Pues creo que nos merecemos un poco de relax después de la tensión de la historia anterior, así que... Aquí lo tenemos. Un poco de dulce Marichat.
Son cuatro capítulos cortos, e intentaré actualizar a diario.La semana que viene empezaré a subir la siguiente: más shipps, más lemon, más drama y más sentimientos.
¡Atentos a lo que se viene!
Abrazos, Butercup.
El akuma de aquella tarde había representado, sin duda, un reto... diferente. Se trataba de «Perverter» un chaval al que habían pillado con las manos en la masa mientras recreaba su vista en las fotografías eróticas que iban deslizándose por la pantalla de su ordenador. Y su vergüenza, y la frustración causada por aquella inoportuna interrupción, lo habían convertido en objetivo de Lepidóptero.
Bajo la influencia de sus poderes las cosas habían acabado por ponerse... calientes. Aquellos a los que atacaba veían sus inhibiciones desvanecerse, y sus más bajos instintos aflorar. La bella ciudad del amor se había convertido en un instante en la capital del... «amor intenso». Por decirlo suavemente.
Los alumnos del Instituto Francoise Dupont no habían escapado a su atención. Afortunadamente, tras liberarse el efecto reparador del Lucky charm, se habían borrado los recuerdos de los implicados. Aunque Alya, por supuesto, tenía un buen reportaje en su teléfono móvil; sin embargo, estaba decidida a eliminar todos los vídeos comprometidos. Por un lado, quería evitar la vergüenza a sus compañeros, pues incluso pixelando los rostros, seguirían siendo reconocibles para sus allegados; por otro, no se trataba de contenido precisamente apto para todos los públicos, y no deseaba exponerse a posibles problemas en su Ladyblog.
Pero, antes de mandarlos directamente a la papelera de reciclaje de su teléfono, no pudo evitar la tentación de echarles un último vistazo junto a sus mejores amigos.
--Pero, pero, pero... ¿Vosotros habéis visto lo que le estaba haciendo Juleka a Rose? --exclamó Nino, con los ojos como platos.
--Ya te digo. ¿Y quién iba a pensar que Mylène tendría esa flexibilidad? --añadió Alya.
--Y Sabrina esa imaginación... --murmuró Adrien, impresionado.
Marinette se limitaba a mirar, asombrada, sintiendo sus mejillas enrojecer por momentos. Finalmente, la grabación terminaba de manera abrupta, cuando los propios Nino y Alya fueron afectados por el akuma, y la morena había olvidado su teléfono para abalanzarse sobre su novio.
--Nena, qué pena no recordar eso, ¡y qué pena que no hubiera nadie para grabarnos a nosotros!
--¡Nino! ¿Serás pervertido? --le reprendió ella, dándole un ligero empujón.
--¿Qué pasa? Solo me habría gustado vernos en acción. Como futuro cineasta, ya sabes. Y como amante de la imagen, y de mi preciosa novia, osea tú, y...
--Cómo me alegro de no haber estado cerca mientras ocurría todo esto --interrumpió Adrien, antes de que su amigo terminara por meterse en un berenjenal mayor.
--Probablemente Chloé se habría lanzado a tu cuello --Alya se encogió de hombros--. Y lo peor es que hasta te habría gustado.
--¿Tú crees? --preguntó el rubio, arrugando la nariz--. Yo no estoy tan seguro. A mí me parece que el efecto se limitaba a potenciar sentimientos que ya estaban ahí; mira las parejas que se formaron.
--Bueno, aparte de ti, que realmente no sé dónde te metiste durante ese rato, la única que se libró aquí fue nuestra pequeña Marinette. Ya se aseguró ese gato de ajustada armadura de que tu honor estuviera a salvo, ¿eh, chica?
--¿Te salvó Chat noir? --preguntó Adrien con interés.
--Sí, bueno; me apartó del villano justo a tiempo. Y me dejó a salvo en mi casa antes de volver para derrotarlo.
Marinette bajó los ojos, mientras sus mejillas volvían a tomar el color de las cerezas. «Hay cosas por aquí que una señorita no debería ver; ¿te llevo a casa, princesa?» Quizás fuera culpa de toda aquella vibrante energía sexual que inundaba el aire, pero nunca antes había reparado con tanta rotundidad en lo fuertes que parecían sus brazos al alzarla, en el sonido de su corazón al estrecharla, en lo bien que olía su piel. Aquel roce casual al despedirse que había disparado su pulso más de lo que le gustaría reconocer. Realmente, se había puesto nerviosa. Y no le apetecía nada que Adrien lo notara.
--Vaya. Pues menos mal, ¿no?
--Sí. Menos mal --zanjó.
Y luego, cuando había regresado como Ladybug para pelear contra el villano... a duras penas había logrado mantener la concentración. ¿Siempre se había marcado su trasero bajo el traje negro de aquella manera? Y también a él lo había pillado varias veces recorriéndola con la mirada, con el deseo brillando en el fondo de sus ojos verdes.
