Cero Cuatro
Una cita con un apuesto galán.
Ah, la Academia Durandal para qué aspirantes a héroes puedan preparar sus habilidades y blandir las armas de los mismos dioses. Solo los mejores entre todos los jóvenes aspirantes logran asegurarse un lugar en esta prestigiosa institución, un lugar dónde…
Jayce se veía inmaculado, como materializado de una portada de revista y puesto con mucha delicadeza en el plano terrenal para el disfrute visual de todos con su mera existencia. El joven inventor llevaba puesto un trajcon camisa blanca e impecable corbatín negro, un pañuelo también blanco adoraba la solapa delantera de su chaqueta. Su cabello, que había cortado un par de días antes, estaba peinado con esmero, un poco de gel para que se mantuviera dónde lo necesitaba, pero también un par de calculados giros de cepillo para que el frente pareciera algo descuidado y casual.
Claro que de eso último no había mucho en esa gala.
Luxanna, por su parte, había decidió usar un vestido de tiras blanco a media pierna con un mantón que protegía sus hombros descubiertos del frio, y también de las miradas indiscretas que algunos asistentes podían sentirse tentados a darle. No se maquilló fuerte, por el contrario, optó por tonalidades pastel y la mínima cantidad de delineador y pintalabios. Llevaba sandalias blancas cuyos broches estaban decorados de manera que daba la ilusión de ser una pequeña rosa que apenas florecía. Algo infantiles si es necesario darles algún calificativo, más ese era precisamente el efecto que l joven buscaba. En tanto otras chicas de su edad y posición buscaban hacer son grand debut en societé ella procuraba que el suyo jamás llegara al ojo público.
Siendo realistas, Jayce y Luxanna hacían una bella pareja, al menos así parecía desde fuera. Pero si bien Jayce en medio de todos sus intereses no descartaba la posibilidad de romance verdadero con la joven, estaba mucho más concentrado en sus asuntos académicos y en abrirse un lugar en el competido mundo de la escena Hextec en ciudad Durandal; Luxanna por su parte, veía en Jayce un amigo potencia, incluso una tapadera adecuada en caso que Ezreal fallara, pero no un amante, ya que ese lugar tenía una bella tarjeta de reservado con el nombre de Katarina escrito en letras doradas.
Si, desde el primer día que Luxanna colocó sus azules ojos en Katarina supo que era ella quién iba a llevarse el último rastro de lo que la sociedad consideraba su niñez.
En fin, que, en ese elegante salón, rodeados de todas las caras prominentes, y en camino a serlo, la joven pareja se veía bastante cómoda. Lux iba tomada del antebrazo de Jayce mientras este la hacía reír con sus agudas observaciones sobre el cabello y vestimenta de los zaunitas que tenían siempre un estilo muy particular.
-Si tus fans te escucharan ahora…
-No, no. Por favor, Lux. Este agudo sentido del humor es solo para tus oídos.
-Entonces, ¿Quieres que sea nuestro secreto? – preguntó Lux con una sonrisa que fue inevitable cargara cierta picardía.
El joven sonrió.
-El primero de algunos tantos.
Luxanna rio y continuaron hablando de todo y nada mientras se movían a través de la sala saludando algunas personalidades menores que se acercaban a ellos. Lux reconoció entre aquellos que revoloteaban en su vecindad estudiantes que alguna vez llenaron los salones de conferencia de su madre. Era seguro que la habían reconocido y sin lugar a duda pensaron que la doctora Augatha estaba allí en algún lugar, pero cuando hubieron saludado y cayeron en cuenta que la solo era la pequeña sin su madre se fueron tan rápido como habían llegado.
Jayce no comentó nada, solo sonrió y la llevó a uno de los salones contiguos dónde tomaron asiento en una de las mesas.
-Creo que es un buen momento para tomar algo.
-Gracias.
Jayce se marchó entonces, y Lux se quedó allí observando la gente que hablaba en las mesas vecinas o las personas que pasaban a su lado con elegantes compas de champaña estratégicamente llenas.
No llevaba mucho tiempo allí, cuando alguien se sentó a su lado. Lux miró al a la recién llegada y alcanzó a embobarse con la vista que le ofrecía.
-Espero que esta silla no esté ocupada – dijo la mujer de voz suave.
Lux parpadeó, pero la mujer de cabello plateado, ojos azules, tez pálida y preciosa sonrisa no desapareció. Por el contrario, su embotamiento inicial pareció divertirle así que el sonrojo que se pintó en sus mejillas en ese momento fue lo más natural que experimentó en semanas.
