Disclaimer: Shaman King y sus personajes no me pertenecen. Son del gran Hiroyuki Takei. Tampoco son de mi autoría algunos lugares, canciones y/o marcas que aparecen aquí. Sólo la trama, personajes propios y lugares ficticios son invenciones mías. Gracias a Sabr1 por prestarme a su OC (Evolet).

Advertencias: lenguaje soez, gore (leve o moderado), y algunos pensamientos obscenos (Rated T).

Género: General. Tiene un poco de todo.

Pensamientos, comunicación por telepatía, recuerdos, sueños.


5

Cumpleaños feliz


Yoh Asakura

Fue la semana más fastidiosa de toda mi vida. Eso fue porque Kaoru se empeñó en recordarme cuántos días faltaban para mi cumpleaños. No detestaba cumplir años ni nada de eso, pero me ponía incómodo que me estuvieran haciendo hincapié en ello, ya fuera con el mío o con el de cualquier persona. Mamá nos insistía en que, si así lo deseábamos, podíamos celebrarlo a lo grande. En serio… Ella no bromeaba cuando se trataba de hacer algo A LO GRANDE, pero como yo no era de esos chicos parranderos, inmediatamente me rehusé a que me hicieran una fiesta así. Mi hermano estuvo de acuerdo conmigo al instante, cosa que no me sorprendió, porque él tampoco era un chico fiestero.

Miré el calendario con profundo horror. Ese día ya era 7 de mayo. ¿Por qué tenían que torturarme de este modo?

—Ya sólo quedan cinco días, Yoh —canturreó una muy divertida Kaoru.

No pude evitar lanzarle una mirada envenenada.

—Silencio, enana —hice énfasis en aquel adjetivo, pues ella detestaba que la llamaran así.

—Vaya, creo que alguien se levantó con el pie izquierdo esta mañana.

—Esa es una tonta creencia de la gente, igual que pensar que si cuentas de reversa desde trescientos, de tres en tres, te duermes más deprisa.

—¡Oye! Lo había leído en una revista. ¿Qué iba a saber si era verdad o no?

—Pues esa es la primera lección del día de hoy: no creas en los disparates que dicen las revistas.

Estábamos en el comedor. Todos, a excepción de Hao… ¿Dónde estaría? Volteé la mirada hacia el reloj y me di cuenta que eran las siete de la mañana. Aquello era extraño. ¿A dónde se habría ido tan temprano?

—¿Y Hao?

La puerta se abrió de golpe, dándonos un ligero sobresalto a cada uno de los que nos encontrábamos ahí. Mi querido hermano mayor traía unas bolsas muy cargadas y, por la mirada que me dirigió, enseguida supe cuál era su contenido; videojuegos, ropa, varios DVD de música y uno que otro de anime, volúmenes nuevos de manga, y seguramente ahí dentro estaba esa colonia cara que él tanto deseaba.

—¿Ya desayunaste? —me preguntó con una sonrisa de oreja a oreja.

—¿…Sí? —parpadeé en señal de confusión.

—Genial.

Dejó un enorme envase de café frente a mí. Sonreí con emoción al saber qué era aquello. Un Dark Mocha Chip Cream de Starbucks. ¡Adoraba ese frozen de café! …Momento, ¿cómo supo que eso era justamente lo que quería?

—Disfrútalo.

—Oh, claro que lo haré —susurré antes de abalanzarme sobre él. Hao rio divertido—. ¿Qué hacías tan temprano comprando cosas?

—Hoy es día de rebajas en las tiendas —me explicó—. Todas abrieron a eso de las cinco y media… Estaba asquerosamente lleno. Hasta sentí lástima por los cajeros que trabajan en esas sucursales. Levantarse tan temprano sólo para atender a una cantidad alarmante de personas enloquecidas. Aunque claro, no todas las tiendas tienen descuentos —por un momento, me pareció verlo ligeramente decepcionado—. Hoy ese frappuccino me costó cuatrocientos yenes, cuando normalmente valen quinientos setenta.

—Pues qué bueno que decidiste ahorrarte unos centavos, para malgastarlos en otra cosa —comentó Anna. Hao volteó a verla, colérico—. Bueno, andando o llegaremos tarde a la escuela. Así que menos charla y más acción.

En el camino, no podía dejar de preguntarme si la emoción de Hao se debía a sus compras, o a que tal vez Evolet llegaría a la institución. Durante los pocos días que pasamos en Izumo, no fue tan difícil para ella agradarle a los demás. Se hacía querer muy fácil y, por ende, mis abuelos debatieron la idea de que fuera a estudiar a Seishin Kokusai High School, la primera escuela de shamanes del mundo. Sí, la primera. Había otras escuelas parecidas en otras partes del mundo como China, Estados Unidos y Holanda; pero esas eran muy recientes. Finalmente, Kino y Yohmei tomaron la decisión de dejar que Evolet asistiera a la escuela con nosotros. Como la sede estaba en Tokio, también iba a tener que mudarse a la pensión en estos días. Me atrevería a decir que no había noticia que pusiera más feliz a mi hermano en este momento.

La primera clase que teníamos era Educación Física y yo esperaba, tanto como Hao y Anna, que anunciaran a la nueva compañera.

—Atención clase, quiero anunciarles que desde hoy tendremos con nosotros a dos nuevas estudiantes —decía el profesor Lee Bruce Long.

El maestro hizo pasar a las dos chicas. La primera resultó ser Evolet, quien observaba todos los detalles de la escuela con una particular emoción que intentaba disimular. Oí a Hao reírse a mi lado. Cuando Evolet volteó a ver hacia nuestro grupo, saludó levemente con la mano. Devolvimos el gesto con verdadera alegría, pues nos daba gusto saber que nos veríamos seguido. La otra chica, pues… fue toda una sorpresa, aunque no de las buenas. Se trataba de la misma Jeanne Renault, la vampiresa de ojos escarlata y cabellos plateados exageradamente largos. Fue ahí cuando me percaté del ambiente tenso que rodeaba a ambas chicas. Pude deducir entonces que no había forma de que pudieran llevarse bien.

—Señorita Renault, señorita Sakurai. Espero que ambas se sientan a gusto en Seishin Kokusai High School —las dos parecieron despertar de la lucha mental que tenían, para sonreírle al maestro de manera nerviosa—. Les damos una calurosa bienvenida a esta institución.

—Muchas gracias.

