Disclaimer: Shaman King y sus personajes no me pertenecen. Son del gran Hiroyuki Takei. Tampoco son de mi autoría algunos lugares, canciones y/o marcas que aparecen aquí. Sólo la trama, personajes propios y lugares ficticios son invenciones mías. Gracias a Sabr1 por prestarme a su OC (Evolet).

Advertencias: lenguaje soez, gore (leve o moderado), y algunos pensamientos obscenos (Rated T).

Género: General. Tiene un poco de todo.

Pensamientos, comunicación por telepatía, recuerdos, sueños.


7

Nuestra primera batalla


Yoh Asakura

Seguía sin poder creer que ya era la segunda vez que iba a un concierto de AeroException en este mismo año. ¡Definitivamente amaba mi vida!

Bueno, lo haría si no tuviera que desperdiciar nuestras "vacaciones" yendo a la escuela. ¡Es que era absurdo! Además, contaba con muchas personas que respaldaban mi opinión. Aquí se incluían hasta los pocos alumnos que no lograron un pase para participar del torneo. Inclusive ellos tenían la obligación de asistir. Sonaba tonto, pero como nadie podía reclamarle a la directora, pues… ¡Hasta los padres de familia estaban de acuerdo con ella! Ni que fuéramos vagos… Está bien, tal vez algunos teníamos momentos de flojera, pero no era para tanto.

Dentro de unos días tendré que bajarme de esta nube de felicidad, pensé, mientras soltaba un suspiro desganado. No necesitaba darle tantas vueltas al asunto. A veces, me gustaría volver a ser el de antes. El que era un poco más… despreocupado. Estaría más tranquilo si no fuera por ese clan de vampiros. La culpa la tenía el tal líder de la prima de mi Annita. El jefe de Jeanne. En ese entonces, pensaba que sería interesante poder saber quién demonios era él. Sin embargo, con el tiempo sabría lo equivocado que estaba y lamentaría haberlo conocido, puesto que la vida se me iría a complicar a partir de ese instante.

—¡AeroException es lo máximo! —gritaba un eufórico Hao—. ¡El mejor concierto de mi vida!

Habíamos viajado hasta Las Vegas sólo para ir a verlos una vez más. ¿Cómo fue que Goldva nos dio permiso de salir de la aldea? No lo sabía. ¿Cómo le hicimos para que nuestros padres nos dejaran ir? Tampoco tenía idea. Supuse que fue el poder de persuasión de Mikihisa, ya que dudaba que hubiéramos logrado algo solamente Hao y yo.

—Deberías darle las gracias a la humana que nos hizo el favor de mentirle a los de seguridad, al decir que íbamos con ella —lo dije únicamente para ver qué me respondería.

Rodé los ojos cuando supe que acerté con mis pensamientos.

—Pues por fin sirven de algo…

—¡Hao! —le di un golpe nada amistoso en el hombro.

Rápidamente, puso mala cara y me lo regresó.

—¡Hey! Sólo bromeaba. No era para que te pusieras así.

Hao también había recibido malos tratos de niño, lo sabía de sobra, pero eso no era justificación para que menospreciara a los demás.

—Oye… —me agarró del hombro para tener mi atención, lográndolo—. ¡Mira!

Tuve que bajar la vista, puesto que ambos íbamos montados sobre el Espíritu del Fuego. Nadie podía vernos estando a estas alturas, ni tampoco alcanzarnos. Al menos, eso esperaba. Sin pensarlo dos veces, dirigí la mirada hacia el punto que él señalaba con tanta insistencia. Un numeroso grupo de personas parecían querer acorralar a otra. Todos lo estaban rodeando, mirando a su presa como si se tratara del plato principal más suculento del mundo. El shaman se veía muy indefenso a comparación con aquellos seres. Altos, fornidos y, sobre todo, pálidos. De pronto, se abalanzaron sobre él al unísono, entretanto uno de ellos tenía el privilegio de ser quien le clavara sus puntiagudos colmillos en el punto exacto donde abundaba la sangre: la yugular. Aparté la mirada cuando el susodicho lanzó un alarido de dolor. Aquello fue demasiado.

—Pobre tipo —susurró mi gemelo, sorprendido.

Asentí, sintiendo que me convertía en un manojo de nervios… ¿Y si se daban cuenta de que estábamos ahí? ¿Irían tras nosotros?

—¿Crees que sobreviva? —inquirí, a pesar de saber la respuesta.

Hao negó con la cabeza, apesadumbrado. Era bastante obvio.

—No lo creo —admitió.

De repente, uno de los vampiros alzó la cabeza con brusquedad, como si hubiera captado el olor de… algo.

—Por la gran… —estaba tan angustiado que ni siquiera pude reprender a mi hermano cuando casi soltó esa palabrota.

