II

No puedes evitarlo

Aquella mañana cuando Sasuke despierta, se siente desorientado. Experimenta una desagradable sensación de vértigo en el estómago que lo hace desear con todas sus fuerzas volver a la dulce inconsciencia que otorga el sueño, sin embargo, no puede escapar de la realidad esta vez.

El dolor de cabeza hace que salga de la cama, cuyas sábanas frías complementan la sensación de vacío que se incremente en el centro de sus entrañas. Puede escuchar algunas voces cuyo sonido llega amortiguado hasta sus oídos a través de las paredes, impidiéndole que distinga a las personas que supone se encuentran en la habitación contigua. Frunce el ceño, intentando recordar lo ocurrido el día anterior, pero el dolor de cabeza que parece taladrarle desde el interior le impide pensar con claridad, por lo que simplemente se limita a dirigirse a la puerta.

—¿Ya has despertado? —la voz de Suigetsu es lo primero que escucha al salir de la habitación. Este le dirige una mirada divertida desde el sofá de la sala.

Sasuke ignora olímpicamente la pregunta y camina directamente al baño, reconociendo finalmente que se encuentran en el departamento de Juugo, pues este se ha mantenido igual en esos últimos cinco años. Una vez dentro, se limita a lavarse el rostro, intentando aliviar el incómodo sentimiento de pesadez en el interior de su cráneo, aunque no lo logra. Cuando finalmente levanta la mirada, un joven totalmente diferente lo observa fijamente desde el espejo y es en ese instante que recuerda esos ojos impertérritos y glaciares que parecían querer destrozarlo. El pulso se acelera en sus venas de inmediato cuando las imágenes de la noche anterior acuden a su mente en forma de ráfagas, haciéndolo sentir aturdido y aterrado, como pocas veces había estado en su vida. No sabe qué ha ocurrido, se siente confundido y no entiende por qué no es capaz de reconocer a Naruto. No es nada de lo recuerda, justo como Suigetsu le había advertido.

Cuando sale del baño, es Karin quién lo recibe con una sonrisa conciliadora, instándolo a sentarse en el sofá en el que Suigetsu permanece recostado con el mando del televisor en la mano, pasando canales con una extraña expresión en el rostro.

—Juugo ha salido a comprar algo para comer —explica en tono monótono el joven de hebras grises, mientras le dirige una fugaz mirada de reojo — No sé qué coño consumiste ayer, pero te pusiste muy raro. Creí que no te gustaba beber.

Sasuke le dirige una mirada de confusión, sin embargo, Suigetsu no se inmuta y continúa pasando los canales, mientras escucha movimiento justo a sus espaldas que parece provenir de la cocina. Supone que Karin se encuentra cocinando. De pronto, la mano del joven junto a él se congela en el mando y solo escucha la voz de una conductora de algún canal de noticias.

—¡Karin! ¡Ven rápido! —el grito de Suigetsu se escucha estrangulado y, nuevamente, siente un extraño sabor amargo en el paladar. La muchacha pelirroja entra corriendo a la estancia, lleva puesto un delantal y algunos utensilios de cocina en las manos.

—¿Qué pasó?

—Es Hebi —masculla, aumentando el volumen de lo que parece ser una noticia. En ese instante distingue la fachada del bar en el que habían estado la noche anterior y comienza a sentirse inexplicablemente mareado.

Esta mañana la policía se ha presentado en el famoso local nocturno conocido como Hebi tras la llamada de algunos empleados. El personal ha encontrado el cuerpo desmembrado de un hombre joven que, aparentemente, había acudido al lugar con un grupo grande, sin embargo, todos se habían ido al momento del hallazgo — mientras la mujer hablaba, una serie de imágenes con patrullas de policía y ambulancias fuera de dicho bar se presentaban en la televisión. El cuerpo (o lo que quedaba de él) se encontraba cubierto por una bolsa negra — Las autoridades aún no manejan suficiente información acerca del presunto asesinato, pero han encontrado la identificación del hombre junto a él. Se llamaba Kimimaro Kaguya y se estima que es uno de los involucrados en los delitos del pasado mes, donde dos menores de edad resultaron heridos tras el asalto a un banco. Esperamos que la policía pueda otorgarnos más información luego de la autopsia del cuerpo…

—¡Joder! —el chillido de Karin le taladra los oídos e incrementa su dolor de cabeza — ¡¿Qué coño?! ¡¿En qué momento pasó eso?! Cuando nos vinimos todo estaba bien.