El delicado acento francés, la aparente amabilidad con la que agradeció el gesto del profesor, absolutamente todo en Jeanne me provocaba un intenso rechazo hacia su ser. Estaba seguro de que Evolet sentía lo mismo, por la forma en que la miraba. Seguro no le agradó nada saber lo que intentó hacer unas semanas atrás, cuando pretendía quedarse en la pensión.

Evolet se acercó a nuestro grupo, y luego de saludar a los demás, se sentó junto a Hao, quien en realidad no podía disimular su felicidad. Comenzaron a entablar una conversación casual que hizo que las cosas fluyeran y que mi hermano dejara de estar nervioso. Eso me puso muy feliz por él. Anna se dio cuenta que los miraba y me dio un ligero apretón en la mano, pidiéndome discreción. Le devolví la sonrisa, aunque una parte de mí se sentía triste. Ambos estábamos comprometidos desde que teníamos… tal vez diez años. Comprendimos desde un principio que los dos nos casaríamos y formaríamos una familia cuando fuésemos mayores, pero yo no quería conformarme con ese tipo de relación. El estar juntos sólo porque así nos lo habían ordenado. Yo la amaba, y con toda mi alma. Sin embargo, no estaba seguro si ella experimentaba lo mismo por mí y aunque me doliera admitirlo, tenía miedo de confesarle mis sentimientos. Temor a ser rechazado.

—Esas chicas no están nada mal…

—Algo me dice que no se llevan tan bien como aparentan —susurró un chico que estaba sentado detrás de mí.

Si tan sólo supiera…

—Bien, continuemos con la clase. Sé que les dije que íbamos a jugar a los quemados hoy, pero hubo un cambio de planes —el profesor sonrió con diversión—. Hoy nos dedicaremos a las peleas, ya que como dicen las malas lenguas, muy pronto iniciará el torneo… Yoh, al frente.

—¿Por qué yo? —pregunté, fingiendo molestia.

En realidad, estaba feliz de que me hubieran llamado para la primera batalla.

—En estos meses te has librado de participar, pero hoy será la excepción. ¿Hay algún retador?

—Yo lo venceré.

No me sorprendió ver a Hao con la mano alzada, sonriéndome burlonamente. Me limité a reír por lo bajo. Los demás empezaron a lanzar silbidos de júbilo y a apoyar al que querían que fuera el vencedor, mientras bajábamos las gradas.

—Recuerden guardar distancia —nos aconsejó el maestro Lee—. Seis metros, y ya cuando estén en el torneo serán…

—…Veinticuatro metros o hasta más —respondimos todos a coro, cansados de que nos lo recordara casi a diario.

Lee frunció el ceño.

—¿Están listos?

Ambos asentimos con la cabeza. Sentía que la adrenalina corría por mis venas. ¡Jamás pensé que fuera a luchar contra mi hermano frente a toda la clase! Era obvio que no me dejaría vencer tan fácilmente. Era seguro que los demás se preguntaban por qué no habíamos hecho aún nuestras posesiones de objetos. No la hice porque Hao tampoco lo hizo, y porque tenía una ligera sospecha de su plan.

—¡Que comience la batalla!

A duras penas pude esquivar una bola de fuego que iba a toda prisa hacia mí.

—Lo siento, Yoh —sonrió con burla—. No estoy dispuesto a sufrir una humillación pública porque mi hermanito novato me derrotó…

Calló abruptamente para poder esquivar unas finas agujas de tierra que viajaban a toda velocidad. Creó un muro de fuego, impidiéndole el paso a mi ataque. Notó que iban convirtiéndose en roca fundida. Todos los espectadores lanzaron una exclamación y algunos rompieron en aplausos.

—¡Así se hace, Yoh!

—¿A quién le llamas novato? —una sonrisa divertida se dibujó en mis labios.


•❈•


—Pienso que esa Renault será un estorbo en esta maniobra, mi señor —sonrió con autosuficiencia uno de sus subordinados.

El líder pudo percibir este gesto, más que observarlo. El vampiro se encontraba oculto entre las sombras.

—Silencio, Kurozawa —ordenó el jefe de los vampiros. Sus ojos azules parecían echar chispas con la mirada—. Tú tampoco has acatado mis órdenes al pie de la letra. Debería matarte con mis propias manos, a ver si así vuelves a dudar de mis órdenes —Kurozawa bajó la mirada, asustado—. Bien, justo lo que pensé… Además, Jeanne tiene un magnífico método para vigilar a los gemelos Asakura, sin que nadie sospeche nada.

—Es digna de su orgullo, mi Lord —Marco parecía orgulloso de ella. Meene rio por lo bajo, fastidiándolo—. ¿Y a ti qué te ocurre, Montgomery? ¿Tienes algún problema con la doncella?

—¿Y qué si así fuera, Marco? —respondió en tono desafiante—. Desde que esa francesita se unió a nosotros, no ha hecho más que causar problemas.

—Sólo lo dices porque sientes celos de ella.

La chica estuvo a punto de replicar.

—¡SUFICIENTE! —los calló el líder de su clan; un hombre alto, de oscuros y largos cabellos morados—. Ya me tienen harto los dos con estas discusiones todos los días. ¿Cómo pretenden que seamos cabezas de esta nueva raza que crearemos juntos si siguen peleando todo el tiempo? Comprendan que Jeanne es la única apta para esta misión por su edad aparente. Seishin Kokusai High School es una institución de gran prestigio, por lo que he oído. Cada alumno que se gradúe de ahí será un shaman de grandes poderes. No me sorprende que los Asakura hayan metido a sus hijos en esa escuela.

—Cualquiera de nosotros pudo haberse infiltrado como funcionario…

—Prefiero estar más cerca de ellos, por eso Jeanne se está haciendo pasar por una nueva alumna. Así averiguará más sobre Yoh y Hao Asakura. Quiero saber todo de sus vidas, antes de que estos sufran su conversión.

—¿Qué? —cuestionó Meene, sorprendida—. Creí que sólo bromeaba con eso, amo Darkar. ¿En verdad va a transformarlos?

Aquellos ojos azul topacio brillaron como nunca antes. Tenían cierta chispa de diversión y de maldad al mismo tiempo. Meene lo miró boquiabierta. ¡Entonces sí era verdad! Entre tantos shamanes en el mundo, ¿Por qué los habría escogido a ellos en particular?

—Digamos que serán unos maravillosos ejemplares para mi colección —dijo alegremente—. Pronto comprenderás cómo se irán dando las cosas. Sólo es cuestión de esperar a que el torneo inicie de una buena vez.

