Uno Cinco
Sí, te amo.
Ah, la Academia Durandal para qué aspirantes a héroes puedan preparar sus habilidades y blandir las armas de los mismos dioses. Solo los mejores entre todos los jóvenes aspirantes logran asegurarse un lugar en esta prestigiosa institución, un lugar dónde…
Katarina daba los últimos retoques a la primera de tres capas de pintura que serían necesarias para que el agujero que dejó Luxanna al escapar estuviera completamente reparado.
No le molestaba que la directora hubiera rechazado su oferta de pagar la cuenta y que en su lugar hubiese preferido que fuere ella misma quién ayudare a los obreros con el arreglo, de hecho, le resultaba más interesante que pasarse las horas en un aula de clase. Además, el rutinario movimiento del rodillo le daba la paz mental para maquinar como carajos iba a encontrar a la rata que estaba buscando.
Según Zed, que había sentido la obligación moral de reparar el honor perdido, Kayn se escondía en Jonia, pero no estaba seguro en que región. Lo cual la asesina sospechaba no era del todo cierto, más entendía que no debía ser fácil para él reivindicar a su familia entregándole a su primo. Así que, por ahora, Kayn seguiría dándose el placer de desperdiciar oxígeno.
Katarina terminó la capa que estaba dando y dio un par de pasos atrás para admirar su trabajo que resultaba bastante uniforme para haber aprendido a pintar esa mañana. Ahora a tomar una siestecita entre los árboles y esperar que secara.
El día era cálido por lo cual al recostarse Katarina se sintió somnolienta tan solo unos minutos después, y acomodó el brazo sobre su rostro para resguardar sus ojos de la luz.
Habrían pasado unos diez minutos, el suave abrazo del sueño ya la estaba acurrucando sobre su bello pecho cuando sus afilados sentidos de supervivencia la alertaron que alguien se acercaba. Espabiló casi de inmediato, pero no abrió los ojos y esperó fingiéndose dormida a que el intruso se acercara - o recapacitara y la dejara dormir en paz. Pero aquello no sucedió, los pasos se hicieron cada vez más cercanos hasta que llegaron justo a su lado. Katarina esperó que le hablaran, pero en lugar de eso sintió como se sentaban suavemente a su lado.
La asesina no dudó que había solo dos personas en el mundo que se atreverían a acercarse tanto y de aquella manera, y sabía bien que la primera estaba procurándole información sobre el paradero de Kayn. Por ello abrió los ojos, enfocó lo mejor que pudo y se levantó hasta quedar sentada justo a la altura de los únicos ojos azules que le interesaban ver.
-Hola.
Dijo Luxanna abrazando ambas rodillas entre sus brazos.
La joven maga había estado fingiendo tranquilidad desde que esa mañana cuando se bajó del avión con su madre. Augatha insistió en desayunar en el aeropuerto y partir de inmediato a la Academia. Su madre no era muy de conducir, pero ese día había preferido rentar un auto para que Lux se sintiera más cómoda hablando sin la presencia de un extraño.
Cuando llegaron al campus fueron directamente con la directora Yuumi, pero no fueron lo suficiente veloces para escapar de todos los ojos así que cinco minutos más tarde todos se habían enterado ya de su presencia. Bueno, todos menos Katarina que estaba alejada de la civilización.
Pero ahora la asesina la tenía sentada a centímetros de su persona y en lugar de responder se acercó un poquito, la miró como si no se terminara de creer que realmente estuviere allí y la besó.
Lo hizo despacio, pero con firmeza y convicción, con la suficiente pasión para que no quedara duda de cuanto la había extrañado y de lo mucho que la quería. Más en lugar de corresponder el gesto Luxanna la apartó con suavidad.
-No…
-¿No? – repitió Katarina desconcertada y dolida.
-No, ósea sí. Pero no… ahora. ¿Podemos hablar primero? Quiero hablar.
Katarina asintió y se sentó con las piernas cruzadas a una distancia respetable de Lux.
-Lo siento Kata. Por haber huido así, por no hablarte en días y por no decirte que estaba aquí.
-¿Cómo…?
-Talón me dijo, bueno… me trajo. En fin, tengo que decirte todo, tienes que saber la verdad y si luego… todavía quieres besarme.
-Ya deja el drama, solo habla.
Lux miró algo contrariada a Katarina, pero hizo tal como le pedía.
-Cuando la invitación de Durandal llegó a casa mi tía puso el grito en el cielo. Ella había hecho planes para que ingresara a la vanguardia, como mi hermano, como mi papá, como ella... como todos los Crownward antes que yo. Pero… yo quería venir y mi mamá me ayudó a convencer a papá y entre los dos a mí tía.
