Cero Tres

Una cita con el chico lindo.

Ah, la Academia Durandal para qué aspirantes a héroes puedan preparar sus habilidades y blandir las armas de los mismos dioses. Solo los mejores entre todos los jóvenes aspirantes logran asegurarse un lugar en esta prestigiosa institución, un lugar dónde…

Luxanna había llegado muy temprano esa mañana con la esperanza de tener algunos minutos para hablar con la directora Yuumi sobre el sabotaje a la fiesta de bienvenida. No obstante, cuando la joven maga se asomó a la oficina vio salir a Kayn y sus dos cómplices con la cabeza gacha y seguidos de Katarina.

Al verla, la asesina le hizo una señal a los tres de seguir sin ella y se detuvo unos segundos al lado de Lux.

-Estás horas de sueño las vas a pagar tú.

La mujer se fue y la joven pelirroja se quedó un rato fingiendo que no le afectaba en lo mínimo aquella amenaza, pero la realidad era que de haber podido hubiera corrido tras ella más que dispuesta a pagarle la deuda. Porque el día anterior, justo cuando había decidido ir a casa para buscar en su ropero algo que usar el martes en su no-cita con Jayce la asesina le envió una fotografía, de esas que tanto le gustaban, en la cual podía verse su cuerpo desnudo a travez del agua que rebosaba en la tina.

Lux había estado pensando y pensado en esa imagen más de lo que podía ser saludable, pues estaba convencida que con su pequeña jugada del sábado había abierto la puerta a las tentaciones que ofrecía Katarina. Sin embargo, si la asesina creía ahora que ese era motivo suficiente para tener acercamientos en público ya enfrentaba la primera amenaza sería a su imagen.

Si Luxanna fuere una chica ordinaria, bueno no tanto así, mejor dicho si fuere lo suficiente especial para estar en la Academia Durandal dónde ella y Katarina pudieran conocerse no sería problema que la vieran con ella, casi en cualquier situación. Pero tenía todo el peso de sus apellidos y el legado de su familia sobre sus hombros, debía ser Luxanna Crownward por encima de todo así que no podía permitir que sus dos mundos colpasaran.

-Señorita Crownward.

Luz giró la cabeza al escuchar su nombre.

-¿Deseaba algo?

-Ah, yo quería hablar con la directora de la fiesta…

-El incidente con el ponche ya está resuelto señorita. Y la directora Yuumi tiene una reunión importante con el alcalde de ciudad Durandal así que no está disponible en toda la mañana.

Con esas palabras y una mirada severa Lucila, la secretaria de dirección, dio por terminado el breve encuetro y practicamente sacó a la maga del despacho; Luxanna no tuvo más remedio que regresar a su aula de clase con el rostro descompuesto.

Katarina había entregado a sus dos compañeros de club. A cambio de qué se preguntaba Luxanna.

Poco antes de llegar al aula, la joven alejó los pensamientos complejos de su mente y puso su mejor porque Luxanna Crownward no podía andar por allí con el seño funcido.

Todos estaban en sus lugares, pudo ver como Taliyah se levantaba para ir a su encuentro, quizá el rumor ya se había extendido y todos estaban al tanto de lo transpirado en la oficina de dirección solo unos minutos atrás.

-¡Lux! ¿Te enteraste?

-Hola Taliyah. Uhm, no. ¿Qué pasó?

-Ya descubrieron quien le colocó alcohol al ponche. No sé todos los detalles, porque… bueno, nadie los sabe pero dicen que la presidenta del Club de Asesinos los entregó.

-Oh.

¿Por qué? Era la pregunta que persistía en la mente de Luxanna.

-En fin, todos están mejor ahora. Excepto por un par de chicos que aún están en la enfermería. Todo estuvo bastante pesado ayer.

-Lo siento. Te dejé lidiar con todo en la fiesta y también ayer tuve que irme – se excusó Lux tomando asiento.

-No te preocupes, los amigos están para ayudarse.