—Me parece extraño que quiera convertir a ese par de copias baratas, pero usted sabrá qué es lo más conveniente para nuestro clan, mi Lord —comentó Meene—. Sin embargo, hay algo más que me tiene confundida. ¿De verdad confía en ella para espiarlos? A mi parecer, Jeanne no es suficiente para poder realizar ese trabajo. Sospecharon de ella desde el primer momento.

—Es cierto que Jeanne es muy capaz para efectuar este trabajo, pero no es conveniente que lo haga ella sola. Es por eso que tengo a mi arma secreta para ayudarla —pronunció con satisfacción esas palabras, mientras sonreía de lado. Nadie más sabía que había otro infiltrado en la escuela, quien podría ayudar a la chica Renault en su misión—. Nadie sospecha de él, por lo que todo sigue funcionando a la perfección.


•❈•


—¡Fallaste!

Sonreí divertido, pues ninguno de sus tiros había dado en el blanco. Lástima que yo también estaba fallando con mis ataques.

—Ya vas a ver, pequeña sabandija —bromeó, o al menos, eso pensé yo.

Transformó su posesión en una espada de fuego, al mismo tiempo en que sus labios se contorsionaban en una sonrisa. Los que estaban a favor de Hao lanzaron vítores, enloqueciendo de la emoción.

—Creo que está claro quién será el ganador, hermanito.

—¿Me estás provocando? —le pregunté, sonriendo de lado.

Mi gemelo imitó mi sonrisa.

—Quién sabe…

—¡Derrótalo, Yoh!

Me eché a reír cuando noté la cara que puso Hao ante la exclamación de mi hermana menor. Ese tono de voz, divertido y con un pequeño toque de maldad, era suficiente para demostrarlo.

—¡Kaos!

—¡Tú puedes, Hao! —exclamó alborozadamente, haciendo reír a los presentes.

—¿De qué lado estás? Se supone que tienes que apoyarme —le reclamé, mientras un muro de roca se alzaba frente a mí, sirviéndome de escudo—. ¿Sabes qué? No importa. Llevemos esto a otro nivel… ¡Amidamaru!

El espíritu del samurái emergió a mi lado. Era un antiguo guerrero de seiscientos años, aproximadamente.

—¿Preparado, amo Yoh?

Asentí al instante en que desenvainaba a Harusame de su estuche. Podía tener dos espíritus acompañantes, pero Amidamaru siempre sería el primero; a él lo tenía a mi lado desde que era pequeño. Era mi fiel compañero.

—¡Posesiona a Harusame!

Amidamaru me obedeció, entretenido con un combate de tal magnitud. Hao abrió los ojos como platos y yo sonreí ante eso. Probablemente, no se lo esperaba.

—¡Posesiona la Espada Sagrada!

Decidí hacer una posesión de menor tamaño por dos sencillas razones. Uno: no quería gastar mucho poder espiritual. Dos: las apariencias eran engañosas. Por muy pequeña que fuera, era más poderosa que la otra. Así de reducida como la tenía, podría llegar a vencer a mi hermano mayor. Sin embargo, y como casi siempre, no podía conformarme con algo tan sencillo. Suponía que era por llevar este tipo de sangre en las venas. La sangre de un Asakura.

—¡Espíritu de la Tierra! —este hizo su aparición con un gesto divertido.

Era idéntico al Espíritu del Fuego. Lo único en que se diferenciaban era en el color de su cuerpo y ojos. El Espíritu del Fuego era de un color rojo intenso y sus ojos eran verdes. El Espíritu de la Tierra era de color marrón, cuyos ojos eran grises. Noté que miraba con superioridad la espada de mi gemelo. Suponía que era algo normal, pues los dos provenían de la misma esencia.

—¡Posesiona a…!

—Suficiente por hoy, muchachos —nos interrumpió el maestro, muy sonriente.

—Oye… estaba a punto…

—Si siguen así, nos llevaremos toda la hora en esto —deshicimos nuestras posesiones con abatimiento—. Vamos, será para la próxima vez… Además, ¿No piensan que es mejor que sea una jugada sorpresa para el torneo?

—¡Siempre dice lo mismo!

Quienquiera que lo haya dicho tenía toda la razón, y por poco no lograba reprimir una carcajada.

—Vuelvan a sus lugares —Hao murmuró algo entre dientes, pero no logré escucharlo. Nos sentamos con pesadez en las gradas, junto a Lyserg y Manta—. Ahora formen parejas de combate entre ustedes, pero si llegan a romper alguna ventana, nunca más volveré a concederles permiso de hacer esto. ¿Me oyeron?

Todos asintieron, levantándose con emoción de sus lugares. Esta clase parecía divertir mucho a los demás. Len había hecho pareja con Horo y la pelea era tanto física como verbal. Lyserg hizo equipo con Chocolove. Manta decidió enfrentarse a Tamao, y Anna había optado por pelear con Pilika… Digamos que Kaoru no corrió con tanta suerte. El único que aún no tenía pareja era Ashil, así que no tuvo opción. Noté que el chico se le quedaba viendo descaradamente y pareció decirle algo, mientras sonreía socarronamente. No alcancé a escuchar lo que le dijo, pero a juzgar por la cara de asco que puso su espíritu acompañante, debió haber sido algo fuera de lugar. Hao se tensó mucho al ver esto; sabía que desconfiaba mucho de ese sujeto. Yo también, aunque no se lo dijera a nadie.

Hubo otra cosa que me resultó extraña ese día. El caso de las chicas nuevas; Evolet y Jeanne. Ninguna hizo amague de acercarse a protagonizar una batalla, pues seguían sentadas en las gradas sin verse entre ellas… Entendía que no se llevaran bien, pero incluso así podrían aprovechar dicha situación.

—Ustedes dos —me volteé para encontrarme con un serio entrenador—. ¿Por qué no están allá?

—Nos acaba de invadir un serio problema llamado pereza —masculló Hao.

El profesor frunció el ceño y luego volteó a ver a las chicas.

—¿Y ustedes, señoritas? Sé que son nuevas y que aún no se han acostumbrado al ritmo de la institución, pero creo que no es pretexto para evadir esta clase.

Evolet sólo bajó la mirada, sin decir nada. Seguramente, estaba pensando que a mis abuelos no les agradaría la idea de que tuviera un reporte ya en el primer día.

—¿Por qué no les dice nada a ellos? —Jeanne nos hizo un gesto acusatorio con el dedo. Hao se rio por lo bajo, divertido con la situación. Yo le saqué la lengua a la Renault, cosa que hizo que Evolet no pudiera aguantarse una sonrisita de malicia. Al menos ya tenía algo en común con mi gemelo; ambos detestaban a la doncella de hierro—. Que los dos sean unos Asakura no los hace más importantes que el resto de nosotros. Creen que son unos magnates sólo porque pertenecen a una de las mejores familias de shamanes del mundo.