—Tenemos que llamar a Sai —masculla Suigetsu, al mismo tiempo que apaga la televisión— Estoy seguro que esos imbéciles de Akatsuki están involucrados. Ayer vi a algunos rondando dentro del bar.

Mientras Suigetsu y Karin continúan intercambiando algunas palabras, Sasuke simplemente se mantiene estático en su lugar, con la mirada perdida en el punto donde anteriormente la mujer se encontraba dando la información del atroz asesinato que se ha presentado en el local en el que él ha estado la noche anterior. Un nudo en el centro de la garganta se fue formando mientras los segundos transcurren y el dolor de cabeza solo consigue incrementarse, la conversación entre ambos muchachos junto a él no se ha detenido, pero él ya no puede escuchar. Ese hombre es el que ha visto con Naruto en el pasillo que conducía a los baños, apenas pudo distinguir su rostro, pero recuerda con bastante nitidez la forma en la que el rubio gemía su nombre. Otra vez es atacado por las mismas náuseas del día anterior y, en esta oportunidad, no puede evitar levantarse con movimientos erráticos del mueble y dirigirse, con pasos apresurados, al baño, lugar en donde vierte todo el contenido de su estómago en el interior del retrete. Inmediatamente después, escucha las voces alarmadas de Karin y Suigetsu detrás de él.

—¡Sasuke! ¿Estás bien? ¿Qué tienes? — la preocupación en el tono de voz de Karin no hace más que aumentar el estado de aturdimiento en el que se encuentra, sintiéndose cada vez más enfermo. Otra arcada azota su cuerpo y esta vez es el sabor de la bilis que asciende a través de su garganta.

—Hey, Sasuke, ¿qué tienes? —de un empujón, Suigetsu aparta a Karin del camino, quién permanece histérica en el umbral de la puerta.

El muchacho de hebras grises se inclina y aparta el cabello de su rostro, ahora empapado en sudor. Se mantiene con él un par de segundos, el tiempo que tarda Sasuke en recuperar el control de sus entrañas para incorporarse con ayuda de los fuertes brazos de Suigetsu.

—Sasuke… —dice finalmente Karin, aun perturbada por el extraño comportamiento del joven — ¿Te sientes bien? ¿Quieres que te llevemos al hospital?

—Estoy bien — es la escueta respuesta del pelinegro, cuyo rostro luce mucho más pálido de lo normal.

Suigetsu frunce el ceño.

—¿Qué mierda te pasa? —pregunta con un tono de voz alterado — ¿Qué consumiste ayer? Desapareciste por más de media hora y cuando te volvimos a ver estabas actuando tan extraño que tuvimos que sacarte de allí.

—No consumí nada —masculla, irritado.

—¿Qué pasó contigo ayer? ¿A dónde fuiste? Estábamos preocupados por ti —esta vez es Karin quién contribuye con el interrogatorio.

—Fui al baño, eso es todo —Sasuke aparta de un manotazo el brazo de Suigetsu, que aún se mantiene en su hombro desde el momento en que lo ayudó a ponerse de pie y se dirige al lavabo para sumergir su rostro en agua.

—No te creo una mierda — espeta Suigetsu — Sigues siendo el mismo de siempre, tan misterioso y arrogante que eres incapaz de decirle a tus supuestos amigos lo que te pasa. No entiendo cómo nos seguimos preocupando por alguien como tú.

Sasuke alza el rostro y le dirige una mirada impasible a través del espejo. Las gotas de agua aún escurren por sus mejillas y surcan un camino hasta el final de su barbilla, en donde parecen desaparecer.

—Nadie les ha pedido que se preocupen por mí —dice sin emplear ningún tono de voz en particular.

De pronto, la mirada de Suigetsu cambia y puede percibir, a través del espejo, como los músculos de su rostro se tensan.

—Has visto al rubio —masculla repentinamente y Sasuke no puede evitar estremecerse ante la mención del mismo, otorgándole de esa forma una clara respuesta a Suigetsu. Este gruñe por lo bajo — Maldición — su voz es casi un susurro y, de inmediato, se gira para observar a Karin, quién parece igual de afectada que él.

El silencio se instala en la habitación y Sasuke está seguro de que hay algo que esos dos están omitiendo. Irritado, se gira para enfrentarlos.

—¿Qué ocurre con Naruto? — pregunta con voz de hierro. Karin y Suigetsu intercambian miradas, pero esta vez puede notar con bastante claridad el claro gesto de nerviosismo que emplean ambos.

