Disclaimer: Shaman King y sus personajes no me pertenecen. Son del gran Hiroyuki Takei. Tampoco son de mi autoría algunos lugares, canciones y/o marcas que aparecen aquí. Sólo la trama, personajes propios y lugares ficticios son invenciones mías. Gracias a Sabr1 por prestarme a su OC (Evolet).
Advertencias: lenguaje soez, gore (leve o moderado), y algunos pensamientos obscenos (Rated T).
Género: General. Tiene un poco de todo.
Pensamientos, comunicación por telepatía, recuerdos, sueños.
6
La Profecía de los No Muertos
Yoh Asakura
Sonreí con alegría al ver mi nuevo oráculo virtual; ese artefacto de color naranja que me sería de gran utilidad para la Shaman Fight. Sin embargo, un fuerte ruido me sobresaltó. Alcé la mirada hacia el escenario que tenía frente a mí. Kaoru se encontraba en una batalla, la cual decidiría si entraba al torneo o no. Mi hermana estaba dando una gran demostración de sus poderes.
—Te quedan dos minutos —previno Silver con seriedad.
Kaoru fue lanzada por los aires desde una altura de cuatro metros y había caído de pie con la agilidad de un conejo. Yami, su espíritu acompañante, posesionaba con fervor la hoz que mi hermana tenía en sus manos. El dije que siempre llevaba a todos lados se había transformado en una enorme guadaña, la cual tenía un mango negro y una cuchilla de color morado. Dicha arma emanaba gran cantidad de furyoku.
—Mierda…
—¡Niña! —la reprendí—. ¿Qué es ese lenguaje?
Kaoru rio por lo bajo, liberándose por un instante de la presión que tanto la atormentaba.
—Nunca le dices nada a Hao —reclamó, haciendo un ligero mohín y entretanto volvía a contraatacar.
—¿Quién lo dice?
—¡Yo!
—Me apresuraría si fuera tú, Kaos —le aconsejó mi hermano mayor.
Kaoru frunció un poco el entrecejo, a la vez que intentaba concentrarse. Sabía que ella podía ganar esa batalla, estaba seguro de que lo lograría. Por favor, ya se había enfrentado a situaciones más complicadas y siempre supo cómo salir adelante. Un par de años atrás, se dio a golpes con un grupo de chicas mucho mayores que ella sólo porque quedaba una sola entrada para el estreno de una película que tanto quería ver. Si pudo hacer eso –y vaya que se metió en un gran lío–, ¿Por qué no iba a poder ganarle a un oficial de la Tribu Apache?
Nuevamente, ella le asestó un buen golpe. Sin embargo, no logró que Silver deshiciera su posesión.
—Un minuto…
—¡Ya voy! ¡Ya voy! —noté que mi querida hermanita menor se estresaba cada vez más. Bajó la mirada hacia su guadaña, la cual emanaba poder espiritual por doquier. La esencia que salía del arma era entre negra y morada, pero ahora ese furyoku estaba más reducido que hace diez minutos—. Maldición…
Fue entonces que se me ocurrió…
—¡Kaos! —grité a todo pulmón. Una buena idea me había llegado a la mente. Ella volteó a verme, esperanzada—. ¡Prisión maldita!
Noté que hubo un brillo alentador en sus ojos. Asintió enérgicamente, entretanto sus labios se curvaron en una sonrisa entre aliviada y un poco maléfica.
—¡Prisión maldita!
De pronto, Silver se tensó. Creía que era imposible, ya que él era un shaman imponente. Noté que unas largas y brillantes cadenas lo sujetaban a la tierra húmeda del suelo, impidiéndole moverse. Kaoru se movió ágilmente hacia donde se encontraba el apache y, con su hoz, le lanzó un ataque que hizo que Silver cayera al suelo, logrando de este modo que su posesión de objetos desapareciera.
—¡Wow! —exclamó una sorprendida Evolet. Una sonrisa radiante apareció en su níveo rostro, para luego dirigirse a mi hermana—. Eso fue impresionante. ¡Felicidades, Kaoru!
—¡Gracias, Evolet! —Kaoru le devolvió la sonrisa—. Ahora sólo queda una cosa por hacer… ¡Silver, dame mi oráculo!
—Diste una excelente batalla —admitió, sonriendo con tranquilidad. Sacó un oráculo virtual de color negro de entre sus ropas—. Shamanes así son los que queremos en este torneo. Toma, te lo mereces.
Haber visto a mi hermanita brincando de un lado a otro fue una escena que jamás podré olvidar… ¿Por qué? Ella quería ser una de las participantes de este legendario combate para cumplir con su sueño; deseaba que los humanos y shamanes pudieran convivir en armonía. También anhelaba demostrar, tanto a sí misma como a los demás, que, aunque parecía una joven indefensa, podía lograr hacer grandes cosas en la vida. Kaoru había sido la última en enfrentarse a un oficial para clasificar. Aún seguía sin saber por qué, pero yo fui el primero.
Intentamos estar en todas las batallas de mis amigos, pero a pesar de eso, algunas de ellas coincidieron en horarios. Por ejemplo, las peleas de Hao y Evolet. Misma semana, mismo día y misma hora. Lo que hicimos fue grabar ambos combates para así rememorar esos momentos. Por supuesto, yo estuve en la de mi hermano, que no duró ni cinco minutos. Anna y las demás chicas, a excepción de mi hermana, habían ido a presenciar la de Evolet. Ella tenía un espíritu acompañante muy poderoso. Mizu era una nekomata muy bien entrenada de casi seiscientos años. Mis abuelos se la habían obsequiado a Evolet a muy tierna edad y han estado juntas desde entonces.
Len se encargó de sacarme de mi letargo y romper la burbuja de mi hermanita.
—No estuvo mal, pero es obvio que tus golpes son débiles a diferencia de los míos. Yami es un conejo insignificante —el nombrado se manifestó y no muy contento que digamos. Sus rojas mejillas parecían estar a punto de echar chispas y un aura negra rodeaba su vibrante cuerpo—. En cambio, Basón es un antiguo guerrero chino que murió honrando a la nación. Yami debió perecer en alguna carnicería…
—Escucha, cariño —Kaoru interrumpió su perorata, enarcando una ceja en señal de interés—. Si estás celoso, sólo dilo —bromeó ella—. No voy a comerte, ni tengo interés en hacerlo. Bueno, pensándolo bien, todo podría cambiar con una fuente de chocolate, crema chantilly y un poco de esas chispitas de colores…
—Kaoru… —mi tono de advertencia fue suficiente para que resoplara fastidiada.
—Tal vez mis poderes sean un poco cambiantes, pero eso no significa que sea una completa debilucha, Len.
No me sorprendía la arrogancia de Len, pero la verdad hacía méritos para ello. Su combate contra el oficial Chrom duró nueve minutos exactos. Mi amigo era muy poderoso y tenía un excelente control de su poder espiritual. No obstante, eso no justificaba su lado pretencioso.
—¿Estás admitiendo que soy más fuerte que tú? —preguntó él con interés.
Mi hermana sólo se encogió de hombros.
—Tal vez…
—Si ya acabaron con todo ese parloteo, ahora sólo nos queda decidir qué día partiremos rumbo a Norteamérica —intervino Hao.