-¿Qué, tu tía manda en tu casa?
-Algo así. Es la hermana mayor así que por tradición su palabra tiene mayor peso en nuestra estructura familiar. Incluso tiene cierta influencia sobre la familia de mamá, pero ese no es el punto – Lux tomó aire y se relajó todo lo que pudo -. Mi tía aceptó que viniera a Durandal… con una condición.
Era ese el momento decisivo. Ya no quería seguir mintiendo y, honestamente, tampoco era necesario. Quizá si hubiera sido honesta desde el principio en lugar de maquinar se hubiere evitado tantos problemas.
-Regresaría a Demacia y me casaría con Jarvan IV de inmediato.
-¿Qué? – preguntó Katarina totalmente atónita -¿Qué carajo? –añadió ya de mal humor.
-Qué regresaría a…
-Si escuché, me refiero al carajo.
Lux no pudo evitar sonreír.
-Los Crownward siempre han sido una familia muy importante en Demacia, muy cercanos a la corona. Por generaciones mis antepasados han tenido relaciones muy estrechas con los Lightshield, mi bisabuelo Fossan, por ejemplo, se casó con una de las princesas y si vamos más atrás hay otros registros. Pero… desde hace generaciones no ha sido posible arreglar una unión entre las dos casas. Hasta… que nací yo.
-¿Y tu tía qué? – quiso saber Katarina invadiendo el espacio personal de Lux, que al tenerla tan cerca no fue capaz de contenerse y le acarició la mejilla.
-Mi tía no puede tener hijos, Kata. Y los herederos son muy importantes para la realeza. Como los reyes no tienen hijas pues mi hermano tampoco es un candidato viable.
La noxiana no sabía bien cómo reaccionar. Por un lado, Demacia siempre había tenido fama de ser un país arcaico, pero eso ya era prehistórico. ¿Cómo era posible que todavía siguieran existiendo los dichosos matrimonios arreglados? Por el otro, era una de las ciudades más modernas de Runaterra después de Piltóver y Durandal.
Ante su falta de reacción, Luxanna continuó con su explicación.
-En fin, soy la única forma de renovar la tradición y continuar con el pacto…
-¿Te vas a casar?
-Pues ya no, a menos que mi tía logre un milagro. Alguien subió el video a internet… todos lo vieron y mi reputación esta por el suelo, quizá más abajo.
-Supongo que tendré que darle las gracias, pero luego voy a matarlo.
-¿A quién?
-Kayn. Fue él quien nos grabó y publicó el estúpido video.
Lux guardó silencio.
-¿Entonces qué?. ¿Tu y yo qué?.
-No he terminado, Kata. En fin, se suponía que vendría aquí y tomaría los tres años, luego regresaría, me casaría y tendría al menos un heredero. Y estaba conforme, hasta cierto punto, porque si tendría que hacer algunos sacrificios, pero un día iba a ser Reina y… eso no parecía tan malo.
Katarina iba a protestar más Lux fue lo suficiente veloz para colocar un par de sus dedos en la boca de la asesina y evitar que interrumpiera. Sin embargo, nada pudo hacer para que cambiara su cara de pocos amigos.
-Cuando llegué aquí, mejor dicho, cuando te vi fue… pues…
-¿Te enamoraste a primera vista o qué? – se burló la asesina liberando su imprudente boquita.
Pero lejos de negarlo Lux le ofreció una sonrisa tímida.
-No creo que fuera amor. Pero si… me gustaste mucho, desde la primera vez. Y averigüé todo lo que pude de ti, toda tu mala fama me hizo pensar que podía diseñar un plan para obtener algo que me moría por tener con relativa seguridad. Después de todo – Lux hizo una pausa para mirar a la asesina directamente a los ojos – si todo salía mal, quién iba a creerte a ti por encima de mí.
Y sí, allí estaba el núcleo de todo ese desastre. Su infalible maquinación había nacido de su negativa a rendirse tan fácil ante los deseos de su familia y las exigencias de Demacia. Lux se veía atrapada y sabía que poco podía hacer para liberarse de aquel compromiso con Jarvan, pero al menos se le había permitido vivir un poco antes. Y al llegar a Durandal se dio cuenta cuanto más valía apellido que su persona. Fue ese, precisamente, el empujoncito final que Lux necesitó para animarse a poner en marcha toda la historia que ya sabemos. Y cuyos objetivos principales se habían cumplido. Salvo claro que hubo demasiados factores fuera de control que ni siquiera tuvo en cuenta desde el inicio.
