Cero Cinco

Una pre-cita con ella.

Ah, la Academia Durandal para qué aspirantes a héroes puedan preparar sus habilidades y blandir las armas de los mismos dioses. Solo los mejores entre todos los jóvenes aspirantes logran asegurarse un lugar en esta prestigiosa institución, un lugar dónde…

El chisme no vuela, se tele transporta.

Luxanna podía sentir las miradas de sus compañeros sobre ella con cada paso que daba. Ni siquiera eran discretos al ocultar su repentino y grupal interés en la maga, sus ojos giraban con todo y cuello a su paso.

Si bien Luxanna sabía que algo así podía llegar a pasar pues Jayce era un chico muy popular y su enorme club de fans estaba siempre muy al pendiente de su vida. Así que era obvio que la voz de su salida con él se correría rápido, pero no imaginó que tanto y mucho menos con las coloridas adiciones que alcanzaba a escuchar a su paso.

La joven cruzo el corredor y subió las escaleras del segundo bloque, a su lado dos jovencitos empezaron a cuchichear tan pronto creyeron que no los escucharía. Estuvo tentada de dar media vuelta y mirarlos, solo para darse el gusto de asustarlos pues si sabían lo de Jayce seguro que también lo poderosa que todos rumoreaban era. Más Lux se contuvo, siguió caminando fingiendo demencia y llego al tercer piso dónde Taliyah la esperaba con algunos informes.

-Hola Lux.

-Hola – saludó la maga con la mejor sonrisa que pudo.

-¿Cómo estás?

Lux consideró la pregunta, miró el rostro moreno de Taliyah y suspiró. Por supuesto que debía mostrarse abrumada para evitar que los demás identificaran correctamente sus expresiones de fastidio.

-Un poco… esto es demasiado.

-No les prestes atención. Algunos solo se mueren de envidia que salgas con Jayce. A mí me parece genial aunque pensé que ibas a salir con Ezreal.

-Taliyah, no estoy saliendo con Jayce. Solo fuimos a un evento académico juntos.

Respondió la chica entrando en el aula, buscó con la mirada al otro chico y al no encontrarlo giró sobre sus talones para encarar nuevamente a su amiga y secretaria.

-¿Y Ezreal?

-Siempre llega tarde.

-Ah, claro. Pero… supongo que ya lo debe saber. El rumor, me refiero.

La shurimana asintió; Luxanna bufó resignada y fe a su lugar dónde se dejó caer antes de empezar a revisar los informes.

Durante unos pocos minutos tuvo paz. Porque en el momento que Ezreal cruzo el marco de la puerta, la joven maga sintió un cambio en el ambiente del salón. Se hizo el silencio, sus compaeros observaron al joven como si se tratara de alguna extinta especie animal que había regresado a la vida. Luego, todos los ojos se posaron en Lux que no se percataba todavía de su presencia, pero que al saberse observada levantó la vista de la tableta y se topó casi de frente con los ojos de Ezreal, todos rojos e hinchados.

Lux se quedó quieta y callada, con la boca semiabierta adivinando que el rumor ni siquiera se había esparcido como la plaga esa mañana sino que seguramente lo sabían ya todos desde el momento que se subió al auto con el inventor. Pero ¿Qué era aquello que todos creían saber? Bueno, eso dependía de la versión que se escuchara.

Había de todo un poquito en esa cosecha: las versiones más realistas comentaban que los habían visto salir la tarde anterior muy arregladitos en uno de los autos de la academia y que habían regresado a eso de la media anoche, lo cual era más o menos acertado. Pero a partir de allí, algunos aseguraban que los vieron besarse apasionadamente en el auto, otros que al regresar habían permanecido en el automotor un largo rato antes de bajarse. Que Jayce la había llevado a su habitación como un verdadero caballero, se habían besado y aquí la historia tenía dos bifurcaciones: en una habían pasado la noche juntos con Jayce escapando antes del amanecer y en la otra solo se habían dado un beso de buenas noches.

Ni beso, ni sexo, ni siquiera buenas noches hubo.

Luxanna intentó levantarse para hablar con el joven, pero el profesor cerró el aula de un portazo y de un grito mandó a todos a sus lugares. De manera que la joven no tuvo la oportunidad de aclarar el malentendido en ese momento. Al cambio de bloque Ezreal parecía muy deprimido y Lux no quizó hacer una escena en frente de todos sus compañeros, ya era suficiente la atención indeseada que estaba recibiendo. Al almuerzo, el joven desapareció de su lugar usual en la cafetería y tampoco Lux sentía muchos deseos de estar allí, todos seguía observándola sin nada de disimulo. Así que se conformó con ir a comer al aula asignada a su club. El rubio tirador no apareció para su clase de la tarde y sus labores como presidenta no dieron espera.

