Disclaimer: Shaman King y sus personajes no me pertenecen. Son del gran Hiroyuki Takei. Tampoco son de mi autoría algunos lugares, canciones y/o marcas que aparecen aquí. Sólo la trama, personajes propios y lugares ficticios son invenciones mías.
Advertencias: lenguaje soez, gore (leve o moderado), y algunos pensamientos obscenos (Rated T).
Género: General. Tiene un poco de todo.
Pensamientos, comunicación por telepatía, recuerdos, sueños.
3
Buscando pruebas
Yoh Asakura
Me di vuelta en la cama, intentando descansar un poco más. Eran las seis de la mañana y… ¡No podía dormir! Cerré los párpados con fuerza, contando de trescientos para abajo, de tres en tres. Sin embargo, todo fue en vano. Ya no tenía sueño, pero si Annita me veía levantado a estas horas, iba a mandarme a entrenar en ese mismo instante. ¡Ni loco iba a ejercitarme tan temprano! El sol ni siquiera había salido aún… Ni modo, nada perdía con arriesgarme.
Me levanté de golpe y decidí encaminarme hacia la sala de estar. Noté que toda la pensión estaba en penumbras. Iba pasando silenciosamente por el pasillo que dirigía hacia las escaleras, cuando me encontré con Kaoru. Fruncí el ceño, pero una sonrisa divertida me arruinó el semblante. Ella se limitó a carcajearse en silencio. Tienes valor, niña… pensé, divertido. Si Mikihisa pudiera verla en este momento, ya le habría dado una buena reprimenda. Para él, ella era su pequeña niña consentida. La muy condenada, como a veces la llamaba… de cariño, claro, andaba con un mini short y una blusa de tirantes como pijama. Una imagen nada favorecedora para un padre.
—¿Qué haces levantada a esta hora? —le pregunté, fingiendo desinterés.
Kaoru me devolvió la sonrisa antes de responderme.
—Nada que te importe, hermanito.
—Pasas demasiado tiempo con Hao —comenté como quien no quiere la cosa.
Se le estaban pegando algunas de las costumbres de mi hermano y, aunque no quisiera admitirlo, a mí también. Nuestra madre se encargaba de recordármelo cada vez que podía. Entonces, recordé que Hao se había tomado la molestia de gastarse toda su mesada por mi regalito de aniversario. Reí para mis adentros. Me echaría la culpa a mí mismo si Mikihisa o Keiko llegaran a enterarse de lo sucedido.
—Miki se llevaría un buen susto si te viera en esas fachas, enana.
—No soy enana, sólo soy un poco más bajita que ustedes dos —murmuró entre dientes, frustrada.
—¿Un poco? —esquivé un codazo que iba dirigido a mis costillas y me eché a reír en silencio—. No te quejes, apenas y alcanzamos el metro setenta.
En mi familia, en especial de parte de mi padre, todos eran altísimos. Odiaría de por vida a mis genes si llegara a medir dos metros. A veces, tenía la esperanza de que no crecería tanto… Aunque mi tío Nozomu medía uno noventa y cinco; no sabía qué pensar. Me gustaba ser alto, y a quién no. Sin embargo, se debía diferenciar entre los términos "alto" y "gigante".
—¿Y eso no es ser gigante?
—Podría ser peor —comenté—. ¿Y tú? Mides…
—¡No lo digas! —exclamó en voz baja, sonrojándose.
Sonreí divertido. Era consciente de que mi pequeña hermana estaba ligeramente avergonzada de su metro cincuenta y cinco, aunque me la pasaba diciéndole que era algo normal para su edad. Ella no quería entenderlo. Continuamos con nuestra travesía por el pasillo hasta llegar a las escaleras que conducían a la planta baja. Bajamos, teniendo cuidado con el primer y el último escalón, ya que crujían horrible. Una vez abajo, noté una silueta en medio de la oscuridad. Encendí las luces de golpe para luego descubrir que únicamente se trataba de mi gemelo. Casi me llevé un susto de muerte, y lo único que hizo él fue reírse en mi cara y en la de nuestra hermana. Kaoru decidió irse, dejándonos solos… No sin antes jurar venganza, claro.
Habíamos decidido que mañana iríamos a visitar a nuestra familia en Izumo. Había muchas razones por las cuales queríamos ir; hacía tiempo que no veíamos a Keiko, a Mikihisa, a los abuelos… Kaos quería traerse unos libros porque, según ella, se moría del aburrimiento. No obstante, también había otra razón por la cual marcharíamos allá. La última, pero no menos importante. Partiríamos a Izumo en busca de pruebas, algo que nos demostrara la existencia de los vampiros o, como decía Hao, para restregárselo en la cara a los que tienes por amigos.
—¿Qué se supone que estás haciendo, Hao? —pregunté con asombro. Él se encogió de hombros como respuesta. Sin poder evitarlo, solté una risotada que sólo consiguió enfadarlo—. ¿T-te estás pintando l-las uñas? —solté entre risas.
Esperó hasta que dejara de reír para responderme. Abrió la boca, pero me dio otro ataque de risa. Mi gemelo bufó molesto. Supuse que usó su Reishi, porque inmediatamente me dio un gran coscorrón con toda su fuerza, logrando que se me hinchara una venita en la sien.
—¡Oye, eso dolió! —me quejé, indignado. Tomé lo que tenía más cerca, que era un libro de cinco centímetros de grosor aproximadamente y lo pillé desprevenido con un golpe en el hombro—. ¡Basta! No hay por qué recurrir a la violencia… Tú fuiste el que empezó, tenía derecho a desquitarme —expliqué, al tiempo en que me sobaba la coronilla.
Seguro que me aparecería un chichón al día siguiente.
—¿Estás ciego o qué? Es esmalte negro —habló, haciendo énfasis en la última palabra.
Arqueé una ceja, fingiendo incredulidad.
—¿De veras? Wow, si no me lo hubieras dicho, nunca lo habría notado —dije sarcásticamente.
Hao sonrió con diversión… El sarcasmo era una de las tantas cosas que se me habían pegado por pasar tanto tiempo con él.
—Se lo pedí prestado a Kaos —soltó de pronto. Yo seguía sin tornar el gesto, cosa que al parecer le molestó—. No soy del otro bando, si eso es lo que piensas —de nuevo me entraron unas locas ganas de reír y desgraciadamente, no me pude contener.
Al final, terminé contagiando a Hao con mi risa.
—No había pensado en eso. Te lo juro —expresé, fingiendo que lo decía con toda la sinceridad del mundo. Fue ahí cuando caí en cuenta de qué era lo que estaba pasando—. Quieres enfurecer a mamá, ¿verdad? ¡Sólo conseguirás un castigo si sigues así! Créeme, casi me mata hace dos años porque me había vestido de negro para hacerla enfadar… ¿Lo recuerdas? Ni se diga lo que podría hacerte si te ve con ese esmalte negro puesto. Te lo digo porque soy yo quien ha vivido más tiempo con ella, así que tengo más experiencia en lo que refiere a reprimendas de su parte —un pequeño escalofrió me recorrió la espalda. Él me miró con desinterés, y suspiré—. No tienes miedo, ¿verdad?
—No —confirmó con una sonrisita fanfarrona. De repente, me tomó de la mano descaradamente, como si me fuera a pedir matrimonio, pero dejé de verle la gracia cuando noté que acercaba peligrosamente la brochita con el esmalte a mi dedo meñique—. Únete al lado oscuro. La luz es para los débiles, Yoh.
