Ladybug ya estaba esperándolo en la azotea en la que habían quedado encontrarse cuando Chat llegó. Sentada en la baranda, le daba la espalda, su estilizada silueta recortada contra la cálida luz de las farolas que alumbraban la calle. Supo que se había percatado de su presencia porque sus hombros se tensaron casi imperceptiblemente cuando aterrizó tras ella. Pero no se giró.

Avanzó para colocarse junto a la chica, apoyándose en la barandilla para contemplar lo que fuera que ella estuviera mirando, absorta. La calle estaba vacía, así que estudió su rostro grave tratando de comprender su actitud. ¿Por qué no lo saludaba como siempre? ¿Qué estaba ocurriendo allí?

--Buenas noches, Ladybug. Te veo muy seria hoy.

Ella se volvió hacia él y le dedicó una mirada gélida.

--¿Tienes algo que contarme, Chat noir?

--Por eso te he pedido que vinieras --estudió su semblante, deteniéndose en su ceño fruncido bajo el antifaz, desconcertado por la tensión que percibía entre los dos--. ¿Te ocurre algo?

--Tal vez.

--Puedes contarme tú primero, si lo deseas --probó, conciliador

--Te vi, Chat --bufó ella con expresión dolida.

--¿Me viste? --preguntó él, sorprendido, sin entender bien a qué se refería.

--Ayer.

--Claro. Derrotamos a Perverter juntos --se encogió de hombros.

--Pues parece que tú no tuviste suficiente con la orgía que él organizó --lo señaló, acusadora--, y te buscaste tu propia... fiesta privada.

Chat tragó saliva, apabullado. ¿A qué demonios venía aquello? Sin duda, la conversación no discurría por los derroteros que había imaginado.

--Te vi entrar en su habitación --continuó ella--. Y no sabía qué pasaba, o si había algún problema. Tardabas mucho, ¡y yo estaba preocupada por ti! Así que me acerqué a la ventana... y allí estabas. Muy entretenido. Entre sus piernas.

Chat abrió y cerró la boca varias veces antes de acertar a articular palabra alguna. Ella lo había visto con Marinette. Y ahora parecía estar muy cabreada. ¿Por qué la mujeres tenían que ser tan complicadas?

--De acuerdo, estuve con una chica. Con MI chica --subrayó, pensando en lo bien que le sonaba eso--. Pero no sé por qué eso debería molestarte a ti. Siento haberte preocupado, pero no tienes derecho a pedirme explicaciones. Sin embargo, quise quedar contigo, y realmente estaba dispuesto a dártelas. Lo que no me esperaba era que me recibieras así --se revolvió, molesto.

--¿Que no tengo derecho a pedirte explicaciones? ¿Cuánto tiempo llevas diciéndome que me quieres, Chat? --estalló ella--. ¡Se suponía que esperaríamos a poder aclarar las cosas cuando derrotáramos al maldito Lepidóptero! Y luego basta con que esa pequeña zorra menee su culo frente a ti para que te olvides de todo eso... ¡para que te olvides de mí!

--No te atrevas a volver a insultarla de esa manera --le espetó él con seriedad--. No sé que te pasa, pero no te reconozco. ¡Me has rechazado cien veces! Y ahora que logro pasar página, y que hay otra chica en mi vida que merece la pena... ¿reaccionas así? ¡Es para volverse loco!

--¿Acaso vas a decirme que la quieres? --se burló ella--. Porque esas palabras parecen tener muy poco valor cuando salen de tus labios.

Él se pasó la mano por su cabello con rabia, tremendamente dolido. Tenía que reconducir aquello. ¿Pero cómo?

--No sabía que era importante para ti, Ladybug. Nunca me lo diste a entender --pasó el dorso de la mano por su frente, luchando por mantener la compostura--. Quiero seguir contando con tu amistad, ¿de acuerdo? Siento si no nos hemos entendido, y siento si te he hecho daño. No quiero que esto nos afecte como compañeros de batalla --hizo una pausa, sin saber muy bien qué añadir--. ¿Quieres que sigamos hablando ahora, o prefieres que nos encontremos otro día y continuemos con más calma?

