Disclaimer: Naruto no me pertenece. Todos los personajes de esta historia son propiedad de Masashi Kishimoto. El título de la historia ha sido sacado de un poema de Mario Benedetti llamado "No te salves".

Advertencias: Lenguaje explícito, comportamientos erráticos, posible mención a drogas, narración deficiente. AU. Lime. Más OOC del que me gustaría. Es una historia oscura (bastante).

Importante: Siempre me he preguntado qué pasaría si Sasuke y Naruto intercambiaran papeles, es precisamente lo que intenté en esta historia. Juego con las personalidades de ambos, aunque intento mantener su esencia.

No te salves

I

No te pienses sin sangre

Esa noche, cuando Sasuke ve a Naruto después de tantos años, siente un nudo en la garganta que cada vez se hace más denso y tangible, cerrándose en torno a su tráquea de una forma casi cruel. No puede creer que ese sea él.

Sasuke siempre ha considerado a Naruto como una persona brillante, tal vez demasiado optimista y tan amable que podría entrar con facilidad en la categoría de idiota. Sus sonrisas cálidas y su espíritu ardiente eran capaces derretir al Ártico entero, como si compitiera con los gases del efecto invernadero. Naruto era carcajadas ruidosas e irritantes, era ojos que te abrazaban el alma y puños que lograban desestabilidad tu fuerza de voluntad. Era un enigma que rara vez podía descifrar y le aterraba, especialmente porque hacía que su pecho se hinchara con un sentimiento inexplicable. Sin embargo, esa figura que está frente a él parece ser una triste mueca de sus recuerdos. Tan diferente a aquel niño impertinente y torpe que había dejado atrás hace tantos años. Al principio no lo reconoce, pero cuando distingue esos ojos inconfundiblemente azules, ese cabello de oro y la sonrisa ladina que dirige al muchacho que atiende la barra del bar, se siente aturdido.

—¿Naruto…? — Murmura, haciendo el ademán de acercarse, pero cuando el áureo levanta el rostro y fija su mirada implacable en él, se detiene al instante.

Nunca había contemplado un gesto de esa índole en el rubio revoltoso y entusiasta que se aferra a sus recuerdos con las garras que desforman su determinación. Su pupila vacua no lo enfoca y sus irises, que una vez fueron de un azul tan intenso que incluso el océano sentiría envidia de él, ahora muestran un color añil opaco, sin vida. Por primera vez en su vida se siente desconcertado y no sabe qué esperar, especialmente cuando esos ojos que hace años se iluminaban con determinación en su presencia, parecen no reconocerlo.

Observa como el muchacho rubio toma la cerveza que acaba de pedir de la barra con un gesto perezoso y se da la vuelta sin volver a mirarlo, desapareciendo entre las personas que esa noche han acudido a ese lugar para deshacerse de la irremediable fatiga que trae consigo la rutina.

—¿Qué coño…? — Masculla, mostrando una auténtica incredulidad.

Sasuke no sabe cómo reaccionar. Es plenamente consciente de que, cuando se fue, la relación con Naruto quedó hecha polvo, pero joder, que es Naruto. Lo conoce, sabe que es la persona más terca y decidida con la que se ha topado en su vida, que nunca se rinde, incluso cuando todo sale mal y todo parece estar perdido, él siempre logra sobrellevarlo. Sonríe, a pesar de que cada golpe que recibe duele, que está sangrando, que se siente morir. Siempre vuelve a comenzar, asegurando que todo va a salir bien. Así es como lo recuerda, un mocoso imprudente e insoportable que quiere salvar a todos. Que quiso salvarlo a él.

Lo recuerda, la tarde en la que tomó el tren para irse de la ciudad, incluso puede percibir nuevamente cómo el frío de otoño le calaba hasta los huesos (¿o era solo la certeza de que estaba cometiendo un error?). Naruto fue la única persona que lo siguió hasta la estación, acusándolo de cobarde con la voz rasgada debido al esfuerzo que le producía retener las lágrimas. Nunca se ha permitido olvidarlo del todo.

—Eh, Sasuke —La voz de Suigetsu lo trae de vuelta a la realidad. Este le dirige una mirada extraña que no puede descifrar.

—¿Qué quieres? —Su respuesta se escucha mucho más fría de lo que pretendía en un principio, pero no vacila al fijar sus ojos color ónice en los contrarios.