—Suéltame —me zafé de su agarre con brusquedad. Claro, después de darle un zape—. Si mamá te asesina por andar haciendo locuras, allá tú. No me metas a mí en tus locuras, ¿sí?
Todo sucedió muy rápido, me tomó nuevamente de la mano y ya me estaba echando el esmalte con una sonrisa malévola en el rostro. Lo que más me sorprendió, tanto como a Hao, fue mi falta de resistencia. Bueno, tenía que admitir que sería… divertido ver a mi madre furiosa por una cosa tan simple como esa. ¡Es que me divertía tanto hacerla enojar! Ojalá y no me castigue. Porque si no, pobre de mi hermano. Fue en ese preciso momento que me di cuenta de algo y, de nuevo, me zafé bruscamente de su agarre.
—¡Hey! ¡Esto que haces no está bien! —lo regañé, mientras le lanzaba una mirada fría. Hao parpadeó perplejo. Seguramente se preguntaba si yo realmente me había enojado con él. Eso era lo que quería, pero una ligera sonrisa terminó delatándome—. Mira bien, Hao. Para empezar, aquí no me has puesto mucho esmalte. Hay espacios sin pintar… ¿Ves? Y no te haría mal ponerte unos piercings falsos. Podrías usar uno que parece una cremallera en la lengua.
Así nos pasamos el resto de la mañana, riendo. Imaginando las expresiones de nuestros progenitores al vernos vestidos así. Pensábamos en qué ropa nos pondríamos, en cosas que normalmente no usábamos… Tal vez, teñirnos el cabello con tinte falso. Yo era testigo de esto: si pasabas demasiado tiempo con Hao, podías convertirte en una versión igual o peor que él mismo.
•❈•
Izumo, 6:30 A.M.
Keiko caminaba de un lado para otro, a punto de sufrir un colapso nervioso. El día de mañana, sus hijos llegarían a casa a hacerles una visita. Se mordió el labio inferior con nerviosismo, entretanto su mente estaba en otro mundo. De sus tres hijos, Kaoru era la única que sabía el secreto que guardaba en lo más profundo de su corazón desde hacía un mes. De no ser porque ella presenció el hecho, también se lo hubiera ocultado.
Esos desgraciados se las iban a pagar y con intereses. Porque lo peor que alguien podía hacerle era meterse con su familia. Si llegaban a hacerle daño a alguno de sus adorados hijos, aquello se volvería algo personal. Volteó a ver a su marido, quien estaba tumbado en la cama que compartían. Él estaba muy atento a lo que hacía su esposa, la mujer de la que se había enamorado perdidamente. Aquella por la que casi perdió la cordura cuando decidieron separarse, para nunca más volverse a ver. Gracias a sus hijos fue que los dos volvieron a ser la hermosa pareja que siempre debieron haber sido. Mikihisa sonrió con desgana. Pese a que tenía un aspecto enfermizo, no dejaba de verse atractivo. Estaba bastante pálido. Ella se encontraba en las mismas condiciones.
—Deja de darle tantas vueltas al asunto, Keiko —le aconsejó Mikihisa con tono despreocupado. Su esposa lo volteó a ver, desganada—. De todas formas, tarde o temprano deberán enterarse. Kaoru ha hecho un gran trabajo ocultándolo. ¡Ya no son unos niños!
—Tampoco son adultos, Mikihisa —saltó ella en defensa propia—. ¡Apenas tienen quince años! Recuerda que esto lo hemos hecho para protegerlos. ¿Cómo crees que les caería la noticia? "Yoh, Hao… ¡Los he extrañado tanto! Ah, casi lo olvido. ¿Saben algo? ¡Un grupo de vampiros dementes anda detrás de ustedes! Pero no se preocupen. Aún no los van a matar" —ironizó la Asakura—. Además, dudo que ellos se pongan felices al enterarse que a nosotros nos…
—Has dado en el clavo, lo admito. No les gustará nada cuando se enteren, pero prefiero que lo sepan mañana mismo, antes que se enteren por otra fuente de información… y, por favor, no hagas tanto rodeo cuando llegue el momento.
Se acercó hasta donde ella estaba y la abrazó por la cintura. Esa simple maniobra hizo que Keiko sonriera, completamente feliz. Se sentía más amada que nunca. No pudo evitar que su mente viajara años atrás, cuando aún no ocurría aquella tonta pelea que no sólo arruinó sus propias vidas, sino también la de sus tres adorados hijos. Aunque no quisiera admitirlo, Mikihisa tenía razón. Ellos merecían saber lo que estaba sucediendo. Justo en ese momento, fue interrumpida por una sensación de placer repentino. Se estremeció sin poder evitarlo. Su cónyuge se encontraba muy ocupado besándole el cuello. Ahora veía a dónde quería llegar. Se alejó con una sonrisa pícara dibujada en los labios, dejando muy confundido a Mikihisa.
—Ahora no —fue todo lo que dijo. Se encaminó hacia la salida de la habitación y se volteó para mirarlo por última vez—. Tal vez luego. Tengo que ir a esconder algunas cosas que nos delaten. Recuerda que mañana tendremos visitas y no queremos asustar a nuestros hijos o a alguno de sus amigos.
Dicho esto, desapareció por la puerta. Terminó dejando solo a su hombre, quien se debatía entre seguirla o no. Resignado, accedió a ayudarle. Sin embargo, aquello no terminaba ahí. Ya tendría su revancha.
•❈•
Yo
Peep the style and the kids checking for it
The number one question is
How could you ignore it?
We drop right back in the cut
Over basement tracks
With raps that got you backing this up like
[Rewind That]
—¿Qué crees que digan los muchachos cuando sepan que iremos a Izumo? —lancé la pregunta al aire.
En realidad, no esperaba una respuesta de Hao, porque me lo decía a mí especialmente.
—No lo sé —mi hermano parecía absorto, escuchando la letra de aquella canción.
—¿…Cómo le preguntaremos a mamá si existen los vampiros, sin que sospeche que estuvimos a punto de morir a manos de uno?
—Bueno, la verdad es que ya había pensado en eso —confesó mi gemelo. Dejó de ver la televisión y sus ojos marrones se encontraron con los míos por un breve momento—. No creo que sea difícil esconder lo que pasó, el verdadero problema será que nos crea. Si ya los idiotas de tus amigos se burlaron, no creo que pueda soportar que nuestros padres también lo hagan —hizo una breve pausa, mientras parecía recordar algo—. ¿Sabes? Según las noticias, el clima del otro día fue sólo un extraño acontecimiento y no había que tomarle importancia. Ya sabemos cómo son de ignorantes los humanos, Yoh… ¡No me mires así! ¡Sabes que lo que digo es cierto! Ese noticiero es una porquería. Ahora entiendo por qué papá odia tanto a ese tipo.
—Claro, y supongo que el hecho de que mamá lo encuentre atractivo no tiene nada que ver.
—¡Es un asco de persona! Lo tuve de vecino en Yokohama y te juro que ese hombre es de lo peor…
—¡Pensé que viviste en Osaka toda la vida! —le recriminé, enfadado.
¿Cómo demonios se le olvidó decirme algo así?