—Te dije que…

—¿Qué coño pasa con Naruto? —interrumpe con brusquedad, emitiendo nuevamente la misma pregunta, esta vez elevando el tono de voz, haciendo que ambas personas que se encuentran frente a él se sobresalten.

—No sabemos, ¿vale? —dice Suigetsu finalmente, visiblemente nervioso — Todo lo que hemos escuchado son rumores.

—¿Qué clase de rumores? —insiste, perdiendo la paciencia.

—Hemos oído que está involucrado con una especie de grupo de personas bastante malas —interviene Karin, mientras le dirige una mirada que pocas veces le ha visto emplear. En el fondo de sus pupilas puede notar como un brillo de miedo baila coquetamente — Solo sabemos que se llaman Akatsuki.

—Sai nos comentó una vez que es la pareja del líder, al parecer se llama Pain o algo así, la verdad es que poco se sabe de ellos —un suspiro de pesadez se escapó de los labios del joven de hebras grises — Te dije que no te acercaras a él porque la verdad es que ha cambiado mucho desde que te fuiste. Hace semanas lo descubrí en los sanitarios con una mujer, creo haber oído que se llama Konan. Ambos estaban rellenando unas jeringas, ni siquiera se dieron cuenta que entré al baño, estaban tan drogados…

Sasuke apenas es capaz de escuchar algunos fragmentos de las palabras que dice Suigetsu. Nuevamente las imágenes de la noche anterior recurren a su mente con una nitidez espeluznante que logran erizarle el vello de la nuca y el nudo en su garganta cada vez se vuelve más doloroso. En un movimiento rápido aparta a Karin y Suigetsu de su camino, para dirigirse de inmediato a la puerta principal del departamento con pasos apresurados. Ignora los gritos de las dos personas que aún se encuentran detrás de él. Encuentra sus zapatos y logra colocárselos de forma entorpecida para, finalmente, salir de allí con un portazo. Pese a que intentan alcanzarlo, este simplemente se despide de ellos con un brusco movimiento de manos y corre hasta la avenida principal, en donde detiene al primer taxi que cruza por su campo de visión. Le proporciona una antigua dirección que se sabe de memoria y, esperando que la persona a la que quiere visitar aún se encuentre viviendo allí, se limita a recostarse en el asiento trasero sin dirigirle otra palabra al chofer del auto. Realmente espera que Kiba Inuzuka pueda ayudarlo.

Cuando golpea con los nudillos la puerta de la antigua residencia Inuzuka, no puede evitar sentir una punzada de nostalgia. Recuerda que solía ir arrastrado por Naruto a ese lugar casi todos los días cuando tenía trece o catorce años. Le encantaba jugar en la PlayStation de Kiba y, aunque él siempre lo negaba, también disfrutaba de esos momentos junto al perezoso de Shikamaru, el imbécil del chico perro y Choji, quién siempre se comía todos los refrigerios que Hana, la hermana de Kiba, preparaba. Unos pasos desde el interior de la casa lo traen de vuelta a la realidad, advirtiéndole que ya se han percatado de su presencia. Se remueve inquieto cuando siete que el cerrojo es quitado desde adentro y, finalmente, una figura se materializa ante él. Lo recibe un joven castaño, un poco más bajo que él y con unas extrañas marcas en las mejillas, que distingue como lunares. Este parpadea aturdido, intentando reconocer al muchacho frente a él.

—Hola, Kiba —masculla finalmente, incómodo ante la inspección inicial a la que es sometido.

—¡Mierda! —un grito de exclamación se escapa de inmediato de los labios del castaño y, posteriormente, se lleva una mano al rostro en un gesto que denota incredulidad— ¿Sasuke? ¿Sasuke Uchiha?

Sasuke asiente, sin pronunciar sonido alguno. Sabe que la situación se volverá incómoda en breves segundos, pero no ha ido a ese lugar a establecer una conversación para recordar viejos tiempos.

—Joder, ¿hace cuánto que te fuiste? ¿tres, cuatro años? — pregunta, mientras se hace un lado en un ademán por invitarlo a pasar — ¿Cuándo volviste? Mierda, qué susto me has dado, pensé que eras un fantasma o algo por el estilo.

—Llegué ayer —es su escueta respuesta, al mismo tiempo que se adentra a la casa, no sin antes titubear. No desea ser sometido a preguntas que no ha respondido ni siquiera a sus amigos.

