Cero Seis

Una mitad de la cita con ella.

Ah, la Academia Durandal para qué aspirantes a héroes puedan preparar sus habilidades y blandir las armas de los mismos dioses. Solo los mejores entre todos los jóvenes aspirantes logran asegurarse un lugar en esta prestigiosa institución, un lugar dónde…

Luxanna llegó a tiempo, pero miró en ambas direcciones y no vio el menor rastro de Katarina, con miedo consultó la hora en su reloj y confirmó que de hecho aún tenía un minuto de gracia. Así que, ¿Dónde estaba Katarina?

La joven buscó en los alrededores hasta que luego de varios segundos vio sobresalir detrás de un tronco el botín de la asesina, así que caminó hacía allí y asomó la cabeza solo para toparse con que la asesina se había colocado la chaqueta en la cara y dormía muy cómodamente. Luxanna se acercó despacio y flexionó las rodillas agachándose a su lado, la observó decidiendo si era buenoa idea quitarle la prenda del rostro para despertarla o solo esperar a su lado hasta que lo hiciera sola. Al final se decantó por la segunda y se dejó caer a unos centímetros de la asesina mientras sacaba su teléfono para navegar en tanto despertaba.

Afortunadamente, un minuto después, el móvil de Katarina sonó y esta se levantó de inmediato dejando caer la chaqueta de su rostro. Aunque tenía el cabello todo desordenado, la joven de ojos verdes bostezo dándole cero importancia al móvil que seguía reproduciendo una estruendosa canción de metal.

-No te ves tan mal- comentó Katarina descartando la alarma de su móvil -. ¿Te pusiste ropa interior?

Lux rodó los ojos y se levantó de inmediato.

Por supuesto que llevaba. Incluso se colocó uno de los pantalones cortos que siempre usaba cada que decidía ponerse alguna falda, pues detestaba la idea que la gente fuere por allí viendo su ropa interior. Sin embargo, si había tomado la precaución de cambiarse los estampados del día por un sobrio conjunto negro.

No había sido sencillo elegir el atuendo, pero se decantó por una blusa blanca con falda de pliegues negra que le llegaba poco más arriba de la rodilla y botines negros con tres centímetros de tacón. El complemento era un blazer rosa con una pequeña bolsa del mismo color. Había dejado su cabello suelto, asegurando únicamente en la parte de atrás con un una larga y brillante cinta rosada que era completamente opacada por el rojo vibrante de su melena.

Cuando Katarina estuvo de pie empezó a caminar delante de la joven y fue directamente al muro, Lux creyó que Katarina lo saltaría, pero en su lugar la asesina lo atravesó limpiamente; Lux se quedó anonadada unos segundos hasta que ella mismo se acercó al muro y con mucha prudencia levantó su mano derecha para tocar la estructura. No obstante, en lugar de topar con algo sólido sus dedos atravesaron el holograma. La maga dio dos pasos al frente, cerró los ojos y cuando los abrió Katarina la esperaba apoyada en una motocicleta deportiva, la cual cabe mencionar era bastante costosa, con una sonrisa.

-¿Cómo…?

-Mi padre fue director de esta academia durante muchos años. Así que de niña solía pasar mucho tiempo aquí. Papá hacia inspecciones y me llevaba con él, un día lo vi hacer desaparecer uno de los muros.

Katarina tomó uno de los cascos y se lo lanzó a Luxanna. Mientras la joven se lo aseguraba en la cabeza, Katarina subió a la motocicleta, la encendió y se colocó su propio casco y guantes. Luego le hizo una señal con la mano a Lux para que se acomodara en la parte trasera. Pero la maga no se movió.

-¿Qué?

-Ahm… nunca me he subido en una.

-No es tan difícil, solo levantas una pierna, pones el trasero y te agarras de algo para no caerte.

Lux pasó saliva algo nerviosa. No entendía porque razón de repente le daba miedo una motocicleta, o más bien, porque le causaba ansiedad subirse en una con Katarina. Aun así, la joven hizo caso y se subió al vehículo, Katarina apenas le dio tiempo para terminar de acomodarse en el sillín cuando arrancó la moto causando que Luxanna gritara y se aferrara a ella con todas sus fuerzas.