—Sí, viví en Osaka por un tiempo… Oye, no tengo la culpa de haber olvidado ese pequeño detalle —se defendió al sentir una mirada fría de mi parte—. Después de Osaka, me fui con papá a Yokohama. Luego a Nagoya, Hiratsuka… Hasta que los tortolitos se reconciliaron. Luego, tú y yo vivimos dos meses en Izumo y ahora, heme aquí en Tokio. Cualquiera puede equivocarse. Todos somos…
Try to give you warning
But everyone ignores me
[Told you everything loud and clear]
But nobody's listening
Call to you so clearly
But you don't want to hear me
[Told you everything loud and clear]
But nobody's listening
—¿…humanos? —completé con diversión. Hao me fulminó con la mirada, ante lo cual suspiré—. Oh, vamos, Hao. Ya hablamos sobre esto… No creo que todos los humanos sean malos.
—Una parte de ti quiere confiar en la humanidad, eso es lo que pasa —comentó, sin dar su brazo a torcer.
Rodé los ojos en señal de exasperación. Muchas cosas pudieron haber cambiado en nosotros en estos dos años, como que al principio desconfiábamos demasiado de los demás. Sin embargo, si había algo que ese lapso de tiempo no logró cambiar, era que Hao seguía siendo el mismo terco de siempre. Él no odiaba a toda la humanidad, aunque sí a la gran mayoría; porque pensaba que eran muy pocos los que en verdad valían la pena –solía decir que quizás un 0.00005% no era tan detestable–. Los responsables de ese odio habían sido los que fueron muy crueles con él. Después fui descubriendo que, al igual que yo, mi hermano también había tenido una infancia difícil y no sólo fue por la falta de uno de nuestros padres en su vida.
—Mejor quita eso —le arrebaté el control de las manos y cambié de canal. El anterior video musical recién terminaba y ahora estaban transmitiendo uno demasiado cursi—. ¿Qué hora es? —quise saber, pues ya me extrañaba que los demás aún no bajaran.
—Siete y media —me respondió con cansancio.
Ante las risas de mi hermano, me recosté en su pecho como si nada. Sabía que esa simple acción podría malinterpretarse, pero la relación que tenía con él había llegado a tal grado que ya nada me importaba. Además, estaba consciente de que me gustaba Anna, y Hao pues… estaba muy interesado en otra persona. Ocurrió cuando Hao y Mikihisa fueron a vivir a Izumo con nosotros, luego de que mis padres se reconciliaran. Así como mi abuela Kino tenía a Anna como su aprendiz favorita, mi abuelo Yohmei también tenía una protegida. Ella tenía nuestra edad y llegó a Izumo con mis abuelos luego de un viaje que habían hecho –no dieron muchos detalles–. Prácticamente, ellos la criaron. A pesar de eso, no solíamos hablar mucho, pues eran contadas las veces en que me la encontraba dentro de la mansión debido a nuestros respectivos entrenamientos. Su nombre era Evolet Sakurai y era muy sobreprotegida por mis abuelos, aunque no sabía el motivo.
Aún recordaba perfectamente esas vacaciones de verano con mi hermano y mi padre. Fue entonces cuando Hao la conoció… y aunque quisiera negármelo, sabía que le gustó mucho. Tampoco tenía mal gusto, pues ella siempre fue una niña linda. Lo único que todavía recordaba era que tenía un rostro sumamente adorable, no parecía real. Largo cabello bucleado en un tono azabache y unos extraños, pero bonitos ojos tan dorados como los rayos del sol. Ella y Anna se habían vuelto inseparables desde que se conocieron y empezaron a entrenar juntas, y tenían una relación muy especial, casi parecida a la que yo tenía con mi hermano. No sabía a ciencia cierta si ella también se había fijado en Hao, pero a Anna le agradó la idea de que fueran más cercanos, luego de que había mostrado cierto interés por ella, a pesar de que sólo se vieron una vez. Tenía que admitir que me parecía una excelente idea que mi hermano tuviera una buena compañera a su lado, por lo que intentaré ayudar a Anna en lo que pueda.
—¿Yoh? —no le contesté y se echó a reír por eso—. Ja, ja. Yoh, por favor.
—Cállate, Hao —farfullé, a la vez que me acomodaba más entre sus brazos.
—Si estás tan cansado, ve a dormir un poco —me ordenó con el ceño fruncido. No le hacía ninguna gracia verme en ese estado. Sin previo aviso, una idea se me vino a la mente. Me levanté tan deprisa que creo que Hao se llevó un buen susto con ello—. ¿Pasa algo?
No obstante, no tenía tiempo ni ganas para responderle. Temía que, así de rápido como se me había ocurrido la idea, igual de apresuradamente se esfumara. Noté que la laptop de Manta yacía en una mesita a unos pasos de donde nos encontrábamos. Sin pensarlo, la tomé para encenderla. Algo en mi mente me decía que él no se enojaría; de todas maneras, era mi mejor amigo. Deseaba con toda mi alma ver un mensaje en específico en la bandeja de entrada de mi correo, y ahí estaba. Sonreí con emoción al leer el asunto del segundo mensaje más reciente. "Vampiros, ¿mito o realidad" de mi tío Nozomu.
Nozomu era el hermano mayor de Mikihisa y amaba la mitología de todas las civilizaciones que alguna vez existieron en este mundo. No me sorprendía este hecho… Por algo era hijo del abuelo Ankh, un egiptólogo de gran renombre. Nozomu era un hombre que nunca tenía gustos fijos. Hoy era la mitología nórdica, mañana la celta y pasado mañana lo más probable es que fuera la griega. Habíamos decidido escribirle, contándole nuestra experiencia de aquella vez con un chupasangre, pero a cambio él tenía que guardar el secreto. Prometió investigar más sobre el caso y desde ese día, partió sin decir nada más a un lugar desconocido. Hao se me acercó para leer el mensaje, ya que era algo que a él también le interesaba. Lo abrí a toda prisa con la esperanza de leer lo que tanto ansiaba.
¿Qué tal todo por allá, Yoh?
Espero que tú y tus hermanos se encuentren bien.
Pues aquí han pasado muchas cosas, la verdad. Hace unos días que regresé a Egipto y aunque me han hecho un millón de preguntas, he cumplido con mi promesa. No le he dicho nada a nadie.
Descubrí, durante estos últimos días, que no solamente en Japón han aparecido estos seres.
Lamento informarte que tu prima ha sido atacada por uno el día de ayer, mientras regresaba de mi viaje. Sin embargo, no tienes de qué preocuparte. La tenemos bajo control.
Tiene una sed increíble y casi nos ataca a tu tía y a mí, pero, como dije anteriormente, la tenemos bajo control. Sólo espero encontrarle una solución a este "pequeño" problema pronto.
Bueno, con este mensaje te adjunto lo que pude investigar sobre los vampiros.
Espero que aprendas algo de ello y que te sea de gran utilidad.
Salúdame a Mikihisa y a tu mamá, ¿sí?
Recuerda, cuando vayas a algún lado, no lo hagas solo. Por lo que más quieras, no te separes de tus hermanos.
Hablamos luego.
Te quiere,
Nozomu.
Sin esperar nada más, abrí el documento que estaba adjunto al mensaje. Mi tío tenía razón. Ahora debíamos tener más cuidado al salir de la casa. El mensaje era normal, ni muy largo ni muy corto. Parecía más bien un informe escolar, ya que estaba lleno de imágenes y algunas no eran muy agradables que digamos. El reporte decía lo siguiente.