Mi hermano tenía razón. Todos teníamos nuestro boleto de entrada a la Aldea Apache y, obviamente, al torneo que se llevaría a cabo en ese sitio. Sabía que era un lugar lleno de misterios. Cuando era pequeño, mi abuelo solía contarme historias sobre los Grandes Espíritus, de los afortunados que tenían el honor de llevar el título del "Shaman King", de algunas tradiciones que tenía esa reservada cultura… e incluso llegó a relatarme una antigua profecía. Era tan remota que llegué a creer que tenía milenios de ser transmitida de generación a generación. Tenía mis dudas respecto a esa conjetura. ¿Cómo no tenerlas si ya habían pasado miles de años desde que fue revelada a los shamanes de aquella época?
—Oye, Yoh… —Manta se acercó a mí. Comprendí que, lo que sea que me fuera a decir, no quería que los demás lo escucharan. Me agaché hasta quedar a su altura. Mi mejor amigo iba susurrando palabra por palabra a una velocidad increíble, tanto que me pregunté cómo fue que lo entendí—. ¿Seguro que no tienen problemas con que los acompañe en el viaje?
—¿Deberíamos? Somos amigos, Manta. Siempre me has acompañado a todos lados y sabes que esta vez no sería lo mismo sin ti. Además, tú también estás inscrito en el torneo. No lo olvides —le recordé, completamente feliz con la idea de que mi mejor amigo pudiera participar en ese importantísimo evento. Estaba seguro de que él llegaría lejos, pues ya llevaba bastante tiempo desarrollando sus poderes y entrenando con Anna. Asimismo, tenía un espíritu acompañante muy fuerte que casualmente fue el mejor amigo de Amidamaru cuando aún estaban vivos. Mosuke era un talentoso forjador de espadas. Él creo a Harusame para Amidamaru—. ¡Esto será increíble!
—Lo sé —coincidió él, divertido con la situación.
—Serás la sensación en Estados Unidos —bromeé. Manta parpadeó, un poco confundido—. Eres bastante fuerte. ¡Las chicas caerán rendidas ante ti!
—¡Yoh! —me eché a reír ante la expresión de su rostro.
—¡Oigan! Yoh, enano cabezón… ¡Apresúrense! —habló Anna.
Manta se detuvo en seco, afligiéndome en el proceso. Estaba casi seguro de lo que iría a decir.
—¡No soy enano, ni cabezón!
•❈•
—¿Ya viste, Ashil? Esa estúpida Asakura aprobó el dichoso examen… Eso demuestra lo fáciles que son.
El joven que se encontraba junto a Jeanne fingía sentir desinterés, pero su mente se divagaba en otras cosas. No quería que su compañera se diera cuenta de que empezaba a sentirse atraído por la menor de los Asakura. Había conocido a muchas chicas en su vida, que fácilmente caían a sus pies debido a su encanto. Sin embargo, Kaoru era de las pocas que no mostraban interés en él y eso le encantaba. Le encantaban las chicas difíciles y físicamente atractivas. Ella tenía un cuerpo muy bonito, que deseaba que algún día fuera suyo. Desde el primer momento en que la vio, había jurado que haría hasta lo imposible para que la chica se fijara en él. Incluso si tenía que usar métodos poco convencionales.
—No deberías subestimarla —le aconsejó el muchacho—. No olvides que tuve la oportunidad de tener una pelea con ella en la escuela. Kaoru es una chica con grandes habilidades. Debo admitirlo, la verdad no me sorprende; viene de una familia ancestral de shamanes que ha existido por más de mil años. Además, ocultan muchos secretos y técnicas antiguas… Sin embargo, es verdad que aún le falta para igualar los poderes del resto del grupo, y ni qué decir de sus hermanos mayores —decidió comentar parte de la verdad, así Jeanne no sospecharía nada y él tampoco estaría mintiendo.
—Ugh, no me menciones a ese par de imbéciles —resopló la Renault con una mueca en su pálido rostro. Sus ojos carmesíes brillaron en señal de molestia—. Ni siquiera sé qué es lo que el amo ve en ellos. Son tan ordinarios.
—¿Lo dices tú? —se burló su compañero—. Si no mal recuerdo, la semana pasada te parecían guapos.
Jeanne le dio un zape en la nuca como respuesta. Ella jamás iba a admitir que tenían un gran poder. Ambos habían presenciado sus batallas con sus propios ojos. Pudieron comprobar que eran muy talentosos. Aun así, a Ashil le daba gracia que la doncella de hierro no fuera capaz de reconocer que eran perfectos para lo que fuera que su amo quisiera hacer con ellos. Le daba curiosidad saber el motivo.
Ambos continuaron avanzando entre la espesura. Esos árboles eran perfectos para ocultarlos de la sociedad durante un tiempo, pues podría ser riesgoso para ellos estar en el parque tan tarde. Sería sospechoso que dos jóvenes adolescentes anduvieran transitando como si nada a las dos de la madrugada. Era definitivo que amaba el Parque Yoyogi por brindarles dicha protección.
—…Odio admitirlo —confesó él—. Sé que cualquiera de los dos podría ganar ese torneo si se lo proponen. Muy a mi pesar, uno de ellos resultará victorioso. El punto es que yo sí lo admito, Jeanne.
—Por favor, este maldito torneo es lo más estúpido que se les pudo ocurrir a los dichosos Grandes Espíritus. Te demostraré que no se necesita mayor esfuerzo para ganarlo —le mostró su oráculo virtual, el cual era de color morado—. Somos más fuertes que esos inútiles, porque ellos no tienen el factor inmortalidad de su lado, y para que veas lo debiluchos que son, te propongo algo. ¿Por qué no les hacemos una visita en este momento? —soltó de pronto, sonriendo con maldad.
Ashil abrió los ojos a la desmesura, anonadado por la idea de su colega. Una parte de él disfrutaba de la idea, pues tendría la oportunidad de ver a Kaoru… Por supuesto, no se lo confesaría a su compañera de equipo.
—Lo más probable es que estén durmiendo.
—Exactamente.
La sádica sonrisa de Jeanne se acentuó, contagiando por momentos a Ashil.
•❈•
—No eres más que una basura, Yoh.
Tenía que salir de ahí en ese mismo instante. La oscuridad estaba dispuesta a engullirme totalmente y las voces tenebrosas que surgían a mi alrededor no me ayudaban en nada. Busqué a tientas en la penumbra, dispuesto a encontrar algo para impedir que la luz desapareciera por completo de la escena. Rebusqué cualquier fuente de luz, pero todo fue en vano. No había nada que hacer… y, aunque lo hubiera, me encontraba en un pésimo momento para intentar iluminar el lugar con ayuda de mi furyoku.
—Siempre has sido un cero a la izquierda en este mundo, hijo del Diablo.
"No tienes que escucharlos", me decía a mí mismo. Eso lo sabía de sobra.
…
Simplemente no podía hacer de caso que no era a mí a quien hablaban. A pesar de haberlo intentado, no podía fingir que no los oía. De pronto, empezaron a formarse rostros a mi alrededor. Uno por uno: Len, Pilika, Tamao, Chocolove, Horo, Lyserg, Evolet… mis padres y abuelos… Kaoru, Manta… Anna… y finalmente, el de mi otra mitad.