—Es sobre el rubio —Comenta, mostrando cierta incomodidad que los sentidos afilados de Sasuke no pasan por alto —Eh… No te lo había dicho antes porque no creí que estaría aquí esta noche. Además, acabas de volver y no quería arruinar tu humor, que de por sí es volátil…

—Habla de una puta vez, imbécil — le espeta, perdiendo la paciencia.

El joven de hebras grises parece vacilar un instante, como si estuviera ordenando en su cerebro las palabras que va a emplear. Sasuke frunce el ceño, visiblemente irritado.

—No es nada de lo que recuerdas —dice finalmente, simplificando toda la situación en esa vaga oración después de algunos segundos de meditación.

—¿Qué quieres decir? —pregunta, sintiendo como un sentimiento completamente desconocido comienza a burbujear en el centro de su cuerpo. De pronto, parece experimentar una sensación de auténtica incomodidad.

—No deberías acercarte a él — dice distraídamente Suigetsu sin mirarlo mientras con pasos lentos se dirige a la barra del bar.

Sasuke es capaz de percibir el extraño tinte de advertencia en el tono de voz desenfadado de Suigetsu, a pesar de que este intenta ocultarlo. Por primera vez en su vida se siente fuera de lugar, puede sentir la presencia de Karin a sus espaldas y la mirada penetrante de Juugo desde su costado derecho, sin embargo, no vuelve a preguntar. Se limita a continuar su camino para alcanzar a Suigetsu, quién ya se encuentra pidiendo bebidas para todos y mantiene una conversación amena con el joven que atiende la barra. Sasuke percibe esa aura de familiaridad que tienen todos y supone que no es la primera vez que visitan ese local.

—Así que tú eres el famoso Uchiha —Menciona el joven de piel pálida casi enfermiza y cabellos brunos que atiende la barra. A Sasuke no le gusta nada la sonrisa que le dirige y no se molesta en disimularlo — Estos tres me han hablado mucho de ti las últimas semanas. Estaban muy emocionados con tu regreso.

Sasuke suelta un bufido.

—Déjalo ya, Sai —reconoce la voz de Karin, pues se alza por sobre la música que hace retumbar las paredes del bar. Cree reconocer el género de la banda que toca en ese momento, tal vez es algo de grunge.

El muchacho de sonrisa inquietante se limitó a soltar una risita ligera, mientras se alejaba del lugar para atender a otros clientes.

No puede asegurarlo, pero hay algo en la sonrisa de ese sujeto que le inquieta. Como si supiera algo que él ignora. Y no se puede deshacer de esa sensación de inquietud que parece perforarle el pecho de forma punzante, ni siquiera cuando Karin lo sujeta del brazo con firmeza, arrastrándolo a la pista de baile.

Se siente asfixiado cuando la muchacha de cabellera rojiza comienza a contonear las caderas al ritmo de la música y una masa de cuerpos pegajosos lo rodean, aprisionándolo en un espacio demasiado pequeño. La oscuridad se cierne sobre él, a pesar de que esta es interrumpida por la secuencia de luces de colores que crean un patrón entorno a los cuerpos desinhibidos que parecen ignorar todo a su alrededor. Azul, rojo, verde, lila, azul, rojo, verde, lila, ve el rostro de la muchacha que le dirige sonrisas fugaces que se pierden en los colores azul, rojo, verde, lila. Distingue a Suigetsu cuando se acerca a bailar junto a ellos con una cerveza en la mano, se acerca a Karin y le dice algo en el oído que no alcanza a escuchar, pero que hace que ella le dirija una mirada de preocupación que no logra entender.

Quiere salir de ahí, ellos saben que detesta ese tipo de lugares y que solo ha accedido a asistir porque se lo suplicaron, porque tenía poco más de tres años sin verlos. Sin embargo, cuando está a punto de darse la vuelta y huir, distingue la cabellera dorada entre la multitud de personas.

Recuerda, entonces, esos ojos de un brillante azul océano y esa sonrisa deslumbrante que solía cegarlo cuando estaba junto a él. Pero no es eso lo que ve, porque Naruto tiene una sonrisa tonta en los labios y la mirada perdida, avanza entre el mar de personas que bailan con movimientos erráticos empujadas por los efectos del alcohol. No obstante, no es eso lo que lo desconcierta, sino el hecho de que está sosteniendo la mano de alguien más.