"Vampiros, ¿mito o realidad?"
Por: Nozomu Kozame.
Llámese vampiro al ser mitológico que vive alimentándose de la sangre de otros seres vivos, principalmente humana.
A pesar de que, según algunos investigadores, no hay pruebas sobre la existencia de estos seres, muchos afirman haber visto a estos "bebedores de sangre" alguna vez en su vida. ¿Cómo sabremos si en verdad existen?
Muchas personas niegan el hecho de que los bebedores de sangre vivan en este mundo. Al igual que los aliens y fantasmas.
¿Pero cómo pueden estar tan seguros de ello? Somos bastantes los que nos hacemos esta pregunta. Si existen o no.
Viajando por el mundo, he descubierto cosas que muchos nunca han imaginado en todos sus años de vida. Cosas que nos podrían ayudar a saber más acerca de esos seres que alguna vez vivieron y soñaron con un mundo mejor.
—Mi padre… —afirma Jeremy, un chico que vive en los alrededores de Nueva Zelanda—, fue asesinado por una hermosa súcubo, que se hacía pasar por una compañera de trabajo. Todo en ella parecía normal, a excepción de sus ojos inyectados en sangre. A simple vista, se veía como cualquier otra persona, pero yo sabía que algo andaba mal con ella.
Entonces… ¿Cómo diferenciar a un vampiro de un humano cualquiera?
Su piel habrá adquirido un tono pálido, nada normal en un ser humano, y además se ha vuelto impenetrable. Sus colmillos superiores tienen un tamaño anormal. Son puntiagudos y muy grandes. Poseen un sentido del olfato, vista y oído demasiado desarrollados. Necesitan beber sangre para poder subsistir y en ocasiones, son incapaces de controlar esta nueva exigencia de sus organismos, por lo que a veces esto los termina delatando. Algunos adquieren ciertos poderes con su transformación, tales como: invisibilidad, teletransportación, control de mentes, control del tiempo, etc. Aunque estos poderes también pudieron haber sido adquiridos en nuestra categoría de shamanes (si no sabes qué significa esto, por favor olvídalo).
Los bebedores de sangre también tienen una fuerza sobrenatural, que con el tiempo disminuye en cierta medida, pero sigue siendo algo fuera de este mundo; al igual que la rapidez que poseen.
Los neófitos son más peligrosos por su condición de recién convertidos, pues no controlan sus deseos de sangre y con nada logran aplacar esa sed; sed por la que, sin proponérselo, pueden hasta acabar con sus seres queridos.
—¿Qué querrá decir con eso de "viajando por el mundo"? —me pregunté.
Esa frase fue la que más llamó mi atención, puesto que sonaba bastante peculiar.
—Tal vez por la misma razón que yo poseo el Reishi y tú el Uranai —me respondió Hao. Parpadeé confundido—. El tío Nozomu puede teletransportarse, Yoh. Puede viajar de un país a otro… ¡Sin pagar nada! Qué envidia me da.
Pasaron unos minutos más para que los demás bajaran las escaleras. Manta entendió la razón por la cual tomé su ordenador sin pedírselo prestado. Quería saber cómo se encontraba mi familia que vivía en un país lejano al nuestro, además de la información que me enviaría mi tío. Esperamos a que todos estuvieran presentes para decirles que partiríamos a Izumo al día siguiente y que, si querían, podían venir con nosotros. Por supuesto, no les dijimos el motivo por el cual iríamos de visita. Todos accedieron a ir con Hao y conmigo, y eso logró subirme los ánimos. Sabía que podía contar con mis amigos en todo momento.
•❈•
El día transcurrió rápidamente y cuando menos lo esperaba, ya era sábado por la mañana. Una brisa acariciaba las hojas de los árboles, trayendo consigo una sensación de frescura y paz. El día anterior no había dormido nada debido a los nervios. Al parecer, a Hao también le había pasado lo mismo. ¿Qué pensarían nuestros padres de nosotros cuando les contáramos que fuimos atacados por un vampiro? ¿Nos creerían y se preocuparían, o simplemente nos tacharían como un par de locos? Esas preguntas pasaban por mi cabeza, mientras viajábamos en el tren que nos llevaría a Izumo.
—En un par de horas, estaremos con nuestra familia —musité cuando Hao se sentó a la par mía.
Me pasó un brazo alrededor de los hombros como signo de apoyo y una sonrisa invadió mi rostro sin poder evitarlo. Agradecía gratamente que nos hubiéramos conocido. Ahora tenía un hermano que comprendía cómo me sentía, que me quería y con quien compartía un par de locuras.
—No te preocupes —me consoló como sólo él sabía hacerlo—. Ellos tienen que confiar en nosotros. ¡Son nuestros padres! Por muy ridículo que suene, tienen que creer en nuestra palabra, y si no… Bueno, podemos robarnos el auto de Mikihisa y venderlo en Amazon para que nos den una buena paga por él.
—Hao —le reproché entre risas.
Sólo él, y no me cansaba de decirlo… Sólo él sabía cómo hacerme sentir mejor. En todo el recorrido del tren no fuimos haciendo otra cosa más que escuchar música, cantar alguna que otra cancioncita en voz baja, hablando o viendo algún video gracioso en internet. El tren se detuvo de pronto y pudimos apreciar un paisaje completamente distinto. El viento arrastraba las flores de cerezo que volaban en el aire, describiendo círculos por el cielo azulado. Ya no había tanta gente caminando de un lado a otro. En cierta forma, era un lugar tan pacífico como ningún otro. Una vez que bajamos del tren, vi que Kaoru tomó una pose peculiar, como si estuviera participando en alguna carrera. Un par de orejas amarillas con puntas de color negro aparecieron sobre su cabeza.
—¡Apuesto a que llego a la casa antes que ustedes, par de vejestorios!
—¿A quién le llamas vejestorio, engendro del mal? —le reclamó Hao, fingiendo sentirse ofendido con el supuesto insulto.
—Engendro del mal… —repitió el apodo, mientras se acariciaba el mentón. Sonrió, traviesa—. Me gusta como suena eso.
Dicho esto, se echó a correr con la velocidad de un animal salvaje. Hao la siguió, lanzando pequeñas esferas de fuego para distraerla y así poder sobrepasar su nivel de velocidad.
—¿No piensas seguirles el juego? —me preguntó Manta, algo divertido.
Sonreí de lado, mientras observaba cómo se alejaban.
—Claro que sí, sólo estoy dejando que piensen que llevan la delantera.
Esperé unos cuantos segundos, permitiendo que tomaran la ventaja. De todas maneras, estaba claro que no podían ganar ellos cuando la Tierra era mi elemento. Cuando me dispuse a alcanzarlos, hice algo indescriptible con el suelo. Por dondequiera que pisara, este se hacía menos liso y me permitía ganar mayor rapidez. En menos de medio minuto, ya los había rebasado.
—¡Nos vemos en la cima! —exclamé con alegría, al ver sus caras estupefactas.
No pasaron ni diez segundos para que intentaran alcanzarme de nuevo. Entre risas, corrimos hacia una enorme casa que tenía una fachada que la hacía parecer más antigua que las demás del barrio. Obviamente, les gané a mis hermanos, lo cual no les agradó nada. Llegamos jadeando hasta la residencia de mis abuelos y Hao se dispuso a tocar el timbre impacientemente. Parecía que intentaba reproducir el ritmo de una canción de AeroException que conocíamos muy bien. Me reí con más ganas, ya que no logró imitar la tonada deseada. Se oyeron unos gritos al otro lado de la puerta.