—Ayúdame, Hao —supliqué, esperando que no fuera en vano.
—No eres más que una escoria. Ni siquiera debiste haber nacido —el gesto de Hao se tornó sádico. Sólo atiné a mirarlo con profundo horror. No podía ser posible. Mi propio hermano…—. ¿Alguien tan idiota como tú se hace llamar shaman? No me hagas reír, querido hermano.
—No digas eso —le pedí al borde de las lágrimas. No, dije para mis adentros. No iba a llorar frente a esta gente—. Hao, por favor…
—Vete a la mierda, Yoh. Para mí nunca fuiste ni serás mi familia.
—No puede ser —susurré, temiendo que se me quebrara la voz.
Todos se echaron a reír, burlándose de mi desgracia. Me levanté y corrí entre las sombras, intentando huir de ese horrible sitio. No obstante, tropecé con un objeto no visible al ojo humano. Las carcajadas se intensificaron al tiempo en que intentaba incorporarme.
—¡Por favor, basta ya! —grité, mientras me tapaba los oídos.
Las lágrimas empezaron a caer por mi rostro. Me sentía inservible… ¿Para qué vivir si nadie en el mundo me quería? Todos me odiaban. Todas las personas pensaban que era un pedazo de porquería. Mi gemelo se acercaba cada vez más a mí. Tomó un mechón de mis cabellos con una mano y me jaló con toda la fuerza posible. Sentía que mi cuero cabelludo iba a desgarrarse. Las lágrimas siguieron su curso, mostrando toda la tristeza y frustración que sentía.
—Quisiera tener el honor de matarte, hermanito —susurró con una voz suplicante, divertida y macabra a mis oídos. Las risotadas de los demás hacían eco en ellos—. ¿Me permites hacerlo?
Intenté negar con la cabeza, pero Hao intensificó su agarre, provocando que soltara un gemido de dolor.
—Te prometo que no sentirás dolor alguno —su sonrisa se volvió más sádica—. Esto será rápido, mi querida otra mitad. No hay nada que temer.
La mano con la que tenía fuertemente apretados mis cabellos se prendió en fuego. No pude reprimir un grito de agonía al sentir cómo el fuego empezaba a consumirme. Los demás me miraban hasta emocionados, como si fuera el estreno de la película más esperada del año. Las carcajadas de Hao fueron las que más me aterraron. Se suponía que éramos hermanos… y ahí estaba él, de pie junto a mí, contemplando cómo las llamas me consumían.
—Dedícate a disfrutar de la función, Yoh —musitó con burla—. Créeme, yo me estoy divirtiendo más que nunca.
…
Desperté jadeando, sintiendo que el corazón se me saldría del pecho en cualquier momento. Todo había sido un sueño… No, fue la más horrible de todas las pesadillas. Sin dejar de pensar en ello, tomé mi celular que yacía en la mesita de luz. Este marcaba las dos y veintiuno de la madrugada. Cuando la pantalla se apagó, la luz de la luna contribuyó a que pudiera ver mi aspecto a través del reflejo; estaba completamente despeinado, mis ojos estaban rojos y un rastro de lágrimas había aparecido en mis mejillas. Suspiré, entretanto volvía a poner mi celular en su lugar. Sentí que mi respiración estaba regresando a la normalidad. Aquello no podía volverse una realidad, ¿o sí? …Bueno, no quería creer que mi Uranai se estaba volviendo en mi contra, o al menos esperaba que no. No soportaría que los demás me trataran de ese modo. Ya había tenido suficiente cuando iba a la odiosa escuela de Izumo en mi infancia.
Traté de incorporarme. Me senté en el futón como pude, pues ya no tenía sueño. Este se había esfumado por completo. Suspiré nuevamente, recordando que debía volver a la realidad. Miré de reojo la espalda de mi hermano.
—Sé que estás despierto, Hao.
Él se dio la vuelta en su propio colchón. Sus ojos brillaron intensamente ante el resplandor de la luna, mostrando preocupación por mí. Estábamos compartiendo mi habitación por el momento… ¿Por qué? Pues aproximadamente tres días atrás, Hao había tenido una pelea con mi prometida. Ninguno de los dos quería dar su brazo a torcer, por más que yo intentaba hacerlos entrar en razón. Al final, a él se le concedió que estaba en lo correcto. Mi hermano ganó la disputa… pero Anna ganó más que eso. Quemó la cama de Hao como venganza y lo amenazó con que dormiría en el patio. Tuvo suerte de que convencí a Annita para que lo dejara dormir dentro. "Claro que puede dormir adentro, pero tendrá que compartir cuarto contigo". Decidí dormir en el piso, a pocos metros de distancia de él, para que todo fuera más equitativo. El hecho de que yo durmiera plácidamente en mi cama calientita, mientras que Hao lo hacía incómodamente en el frío piso, no se me hizo justo.
—Tuviste una pesadilla.
No era una pregunta. Me lo estaba afirmando con una seriedad que me caló los huesos.
—…Fue horrible…
Después de haberle narrado todo y con detalles, seguía tan o más preocupado que antes. Intentó acercarse más a mí y, sin poder evitarlo, me alejé de él instintivamente. El sueño aún rondaba en mis pensamientos. Quizá con la intención de torturarme hasta el borde de la locura.
—Sólo fue una pesadilla —intentó tranquilizarme como sólo él sabía hacerlo.
Demonios… pensé. Se había percatado de mi sorpresiva, pero increíblemente normal acción.
—No hay nada que temer…
—No digas eso, me estás haciendo sentir peor —susurré con el intento de una sonrisa, que debió parecer más un gesto perturbado.
—Lo siento —sonrió, sintiéndose un poco apenado—. Fue mi error. Olvidé que eso era parte de mi guion de antagonista en tu pesadilla.
Tuve intenciones de replicarle, pero algo inesperado me interrumpió. Sin previo aviso, una explosión se escuchó fuera de la casa, ocasionándonos un ligero sobresalto a ambos.
—¿Qué diablos fue eso? —lancé la pregunta al aire.
Tomé a Harusame a la vez que sentía que mi pulso se aceleraba. La adrenalina corría por mis venas. Hao ya estaba esperándome con una mano en el pomo de la puerta. A toda prisa, bajamos el largo tramo de escaleras. Los demás ya estaban afuera, presenciando la escena sin poder dar crédito a lo que veían. Jeanne estaba flotando en el aire, mientras reía malvadamente. En ese momento, un aura plateada la rodeaba, haciendo juego con sus extravagantes cabellos. Sus ojos inyectados en sangre nos miraban a cada uno con expresión divertida… Hasta que se detuvo en mi hermano, y seguidamente, en mi persona. Su sonrisa se ensanchó más, mostrando sus brillantes dientes inhumanamente afilados.
Nos sorprendimos mucho al ver quién estaba a su lado, con los pies sobre la tierra –irónicamente hablando–. Un muchacho de piel blanca, cabello castaño casi hasta los hombros y ojos grises. Era bastante alto, aunque creo que mi gemelo y yo le llevábamos una cabeza de ventaja. No veía a ningún espíritu acompañante a su lado. Sin embargo, sí estaba de pie en una pose de defensa. Se veía hasta cierto punto atemorizante. No pude evitar sentirme un poco tonto por no haber sospechado de él desde un principio, luego de notar su tez pálida.