Taliyah sonrió, de esa manera sincera y llena de afecto que le producía un horrible sentimiento de culpa. La joven era una buena chica, amable y muy dispuesta a darlo todo por los demás, justo como se suponía que debía ser un héroe, justo como el papel que ella se había acostumbrado a jugar. Si Taliyah supiera como era ella en realidad ¿Aún desearía ser su amiga?.

Antes de iniciar la clase, Luxanna observó durante unos segundos a sus compañeros de clase, todos parecían lo suficiente despiertos para iniciar el día. Salvo por Ezreal que aún no despegaba la cara de la mesa. Y no lo hizo hasta que el profesor entró en el aula y le llamó la atención un par de veces, no parecía enfermo pero su cara si estaba descompuesta. Cuando sus ojos se toparon con los de Luxanna el chiquillo ni siquiera se sonrrojo o miró rápidamente a otro lado, por el contrario, le sostuvo la mirada con un aire de tristeza.

La joven se sintió verdaderamente mal, pero no había nada que pudiera hacer en ese momento y tampoco sentía que le hacía favor alguno exponiendo sus malestares ante todos sus compañeros. Así que espero hasta que tocó la última hora de la mañana y fue rápidamente al lugar que ocupaba el chico, pero no habló de inmediato, sino que le sonrió para luego guiñarle un ojo. Los demás, Taliyah y Ekko incluidos, no tardaron en salir dejandolos solos en la habitación.

-Hola Ez. ¿Ya te sientes mejor?

-Si. De la resaca.

El chico se calló de repente, no estaba nervioso ni tartamudeando como siempre algo que preocupó a la joven maga.

-Ez.

-Lo siento, Lux. Por lo del sábado. No sé qué me pasó. Yo solo quería… decirte que olvides todo.

-¿Por qué?- preguntó mirándolo fijamente.

Él suspiró.

-Por todo. Tu estabas ayudandome y yo me porté como un tonto, diciendote todas esas cosas y…

-¿Ya no quieres almorzar conmigo? – preguntó Luxanna colocando su mejor carita de tristeza.

Ezreal por su parte se quedó mudo, su cara de funeral fue reemplazada con una de sorpresa cuando su cerebro pareció comprender las palabras de Lux.

-¿Tu… tú quieres?

-Solo sí tu todavía….

-¡Si!. ¡Por supuesto que quiero!

Internamente Luxanna reía por lo fácil de manipular que estaba resultando Ezreal, sin duda una muy buena elección para mantener su buena imagen.

Ez se levantó de un brinco, golpeándose ambas rodillas en el borde de la mesa y lloriqueando de dolor mientras se doblaba para cubrirse las zonas lastimadas con las manos, pero la risita preocupara de Lux hizo que se le olvidara le dolor y también rio como bobo hasta que finalmente sus mejillas se llenaron de color cuando sus ojos azules se fijaron en los de Luxanna. Allí si apartó la mirada, su tristeza le había dado inmunidad temporal a los encantos de la chica, pero ahora que estaba alegre y lleno de esperanza volvía ser un simple mortal a merced de Lux.

-¿Vamos?- propuso Lux señalando la puerta con una de sus manos.

Salieron del aula con el joven casi dando saltos de alegría y llegaron al comedor principal dónde encontraron dos lugares para sentarse. Ezreal insistió en ser un caballero e ir por el almuerzo en tanto Lux lo esperaba como una buena damita.

A veces le aburría mucho tener que ser la señorita Crownward, pero en esta ocasión le resultó muy divertido pues mientras Ezreal hacía fila y luego malabares para traer las dos bandejas Luxanna podía tomar esos minutos para observar al resto de sus compañeros.

Allí había especímenes de todo tipo allí. Sus compañeros del club de hechiceros tenían por costumbre sentarse juntos en una de las mesas centrales, solo se dividían entre los de primer y segundo ciclo. Por eso cuando su mirada se encontró con la de Taliyah está le devolvió la mirada desconcertada, pero bastó con una de sus sonrisas para que la joven confiara ciegamente que tenía una buena razón para no comer con el resto del club.