-Uhm no, hay más sillas…. Igual.
-Claro, pero siempre es mejor preguntar.
La desconocida sonrió, levantó su copa con lentitud y la llevó hasta sus labios enrojecidos por el pintalabios, tomó un sorbo del burbujeante licor y observó con atención como los ojos de la chiquilla rubia no se apartaban de los suyos.
-Lo lamento, mis modales parecen haberse esfumado esta noche. Mi nombre es Ashe Avarossa.
-Oh… yo soy, Luxanna Crownward. Uhm, gusto en conocerla.
-El placer es mío – dijo la mujer estirando una de sus pálidas manos y ofreciéndola a la joven.
Lux no la tomó de inmediato, sino que se quedó observando los delicados dedos de la mujer, sus uñas bien cortadas y pintadas, hasta que escuchó la risa pícara de la mujer y sintió que la temperatura de su cara subía. Allí fue cuando Lux espabiló, se limpió tan disimulada como pudo la mano derecha y le dio un apretón nervioso.
-Encantada.
-Igualmente – alcanzo a tartamudear Lux.
Ashe volvió a sonreír. Cierto era que únicamente se acercó a la chica porque estaba ya bastante cansada de dar vueltas por todo el lugar escondiéndose de sus dos guardaespaldas, pero su casual decisión estaba resultando más entretenida minuto a minuto. No obstante, como todo lo bueno en su vida (o medianamente divertido) terminaba tan pronto como alguno de sus dos orangutanes aparecía en el panorama.
-Princesa.
Lux levantó la vista. Y tuvo que seguir levantándola, hasta que a metro ochenta del suelo encontró por fin el rostro de quien había hablado; Ashe en cambio hizo como que no escuchó nada.
-Princesa – volvió a repetir la mujer.
Una freljordiana, asumió Lux. Una porque era jodidamente alta y musculosa, pero también porque tenía los mismos ojos azules vibrantes que Ashe aunque s cabello en lugar de plateado era más bien rubio platinado. No obstante, lo que había revelado su etnicidad era en marcado acento norteño en su voz. ¡Y eso que apenas había articulado una palabra!
-Si, Sejuani. ¿Qué ocurre?
Pero la mujer no respondió.
Luxanna estaba bastante confundida. En parte porque esa mujer también le estaba apreciando guapísima y segundo la frialdad con la cual la estaba observando.
-Por favor, Sejuani. Estás espantando a mi nueva amiga. ¿Si fueras tan amable de girar y no seguir aterrándola con esa mirada?
-Si usted no huyera cada vez que le doy la espalada, lo haría con gusto princesa.
De repente Lux vio una sonrisa pícara posarse en los labios de Ashe, luego la mujer le guiñó un ojo y continuó hablando con voz alegre.
-Bueno, Sejuani. La espalda es lo único que me das últimamente. ¿Qué se supone que debe hacer una dama, resignarse al aburrimiento absoluto?
De repente Luxanna comprendió. Y quizá fue muy obvia su revelación, porque sus ojos se abrieron al máximo y la carcajada de Ashe más la mirada severa de Sejuani le hicieron aterrizar en las posibles intenciones de la recién llegada.
-Ves lo que me haces decir Sejuani. Ahora Luxanna va a pensar mal de mí, y será todo tú culpa.
-Lo siento, su majestad – se disculpó la mujer sin sentirlo en lo mínimo.
Más bien, a Lux le pareció que era exactamente esa la intención de Sejuani.
-¿Y dónde está Tryndamere?. ¿Acaso se perdió de nuevo?.
Esta vez la enorme freljordiana si apartó la vista de Lux y clavo sus ojos en la cabeza de Ashe, que seguía dándole sorbos a su champaña con toda tranquilidad.
-Debe estar buscándola en otro lugar, mi señora.
-Señora es mi madre – dijo Ashe levantando de repente la vista y entrecerrando los ojos.
Lux sintió que ese par sabían exactamente que hacer o decir para irritarse la una a la otra, y que ella venía sobrando, por lo que rápidamente miró en derredor esperando que Jayce regresara pronto.
-Disculpe, princesa.
Por supuesto, una disculpa vacía y ese último título casi parecía un fría y maliciosa burla. Ashe también debió notarlo, porque su tonó juguetón cambió de repente.
-Ve a buscar al atontado de Tryndamere. Es una orden.
