Disclaimer: Shaman King y sus personajes no me pertenecen. Son de Hiroyuki Takei. Tampoco son de mi propiedad algunos lugares, canciones y/o marcas que aparezcan aquí. Sólo la trama, OC y lugares ficticios son de mi autoría.
Advertencias: lenguaje soez, gore (leve o moderado), y algunos pensamientos obscenos (Rated T).
Género: General. Tiene un poco de todo.
Pensamientos, comunicación por telepatía, recuerdos, sueños.
4
Recuerdos
Yoh Asakura
Aún no sabía por qué, pero estaba seguro de que ese veintiuno de abril iba a ser un día que jamás olvidaría, y no era a causa del concierto de AeroException, mi banda favorita. Intuía que algo más sucedería… y ese 'algo' lo descubriría hasta llegada la noche. Ni siquiera mi madre me aguantaba, porque a toda hora volvía a recordarme que jamás me dejaría ir de nuevo. No sentí el correr del tiempo, ya que cuando me fijé, eran las seis de la tarde. Cuando Kaoru supo que iría a este concierto, quiso convencer a mamá de acompañarme. Fue gracias a los Grandes Espíritus que mi querida Keiko no le dio permiso; no quería cargar con una niña en el mejor concierto de mi vida.
Keiko conducía con un aire tranquilo hasta cierto punto, mientras que yo iba muy nervioso en el asiento del copiloto. Casi no hablé con ella en todo el camino, eso fue porque no podía dejar de sentir paranoia. Intentaba disimular lo más posible frente a ella, repitiendo en mi mente que todo saldría bien. Finalmente, llegamos y mamá estacionó a una cuadra del lugar. Antes de quitarle el seguro a la puerta, me dirigió una mirada curiosa. La contemplé en silencio, sin saber interpretar su acción. ¿Acaso mi inusual vestuario había cumplido con su cometido? Molestarla nunca era buena idea, pero no podía evitarlo. Keiko aborrecía el rock moderno… Lo cual era extraño, porque el rock de antes le encantaba.
—¿Estás bien? —quiso saber, sin cambiar su expresión facial—. Te noto raro.
Ah, así que era eso… Lo gracioso era que ni yo mismo sabía cómo contestarle.
—No entiendo tu pregunta —respondí con simpleza. La vi arquear una ceja; por supuesto que no me creería. Suspiré, frustrado—. Tranquila, no me pasa nada.
—Jovencito, estás tratando de mentirle a quien te llevó en el vientre por los nueve meses. Tendrás que buscar otro truco que funcione… Es el concierto, ¿no? —lo que obtuvo de mi parte fue silencio, por lo que hizo una mueca graciosa. Empezó a acariciar mi cabello, intentando tranquilizarme—. Aunque deteste ese patético intento de música, me importa mucho verte feliz. Si eso es lo que te gusta… Hijo, es tu primer concierto. No puedo creer que hayas crecido tan rápido.
Bueno, tenía razón. Nunca antes había estado en un evento de tal magnitud, por lo que debería estar feliz. Era el primer concierto de AE en Japón. Incluso así, la extraña sensación no me dejaba en paz. Como pude, fingí una sonrisa para que ella se tranquilizara.
—Si comienzas a llorar, no me soltarás jamás —me reí, pues le tomaba el pelo.
Keiko me imitó, acercándose para darme un tierno beso en la frente.
—Muy bien, tú ganas. Cuídate, mi pequeño —pude sentir que intentaba disfrazar la angustia en su tono de voz, pero no lo logró—. Si necesitas algo, no dudes en llamarme… y no creas que no capté las intenciones que tienes con esa ropa. En cuanto llegues a casa, hablaremos seriamente sobre esto.
Volví a reírme. Sabía que me ganaría un gran castigo, pero valía la pena.
—Estoy en proceso de volverme emo, gótico o lo que sea —repetí sus palabras a modo de broma. Alcé una mano para poner mis dedos sobre su entrecejo, pues así dejaría de fruncirlo—. Te llamaré cuando el concierto termine. Te amo.
Besé su mejilla como despedida antes de bajarme del auto. Me apresuré para ir a formar la enorme fila de todos aquellos que querían entrar. La mayoría estaba charlando muy animado, compartiendo sus expectativas de conseguir autógrafos y cosas así. Como venía solo, no tenía con quien comentarlo, así que me quedé callado a la espera de que fuera mi turno para entrar. Estaba en la fila de entrada de la zona VIP y, cuando me volteé por pura curiosidad, me pareció ver una larga cabellera castaña. El dueño de tan llamativo cabello –porque sí, era un hombre– no supo que lo había estado observando, pues al instante volteó y no pude verle la cara. Un alboroto me distrajo y dirigí la mirada hacia el frente, notando que un guardia de seguridad estaba peleando con un sujeto calvo que afirmaba que sus entradas no eran falsas. Lo típico en un concierto.
Pasaron diez minutos y por fin estaba buscando mi asiento con emoción. ¿Cómo fue posible reunir tanto dinero? Digamos que aquí estaban seis meses de ahorro. Aun así, Keiko me ayudó a completar lo que faltaba. Esto me sorprendió porque pensé que estaba en contra de que fuera… Por eso se lo agradecía. Finalmente, la hora había llegado y comenzó a tocar la banda de apertura, una desconocida, por cierto. No obstante, lo hacían bastante bien. Sin embargo, casi no les presté atención, pues lo único que quería era ver a AeroException tocar. Cuando estos salieron a escena, sentí que el alma se me salía del cuerpo. Tocaron canciones como: Empty Euphoria, Ignorance, Lying to You… y unas cuantas más que mejor no mencionaré para ir directo al grano. Estaba hablando del motivo que me tenía tan ansioso esa noche… Esa sensación de que me habían estado ocultando algo muy importante.
El concierto terminó y era el momento de la firma de autógrafos. Fue un momento de total locura para mí. Cuando se apartó el chico que tenía en frente… ¡Estaba parado justo delante de mis ídolos de la música! El primero que firmó mis cosas fue el baterista de la banda. Luego, le siguió el bajista, el de la guitarra principal y, por último, los dos vocalistas.
—¡Hola! ¿Cómo te llamas? —me saludó Pierre, el vocalista principal.