Los miembros del club Luminari también tenían su propia área reservada en la parte central dónde comían entre acaloradas discusiones académicas y los pequeños recesos que proveían los fans de Jayce cada que encontraban una excusa digna para hablarle. Por otra parte, el club de batalla se reservaba una de las esquinas en la parte este junto a los miembros del club de tiro.

Los demás clubs y estudiantes que no pertenecían a ninguno ocupaban el resto de las mesas. Y, al fondo, casi que ocultos solían reunirse algunos integrantes del letal club de asesinos. Aunque claro, Katarina jamás comía con el resto de los estudiantes y por eso, cuando la vio entrar Luxanna casi se cae de la silla ya que justo en ese momento regresaba Ezreal con una enorme sonrisa – y la comida.

-Te traje un poco de todo porque no sabía que querías.

-Gracias – respondió Luxanna sin apartar la mirada de Katarina.

Ezreal no pareció darse por enterado pues continuó acomodando la torre de platos de trajo para que Luxanna pudiera comer a gusto. Entre tanto, la joven lograba apartar la vista de la asesina justo cuando esta le devolvía la mirada con una ceja levantada y una expresión de diversión pura en el rostro.

-¿Quieres postre? – pregunto el chico con timidez.

-Si… helado.

De nuevo, Ezreal fue rápidamente hasta el área de postres y trajo tres copas con los distintos sabores que se ofrecían ese día. Katarina entre tanto fue a su encuentro, se paró frente a él justo en el momento que el chico giró para estrellarse en su humanidad. El alegre ambiente se tornó tenso de repente.

-Mmmm. Vainilla – dijo Katarina tomando la copa de helado y arrebatándosela al chico -. Gracias, gusano.

La asesina siguió su camino como si nada hasta el área de pasta y tomó una porción que bañó con napolitana para luego obligar a todos a despejar una mesa de ocho puestos solo para ella. Y Ez seguía paralizado sin atrever a moverse, no sabía que le había helado más la sangre que Katarina se robara el helado para Lux o escucharla decir gracias.

En cualquier caso, cuando al fin se pudo mover, Ezreal fue muy rápido hasta la mesa que compartía con Lux y otros estudiantes, todos lo miraban como esperando que colapsara en cualquier momento.

-¿Brownie? – ofreció el joven rubio con una sonrisa nerviosa.

Lux intentó devolverle el gesto lo más cándida que podía, pero ver que Katarina se había robado justo el de vainilla le había dañado el almuerzo pues ese era su sabor favorito. ¿Acaso lo sabía ó era solo una coincidencia?

El almuerzo siguió su curso normal. Ezreal habló y habló, total que a tan solo cinco minutos de la alarma que daría inicio a las actividades de clubes el joven se atascó su almuerzo, una vez que Luxanna ya se había marchado para lavarse los dientes antes de empezar sus propias labores.

El joven aspirante a héroe había tenido el mejor almuerzo de su vida y caminaba casi como si flotara entre nubecitas de felicidad. E iba muy feliz a su club pensando que el día siguiente sería él quien se acercaría a Luxanna para pedirle que almorzaran juntos de nuevo. Con suerte, ese simple gesto se transformaría en rutina, la cual podía llevar a que pasando tanto tiempo juntos Lux también se enamorara y pudieran tener su bello romance adolescente. Luego, cuando se graduasen serían los héroes más valientes y conocidos de toda ciudad Durandal, se casarían y tendrían dos hijos: una niña y un niño, también una mascota, pero sin pelo porque era alérgico.

En tanto Ezreal pensaba ya en el color de las paredes para su casa, Luxanna iba rumbo al club de magia dónde le esperaba una larga tarde de entrenamiento en holo-ambientes. Pero su teléfono sonó y la joven pelirroja adivinó sin duda que se trataba de Katarina, por ello desvió su camino un poco y tomó el aparato con relativo cuidado, había gente por esos pasillos y no le convenía que pudieran llegar a ver lo que fuere que la asesina enviaba esta vez, desbloqueó la pantalla y abrió la aplicación de mensajería.

En efecto, Katarina le había enviado una foto dónde se veía la copa de helado vacía.

Luxanna bufó exasperada.

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Clásico, Katarina apropiándose la vainilla de Luxanna.