La mujer dudó pues sabía bien que en el momento en que diera vuelta la obstinada princesa intentaría escapar, pero tampoco podía desobeder órdenes así que con un último vistazo a Lux se alejó.
-Lo siento, mi gente no tiene mucho tacto. Es una lástima que sea esta la primera impresión que te llevas de los míos.
-Uhm, no. Yo diría que es la segunda, la primera fue… agradable – dijo Lux sin saber que la motivó a ponerse de repente tan valiente.
-Oh, en ese caso. Y en tanto Sejuani regresa, sería muy atrevido proponerle caminar un poco…
-Uhm, no pero…
Ashe sonrió.
-El joven que espera, asumiré.
-Si.
-Bueno, que puedo decir. Hacen una pareja…
-¡No! – se paresuró Luxanna -. Digo, no. Es mi compañero de Academia.
La mujer volvió a sonreir, esa vez sus ojos brillaron confirmando todas las sospechas que había despertado su actitud.
-En ese caso…
Pero Lux no alcanzó a levantarse, de la nada se materializaron dos personalidades. La primera Sejuani y la segunda, un tipo incluso más alto que ella, pero de largo cabello negro y espesa barba con penetrantes ojos verdes que analizaron a Luxanna en dos milisegundos juzgándola indigna al instante.
-Mi princesa, su madre requiere su presencia en el salón principal – habló el hombretón con un acento tan marcado que Lux apenas entendió sus palabras.
Ashe pareció descolocada, como si no hubiera esperada para nada que sus dos guardaespaldas hubieran llegado tan rápido, o que su madre la necesitara tan pronto, o que sus planes de alegrarse la velada se hubieran arruinado tan espectacularmente. Porque le bastó observar a Tryndamere y Sejuani segundo y medio para saber que ambos fulminaban a la jovencita con sus ojos y que, de haber podido, la hubieran desaparecido de su presencia en menos de lo que le tomara parpadear.
Estaba hecho, no le quedaba más que recuperar la compostura y resignarse a añadir otra marca ese conteo de castidad.
Lux, en cambio, había quedado en un estado de shock absoluto. ¿Acaso había estado Katarina a punto de perder su privilegiado lugar? Más preocupante aún, ¿Por qué había ella había estado tan dispuesta a dejarse llevar por la sutil propuesta de Ashe?. Y, todavía más extraño, ¿Cómo había Ashe adivinado que era ella una candidata adecuada para sus insinuaciones?
Eso último si la tenía bastante pensativa, tanto que ni siquiera notó cuando Jayce llegó a su lado con dos coloridas bebidas libres de alcohol.
-Lux – la llamó el joven.
-Oh, Jayce. Hola, perdón… estaba pensando en algo.
-Está bien. Te traje un coctel.
-Gracias – dijo Lux aceptando la bebida.
Jayce llenó el silencio con una ligera conversación sobre la banda que estaba amenizando la reunión. Pero Luxanna no hacía más que sonreír, mover la cabeza, reír cuando era adecuado y responder lo mínimo para que no fuera Jayce a sospechar que no estaba siguiendo el hilo de la conversación.
-Bueno, creo que deberíamos ir al salón principal. La conferencia de Viktor debe estar por comenzar.
Luxanna aceptó y tomó la mano de Jayce, para seguirlo al piso de arriba dónde el aula de conferencias estaba ya repleta de entusiastas que discutían con aire de conocedores el panfleto que se repartía a los asistentes. Jayce saludó algunos de los rostros que giraron en su dirección cuando pasaron, pero no se detuvo hasta que llego al lugar dónde él y Luxanna se sentarían.
-Vaya, vaya.
Jayce levantó el rostro y su sonrisa fue tan amplía que Luxanna casi sintió un poquito de celos por quien había sido capaz de lograr tal proeza.
-Vi, que agradable sorpresa.
-No te hablaba a ti, mal amigo.
Luxanna movió un poco el cuello para poder observar mejor a la joven.
La joven llevaba un traje muy parecido al de Jayce, pero sin corbata y con los dos primeros botones de la camiseta abiertos. Su cabello de un magenta brillante estaba cortado de manera irregular, de modo que era mucho más largo en la parte trasera y cortó adelante, con un flequillo peinado hacía el lado izquierdo.
-Le decía a la señorita.
Vi se levantó y llegó a la misma altura que Jayce. Lux no pudo evitar sentirse más pequeña de lo que en realidad era.
-Por supuesto, pero no te ilusiones que la señorita viene conmigo.