Sin premeditación alguna, comienza a seguirlo antes de que desaparezca de su campo visual, apartando a las personas con movimientos bruscos e ignorando las miradas lascivas que le dirigen algunas chicas. Cuando finalmente sale de la pista de baile y logra caminar en la parte posterior del bar, ya no hay rastro de la cabellera rubia. Frunce el ceño, manifestando su disgusto y se dirige hacia el pequeño y oscuro pasillo que conduce a los baños.

Nunca se esperó encontrar una escena como esa.

Naruto está contra la pared y un hombre de cabellos casi blancos lo sostiene de las caderas, mientras su rostro se encuentra completamente hundido en su cuello. Pese a que el sonido de la música aún es lo suficientemente fuerte como para retumbar en sus oídos, los gemidos del rubio hacen eco en el pequeño espacio. Puede ver su rostro a la perfección desde el ángulo en el que se mantiene, justo frente a los dos cuerpos que parecen ajenos a su presencia. Distingue la boca entre abierta del rubio, sus ojos cerrados y sus labios enrojecidos e hinchados. Las manos que anteriormente se encontraban aferradas a sus caderas descienden hasta llegar a la bragueta de su pantalón y el hombre que lo aprisiona contra la pared emite un gruñido de impaciencia.

—Joder, ya estás duro — escucha que dice, a pesar que su voz es amortiguada por la piel dorada del rubio debido a la posición que mantiene, ocultando su rostro en el hueco que se forma entre la mandíbula y la clavícula — Eres una puta.

La risa despiadada del rubio le hiela la sangre. Cuando abre los ojos, sus pupilas se fijan en él y esta vez, lo reconocen. Sus ojos se encuentran y un sentimiento que no reconoce brilla en esos irises añiles. Naruto no se muestra sorprendido de verlo en ese lugar.

—Apúrate y fóllame de una vez — su voz es inesperadamente ronca, mucho más grave de lo que recuerda — No estoy de humor para tus estupideces, Kimimaro.

Mientras pronuncia esas palabras, no despega su mirada de los incrédulos ojos ónices. Su sonrisa se ensancha, pero ya no es cálida, ni ilumina el lugar. Es sórdida, cruel y aterradora, tan ajena y desconocida que por primera vez se cuestiona si realmente la persona frente a él es Naruto.

Una sensación de vértigo hace estremecer a su estómago y siente el sabor de la bilis que asciende por su garganta cuando, tras algunos segundos en los que ambas personas frente a él luchaban con los cinturones de sus pantalones, con cierres y botones, escucha los gemidos guturales de Naruto, quién en ningún momento aparta su mirada. Puede distinguir un brillo de burla en su pupila imposiblemente oscura. El azul de sus ojos ya no es un mar en calma, sino un océano turbulento que promete consumirlo desde la profundidad de sus entrañas. Cree ver que un destello rojo aparece de forma efímera en los ojos que lo observan desde el otro lado del pasillo, brillando en la oscuridad matizada por las luces trémulas del bar que siguen manteniendo la misma secuencia azul, rojo, verde, lila. Se siente vulnerable y perdido, el sonido de los gemidos parece destrozarle los tímpanos y la mirada impertérrita no flaquea ni una vez. No puede apartar la vista de los movimientos ondulantes de ambos cuerpos, sin embargo, no logra controlar el dolor hueco que se aferra al centro de su cuerpo cuando reconoce los sonidos obscenamente húmedos que parecen intensificarse a cada segundo. Las pupilas que lo observan desde la oscuridad se han dilatado y parece eclipsar todo a su alrededor, el iris apenas es un aro delgado y azul que parece sostener la oscuridad que quiere consumirlo. No deja de dirigirle esa sonrisa casi inhumana, ni siquiera cuando el orgasmo parece azotar su cuerpo con una violencia galopante que casi lo hace desplomarse sobre el cuerpo contrario, provocando un grito grave por parte del áureo, que es engullido por el sonido de la música y la completa ausencia de luz que ahora reina en el pasillo.