En ese momento, le agradecí mentalmente a mi madre por haberme mandado a clases particulares de inglés. De lo contrario, habría hecho un total ridículo.
—Yoh Asakura —respondí, emocionado.
—Espera… —hizo una pausa, mirándome de pies a cabeza. Sus ojos reflejaban duda y confusión—. ¿No habías pasado ya para que autografiáramos tus cosas?
¿Eh? ¿Me estarían confundiendo con alguien más?
—No lo creo —respondí y al parecer, me creyeron, dado que mi rostro mostraba la misma confusión—. Seguro me estás confundiendo, Pierre.
—A mí también me pareció conocido tu rostro —comentó Jake, el bajista, quien estaba sentado un poco más atrás—. Qué extraño.
—Bueno, lamento esto. ¿Podrías repetirme tu nombre de nuevo, por favor? —la mayoría soltó una risa, incluido Pierre.
Sonreí con cansancio. Típico.
—Yoh Asakura —lo dejaría pasar sólo porque se trataba de ellos. Estaba incluso dispuesto a deletrearlo para ellos—. Y-O-H, A-S-A-K-U-R-A.
—Discúlpalo, nunca fue muy brillante —se burló Brad, el otro vocalista y segundo guitarrista del grupo—. Además, el cansancio no lo deja escuchar bien.
—¡Hey! —reclamó, una vez que terminó de firmar mis cosas y se las pasó a Jake por mientras—. Por lo menos yo tengo un autógrafo decente. ¿Has visto el tuyo? Parece un garabato hecho por un niño de dos años.
—No hay problema, estoy acostumbrado —le resté importancia, pues era mucho más divertido verlos reñir—. Gracias por su autógrafo, chicos. Espero que pueda volver a verlos en su próxima gira.
Tomé mi camiseta autografiada y los álbumes, pero Pierre me detuvo.
—Espera un momento —lo vi ponerme un pequeño aplique en la camiseta. Este decía: WON. Lo miré y me guiñó un ojo—. Estás de suerte, tendrás que quedarte un par de minutos más.
Tenía que ser una broma. Ese aplique indicaba que había sido uno de los quince seleccionados que tendrían la suerte de pasar a conocerlos más personalmente. Me salí de la fila, emocionado. Tuve unas inmensas ganas de ponerme a brincar como un idiota, pero me contuve. Decidí que esperaría pacientemente, pero algo o mejor dicho 'alguien' me llamó la atención. Alguien que también estaba en ese mismo cuarto. Aquello fue suficiente para regresarme a la realidad. Era un chico de mi misma edad y estaba apoyado de espaldas contra la pared. Noté que sus cosas autografiadas estaban sobre una silla a su lado. El muchacho parecía que iba a asesinar con la mirada a su pobre celular. Tenía la tez bronceada, era bien alto y su cabello era color castaño oscuro. Era… idéntico a mí. ¡Era igualito a mí! La única diferencia estaba en que su cabello era mucho más largo que el mío.
Sentí que me ponía pálido de la impresión. ¿Acaso él tenía que ver con el extraño presentimiento que me atormentaba? Di un paso hacia atrás, temeroso. Esto era simplemente imposible. ¿Qué probabilidad había de encontrarme con una copia mía en un concierto?
Mi intensa mirada pareció fastidiarlo, porque alzó su rostro con el ceño fruncido. Nuestros ojos se conectaron por primera vez, y me di cuenta que eran del mismo tono que los míos. Su mirada se volvió una de horror y dejó caer su teléfono. Eso quería decir que él tampoco estaba enterado de nada. Fue ahí cuando mi mente comenzó a cavilar y a suponer cosas. ¿Sería esto mera casualidad? Ninguno de nosotros sabía de la existencia del otro, y teníamos rasgos demasiado idénticos: mismo color de cabello, tono de piel, color de ojos… Entonces recordé la primera vez que Keiko me habló de mi padre. Lo único que tenía claro era que se habían separado cuando yo tenía un año y unos meses de edad.
—Disculpa —me apresuré a decir—. No quise ser indiscreto ni entrometido, pero noté que pareces tener dificultades con tu…
Señalé hacia el piso y el chico se apresuró a levantar su celular.
—Rayos, esta cosa apenas funciona y justo se me cae —se quejó. Volvió a mirar hacia mí, esta vez con pena ajena—. Estaba intentando hacer una llamada, pero tiene problemas desde hace un tiempo. ¡En mal momento se le ocurre fallar!
—Tranquilo, puedo prestarte el mío si quieres —le propuse, sintiendo un calorcito extraño dentro de mí.
El muchacho pareció calmarse y suspiró.
—Me salvarías la vida.
Apenas rocé su mano cuando le di mi celular, pero me bastó para sentir que era familiar. Pensé que era imposible, nunca antes había visto a este chico. Fue ahí que noté que estábamos siendo el centro de atención. Mi 'posible' doppelgänger bufó, molesto, mirando de reojo a una pareja que no hacía el mínimo intento por disimular que nos estaban mirando. Me reí al verlo poner los ojos en blanco. Creí que hasta habíamos captado la atención de los chicos de AeroException.
—Este modelo es genial —comentó, luego de cortar la llamada. La foto de Keiko apareció, pues ese era mi fondo de pantalla y esto pareció llamarle la atención—. ¿Es tu hermana?
Era una foto en la que lucía un bonito vestido de verano. Estaba tranquilamente sentada en la playa, pero se veía hermosa. Solía molestarla con esa foto, ya que ese día ningún tipo que pasaba podía quitarle los ojos de encima.
—De hecho, es mi madre —respondí entre risas.
No era la primera vez que me lo preguntaban.
—Pues, parece muy joven —sonrió levemente—. Es muy bonita, por cierto.
—Sólo espero que no me vayas a pedir su número, porque no te lo daré.
Él me miró casi como si lo hubiera ofendido.
—¿Cómo crees?
—Sólo bromeaba —aclaré, sintiéndome muy cómodo—. ¿Por qué te parece raro que tenga una foto de mi mamá? ¿Tú no la tienes?
Lo vi torcer el gesto. Quizá no debí preguntar eso.
—No conozco a mi madre —admitió—. Ella y mi padre se separaron cuando era pequeño. Sólo vivo con mi papá.
Me sentí realmente incómodo, más que nada por descubrir otra similitud con él.