—Felicitaciones por haber ingresado en el torneo, mortales.
—¿No piensan saludarnos? —se burló Ashil, mientras parecía buscar a alguien con la mirada—. Qué descorteses, y nosotros que nos molestamos en venir.
No sabía por qué, pero tenía la impresión de que él no se encontraba ahí por los mismos motivos que Jeanne. Por alguna extraña razón, presentía que era por la presencia de alguien en este lugar. ¿Quién? En ese instante, no lo sabía.
—Es una lástima que no sepan ser buenos anfitriones —Jeanne le siguió el juego, mientras Shamash aparecía a su lado—. Deberíamos enseñarles, ¿no crees?
Me preparé por si decidían atacarnos, pero alguien los detuvo.
—¿Ashil?
No había notado que Kaoru se encontraba a mi lado con una expresión desconcertante en el rostro. El muchacho le devolvió la mirada, reconociéndola. Le sonrió socarronamente, algo que debió incomodar a Kaoru, pues noté que se encogía a mi lado. Noté cómo el chico –que ahora sabía que era un vampiro– se le quedaba viendo de forma descarada. Su mirada viajó por todo el cuerpo de mi hermana. Fue subiendo desde los pies… hasta que se detuvo en un punto en particular. Al notarlo, mi gemelo hizo el ademán de acercársele. Seguramente para darle la paliza de su vida. Len y Horo-Horo tuvieron que sostenerlo para evitar que se descontrolara. Hao tenía el ceño fruncido y no le gustaba para nada lo que estaba pasando.
—Suéltenme. Necesito matar a ese hijo de puta —susurró con furia.
En los labios de Ashil se dibujó una sonrisa burlona.
—Hao —lo llamé en voz baja—. No hagas nada estúpido.
—¡El estúpido aquí es él! —exclamó, intentando controlar un poco sus temblores. Estaba demasiado enojado.
Tranquilízate, no ha hecho nada malo, le dije por medio de nuestra telepatía. Hao me volteó a ver, visiblemente molesto.
Eso lo dices porque no has leído su mente. No tienes ni idea de lo que pensó el muy miserable, mi hermano volteó a ver a Kaoru. Imité su acción y me percaté de que su pijama consistía en un conjunto… revelador. Una blusa de tirantes color negra con un escote poco pronunciado, y un short morado corto. ¿Quieres saber lo que pensó? Veremos si sigues así de tranquilo cuando lo sepas.
Espero que no sea lo que estoy pensando, solté con horror.
Hao mostró una sonrisa sarcástica. En ese preciso instante, el tono de voz de Ashil invadió mi mente. Mi gemelo estaba transmitiéndome los pensamientos de ese sujeto. Otra habilidad que había podido dominar con el tiempo.
"Los ángeles no tendrán espalda, pero… ¡Qué culo tiene este!".
Abrí mis ojos como platos… No había notado que estaba apretando fuertemente mis labios. Era muy probable que los tuviera blancos debido a la presión que ejercía. De igual manera, tenía los puños cerrados. Me enojó mucho lo que había pensado esa sanguijuela, pero estaba consciente de que no tenía que reaccionar ante esas palabras. No quería que la situación empeorara.
Deberíamos matarlo, ¿o es que acaso no te agrada la idea?, pensó Hao.
Sabía que se estaba imaginando a sí mismo asesinando a Ashil.
No respondas a sus provocaciones, o será mucho peor…
Es una lástima que no compartamos instintos homicidas, pero me conformo con saber que no soy el único que está molesto.
Volteé a verlo. Seguía sonriendo, aunque esa sonrisa ahora lucía más aliviada. Comprendía cómo se sentía, pues se trataba de nuestra hermana menor. No obstante, sabía que no sería bueno iniciar una pelea en este momento. Desconocía la fuerza del muchacho, pues nunca nos habíamos enfrentado a él. Ahora que sabíamos que era un vampiro, estaba seguro de que era bastante fuerte. Además, si llegáramos a tener una batalla en medio del patio de nuestra casa, podríamos llamar la atención de algún vecino.
—¿Qué hacen ustedes aquí? —intervino Evolet, visiblemente molesta por todo el disturbio que estaban causando a esas horas.
Mizu apareció justo a la par suya. Tenía un aspecto desafiante. Sus ojos rojos se habían convertido en rendijas, como si tuviera desconfianza de aquel muchacho. Su cuerpo color crema nos hacía creer que estaba temblando.
—Lo que venimos a hacer no es de tu incumbencia, querida —respondió él.
Noté que Evolet no se contuvo de mostrar un gesto de desagrado al escuchar cómo la había llamado. Len y Horo tuvieron que contener más a Hao.
—¿Por qué mejor no lo sueltan? —sugirió Jeanne con cierto cinismo—. Así será más divertido patear sus traseros.
—Cierra la boca, estúpida —la cortó Anna, fulminándola con la mirada. Jeanne le devolvió la misma mirada de odio—. ¿Quién te crees que eres para venir a MI casa a armar escándalo? ¡Lárgate! ¡Y llévate a tu amante de turno contigo!
Ashil hizo un gesto de asco al oír la última frase y Jeanne gruñó.
—¿Ya oíste? En verdad creen que tú y yo tenemos algo… —habló el chico, rodando los ojos—. Mejor vámonos de aquí, aunque es una lástima. No me canso de mirar ese divino paisaje.
Escucha las estupideces que está diciendo. ¿Aun así no me dejas matarlo?, pensó Hao, a la vez que apretaba sus dientes.
—Hasta otra.
Dicho esto, ambos vampiros desaparecieron en una ráfaga de viento. Aún me sorprendía la capacidad que tenían para desvanecerse. Una vez que estuvimos solos, Horo y Len soltaron a mi hermano. Hao pareció relajarse sólo un poco. Volteó a ver a las demás chicas, quienes se encontraban en las mismas condiciones que Kaoru. Sus pijamas eran muy cortos.
—Ve a cambiarte, Kaoru —le ordenó Hao, logrando que ella se molestara—. No voy a tolerar que venga otro estúpido con esa clase de pensamientos —volteó hacia las chicas con el mismo semblante—. Ustedes deberían hacer lo mismo.
Pilika, Evolet y Tamao parecieron avergonzarse con su comentario e hicieron el intento de cubrirse inútilmente. Hao no lo decía con mala intención, pero la forma en que lo hacía no era la correcta y, sólo por eso, entendía la indignación de las chicas.
—No iré a cambiarme sólo porque tus celos de hermano mayor están hablando por ti —aclaró Anna.
Hao se mostró furioso, seguramente porque le estaban diciendo que era un sobreprotector celoso.
…Lo cual tampoco era mentira.
—Anna, por favor —le rogué.
Mi prometida me miró por un momento. Parecía estar considerando la idea.
—Sólo porque me lo estás pidiendo tú —me susurró, sonriéndome de lado. Luego, habló en voz alta para que los demás la escucharan—. Bueno, se acabó la fiesta. Ahora que ese par de idiotas se fueron… ¡Todos a dormir! Recuerden que en un par de horas partiremos hacia la aldea. No permitiré que ninguno siga durmiendo después de las seis de la mañana.