—Genial, hace mucho que no escuchaba de ti —Kiba le dirige una pequeña sonrisa, aunque puede distinguir que esta tiembla en la comisura de sus labios — Y… ¿Quieres té? ¿algo de comer? Creo que mi hermana dejó preparado algo para la tarde —parlotea, mientras se adentra en la casa con pasos rápidos, perdiéndose tras una de las habitaciones — ¿Te apetece onigiri? Es lo único que hay —le escucha gritar desde el interior de lo que supone, es la cocina.

—Vale, está bien —acepta, empleando un tono de voz suficientemente fuerte para que el joven castaño pueda escucharlo.

Sasuke se quita los zapatos en el Genkan y, finalmente, se adentra en la casa. Ha cambiado un poco desde la última vez que visitó aquella casa, sin embargo, no puede evitar revivir algunos recuerdos cuando el olor característico a flores y perros inundan sus fosas nasales. Eso no ha cambiado, piensa.

Cuando Kiba vuelve, coloca una bandeja con pequeñas bolas de arroz sobre la mesa de madera que está ubicada en medio de la sala y se sienta sobre el tatami, haciendo un ademán con la mano para que Sasuke lo imite. Este lo sigue de inmediato.

—Vale, entonces… ¿Qué te trae por aquí? —Kiba es el primero en romper el incómodo silencio que se forma desde el momento en que ambos toman asiento. Sasuke aún se siente un poco cohibido con la situación en la que se encuentra. Lo cierto es que pocas veces se ha encontrado en una circunstancia como aquella, nunca ha sido de los que inicia una conversación, ni de los que visita a otros por voluntad propia.

Sasuke toma un sorbo del té que Kiba ha puesto anteriormente sobre la mesa y, posteriormente suelta un suspiro, intentando pensar la mejor forma de abordar el tema sin que sea demasiado brusco.

—Es sobre Naruto —dice finalmente, haciendo acopio de la falta de sutileza que suele caracterizar a los Uchiha. Kiba se atraganta con el onigiri que acaba de llevarse a la boca y, tras tomar un sorbo de té, logra estabilizarse para dirigirle una mirada que no puede descifrar.

—¿Qué pasa con él? —dice, esta vez utilizando un tono de voz mucho más frío. Sin embargo, Sasuke no se intimida con facilidad.

—Me he topado con él ayer —decide decir, omitiendo los detalles escabrosos de su encuentro. Puede notar como el castaño se remueve incómodo, pero, finalmente, suelta un suspiro, aunque su cuerpo se mantiene en tensión.

—Supongo que ya te has dado cuenta que no es el mismo de hace tres años, cuando te fuiste —comenta, aunque distingue un tono de resentimiento que intenta ocultar inútilmente. Sasuke solo fija sus ojos imposiblemente negros en él y este, al no recibir respuesta, continúa: — Poco después de que te fuiste, Jiraiya, su abuelo, fue asesinado. Se presume que por uno de los líderes de Akatsuki, el grupo de asesinos que ha estado haciendo alboroto en varias localidades de Japón, la verdad es que nadie sabe en realidad lo que ocurrió. Su cuerpo nunca fue encontrado. Le dejó una nota a Naruto, nadie nunca supo qué contenía, pero sé que poco después desapareció por unos meses. Nadie, ni siquiera Sakura, pudo contactar con él. Una noche, hace aproximadamente dos años, tocó a mi puerta. Estaba prácticamente irreconocible, lo habían golpeado terriblemente, también tenía heridas profundas en varias partes del cuerpo. Lo único que se me ocurrió fue llamar a Sakura, que para ese momento ya había iniciado la carrera de medicina. Las heridas eran inimaginables, ella me dijo que lo habían atacado con algún objeto punzante, porque habían perforado varios órganos en el proceso. Sin embargo, lo más espeluznante del asunto es que… —Kiba deja de hablar repentinamente y aparta la mirada de los ojos impenetrables del Uchiha. Puede notar cómo su ceño se frunce y una mueca de asco se forma en sus labios.

—¿Qué pasó, Kiba? —lo alienta, intentando ocultar su impaciencia. Una extraña presión en el pecho lo hace sentir realmente incómodo, como si un terrible presentimiento lo estuviera consumiendo desde dentro.

Kiba vuelve el rostro para mirarlo a los ojos, observa, con terror, como un deje de amargura se distingue en su pupila ahora acuosa. El joven castaño pasa una mano por su rostro tostado por el sol y distingue como una solitaria lágrima se desliza por el costado de su cara.