Eran poco menos de las seis cuando Luxanna se liberó de sus responsabilidades diarias. Iba muy tranquila pasando por una de las áreas verdes cuando un cuchillo pasó muy cerca de su pierna derecha. Luego otro se clavó a dos metros del sendero y un tercero apareció poco después todavía más lejos.

La maga miró en todas las direcciones, asegurándose de que no había nadie por allí y cuando se creyó segura abandonó el buen camino para seguir ese particular rastro de migajas. La joven estuvo caminando un buen rato dentro del bosque artificial que rodeaba la academia hasta que finalmente llegó a un pequeño claro cerca de la muralla.

Recostada sobre el tronco de un árbol la esperaba Katarina mientras lanzaba sus cuchillos. Lux la miró prevenida, luego avanzó lo suficiente para quedar frente a ella y tuvo que esperar hasta que la asesina de cabello rosa se dignara a levantar la vista.

En lugar de hablar, Katarina sonrió. Abandonó el árbol y clavó sus dagas en el suelo con un solo movimiento, luego avanzó hacia Lux con lentitud y la rodeó con ambos brazos mas no la tocó. Se conformó con invadir su espacio personal en tanto la iba encarcelando entre sus extremidades y cuando estuvo segura que la jovencita pelirroja no huiría colocó las manos en su cadera, una a cada lado atrayéndola hacia sí; Luxanna, por su parte, se dejó hacer como un dócil cachorrito cuyo amo ha entrenado demasiado bien, pero sus ojos azules jamás abandonaron el rostro confiado y particularmente sonriente de la mujer.

-¿Tu madre no te contó lo que le pasó a la niña que siguió al lobo malo al bosque?.

-No eres un lobo – respondió Lux muy confiada.

-Aun así, te puedo… comer.

Ante eso Lux sintió un delicioso escalofrió recorrerle la espalda. Con gusto se hubiera puesto a pedirle que por favor lo hiciera, allí mismo y sin prisas, pero había que tener un poquito de dignidad. Así que solo rio e intentó apartarse de Katarina, algo que no logró pues la asesina ajustó ambos brazos tras su espalda y la atrapó.

-¿Mucha prisa de volver con Jayce?

De repente, la sonrisa que había estado germinando en el rostro de Luxanna se congeló y fue reemplazada por una mueca de fastidio. Por supuesto que Katarina había escuchado el rumor, pero no podía estar pensando que era cierto… ¿O si?.

-¿Qué?.

-Nada – dijo la joven resignándose a lo que fuera.

Katarina acercó su rostro al suyo, sus ojos siempre en los suyos con sus labios a pocos centímetros de los propios, pero Lux sabía que la mujer no iba a besarla así que ni siquiera se hizo ilusiones.

La asesina jugaba con ella.

-¿Así de malo fue que no quieres ni recordarlo? – dijo Katarina con su clásico tono de burla.

Lux bufó, rodó los ojos e intentó empujarla, pero una vez más Katarina la mantuvo atrapada sin posibilidad de huir.

-¿Qué quieres?- fue la respuesta de la joven.

-Saber... ¿Qué tan microscópico es el pene de Jayce?

Lux ni se molestó en responder, solo puso mala cara y giró el rostro dónde ya no tuviera que ver un segundo más la cara de Katarina.

La asesina no dijo nada, tampoco la maga así que se quedaron el silencio durante un largo rato. No fue hasta que Katarina comenzó a reír mientras movía los brazos para irritar a la maga y obligarla así a que levantara la vista a su rostro. Estrategia que funcionó inesperadamente bien y Katarina pudo ver los centelleantes ojos de Lux fulminarla con su bonita mirada.

-Así que – empezó la asesina con una sonrisa de satisfacción – sigues guardándote para mí.

Luxanna hubiera dado cualquier cosa porque sus mejillas no hubieran reaccionado como lo hicieron pues la sonora carcajada que soltó Katarina al notar como su cuerpo la traicionaba fue una humillación que no superaría pronto. Más la joven Crownward no sabía que en realidad Katarina había pasado la mitad de la noche pensando en formas de castrar a Jayce y la otra mitad descifrando porque le molestaba tanto que fuere cierto el dichoso rumorcito. Así que, esa honesta reacción del traidor cuerpecito de Luxanna le había devuelto la tranquilidad perdida.

-Ya no fastidies – susurró la maga resignándose a su suerte y optando por esconder la cara en el cuello de Katarina.

-Mmm. ¿Vas a ir así?

