sYo, viendo como de repente esto se está transformando en un drama: Bueno, carajo. ¿Dónde se me fue la comedia?.

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Cero Nueve

El paréntesis.

Ah, la Academia Durandal para qué aspirantes a héroes puedan preparar sus habilidades y blandir las armas de los mismos dioses. Solo los mejores entre todos los jóvenes aspirantes logran asegurarse un lugar en esta prestigiosa institución, un lugar dónde…

Katarina DuCouteau buscaba entre las chucherías del segundo cajón de su mesa de noche algo que pudiera servirle como desayuno- almuerzo, pues no tenía la menor intención de salir y buscar comida de verdad. En parte porque le daba mucha flojera, pero también porque Luxanna podía despertar en cualquier momento y tener la mala idea que escaparse arruinando así sus planes para la tarde. Encontró unas cuantas barras de granola y las colocó a un costado, sobre la cama, luego una paquete de galletas y algunas gomas agridulces con forma de gusano. Luego, abrió el tercer cajón y saco un par de latas de jugo, otra de té y una botella de agua que tenía a medias desde hacía un par de días.

Al girarse para admirar su potencial comida, Katarina notó que Lux había despertado por fin y la miraba con los ojos todavía somnolientos desde su cómoda posición en la cama, bien cubierta hasta las orejas.

Katrina siguió alternando entre sus chucherías y Luxanna hasta que, de repente, la joven se sentó de un brinco y miró a todos lados desesperada. En especial, la brillante luz del sol que se colaba por los costados que dejaba la cortina.

-¿Qué... qué hora es?- preguntó con miedo la joven pelirroja.

Katarina estiró el brazo y giró el reloj para que Luxanna pudiera horrorizarse por sí misma. Y vaya que lo hizo, el color escapó de sus mejillas y sus ojos se abrieron tanto que Katarina estuvo a punto de echarse a reír.

Lux volvió a brincar, esta vez al suelo, envuelta en las sabanas de Katarina y luchando por liberarse mientras buscaba frenéticamente su ropa con la mirada, la cual –sobra decir- no estaba esparcida por el suelo de la habitación tal como Katarina la había arrojado la noche anterior, sino que finalmente la encontró doblada limpiamente sobre el escritorio. Eso la desconcertó un poco, detuvo un momento su pánico y se tomó un par de minutos para observar la habitación de Katarina que estaba en perfecto orden, ni un solo libro fuera de lugar. La pequeña zona de entrenamiento en un rincón al lado de la ventana era impecable, con el muñeco de practica lleno de cortes por sus dagas pero igualmente limpio. El escritorio tenía libros y algunos lápices de colores, junto a otros cuadernos y una tablet que estaban apilados uno al lado del otro. El closet no estaba desparramado de par en par, sino que se encontraba bien organizado por lo poco que dejaba entrever la puerta a medio cerrar. De hecho, lo único que no parecía tener lugar allí eran las chucherías sobre la cama y ella misma, desnuda en a un lado de la cama con la cobija en los tobillos.

-¿Por qué no me despertaste?.

Preguntó Lux agachándose a recoger la manta para cubrir su cuerpo con los cachetes rojos de vergüenza.

-Lo intenté, pero te volteaste y seguiste durmiendo.

Katarina vio en el rostro de Luxanna desfilar las siete etapas del duelo en cuestión de segundos. La negación fue primero, con la joven mirando el reloj una y otra vez parpadeando como si con eso mágicamente fuere a alterar el tiempo. Después vino la culpa, quizá por haberse permitido estar lo suficiente relajada para vivir. La siguiente fue el enojo dónde recuperó un poco el color de sus mejillas fulminando con ira silenciosa a Katarina. La tristeza vino después, con sus ojos llenándose de lágrimas que no terminaron de formarse y salir. Pero empezó a ver el punto positivo y es que de verdad la había pasado bien, así que se le formó una sonrisita en los labios. Por supuesto, ahora seguía reformular su plan original para salir de ese impase sin rasguños y, finalmente, Luxanna se acercó a la cama acomodándose en un costado aspirando que todo resultara lo mejor posible.

-Ya, ven acá. Vamos a desayunar – dijo Katarina subiendo ambas piernas a la cama mientras empujaba el montoncito de comida a la mitad del lecho.

-¿Chucherías?. ¿No estás hablando en serio, verdad?. Tu... estas vestida, ve a traer comida.