Escuchar las amenazas de mi prometida nos relajó a todos. Eso significaba que las cosas estaban volviendo a la normalidad.
•❈•
Horas más tarde, partimos a la Aldea Apache, así como lo habíamos planeado. Al final, resultó que ninguno de los treinta y tres jets privados de Len estaban disponibles. Cuando le preguntamos cuál era el motivo, lo único que nos dijo fue que "eran asuntos privados de la familia Tao". Hao quiso hacer un comentario muy al estilo suyo. Por las dudas, se lo impedí. Cuando llegamos a la aldea, nos dimos cuenta de que estaba abarrotada de gente que recorría el lugar. Algunas personas entraban a las tiendas de recuerdos, otras iban a la cafetería, otros recorrían las zonas más turísticas… en fin. Tampoco faltaban los que hacían alarde de sus poderes. Simplemente nos dedicamos a ignorarlos.
No pude evitar notar que también había familias. Esto me hizo recordar a mamá y papá. Habían pasado varias semanas desde la última vez que nos vimos. Extrañaba los comentarios de Keiko acerca de los gustos de los adolescentes de hoy en día y sus insinuaciones de que quizá no me estaba alimentando lo suficiente. Los típicos comentarios que toda madre hacía. También echaba de menos a Mikihisa. Era típico de Miki pelearse con mamá, porque la mayoría de las veces él nos defendía. Keiko le decía que el único motivo por el cual nos resguardaba de su ira era porque él había sido todo un alborotador en sus tiempos de juventud. No creía que fuera mentira, ya que eso explicaría la actitud de Kaoru y Hao, y tal vez un poco la mía. Claro, estaba más presente en ellos dos que en mi caso.
—Vaya, ya era hora de que llegaran —esa voz casi me provocó un infarto.
Era imposible que la dueña de ese afable y cálido timbre de voz estuviera justo en el mismo lugar que nosotros. Keiko estaba de pie, regalándonos una dulce sonrisa. Mikihisa estaba a su lado, abrazándola de la cintura y, al igual que mamá, nos miraba con orgullo. Los padres de Len también estaban presentes. En y Ran Tao tenían un aire de ser otra feliz pareja, pero ni los abuelos de Len ni los míos se encontraban ahí en ese extraño, pero oportuno momento.
—¡Hola, señores Asakura! ¡Señores Tao! —se escuchó un coro de voces al unísono. Seguramente no se volvería a repetir hasta dentro de un buen tiempo.
—¡Mamá! ¡Papá!
Kaoru corrió para abrazarlos. Ellos le devolvieron el gesto, igual de contentos. Tuvieron cuidado de no pulverizarla con su nueva fuerza, por supuesto.
—¿Y para nosotros no hay abrazo? —quiso saber Hao con inocencia. Mikihisa se echó a reír y se acercó para abrazarnos igualmente—. No sabía que vendrían hasta Norteamérica. ¿Y los abuelos? ¿Por qué no vinieron?
—El viaje pudo haber resultado muy peligroso para ellos, cariño —opinó una angustiada Keiko. Arqueé una ceja ante su respuesta—. No fue nada fácil volar hasta este lugar. Tuvimos suerte de que un viejo amigo accediera a darnos un aventón. Si no hubiera estado en Japón en ese mismo instante, quizá no habríamos podido estar aquí.
—No nos estarán ocultando algo de nuevo, ¿verdad?
—Luego se los explico… —mamá buscó con la mirada algo… o a alguien. Entonces creí saber lo que estaba a punto de decirnos. Se hincó hasta quedar a nuestra altura, porque sus tacones la convertían en una mujer mucho más alta de lo que era. Nos superaba un poco en estatura con ellos puestos—. Hay mucha aglomeración para contarles ese secreto tan abiertamente. Buscaremos un lugar más o menos tranquilo y luego charlamos.
—¡Hola, chicos!
Jun, la hermana mayor de Len, venía acompañada de nada más y nada menos que el entrenador de la escuela: Lee Bruce Long. Todos los que asistíamos a Seishin –abreviación que usábamos la mayoría de las veces– sabíamos que él era el único maestro que no estaba del todo vivo… No, no era un vampiro. Lee había perecido a manos de un miembro de la dinastía Tao, pero al parecer tenía muy buenas relaciones con los padres de mi amigo. Ahora él era algo así como un zombie. Sólo que hasta ese día me enteré de ello. Antes de llegar a Norteamérica, no sabía siquiera que Bruce Long estaba involucrado amistosamente con Jun Tao.
—¿Profesor Lee?
Jun rio quedamente cuando escuchó aquellas palabras.
—¿Profesor? —él le regaló una sonrisa divertida.
Volteé a ver a mis amigos con la esperanza de que sólo se tratara de una alucinación. Cuando percibí la expresión de sus rostros, me di cuenta de que no se trataba de ningún engaño.
—Verán, muchachos… Sé que este año fue de locos para todos en la escuela y que ustedes sólo me conocían por ser el entrenador Lee. ¿Conocen mi historia, cierto? Fui un maestro de artes marciales. Las luchas eran mi vida, pero por desgracia fallecí en un "trágico accidente". Bueno, resulta ser que me asesinó un shaman que envidiaba mis tácticas de lucha. La noticia del homicidio llegó a oídos de los demás miembros de la dinastía y Ching Tao, abuelo de Jun y Len, vio reflejada su oportunidad. Él quería que yo, un famoso luchador de artes marciales, fuera el espíritu acompañante de su nieta mayor. Permanecí a su lado todos estos años, pero no porque me obligaron a hacerlo, sino porque descubrí a una persona excepcional en Jun. Además, ella siempre se comportó muy bien conmigo. Dejó de usar sus poderes de taoísta para convertirme en un Kyonshi. No iba a obligarme a hacer cosas que no quería. Por eso y otras cosas más, soy leal a la familia Tao.
No podía creer que mi profesor de educación física estuviera contándome su vida como si nada. Los Tao y mis padres iban delante de nosotros. Noté que estaban teniendo una conversación muy entretenida.
—Hace dos años decidí buscar un empleo que se relacionara con la enseñanza, pues siempre quise ayudar a los más jóvenes a perfeccionar sus ataques para cuando se vieran en la necesidad de combatir. Jun me lo permitió, pues ella estuvo lejos de China durante varios meses para acompañarme.
Hao fue el primero y único en hablar. Los demás no estábamos muy dispuestos a hacerlo.
—¿Eso quiere decir que, de ahora en adelante, nos irá mejor en su materia? —una sonrisa divertida apareció en sus labios.
Lee le devolvió el gesto, complacido ante el comentario de mi hermano.
—No lo creo, pero buen intento.
—Bueno, nada perdía con preguntar.
—También me gustaría que sólo me llamaran Lee. Eso de "profesor" se oye demasiado formal —el espíritu de Jun se encogió de hombros—. Nunca me gustaron las formalidades. Ni siquiera cuando estaba vivo.
—Oye, Lee… ¿Qué traes ahí? —inquirió un curioso Lyserg.