Inmediatamente, los demás del grupo comenzaron a buscar con la mirada lo que había puesto a su compañero de esa manera. Buscaban una nueva fuente de sangre de la cual beber hasta sentirse satisfechos. Sus ojos brillaron con intensidad cuando se encontraron con los nuestros. Si tuviese el Reishi de Hao, sabría con exactitud lo que les rondaba por la mente. Aunque no era del todo necesario. Podía imaginar lo que estaban cavilando; era hora del postre.

—Hao —lo llamé con una voz aguda, nada usual en mí.

Él tragó duro en un intento por controlarse y volteó a verme para darme a entender que tenía su atención.

—Deberíamos ir más rápido…

—¿Eso crees?

De pronto, todo ocurrió como si estuviesen perfectamente coordinados. Cada uno de ellos pateó con fuerza el suelo para tener un mejor impulso. Dieron un gran salto… para intentar alcanzarnos.

—¡Cuidado, Yoh! —exclamó mi hermano.

Comenzó a lanzar bolas de fuego, en un desesperado intento por sacárselos de encima. El Espíritu del Fuego se elevó aún más y se dirigía con mayor velocidad hacia la Aldea de los Apaches.

—¡Estoy bien! —respondí, tras hacer que unas lianas sujetaran de los tobillos a unos cuantos de ellos.

—¡Amo Yoh! —Amidamaru intentó advertirme.

Algunos vampiros pudieron alcanzarnos y ascendían por las extremidades inferiores del espíritu acompañante de mi hermano. Un adolescente de ojos verde oscuro y cabellera café, amarrada en una larga trenza, me contempló con una sonrisa de oreja a oreja. Un momento…

—¡¿NICHROM?! —exclamó mi gemelo. ¿Aquél era Nichrom? ¿El que alguna vez fue su mejor amigo?—. ¿Q-Quién te hizo esto?

Formé un gran muro de roca frente a varios vampiros, logrando que la mayoría se diera contra él y haciéndolos regresar de nuevo a tierra firme.

—No puedo creer que te hayas convertido en un traidor —soltó Hao, mirándolo con resentimiento. Lo entendía, ya que se trataba de un buen amigo de su infancia. Lástima que ahora estaba intentando asesinarnos—. Mereces que te envíe directo al infierno.

De pronto, el ex amigo de mi hermano se prendió en llamas. De él no quedó nada, salvo cenizas. Estaba sorprendido… Se suponía que los vampiros eran indestructibles, pero Hao lo había asesinado en un abrir y cerrar de ojos. Volví a la realidad al ver la casa que estábamos alquilando a lo lejos. Al llegar, bajamos del Espíritu del Fuego y corrimos hacia nuestro hogar. Abrí desesperadamente la puerta y, apenas entramos, la cerré con todas mis fuerzas.

—¿Qué demonios…? —la pregunta quedó en el aire al ver nuestro aspecto. Mamá se nos acercó, muerta de preocupación—. ¿Qué les pasó a ustedes dos?

—Nosotros… —Hao trató de explicarse, pero ya no pudo continuar con la oración. Era como si tuviera un nudo en la garganta—. Nichrom…

Mamá tenía cara de no entenderlo.

—Lo siento mucho, Hao —me acerqué a abrazarlo, pues noté que mi gemelo comenzó a temblar fuertemente—. No había nada que pudieras hacer. No sabías que lo habían convertido. Tenías mucho tiempo de no hablar con él, ya ni siquiera vivía en Japón. No es tu culpa…

—De haberlo sabido a tiempo, quizá pude haberlo evitado… Si hubiera estado en contacto con él, esto no habría pasado y no hubiera tenido que matarlo. Tal vez… Yo…

Diablos, no se me ocurría qué hacer en una situación así. Estaba claro que era incómodo ver a alguien sentirse mal. Sin embargo, estábamos hablando de mi hermano… Parecía que se echaría a llorar en cualquier momento. Hao también era un ser humano y yo comprendía su dolor más que nadie. Nichrom fue, un tiempo atrás, uno de sus mejores amigos. Fue uno de sus primeros y únicos amigos de la infancia. Lo conoció en Osaka, donde vivió hasta que cumplió seis años. Su amistad era tan grande que él, junto a otro chico que pertenecía al grupo, convencían a sus padres para que se cambiaran de ciudad cada vez que Hao tenía que mudarse. Eran inseparables.

Lo más probable era que Redseb, el otro amigo de mi gemelo, no supiera lo que había estado a punto de hacer uno de sus grandes amigos a otro de los suyos; intentar matarlo.


•❈•


—Meene, ¿ya averiguaste algo?

—Por supuesto que sí —Meene intercambió una mirada cómplice con su compañero—. No soy tan floja como otros, Marco.