—¡Ya voy! ¡Ya voy! ¡Hao! ¡Vas a arruinar ese maldito timbre si sigues haciendo esas tonterías! —sin duda era mamá.
—¿Le ayudo con toda esa ropa, señora Asakura? —me extrañé un poco, pues no pude identificar a la dueña de esa dulce y melodiosa voz.
—Por favor, cariño —Keiko sonaba más calmada.
La puerta se abrió de golpe y nos recibió una mujer de largos cabellos castaño oscuro. Una hermosa sonrisa decoraba su rostro, lo que la hacía lucir más joven. Vestía un largo kimono rosado con flores blancas.
—¡Mami…! Iuuuugh…
—¿Qué diablos es eso? —quiso saber Hao, señalando la cara de mi madre con un gesto de asco en la cara.
—Oh, es una mascarilla para rejuvenecer la piel —contestó, radiante. Tenía la cara cubierta con una cosa pastosa de color azul—. Lleva una cucharadita de algas azules en polvo con una cantidad suficiente de agua… Aunque, pensándolo bien, pude haberla hecho con dos cucharaditas de gel neutro —comenzó a murmurar para sí misma, olvidándose de nuestra presencia por un instante.
Aunque llevaba el rostro cubierto por esa pasta rara, pude notar que mi madre se ruborizaba un poco.
—Si tan sólo me hubieran avisado que venían tan pronto… ¡No se queden ahí parados! —nos recibió a todos sin borrar esa sonrisa de sus labios—. Por favor, pasen. Están en su casa.
Sin decir nada más, la seguimos. En el camino, nos encontramos con un grupito de aprendices. Ignoraba si eran aprendices de mi abuelo o de mi abuela, pero las chicas soltaron risitas coquetas al vernos. Anna me fulminó con la mirada por devolverle el gesto a una de ellas. Por su parte, Hao buscaba a alguien más con la mirada. Sonreí con malicia al pensar en una persona en particular.
—¡Circulando, chicas! Creo que tienen cosas más importantes que hacer —ordenó repentinamente una voz, seguida de unas palmadas que hicieron que las aprendices se sobresaltaran y siguieran con su camino.
En ese momento, la aprendiz de mi abuelo, la misma Evolet, venía bajando los escalones de la entrada. Hacía mucho tiempo que no la veía. Tenía una estatura promedio, pensé que podría pasar fácilmente el metro sesenta. Seguía tan bonita como siempre. Traía su largo cabello bucleado amarrado con una cinta azul, y sus dorados ojos resplandecían con alegría. Estaba vestida con un kimono corto de color azul, típico de las aprendices del abuelo. Al vernos, nos dedicó una cálida sonrisa de bienvenida.
—No lo puedo creer —interrumpió Anna, antes de que cualquiera pudiera adelantarse a hablar—. ¿Tú? ¿Haciendo el papel de jefa mandona?
Noté que mi Annita mostraba una sutil sonrisa de lado, mientras se cruzaba de brazos. No le quitaba la vista a la recién llegada.
—Pues alguien tiene que hacer el trabajo sucio cuando no estás. Es tu culpa —Evolet le dedicó la misma sonrisa de lado.
Se notaba que ambas se entendían con la mirada. Sin embargo, los demás tenían la sorpresa pegada a la cara, tras ver la manera en que se hablaban las dos. Para mayor sorpresa de todos, incluidos mis hermanos, Evolet se acercó a Anna con familiaridad y la abrazó, gesto que hizo que mi prometida se sonrojara de la vergüenza, haciendo que más de uno entre mis amigos abriera la boca en shock. Por otro lado, a mí no me parecía extraño.
—Qué gusto volver a verte. Ya me tenías abandonada —mencionó Evolet, una vez que deshicieron su abrazo.
—Tan dramática como siempre, tú no cambias —Anna alzó la mirada al cielo y negó con la cabeza.
Ambas chicas parecieron recordar nuestra presencia y se giraron hacia nosotros. Mi prometida se adelantó a hablar.
—Ella es Evolet Sakurai, aprendiz en jefe de la rama de adivinación y tal vez la única persona competente en este lugar —Evolet miró con un gesto reprobatorio a Anna, pero ella se dedicaba más a lanzarles miradas envenenadas a las otras aprendices que rondaban cerca—. Ya conoces a Kaoru, a Yoh y a Hao, y luego… está el resto de estos inútiles.
Se oyeron reclamos de parte de mis amigos. Yo sólo atiné a reírme, al igual que Kaoru. Sin embargo, a Hao le costaba despegar la vista de la recién llegada. Pobre, lo comprendía.
—Anna… —la aprendiz de mi abuelo pareció lamentarse, aunque luego mostró una pequeña sonrisita de derrota. Desvió la mirada hacia nosotros con gesto amable—. Es un gusto conocerlos a todos y sean bienvenidos. Espero que podamos ser amigos —más de uno respondió al buen gesto de la chica, incluso mi hermano. Evolet volvió a dirigirse a Anna—. Iba de salida, pero al rato vuelvo. Tenemos mucho de qué hablar.
—Bastante, de hecho… pero no te tardes. Odio esperar.
Anna no dejaba de ser Anna, ni siquiera con su mejor amiga de la infancia. Evolet sólo rio.
—Como digas… ¿Necesita algo más, señora Asakura? —se dirigió a mi madre esta vez.
Entonces había sido ella quien se ofreció a ayudarle con la ropa.
—No, cariño. Gracias. Vete con cuidado.
Evolet asintió y se despidió de todos, para luego desaparecer tras las puertas de la entrada. Keiko nos instó a volver a seguirla para entrar a la enorme casa de Izumo de los Asakura. Sus pasillos eran interminables; hasta a mí me costaba recordarlos para no perderme.
—¿Qué tal han estado, chicos? —preguntó Keiko con una amable sonrisa.
—Todo bien, muchas gracias por preguntar —respondió Lyserg con un tono educado—. ¿Y usted? ¿Qué tal está su familia?
Nuestra madre se tensó ante esa pregunta.
—Eh, pues todo bien —soltó una pequeña risita nerviosa, algo que me extrañó un poco, pero traté de no darle tanta importancia—. Ya saben, mis padres han estado entrenando arduamente a las chicas, y con Miki nos estamos haciendo cargo del papeleo de la oficina. Lo típico… ¿Qué tal están sus padres? ¿Todo está bien por allá? —preguntó, desviando un poco el tema.
Seguramente los demás le hubieran respondido a coro, pero Len se adelantó.
—Pues, mi padre mandó construir otra mansión en Shanghái —comentó como quien no quiere la cosa—. Creo que ya estará lista para el próximo año, así podremos ir para las vacaciones de verano.
—No puedes estar un día sin presumir el dinero de tu familia, ¿verdad? —se burló Hao, pero se encogió de hombros cuando mamá lo vio algo molesta—. ¿Qué? Es la verdad.
—No lo regañe, señora Keiko —lo defendió Horo. Aquello nos extrañó a todos, incluso a mi hermano—. Hao tiene razón. La verdad es que Len ya nos tiene HARTOS… —pronunció la última palabra, mientras retaba con la mirada al Tao, quien no dudó en devolverle el gesto—, porque le gusta andar de pretencioso.