--Vaya, Chat. Qué madurez, qué saber estar. Estoy impresionada --su tono seguía siendo hiriente, irónico--. ¿O es, más bien, que no ves el momento de regresar a jugar con tu nueva amiguita?

El chico bufó, desesperado.

--Es imposible hablar contigo, Milady.

--Es que no quiero que me digas nada --se acercó hasta quedar a dos centímetros escasos de su rostro--. Lo que quiero es tenerte para mí --susurró, seductora.

--¿Para... ti?

--Reconócelo; ¿no pensaste al menos un poquito en mí mientras te la follabas a ella, Chat?

--Para, Ladybug. No sé qué crees que estás haciendo, pero deja de hacerlo ya, por favor.

--Vamos... sabes que me deseas --buscó sus labios con su boca, y él no se apartó, pero tampoco respondió--. Vamos, Chat... tu amiguita no tiene por qué enterarse de esto.

--Pero lo sabré yo. Y eso es suficiente --aseguró, apretando los puños.

Ella se apartó, irritada, y se cruzó de brazos frente a él.

--Sabes que no soporto perder.

--¡Esto no es un juego, maldita sea!

--Un juego no. Una apuesta --volvió a acercarse para hablar suavemente a su oído--. Me juego lo que quieras a que, antes de que acabe esta noche, estaré desnuda para ti. Te apuesto lo que te atrevas a arriesgar que mis labios recorrerán tu cuerpo hasta hacerte enloquecer, hasta que tu sabor llene mi boca. Y luego... ¿cómo te apetecería hacérmelo, Chat? ¿Lento... o fuerte?

Él apretó los puños de tal manera que sus propias garras se clavaron en las palmas de sus manos, hiriéndolas. ¿Qué maldita broma era aquella? Llevaba tanto tiempo soñando con ella, y ahora, cuando se había rendido, cuando se había decidido a entregarse en cuerpo y alma a otra chica, tenía que escuchar aquellas palabras.

Su corazón martilleaba en su pecho. Quería callar su boca a besos, tomar lo que le ofrecía, grabar a fuego su tacto en su piel. Su cuerpo reaccionaba, traicionero, a sus promesas; si lo dejaba elegir, desde luego no sería suave, ni lento.

Cerró los ojos con fuerza, maldiciendo su suerte, imaginando las carcajadas de los dioses del caos al contemplarlo ahora así. Repitió el nombre de Marinette en su mente como un mantra al que aferrarse, pero la voz de Ladybug se imponía, resonando en sus oídos como el canto de una sirena. Estaba a un solo paso de caer. Un paso muy pequeño.

Así que se dio la vuelta, y se largó de allí.

Escuchó como ella soltaba todo el aire de golpe, y el sonido de sus pasos apresurados tras él. «No, no, no... concéntrate, Chat noir, no hagas nada de lo que después tengas que arrepentirte». No se volvió.

--Espera --le pidió ella, intentando abrazarse a su espalda--. No te vayas, por favor.

Se detuvo de golpe. El tono había cambiado, dulcificándose. Eso le sorprendió; era difícil jugar a aquel juego del que no conocía ni las reglas, ni el tablero. Pero algo le dijo que había ganado.

--Lo siento, Chat. Realmente esto se me fue de las manos --continuó ella, arrepentida.

Se dio la vuelta y ella se refugió entre sus brazos.

--Milady...

--¿Podrás perdonarme, Chat? Me he portado fatal. Al principio solo quería asegurarme de que tus sentimientos por ella eran reales, y estaba dispuesta a dar un paso atrás si me lo demostrabas. Pero me pudo el orgullo, y dejé de pensar con claridad: solo quería ganar, y no reparé en lo que rompería por el camino.

--No te preocupes. Supongo que toda esta electricidad flotando en el aire nos tiene a todos un poco trastornados. Olvidemos lo que ha ocurrido, ¿de acuerdo? Empecemos otra vez la conversación --sonrió, ladino--. Te prometo que no le diré a nadie que perdiste nuestra apuesta.

Ella le propinó un puñetazo amistoso, y tomó aire para hablar.

--Chat noir, realmente me alegro por ti. Por vosotros --dijo, con expresión contrita.

--Gracias, bichito. También quiero que sepas que tú sigues siendo tremendamente importante para mí. Y eso no va a cambiar; no va a cambiar nunca.