-No. Y si no quieres más para mí.

Con eso, Katarina destapó una de las barras, encendió el holovizor de la pared y sintonizó el canal de deportes. Lux la observó durante unos segundos, hasta que se dio por vencida y muy resignada se acomodó a su lado en la cama, tomó otra de las barras, un jugo y la galleta para empezar a comer en silencio.

Al principio, Katarina parecía verdaderamente interesada en el partido, pero a medid que Lux se distraía entre comer y la tele la asesina iba prestándole cada vez más atención. Hasta que empezó a reírse de la nada y Lux giró el rostro para verla.

-¿Qué?

-Nada. Pensé que te ibas a lanzar por la ventana o algo.

Por respuesta, Lux le dio una palmada en el hombro y dejó que la asesina se acercara para darle un beso.

El desayuno transcurrió en paz, Katarina siguió viendo la tele mientras Lux comía revisando los mensajes perdidos en su celular. La mayoría eran de Taliyah preguntándole dónde estaba porque la clase estaba por comenzar, luego otros cuantos dónde ya parecía preocupada de que no aparecía y los últimos cuando ya estaba imaginándose que algo le había ocurrido. Lux le escribió un par de mensajes, uno para agradecerle que se preocupara tanto por ella y lo buen amiga que era. El segundo para dejarle saber que estaba bien, que había tenido que ir a casa por un asunto familiar y tuvo que pasar la noche allí, pero que regresaría un poco tarde y si no tenía problema en prestarle los apuntes de la clase.

Katarina miraba de reojo como Lux redactaba los mensajes, sintiéndose un poquito incómoda con el tono cariñoso del primero y más relajada con el tono formal y de negocios, de la señorita Crownward en otras palabras, que utilizo para el segundo. No obstante, la segunda tanda de mensajes era para Ezreal y fue imposible para la asesina no fruncir la ceja cuando con la sonrisa boba que Luxanna lucía en ese momento. Por más que Katarina supiera que todo era una farsa, le estaba molestando más de lo que estaba dispuesta a dejarle saber, pero su corazón no estaba en el mismo plan.

-Tu noviecito preocupado – comentó sin poder morderse la lengua.

-No es mi novio… aún.

Katarina no comentó nada; Luxanna tampoco consideró que era necesario justificar sus acciones con Katarina, porque a pesar de ser brillante, su inteligencia emocional estaba en pañales.

Cuando terminó, Katarina le quitó el teléfono de la mano y empezó a besarla, despacio al principió y fue subiendo su intensidad hasta que Luxanna fue invitándola a invadir su espacio personal. Katarina se quitó la ropa sin prisa porque sabía que tenía todo el tiempo para volver a estar con Lux, aunque ese pensamiento no le terminó de gustar.

A Lux la despertó el hambre algunas horas después y comprobó con cierta decepción que el sol ya se había ocultado, lo cual significaba que su tiempo con Katarina estaba por expirar. Y quizá sus pensamientos se pintaban muy obvios en su rostro porque la asesina le acarició la mejilla con una delicadeza impropia de su fama.

-Tengo… una cosa que hacer el sábado en la tarde, pero… ¿Podemos vernos en la noche?.

-Puede ser.

-¿Aquí?- preguntó Lux acercándose para ocultar su rostro en el cuello de Katarina.

Pero la respuesta de la asesina no llegó en ese momento, solo sonrió y la beso una última vez antes de levantarse y empezar a vestirse.

Esta vez Katarina si logró controlar sus instintos y prefirió darse la vuelta para intentar ocultar la mala cara que bien sabía se le estaba formando. No estaba segura de porque de repente no quería que Lux se fuera, porque le alegraba tanto que la joven quisiera verla de nuevo incluso después de que su transacción estaba completada. Y, quizá lo más raro, porque estaba empezando a taladrarle la cabeza lo que sea que Luxanna tuviera que hacer, pues algo en la forma en que lo había dicho despertaba sus sospechas.

Y bueno, así terminó el maravilloso paréntesis que habían disfrutado porque luego Katarina utilizó su shumpo para llevar a Lux hasta el primer piso. También la acompañó entre las sombras hasta el bloque de la chica para verla entrar e irse.

En tanto Katarina se incomodaba sin saber que hacer consigo misma y las emociones que afloraban en su pecho, Lux subió las escaleras recuperando su papel de señorita Crownward con cada paso que daba.