—Bueno, es mejor sentir orgullo por los logros de la familia, a estar de pesimista todo el tiempo.
—¡Un tenista a medio tiempo! —bromeó Chocolove a viva voz.
No supe cómo lo hizo, pero en ese momento vestía el uniforme de un jugador de tenis, mientras alzaba una raqueta con una mano y golpeaba ligeramente a un Mic disfrazado de pelota de tenis. Hubo un silencio general durante unos cuantos segundos, hasta que Len hizo su posesión de objetos. Tragué duro, a la vez que veía a Chocolove con un poco de lástima.
—¡YA CÁLLATE, LABIOS DE HUACHINANGO!
—¡Ey, que era una broma! —mi pobre amigo trataba de escudarse con sus brazos, para no salir tan lastimado de la paliza que le iban a dar.
—JA, JA, JA. ¿ESCUCHASTE, TAMAO? —preguntó Pilika entre risas.
—JA, JA, JA. ¡PESIMISTA Y TENISTA! —Tamao tenía las mejillas coloradas de tanto reír, al igual que Pilika.
Los demás las vimos con pequeñas gotas de sudor en la nuca. No entendíamos cómo encontraban graciosos los chistes del moreno. Keiko se había excusado un momento, diciendo que iría a la cocina por algo. Después de un rato, regresó con el rostro libre de esa mascarilla de dudosa procedencia. Lucía más hermosa que nunca y no lo decía solamente porque era mi madre. También pude notar que estaba peligrosamente pálida. De nuevo, sentí que algo extraño sucedía. ¿Estaría enferma?
—¿Y papá? —pregunté sin quitarle la vista de encima, suspicaz.
Mi madre pareció ponerse nerviosa. ¿Qué estaba pasando ahí? ¿Nos estarían ocultando algo?
—Está intentando arreglar su inservible auto. Le advertí que no comprara esa estúpida camioneta —farfulló, mientras desviaba la mirada hacia otro lado. Sus ojos brillaron en señal de enojo, cosa que nos asustó tanto a Hao como a mí—. Su padre no entiende lo innecesario que es tenerlo.
—…Aquí pasa algo extraño —conjeturó mi irritado hermano mayor. Keiko tragó duro, dándose cuenta del error que había cometido al quitarse la mascarilla—. ¿Qué demonios está pasando aquí, mamá?
—Nada —aseveró ella con nerviosismo, pero ninguno de los dos le creímos.
—Te dije que esto podía salirse de control, Keiko —comentó una voz desde lo lejos. Nos volteamos a ver, cada vez más aterrados—. Creo que sería bueno decirles la verdad de una buena vez.
No supe de dónde pudo haber salido, pero en cuestión de segundos, Mikihisa se acercaba hacia nosotros con un ademán nervioso, al igual que nuestra madre. Parpadeé perplejo ante la imagen que tenía justo enfrente de mí. Él también estaba paliducho y, a pesar de que llevara puesto sus lentes, percibí que sus ojos cafés tenían un brillo extraño. Evidentemente, no estaba tan pálido como mamá y eso era debido a su tez bronceada, algo que Hao y yo definitivamente habíamos heredado.
—¿Y bien? —pregunté con impaciencia.
No supe el motivo, pero presentía que había algo escalofriante detrás de toda la verdad.
—Cariño, sé que estarás molesto… pero debes entender que hicimos esto para protegerlos —me puso una mano en el antebrazo, demostrándome que únicamente hacía lo correcto.
No obstante, el contacto de su piel con la mía me tomó desprevenido. Solté una exclamación al mismo tiempo en que ella retrocedía. La miré completamente asustado. Sus manos… Tenía las manos completamente heladas. Entonces repasé mentalmente todos los sucesos. Piel fría y pálida… No podía ser cierto. Mis padres… ¿Unos vampiros?
—Nos estás tomando del pelo, ¿verdad?
Ojalá y todo hubiera sido una broma de mal gusto. Me negaba a aceptar esta dura realidad.
—¿De qué estás hablan…? —y la pregunta quedó en el aire.
Supuse que Hao se puso a atar cabos y llegó a la misma conclusión que yo. La escena que le siguió fue demasiado para nosotros. Nadie, absolutamente nadie, interrumpió el relato que ambos nos contaron.
Había sucedido el mes pasado, justo el día en que Kaoru viajó a Funbari. Decidió pasar unos cuantos días en la casa de nuestros abuelos, en Izumo. Ocurrió entre las dos y tres de la tarde. Por suerte los abuelos estaban de viaje, ya que tenían que arreglar unos asuntos. La mansión se sentía muy sola sin Yohmei y Kino; además, habían decidido llevarse a Evolet con ellos. Kaoru estaba acostada en el sillón y Keiko estaba en la cocina, haciendo a saber qué cosas con Mikihisa.
Era una tarde tranquila, o al menos lo fue hasta que eso sucedió. Alarmados por un grito que ahogó mi hermana menor, salieron disparados de la cocina hacia la sala para saber qué estaba pasando. Unas figuras altas y pálidas los veían con interés desde el vestíbulo. Casi por instinto, se pusieron delante de Kaoru para protegerla de aquellos seres. Un hombre de cabellera violácea con unos intensos ojos de color azul topacio iba acompañado de una joven de cabello rubio y brillantes ojos verdes.
—¿Qué es lo que quieren? —les exigió saber Mikihisa.
El hombre se echó a reír con ganas, antes de preguntar.
—¿Dónde están Yoh y Hao Asakura?
—¿Qué demonios quieren de ellos?
—Unos estúpidos mortales como ustedes no se interpondrán en nuestro camino —la rubia sonrió, sádicamente. Se acercó a paso decidido, dispuesta a eliminar la distancia que había entre ellos y nuestros padres—. Mi amo les hizo una pregunta, humano de mierda. ¿Dónde están sus hijos?
—¿Y si no queremos decirles? —la retó Keiko.
Ella rio con más ganas y se dirigió a Mikihisa.
—Los humanos son tan predecibles…
Dicho esto, agarró a Mikihisa por el cuello y sus dientes perforaron su piel, todo a una velocidad indescriptible. Kaoru y mamá ahogaron un grito al ver la escena. Mikihisa cayó al piso jadeando, mientras intentaba detener la hemorragia de su cuello. Keiko empezó a sollozar al lado de su esposo, a la vez que miraba con odio a la que se había atrevido a hacerle daño. Los dos espíritus acompañantes del Asakura aparecieron a su lado, defendiendo a la familia como podían.
—¡Esta será una linda historia! Tus hijos estarán orgullosos de lo que has hecho, Keiko. Morir defendiendo a tu esposo e hija… y todo por no haber colaborado con nosotros —se burló la chica, haciendo desaparecer a los espíritus a una velocidad luz—. Te hubiéramos perdonado la vida si nos hubieras dicho en dónde ocultas a tus estúpidos hijos…
—No los subestimes, Meene —la interrumpió el otro vampiro—. ¿Cuántas veces debo decirte que serán de gran utilidad para nosotros? Sólo es cuestión de encontrarlos y convertirlos en seres inmortales…
Estaba tan absorto en lo que decía que Keiko aprovechó el momento para acercarse a su hija.