--¿Te imaginas si te hubiera afectado el poder del villano estando en sus brazos? --bromeó Alya, haciéndola fruncir el ceño--. Quizás ahora tendría un bonito vídeo de mi mejor amiga intimando con un auténtico héroe...
--¡Vaya! Eso habría sido... interesante --afirmó Adrien, llevando la mano a su nuca con una leve sonrisa asomando a sus labios.
--¿Pero de qué estáis hablando? No habría ocurrido nada de eso --se enfurruñó Marinette.
--¿Quién sabe? ¿Chat no te atrae... ni un poquito? --insistió Adrien, inclinándose peligrosamente hacia ella.
--Yo no... yo... no... ¡basta! Me estáis poniendo nerviosa.
--Pues a mí me parece que tiene que besar bien --intervino Alya, pensativa--. Aunque yo, por supuesto, sigo quedándome con Carapace, ¿eh? --añadió enseguida al ver la mirada ceñuda de Nino--. Pero seguro que Chat noir podría enseñarte algunas cosas divertidas, ¿no crees, Marinette?
--Alya, lo que creo es que te mataré --susurró la azabache a su oído, apretando los puños.
--Pues a mí me parece que haríais buena pareja --aportó Adrien con aire inocente.
Había sido extraño «salvarla» ayer. Ni siquiera habría debido perder tiempo en eso; después de todo, tampoco era como si estuviera realmente en peligro, ni que fuera a pasar algo terrible si el poder del villano la afectaba. Lo hizo simplemente por instinto, y tal vez... tal vez también porque la idea de ver a su mejor amiga en medio de todo aquello, con algún otro chico, le resultaba terriblemente incómoda, por no decir insoportable.
Y luego la había llevado en brazos, y Marinette se había aferrado a él de aquella manera... el vértigo del movimiento, lo bien que sus cuerpos parecían acoplarse, el dulce calor de su aliento en el cuello. Estaba seguro de que ella tenía que haber escuchado claramente el salvaje retumbar de su corazón.
Y al dejarla a salvo en el suelo lo había envuelto una sensación de vacío que había atenazado su estómago, llevándolo a prolongar el contacto todo lo que había podido, sus manos abarcando la fina cintura de la chica, sus pulgares moviéndose casi por voluntad propia, dibujando un arco en el que sus garras llegaron a rozar la base de sus pechos. Y ella no había retrocedido, solo había suspirado, y juraría que lo había mirado con anhelo cuando había tenido que soltarla para volver a la pelea. Y ahora... ¿acaso acababa ella de ruborizarse, cuando sus propios dedos habían acariciado aquella misma zona al cruzar los brazos sobre su pecho? ¿Estaría recordando lo mismo que él?
El codazo disimulado que propinó Alya a Nino le hizo saber que quizás la intensidad de su miradaa la azabache, que sospechaba que ya tenía poco de inocente, lo estaba dejando en evidencia. Apartó la vista, azorado. ¿Qué demonios le estaba pasando?
Estaba a punto de excusarse y... ¿huir? cuando Marinette le quitó la palabra de la boca.
--Voy al baño.
--Yo... vaya, yo también. Pero al de chicos, claro --sonrió, incómodo.
--¿Pero qué les pasa a estos dos? --oyó mascullar a Nino mientras se alejaban.
Marinette prácticamente corrió hacia el servicio. Cerró la puerta con cuidado y se lavó la cara con agua fría, tratando de refrescarse y calmar sus alocados pensamientos. Tikki revoloteó junto a ella. La chica frunció el ceño. ¿Acaso la kwami se estaba riendo por lo bajo?
--Tikki, ¿tú sabes qué pasa? ¿Acaso el poder del Lucky charm no fue capaz de contrarrestar totalmente la influencia de Perverter?
--Bueno, Marinette; las mariquitas mágicas restauraron lo que identificaron como daños causados por el akuma... pero no olvides que nuestro poder tiene que ver con la creación, así que definitivamente estamos a favor del sexo, que no deja de ser una importante fuerza creadora. Habrán quedado residuos por aquí y por allá, pero a un nivel suficientemente bajo como para que los humanos no tengáis problema en controlaros. Solo puede que todo el mundo esté un poquito más nervioso durante algunos días.
--Osea, esto que siento... ¿no es real? ¿Es por culpa de ese akuma?
--No exactamente. Adrien tenía razón en lo que dijo: son sentimientos y sensaciones reales; solo que, en este momento, resulta un poco más difícil reprimirlas de lo habitual.
--¿Y por qué me afecta más con Chat noir que con el propio Adrien?
--Supongo que tu amor por Adrien tiene un componente más... platónico, mientras que la sensualidad de Chat noir está a flor de piel, por mucho que te esfuerces en ignorarla.
--Y eso quiere decir que... ¿me gustan los dos?
--O, por lo menos, que te atraen los dos.
--Pues espero por mi bien que ese gato tonto no se acerque a mí en unos cuantos kilómetros a la redonda durante los próximos días...