—¿Tus padres están separados?
—Sí —bufó, molesto—. Ni siquiera había cumplido dos años y estoy seguro que fue por alguna tontería. Ya sabes hasta qué extremos pueden llegar en un pleito. Aunque, debo admitir que me habría gustado conocerla —suspiró, melancólico—. Al menos, tú tienes la suerte de tenerlos a los dos, ¿no?
—…Los míos también se separaron cuando tenía un año y meses.
No pude evitar sincerarme con él, como si lo conociera de toda la vida. Me volteó a ver con incredulidad. Esto era aún más extraño; los dos vivíamos sólo con uno de nuestros padres. Él con su papá y yo con mi mamá, sin mencionar nuestro no tan pequeño parecido. Algo andaba muy mal aquí.
—Qué extraño.
Ninguno de los dos habló. Cada quien divagándose en su propia mente. Estaba dudando si debía llamar a mi madre para esclarecer la situación y podía apostar que él estaba pensando lo mismo con su padre.
—Oye, ¿vienes desde lejos para ver a AeroException? —preguntó, curioso.
Entendía por qué le interesaba el tema. Muchos fanáticos habían viajado desde distintas partes del país, únicamente para venir a este concierto.
—No, vivo aquí en Tokio desde hace más de un año. ¿Y tú?
—Me mudé hace unas dos semanas —admitió—. Creo que fue la mejor decisión que mi padre pudo tomar. La ciudad es enorme.
—Puedo darte un recorrido un día de estos, si quieres.
—¿De verdad? Eso sería genial —me sonrió por primera vez—. Sólo espero que no sea el doce de mayo. Tengo un compromiso ese día.
—¿Compromiso?
Resopló con fastidio, como si no quisiera explicarlo.
—Es que mi papá ya hizo planes por mi cumpleaños y se pone como loco si las cosas no salen como quiere —confesó, sintiendo pena de nuevo.
Díganme que era una broma.
—¿Tu cumpleaños es el doce de mayo? —inquirí, tratando de no perder la calma o la cabeza.
—Eso dije. ¿Por qué? —preguntó, confundido.
—¡También cumplo años ese día!
Me cubrí la boca al notar que estaba elevando la voz.
—¡¿Qué carajo…?!
Esto atrajo nuevamente la atención de la gente, así que decidimos bajar un poco la voz. Ambos estábamos realmente estresados, pero debía romper el hielo.
—¿…Sabes? Podría jurar que somos hermanos —intenté bromear, pero lo cierto era que no me hacía gracia la situación.
Éramos idénticos y nacimos el mismo día, mismo mes… y podría jurar que hasta el mismo año. Todo esto era muy chocante.
—Bueno… —susurró, llevándose una mano al mentón. Parecía estar pensando, mientras que yo me deshacía en nervios. De pronto, me miró—. Jamás he visto fotos de mi madre, así que no podría decirte si tu madre se parece a la mía, pero ¿y tú? ¿Conoces a tu padre? Creo que tengo una foto en esta porquería.
Mientras él batallaba con su celular, me quedé pensando en lo que preguntó. Lo había visto en una ocasión en particular. Fue un día en que Keiko buscaba unos papeles dentro de las viejas cajas del ático. Aproveché su descuido para quitarle una fotografía que se le había caído. Era una foto del día de su boda.
—¡Mierda!
El chico maldecía en voz alta a su teléfono, mientras seguía buscando la imagen. Si descubría que teníamos un lazo de sangre, mi vida daría un vuelco tan grande y yo no estaba seguro de saber cómo enfrentarlo. Finalmente, mi doble encontró la foto y me la enseñó. Era él de pequeño, abrazando del cuello a un hombre de alta estatura, largos cabellos castaños amarrados en una coleta baja, moreno y de ojos color café. Ojalá hubiera sido la misma foto que tenía yo para asegurarlo.
—Es muy parecido al mío, pero no puedo asegurarte que sea él —hablé, viendo detenidamente la foto. Comencé a odiar todo esto. Siempre había querido tener un hermano mayor; no quería ilusionarme en vano, si resultaba que ese chico y yo no teníamos nada que ver—. ¿Has escuchado que supuestamente hay siete personas iguales a ti en todo el mundo?
—…Los doppelgängers, ¿no? ¿Crees que sea nuestro caso?
—Te mentiría si te dijera que sí.
—Maldita sea, vaya situación. Odio no tener ni puta idea de qué está pasando.
Estamos igual, pensé.
Era un muchacho bastante malhablado, pero en este instante sólo sentía mucha empatía por él. Habían transcurrido diez minutos desde que empezamos a hablar y la gente no dejaba de vernos. Comencé a sentirme incómodo con tanto par de ojos encima.
—¿Qué onda con esta gente? —murmuró, gruñendo por lo bajo. Sonreí de forma incómoda y me encogí de hombros—. ¿No tienen nada mejor que hacer?
—Tampoco me gusta llamar la atención —admití, avergonzado.
Mi doble me miró, suavizando el entrecejo.
—Acabo de darme cuenta que jamás te pregunté tu nombre.
—Oh, lo siento. Me llamo Yoh Asakura —le pasé la mano por inercia.
Pasó un momento en silencio hasta que me la aceptó.
—Hao Maki.
—Un placer —me reí—. ¿Sabes? Hace un rato los de AeroException me dijeron que 'yo' ya había pasado a firmar mis cosas. Debieron notar nuestro parecido.
Soltó una pequeña risa.
—Tiene sentido.
Comenzaba a frustrarme tanto silencio incómodo, así que opté por buscar alguna solución a esto. Podría preguntarle a mi madre si tenía algún hermano, pero tenía miedo. Me entró un pánico muy grande al instante en que lo pensé, porque quizá mi mamá querría huir de la ciudad nuevamente. Era distraído, pero no tonto para no deducir que ella no quería ver a mi padre de nuevo. Tal vez querría obligarnos a regresar a Izumo y yo no estaba dispuesto a irme.
—¿Por qué no le preguntas a tu papá? —le sugerí a Hao—. Lo digo porque está fuera de planes preguntarle a mi madre. Tiene un carácter un tanto especial. Se molesta muy fácil y… temo por cómo pueda reaccionar.
No fui del todo sincero, pues no me animaba a decirle que temía otra separación.