—¿Eso es lo que te dices a ti misma cada mañana? —la desafió Hao—. Me sorprende escuchar eso viniendo de alguien que ni siquiera se percata que está haciendo una etopeya de su persona.

Evolet se cubrió la boca con sorpresa, aunque divertida. Por mi parte, hice una mueca y un ruidito de dolor, haciendo moción a la burla de mi hermano hacia Jeanne. La vi levantarse hecha una furia, dispuesta a cobrar venganza.

—¿Celosa, Jeanne? —la tentó Evolet, uniéndose a nuestras burlas.

El rostro de Jeanne no podía reflejar mejor su ofensa.

—Ni un poco —volteó a verme. Sus ojos carmesíes resplandecían con un brillo de maldad—. No entiendo cómo esa tonta de Anna puede estar comprometida contigo. Eres patético, Yoh.

Puse los ojos en blanco al escucharla. Sabía que se estaba desquitando por haberle sacado la lengua anteriormente.

—¡¿Quién te has creído?!

Evolet se había levantado para hacerle frente. Evidentemente estaba molesta porque habían insultado sin pelos en la lengua a su mejor amiga. No era secreto para nadie lo protectoras que eran Evolet y Anna entre ellas. Sin embargo, mi comentario la detuvo.

—No me compares contigo, Jeanne —hice el amago de una sonrisa, al ver su cara de estupefacción—. Tratar de humillar a los demás por tener más personalidad que tú es realmente penoso.

Esta vez, ni Hao ni Evolet pudieron contener sus risas. No solía burlarme de las personas, pero ella se lo había buscado al ofender así a mi Annita.

—¡Bajen las armas! —exclamó el entrenador y hubo un extraño silencio que se propagó por todo el gimnasio. Ya no se escuchaba el ruido de las armas chocando, ni los gritos de mis compañeros de clase—. Bien, ustedes dos… —se refirió a Hao y a mí—. Como hicieron la batalla de apertura, por así decirlo, se los perdonaré esta vez. Debió haber sido agotador para ustedes usar tanto furyoku en tan poco tiempo.

—Estoy acostumbrado —saltó Hao en defensa propia. Le lancé una mirada asesina—. En cambio, Yoh… Sinceramente no creo que soporte tanta pérdida de energía. Debería acompañarlo a la enfermería.

—Qué gracioso, Hao. Ja, ja… Creo que voy a morir de la risa.

Mi comentario hizo que él se echara a reír, pues yo no solía usar el sarcasmo. Aunque, últimamente lo había estado haciendo más seguido y todo era por su culpa. No me cansaba de decir que era algo que, inconscientemente, empecé a hacer al convivir mucho tiempo con él. Al parecer, el profesor decidió obviar nuestros comentarios, ya que centró su atención en Evolet y Jeanne.

—En cambio ustedes dos, señorita Sakurai, señorita Renault… —prosiguió el entrenador con voz cansina—. Ya que no acataron mis órdenes, tendrán que hacer una demostración de poderes; tal y como lo hicieron los jóvenes Asakura.

Oí cómo Evolet ahogaba una exclamación y seguidamente se puso muy pálida. Mi mirada se encontró con la de Hao. ¿Por qué reaccionaba de esa manera? Jeanne, por otro lado, no cambió mucho su semblante. Si no contábamos con el hecho de que había fruncido los labios hasta que estos formaron una fina línea, y las manos le temblaban ligeramente.

—Profesor… —intentó replicar Evolet, pero la otra chica la interrumpió.

—¿Es necesario hacerlo? Digo… No quiero pelear con ella y no porque no pueda ganarle. Sería una pérdida de tiempo para mí hacerla morder el polvo —esto pareció fastidiar a la chica de ojos dorados, quien la miró muy molesta—. No quiero sonar grosera, pero… Usted no sabe con quién se está metiendo. Mi padre es nada más y nada menos que el exitoso empresario Ken Renault, quien tenía en mente hacer una muy gentil donación para que esta escuela salga adelante; y mi madre es la famosa diseñadora Giselle Renault. ¿Qué dirían los dos si se enteran que usted forzó a su adorada hija a hacer algo que no quería?

Al instante, comenzaron a oírse las réplicas de algunos alumnos.

—¡Lo está chantajeando!

—¿Quién se cree que es?

—¡A nadie le interesa quiénes son tus padres!

—Eres ridícula —no esperaba que esas palabras salieran de la boca de la educada protegida de mi abuelo, quien ahora se veía realmente determinada a hacerle frente a la vampiresa. Terminó por cruzar los brazos—. Y sólo para demostrarte que tu dinero no te hace favores… Quien te hará morder el polvo soy yo.

Jeanne abrió mucho los ojos.

—Luchemos…

—Eso era precisamente lo que quería oír —el profesor Lee pareció aliviarse porque una de sus alumnas decidió obedecerlo. Luego, volteó a ver a Jeanne—. Diga lo que usted diga, nada impedirá que se realice esta pelea. Por favor, vayan ambas al centro.

Jeanne soltó un gruñido por lo bajo, pero por alguna razón accedió a pelear. Observé el panorama con cierta suspicacia. Había algo extraño en esa situación, aunque no podía imaginar de qué se trataba. Ambas se situaron en sus respectivas posiciones, separadas seis metros una de la otra. Sin embargo, noté algo que me pareció raro. Lo hacía disimuladamente, pero aun así lo vi. Evolet estaba ajustándose un par de tobilleras muy extrañas… se parecían a las que Anna me ponía para entrenar, sólo que las de ella eran muy finas y casi no se notaban. Hizo lo mismo con unas pulseras que llevaba en ambas muñecas… ¿Serían pesas delgadas?

Me volteé para comentárselo a Hao, pero él se encontraba muy distraído con el desastre hecho por los alumnos que volvían a ocupar sus lugares en las gradas. Decidí mejor no contarle nada. En la pelea anterior, todos los espectadores se habían dividido; algunos apoyaron a Hao y otros a mí. Ahora que Evolet se enfrentaría a Jeanne, no había absolutamente nadie del lado de la Renault. Era perfectamente entendible.

—¡Vamos, Evolet! ¡Muéstrales quién manda!

—¿Anna? Tú… —la vi con sorpresa, pues nunca se había mostrado así con nadie—. ¿Estás apoyando a Evolet?