Al llegar arriba ya estaba completamente en su rol de perfecta damita. Fue a la habitación de Taliyah y golpeó, suavemente, un par de veces. Esperó estirándose un poco la ropa para ocupar en algo las manos.

-¡Lux! ¡Me tenías preocupada!

-Hola Taliyah. Lo siento, es que tuve que resolver un asunto con mi familia y pues pensé que podía regresar a media mañana…

-Esta bien, lamento haber sido tan intensa, es que… no es algo que tu harías.

Lux sintió un ataque de pánico golpearle el pecho.

-Quiero decir, faltar a clase de repente. Eso es… no eres tú.

-Si. Por supuesto, no es propio de mí.

confirmó Lux con una sonrisa brillante y muy forzada, aunque Taliyah no lo notó. La shurimana abrió la puerta de par en para que Luxanna pudiera entrar y esta lo hizo tomando asiento en el sofá.

-Aquí están todos los apuntes. Pero no le digas a Ezreal que te los preste.

-Uh ¿Por qué no?.

-Porque se estaba esforzando muchísimo en que los suyos fueran entendibles y muy completos, estaba muy emocionado con la idea de prestártelos. Es tan lindo.

Lux sonrió. Si, era lindo que Ezreal estuviera dispuesto a concentrar toda su energía en ella, pero también la hizo sentir una pizquita culpable porque no podía sentir ni la mitad de lo que él.

-Vamos a salir el sábado – soltó con una sonrisa tímida, de acuerdo a su rol.

-¡¿De verdad?!. Que emoción. ¿Qué te vas a poner? ¿Te vas a maquillar un poco? ¿Dónde van a ir?.

-No sé.

-¡Lux!. ¡Es su primera cita, tienes que ponerte guapa y hacer algo especial! – continuó Taliyah emocionándose por las dos.

Sin salida Lux tuvo que dejarse contagiar por una emoción que no sentía y pasó la próxima hora y media planeando su cita con Ezreal, desde que vestiría hasta como actuaria o que cosas diría en todas las hipotéticas situaciones que se le ocurrieron a la mejor amiga de Luxanna Crownward. Incluso tuvo la precaución de sonrojarse cuando Taliyah sugirió que podía ser la primera vez que se besaren y se cubrió el rostro con uno de los cojines fingiendo estar toda nerviosa y avergonzada por la mera posibilidad.

Cuando por fin regresó a su habitación Luxanna revisó sus mensajes esperando encontrar algo de Katarina, cualquier cosa hubiera estado bien, pero nada hubo para ella de su parte. No obstante, Ezreal si le había escrito para preguntarle si todo había salido bien. Lux respondió el mensaje, él también lo hizo y hablaron durante un rato de tonterías hasta que se despidieron para ir dormir.

A la mañana siguiente, Ezreal esperó por ella en la primera planta del edificio con una sonrisa tímida pero muy alegre y Luxanna respondió el gesto colocándose a su lado de inmediato. Los dos jovencitos enamorados caminaron hasta su aula de clase intentando conocerse un poco mejor: Ezreal porque estaba de verdad sintiendo cositas lindas por la maga y Luxanna porque sentía que debía saber lo mínimo sobre el chico que se convertiría en su novio, porque ya era inevitable que así sería.

Ese pensamiento no la hacía del todo triste, es decir, Ez era un chico muy agradable, muy guapo también y se notaba que se derretía por ella, pero tampoco podía estar completamente feliz porque el joven no despertaba en ella las pasiones que si lograba Katarina. Aun así, Luxanna tomó la mano que Ezreal le ofrecía y disfrutó, aunque no por razones del todo honestas, el sonrojó que se pintó en las mejillas del chico.

Y así caminaron, tomados de la mano con expresiones cohibidas durante el trayecto en el que todos los demás estudiantes de la Academia pudieron verlos, confirmando sin necesidad de palabras que algo había entre ellos. Y la gran mayoría de sus compañeros se alegró, porque se veían lindos juntos, porque eran una pareja ideal y porque no tenían nada que hacer mientras llegaban a sus aulas. Todos, excepto una persona. Una que los vio pasar de la mano desde la lejanía y no alteró en nada su fría y despectiva expresión, la cual contrastaba enormemente con la violenta erupción que afloraba en su pecho.