombardeo puedo causar un gran impacto. Mayor que con un núcleo de pirita, que dejaría la energía fluir demasiado rápido sin poder acumularse lo suficiente para que la implosión del impacto tenga tanto efecto.

Luxanna lo escuchó acercándose un poco al joven, pues ese si era un tema dl que podían hablar a gusto.

-Si, la pirita reduce un poco el potencial destructivo inicial de un impacto, pero si la combinas con Korio y Cobalto su potencial es quizá dos o tres veces mayor que el de veraplata.

-Aunque son materiales bastante raros y costosos – aventuró Jayce.

Luxanna solo sonrió pues en efecto conseguir un núcleo combinado de Korio y Cobalto requería cierta influencia y dinero, quizá más de lo último que lo primero. Algo que para su buena suerte su familia poseía en buenas cantidades, así que, apenas supieron sobre su gran potencial ninguno de sus padres ahorró un centavo para conseguirle los mejores materiales con los cuales Luxanna pudiera alcanzar su máximo potencial.

Jayce, en cambio, había construido cara circuito de su martillo con su propio esfuerzo, primero con materiales descartados de diversas fuentes y luego, una vez ingresó a la academia, utilizó los recursos del club Luminari para mejorar su equipamiento y diseñar nuevo. No obstante, el joven inventor estaba muy a gusto con encontrar alguien que pudiera hablar su idioma.

Por lo tanto, Jayce estuvo todavía más seguro de que su próximo movimiento era el correcto.

-Bueno, en ese caso espero que no rechace mi invitación para el día martes. ¿Conoces a Viktor Lidholm?.

-Si, en persona.

Para su mala fortuna, mientras Luxanna aun estaba en la secundaria regular, su madre viajaba menos que ahora y cada que estaba en ciudad Durandal la llevaba a sus reuniones con todos los grandes genios de la escena hextec. De manera que la joven Crownward conocía los rostros de todos los nombres prominentes en el campo de manera personal.

La mayoría de los llamados genios o pioneros, como era el caso de Viktor, tenían una mente prodigiosa pero una personalidad repelente. O quizá era porque solo la veían como la nena menor de Augatha, la mocosa que la había alejado de los grandes avances durante sus primeros dos años y medio de vida. La razón por la cual investigaciones que dependían del trabajo de su madre se habían quedado tres años atrás del resto del mundo.

-Es un cretino – dijo Jayce agarrando por sorpresa a la joven -. Pero es un genio. Su trabajo en aleaciones debe ser el mejor de todo el mundo y es una de la razón por las cuales me interesa ir a ese congreso.

-Oh, tu trabajo debe ser bastante bueno si te invitaron…

Jayce rio. De manera encantadora y sincera, cautivador podía ser la palabra prefecta para describirlo en ese momento pues sus ojos de un azul oscuro centelleaban con la poca luz de los reflectores, a la vez que esa sonrisa de perfectos dientes blanquecinos pacería esculpida para encajar en su perfecta y cuadrada barbilla. Y bueno, el resto del joven era también gregoriano, era alto, de hombros y pecho amplios, con brazos bien esculpidos por las barras de un gimnasio.

-No. La invitación es para la Academia, pero soy el presidente del club Luminari así que me envían a mí y… me gustaría mucho que te apeteciera ir conmigo.

Podía ser una invitacion bien intencionada, pero Luxanna sabía que no estaba entre sus privilegios aceptar la invitación de Jayce sin arriesgar consecuencias pues el presidente era demasiado popular. No obstante, negarse tampoco parecía algo viable ya que rechazarlo traería más problemas que beneficios.

-Me encantaría- respondió la joven enrojeciendo sus mejillas una vez más.

Tanto la respuesta verbal como la aparente involuntaria de su cuerpo complacieron a Jayce que ensancho todavía más su sonrisa triunfal.

-Bien, entonces paso por ti.

La joven maga pensó en ese momento que no era del todo buena idea que Jayce pasara por ella a su habitación, así que tomó control de la situación y cambió un poco los planes del inventor.

-Hum. ¿No sería mejor si nos vemos en la zona de vehículos?. Así no tendrioamos que andar media Academia en traje formal y con tu club de admiradores siguiendonos.

-Oh. Si, creo que tienes razón. ¿A las seis entonces?.