--Entonces, ¿me perdonas?

Él la abrazó con ternura, esforzándose por ignorar el inadecuado cosquilleo que lo recorría al estrechar su cuerpo.

--Claro que te perdono.

--Pero es que... --lo miró de frente--. Es que todavía no sabes lo peor.

--¿Lo peor? --se atragantó él, frunciendo el ceño. No era posible que ella se hubiera atrevido a acercarse a Marinette para molestarla de alguna manera, ¿verdad?

La chica se apartó un poco, sin soltar sus manos.

--¿Puedes cerrar los ojos un momento, por favor? --le pidió.

Él obedeció, aun sin entender nada, y lo que escuchó a continuación hizo que su estómago diera un vuelco:

--Puntos fuera.

Abrió los ojos antes incluso de que el resplandor rosado hubiera terminado de disiparse. Una exclamación de sorpresa, un paso atrás, y un dolor intenso en el trasero tras caer al suelo de la impresión.

--¡Chat! ¿Estás bien, gatito?

--¡Marinette! ¿Qué...?

Se recostó hacia atrás, clavando su mirada en el cielo nocturno, los ojos como platos. La silueta de la chica se recortó enseguida sobre él, y cuando fue capaz de fijar la vista encontró verdadera preocupación en su rostro. Se incorporó para encararla, y su brusco movimiento la hizo caer de manera que quedó a horcajadas sobre él, frente a frente, muy cerca. Poco a poco, el shock fue dejando paso a la indignación. ¿Cómo había sido ella capaz de ponerlo en una situación así?

--Pero... ¿acaso pretendías matarme? ¿Qué demonios fue eso, una maldita prueba? --gritó--. ¿Esto es todo lo que confiabas en mí?

--¿Una prueba? ¡No! ¿Sí? No lo sé... --confesó ella, agobiada.

--¿Puedes intentar explicármelo un pelín mejor, Marinette? Despacito, para que pueda entenderte.

--Yo... ¿Lo siento?

--Te escucho.

--Es que es difícil de explicar...

--Tenemos tiempo.

--Verás... realmente, no podía evitar sentirme un poco insegura con todo lo que nos está pasando. Y luego estaba aquí sentada, esperando a que llegaras, y empecé a darme cuenta de que no solo me sentía celosa de Ladybug como Marinette, sino también de Marinette como Ladybug. Sé que es absurdo, pero me sentí traicionada. Y, como te dije antes, la situación simplemente se me fue de las manos.

--Ya, me di cuenta. «¿Esa pequeña zorra?» «¿Tu nueva amiguita?»

--Ejem, me temo que tiendo a sobreactuar cuando estoy nerviosa. ¿Sigues muy, muy enfadado?

La chica colocó sus manos a ambos lados de su rostro, y Chat no pudo evitar perderse en sus ojos. Empezaba a caer en la cuenta del verdadero alcance de la situación: su amiga, su amante, su compañera; las dos chicas con las que había soñado eran, en realidad, la misma persona. Y ahora podrían compartirlo todo: la lucha contra Lepidóptero, y su vida cotidiana.

--Ya un poco menos --concedió--. Empiezo a darme cuenta de que puedo quedarme con tus dos mitades, de que no es necesario renunciar a ninguna de ellas. Y eso me hace tremendamente feliz.

--¿Eso significa que me sigues queriendo?

--Con toda mi alma, Marinette.

La azabache suspiró aliviada, y luego jadeó sorprendida cuando él se lanzó a besar sus labios con fuerza, aferrando sus caderas y haciéndola rodar para colocarse encima de ella.

--Y ahora, después de todo lo que me dijiste hace un rato... creo que tú y yo tenemos una cuenta pendiente, señorita --exigió, con la voz llena de deseo.

--Tienes toda la razón --murmuró ella, dedicándole una sonrisa lobuna--. Todavía tengo que ganar una apuesta.

FIN


Y aquí acaba esta pequeña historia salpicada de electricidad. ¡Espero que la hayáis disfrutado!

A partir de la semana que viene empezaré a subir "Trois couples". Son diez capítulos más bien largos, así que trataré de actualizar dos veces por semana para que me de tiempo de repasarlos y corregirlos.

¡Hasta pronto!

Butercup