—Kaoru, escúchame bien —le susurró. Kaoru miraba con los ojos anegados en lágrimas a su madre. Por alguna razón, ninguna de las dos shamanes podía hacer uso de sus poderes espiritistas, por lo que Keiko aprovechó su poder espiritual para crear una barrera que impidiera que pudieran oírlas—. Quiero que huyas de aquí lo más pronto posible. No importa lo que llegue a pasarme. Te daré tiempo para que escapes. Regresa a la pensión, por favor. Tus hermanos cuidarán de ti…
—Pero mamá… —la interrumpió al borde del llanto—. ¿Qué pasará contigo?
—No te preocupes por mí. Estaré bien. ¡Ahora vete!
Meene se arrojó sobre Keiko, quien forcejeó, intentando quitársela de encima. Kaoru trató de moverse, pero parecía que tuviera los pies pegados al piso. Desesperada, trató de invocar a Yami, su espíritu acompañante, viendo cómo el hombre se le acercaba peligrosamente.
—Vamos, Yami —pidió entre dientes, mientras sostenía un dije de una hoz entre sus manos—. ¡Ayúdame! Tenemos que salvar a mamá y papá.
Mikihisa yacía inconsciente en el piso y Keiko seguía forcejeando. La mano de Meene se estaba cerrando en su cuello y Keiko sentía que se le estaba acabando el oxígeno. Con los ojos desorbitados, le dirigió una mirada a su hija como diciendo: "¿Qué estás esperando? ¡Vete ya!". Kaoru trató de moverse de nuevo. Un pie fue todo lo que logró desplazar. No bastó nada más que la siguiente imagen para que sintiera que se le iba el alma. Meene tiró al piso a su madre, quien trató de incorporarse, pero no pudo hacerlo porque la vampiresa le pateó con ganas la espalda. Keiko logró murmurar un "no olvides que siempre te querremos, Kaoru", para después soltar un grito desgarrador. Meene le había perforado la yugular, al igual que a su padre.
—¡NO! —gritó Kaoru, intentando dar un paso hacia el frente, cosa que no logró—. ¡MAMÁ! ¡PAPÁ!
—Hora de irnos, Meene —dicho esto, ambos vampiros desaparecieron del lugar para dejarla sola con los cuerpos inconscientes de sus progenitores.
Kaoru cayó al piso, mientras lloraba copiosamente. Recordó lo que le había prometido a su madre. Buscó su maleta y metió sus objetos personales en ella, para después partir hacia Funbari, donde sus hermanos la esperaban.
Mi hermana menor tenía los ojos enrojecidos de tanto llorar. La abracé, mientras ella acomodaba su cabeza en mi pecho. No le hacía nada bien escuchar la historia, pues era como vivirla nuevamente. Mamá me miraba con pena, al igual que Mikihisa.
—Supongo que deben odiarnos —comentó Keiko, dejándonos sorprendidos a Hao y a mí. ¿Había escuchado mal?
—¿Por qué habríamos de hacerlo? —inquirió un anonadado Hao—. ¿Por haber sido convertidos? ¡¿Cómo pueden decir eso?! ¡Ustedes son nuestros padres!
—Somos parte de esta plaga que se está expandiendo por el mundo —murmuró Mikihisa.
—¿Y qué? Ninguno de ustedes tuvo la culpa. No voy a odiarlos por eso. ¿Acaso no fueron ustedes los que nos dieron la vida? Me importa una mierda lo demás… ¿Qué? Es la pura verdad. Voy a quererlos pase lo que pase, y sigo firme en que no tengo un recuerdo más hermoso que el día en que volvieron a encontrarse en ese parque. ¿Verdad, Yoh?
—Por supuesto —asentí con felicidad al recordarlo. Mamá sollozó y nos abrazó, teniendo cuidado de no hacernos polvo con esa nueva fuerza. Le devolvimos el gesto, a pesar de sentir frío sobre la piel—. Yo también los quiero.
Pasaron unos minutos en los que Keiko no logró calmarse, por lo que decidió salir de la habitación un momento. Al parecer, Evolet venía llegando de su salida en la mañana, porque se topó con mi madre en la puerta y esta la pasó de largo, preocupándola. Se acercó a Anna para preguntarle qué había pasado con ella. En cuanto su mirada se encontró con la de Hao, ella sonrió, pero mi hermano la rehuyó casi al instante, bastante nervioso. Oí a Evolet reírse por lo bajo, notando cómo sus mejillas se teñían en un ligero rosa pálido. Sonreí con diversión. Tal vez, después de todo, Anna estaba en lo correcto y a Evolet podría gustarle Hao.
El ambiente se relajó y nos pusimos a conversar animadamente entre todos, mientras esperábamos que el humor de Keiko mejorara, cosa que no tardó en suceder. Mamá volvió de nuevo a la habitación, interrumpiendo mis cavilaciones. Parecía estar más calmada y, además, traía lo que parecía ser una fotografía en sus manos. Se acercó a mi prometida y a su mejor amiga.
—Chicas, ¿podrían venir un momento?
Tanto Evolet como Anna se miraron entre ellas para luego seguir a mi madre. Las condujo por otro pasillo, dejándonos a todos con la confusión en el rostro.
—Bueno… ¿Qué tal la escuela? —quiso saber Mikihisa, radiante.
Supuse que estaba feliz porque, después de todo, no los odiábamos por algo de lo que no tenían culpa alguna. No necesitaba hablar con mi hermano para saber que él también detestaba a esos vampiros. Luego pensaríamos en algo para nuestra revancha.
—Bien… —respondimos todos a coro, vacilando.
—Me han contado que, de vez en cuando, tienen combates en Educación Física. ¿Qué tal les va en esa clase?
—Es divertido —respondió Manta, ya más aliviado. A lo mejor le había entrado pánico ante la idea de que mis padres fueran vampiros. A pesar de eso, y en un santiamén, se dibujó una sonrisa triste en la comisura de sus labios—. Aunque sigo pensando que soy muy débil. Todos los de nuestro curso me superan con creces.
—No digas eso —le reclamé, frunciendo ligeramente el ceño—. Muchos de nuestros compañeros son más débiles, y lo sabes.
—Si tú lo dices…
—Yoh tiene razón —habló Len—. No eres para nada débil… Claro, no llegas a mi nivel, pero eso no significa que seas un debilucho.
—Len, no empieces —le pidió Lyserg, al notar que Horo-Horo empezaba a molestarse por el egocentrismo de mi amigo.
—¿Y en inglés? ¿Qué tal les va? —nos preguntó nuestro padre, cambiando el tema al ver que podría desatarse una disputa en cualquier instante.
—La mayoría va bien, pero Yoh y yo no la estamos llevando —confesó Hao con una sonrisa. Al ver que Miki levantó una ceja en señal de una posible reprimenda, se apresuró a añadir—. ¿Para qué íbamos a seguir llevándola si ya sabes que nuestro inglés no es malo? La escuela abrió un nivel de conversación este año, así que decidimos meternos a esa clase. Qué aburrido aprender gramática y todo eso de nuevo.
—¿Están en la clase de conversación? —preguntó Horo, un poco sorprendido—. Ya se me hacía extraño no verlos en inglés. ¿Cómo pudieron inscribirse en esa clase de una sola vez?