Tras algunos segundos en los que ambas personas intentan recuperar la respiración, Sasuke parece reaccionar. Siente los músculos engarrotados debido a la tensión que permaneció en su cuerpo hasta ese momento y una arcada lo hace consciente de su situación. Se siente enfermo, confundido e inexplicablemente aterrado. Cuando percibe el movimiento frente a él y escucha el sonido de las ropas chocando contra unas contra otras, decide darse la vuelta y dirigirse hacia los servicios sanitarios, caminando con dificultad a pesar de que no ha consumido casi nada de alcohol. Una vez dentro deja caer su peso sobre el lavabo y con manos trémulas comienza a lavarse la cara una y otra vez, frotándose los ojos con movimientos bruscos y repetitivos, como si así pudiese borrar las imágenes que se quedaron grabadas en su retina adolorida.

En ese instante, escucha la puerta del servicio siendo abierta y, cuando alza la mirada, puede ver el rostro de Naruto a través del espejo, que lo observa con una sonrisa de burla en los labios. Siente que un escalofrío asciende por cada vértebra de su columna cuando sus ojos se encuentran.

—Sasuke —su voz es apenas un susurro, pero distingue un tono lascivo en ella— No esperaba que volvieras.

El muchacho de cabellos brunos no responde, pero su mirada permanece fija en el espejo, en esos ojos que ya no logra reconocer.

—¿Te gustó el espectáculo? —pregunta con voz aterciopelada, mientras se acerca con pasos lentos a su cuerpo. En el momento en que el pecho de Naruto está completamente pegado a su espalda, siente como el pulso se acelera en sus venas. Los labios del rubio se acercan a su oreja y deja una pequeña mordida en el lóbulo — Lo hice especialmente para ti — susurra con voz ronca.

Aunque lo intenta ocultar, Naruto puede reconocer el casi imperceptible estremecimiento que recorre el cuerpo del pelinegro en respuesta a sus acciones. Este simplemente ensancha su sonrisa, logrando desformar las facciones de su rostro de una forma perturbadora. La bombilla del baño oscila peligrosamente y las sombras se aferran al rostro del rubio, proporcionándole un aspecto lóbrego que hace que Sasuke cada vez se sienta más nervioso

—¿Me extrañaste? —pregunta, aunque esta vez puede reconocer un brillo peligroso en el fondo de sus pupilas — Porque yo sí, Sasukeeehm —pronuncia en un gemido bajito que le eriza el vello de la nuca.

—¿Qué…? —su voz apenas es un murmullo ronco y es incapaz de hilar las palabras apropiadamente para formar una oración. Se siente impotente y frustrado, especialmente porque el miedo que se atenaza en su estómago de forma dolorosa le impide pensar con lucidez — ¿Qué pasó contigo?

Naruto sonríe. Y es una sonrisa horrible e impía que hace que sus entrañas se encojan de una forma desagradable. Es falsa y no llega a sus ojos, que parecen dos abismos interminables que terminarán por devorarlo.

Se sorprende a sí mismo suplicando porque la respuesta a su pregunta no llegue nunca. No quiere saber. No es capaz de soportarlo. La presión en su pecho se acentúa y su respiración se vuelve irregular, es completamente consciente de las manos de Naruto recorriendo sus costados en suaves caricias que parecen quemarle la piel, que arden y dejan un rastro de dolor que no demuestra en sus facciones impasibles.

—Espero que nunca más volvamos a coincidir —susurra, esta vez con un tono de voz cargado de veneno — Porque si te vuelves a acercar a mí, bastardo, te voy a joder tanto que me suplicarás que te mate —escupe y sus palabras son agujas que se entierran en el centro del pecho de Sasuke, que escuecen de una forma agonizante — No voy a tener compasión contigo.

Sasuke distingue la determinación que siempre caracterizó a Naruto brillando en esos ojos que ahora son impenetrables y es plenamente consciente de que sus palabras son ciertas. Sabe que es una promesa. Y, tal vez, se siente atemorizado.

N/A: Vale, es una historia poco comprensible y muy rara. La verdad es que llevaba demasiado tiempo rondando en mi cabeza y he acabado con esto, pero no se puede esperar mucho de alguien que idolatra a escritores como Cortázar. No me termina de gustar, pero la verdad es que si sigo cambiándolo acabará perdiendo su esencia. Me gusta la ambigüedad. Está pensado como un three shot, pero honestamente aún no la he construido del todo. Las ideas están ahí, tal vez lo complete alguna vez, entonces queda en un "¿Continuará…?". Besitos.