—Sakura descubrió heridas en la parte baja de su cuerpo. Dijo que probablemente habían abusado sexualmente de él, especialmente por la naturaleza de las heridas. Eran horribles y tenía una hemorragia interna. La verdad es no entiendo cómo sobrevivió esa noche, lo más probable es porque estaba realmente drogado. En los exámenes de sangre que Sakura se permitió hacer, a escondidas de Tsunade, descubrió un índice elevado de heroína en su sistema —su voz es apenas un susurro, pero Sasuke logra escuchar perfectamente bien. Siente cómo cada palabra se entierra en su pecho profundamente, desgarrándole las arterias y haciendo que todo duela mucho más — Cuando recuperó la consciencia le pedimos que nos contara que había ocurrido, pero no dijo nada. Sakura insistió en hablar con la policía, pero un día después de mencionarlo, él simplemente desapareció de mi casa.

Hubo una pausa en la que Kiba parece rememorar todo lo ocurrido hasta ese momento. Vuelve su mirada al pequeño tazón con bolas de arroz, lo revuelve un poco con los palillos y, finalmente, continúa:

—No volvimos a verlo hasta hace poco. Shikamaru, Choji y yo estábamos en un restaurante cuando lo vimos entrar, iba de la mano con un muchacho alto, un poco mayor y de cabellos negros y largos. Ambos parecían bastante cercanos, hablaban con naturalidad y Naruto le dirigía unas sonrisas de complicidad imposibles de notar. Sin embargo, cuando quise acercarme a saludar, Shikamaru me detuvo, pues habían comenzado a discutir. O al menos, eso parecía. Naruto estaba fuera de sí, a pesar de que susurraban, se podía distinguir sus sollozos a la perfección. Poco después abandonaron el local sin siquiera haber comido nada. Estaba completamente diferente, más delgado, con ojeras y se podían distinguir algunas heridas en el cuello, tenía marcas rojizas bastante grandes —Kiba parece realmente afectado mientras habla, Sasuke puede notar un dolor hueco en esos ojos que cada vez se vuelven más cristalinos.

—¿No han intentado contactar con él? —pregunta repentinamente Sasuke, sin cambiar ni un ápice su rostro impasible.

—Muchas veces, pero cambió de número. Ni siquiera sabemos dónde vive. Ese día intentamos seguirle, pero ambos se perdieron de vista antes de que pudiéramos notarlo —explica Kiba, aunque su rostro denota una clara amargura.

No sabe por qué, pero una cólera transparente le atraviesa el pecho y parece engullirlo desde el centro de su cuerpo, justo en su diafragma. Naruto ha estado jodido durante más de dos años y ellos no han hecho más que observar desde lejos, cuando está seguro que, si ellos estuvieran en una situación similar, el rubio haría todo lo posible por salvarlos. Lucharía con todas sus fuerzas para traerlos de vuelta. Le resulta tan injusto, que siente su sangre burbujear ante las palabras de Kiba y su inactividad en todo lo que ha ocurrido no hace más que acrecentar su molestia.

—¡Joder, pero son sus amigos! ¡¿no acudieron a la policía?! —esta vez, Sasuke pierde el control. Su voz se eleva considerablemente y, posteriormente, se pone de pie de un salto, volcando las tazas de té en el proceso.

Kiba le dirige una mirada incrédula y, finalmente, niega con la cabeza. Nota como una sonrisa burlona se desliza en sus labios.

—Tú eras su mejor amigo y lo abandonaste —escupe con una voz cargada de resentimiento y Sasuke lo recibe como un golpe directo a su estómago — Desde que te fuiste, Naruto se volvió mierda. Por supuesto, siempre aparentaba estar bien frente a nosotros, asegurando que te traería de vuelta. Hasta que murió Jiraiya — Kiba también se coloca de pie, aunque haciendo acopio de una calma que sabe que no siente, pues sus manos temblorosas lo delatan— Intentó comunicarse contigo un montón de veces cuando eso pasó, Sakura tuvo que recogerlo una vez en un bar totalmente borracho y lo único que lograba balbucear era tu nombre, pero tú desapareciste de la faz de la tierra para irte con el maldito de Orochimaru y lo dejaste solo —la expresión de Kiba está llena de amargura y sus ojos parecen acusarlo directamente, viendo reflejado su propia culpa en ellos — Lo intentamos, ¿vale? Pero Naruto te adoraba, te idolatraba y te quería más de lo que podría haber querido a ninguno de nosotros. No pudimos hacer nada —Entonces con pasos lentos se dirige a la entrada de la casa y fija en él una mirada que ahora solo expresa un desprecio tan tangible que se le hace difícil mantener la mirada fija en sus ojos — Vete ya.