Tal como el instinto de supervivencia de Lux gritaba, Katarina conducía como maniática: a toda velocidad esquivando los árboles hasta que llegó a la calle más cercana y aceleró todavía más. Una vez en ruta, la asesina esquivaba los autos como si fueren todos demasiado lentos cuando era ella la que por muy poco no excedía el límite de velocidad permitido en la ciudad. Atrás, a Lux no le quedó más remedio que cerrar los ojos, apretujar el cuerpo de Katarina con sus brazos y rogar que ese no fuera su final.

Lux no estuvo segura durante cuando tiempo estuvieron viajando, pero pronto dejaron atrás el concurrido centro, los pacíficos suburbios y se encontraron en la zona industrial, pero no la nueva sino la antigua y prácticamente abandonada. Allí fue cuando Katarina desaceleró considerablemente y Lux se animó a levantar el visor de su casco para poder hablarle.

-¿Dónde estamos? – preguntó observando los edificios clausurados.

-Ya lo veras.

Fue la respuesta de la asesina quién hizo un brusco giro apoyando parte del su peso combinado en una pierna y causando que, de nuevo, un gritico de pánico escapara de los labios de Luxanna.

De repente el panorama gris y derruido cambio.

Lux pudo ver el lugar llenarse súbitamente de colores, de música, de gente, de autos y motocicletas.

Katarina tomó un carril artificial creado entre dos grupos de autos y motocicletas y fue hasta el fondo, muy cerca de la entrada del enorme edificio del cual escapaba música a todo volumen. Lux entendió que debía bajarse y así lo hizo, luego esperó que Katarina tomara el casco de sus manos y no le sorprendió cuando colocó ambos sobre el asiento de su moto, sin tan siquiera asegurarlos.

Casi de inmediato un sujeto enrome y musculoso se acercó a ellas. Lux se pegó a Katarina por reflejo, pues no llevaba su bastón con ella y la asesina rio.

-Señorita Katarina – dijo el hombre.

La aludida no respondió, solo hizo un movimiento con la cabeza. Tomó la mano de Luxanna como si fuere lo más natural entre ellas y empezó a caminar.

Al acercarse a la entrada, Lux pudo ver una pequeña fila de personas que esperaban pacientemente su turno para acceder al lugar, creyó que se formarían pero Katarina fue directamente a la puerta, intercambió un saludo con el segundo gorila de la noche y entraron de inmediato.

Luxanna estaba algo abrumada con el ruido, la música electrónica le estaba lastimando un poco los oídos y tantas luces de colores la mareaban, que hubiera mucha gente en el recibidor tampoco ayudaba pues había una rarísima y no muy agradable combinación de aromas. Por un lado, los galanes que se había aplicado la botella entera de colonia, por otro las mujeres fatales que hicieron exactamente lo mismo.

Por suerte, no se quedaron allí durante mucho tiempo y Katarina las llevó por uno de los corredores hasta una sala enorme, donde la música era más amena, menos ruidos y con mejor ritmo. Aunque claro, seguía habiendo un número considerable de gente. En ese momento, Katarina las llevó hasta una de las mesas y luego de tomar asiento sacó un paquete de cigarrillos de su bolsillo, lo encendió y se tumbó contra el espaldar del sofá. Lux, en cambio, estaba observando la decoración del lugar como hipnotizada, había muchísimas luces, pero los focos solo parecían encendidos a medias y con la combinación de luces era a la vez sencillo ver cuantas personas habían allí, pero casi imposible reconocerlas a más de dos metros de distancia. En la parte frontal, a unos diez metros de ellas había una tarima dónde se podía ver una banda amenizando la fiesta.

-Apuesto que nunca habías venido a un lugar así.