-¿Quién dice, tu? – respondió la joven cruzándose de brazos y dejando que el material del saco se tensara bajo sus músculos.
Pero Jayce no se enojó, por el contrario, soltó una carcajada y se hizo a un lado dejando a Lux frente a frente con su vieja amiga.
-Luxanna, esta es Vi. Una buena amiga.
-Amiga tuya voy a ser – dijo la mujer con una sonrisa socarrona.
La joven centró toda su atención en Luxanna y sonrió, pero a diferencia de Ashe o Katarina lo hizo sin segundas intenciones.
-Si de verdad estas saliendo con este – dijo señalando a su amigo – debes saber que llora como niña pequeña con las películas de animales. Y tiene los pezones muy sensibles…
-¡Ey!.
-¿Qué?
Lux sonrió.
-Lo tendré en cuenta, aunque solo somos amigos.
-Ah bueno, en ese caso…
-Mi nombre es Lux, por cierto – interrumpió la joven que no tenía ánimo de seguir exponiendo su preferencia.
-Vi. Un gusto.
Luxanna decidió que era mejor tomar asiento y Vi le ganó el asiento al lado derecho de Luxanna, así que al joven le tocó conformarse con el lugar a su izquierda.
La conferencia empezó al poco tiempo, las luces se apagaron y un hombre subió al escenario para hacer una corta introducción sobre los logros del doctor Viktor y la exposición que daría esa noche.
Jayce se interesó de inmediato, pero Vi aprovechó para acercarse a Luxanna y hacer conversación pues lo único que le interesaba estaría más o menos a mitad de charla.
-Oye ¿De verdad te interesa toda esta cháchara o solo viniste por Jayce?
-Me interesa – respondió Lux apartando la vista del frente.
Vi también tenía los ojos azules y aunque su rostro no era tan delicado como el de Ashe, su mandíbula no tan marcada como la de Jayce y su cabello cerca de necesitar una ambulancia, era una muchacha guapa. Luxanna recordó el momento en que había cuando los brazos sobre su pecho y la manera como la tela pareció a punto de romperse, una clara señal de que debía tener unos brazos enormes y bien marcados. Quizá también la espalda y el abdomen. En fin, que era bastante obvio que la muchacha se ejercitaba a conciencia y no era atractiva, aunque quizá no de la manera convencional.
Vi continuó hablando, preguntándole cosas sin mucha importancia y en general distrayéndose de la introducción y los detalles de la investigación que le parecían aburridos; Luxanna le seguía la corriente porque con cada palabra la joven parecía tomarla más en serio y por eso cuando Vi de repente se quedó callada, con la vista fija en algún punto más allá de su cabeza y considerablemente más pálida de lo que en realidad era. Luxanna no pudo evitar girar la cabeza para descubrir que había causado tan brusca transformación.
A cinco metros de ellas, una mujer las observaba. Pero mujer de verdad, no como ella, ni siquiera como Vi sino con todas sus letras bien puestas. Tenía un largo cabello oscuro y lacio que le caía libremente hasta la mitad de su espalda, sus ojos igual de azules que los de Luxanna parecían centellear mientras iban lentamente de los suyos a los de Vi. Luego, la desconocida tomó asiento y giró el rostro hacía el frente.
-No sabía que la Sheriff iba a venir.
Comentó Jayce que habiendo escuchado como sus dos cotorras amiguitas hicieron silencio de repente, pero el resto de su burla murió tan pronto se fijó en el rostro descompuesto de Vi. La joven no respondió, simplemente se giró y observó el escenario con la mirada perdida.
Lux se acercó a Jayce lo suficiente para poder susurrarle.
-¿Quién es?
-Caitlyn Bellanova. Es la Sheriff del cuarto distrito de Piltóver. Muy famosa, muy buena puntería – dijo Jayce también susurrando -. Y… ex de Vi.
-No es muy… mayor.
-No tanto, solo que Cait siempre ha dado la impresión de tener más años de los que en realidad son, y también Vi. Así que, lo poco que sé es que tuvieron algo antes de que Caitlyn descubriera cuantos años tiene en realidad Vi.
Luxanna miró tan discreta como podía a la famosa Sheriff por encima del hombro de Jayce, con tan mala suerte que la mujer parecía hacer lo mismo. Y cuando sus ojos se encontraron, la Sheriff levantó un poco el rostro a la vez que respingaba la nariz.
Y eso fue todo lo que Luxanna necesitó para saber que esa noche, lo que más le convenía era mantenerse pegada a Jayce como una calcomanía.