Sasuke no dice nada más. Se coloca de pie, camina hasta el Genkan para tomar sus zapatos y se dirige hacia la puerta que Kiba aún sostiene con manos temblorosas. Evita su mirada cuando sus pisadas traspasan el umbral de la puerta.

—Tengo una dirección —masculla antes de que Sasuke siquiera haga el ademán de irse, con voz muy suave y bajita. Con movimientos rápidos, vuelve al interior de la casa, dejando a un desconcertado Sasuke aún en el marco de la puerta de entrada y, pocos minutos después, regresa con un trozo de papel entre los dedos — Shikamaru investigó algo hace unos días, pues han estado pasando cosas raras en la ciudad y muchas de ellas involucran a Naruto. Dice que algunas personas lo han visto salir de la casa que se encuentra en esta dirección, aunque no me fío de los rumores. De todas formas, puedes echar un vistazo, si tanto te preocupa lo que ocurre con él.

Le entrega el trozo de papel y, finalmente, cierra la puerta tras dirigirle una última mirada que parecerle escupirle al rostro todo lo que ha sufrido el rubio. Sasuke se queda plantado en el umbral de la puerta durante unos segundos mientras intenta procesar toda la información que ha recibido en esos pocos minutos. Le echa un vistazo a la dirección y frunce el ceño, manifestando desconcierto, pues la dirección le parece bastante conocida.

Sin embargo, se limita a tomar una bocanada de aire y darse la vuelta, acelerando el paso para llegar a la avenida principal, esta vez tarda un poco más en hacerse con un taxi, pero cuando finalmente coge uno, le da la dirección escrita en el papel y se recuesta en el asiento trasero, sintiendo un repentino agotamiento y un dolor casi insoportable en el centro de su pecho. Las palabras de Kiba, tan crudas y reales, le atraviesan el corazón despiadadamente. Sabe que abandonó a Naruto y que, probablemente, ya sea demasiado tarde para intentar ayudarlo.

Sasuke se siente como uno de esos patéticos detectives que suelen figurar como protagonistas en las películas de dicha temática. Se siente estúpido por creer en la información que ha recolectado el flojo de Shikamaru, pero, sobre todo, se siente realmente confundido. Una marejada de emociones parecen consumirlo en ese instante, cuando, con un libro que acaba de comprar sobre comunismo francés en la librería de la esquina, disimula tener la mirada fija en la fachada de la casa que se encuentra justo frente al parque donde está sentado.

Sin embargo, no es por eso por lo que se siente particularmente inquieto y confundido. Tras haber pasado los primeros 20 minutos intentando recordar por qué esa fachada y esa dirección le parecen familiares, recuerda, finalmente, que esa era la casa de sus abuelos maternos. ¿Qué coño podría hacer Naruto en esa casa? Nunca antes ha mencionado su existencia, ni siquiera cuando eran más jóvenes y el rubio era la única persona en la que confiaba. Por un segundo, se siente engañado por Kiba y, aunque quisiera romperle la nariz de un puñetazo, sabe que se lo merece. Sin embargo, su estómago da un vuelco en el interior de su pecho cuando distingue una figura alta y delgada aparecer en una de las esquinas adyacentes a la casa cargando algunas bolsas que, a simple vista, puede notarse que están repletas de víveres. Pese a que lleva un suéter y un gorro de invierno, puede divisar algunos mechones rubios y rebeldes que sobresalen de este. Los rayos del sol hacen que estos destaquen más. Observa, para su asombro, como el muchacho saca una llave del bolsillo delantero de su pantalón y entra, no sin antes echar un vistazo a ambos lados con visible desconfianza.

Espera algunos minutos antes de desperezarse y ponerse de pie. Observa a su alrededor y no puede ver más que un par de adolescentes jugando un partido de béisbol, que parecen totalmente ajenos a la situación que se acaba de presentar frente a ellos. Tras meditarlo un poco, se dirige a la calle que está justo delante de él, evitando parecer demasiado nervioso, aunque en su interior un extraño frío se desliza a través de su tráquea, sintiendo como un presentimiento desagradable se aferra a su estómago.