Lux asintió.

Se quedarón en silencio durante unos segundos, Jayce estudiando el rostro de la joven para confirmar que era, además de inteligente y un prodigio de la magia, muy bonita; Lux por su parte continuaba jugando el rol de la nueva estudiante que recibía de repente la atención del chico más popular y guapo de la academía.

-Creo que me retiro ya. ¿Quieres que te acompañe a tu habitación?.

Luxanna declinó la oferta, alegó sin mentir demaciado que debía regresar a la fiesta porque había dejado encargada de todo a Taliyah y seguro que la joven no sabia ya que hacer. Así fue como partieron caminos, con Jayce camimando muy contento de regreso a sus aposentos ya pensando en la cita que tendría el martes y Lux dando pasos largos para volver a una fiesta que la tenía sin cuidado porque lo único que la única que le interesaba esa noche se había largado sin despedirse.

Curiosamente, su telefono sonó en ese momento y la joven lo tomó justo antes de entrar.

Katarina le enviaba dos fotos, la primera de su ropa desparramada sobre el suelo y la segunda era de Katarina cubierta con la sábana mientras le hacía un gesto poco educado al lente.. Luxanna observó las dos imágenes con molestía pues esa podía ser su ropa en el suelo de Katarina y esa sabana podía ser ella mísma.

-¡Lux!- grito Taliyah.

La pelirroja guardó el telefono rápidamente.

-¿Qué pasa?

-No sé cómo pasó, pero creo que algunos chicos estan… tomados.

Por supuesto que alguien le iba a poner licor al ponche, pensó Lux mientras se internaba en el mar de gente a grandes zancadas.

Entre tanto, Ezreal había pasado toda la noche buscando a la maga sin éxito y cuando la vio pasar aunos centimetros suyos sintió de repente el valor necesario para hablarle.

-¡Lux, Lux!

La maga giró para toparse de frente con un intoxicado Ezreal que caminaba en zigzag hacía ella. Tenía las mejillas coloradas y arrastraba la única sílaba de su nombre como si fuere la palabra más dificil de pronunciar en todo el mundo.

-Hola

Saludó el joven poniendo cara de chico cool, o eso creía el pues era más de idiotez que otra cosa.

-Uhm hola, Ez. ¿Tomaste ponche?

-¿Tu también? Esta delicioso, anuque tiene un sabor un poco fuerte…

-¿Qué hacemos? Prguntó Taliyah mientras veía como Ezreal levantaba el vaso y se tomaba de un solo trago el resto del contenido.

-No estoy segura. Pero sígueme la corriente.

Luxanna tardó casi una hora en conjurar suficientes esferas para que guiaran de regreso a sus habitaciones a todos los estudiantes que habían ingerido el infame ponche. Aquellos que no estaban tan intoxicados, o que de plano jamás probaron la preparación sirvieron como lazarillos para los que apenas podían mantenerse en pie. Pero durante ese tiempo, Ezreal se negó a reptar pacificamente hasta los cuatro muros que le servían de residencia.

-Oye, Lux. Creo que no se va a ir a menos que sea contigo…

-Si no hay más remedio lo llevaré yo, pero aun quedan algunos estudiantes por…

-Yo puedo encargarme de ellos. Ezreal no se ve muy bien, le esta hablando a ese reflector como si fueras tu… creo.

Lux no puydo evitar reir ante la escena pero también sintió pena por el joven, porque estaba tan borracho que duras penas lograba distinguir un ser humano de un objeto inanimado.

Con paciencia, Luxanna se acercó al joven tirador y lo tomó del brazo apra irlo guiando suavemente hacía su bloque residencial. Si bien no sabía a ciencia cierta en que habitación se hospedaba Ezreal podía consultar el registro del edficio una vez llegaran.

-¿Por qué todo se está moviendo en camara lenta?. Y las luces, ¿Qué pasa con las luces están… están borrosas?. ¿Son mis ojos?.

-Solo sigue caminando Ez, ya casí llegamos.

-¿A dónde? – preguntó el joven socarronamente.

-Hum tu habitación.

-¿Qué? ¡No!. Yo quería llevarte a tí a la tuya, te lo iba a pedir cuando terminara la fiesta y… ¿Ya terminó la fiesta?.