El joven vampiro, de nacionalidad italiana, se acercó hasta la chica Montgomery. Ella tenía una laptop en su regazo y estaba buscando información que podría ser invaluable para la supervivencia de los suyos. Habían llegado hace unos días y ya estaban instalados en una gran casa abandonada que estaba en las afueras del poblado apache. A pesar de su gran tamaño, se las habían arreglado para ocultar la residencia de la vista de curiosos. También pudieron decorarla con los lujosos gustos a los que su amo estaba acostumbrado.

—¡Mira!

Sin lugar a dudas, habían encontrado un blog escrito por algún shaman que había venido desde muy lejos a la Aldea Apache.

—Hola, Marco —lo saludó la vampiresa de cabellos plateados, contemplando con interés el ordenador portátil que tenía la otra chica en las piernas—. Meene.

Todos los que estaban bajo las órdenes del vampiro líder se acercaron al dúo. Al parecer, también les intrigaba lo que fuera que Meene hubiera encontrado. Ashil fue el único que se mantuvo alejado de los demás. Aunque, desde su puesto en la mesita de cristal, alcanzaba a escuchar a la perfección la conversación. De vez en cuando se inclinaba hacia adelante, buscando una mejor postura, pero sin dejar de prestar atención a lo que se hablaba.

—Jeanne —la aludida sonrió con alegría, feliz de que hubieran hecho las paces días atrás. No era secreto para nadie en el clan saber que ambas tuvieron sus diferencias en el pasado—. ¿Sabes? Me imaginé que serías la primera en venir y, por lo que veo, no erraba al pensar que sería de gran interés para ti, francesita.

—Lo dices porque sabes que mi cultura es superior a la tuya, vampiresa de cuarta. Te escondes bajo esos comentarios para aparentar que no sientes celos de mi persona —bromeó ella, siendo respondida por una risita.

—Si eso te hace sentir mejor —aguardó unos segundos antes de comenzar a leer la noticia en voz alta. Quería tener la atención de todos desde ahora, para no tener que explicarle nada a nadie momentos después—. Bien, veamos… ¡Ah! Aquí está… Oigan, ¡esto es como un blog oficial para todos los shamanes del mundo! Aquí dice que está protegido ante cualquier amenaza de intento de acceso de seres humanos. "Contamos con las mayores seguridades para evitar que este blog llegue a personas ajenas a nuestro mundo…"

—¡Meene! Lee eso de una buena vez —ordenó una imperativa Jeanne.

Ashil rio por lo bajo, divertido con la escena. No obstante, nadie pareció haberse percatado de ello.

—Está bien, no te sulfures…

Meene carraspeó previamente para dar inicio a la lectura.

"Blog #54. ¿Un ataque misterioso?

Escrito por: JMP507…"

—¿Qué clase de nombre de usuario es ese? —interrumpió Ashil desde su lugar.

Una venita resaltó en la frente de Jeanne.

—¿Quieres callarte de una maldita vez? —suspiró con fastidio—. Omitamos eso. Continúa, Meene.

"1 de Julio. ¿Qué noticia caliente les traigo el día de hoy? Creo que nadie se esperaba esto: un adolescente fue encontrado muerto cerca del desierto de Arizona, hacia la entrada de la famosísima Aldea Apache. El pobre chico, de aproximadamente diecisiete años de edad, fue golpeado brutalmente antes de ser asesinado de forma sanguinaria e inhumana. 'Se los juro', asegura Melody, una chica sexy a quien le dimos ese nombre ficticio para proteger su hermosa identidad. 'El chico tenía unas extrañas marcas en el cuello cuando vi su cadáver'. Es una suerte que salieras viva, Melody. Gracias por mantenernos al tanto de lo que pasa en nuestro mundo (con nuestro mundo, ya saben a lo que me refiero). Cariño, ¿Cómo se te ocurre ir al lugar de los hechos? Ni siquiera yo, que publico tonterías en la web, ando con la libertad de indagar sobre algo de tal magnitud.

¿Por qué les muestro esto? Sencillo. Quiero demostrarles que nos encontramos ante un grave peligro.

¿Saben lo que dijeron las autoridades? 'Probablemente fue atacado por algún animal salvaje, como un león o un lobo'. ¡Patrañas! Para empezar, no hay probabilidades de que un león sobreviva en un ecosistema desértico, ¿verdad? Y un lobo… A menos que fuera un hombre lobo o algo así, aunque si me lo preguntan, no creo que existan los hombres lobo en este mundo… ¡Nah! Yo creo que fue algo mucho más sanguinolento. Algo igual de mítico que la existencia de los licántropos. Así es… Vampiros. Esos chupasangres que tanto han fascinado a la gran industria de Hollywood.

Bien, eso es todo por hoy. ¿Ustedes qué piensan? Recuerden, más noticias cada viernes. ¡Paz!"