—Bueno, en realidad él está de camino aquí para traerme una muda de ropa —noté que estaba empapado por la llovizna del concierto. En cuanto a mí, estaba seco porque Keiko sí me había sugerido un cambio de ropa—, pero no creo que sea el mejor momento. Miki quedó en malos términos con mi madre. Eso es todo lo que sé. Nunca le gustó que le preguntara sobre ella.
Era un lío muy grande, pero no me tomó mucho pensar y se me ocurrió una gran idea. No sabía si era lo mejor, pero era lo único que me parecía viable.
—Quizá podamos averiguar por nuestra cuenta.
Hao me miró con suspicacia. Le expliqué mi pequeño plan de inicio a fin. Era una idea descabellada, pues podrían descubrirnos. No obstante, no esperaría treinta años más para saber la verdad. Queríamos respuestas y las queríamos ya.
•❈•
Juré que nunca más volvería a poner un pie en ese lugar. Sin embargo, el destino no estaba de acuerdo y me hacía volver una vez más. La única manera que tenía de poder solventar mi problema era visitar, de nuevo, a Maya, la psicóloga de la escuela. Cuando recién entré a la institución, tenía dificultades para relacionarme con los demás. Aquel maltrato que recibí cuando era niño en Izumo había tenido sus secuelas. Si bien mis nuevos compañeros siempre fueron amables, no pude dar el primer paso yo solo.
Cuando Keiko supo que la escuela también tenía este "servicio", prácticamente me obligó a ir. Gracias a ella, había dejado de ser frío con los demás. Maya era una mujer hermosa; de largo cabello castaño claro y ojos oscuros. Solía usar un bello y largo vestido blanco, haciéndola parecer alguna entidad sagrada. Aunque ella no fuera psicóloga, estaba seguro de que encontraría otra forma de ayudar a quien la necesitara por su naturaleza agradable. Estaba casada con un hombre llamado Ados y ambos tenían un hijo, que era un par de años menor que yo, de nombre Melos. Teníamos tanta confianza que sabía que su hijo tenía una salud un tanto inestable y esa era la razón por la que participarían en el Torneo de los Shamanes, como el Equipo Enseioth.
Como decía anteriormente, ella me caía muy bien, pero me daba vergüenza que mis amigos me vieran saliendo de su despacho. Quizás era más el pánico, pues como no quería que mi madre se enterara de mi encuentro con Hao, tampoco le conté a mis amigos. A lo mejor estaba siendo demasiado paranoico, pero no iba a correr el riesgo de que a Horo-Horo o a Chocolove se les 'escapara' algo sobre el tema. Ese día, le conté absolutamente todo a Maya y ella escuchó mi idea sin interrumpirme en ningún momento.
—¿Cree que exista alguna forma de saber si Hao es mi hermano sin la necesidad de que mi mamá o su papá se enteren? —quise saber, sintiéndome nervioso por la respuesta que me daría.
—Calma, Yoh. Puedo asegurarte que existe una forma —me sonrió con calidez, lo cual me tranquilizó un poco—. Imagino que has escuchado sobre las pruebas de ADN —asentí, sabía lo básico—. Mi hermano es dueño de un laboratorio, así que podría hablar con él para realizarles la prueba de forma gratuita. Como eres uno de mis pacientes, tendré que explicarle tu situación.
—¿Haría eso por nosotros? —inquirí, sorprendido. Maya se estaba exponiendo de forma profesional. No sólo evitaría que necesitáramos un permiso de nuestros padres al ser menores, sino que también evitaríamos pagar los honorarios al que haría el examen. Era un gesto muy grande—. Muchas gracias.
Cuando terminó el día, me apresuré en llegar a la pensión y contarle a Hao todo lo que había hablado con la psicóloga. Habíamos decidido usar la videollamada, por lo que pude ver sus reacciones. Lucía muy nervioso. ¿Cómo no estarlo? Por fin sabríamos si nuestros padres eran los mismos y si nos habían ocultado todo durante más de trece años.
Fuimos a la clínica unos días después. El hermano de Maya resultó ser un sujeto agradable y muy comprensivo; parecía ser algo de familia. Nos entregó un kit de muestras a cada uno y nos explicó el procedimiento de análisis de datos, aunque lo cierto fue que no presté la debida atención. Estaba nervioso, y por eso mismo me sentía algo mareado. Cuando salimos de la clínica, Hao y yo acordamos una hora para comunicarnos por cámara web –a escondidas, claro, como siempre lo hacíamos–, y así hacer la dichosa prueba juntos. Después de charlar para hacer pasar el tiempo, llegó el momento tan esperado. Abrí el kit y tomé uno de varios hisopos que contenía. Empecé a frotarlo por la parte interna de mi mejilla, viendo cómo mi posible gemelo me veía con asco. Lo vi sacar un hisopo limpio de su kit y lo miró, para luego hacer una mueca.
—Esto es asqueroso —comentó, causando que ambos nos echáramos a reír.
Al día siguiente, fuimos a entregar los kits junto con los documentos requeridos, iniciando así la terrible espera. Tuvimos que esperar cinco días para obtener los resultados… Los peores cinco días de mi vida. Tanto mamá como Kaoru estaban preocupadas, porque mi estado de ánimo me delataba. A veces me encontraban llorando sin darme cuenta. Fingía irme a dormir para que no siguieran insistiendo en que fuera al médico. Me sentía fatal… En verdad deseaba que Hao fuera mi gemelo. En estos días, me había encariñado mucho con él. No necesitaba llamar para saber que él estaba pasando por lo mismo.
Después de tanto sufrimiento, llegó el ansiado día. Tuve que fingir que me había mejorado, pues quería que mamá no se perdiera de su viaje a Kioto por trabajo, además aproveché para convencerla de que se llevara a Kaoru. Así finalmente, estuve solo. Fui a vomitar debido a los nervios. Incluso sudaba y estaba pálido… Jamás me había pasado nada similar. Era un manojo de ansiedad andante y se notó más cuando llegué al parque, donde quedé de verme con Hao. Noté que él estaba igual que yo y sonrió nerviosamente al verme. Sin decirnos una palabra, nos encaminamos a la clínica. Entramos y nos sentamos en uno de los sillones de la sala de espera. Luego de unos minutos, la paciente que estuvo antes que nosotros salió y el hermano de Maya entró a la sala con un sobre en las manos. No supe qué cara habíamos puesto, ya que intentó relajarnos casi al instante.