El primero, y más importante para ella, fue jamás considerar que podía enamorarse de Katarina y que ella correspondiera el sentimiento. Ese simple detalle había cambiado por completo las reglas del juego, porque incluso cuando la transacción estuvo hecha ninguna quiso dejar ir a la otra y todo se fue complicando exponencialmente a partir de allí. Su plan se terminó de ir al traste la noche que aceptó la propuesta de Katarina y se convirtió oficialmente en su novia, pues aquello le dio un falso sentido de inmunidad y fue imposible no empezar a cometer errores. Los cuales llevaron a que un enemigo que no sabían tenían encontrara la oportunidad y manera perfecta para vengarse de las dos.
El segundo, que la hacía sentirse como la peor persona del mundo, fue buscarse una tapadera humana en lugar de armarse de valor y aceptar que no estaba nada conforme con el destino que le esperaba en Demacia. Ezreal estaba de verdad enamorado de ella, bueno, de la idea que tenía de ella y que Lux reforzó dándole falsas esperanzas y ayudándole a crear una historia de amor que solo existía en su cabeza. Y si, había ya hablado con él, se había disculpado, llorado y pedido perdón, pero seguía sintiendo un peso horrible en su conciencia y la culpa que le estrujaba el corazón cada que pensaba en el pobre chiquillo. No se valía que lo hubiera lastimado así, que su primer amor hubiera resultado ser tan falso y decepcionante. Lo único que podía Lux hacer ahora era rogar que el joven corazón de Ezreal pudiera sanar por completo y que alguien en ese mundo pudiera amarlo como se lo merecía.
En tanto Lux tenía otra epifanía para mejorar como persona, Katarina estaba furiosa.
Luxanna la había usado, desde el principio, incluso antes de eso.
La noxiana era mucho más impulsiva que Luxanna, por ello su primera reacción fue tomarla del rostro con su mano derecha y estrujarle los cachetes mientras la obligaba a levantar la cara y mirarla. Luxanna no pudo evitar sentir un poco de miedo al toparse con la furibunda expresión de la asesina, pero se resignó rápidamente y acepto cualquier reacción de Katarina como merecida.
-Que hija de puta eres. Planear todo, como si no fuéremos personas sino malditos juguetes.
-Lo siento.
Dijo Lux lastimándose los cachetes al hablar, pero Katarina no pareció satisfecha con esa escueta respuesta y la apretó con más fuerza. La maga se quejó, pero la otra adolescente no aflojó su agarre ni un poquito.
-Maldita mentirosa.
-Kata, lo siento… yo no…
-¡Cállate!
Katarina soltó el rostro de Luxanna con rabia y empezó a caminar en círculos como fiera enjaulada. Cada cuatro o cinco pasos se detenía un momento, miraba a la maga y empezaba a caminar de nuevo – con la respiración agitada y gesticulando. Al cabo de un par de minutos, sin embargo, la asesina se detuvo volvió a tomar el rostro de Lux con la misma falta de delicadeza que antes e hizo un esfuerzo por hablar sin destilar tanto veneno. A fin de cuentas, Katarina tampoco era una pobre víctima inocente en todo ese enredo, porque ella había aceptado entrar al juego y sus reglas, aunque claramente no las conocía todas.
-Me usaste.
-Si… bueno, perdón. Yo no pensé que…
-Cállate, te dije. Me usaste igual que al mocosito.
Y Lux sabía que era mejor hacerle caso a Katarina y mantener su boquita cerrada, pero ya no podía hacerlo. Limpiar su conciencia implicaba dejar de hacerle creer sus mentiras a los demás y aclarar todas las que ya había dicho.
-¡No!
Katarina la miró amenazante, pero no le apretujó el rostro.
-¿No?.
-No. Lo de Ezreal nunca fue en serio, yo no estoy enamorada de él. Y… y lo que le hice fue horrible, lo sé. Pero contigo es diferente. Yo… si te quiero Katarina.
-Cállate, no quiero oírte. Me dan ganas de golpearte – espetó la asesina empujando su rostro al soltarla.
Luxanna recuperó el balance y miró como Katarina se cruzaba de brazos frente a ella.
-Siempre se te ha dado bien hablar ¿No?. Enredarnos a todos con tus mentiras y…pretendes arreglarlo. Bien. Pruébalo.
Pruébalo, había dicho Katarina. ¿Pero cómo hacerlo sin palabras, su gran especialidad? Pensó Lux agachando la cabeza y aceptando toda su culpa.