Lux levantó el rostro sin entender la pregunta y esperó en vano que Katarina le explicara, pero tuvo que forzar las neuronas y conectar teorías a la velocidad de la luz para concluir en cinco segundos que la asesina posiblemente se refería a su… bueno, lo que sea que se le pudiera llamar a lo que tenían programado.

-Son las seis – dijo Luxanna entrecerrando los ojos.

-¿Y?. Un par de horas antes no importan.

-También es martes. Escribiste el jueves en tu mensaje y…

-Cambié de opinión. ¿Algún problema con eso? – respondió la asesina.

-¿Tengo que empezar a leerte la mente o algo así?. Porque no creo que pueda…

Por respuesta, Katarina abrió los brazos y le dio un empujoncito a la maga.

-No te voy a llevar vestida así. Porte algo decente y vuelve.

Lux miró su uniforme, que no tenía absolutamente nada de malo y luego también la ropa que llevaba puesta la asesina: pantalón negro con botas de cuero a mitad de pantorrilla, una camisilla roja con "Pentakill" estampado en letras negras envueltas en llamas, chaqueta de cuero también negra y un manojo de pulseras y collares que no tenía tiempo para detallar.

-Si no vuelves en treinta minutos me largo sin ti.

Lux observó como Katarina se tumbaba bajo el árbol que había usado como apoyo cuando llegó y sacaba su teléfono pasando por completo de ella.

Con toda la gracia que podía a sabiendas que le restaban veintinueve minutos para ir a su habitación, buscar algo en su armario que pudiera compararse al atuendo de la asesina, cambiarse, peinarse un poco, quizá aplicarse algo de maquillaje y regresar Luxanna giró sobre sus talones y echo a nadar. Al menos hasta que estuvo segura que la asesina no la vería correr, porque cuando lo hizo esprintó a todo lo que le daban las piernas y subió las escaleras del edificio de a dos solo para toparse con que Ezreal la esperaba tumbado a un costado de su puerta. Era inevitable toparse con él, así que se estiró y fingió no llevar tanta prisa.

-Hola Ez – lo saludó aguantando el aliento para disimular que estaba sin aire.

El joven levantó la vista y sonrió, luego se levantó con lentitud.

-Hola, Lux. Yo… quería…

Pero el chico no continuó y Luxanna se impacientó de inmediato, no tenía tiempo para lidiar con Ezreal en ese momento. Katarina la estaba esperando, y había invertido cinco minutos en reventarse los pulmones para intentar regresar a tiemo. No obstante, el joven no podía saber nada de eso, así que se colocó en su lugar de señorita Crownward e hizo un esfuerzo por resolver el problemilla lo más rápido posible.

-No estoy saliendo con Jayce, Ez. Solo fuimos a una presentación de Hextech juntos. No sé que cosas hayas escuchado, pero no pasó nada.

Ezreal permanecía callado, peor la maga pudo ver como el color iba regresando de a poco a sus mejillas y como la luz de la esperanza se encendía de nuevo en sus ojitos azules.

-Lo siento, soy tonto.

-Si me hubieras dejado explicarte…

-Lo sé, pero… es que me gustas mucho, Lux. Muchísimo y cuando escuché todas esas cosas, lo que decían. Yo solo… no sé, estaba muy triste y… Jayce es mejor partido que yo. Digo, era obvio que lo ibas a preferir a él.

Luxanna casi se hecho a reír pues si Ezreal supiera a quién prefería ella en realidad seguro que le estallaba la cabeza.

Ya había perdidos dos minutos de su valiosísimo tiempo.

-Ez tu también me gustas – dijo Luxanna con una sonrisa tímida.

-Entonces…

-Pues…

Lux sabía que debía dejar que el joven tomara la iniciativa, pero el chiquillo era tan inexperto que seguramente le tomaría el resto de tarde y toda la noche terminar de decidirse.

-¿Podemos salir? – sugirió Lux pensando que ya solo tenía veintidós minutos.

Por supuesto, el rostro del joven se iluminó y asintió con vigor.

-Entonces… podemos ir a comer el sábado – sugirió la joven.

-¡Conozco un restaurante de comida jonia-shrurimana que te va a encantar!- respondió Ezreal ya emocionado -. ¿Puedo… pasar por ti antes de la cena?

Luxanna aceptó. Ezreal se fue saltando en una sola pierna de la felicidad.

Veintiún minutos restaban en el reloj y Luxanna sacó toda su ropa del armario, se colocó lo que le pareció desentonaría menos con Katarina, luego se aplicó un poco d maquillaje y corrió de regreso al bosque dónde la aspiraba que Katarina aún esperara por ella.

Tenía siete minutos para llegar.

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La he dividido en partes porque quiero brindarles algo esta noche.