—Aquí tengo sus resultados, chicos —nos miró con mucha calma—, pero antes de entregárselos… Quiero que sepan que, independientemente del resultado, no deben dejar que esto los afecte de forma negativa. ¿Entienden?
—Es más fácil decirlo que hacerlo —replicó Hao, quien dejaba lucir su malhumor sin importarle nada.
—Sólo al principio. Estoy seguro de que podrán sobrellevarlo.
¿Por qué nos diría todo esto? ¿Acaso eran malas noticias? Finalmente, nos dejó el sobre y se retiró de nuevo al consultorio. Hao me quitó el sobre de las manos y estaba dispuesto a abrirlo, pero lo detuve rápidamente.
—¡Espera! —traté de que no me temblara la voz, pero aquello fue muy difícil. Lo tomé de las manos—. ¿…Seguiremos siendo amigos a pesar de todo?
—Por supuesto que sí.
Noté que su sonrisa era fingida, pero tal vez era para contener la furia que sentía. Respiró profundo, antes de romper el sobre por una esquina. Sacó una carta que había dentro y la extendió. Me acerqué más para poder leer juntos el contenido. Tenía mucha información sobre cómo interpretar y entender los resultados de la prueba. Es decir, indicaciones que no me interesaba entender en lo más mínimo, pero lo tuve que leer porque no quedaba de otra. Ahí estaba, lo que tanto quería ver.
Índice de hermandad: 1.00
No pude con la emoción y me eché a llorar, pues ese pequeño dato indicaba que existía un lazo sanguíneo entre nosotros. Éramos hermanos gemelos. Me sentía completamente feliz. Pronto sentí el brazo de Hao sobre mis hombros, dándome cuenta que él estaba llorando también, pero en silencio. Me sonrió y no dudé en corresponderle. Siempre me sentí solo… y me parecía extraño que, aunque hice amigos con mucha facilidad, ese sentimiento nunca desaparecía.
Ahora todo tiene sentido, pensé, al tiempo en que leía una y otra vez aquel papel que Hao aún sostenía firmemente con una mano.
Lo que me había hecho falta todo este tiempo… Era él. Mi hermano gemelo.
•❈•
Hao Asakura
No importaba cuántas veces viera el resultado de la prueba de ADN, seguía sin poder creerlo. Todo esto era demasiado repentino. El dueño del laboratorio nos entregó una copia de la prueba a cada uno, a modo de recuerdo… Simplemente no podía dejar de verla. Estaba muy feliz, claro. Recordé que, cuando era menor, siempre pensaba en lo mucho que deseaba tener un hermano, pues crecí con la idea de que era hijo único.
Todos los días me comunicaba con Yoh, teniendo cuidado de no ser descubierto, o eso pensé hasta que lo descubrieron a él. Al parecer, Kaoru, nuestra hermana menor, pilló uno de mis mensajes cuando le pidió prestado el celular a Yoh. Nos descubrió en plena videollamada cuando entró a su cuarto sin tocar. Mi hermano salió disparado detrás de ella, amenazándola para que no le contara a Keiko, mi ahora mamá. Ni Kaoru ni yo habíamos visto tan molesto a Yoh como en ese día. Luego de eso, ella se unía a nuestras pláticas de vez en cuando. Era divertida y, por lo que Yoh me contaba, era fanática de las travesuras. Era una "diablilla", así le decía mi gemelo. Así fue como los tres terminamos ideando un plan para que nuestros padres volvieran a encontrarse. Estaba casi seguro de que los dos aún se querían. Mikihisa no solía hablarme de mi madre, es más… Siempre intentaba cambiarme de tema. Nunca me había puesto a pensar en lo doloroso que debió ser su ruptura. Desde mi reencuentro con Yoh, era una de las cosas en las que más pensaba. Quizá volverían a sentir las ya famosas 'chispas' cuando se vieran de nuevo y, quién sabe, volveríamos a ser la familia que siempre debimos ser.
Pensar demasiado en ello me dio ganas de conectarme para verificar cada paso del plan con Yoh. Por ende, encendí mi computadora.
Yoh Asakura acaba de iniciar sesión…
¿Yoh Asakura? El plan estaría arruinado si papá veía ese nick. Además, recibiría el peor de los regaños de mi vida.
Yoh Asakura dice: ¡Hola!
H40 4&4qvR4 dice: ¿Qué haces? ¡Cambia tu nick! Si Mikihisa llega a ver eso, el plan no habrá servido de nada.
Yoh Asakura dice: Tienes razón, pero tú también deberías hacerlo. No entiendo qué rayos dice ahí.
…
Dark Angel dice: ¡Listo! No se me ocurrió nada mejor.
Master of Chaos dice: Creo que tendremos que borrar esta conversación… En fin, ¿Crees que esto funcionará?
Dark Angel dice: ¡Pues claro! En las películas siempre funciona.
Master of Chaos dice: Oye, esto es la realidad.
A veces no entendía la mente de Yoh. Al final, pulimos algunos detalles del plan y acordamos la hora antes de despedirnos. Esperaba que se cumpliera nuestro objetivo. Quería vivir junto con Yoh, Kaoru y mi madre. Nuestro plan era un tanto extraño, por así decirlo. Primero, iría con Mikihisa a comprar un nuevo teléfono, para darles tiempo a Keiko, Yoh y Kaoru de que llegaran al parque donde pasaría todo.
Eran las cuatro de la tarde y ya me encontraba en el local que me recomendaron, viendo cada uno de los teléfonos móviles que ahí vendían. Lástima que sólo iban a comprarme uno, pues todos los modelos eran geniales. Al final, escogí uno de pantalla táctil para mi comodidad. Mikihisa se encontraba charlando con el sujeto de la compañía para saber más detalles acerca del modelo, entretanto yo debía comprobar que se encontrara en perfectas condiciones. Aproveché el momento para llamarle a Yoh.
—Diez minutos —le avisé, susurrando.
—Ok. Te veo luego.
Colgué, intentando que se viera natural.
—¿Todo bien, Hao? ¿Con quién hablabas? —oí la voz de papá muy cerca y me puse nervioso de nuevo.