—Es normal. Es mi mejor amiga —se acercó más a mí para susurrarme al oído—. No te pongas celoso, también te apoyé a ti en la otra pelea.

Desvió la mirada para volver a animar a su amiga. Yo la seguía mirando de hito en hito. Anna, mi Annita, mi prometida… Me había estado animando en una simple pelea en la cual Hao y yo nos estábamos arriesgando la nota de Educación Física. Una pelea que fue como un juego para nosotros. Me sonrojé al notar la mirada divertida de Hao y le di un codazo a la vez que sonreía de lado. Cuando era muy pequeño me sentí atraído por una amiga de la infancia, pero cuando conocí a mi futura esposa, todo había cambiado. Mis sentimientos por ella ahora eran más intensos. En verdad me gustaba y me sentía un poco desanimado, ya que no sabía si estos sentimientos eran correspondidos. En unos meses más, cumpliríamos seis años de habernos comprometido. Seis años de estar amándola con todo mi ser… Hao tenía razón. No tenía por qué sentir miedo al querer confesarle todo lo que sentía, pero… simplemente no podía.

Deberías hacer algo al respecto. Si no te apresuras, podría llegar alguien más y quitártela.

Ella es mi prometida, no puede hacer eso… Un momento… ¿Hao?

—¡¿Qué diablos…?! —exclamó él, mirándome con profundo horror.

Ni yo supe lo que había pasado. Me encontraba perdido en mis pensamientos y de pronto… ¿Él me interrumpió? ¿Había entrado en mi mente?

—Tú tienes el Reishi. Debiste haberlo hecho por error —le susurré.

Lee Bruce Long aún estaba dándoles indicaciones a Evolet y Jeanne antes de su encuentro, por lo que me distraje por un momento.

—No es la primera vez que nos pasa. ¿Recuerdas cuando estábamos en el laboratorio? Me dijiste que dejara de pensar en que odiaba ir a la escuela. Sé que es normal que entre gemelos pasen ciertas cosas, como que a veces tengan los mismos pensamientos o los mismos gustos. Como aquella vez que ambos quisimos pizza de jamón y hongos. ¿Te acuerdas?

—También sucedió hoy, cuando me trajiste el Frozen que quería.

—¿Qué? ¿Enserio querías un Frappuccino? —se veía como si no pudiera creer lo que escuchaba—. Bueno, pero ese no es el punto. Tengo el Reishi, puedo leer tu mente y comunicarme contigo si así lo deseo, pero no es normal que tú puedas hacer lo mismo conmigo, cuando tu poder es otro —murmuró, un poco asombrado—. Empiezo a creer que, quizás, Keiko tenía razón cuando nos dijo que teníamos una conexión mucho más fuerte de lo normal.

—Podría ser… —añadí, pensativo.

—Bueno, seguiremos esta conversación luego —dirigió su mirada al frente, donde estaban las dos combatientes. Bruce Long se alejó, viendo con aprensión la escena—. Esta batalla entre Evolet y Jeanne va a estar buena. Muero por verla en acción.

—¿Te refieres a la batalla? ¿O a mi futura cuñada?

Me reí un poco cuando noté que la vergüenza fue a parar directo a sus mejillas.

—Cállate, Yoh.

Lee Bruce Long les indicó que se pusieran en posición de combate. El espíritu acompañante de Jeanne se mostró a su lado, el dios babilonio de la justicia; Shamash. Era irónico que justo ella lo tuviera de acompañante. Junto a Evolet, apareció un felino de dos colas y enormes e hipnotizantes ojos rojos, quien era tan elegante como su dueña. En ese momento tenía la apariencia de una gatita de color crema con una mancha negra en forma estrellada en la frente. Sus orejitas eran negras, al igual que las puntas de sus patas; también tenía dos franjas negras en la punta de cada cola. Era de estatura pequeña y en ese momento se veía inofensiva, calmada… Aunque se veía sorprendida por la situación que se estaba llevando a cabo. Evolet le hizo una suave caricia para asegurarle que todo iría bien. No era la primera vez que veía al espíritu del felino. Cuando fuimos a Izumo, en nuestro viaje de investigación, ella nos había presentado encantada a su espíritu acompañante, la pequeña y adorable Mizu. Me parecía increíble que un felino pudiera tener gusto por el agua, ya que este era el elemento de Evolet.

Curioso, era el opuesto al de Hao.

Ninguna de las dos hizo la posesión de objetos, sino que se pusieron en posición de lucha. Noté que los ojos vampíricos de Jeanne emitieron un resplandor característico y sus pupilas se encogieron. Sorprendentemente, un resplandor muy parecido invadió los ojos de Evolet, aunque de una manera diferente. Volteé a ver a Hao y Anna, pero ninguno pareció notarlo. Tal vez, lo imaginé. Estábamos esperando que el combate diera inicio… y fue entonces cuando sonó el timbre que anunciaba el fin de la clase de Educación Física. Vi que ambas suspiraron con cierto alivio, causando las risas de los alumnos de nuestro curso. Nos levantamos para ir a la siguiente clase, en tanto Evolet se nos acercaba.

—¿A qué clase vamos? —preguntó, radiante por haberse salvado.

Hao rio bajito al ver su reacción.

—A matemáticas —le explicó él.

—Me encantan, aunque nunca se me hayan dado tan bien —comentó apenada.

—Pues no estamos dando gran cosa, así que no creo que se te vaya a complicar. Es ese tema de los gráficos estadísticos y demás.

—Oh, ¿y a ti te gusta? —inquirió ella, curiosa por obtener una respuesta concreta por parte de mi hermano.

Sonreí contento, fingiendo no oír la conversación y adelantándome con Anna.

—La verdad es que me da igual; no las amo, pero tampoco las detesto. Además, lo que estamos viendo no es un tema muy difícil…


•❈•


—¿En dónde me quedé, Yoh? —cerré los ojos con pesar—. ¡Ah, sí! Ya sólo faltan cinco días.

—¿Qué no tienes nada mejor que hacer, Kaoru?

¿No se cansaba de recordármelo? Debía tener un enorme gusto por hacerme la vida miserable. No iba a volverme cuarenta años más viejo. ¡Sólo iba a cumplir dieciséis años de edad!

—¿Qué tiene de malo? ¿O es que acaso no quieres saber cuál será tu regalo?

—…Eso lo explica todo —sonreí con fingida alegría—. Quieres que te pregunte qué vas a regalarme, ¿no? —me burlé. Ella frunció el entrecejo—. Ya te dije mil veces que no quiero nada. Me basta con un beso y un abrazo, tal y como lo hiciste el año pasado para el día de las madres.

