Cero Siete

La otra mitad de la cita con ella.

Ah, la Academia Durandal para qué aspirantes a héroes puedan preparar sus habilidades y blandir las armas de los mismos dioses. Solo los mejores entre todos los jóvenes aspirantes logran asegurarse un lugar en esta prestigiosa institución, un lugar dónde…

No ocurre nada porque Lux sigue en el antro con Katarina así que vamos para allá.

Después del inesperado encuentro con su querida prima, Luxanna había estado nerviosa durante un largo rato hasta que finalmente las caricias de Katarina la fueron calmando y terminó recostada muy cómoda sobre el pecho de la asesina, en tanto daba sorbitos a su tercer coctel de la noche. Frente a ellas, la gente estaba entusiasmada con el trio de chicos que deleitaba los ojos de los presentes con sus tonificados cuerpos al ritmo que una conocidísima DJ tocaba.

Katarina, por su parte, estaba jugando con el cabello de Luxanna en tanto consideraba si realemnte tenía tanta hambre para desacomodarse. Y resultó que sí.

-Muévete – dijo la asesina enderezándose.

Luxanna la miró de reojo sosteniendo el vaso sobre su pecho con los dedos de ambas manos entrelazadas, pero obedeció sin demora y en segundos Katarina estuvo de pie a su lado.

-¿Quieres tapas?- pregunto Katarina mientras estiraba el cuerpo haciendo sonar casi todos sus huesos.

-No sé qué es eso – respondió Lux con voz atropellada.

Por respuesta la asesina se agachó a su lado, le tomó el rostro con una mano y le apretujó los cachetes hasta que hizo un puchero, luego la beso y se alejó ordenándole que mantuviera el trasero pegado a la silla.

Sin perder tiempo Katarina se acercó a la barra y ordenó un par de porciones de tapas de carne de res y cerdo, con una cerveza negra y una soda de limón. Tomó un puñado de pistachos y se acomodó en la banca mientras esperaba que trajeran su comida. En tanto esperaba, una voz conocida llegó a sus oídos.

-¿DuCouteau?

Katarina giró y sonrió. Hacía un par de meses que no veía a la Akali por allí.

-¡Ey, pensé que ya no venias por aquí!-exclamó Akali dándole una fuerte palmada en la espalda.

-Vaya, yo pensaba que por fin te habías unido a la secta de mamita y vuelto al camino del bien.

-Ja, créeme que sigue intentándolo.

-¿Sigues cantando en este muladar? – preguntó la asesina metiéndose un par de nueces a la boca.

-Si, tengo que vivir de algo. No todos podemos ir por la vida bebiendo y cogiendo con el dinero de nuestros padres. Pero sabes – dijo Akali tomando asiento al lado de la asesina – creo que me conviene volverme lesbiana.

Katarina levantó una de sus cejas y soltó una carcajada.

-¿De qué carajo hablas?

-Habló – empezó Akali señalando con un movimiento de cabeza el escenario – que la noviecita

millonaria de Kai'Sa le ha comprado un departamento. Bueno, se supone que vivirán juntas cuando Kai'Sa terminé este semestre en la universidad. Tú, tienes un montón de dinero y que recuerde tu papi te dejó un departamento nada feo en la zona norte y… tu amiguita seguro que también nada en billetes.

Katarina giró lo suficiente para ver a Luxanna levantar su vaso casi vacío con ambas manos y darle dos rápidos sorbitos a su trago.

-Entonces, había pensado que si también doy con una tipa millonaria estoy dispuesta a hacer el sacrificio.

-En serio, no te gustaba la carne en barra y eso…

-Si y Shen es bueno en la cama, pero desde que mamá se enteró que nos acostamos esta empecinada en que nos casemos. Quiere que él se una a la iglesia y me ayude a llevar nuestro rebaño.

-El rebaño pagaría tus cuentas. Haría todo lo que les ordenes, te adorarían como su dios en esta sucia tierra…¿No es así como funciona?

-No jodas, DuCouteau. Tengo diecinueve, no voy a casarme y menos con Shen. Además, hace poco vino un tipo, de una disquera, dice que ha estado viendo mis presentaciones y le interesa reclutarme para un grupo.

Akali y Katarina se conocían de la secundaria, habían congeniado por alguna misteriosa razón y hasta terminaron siendo muy amigas en su último año. Pero en tanto Katarina había entrado en la prestigiosa Academia Durandal, Akali se había quedado en casa ayudando a su madre a llevar la iglesia y preparándose a fuerzas para heredarlo todo, hasta que un día la jovencita jonia decidió aventarse por una carrera en el mundo de la música.

-Pero también puede ser un proxeneta… así que no lo he llamado.

-Ya veo. Dame el nombre, pido un par de favores y te aviso.

-Te lo escribo después.