Dijo Katarina expulsando una gran bocanada de humo. Humo que le llegó en todo el rostro a Luxanna cuando giró para ver a la asesina. De inmediato la joven intentó desintoxicar su aire abanicando ambas manos; Katarina solo se burló y aspiró una segunda vez su cigarro para volver a expulsar todo el humo en el espacio personal de la maga.

-¡Ya para! – reclamó Lux de mal humor - ¿No sabes que eso te mata?.

Por supuesto que Katarina lo sabía, pero también había otro montón de cosas que podía matarla antes. Así que esperó con una enorme sonrisa que Lux terminara de limpiar su aire, tomó una bocana enorme de su cigarro y luego, a gran velocidad la tomó por los hombros llevando su boca a la suya. Exhalo el humo en la boca de Luxanna que luchó en vano por separarse y solo la dejó ir cuando la rubia empezó a toser.

Por supuesto, la joven maga intentó atínale alguna cachetada pero Katarina es escabulló entre risas y apagó el cigarro en el cenicero antes de perderse entre la multitud; Luxanna se quedó tosiendo y maldiciendo, demasiado ocupada estaba para registrar que de una manera muy extraña sus labios y los de Katarina habían hecho contacto. Tan enojada estaba que, en lugar de seguir allí sentadita expulsado todo ese detestable humo de sus pulmones, se levantó y deambuló por la pista de baile.

Lux ya quería regresar a la academia, ya le resbalaba si tenía que irse a pie, si Katarina y ella jamás volvían a hablarse, o si moría virgen. Estaba furiosa. Tanto que ni siquiera registraba lo que ocurría a su alrededor.

Las luces del escenario bajaron de repente, dos reflectores uno de color azul y otro rojo se encendieron y enfocaron una solitaria figura sobre el escenario: una chica que llevaba un ajustado pantalón de cuero negro que parecían terminar en un par de botas negras con brillos dorados. En la parte superior vestía un brillante sostén dorado y guantes negros cuyos dedos habían sido removidos, Luxanna pudo distinguir una gruesa pulsera dorada de apariencia metálica en su mano derecha. Llevaba un brillante maquillaje en tonos purpura y negro que junto a la iluminación daban la ilusión de que sus ojos eran también púrpuras. Pero lo que llamaba más la atención a primera vista era su largo cabello lacio de color violeta que estaba trenzado a cada lado en una semicoleta.

O bueno, eso era lo que más llamaba la atención de la maga antes de que la música empezara y la mujer comenzara a mover sus caderas al ritmo que imponía la melodía.

Porque en el momento que la bailarina empezó con su presentación, Lux se quedó mirándola como hipnotizada y olvido, de nuevo, todos los planes que había hecho producto de su enojo. Pero los demás asistentes no lo hicieron, así que cuando la gente comenzó a salir a la pista para bailar un poco o solo admirar mejor a la bailarina en escenario Lux se vio empujada y fue dando algunos tumbos hasta que finalmente sintió un par de manos cerrarse sobre sus hombros. Por supuesto, lux creyó que Katarina había regresado mas al levantar la vista lo único que encontró fueron un par de ojos grises que le resultaron familiares.

Muy, pero que muy familiares.

-¿Luxanna?

La joven no reaccionó, al menos no de manera consiente pues todo el colorcito que había agarrado entre las rabias y el calor que hacía allí entre tanta gente escapó de sus mejillas quedando pálida al instante.

-¿Lux? – volvió a intentar.

Esta vez Lux si reaccionó, se separó un poco y observó lo mejor que pudo el resto del rostro que la observaba. No había equivocación, era ella.

-Kahina.

-¿Estás bien?-peguntó a su vez la aludida procurando arrastrarlas a ambas aun lugar menos concurrido.

-Si.

Durante algunos segundos ninguna dijo nada, solo llegaron hasta un costado del escenario donde la gente ya no se arremolinaba tanto y se dedicaron algunas miradas incómodas.

-¿Qué…qué haces aquí?.

Lux estaba punto de contestar.

-Digo, ósea no me tienes que decir. Es más… si tu no me viste, yo no te vi.