-Si –a fuerzas pensó Lux.

Ezreal hizo un torpe movimiento en u y logró zaparse del débil agarre de Luxanna.

-Yo te llevo…

El rubio hipo y Luxanna empezó a impacientarse, ya era suficiente malo cambiar los pechos de Katarina por llevar borrachos a sus camas.

-Voy a estar bien, Ezreal. Tu, en cambio, si necesitas llegar a tu habitación y dormir.

-Pero, pero… lo tenía planeado, todo.

Ya se imaginaba lo que podía haber plenado el joven: invitarla a bailar y luego, como era previsible, aclarar el pequeño mal entendido de su noviazgo con Ekko. Luego, seguramente procedía confesarle que era ella quien le gustaba y…

-¿Quieres salir conmigo Lux?

La joven parpadeó un par de veces confundida, pues no esperaba que fuere tan directo.

-Ah, pues la verdad…

-No quieres. Está bien… yo solo decía. Ya me voy a dormir.

Ezreal no le dio mucho tiempo de reaccionar y se zafó torpemente de su agarre solo para terminar cayendo de nariz contra el suelo. Por fortuna, sus reflejos no estaban del todo atontados y logró darse vuelta para evitar romperse los dientes, Luxanna se agachó a su lado y lo sostuvo.

-Ezreal, no es que no quiera – dijo Lux mientras pensaba que esa noche estaba resultado de lo más extraña -. ¿Tu no estás saliendo con Ekko?.

-¡No!. Eso fue… no sé que fue pero no es verdad. Ekko es mi amigo.

Un silencio incómodo siguió esa fuerte declaración.

-Ya veo – dijo la joven levantando al chico y reiniciando la caminata -. Uhm, te parece si lo hablamos después, cuando tengas la cabeza despejada.

Ezreal asintió, ya el pesimista que llevaba dentro esta convencido que lo había rechazado sin remedio, pero la sonrisa misericordiosa que le brindaba Luxanna era un oasis en su desierto de autocompasión.

Ezreal se dejó llevar hasta la residencia, allí bajando muy apresurado las esaleras estaba Ekko que al verlos intentó desaparecerse.

-¡Ekko, ¿Me ayudas?! grit+o Lux con su mejor voz de damisela en aprietos.

De inmediato el joven se acercó y con solo ver a su amigo entendió que estaba completamente borracho.

-¿Qué pasó?

-Alguién le puso alcohol al ponche.

-Oye, no quiero sonar que acuso – dijo el chico relevando a Luxanna de su labor de muleta – pero apuesto que fue el club de asesinos. Esos tipos son de lo peor.

-Shhh no digas nada. ¿Quieres… morir?.

En tanto Ekko se llevaba a Ezreal, Luxanna se quedó un rato pensando si de verdad el club de asesinos podía ser el culpable de la pequeña catástrofe en que había terminado la fiesta. No era secreto que les gustaba el caos y que la mala fama era para ellos un irresistible elixir, pero aún así la joven maga se preguntó si Katarina estaría al tanto de la situación.

De regreso en su habitación, Lux se sentó al borde de la cama, tomó el telefono y consultó la hora: dos y diecisiete minutos de la mañana. Abrió el sistema de mensajería y con toda la parsimonía del mundo escribió un mensaje.

El primero que le mandaba a Katarina, pues hasta ese momento sus intercambios estaban limitados a las fotos de Katarina y una gran nada de su parte.

La joven esperó, hasta que el teléfono vibró. Era una foto, como de costumbre, del dedo anular de Katarina bien levantado en contraste con los demás que estaban hechos puño. Eso no era una respusta, pensó Luxanna. Asi que cambió de estrategía y en lugar de preguntar nuevamente, fue hasta el espejo, se quitó la ropa y envió una foto de su espalda dónde se podía ver muy bien su trasero.

Tres minutos más tarde, Luxanna tenía el nombre del estudiante que había vertido botella y media de aguardiente en el inocente ponche de la fiesta, junto a sus dos complices.

Pero eso era irrelevante, porque lo verdaderamente interesante vino después cuando Katarina el envió una hora y una fecha, junto a la sugerencia de empezar a separar un poco las piernas.

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A ver chichonas, y chichones si hay, vayan haciendo sus apuestas.