—Todo bien, pa… Esto funciona de maravilla —le lancé una sonrisa-mueca.
Mikihisa alzó una ceja, ligeramente sorprendido.
—Estás nervioso. ¿Ahora qué fue lo que hiciste?
—Oye, ¿por qué siempre debo tener la culpa? —puse los ojos en blanco, y fingí sentir molestia por su acusación—. Sólo le llamé a Nichrom para comprobar que funcionaba.
Solté un suspiro de alivio al ver que se volteó para pedir el contrato. Pude salvar mi pellejo por un pelo. Decidí que dejaría de pensar tanto en ello y observé con maravilla mi nuevo celular. Definitivamente, iba a ser un día genial. Después de eso, fuimos a dar una vuelta por el parque y me alegré al ver que era muy grande. Tendríamos lugar de sobra para escondernos. Sentí que el bolsillo me vibraba y supuse que debía ser Yoh. A lo mejor quería saber si ya me encontraba por ahí, pero no pude contestar porque algo más me dejó sin aliento. Una hermosa mujer estaba sentada en una banca a unos metros de nosotros. Tez clara, cabello color castaño oscuro y ojos del mismo color. ¡Por fin conocería a mi madre!
—¿Keiko?
Mi padre la vio poco después y no se contuvo de pronunciar su nombre. Terminó por llamar su atención y ella pronto imitó su expresión de sorpresa. Guardé para mí mismo una sonrisa de victoria.
—Mikihisa —susurró, al instante en que el viento meció su largo vestido.
Casi enseguida notó que yo la seguía viendo como si no supiera quién era y sus ojos se abrieron a la desmesura. Me había reconocido. Es ese momento quería saber lo que pensaba. Sabía que podía usar mi Reishi, pero no quería que algo así me fuera a desestabilizar emocionalmente y mandara el plan al carajo.
—Oh, él es mi hijo —Miki me presentó, precipitadamente—. Hao, ella es Keiko… Una vieja amiga.
Me abstuve de fruncir el ceño porque no se atrevió a decirme que era mi mamá.
—Es un placer —le acerqué mi mano para que la estrechara.
Pude ver que sus ojos se cristalizaron, y eso me hizo sentir mal. No me gustaba ver a una mujer llorar, me ponía incómodo. Mi madre estaba a punto de hacerlo. Sentí que se me formaba un nudo en la garganta, al pensar en que debía guardar silencio. Tenía que irme de ahí lo antes posible para encontrarme con Yoh.
—El gusto es mío, Hao —me estrechó la mano con una sonrisa forzada.
Sentí una punzada de enojo porque nunca la tuve a mi lado cuando más me hizo falta.
—Iré por un helado, pa. ¿Quieres uno? —solté la primera excusa que se me vino a la cabeza.
—No, hijo —musitó sin quitarle la vista a mamá. Perfecto—. No te alejes mucho.
—Tranquilo, estaré cerca…
Esperando que ustedes dos, par de tortolitos, arreglen esto de una buena vez.
Me alejé a paso apresurado, sintiéndome un poco mal. Tuve la dicha de ver a mi madre tan siquiera unos segundos. No obstante, no podía decir ni una palabra o sabrían que Yoh y yo ya nos conocemos. Qué curioso, era la primera vez en que me debatía si hacía lo correcto o me dejaba llevar. Siempre hacía lo que yo creía que era correcto y ya… y esto lo era. Los haríamos recapacitar y todo volvería a la normalidad; viviríamos aquí en Tokio, sin más mudanzas y como la familia que siempre debimos ser, e iría a la misma escuela que Yoh y Kaoru.
Estuve caminando un buen rato hasta que divisé a Yoh a lo lejos. Al parecer, los dos tuvimos la misma idea, pues estaba disfrutando un enorme helado de lo que parecía ser chocolate. A su lado, noté un par de bolsas de compra y una melena oscura que caía por la banca. Casi tan pronto como me acerqué, me sorprendió la aparición de un espíritu con forma de conejo. Era pequeño, amarillo y de ojos negros. Las puntas de sus orejas, así como de su cola eran negros también. Me observaba con curiosidad.
—Él es Yami, mi espíritu acompañante —una voz me llamó la atención y bajé la mirada, encontrándome con una niña de doce años más o menos. Ella me sonrió con cierta emoción—. Por fin nos conocemos en persona, hermano mayor.
Me conmovió que Kaoru me llamara de esa forma, así que le devolví la sonrisa.
—Lo mismo digo, diablilla.
—Hasta que te apareces, joven Maki —bromeó Yoh, acabándose el helado.
—Cállate, pronto seré un Asakura igual que ustedes —inflé mi pecho con orgullo.
Ambos rieron.
—¿Pasó algo relevante antes de que te fueras? —inquirió mi hermana, bastante interesada.
Vi a Yami posarse sobre su cabeza, moviendo la nariz de forma curiosa.
—Hubieran visto sus caras. No podían creer que se encontraron de 'casualidad'. Por cierto, Yoh, tuve que fingir que hablé con un amigo de la infancia que no veo hace mucho para encubrirte —expliqué—. Si Mikihisa lo descubre y me castiga, tú estarás conmigo para recibirlo también.
—¿Por qué me metes en el asunto? —inquirió, casi riendo.
No me cabía en la cabeza que Yoh y Kaoru estuvieran tan relajados, cuando yo era todo un manojo de nervios. Tampoco podían culparme, estaba terriblemente aterrado de que el plan no funcionara. Desde que conocí a Yoh, realmente quería vivir con él. Era mi otra mitad, lo que me faltaba para terminar de funcionar o algo parecido. Pasara lo que pasara, tendría que saber manejar la situación. Hacerle ver a mi padre que no quería que cometiera la estupidez de separarme de ellos por segunda vez.
De repente, me llegó un olor nauseabundo a la nariz e hice una mueca.
—¿Qué se supone que estás comiendo? —le pregunté a Kaoru.
No había notado que mi hermana estaba almorzando en un recipiente de plástico con una cuchara desechable.
—Horumon-yaki —contestó, relamiéndose los labios.
—Qué asco —musité sin poderlo evitar.
—…Parece que también compartes gustos con Yoh. Él también lo odia —declaró ella, un poco sorprendida por mi reacción.