Una vez se encuentra a un par de metros de la casa, decide cruzar en un callejón junto a la construcción donde solía jugar cuando, los sábados, visitaba a sus abuelos. Desde ese ángulo, como se imaginó previamente, tiene una visión perfecta del ventanal principal de la sala, cuyas persianas, para su suerte, están levemente abiertas, lo suficiente como para poder ver hacia el interior de la casa. Se coloca en cuclillas detrás de algunos bloques, sin perder de vista el interior. Es ahí cuando lo ve, puede distinguir que está hablando debido a que no para de gesticular abiertamente y sus brazos se mueven frenéticamente. Sin embargo, la persona a la que se dirige no se encuentra frente al gran ventanal principal y, por ende, está fuera del alcance de su campo de visión. Tras algunos minutos en el que el rubio comienza a quitarse las capas de ropas que lo cubren y deja al descubierto sus cabellos dorados tras apartar el molesto gorro de invierno y una ropa bastante casual que ocultaba tras el grueso suéter, la persona a la que le dirige sonrisas brillantes y sinceras, entra por fin en su rango de visión.

El alma se le cae a los pies cuando distingue a un joven un poco más alto que Naruto abrazar al mismo por la cintura y atraerlo de forma posesiva hacia su cuerpo. Distingue la imperceptible sonrisa que se dibuja en ese rostro conocido justo cuando esta es engullida por los ávidos labios del áureo, que parece realmente desesperado por besarlo, como si no lo hubiese visto en mucho tiempo. Su corazón comienza a latir tan fuerte que puede sentirlo en sus oídos. Ahora recuerda la descripción de Kiba: alto, cabellos negros y largos, algo mayor que Naruto…

Itachi.

Naruto está feliz, de verdad. Como no lo ha estado en mucho tiempo. Siente ese abrazo como un pequeño escape de la realidad en la que ha tenido que vivir durante esos años. Lo extrañaba tanto y, a pesar de que no lo dice, sabe que Itachi es consciente de ello. Itachi siempre sabe todo lo que pasa por su cabeza, como si fuese un extraño don.

Los labios de Itachi son calientes y es capaz de derretirse en ellos. Le encanta pasar la punta de su lengua por la superficie del labio inferior que siempre es más rasposo debido a la resequedad. Los brazos del mayor lo envuelven de forma protectora, pero le proporcionan esa libertad que pocas veces ha tenido la oportunidad de probar, al menos no desde hace tres años. Cuando las grandes manos del joven de piel pálida se deslizan por el interior de su camisa, sabe que no busca excitarlo, sino distinguir sus heridas. Es una especie de ritual, a pesar de que el hombre frente a él tiene mayores problemas de los que preocuparse, prefiere prestarle atención al fracasado idiota en el que se ha convertido, siempre lo coloca como su prioridad. Las caricias en su abdomen se detienen cuando esas manos tan conocidas palpan una de las recientes heridas cubierta por gruesas capas de gasa. Lo observa fruncir el ceño, de una forma casi imperceptible para los demás, pero que él ha aprendido a distinguir con facilidad.

—¿Quién ha sido esta vez? —pregunta, utilizando un tono de voz neutro y carente de emociones. Naruto sabe que es solo la forma en la que lidia con ese tipo de situaciones.

—Itachi… —masculla al mismo tiempo que pasa sus brazos por el cuello ajeno en un abrazo necesitado — Déjalo ya. No quiero perder el tiempo, cada vez puedo verte menos —se acerca al mayor y atrapa sus labios en un beso lleno de fuego contenido que el pelinegro no rechaza.

—Quiero protegerte —murmura entre sus labios. Su expresión no ha cambiado ni un ápice, pero sus brazos parecen querer aprisionarlo en un abrazo asfixiante del que nunca pueda salir, transmitiendo sus inquietudes y la sensación de vacío que ha sentido durante todo ese tiempo que no se han visto por medio de ese superficial contacto. Sonríe abiertamente porque adora que haga eso.

—Entonces llévame arriba —su voz desciende lo suficiente como para ser considerado un susurro, se acerca al oído del muchacho frente a él y planta un casto y pequeño beso al borde de su oreja — Quiero que me hagas el amor como nunca.

Sabe que la repentina tensión en el cuerpo de Itachi es una respuesta positiva a sus provocaciones. Una sensación de satisfacción le llena el pecho al reconocer en sí mismo una de las pocas debilidades de ese hombre que ha resultado todo un enigma para todos los que alguna vez lo han conocido, pero para él se ha convertido en un libro abierto muy fácil de leer. Casi siempre.