—¡Oye! No tenía dinero… Además, no te hostigo tanto por mi regalo. Lo hago por el regalo que recibirán tú y Hao de nuestro padre… Sé lo que me vas a decir, "No me interesa el objeto material que nos den de cumpleaños", pero sé que una parte de ti está muy interesada en saberlo.

—Eso no es verdad —negué, sabiendo que en parte tenía razón.

Sonrió con malicia, como si fuera capaz de escuchar mis pensamientos. Empecé a preguntarme si de casualidad Hao no le habría prestado sus poderes por unas cuantas horas.

—Te daré dos pistas, ya que tampoco quiero arruinar la sorpresa —rodé los ojos—. Quiero que lo descubras por ti mismo.

—Ajá, Kaos. Lo que tú digas.

Si no la conociera, no sabría que hacía esto para divertirse un rato. Tenía ganas de verme torturándome a mí mismo, intentando descubrir qué rayos me regalarían mis padres. Sin duda alguna, ella gozaría de verme sufriendo así. Desgraciadamente, conocía demasiado bien a la enana. Era muy obvio… Mi hermana era una persona muy particular. Tenía catorce años, era sarcástica y divertida, le encantaba la magia y era una gran amante de las brujas. El hecho de que su fecha de cumpleaños coincidiera con la fiesta de Halloween la había trastornado un poquito, al punto de creer que fue una bruja en su vida pasada. Bueno… la verdad era que yo sí lo creía, al menos un poco.

—Es muy hermosa y enorme, y créeme, cuando digo que es enorme… Estoy hablando en serio.

—¿Acaso ya lo viste? —pregunté, intentando disimular mi curiosidad.

Kaoru se echó a reír suavemente. Se acomodó su uniforme, el cual consistía en una chaqueta azul marino oscuro, un broche tipo corbata de color celeste y negro, y una falda beige con paletones. El uniforme masculino utilizaba los mismos tonos: saco azul oscuro, una corbata con franjas diagonales –que intercalaba el color celeste y negro–, y el pantalón beige. No había nada establecido en cuanto al calzado, así que las chicas solían llevar tacones o botas de plataforma. Kaoru era partidaria de eso último.

—Exactamente —soltó ella, riéndose por lo bajo.

La miré, confundido.

—¿Y cuál es la segunda pista?

Kaoru negó con la cabeza, aparentemente divertida por mi momento de perplejidad. ¿Al final no me lo diría? Maldita bruja.

—¿Sabes qué? Decidí que mejor será un secreto… Bueno, tengo que darme prisa o Blanket no me dejará entrar a su clase si llego tarde.

Que niña más rara, pensé sin evitarlo. ¿Qué estaría tramando esa chiquilla?


•❈•


Era increíble cómo el tiempo pasaba volando. Esos cinco días de tormento pasaron tan rápido que, cuando quise darme cuenta, ya era 12 de mayo. Estaba emocionado, porque sabía que a Hao le encantaría su regalo. Aunque, a la vez, no pude evitar sentirme un poco decaído. ¿Por qué? Pues yo también quería la edición limitada de los últimos discos de AeroException, nuestra banda preferida. No obstante, no me suponía ningún problema regalárselos a él. Estaba seguro de que le encantaría tenerlos, y si bien yo también los deseaba, estaba feliz de haber escogido un regalo tan genial para él. No debería sentirme mal, a lo mejor y Hao me los prestaría de vez en cuando… y tal vez algún día volverían a estar a la venta y me alcanzaría el dinero para comprarlos. Sabía que era temprano y yo aún seguía acostado. La noche pasada, había dejado una bolsa de papel de color negro con detalles en dorado sobre la mesita de luz. El obsequio que le daría a mi hermano.

—Despierta Yoh —me susurró una voz al oído.

Me di la vuelta, ignorando aquel llamado. Juré haber escuchado que alguien se partía de la risa. Abrí los ojos con molestia para después encontrarme a un Hao de lo más sonriente. Ya estaba vestido y traía una bolsa en sus manos. Una bolsa de papel de Music World… El mismo lugar de donde yo había comprado su regalo. En ese momento no me había percatado de ese detalle. Si lo hubiera hecho, se hubiera estropeado la sorpresa que tenía para él.

—¡Feliz cumpleaños! —exclamó, dejando la bolsa de regalo en el piso.

Sólo le bastó dar dos pasos hacia delante para abrazarme con toda la fuerza del mundo. Le correspondí el abrazo, agradeciendo mentalmente haber tenido la oportunidad de conocernos en aquel concierto. Era una fecha muy importante para los dos, pues era nuestro primer cumpleaños juntos. Si mal no recordaba, cuando cumplimos catorce años aún no habíamos reconciliado a nuestros padres. Es decir, aún no sabían que ya nos conocíamos. Días antes de cumplir los quince, mamá había tenido un viaje de negocios urgente. Tuvo que salir del país y me llevó con ella a Francia.

—Feliz cumpleaños a ti también —me zafé de su agarre y sonreí abiertamente.

Agarré la bolsa a la vez que él hacía lo mismo.

—¡Es para ti! ¿Qué…?

Fue entonces cuando me percaté del color negro de ambos envoltorios. Los dos de Music World, la mejor tienda de música del país. Atónito, saqué el contenido de la bolsa. Dentro de un paquete transparente se podían observar muy bien los CD de AeroException. También traían unos cuantos posters, un conjunto de púas para guitarra de varios colores, stickers y muchas cosas más. No puede ser… Era la primera vez que nos pasaba algo así. Sabía que teníamos algunos gustos en común, pero de ahí a regalarnos lo mismo…

—¿Qué…?

—Esto es tan… ¡Genial! —exclamó Hao, complacido.

No pude evitar reírme alegremente. Era el momento más extraño que había tenido en toda mi vida. Bueno, si no contaba el concierto, el día de la reconciliación de mis padres, su renovación de votos matrimoniales… Está bien, mi vida no era precisamente normal. Eso ya me había quedado claro.

—Deberíamos bajar ya. ¿Sabes si hay alguien despierto? —Hao negó con la cabeza—. ¿De verdad nadie se ha levantado aún? Qué extraño.

—¿Estuvo mal que te haya despertado tan temprano? —me preguntó, un poco desanimado.

—Al contrario, me alegra que lo hayas hecho —le guiñé un ojo—. No soportaría ver a los demás tan tarde. Te apuesto a que hubieran intentado sorprendernos. En realidad, no me gustan mucho las sorpresas.

—Igual yo —Hao lanzó un resoplido—. Siempre las detesté.