Akali tomó un poco de maní y un par de tragos de su botella de agua mineral ligeramente gasificada con sabor a limón.

-¿Tu amiguita es… legal?

Katarina frunció las cejas girando una vez más para observa a Lux que ahora jugaba con los dos trozos de hielo que había quedado a medio derretir en su vaso. Una sonrisa tonta y de borracho primerizo pintada en su rostro.

-Por supuesto que lo es – contestó dándole un golpe en la cabeza.

-¡Oye, parece una niñita!. Además, es muy diferente de cómo te gustan.

Eso era verdad, pensó la asesina. Lux era una especie diferente de la que normalmente buscaba pero, siendo justos, fue Lux quién la buscó a ella y si bien había sido su idea el traerlas a ese lugar Luxanna ya parecía haberse aclimatado.

-En fin, me largo. Tengo que buscar a Kai'Sa antes de que se vayan sin mí. Estoy… quedándome en el sofá del dormitorio de Kai'Sa. Cuando se larga con la novia me quedo con la cama, pero últimamente estoy condenada al sofá.

-¿Te fuiste de casa?

-Y hago mí mejor intento por no tener que regresar arrastrándome.

Akali se bajó de la butaca, terminó su botella de dos tragos y empezó a alejarse con una escueta despedida. Sin embargo, Katarina la llamó con un grito lo suficiente alto para hacerse escuchar sobre la música y el bullicio de la demás gente.

Akali solo tuvo unos segundos para ver el resplandor de algo que volaba por el aire hacia ella. Levantó la mano y atrapó el pequeño objeto metálico: una llave; Katarina se giró sin esperar que Akali hiciera contacto visual con ella. Tomó la comida que ya estaba lista y regresó a la mesa como si nada, pero su buen humor no duró mucho ya que al llegar pudo ver una mujer de cabello rosa sentada muy contenta frente a Luxanna.

-¡Kata! – gritó la maga ya sin esconder su intoxicación.

-Oh, wow. Definitivamente es una mejora – dijo la desconocida que Katarina ya fulminaba con sus ojos verdes.

-No seas mala Vi. ¡Jayce es mi… nuestro amigo!

La asesina colocó la comida en la mesa y permaneció de pie unos segundos, juzgando con sus verdecitos ojos a la recién llegada de cabello magenta que le devolvía la mirada con toda la tranquilidad del mundo. Entre tanto, Luxanna se había sentado en el filo del sofá para darle espacio a Kataraina de reclamar su posición a su espalda. No obstante, al ver que la mujer no se daba prisa, los ojos azules de Lux giraron hacia ella y luego una de sus manos la jaló por la manga de la chaqueta hasta que la asesina se dignó a tomar asiento.

-Mmm se vé delicioso.

Lux ni siquiera esperó que Katarina estuviere totalmente acomodada a su espalda antes de tomar una porción y recostarse sobre ella.

-Ten – dijo Lux con una enorme sonrisa mientras le ofrecía el primer mordisco.

Por reflejo Katarina sonrió y le dio una mordida. Luego, Lux hizo lo mismo y se sorprendió con lo bien que sabía el bocadillo. Aunque, en su alicorado estado le fue imposible identificar el picor de los jalapeños, lo único que la maga sintió fue un leve escozor.

-¿Y esta quién es?- preguntó Katarina luego de masticar un rato.

-Es Vi. Nos conocimos ayer en la exposición de Viktor.

-Oh wow, Viktor – repitió Vi a modo de broma la casual forma de la joven para referirse a uno de los más prominentes inventores de su generación.

-Sip.

-¿Y qué hace aquí?- continuo la asesina tragando y abriendo la boca casi de inmediato cando Lux le acercó la comida de nuevo.

-Escuché sobre este lugar en Piltóver y pensé que no podía regresar sin haber venido.

-¿Tuviste que hacer fila? - preguntó Lux dándole un par de sorbos a la bebida que le había traído Katarina.

-Si, como todos…

Luxanna sonrió como un gatito travieso que acababa de romper algo muy valioso y Vi, a quién la jovencita ya le parecía linda de la noche anterior, no pudo evitar devovlerle el gesto, aunque no entendía nada.

Pero a Katarina no le hacía la menor gracia la situación, por impulso colocó ambas manos en la cadera de Lux y la atrajo hacia sí misma. Lux no notó la posesividad del gesto (porque ya estaba lo suficiente borracha), pero Vi si lo hizo y solo continuó sonriendo, pero esta vez sus ojos se posaron en los verdes de Katarina.

-¿Qué estás tomando? – preguntó Lux de repente.

-Uhm, Ron con un poco de cola.

-Yo…¿Qué he tomado Kata?.

-No me acuerdo – respondió la asesina de mal humor.