—¿Esto? —pareció recordar que traía un montón de papeles bajo su brazo de tono azul pálido—. Pues, la directora me pidió que los repartiera entre los alumnos. Tomen, hay suficientes para todos…
Tuve un mal presentimiento antes de bajar la mirada hacia aquel papel impreso.
Seishin Kokusai High School
Tokio, Japón, Asia Oriental.
Queridos padres de familia:
Espero que este lapso de tiempo en el cual se llevará a cabo el evento más importante para nosotros, el Torneo de Shamanes, les sea útil a sus hijos no sólo para concentrarse en ganar la Shaman Fight; sino también para disfrutar de una diversión sana en familia.
Esta institución está orgullosa de tener alumnos de tan alto prestigio y no le sorprendería a nuestro personal docente y a los miembros del cuerpo estudiantil que uno de nuestros alumnos resulte electo para llevar un cargo como lo es ser el próximo Shaman King. Los Grandes Espíritus tendrían la mayor de las suertes si alguien de la escuela fuera el/la ganador/a de tan magnánimo acontecimiento.
Por tal motivo, aprovecho este medio para informarles que las clases se reanudarán el día cuarto del sexto mes del presente año. Deseamos inculcar a nuestros jóvenes en las artes del shamanismo, y no veo inconveniente alguno en que aprovechen este tiempo para adquirir dichos conocimientos. Nuestra institución es la de mayor prestigio en nuestro continente y, por ende, en todo el mundo. De esta manera, no permitiremos que se nos desplace del primer lugar en la lista de escuelas de shamanes a nivel mundial.
Espero gocen de buena salud, y que sus hijos vengan el día mencionado anteriormente con las energías suficientes para continuar con el programa.
Atte.
Teruko Amano.
Directora.
—¡Que no jodan…! —exclamó mi gemelo.
—¡Hao! —Keiko no tardó en reñirlo.
—Nadie quiere ir a la escuela en vacaciones, mamá —defendí a mi hermano, ganándome una sonrisa de agradecimiento.
Nuestra madre arqueó una ceja, sorprendida por nuestra actitud.
—Pues nadie ha dicho que estas serían unas vacaciones, jovencitos.
—Igual no es justo —soltó una indignada Kaoru, mientras se cruzaba de brazos.
—¿Quién dice que la vida es justa? —mamá sonrió burlonamente, a lo que respondimos con una sonrisa divertida.
Un extraño presentimiento me había estado molestando durante todo el día. No sabría decir con exactitud si era algo bueno o malo, o si iría a ocurrir hoy. Sin embargo, intuía que lo más probable era que fuera algo que me cambiaría la vida… Era muy diferente al presentimiento que tuve el día que conocí a Hao. En ese mismo momento, Silver hizo acto de presencia. No llevaba puestas sus ropas apaches, sino que vestía muy normal. Se asemejaba a cualquier humano común y corriente, y no a alguien que formaba parte de una cultura ancestral de shamanes. No nos quitaba la mirada de encima a mi hermano y a mí. ¿El asunto tendría que ver con nosotros? Sólo esperaba que no fuese algo malo o nefasto para ambos… y, por ende, para nuestra familia.
—Goldva me envió a buscarlos. Ella desea hablar con ustedes dos —nos informó. Nos volteamos a ver muy desconcertados. No parecía que fuera el mismo Silver al que me enfrenté para clasificar en la Shaman Fight. Cuando notó que todos los demás también se acercaban, al igual que nosotros, les hizo una seña para que se detuvieran—. El asunto les concierne solamente a ellos. Lo lamento.
—Pues si tiene que ver con ellos, también nos interesa a nosotros.
Anna estaba muy decidida y sus palabras demostraban que ella no se quedaría sin hacer nada. Silver suspiró. Volvía a ser el de antes, por lo que pude notar.
—Está bien, pueden venir —se dio la vuelta para iniciar su camino hacia el punto de reunión—. Sólo no digan que no se los advertí.
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—Clasificó toda la pandilla de los Asakura, ¿verdad? —Darkar parecía muy interesado en la respuesta. Sus ojos color azul topacio pasaban de Jeanne a Ashil, evaluando a cada uno con su mirada penetrante. Jeanne tragó duro, temerosa por la reacción del jefe—. Desde un principio sabía que esos gemelos me serían de gran utilidad en el futuro, pero jamás pensé que los demás estuvieran a la altura de ustedes.
—¿A nuestra altura? Perdone mi insolencia; es sólo que… por un momento, creí que usted estaba completamente seguro de que ellos eran igual de poderosos que nosotros, mi Lord.
—Pues escuchaste bien, querida —Darkar sonrió burlón, al mismo tiempo que acariciaba sus cabellos violetas—. Sus amigos no son nada en comparación a ellos dos, pero sí son muy fuertes. Ya verás que es cuestión de tiempo para que Manta, Tamao y Kaoru sean igual de consistentes. Incluso Pilika, la hermana de Horokeu, podría llegar a controlar perfectamente sus poderes shamanicos.
—Te lo dije, Renault —Ashil le dedicó una mueca, gesto que ella correspondió.
—Tú cállate.
—¿Ya partieron a la famosísima Aldea Apache? —cuestionó el vampiro líder, a quien todo esto le causaba mucha curiosidad.
Jeanne asintió con fervor, pues estaba aliviada de que su líder no explotara contra ellos como solía hacerlo normalmente.
—Así es. Creo que hoy arribaron a la tierra apache —respondió el castaño.
—Su vuelo partió a las 14:30 P.M. del día de ayer —le informó una radiante Jeanne—. Si no hubo percances antes de su vuelo, entonces el avión en el que viajaban debió de haber aterrizado a eso de las dos y media de la tarde, en hora de Arizona. Si hablamos de la hora de aquí, aterrizaron a las seis de la mañana.
—Por lo visto, viajaron en clase ejecutiva. Ninguno de los jets de la dinastía Tao se encontraba disponible —Ashil sonrió con diversión—. El Tao me cayó bien, me agrada su carácter.
—Según lo que logramos oír, su amiguito procedente de China les afirmó que el viaje sería como parte de su regalo de cumpleaños.
Se formó un extraño silencio en la habitación. Darkar tenía un semblante pensativo. Ahora que los dos ya se encontraban en la aldea, tenía que empezar a pulir los preparativos para dar inicio a su plan.
—No sé si estoy siendo muy insolente, mi señor. Si es así, espero me disculpe, pero hay algo que me tiene muy intrigada. Dice que esos gemelos son muy poderosos y que será beneficioso tenerlos de nuestro lado —habló Jeanne, viendo con atención a su líder.
—Así es.
—En ese caso, ¿no sería mejor destruirlos, en caso de que decidan hacerle frente en lugar de colaborar?
Darkar pareció sorprenderse por un momento.
—Ya lo había pensado, Jeanne —admitió, dejando sorprendidos a sus súbditos—. Fue por eso que, hace unos años, hice algo para evitar que pudieran detenerme cuando fueran mayores.
—¿Podemos saber qué fue lo que hizo? —preguntó una curiosa Meene, que no pudo evitar meterse en la conversación. Cuando se dio cuenta de su intromisión, no dudó en disculparse—. Lo lamento, amo Darkar. No debí hablar sin permiso.