Nos asomamos al umbral de la puerta para asegurarnos de que no hubiera moros en la costa. En otra situación, aquello me habría parecido hasta cómico, pero en ese instante me preocupaba más pasar desapercibido. Al menos, hasta que estuviéramos en la cocina. Era muy extraño que no hubiera nadie despierto a estas horas… era casi sospechoso. Ignoré mis pensamientos, conteniendo la emoción de saber que lograríamos llegar sin ningún percance.

—Nos salvamos —canturreé por lo bajo, celebrando antes de tiempo.

Hao sonrió fugazmente.

—No cantes victoria tan rápido.

Tuvo toda la razón. Poco antes de llegar al final, Hao tropezó con un objeto casi invisible, haciendo que cayera estrepitosamente al piso. De repente, una lluvia de confeti cayó sobre nosotros, justo cuando ayudaba a que mi hermano se incorporara… ¿Por qué no me lo pude haber imaginado?

—¡Kaoru!

Nuestra hermana se nos abalanzó encima, casi tirándonos al piso. Una sonrisa radiante decoraba su rostro. ¿Cómo no pude adivinar que esto iba a pasar?

—¡Hola! —nos saludó, al mismo tiempo en que intentaba arrancar un fino hilo plateado que se sujetaba al piso. Si mi Annita veía esto, probablemente iba a reprenderme con un duro entrenamiento, y no creo que le importe que hoy sea algo así como un "día de fiesta"—. ¡Feliz cumpleaños!

—¿…Gracias?

Kaoru se echó a reír por lo bajo.

—¿Qué? ¿Acaso no podía sorprenderlos un poco?

—¿Sorprendernos? —le respondió Hao, sarcásticamente—. Estuvo a punto de darme un infarto.

—Blah, blah, blah… Espero que les guste mi regalito. Se los acabo de dejar en la cama —parecía inusualmente divertida por la situación—. No se preocupen. No es nada frágil, creo.

Conociendo a Kaoru… Sí, debería estar preocupado. Debería. Sin embargo, este día era tan especial que se lo dejaría pasar. Esperaba tener una celebración normal. Ya saben, pastel normal, regalos normales, pero… Eso era demasiado pedir para nuestra familia. Alrededor de las ocho de la mañana ya todos estaban levantados y debía admitir que me sentía agobiado por tantas felicitaciones. No había abierto los obsequios aún, pero la mayoría de mis amigos no habían podido contener la emoción y me contaron de qué se trataban algunos. Ropa, videojuegos y muchas cosas más. Incluso una katana súper costosa de parte de Len. Por el momento, todo iba bien. Luego nos sorprendieron con otro detalle; en la tarde, llegaron mis padres acompañados de mis abuelos. No entendía cómo podía caber tanta gente en la pensión. Teníamos suerte de que el lugar no fuera tan pequeño. De lo contrario, no sé cómo le hubiéramos hecho.

En un momento dado, mamá se llevó a Hao a la cocina, mientras que yo me quedé con papá en la sala. Él sonreía entre nervioso y divertido. Ahora entendía de dónde sacó Kaoru su peculiar personalidad.

—Así que dieciséis años, ¿eh?

—Tengo la impresión de que todos están más emocionados que nosotros —bromeé, riéndome. Mikihisa echó la cabeza atrás en una carcajada—. ¿Qué tanto nos ocultan ustedes dos?

—¿Recuerdas que te pregunté qué querías de regalo?

—Sí y creo haberte dicho que no quería absolutamente nada. Aunque, pensándolo bien… Unos cuantos billetes no me vendrían tan mal.

Mikihisa hizo un gesto divertido con la cara.

—Créeme, Yoh —lo miré, confundido—. Disfrutarás mucho más de este regalo. Estoy casi seguro de que ni siquiera se lo imaginaban tú y tu hermano.

—Dime que no derrochaste demasiado dinero por nosotros —le supliqué, torciendo el gesto.

Mi padre tenía aspecto de que lo acababa de tomar por sorpresa. Hubo silencio por unos segundos.

—Si te hace sentir mejor, tu madre me ayudó a pagarlo.

—¿…Qué hicieron, papá?

En ese momento, me di cuenta que Keiko volvió a la habitación junto con Hao, quien lucía igual de confundido que yo. Ambos esbozaron una sonrisa de oreja a oreja, y papá lanzó algo en el aire. Instintivamente lo atrapé antes que cayera.

—Felicidades. Espero que les guste.

—¿Qué es esto? —quise saber, mientras abría las manos con cuidado.

Me encontré con un llavero un poco gastado. Era de madera y tenía grabado una figura muy graciosa en él. Eran dibujos de palitos; al parecer padre e hijo, tomados de la mano. Había unos pequeños corazones sobre ellos y debajo de los muñecos tenía una frase escrita en cursiva: "Te quiero mucho, papi". Noté que mi hermano tenía el rostro sonrojado, y parecía que le saldría humo por las orejas en cualquier momento. Pude intuir que ese llavero se lo dio a Mikihisa cuando era pequeño, pero… ¿Por qué tenía que dárnoslo en un momento así? Mi gemelo, a pesar de que quería que la tierra se lo tragara, me arrebató el llavero para inspeccionarlo con cuidado. Estuvo mirándolo por unos segundos, hasta que pareció recordar algo.

—Un momento… Este es el llavero que usabas cuando vivíamos en Yokohama.

—Así es —sonrió Mikihisa, mientras Keiko lo sujetaba por el brazo.

—¿Y nos lo estás regalando?

—Por supuesto.

—N-no entiendo —habló Hao, sin aliento—. ¿…Compraste de nuevo la casa en la que vivíamos allá?

Me sorprendí mucho cuando pronunció esas palabras.

—¿Nos regalan una casa?

Ante eso, nuestros padres se mostraron más divertidos aún.

—Cuando nos mudamos a Nagoya, vendí la casa que teníamos en Yokohama… Su madre me ayudó a recuperarla y decidimos regalársela a ustedes. Pueden usarla como una casa de verano si es que así lo desean. Ustedes decidan, después de todo, ahora les pertenece.

Podía imaginarme lo conmovido que estaba Hao. Lo conocía bien y sabía que no se pondría a llorar tan fácil, menos frente a toda esa gente… Sin embargo, ahí estaba él, viendo con una sonrisa melancólica ese llavero. Entendía su emoción, Hao amaba Yokohama; él mismo me dijo que, después de Tokio, esa ciudad era perfecta. Junto con sus amigos, habían podido llevar una vida desapercibida, sin que nadie estuviera amenazándolos de muerte por ser shamanes. Además, disfrutaba mucho vivir cerca de la playa.