—Nadie en su sano juicio comería entrañas de vaca asadas. El sólo mencionarlo me da escalofríos —confesó Yoh, viendo con aversión el recipiente que ella tenía en las manos. Luego, me miró—. No sabía que a ti tampoco te gustaba. ¿Existe alguna razón?
—Además de su extraño sabor, me recuerda mucho a Osaka —revelé, volteando a ver hacia el pasto—. Odio esa ciudad. Tenía seis años cuando me mudé y fue horrible. No hablo de la ciudad en sí, es bonita, pero pasé por situaciones algo… desagradables —suspiré—. No es un tema del que me guste hablar.
—¿Hablas de los maltratos de parte de los que no son shamanes?
Miré a mi gemelo, algo sorprendido por su suposición.
—Entonces ustedes pasaron por lo mismo —afirmé, sin necesidad de que tuviera que explicármelo. Se les notaba en los ojos. Decidí que mejor cambiaríamos de tema—. Bueno, vamos a ver si ya se reconciliaron.
Me adelanté para encontrar un buen escondite detrás de unos arbustos con una vista perfecta hacia ellos. Hice una seña con la mano para que Yoh y Kaoru se acercaran. Los tres teníamos mucha curiosidad por ver lo que pasaba. Mikihisa y Keiko estaban ahí sentados, conversando sobre quién sabe qué cosas. Quizá sobre cómo le había ido a cada uno cuidando de un hijo o dos, respectivamente. A lo mejor sobre su ruptura… Fuera lo que fuera, los dos estaban tratándose de una forma demasiado educada para mi gusto. Estuve a punto de soltar una mala palabra cuando algo más ocurrió. Estaban sonriéndose de una forma particular. Era la típica sonrisa que, por programas que había visto, uno pone cuando está con su 'media naranja'. Noté que Yoh y Kaoru se miraron y chocaron las palmas.
—¡Nuestro plan funcionó! —canturreó Kaos, bajando la voz para que no pudieran oírnos.
Luego de espiarlos un momento más, decidimos dejarlos solos y pasar un tiempo de 'calidad' entre hermanos. Compartimos canciones, compramos algo de mochi y terminé probando mejor mi celular nuevo. Tuve más tiempo para conocer a mi hermanita y enterarme de su extraño fanatismo por el Halloween. Incluso su día de nacimiento era ese; treinta y uno de octubre. Pasó un buen rato hasta que mi gemelo recibió una llamada de nuestra madre, indicándole que ya iban a volver. Nos despedimos y aguardé un momento antes de volver con mi padre. A lo lejos, pude ver cómo Miki se presentaba con Yoh y Kaoru. Una vez que se fueron, se le veía radiante y me alegré por ello. Lo noté sonreír más cuando me vio llegar.
—¿Listo para irnos?
Tomó una bolsa de compras. ¿Mencioné que pasamos por una tienda de ropa? Pues, este no había sido el único plan de reconciliación que teníamos. Elegí un par de conjuntos decentes para otra idea que se estaba formando en mi cabeza, y no tenía nada que ver con una elegante cena acompañado de mi madre… Para nada.
—Claro.
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Pasaron los días y la tan ansiada cena llegó. Lo bueno fue que ninguno sospechó que nosotros estábamos detrás de los "encuentros casuales". Aunque me habría gustado pasar la noche acompañado de mis hermanos. Otra noche en la que iba a escuchar música, vería televisión, jugaría con la consola… Comería ese helado que Miki creía que me escondía en la nevera. Era genial tener tantas cosas para hacer, pero era odioso no tener con quien compartirlas.
Como ya había jugado todos los juegos que tenía, decidí bajar al sótano y buscar aquella consola vieja que papá había guardado con tanto cuidado. No fue hasta entonces que me topé con una caja que no había visto antes y la abrí de curioso. Parecían fotos viejas, quizás de papá cuando era niño con su familia. Mi interés no estaba ahí y casi cerré la caja, de no ser por una maldita foto que me llamó la atención. La tomé y noté que eran él y Keiko, sosteniendo un par de bebés entre los brazos. Fruncí el ceño y giré la foto para ver las palabras escritas detrás: "Yoh y Hao. Día cinco. Izumo".
¿Estuve en Izumo? Eso quería decir…
—Hijo de… —me callé al oír pasos.
Cerré la caja y subí las escaleras a paso pesado. Apenas llegué a la sala, vi que papá se arreglaba frente al espejo.
—¿Qué hacías en el sótano? —no le contesté, mirándolo con una cara de pocos amigos. Él lo notó y se preocupó—. ¿Sucede algo?
Volteó para darme la cara y, en ese instante, pareció darse cuenta que traía una foto en las manos. Ni siquiera tuvo que saber qué foto era, bastaba con verme a la cara.
—¿Ahora te quedas callado? ¿No piensas decirme nada? —farfullé, sintiendo la ira viajar por mis venas. Mikihisa abrió la boca, pero la cerró al ver que no estaba dispuesto a permitir que me interrumpiera. Sentí un nudo en la garganta, pero no me impidió continuar hablando—. Me mentiste. Todo este tiempo creí que mamá nos había abandonado, cuando fuiste tú el que se fue. ¿Por qué no me lo dijiste? ¡¿Por qué me apartaste de mi gemelo?!
—¿Cómo sabes…?
—Japón no es tan grande, papá. Me encontré con Yoh en el concierto —declaré sin mostrar emoción alguna.
Hubo un intervalo en el que ninguno dijo nada. Sin previo aviso, una risa helada resonó en la habitación. Apenas me di cuenta que salió de mí. Me reía con dolor y, al mismo tiempo, lloraba de rabia.
—¿Cuánto tiempo pensaste que este secreto tuyo permanecería oculto?
—Hay cosas de adultos que tú no entiendes —intentó defenderse—. Tienes que dejarme explicarte…
—No tienes nada que explicarme —repliqué, fríamente—. Lo que hiciste estuvo mal y no tiene perdón. ¡¿Qué no lo entiendes?!
Una bofetada terminó por silenciarme. Abrí los ojos, incrédulo. Mikihisa acababa de darse cuenta, lo entendí porque ahogó una exclamación. Puse mi mano sobre mi mejilla y lo miré, como si no lo reconociera. Él jamás me había golpeado.