*
Tras finalizar la jornada en el instituto, Adrien continuaba nervioso, caminando de un lado a otro de su habitación como un animal enjaulado. Aquel maldito akuma... había resultado realmente duro concentrarse durante las clases, sin volverse continuamente a mirar a Marinette, sin recordar las sensaciones que lo habían embargado al tocarla. Meneó la cabeza, fastidiado, al pensar que no parecía tener suficiente con su obsesión con Ladybug; ahora parecía haberse hecho extensiva también a su mejor amiga.
Alya y ella se habían pasado la hora de química cuchicheando entre risillas. La morena comentaba su plan de invitar a Nino a su casa, donde podrían disfrutar de algo de intimidad. Y la azabache había dicho que sus padres también tenían planeado salir, pero que tendría que contentarse con aprovecharlo... ella solita. «A no ser que Chat noir decida hacerte una visita», rio Alya, juguetona. Y esas palabras... oh, esas palabras susurradas entre ambas, que desde luego él no habría debido escuchar, habían echado a volar su imaginación de una manera realmente inquietante.
--¿Y si me acerco a comprobar cómo está? --preguntó al aire.
--Hummm, sí, ya he notado que el ambiente sigue especialmente electrizado, repleto de energía de creación. ¿Acaso sueñas con acercarte hasta su balcón, a ver si con suerte te deja ayudarla a... canalizarla?
--No sé a qué te refieres --Adrien se cruzó de brazos.
--Me refiero a si quieres tener sexo con esa amiguita tuya --aclaró Plagg con impaciencia.
--¡Sí, eso ya lo entendí!
--Pues me dijiste que no, ¡por eso te lo explico más claramente!
--Me refiero a que no sé por qué dices que yo podría querer hacer... eso con mi mejor amiga.
--A ver, chaval, esta vez ni siquiera voy a molestarme en ponerte en evidencia. ¿No quieres intentar seducir a tu amiguita? Pues déjame un buen plato de queso a mi alcance, enciérrate en el baño y date una ducha fría, o haz lo que tengas que hacer tú solo. ¿Quieres transformarte y que vayamos a dar una vuelta hasta su balcón? Pues por un módico soborno en forma de... lo has acertado, ¡de queso!, puedes contar con mi complicidad y mi silencio.
--Plagg...
--¿Qué?
--Garras fuera.
*
Marinette terminó de ducharse y sacudió su cabello empapado con fuerza, salpicándolo todo de una lluvia de gotas minúsculas. Vestida solo con sus braguitas, y envuelta en una suave toalla rosa, se encaminó hacia su habitación.
Exhaló un suspiro pensativo al encontrarse con su propio reflejo en el espejo de su tocador. Dejó caer la toalla y observó su cuerpo evaluativamente, pasando los dedos por su contorno, por su vientre, por sus pechos. Es cierto que era menuda y delgada, pero su piel era suave, y su carne, firme. Si Chat noir pudiera verla así, ¿la encontraría atractiva? ¿La... desearía? Sus pezones sonrosados se endurecieron al rozarlos con las yemas de los dedos. ¿Sería tan malo pensar un poquito en él mientras se tocaba? En respuesta a sus elucubraciones, sintió un agradable estremecimiento y una oleada de intensa calidez que casi la dejó sin resuello.
Sus manos se movieron con sensualidad sobre su piel, y se contoneó al ritmo de una música imaginaria, jugando con la loca idea de moverse para él, fantaseando acerca de sus profundos ojos verdes recorriéndola con deseo. ¿Cómo sería sentir sus garras sobre su delicada piel?
Sus dedos recorrían ya el borde de la única prenda que le quedaba, comenzando a introducirse bajo la fina tela, cuando un ligero ruido la sobresaltó. Al girar la cabeza, le pareció intuir una sombra. ¿Acaso era posible que aquel gato descarado realmente estuviera allí, observándola? Recogió la toalla de un tirón, se cubrió y se dirigió hacia la ventana deprisa, andando con pasos firmes, dispuesta a borrar la sonrisa con la que imaginaba que la recibiría, y a gritarle bien clarito su indignación.
--¿Se puede saber qué demonios...?
Las palabras murieron en su garganta. Al abrir la trampila y asomarse, solamente la recibió una vaharada de aire cálido y el canto de algún grillo lejano; no había nadie allí. Miró hacia ambos lados, con una extraña sensación en la boca del estómago. Debería sentirse aliviada tras descartar aquella invasión de su intimidad que había imaginado, y sin embargo estaba... ¿decepcionada?
Tenía que reconocer que, en el fondo, había una parte de ella que había deseado que Chat noir estuviera allí. Que hubiera pasado las horas pensando tanto en ella como ella lo había hecho en él. Que hubiera acudido a su balcón para hablar un rato, y al encontrarla de aquella manera hubiera sido incapaz de apartar la mirada. Que su cuerpo desnudo le hubiera resultado excitante, y que al pillarlo y reprenderlo con enfado él se hubiera disculpado con vehemencia, parloteando, nervioso, hasta que ella hubiera tenido que sellar sus labios con un beso espontáneo y apasionado. Y que después fueran las manos del héroe las que la recorrieran, llenándola de escalofríos, haciéndola gemir.
Pero él... no estaba.