—¿Por qué aún conservas esta cosa? —soltó de pronto, sonriendo un poco incómodo. Estaba intentando regresar a su actitud de siempre.

Durante la pequeña celebración, noté que Anna me hizo un gesto para vernos. ¿Qué querría decirme? Me levanté, dando una excusa poco original y la seguí por el largo tramo de escaleras hasta llegar al segundo piso.

—Sólo quería asegurarme que todo estuviera bien entre nosotros —soltó en cuanto estuvimos cerca de su dormitorio.

—¿Por qué no habría de estarlo? —inquirí, curioso.

No entendía el motivo por el que ella estaba tan alicaída. Anna sonrió y esa alegría no logró reflejarse en sus preciosos ojos.

—No te di ningún regalo.

—Oye, eso no importa —le resté importancia al asunto, mientras le devolvía la sonrisa—. ¿No recuerdas? Te dije que prefería un beso y un abrazo.

—No tenía nada ahorrado, ni siquiera monedas… Lo siento, pero no te preocupes —me consoló, como si yo de verdad lo lamentara. Dio un paso al frente con decisión—. Igual tengo algo para ti.

—No hace falta, en serio.

—Deja de ser tan modesto, Yoh.

Para entonces ya se encontraba muy cerca de mí. La distancia entre nosotros se había reducido tanto que nuestros rostros estaban separados por milímetros. Pude ver cómo sus ojos se cerraban lentamente y su aliento me hacía cosquillas en el rostro. Sólo me deje llevar… ¡Por todos los espíritus, estaba besando a Anna! No podía creerlo. Hao tenía razón, después de todo. En verdad le gustaba a mi prometida. Una sensación de alivio me embargó. Estaba pensando en otras cosas similares, mientras la besaba de vuelta. Para ser nuestro primer beso, no estuvo tan mal. Fue un beso dulce al principio, que después se convirtió en uno muy apasionado. Llevaba seis años sintiendo cosas por ella y, hasta hoy, no estaba seguro de que pudiera corresponderme. Ahora no me quedaba ninguna duda. Maldije al oxígeno por provocar que nos separáramos. Hasta se me había olvidado respirar de tanta felicidad que sentía. Annita estaba un poco ruborizada, pero eso sólo la hacía verse más hermosa.

—Te… ¿Te gustó mi regalo?

—Nada mal —dije en tono de broma y Anna se echó a reír.

Tal y como lo hacía en presencia de pocas personas. Ella era así sólo conmigo, con mis dos hermanos y con Evolet. Estaba feliz de que no tuviera miedo de mostrarse tal cual era, al menos con unas cuantas personas.

—Annita, sé que estamos comprometidos y todo eso. Sin embargo, hay algo que siempre había querido preguntarte… ¿Quisieras ser mi novia?

Ella sonrió, esta vez de un modo diferente. Era una sonrisa que se le dedicaba al ser amado.

—Pensé que ya estábamos juntos… Por supuesto, Yoh. Me encantaría ser tu novia.


•❈•


Estaba bajando las escaleras junto con Anna, cuando nos encontramos con una escena que no esperábamos ver, y nos sorprendió. Evolet se encontraba frente a Hao y parecía estar ayudándolo a ponerse algo alrededor del cuello. Una vez que logró su cometido, ella sonrió complacida y lo abrazó con toda naturalidad. Mi hermano permaneció estático de la sorpresa por unos segundos, pero luego se dedicó a devolverle el abrazo, torpemente. Miré a Anna con un gesto de complicidad, uno que ella me devolvió. Sabía que ver así a mi hermano y a su mejor amiga nos ponía felices a los dos.

Una vez que se separaron, los vi hablar un par de cosas más. Lo único que pude distinguir al leer los labios de Evolet, fue un "Feliz cumpleaños". Al instante, los dos notaron que estábamos ahí y ella se acercó para darme sus buenos deseos también. Tomó a Annita de la mano y se la llevó para seguir disfrutando de la fiesta. Aproveché para acercarme a Hao, sin borrar esa sonrisita de alegría que tenía en el rostro. Le di un toque en el hombro para que me prestara atención, ya que se había quedado como en un trance, viendo hacia donde Evolet se había ido. Cuando me dio la cara, pude notar que traía puesto un colgante alrededor del cuello. Se trataba de un símbolo chino muy famoso; el yin y el yang. Sólo que él tenía la parte del yang y nada más.

—¿Y eso? —inquirí, curioso.

Quería que me lo contara todo.

—Oh, es un regalo —respondió mi hermano, algo apenado—. Me lo dio Evolet. Dijo que esperaba que me gustara, aunque no fuera gran cosa.

Solté una pequeña risa.

—Si tan sólo supiera que es el regalo que más te gusta, ¿no? —Hao puso los ojos en blanco y me dio un ligero golpe en el hombro, a modo de respuesta por la tomadura de pelo que le hice—. Ahora que lo he notado… ¿Ella no tiene uno similar? ¿La otra mitad? Qué interesante, me pregunto qué quiso decirte con eso.

—Te imaginas cosas, Yoh —estaba tentado a reírme por el rostro avergonzado de mi gemelo—. No seas exagerado.

—¡Es una declaración! Sólo es cuestión de analizarlo bien, casanova —me fulminó con la mirada por el apodo que le había puesto, aunque sabía que la situación también le resultaba divertida.

Era el primer cumpleaños que celebrábamos juntos y, después de todo, lo pasamos genial. Nos regalamos lo mismo, teníamos una casa de verano, Annita era mi novia, Evolet se estaba abriendo un poco más hacia mi hermano… y al final, nuestros abuelos nos dejaron helados con un par de boletos de avión a cualquier destino. Después de eso, transmitieron un anuncio en la televisión; AeroException se presentaría en Las Vegas dentro de dos meses. ¡Siempre quise ir a Las Vegas! ¡Iríamos a otro concierto de ellos por tercera vez!

Dieciséis años de edad… A ver qué locuras haríamos para nuestro cumpleaños decimoséptimo. Ya estaba muy emocionado.


•❈•


¡Hola! ^^

Aquí les traigo un capi más. Espero que les haya gustado el cumpleaños de los chicos n.n Amo cuando los fics le dedican un capi para celebrarle el cumple a nuestros gemelitos favoritos… ¿Por qué no hacer lo mismo? xD

Muchas gracias por leerme. Ya saben, cualquier comentario, crítica, sugerencia, pedido pueden dejar un muy lindo review.

¡Nos vemos! ^^