—Nosotros ya conocemos el idioma, Horo. Papá me inscribió en clases desde que era pequeño, e hicieron lo mismo con Yoh y Kaoru. Al parecer, aunque nuestros padres no vivían juntos, siempre pensaron en lo importante que era aprender dicho idioma —le explicó, mientras miraba de reojo el pasillo por donde se habían ido mi madre y las chicas.
—Es verdad, y Kaoru también estaría avanzada, de no ser porque ella no aprovechó las clases particulares en su momento… Sabes que digo la verdad, pequeño monstruo —me burlé de ella. Mi hermanita me miró con molestia. Ignoré la expresión de su rostro y seguí hablando—. Y bueno, ya sabemos que Lyserg y Chocolove no la reciben para nada por obvias razones.
La plática continuó con total normalidad, hasta que me pareció oír unas risitas ahogadas al fondo de la cocina. Al parecer, Hao también lo había notado y decidimos levantarnos con discreción para averiguar de qué se trataba. Nos acercamos al marco de la puerta y nos ocultamos detrás para espiar. En la cocina, tanto mi prometida como su mejor amiga estaban riéndose con ganas, mientras observaban la misteriosa foto. Mamá estaba junto a ellas, pero veía la foto con ternura. Tenía un mal presentimiento y por la cara que había puesto Hao, él también.
—Debo admitirlo, estaban bien lindos los dos de chiquitos —mencionó Evolet, sonriendo de lado con cierta simpatía.
¿Qué podía tener de especial una fotografía? Decidí observarla mejor y noté que era una imagen impresa a computadora. Me acerqué sigilosamente con Hao detrás de mí, para conocer el motivo de sus risas.
—Le quedó muy bien señora Keiko —le sonrió Annita—. ¡Se ve tan real!
Fue la imagen más hermosa que había visto en toda mi vida. Estaba con las mejillas sonrojadas de tanto reír y una sonrisa se había dibujado en sus labios.
—Gracias, pero no es la gran cosa…
—¡No diga eso! —la interrumpió Annita, fingiendo molestarse—. Ahora veo de dónde sacó Yoh esa habilidad que tiene para dibujar. ¿No le has visto sus trazos, Evolet? ¡Son geniales! Cualquiera pensaría que pertenecen a un artista de gran renombre, pero… ¡Es Yoh quien en realidad los hace!
Cuando nos acercamos lo suficiente, pudimos ver que se trataba de una imagen editada. En la supuesta fotografía, yo estaba de pie, viendo cómo Hao me tomaba la estatura. Él estaba de rodillas en un banco y con una regla en la mano. Me sonrojé a más no poder.
—¿Qué creen que están haciendo? —Hao se me adelantó, sin poder evitar sonrojarse.
Las chicas voltearon, sorprendidas.
—Dame eso, por favor —le pedí a Annita, aún muerto de vergüenza.
—…No lo creo.
Hao fulminó con la mirada a mi prometida por su respuesta.
—Pues… Si la quieren, van a tener que quitárnosla —habló Evolet con una sonrisita de desafío en el rostro.
Eso debió gustarle mucho a Hao, porque lo vi sonreír de lado. Me miró y yo lo entendí a la perfección.
—Reto aceptado —respondimos los dos, antes de lanzarnos a corretear a las chicas, quienes ya se habían separado en diferentes direcciones.
Evolet le pasó la foto a Anna en su primer cruce y luego de haber esquivado a Hao, mi prometida chocó contra mí. La sujeté de la cintura con diversión, pero luego Anna me mostró las manos con cierta maldad. Ambas estaban vacías. Un grito de exclamación nos hizo voltear para ver que Hao había interceptado a Evolet y esta le pedía que la liberara. No obstante, él se dispuso a hacerle cosquillas para que le diera la foto. No sé quién de los dos pudo haber sido, pero alguno dio un mal paso y, acto seguido, perdieron el equilibrio, cayendo estrepitosamente al piso. Evolet terminó encima de Hao, quien intentó evitar que ella se golpeara al caer. Sus rostros quedaron muy cerca uno del otro. Eran milímetros los que los separaban. Ambos estaban perplejos y se habían quedado mudos, hasta que Keiko carraspeó y nos miró con un aire pícaro a los cuatro. Se me olvidó por completo la presencia de mi madre… ¿Había estado observando todo este tiempo?
Tanto Hao como Evolet se separaron bastante nerviosos y apenados, farfullando disculpas. Anna y yo nos sonreímos con cierta complicidad, pues esa había sido la primera fase del plan.
—Ah, casi lo olvidaba —habló Keiko, minutos después de aquel incidente, y no sin antes dedicarme una mirada de "Me lo tienes que contar todo". Señaló una gran caja que estaba en el piso, en un rincón de la habitación. Un televisor de treinta y dos pulgadas habría cabido perfectamente dentro—. Mikihisa les compró un regalo. Tiene muchos chocolates dentro, pero cómanselos con cuidado. No se los vayan a acabar de una sola…
—¡CHOCOLATES! —nos abalanzamos de forma desesperada encima de la caja, abriendo unos de envoltorio dorado.
—Tú tienes la culpa, Keiko —ella volteó a ver a su esposo con cierta sorpresa.
—¿Y por qué yo?
—No lo sé, tal vez por tu obsesión por los dulces que al parecer heredaron y es mil veces peor.
—¡Oye!
—¿Obsesión? No sé de qué hablas, papá —mi gemelo se hizo el desentendido, mientras le quitaba el empaque a su tercer chocolate.
—¡Fuiste tú quien los compró! —reprendió Keiko, viendo a su esposo totalmente disgustada—. Tú tienes la culpa.
Kaoru entró en la sala, con aire confundido.
—Oigan, ¿Por qué tanto alboro…? ¡Chocolates! —se sentó a la par mía a comer con nosotros.
Al final, todos los que estábamos ahí acabamos comiendo chocolates. ¡Pues eran cientos los que había comprado Mikihisa! Así pasamos toda la tarde, comiendo y contando anécdotas que nos habían ocurrido a lo largo de los años. Cuando ya empezaba a atardecer, me propuse ser un gran hijo para mis padres a partir de ese día… Bueno, desde mañana, porque mamá notó que teníamos las uñas pintadas de negro y no se puso muy contenta que digamos. No sabía qué era peor: recibir una amenaza de que me quitarían la mesada si seguía así, o que Hao se echara la culpa. Inmediatamente desmentí este hecho. No iba a permitir que el castigo fuera sólo para mi hermano. Al menos, nos habíamos salvado porque Mikihisa cambió el tema, proponiéndonos quedarnos a dormir, ya que regresaríamos demasiado tarde. Mis amigos accedieron, aunque al principio no querían, pues les daba pena aceptar la propuesta de mi padre.
Había descubierto algo muy importante el día de hoy; no todos los vampiros eran malvados y mis padres eran el vivo ejemplo de eso. No pude evitar sentirme orgulloso de ser hijo de personas tan valientes como ellos, que habían dado su vida por protegernos.
•❈•
¡Hola! ^^
Otro capi más que ya está editado. Varios de sus diálogos han sido cambiados. ¿Les gustó la aparición de Evolet? Jajaja ya veremos cómo influirá este nuevo personaje en la vida de los chicos (sobre todo en la de Hao xD)
Espero que les haya gustado. Pueden dejarme reviews con sugerencias, críticas, comentarios o lo que sea. ¡Son bien recibidos!
¡Nos vemos! ^^