Luxanna pareció considerar sus opciones y luego levantó el rostro asintiendo una sola vez, Kahina también lo hizo y se fue muy lentamente sin mirar atrás.

Sin duda ese era el mejor acuerdo para las dos.

Así que Lux se encontró sola una vez más, en medio de un mar de personas a quienes no conocía sin saber dónde estaba la salida o la mesa dónde Katarina la había dejado y, lo peor, sin la más remota idea de cómo regresaría a casa. Seguro que en caso de emergencia podía llamar a Johannes y el encontraría su ubicación, pero era arriesgarse a que sus padres supieran de su salidita nocturna y su tapadera de niña buena quedaría bastante golpeada.

Además, Katarina no podía largarse sin ella. Ósea si podía dar media vuelta e irse dejándola allí abandonada, pero no se atrevería. Ósea si se podía atrever a hacerlo porque era Katarina, pero al menos tendría algo de decencia para no hacerlo ¿Verdad?.

Para su fortuna, KAtarina había estado buscándola y cuando la vio fue directo hacia ella con su cara de malas pulgas.

-¿Eres imbe…?

Pero la asesina no terminó su frase porque Luxanna se colgó de su cuello y se abrazó a su cuerpo con tanta fuerza que Katarina olvidó el insulto para preguntarse si algo había ocurrido en su corta ausencia.

Como tenía las manos ocupadas con las bebidas Katarina no podía hacer más que dejarse abrazar y preguntar, con la voz más neutral que le salía cuando estaba preocupada y quería ocultarlo, si estaba bien.

-Si.

-Segura. ¿Alguno de estos idiotas te tocó o…?

-No, solo… pensé que te ibas a ir sin mí y no sabía cómo regresar a la academia.

Kataina rio, se zafó del agarre de Lux y le hizo una señal para que la siguiera. De nuevo en la mesa, la asesina dejó las bebidas y se acomodó de manera que Luxanna no tuviera más opción que sentarse entre sus piernas. La maga lo hizo y apoyó la espalda sobre el pecho de Katarina.

-Ten – dijo la asesina tomando uno de los cocteles y colocándolo en la mano derecha de la joven.

Lux lo recibió, lo olfateó y arrugó la nariz al notar que llevaba alcohol, pero Katarina aprovechó la cercanía para tomar un sorbo de su propio trago que era mucho más fuerte que la bebida frutal de Lux con solo un shot de vodka y volvió a tomar el rostro de Lux entre sus manos.

Katarina dejó que el líquido se transfiriera de su boca a la de Luxanna usando la fuerza necesaria para no dejarla ir, y cuando la maga tragó la asesina aflojó un poco su agarre. Pero, en lugar de soltarla, Katarina tomó sus labios entre los suyos una vez más.

Técnicamente tampoco fue un beso.

Cuando por fin se separaron, las mejillas de Lux estaban encendidas de carmín y Katarina no pudo evitar soltar una carcajada cuando la vio mover los labios como pez fuera del agua. Hubiera podido meterse con ella, pero decidió dejarla ser así que solo siguió tomando su trago con Lux recostada sobre su pecho dándole sorbitos al suyo.

La bailarina todavía se movía en el escenario y Luxanna seguía sus movimientos con atención, hasta que se sintió observada.

La joven miró en derredor y no parecía haber nadie reparando en ella, pero cuando por fin dio con los ojos que la observaban se paralizó.

Por unos minutos, había olvidado quien era, dónde estaba y el mal conjunto que esas dos cosas hacían, pero allí estaba Kahina con su metro setenta y cinco, su largo cabello azabache y sus ojos grises para recordárselo.

Lo único que le quedaba a Lux en ese momento era que la joven cumpliera su propuesta y fingiera, así como ella también lo haría, que jamás se encontraron en ese lugar.

-.-.-.-.-.-.-

Okei, abro apuestas para saber que es Kahina para Lux.

Apuesto dos botones a que es la ex. ¿Quién se le mide?.

Also, ¡Feliz cumpleaños a mí!.