Cuando es el joven pelinegro quién se acerca a su rostro y atrapa sus labios con una impaciencia impropia de él, una sensación de calidez se desliza por sus venas, haciendo que todo el interior de su cuerpo se sienta caliente. Es una sensación que solo dos personas han podido causar en él y, resulta gracioso que ambas compartan un fuerte lazo de sangre. Antes de que sus pensamientos comiencen a traicionarlo nuevamente, profundiza el beso introduciendo su lengua en la boca entreabierta del mayor, jugando con la compañera que lo recibe con la misma ferocidad que siempre.

Si tuviera la oportunidad de describir cómo besa Itachi, Naruto podría afirmar que es como un volcán en erupción. Eres incapaz de creer que un hombre tan impasible e inflexible como Itachi guarde en el interior de su alma tanto fuego contenido. Es lava hirviendo que te quema y promete consumirte hasta la médula, pero también es esa fogata en medio de esa ventisca gélida que te ayuda a no congelarte. La forma en que Itachi besa refleja esa dominación intrínseca que poseen los Uchiha, pero carece de malicia. Contrario a lo que todos pueden creer al observarlo a primera vista, el pelinegro es capaz de salvar a las personas que estima ofreciendo su propia vida a cambio. La lealtad inalterable que ha demostrado con él, ha logrado que a medida que pasan los años, el afecto que siente por él se incremente a niveles insospechados.

Para Naruto, Itachi es el universo mismo. Pocos son conscientes de este hecho, pero él puede comprobarlo cada vez que esos labios llenos de fuego y de cariño se deslizan por todo su cuerpo. Él lo confirma cuando esas manos grandes y frías recorren su cuerpo en caricias casi superficiales, delicadas, como si temiera romperlo. No puede evitar entregarse a él durante cada segundo que se permite estar en su presencia, especialmente porque ya no siente miedo cuando esos ojos pétreos, que son el abismo mismo, se fijan en los suyos y hacen que se sienta perdido, en un mundo completamente incomprensible para él. El muchacho de hebras doradas atesora esos momentos en el centro de su pecho, pues sabe que ambos buscan en los ojos del otro algo a lo que se pueden sostener, para aliviar el espacio vacuo que la misma persona les dejó en el pecho. Cuando se entregan el uno al otro, también afirman ese cariño inquebrantable y doloroso que ambos conservan por Sasuke. Se aman porque comparten el mismo amor por Sasuke, a pesar de que Naruto se esfuerce por no demostrarlo.

—Itachi —masculla Naruto bajito, intentando, sin resultado, reprimir un pequeño gemido que causa el beso que deja el pelinegro en la base de su cuello, justo al lado de su clavícula — Hoy tenemos más tiempo que en días anteriores, pero no lo quiero desperdiciar. Vamos a la habitación.

Cuando Itachi se separa de Naruto, observa ese rostro que siempre hace que el corazón se le hinche en el interior del tórax. Los ojos del rubio brillan por su sola presencia y no puede sentirse más afortunado. Finalmente, después de dejar otro casto beso en los labios contrarios, lo toma de la mano para comenzar a caminar hacia las escaleras, sin embargo, un golpe en la puerta los hace detenerse de inmediato. Ambos se dirigen una mirada cargada de preocupación, pero no dicen nada. Cuando el segundo golpe llega, con mayor fuerza, Naruto comienza a sentirse mareado por el miedo que le atenaza la garganta con garras afiladas. Itachi le dirige una mirada cargada de un remolino de emociones que parecen colisionar en el interior de su pupila, pero, posteriormente, se dirige a la puerta con pasos lentos y seguros, empleando esa máscara impasible que siempre lo ha caracterizado.

Cuando, tras breves segundos de auténtica tensión, Itachi finalmente abre la puerta, el aire de la habitación parece volverse más denso y el tiempo deja de ser indispensable.

Lo siguiente que escucha Naruto hace que una cólera helada e implacable le destroce desde el interior de sus entrañas. Ve rojo cuando la voz de Itachi pronuncia ese nombre.

—Sasuke.

Y el sonido de un golpe seco es lo único que se escucha después, haciendo eco en la habitación que, hasta ese momento se encontraba en silencio.

N/A: Inesperadamente surgieron un montón de ideas en mi cabeza e intenté ordenarlas todas, lo siento si resulta poco comprensible. No sé cómo salió este capítulo, pero lo más probable es que el fic sea más largo de lo que me gustaría. En fin, creo que he aclarado algunas cosas del capítulo anterior, pero compliqué más la trama. La aparición de Itachi me parece crucial, aunque fue un gran plot twist. Espero poder terminarlo apropiadamente pronto. Besos.

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