La maga se quedó en silencio un largo rato, luego dio un par de pasos tentativos hacía Katarina y al no ver una reacción negativa se acercó lo suficiente para escucharla bufar cuando con muchísimo cuidado abrió sus brazos y se fue abrazando a su cuerpo. Tal como lo pidió la noxiana, no le dijo nada, solo la abrazo y escuchó con ojos cerrados como latía su corazón. Curioso que en todas sus noches juntas jamás se había tomado un minuto para hacerlo, pero ahora estaba agradecida que se lo permitiera.
-Ya quítate. Esto no prueba nada.
-Mañana… ven a desayunar en la cafetería ¿Sí?
Pidió Lux al separarse en tanto aguantaba las lágrimas. No esperó una respuesta de Katarina, pues simplemente dio media vuelta y huyó, corrió mordiéndose los labios para comprarse valiosos segundos y que no la viera llorar.
Katarina entonces se quedó allí sin saber qué hacer, vio a Luxanna alejarse cada vez más y tuvo que apretar los puños para no correr tras ella. Le dolía demasiado ver cómo iba desapareciendo de vista, como cada pasito que ponía centímetros entre ellas se sentía como un abismo imposible de cruzar. Pero había una esperanza, un puente que Luxanna había dejado para ella y que a pesar de estar enojada deseaba cruzar. Por ello, la asesina regresó a su castigo, pintó de nuevo el muro con mucho menos ánimo que antes y al terminar solo regresó a su habitación, se tumbó en la cama y encendió la televisión.
Afuera el sol apenas se ponía.
Lux también regresó a su habitación y le escribió a Taliyah. Una vez la chica llegó, la maga le contó toda la historia con los detalles suficientes para que pudiera entender cómo había terminado siendo víctima de su propia invención. Y, tal como lo prometió, la shurimana la escuchó atenta. Taliyah la interrumpió únicamente para preguntar lo necesario y no la juzgó una sola vez, solo le prestó un hombro para que llorara su más reciente pena.
Al final, Lux también se fue a la cama.
Al día siguiente la Academia Durandal estaba igual de animada que de costumbre. Con todos sus alumnos arremolinándose en la cafetería principal para agarrar algo de desayunar antes de empezar clases. Por lo general, a esa hora los alumnos están demasiado ocupados para fijarse en quien entra o sale, cuál de los alumnos populares está haciendo que o cual de las apariciones se dignó a honrarlos con su presencia, pero esa mañana cuando Katarina cruzó las puertas dobles del lugar todos se giraron para verla. Sin embargo, ella pasó de todos e hizo un escaneo rápido buscando a Luxanna. Al no verla, la asesina puso mala cara y pensó dar media vuelta para irse, no obstante, se aguantó y buscó una mesa.
Un par de minutos después, cuando los demás estudiantes ya estaban dispersándose para seguir con su día, la puerta se abrió de nuevo. Esta vez era Luxanna Crownward quién entraba para ir directamente hacía Katarina quien la miraba con una mezcla de enojo y sorpresa. Pero no se comparaba con lo que sintió cuando Lux le apartó los brazos del pecho y, con la mirada fija en sus ojos, se sentó muy cómoda en sus piernas. Acto seguido, la joven demaciana le rodeó el cuello con ambos brazos y fue acercándose poco a poco, para que si Katarina lo quería pudiera rechazarla, hasta que la besó. Un beso lento y con la boca lo suficiente abierta para que nadie pudiera dudar de sus ojos. Katarina reaccionó e intensificó un poco el gesto tomando las caderas de Lux entre sus palmas abiertas. Los demás no podían hacer nada más que mirar como a las dos parecía no importarles ser el centro de atención. Y cuando por fin se separaron, Lux le dedicó una sonrisa con las mejillas sonrojadas mientras le acariciaba el rostro con una de sus manos.
-Están grabando – comentó Katarina.
Lux solo levantó los hombros para indicar que ya no le importaba lo que dijeran o pensaran los demás porque aquello que realmente le preocupaba en ese momento, aunque suene cursi, era mantener su felicidad justo allí entre sus manos.
Y así empezó un nuevo día en la prestigiosa Academia Durandal. Un lugar dónde esta historia ha terminado, pero una nueva siempre estará a punto de comenzar.
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Alguien una vez me dijo que leía fics porque al final, de alguna forma las cosas se arreglaban y que eso valía la pena la estrujada de corazón que le cobraban algunos.
Lux no estaba pensada para ser un personaje empático en este fic. Y creo que se logró, porque de las personas que me han dejado saber su opinión no les ha gustado. Así que misión cumplida bebes.
Gracias a todos por leer y por los comentarios, son ellos y las amistades que a veces se construyen la recompensa por todo nuestro tabajo.