—Hao, yo…
—¡No me toques! —me exalté, apartándome. Ahora estaba seguro de que Miki no era el único culpable—. ¿Cómo pudieron? ¡¿Cómo pudieron vernos las caras de estúpidos todos estos años?! Me mentiste descaradamente. ¿Cómo esperas que vuelva a confiar en ti? Espero que nunca más te quejes del abuelo en frente de mí, porque pudo haber vuelto a Egipto luego de que la abuela murió, pero no te dejó solo y mucho menos te mintió, como tú y Keiko lo hicieron con nosotros.
Las lágrimas no dejaban de humedecer mi rostro. No fue el mejor momento para controlar mi lengua.
—Te odio, papá —susurré sin atreverme a mirarlo, para luego precipitarme hacia la puerta y salir corriendo de la casa.
Hice caso omiso a sus llamados y seguí corriendo sin rumbo fijo. Cualquier lugar al que me condujeran mis piernas estaría bien. Quería estar solo, necesitaba un tiempo para meditar las cosas. Supuse que mi aspecto era un desastre, al menos era lo que la gente me daba a entender. Finalmente, llegué al parque donde nos encontramos con mi madre hace unos días y me dejé caer en una banca. Sentí una presencia a mi lado, así que levanté los ojos y me topé con la mirada de mi espíritu acompañante.
—Sé que me pasé, pero él no tenía por qué pegarme —hablé, como si realmente él y yo estuviéramos discutiendo.
Me puse a pensar en aquel día en que nos encontramos por primera vez. Había sido bendecido con la compañía del Espíritu del Fuego, pero no sabía la razón y lo curioso del caso, era que Yoh también recibiría un espíritu elemental meses después. ¿Sería eso una coincidencia? Pff, a estas alturas ya no sabía qué creer. Me divagué tanto en mis pensamientos que no me había dado cuenta que pasó una hora y recibí una llamada de Yoh. Terminé por contestar y le dije dónde me encontraba. Al cabo de quince minutos, llegó corriendo junto a mí.
—Vaya que nos diste un buen susto. Mikihisa llamó, preocupado —me informó. Pensó un poco antes de continuar—. Ambos están en la entrada del parque.
—…Ya no pude aguantarlo más, lo siento.
—Descuida, tampoco yo —me confesó, sentándose a mi lado. Lo vi hacer cierta mueca con la boca—. Hace unas horas también exploté con Keiko.
Realmente teníamos una gran conexión. Incluso nuestros sentimientos eran algo compartido.
—Ninguno pudo controlarse, somos muy parecidos —me burlé.
—Mamá me sacó de quicio —la culpó en su defensa.
—Lo sé, también el hombre ese.
Yoh comenzó a reírse cuando me referí a Mikihisa de esa forma. Fue ahí donde pude recordar el motivo de mi huida y saqué la foto de mi bolsillo para mostrarle dicho descubrimiento. Mi gemelo frunció el ceño, pero me escuchó atentamente, mientras le contaba todo lo que había sucedido. Tal y como me lo imaginaba, él me entendía a la perfección. Irónicamente, era como el hermano que nunca tuve.
Decidimos regresar para enfrentarnos a nuestros padres. Aquel poco tiempo que tuvimos para reflexionar sirvió para determinar que las cosas cambiarían. Estaba seguro de ello. Poco a poco, fueron haciéndose visibles las figuras de Mikihisa y Keiko en la entrada del parque. Kaoru también estaba ahí y nos miraba con pena.
—Creo que nos deben una buena explicación —dictaminó Keiko, cruzándose de brazos.
—Igual que ustedes —declaré, lo suficientemente alto para ser escuchado.
Suspiré. Esta sería una larga noche.
—No fue la manera correcta de enfrentar la situación, chicos.
—Lo sé, mamá —respondió Yoh—, pero deben entender que todo esto nos tomó desprevenidos. Estábamos confundidos y no supimos qué hacer.
—…En verdad, lo sentimos —me sorprendí al ver que era mi padre quien estaba disculpándose—. Fue estúpido ocultarles la verdad por miedo a encontrarnos.
—Entiendo que es duro, hijos —murmuró Keiko, sonriendo de forma maternal—, pero tenemos que empezar de cero si queremos reconstruir esto.
—¿Qué? Es decir…
Mi pregunta tuvo una respuesta cuando los vi mirarse con una tímida sonrisa de lado. Finalmente, veía una luz al final del túnel.
—Iremos paso a paso. ¿Está bien? —quiso saber Miki.
Seguía sin olvidar la cachetada que me dio, pero, al menos, mi corazón se sentía más ligero. Nos regañaron, por supuesto, pero todo había valido la pena. Ambos volvimos a nuestras respectivas casas. Desde entonces, ambos se veían más a menudo… Hasta que Mikihisa le propuso a Keiko que retomaran su matrimonio.
Al final, estos recuerdos se volvieron parte importante de nuestra historia. Había recuerdos alegres, tristes y dolorosos, pero lo más relevante fue que aquel deseo que teníamos se cumplió y volvimos a estar todos juntos. Hoy en día no vivíamos con nuestros padres, aun así, los llamábamos y visitábamos a menudo. Estaba seguro de que nada, ni siquiera el hecho de que los hayan transformado, podría lograr que nuestra familia vuelva a separarse.
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¡Hola! ^^
Para que lo entiendan un poco, este fue un capítulo de 'relleno'. Vimos el pasado de los gemelos y nos enteramos de cómo volvieron a encontrarse luego de estar prácticamente separados. Así también la re-unión de Keiko y Mikihisa.
Aclaraciones: La mitad del capítulo fue narrado por Yoh y la otra mitad por Hao. Habrá veces en que los capítulos serán relatados tanto por Yoh o Hao, así como también por una tercera persona, que suelen ser las escenas donde ellos dos no aparezcan o no estén conscientes. Al inicio del capítulo siempre se verá quién lo está narrando y únicamente cambia cuando aparece el nombre del otro hermano en escena.
Espero que los recuerdos les hayan gustado tanto como a mí. Traté de que estos fueran realmente emotivos y espero haberlo transmitido n.n Muchas gracias por leer, me hace feliz saber que aún hay gente que lee luego de mucho. Los reviews son siempre bienvenidos.
¡Nos vemos!