—No se preocupen, lo sabrán eventualmente —Darkar sonrió de lado—. Mas ese día no será hoy. Bueno, es obvio que mi plan no funcionó, puesto que incrementaron su furyoku a un nivel imposible de alcanzar para cualquier otro shaman. Sumando el hecho de que ahora están juntos… Sería alarmante que decidan llevarme la contra. Esa es otra de las razones por las que los quiero dentro de este ejército que estoy creando. Además de sacar ventaja de sus poderes, estando a mi lado por voluntad propia, no habrá nadie más que pueda detenerme.
Hizo una breve pausa entretanto se acercó a una mesa muy elegante, cuya superficie estaba hecha de cristal. Sobre ella, había un mapa en blanco. Frunció el ceño ligeramente, sintiéndose frustrado. Recordó que necesitaba algo más para activar aquel pergamino. No obstante, se le estaba complicando demasiado conseguir dicho elemento.
—Si me necesitan, estaré en la biblioteca. Necesito investigar si existe alguna alternativa para solucionar este problema.
La francesa y su secuaz se quedaron viendo por donde había salido su jefe, con muchas interrogantes en la cabeza.
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Ya me estaba fastidiando de tanto caminar. ¿Qué tan lejos quedaba el lugar al que teníamos que ir?
Iba escuchando música con el reproductor que me regalaron por mi cumpleaños. No le había metido ninguna canción de Bob porque hice una apuesta con los demás, para ver qué tanto aguantaba sin escuchar las típicas tonadas de mi solista preferido. Creía que me estaba yendo bastante bien, si omitimos el hecho de que algunas canciones me sacaban de quicio o simplemente no podía acostumbrarme a ellas. Menos mal que mi querido AeroException estaba ahí para cambiarme un poco el humor. Contadas eran las veces en que me deleitaba con su música, pues los demás querían que probara algo nuevo.
—¿Qué estás escuchando?
Hao estaba muy suspicaz desde el día de la apuesta. Se me hacía gracioso que desconfiara de mi fuerza de voluntad.
—Ni idea, lo tengo en aleatorio, pero es algo de rock.
—El rock es un género musical excelente —comentó, arrebatándome el aparato para saber qué canción estaba escuchando.
Noté que hizo un pequeño mohín. A lo mejor no reconocía el título, pero sí sabía de qué artista era.
—Es verdad, aunque no todos los grupos son buenos —señalé, recordando que algunas bandas no eran de mi agrado.
—En eso tienes razón… Me la pasas luego —me pidió, sin borrar ese semblante extrañado de su rostro—. Me gusta mucho este grupo. No entiendo cómo es que jamás había escuchado esta canción.
Sonreí al sentir que las miradas se clavaban en mí… Esos seiscientos yenes serían míos.
—En fin… —Silver parecía divertirse con nuestra extraña plática—. Será mejor que apagues eso. Ya estamos llegando.
—Eso fue lo que nos dijiste hace media hora —le recordó un aburrido Horo-Horo.
—Esta vez es en serio. Falta aproximadamente un kilómetro para llegar al cuartel. No se preocupen —torció el gesto al ver que empezábamos a desanimarnos de nuevo—. El tiempo pasa muy rápido. Cuando se den cuenta, ya estaremos ahí.
Apagué el reproductor de música con desgano y fue entonces cuando me di cuenta que el panorama comenzaba a cambiar. Ya no frecuentaban tantas personas a medida que avanzábamos en territorio desconocido para nosotros; excepto para Silver, claro. A lo lejos, pude divisar un edificio de aspecto rústico, con mucha cinta amarilla que nos impedía entrar en el recinto. "Precaución. Prohibido el paso". La presencia de dicha cinta se daba a causa de que pudo haberse cometido algún crimen en esa zona, o también porque pudo haberse encontrado un bache de aspecto misterioso. Sentí un ligero escalofrío. ¿Qué habría ahí dentro?
Silver alzó la mano, entretanto las hojas de los árboles se movían con más fuerza al compás del viento. Como por arte de magia, la edificación se transformó. La cinta de precaución había desaparecido y el edificio se veía enorme a comparación de cómo estaba anteriormente. Al igual que la cinta, la mugre también se había esfumado, dando la impresión de que nunca hubo ningún acto de vandalismo ahí. Nos indicó que pasáramos con un ligero gesto. Nos adentramos en la estructura que, minutos antes, parecía querer derrumbarse. Aún seguía sin entender el motivo por el cual el interior de la edificación se asemejaba al de una cueva. Hao chasqueó los dedos para que una pequeña llama apareciera en la palma de su mano.
—Continúen caminando y traten de no separarse demasiado.
Como si eso fuera posible, escuché un pensamiento y reí.
Inmediatamente reparé en el dueño de aquel pensamiento. Hao.
¿Asustado?, mi gemelo sonrió con sorna.
Para nada. ¿Y tú?
¿Por qué habría de estarlo? Es el lugar más placentero en el que he estado en toda mi vida.
Si por placentero quieres decir que está para hacerse del miedo, Hao me seguía la corriente, mientras yo intentaba seguir sus pasos, procurando no quedarme tan lejos de él. Tienes toda la razón. Jamás me había sentido tan confortable en un sitio desconocido.
—No se queden atrás —nos reprendió el apache.
—Silver, perdóname si te molesta mi comentario, pero… ¡ES IMPOSIBLE IR MÁS RÁPIDO SI TENEMOS QUE BAJAR UN MILLÓN DE GRADAS!
—Hao… —lo previne.
Me volteó a ver, nada contento con la interrupción.
—¡Es que es cierto! Me frustra bajar este montón de…
Nunca supe cómo terminaría la oración, pues me quedé igual de anonadado que mi otra mitad. Era increíble que, a pesar de que dejamos a un lado la escalinata de piedra, el recinto aún fuera idéntico al interior de una caverna. Había una enorme pantalla que colgaba de la pared frontal, y en las laterales reposaban unas pantallas pequeñas; todas ellas seguían las acciones que realizaban los shamanes en todo el territorio apache y quienes provenían de distintas partes del mundo. Goldva, la líder de la Tribu Apache, nos estaba esperando de pie frente a esa pantalla gigante. Por un momento, creí que no se había dado cuenta de nuestra presencia, puesto que observaba atentamente las imágenes que transmitía el gran televisor.
—Los Grandes Espíritus me avisaron que vendrían pronto —se dio la vuelta para encararnos—. Nunca pensé que su llegada fuera tan inmediata.
Nos invitó a tomar asiento con un ligero ademán. Aún no entendía cómo podía haber sillas de cuero negro en una aldea tan… apegada a sus tradiciones.
—¿Saben el motivo por el cual los mandé llamar? —inquirió ella, al tiempo que entrelazaba los dedos de sus nudosas manos.
Comenzaba a darme pánico estar en ese lugar de aspecto tétrico. Presentía que el asunto a tratar no sería nada agradable y eso me ponía nervioso. ¿Por qué diablos no iba ya al grano?
—La verdad… no —negué, un poco sorprendido.