Kata se daba perfecta cuenta que esta tipa, Vi si la memoria no le fallaba, estaba tomándole interés a Lux y no le gustaba. De hecho, lo que le apetecía en ese momento era levantarse, tomar a Lux e irse de allí, pero no podía hacerlo sin que fuere obvio que huía. Así que, se conformó con dejarle bien en claro que Luxanna había llegado con ella y se iría con ella.

No obstante, Lux no tenía la misma impresión que su cita y continuó hablando con Vi despreocupadamente. Incluso ofreciéndole comida o que probara su trago sin una sola preocupación que le nublara la mente.

Los minutos pasaron en paz.

Katarina terminó su soda, la banda que se presentaba se marchó y un DJ tomó su lugar. Luxanna se terminó todo el plato de tapas y también su licor, al igual que Vi pero seguían muy animaditas discutiendo teorías Hextech que no interesaban a la asesina. Hasta que esta última se aburrió de no tener toda la atención de Lux y se levantó.

-¿Kata?

-Vámonos – sentenció la asesina ofreciéndole su mano derecha.

Cómo Lux no dudó en tomarla, Katarina no pudo evitar la sonrisa de victoria que dirigió a Vi y se regodeó en su aplastante vitoria por las afecciones de Luxanna hasta que la jovencita finalmente se colocó de pie, únicamente para irse encima de Katarina riendo como loca.

-Perdón.

Se disculpaba entre risitas y miradas avergonzadas.

Katarina empezó a caminar arrastrando a la joven consigo, pero Vi decidió fastidiarla un poco así que en lugar de dejarlas ir corrió hasta ellas gritando el nombre de su nueva amiga.

-¡Lux, espera. ¡Luxanna!

Katarina le dio un fuerte jalón a Lux, como para evitar que girara, pero la maga se zafó de su agarre y volteó, con una enorme sonrisa, hacía Vi.

-¿Tienes teléfono?- preguntó Vi.

-Uhm… sí.

Vi estiró la palma extendida de su mano y esperó hasta que Luxanna logró sacar su teléfono de la bolsa, pero mientras eso ocurría fue su turno para dedicarle sonrisita de victoria a Katarina que se enfurruñaba sola con los brazos cruzados sobre su pecho. Cuando Lux finalmente le entregó el móvil, Vi marcó su número de teléfono y lo guardo con su nombre y una foto que se tomó allí mismo. Luego se lo devolvió a la joven pelirroja y las vio alejarse, riendo cuando Lux intentó volver a colgarse del brazo de Katarina pero esta no la dejo, al menos la primera vez ya que Lux continuó insistiendo y finalmente cedió. Casi en la salida, Vi pudo observar como Luxanna se colocaba de puntitas para darle un beso a la otra chica.

Fuera, Luxanna apenas podía caminar por sí misma e iba de aquí para allá riendo como boba, en parte porque el mundo le daba vueltas envuelto en dos mil colores, pero también porque a Katarina ya le había pasado el enojo y la llevaba abrazada por la espalda mientras iba besándole el cuello.

-¿Vamos a volver a la academia?-preguntó Lux.

-Ujum – fue la respuesta de Katarina.

Y no fue necesario que dijeran más.

Con cierta dificultad Lux pudo subirse a la motocicleta y se abrazó a la espalda de Katarina durante el trayecto de regreso. La asesina podía sentir el suave agarre de la maga así que no se atrevió a acelerar mucho por miedo a que la joven se cayera. Lo cual era difícil, porque un lado de su cabeza le gritaba que debía aprovechar el momento para llevársela a la cama lo más pronto posible, que era esa la oportunidad que estuvo esperando. Pero, la otra, más racional y que rara vez salía a flote - y cuando lo hacía era ignorada olímpicamente le prevenía de hacerlo. Le hacía cuestionarse si realmente era necesario que se acostaran esa noche, pues Lux apenas tenía la conciencia necesaria para sujetarse.

Como fuere, Katarina las llevó de regreso a Durandal y dejó la motocicleta fuera del muro falso escondida entre unos arbustos. Se bajó arrastrando a Lux y caminó a su lado de regreso al dormitorio.

Poco antes de salir del falso bosquecito, Lux espabiló un poco al reconocer el edificio dónde estaba ubicado su dormitorio.

-No – se quejó Luxanna colgándose del cuello de Katarina.

-¿No? – contestó la asesina enarcando su ceja derecha.

-Tu habitación – sugirió Luxanna colando una de sus manos por el cuello de Katarina hacia los músculos de su espalda.

Aunque Katarina todavía tenía esas dos vocecitas discutiendo en su cabeza, el beso suave y tentador que le daba Lux terminó por ser más poderoso que la guerra interna en su cabeza.

Si la niña quería pasar la noche en su habitación, quién era ella para negarse.