Goldva suspiró con cansancio para después volver a ponerse de pie. Avanzó a paso seguro hasta llegar al mismo lugar donde nos recibió. Las imágenes que estaban emitiendo las pantallas eran sobre un enorme grupo de shamanes. Haciendo cálculos, deduje que podrían ser diez en su totalidad. Me pareció haber visto una cabellera castaña entre la multitud, pero en ese momento pensé que tal vez no había visto bien y estaba imaginando cosas que no eran.
—¿Alguno de ustedes conoce la profecía? —dicho eso, nos dirigió una mirada lúgubre a todos los presentes.
Tragué duro. Si se refería a la profecía que yo creía… Claro que la conocía. Estaba familiarizado con ella desde muy pequeño.
—¿Cuál profecía? —demandó saber Manta.
Al notar el vistazo que le dio la jefa de los apaches, decidió silenciarse por un rato. El pobre tenía las piernas como si fueran de gelatina.
—¿La Profecía de los No Muertos? —inquirí con seriedad.
A Goldva se le iluminaron los ojos al escuchar mi respuesta. Sin embargo, al parecer casi nadie sabía de qué trataba aquel auspicio. Salvo Silver, Goldva y mis padres, que tenían un aspecto de que los hubiesen espantado. Recordé que mi madre me había dicho una vez que a Kaoru aún no se lo habían contado, porque temían que no tuviera la edad suficiente para asimilar algo tan catastrófico como lo era el tema que se trataría a continuación.
—La Profecía de los No Muertos… —explicó Goldva—, es un vaticinio que fue escrito seis mil años atrás por nuestros ancestros. Algunos clanes se han encargado de transmitir esta predicción de generación a generación.
—Pues yo creo que se pasaron la mía —interrumpió Kaoru, fulminando con la mirada a nuestros padres.
Mikihisa se encogió de hombros, mostrando inseguridad.
—No sabía que Keiko no te la había contado. Supongo que le dio miedo que no la entendieras correctamente.
—Yoh… —casi solté una maldición. Levanté la vista, sabiendo lo que se avecinaba—. Cuéntanos de qué trata la Profecía de los No Muertos, por favor.
De pronto, sentí todas las miradas sobre mí. Al igual que todos, Hao me miraba con sumo interés. No sin cierto temor, claro estaba. Mis padres parecían afligidos ante la idea de que los demás se enteraran de esta extraña predicción. Por un momento, llegué a odiar al shaman responsable de haber escrito semejante tontería. También me sorprendió que la familia de Len no lo supiera. Parecían tan confundidos, al igual que sus hijos y todos mis amigos. Tomé una bocanada de aire para quitarme ese miedo irracional. Detestaba sentirme de esa manera. Comencé a relatarla.
—"En un par de milenios, La Tierra se verá invadida por la más temible e inimaginable plaga de todas; los no muertos arrasarán con todo ser viviente en el planeta. Mucha sangre será derramada por todo territorio donde el hombre habite. Esta nueva raza hará lo que sea para llegar a controlar el mundo entero.
Dos jóvenes de este linaje no estarán de acuerdo con la nueva forma de gobierno. Ellos decidirán ponerle fin a esta desgracia; ángel y maestro se revelarán ante su creador. De esta forma, dará inicio la Rebelión por la Sangre, pues ninguno de los salvadores será corrompido por la maldad, así como le ocurrirá a la mayoría de los de su estirpe. El deber de los dos, que se encargarán de traer la justicia consigo, será encontrar el Talismán del Espectro Prohibido. Sólo uno de los dos bandos será el ganador.
Si la multitud estropeada por las fuerzas oscuras gana, el mundo que alguna vez conocimos se convertirá en un verdadero caos. Ningún ser viviente podrá volver a ver la luz del día; todo se envolverá en tinieblas y será imposible luchar por su propia supervivencia. Sin embargo, si el grupo de la luz es el que resulte vencedor en esta épica batalla, la plaga se extinguirá por completo y parecerá como si el fin del mundo nunca estuvo cerca de ocurrir.
El grupo vencedor será el que determine las reglas del nuevo mundo."
—¿Y esta predicción es verdadera? Es decir… ¿Cómo sabremos si la Profecía como-se-llame…?
—…de los No Muertos —solté tras un suspiro.
—Eso… —Horo se veía tan aturdido como el resto—. ¿Cómo nos daremos cuenta si toda esa basura de verdad está ocurriendo aquí y ahora?
Por todos los espíritus…
Acababa de caer en la cuenta de lo que trataba todo ese asunto; los vampiros. El grupito de Jeanne sería el que estaría a cargo de toda esa destrucción de la que hablaba la profecía. De todo el caos que nos arrastraría hacia el fin del mundo si no se hacía algo pronto… No lo creía, estaba casi seguro.
—¡Ahora todo tiene lógica! —exclamé, al ver las caras de los demás—. El rollo de los no muertos… ¡Se refiere a los vampiros!
—¿Los vampiros? —cuestionó Len, confundido.
—¿Por qué estás tan seguro de eso?
Era perfectamente entendible la duda que tenían los demás, pues era un poco difícil de creer. Sin embargo, tenía que hacerles ver que había un motivo muy grande que explicaba la presencia de estos seres en la aldea.
—No están completamente vivos, pero tampoco están del todo muertos… —aclaré en tono de cierta obviedad—. No sé si les conté que tengo un tío que me envió un correo diciendo que en lugares como Egipto y Nueva Zelanda ya se habían visto ataques efectuados por vampiros. Aunque, no sé si en verdad existirá eso del Talismán del Espectro Prohibido.
—Existe —me interrumpió Goldva con una ligera sonrisa—. Fue creado con la ayuda del mismo shaman que utilizó su don de la clarividencia para escribir la predicción más importante que han hecho nuestros ancestros a nivel mundial. Fue su hermano quien colaboró para que fuera posible resguardar esta información profética. Gracias por ayudarnos a recordar la profecía, Yoh. Debo admitir que ni yo recordaba muy bien cómo iba.
Todos nos fuimos de espaldas al escuchar el comentario de la organizadora del torneo. Fabuloso…
—¿Y a quiénes se refiere con eso de "los dos salvadores"?
—Con el tiempo se sabrá quienes son —nos afirmó Silver—. Esperemos que su aparición sea lo más pronto posible, antes de que se forme el caos en el mundo. Confiemos en que los Grandes Espíritus podrán darles dirección, entendimiento y sabiduría necesarios para que lleven a cabo la Rebelión de manera correcta, y para que, de verdad, el clan de la luz gane esta terrible pelea.
Ese era el motivo por el cual me sentía tan extraño. Sabía que nos veríamos involucrados en algo tan horrendo como lo sería el dichoso combate entre vampiros. Esperaba que esos supuestos salvadores supieran a lo que se estaban enfrentando, o si no… Definitivamente estaríamos perdidos. Pensamientos así cruzaban por mi cabeza, al mismo tiempo en que veía con horror la enorme pantalla de televisión. Jeanne y los demás miembros de su clan estaban de pie en la entrada de la Aldea Apache.
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¡Hola! ^^
Espero que les haya gustado el nuevo capítulo. Darkar esconde muchos misterios, lo sé, pero más adelante se sabrán muchas más cosas.
Muchas gracias por sus reviews. Ya saben, cualquier duda, comentario, sugerencia pueden decirme por medio de un lindo review ^^ Les agradezco por leerme.
¡Nos vemos!