—Interesante —Montgomery dio un ligero sobresalto al escuchar aquella voz. No sabía que su amo estuvo escuchando su lectura también—. De acuerdo, ¿Alguien puede decirme qué aprendimos con esto?

—¿Que JMP507 quiere divertirse con la tal Melody? —lanzó al aire uno de los vampiros, divertido.

—¿Que los humanos son estúpidos? —quiso adivinar Jeanne—. ¿Qué clase de idiota se despide con la palabra "paz"?

Darkar suspiró y se masajeó la frente.

—…Estoy rodeado de tontos —comenzaba a dudar seriamente del ejército que estaba formando—. ¿Acaso son tan cortos de mente como para no entender algo así de obvio?

—Han descubierto que nuestra especie sí existe, después de todo —se atrevió a revelar el muchacho francés desde su puesto.

Darkar sonrió de lado.

—Exactamente, y el rumor se está esparciendo por todo el pueblito como pan caliente. Tendremos que andar con más cuidado a partir de ahora.

—¡Qué…! —Ashil se acercó más a los demás para saber qué había causado tanto alboroto. Jeanne estaba más espantada que nunca—. Oigan, a jota-como-se-llame le han dejado un video como comentario. "Los vampiros sí existen, aquí está la prueba".

Alguien se encargó de filmar todo lo que había pasado en el momento del homicidio del joven shaman desconocido. Al menos, hasta la escena en la cual todos voltearon a ver al cielo, con la esperanza de haber encontrado algo milagroso. Marco pausó el video justo en la parte en la que algunos del grupo veían con atención una enorme mancha roja en el firmamento.

—¿Puedes acercar más la imagen?

Uno de ellos, el más cercano a Meene, aumentó el zoom con la intención de averiguar qué era aquel gigantesco borrón rojo.

—El Espíritu del Fuego —advirtió Darkar. Se apartó los cabellos morados que le caían en el rostro, frunciendo el ceño—. De modo que Hao presenció la escena…

—¿Cómo puede estar tan seguro de que se trata de él?

—Reconocería a ese espíritu, aunque estuviera delirando, Venstar —comentó él, como si fuera lo más obvio—. Es una de las entidades más poderosas del universo y, por lo que he averiguado hace unos años, Hao Asakura es el actual dueño de dicho espíritu elemental. Si él vio con sus propios ojos el ataque de un grupo de neófitos, Yoh también debió estar en el mismo lugar. Esos dos son prácticamente inseparables.

—Pobrecillos… Tratan de recuperar el tiempo perdido desde que mami y papi los separaron de bebés.

Un coro de risotadas resonó en todo el lugar. Ashil era el único que seguía en silencio, e intercambió una mirada con su líder durante breves segundos.

—Dicen que ambos se encargaron de hacer desaparecer al grupo de vampiros. El mismo tipo que subió el video comenta que vio cómo fueron cayendo uno por uno misteriosamente, pero que ya no pudo grabar esa parte porque su cámara no tenía tanta memoria.

—Son más fuertes de lo que creí —su voz parecía un susurro entre las carcajadas de sus seguidores—. No cualquier shaman es capaz de atacar de esa forma a un grupo de neófitos… Tenemos que investigar si tienen algún punto débil o algo por el estilo. Así sabremos cómo lograr que estén de nuestro lado.

—En ese caso… ¿Qué es lo que haremos? —preguntó un curioso Ashil.

—Creo que nos veremos en la obligación de adelantar nuestros planes —Darkar sonrió, sádico—. No podemos permitir que transcurra más tiempo. Si dejamos todo para otro instante, se nos podría llegar a complicar en el futuro.

—Espero que funcione. No lo he dejado todo para fracasar —el castaño apretó los puños.

—No te preocupes. Todo saldrá justo como lo hemos planeado… Muy bien —dio dos palmadas para que todo volviera a la normalidad y así tener la atención del resto—. La puesta en marcha de nuestro plan inicia este día, pero antes deberíamos darnos un festín. Ya saben, en honor a que llegamos sanos y salvos a esta aldea de porquería.

El ambiente cambió repentinamente. En cada rostro se reflejaba una euforia que intentaban no dejar escapar. ¿Un festín? Eso significaba que durante ese día se llevaría a cabo su tradicional "todo lo que puedas comer". Beberían hasta morir… y cierto vampiro ya sabía quién sería su plato principal. Sabía que debía respetar los planes de su amo, pero dentro de poco, él iría a reclamar algunos postrecitos en especial. Los más dulces de todas las opciones con las que contaba el menú.


•❈•


—Hola —oí un saludo entre susurros.

No tenía necesidad de voltear para saber quién me llamaba. Detrás de mí se encontraba Hao, cuyo semblante no era nada usual en él. Se veía dolido por la pérdida de su amigo. Estaba un poco despeinado y sus ropas se encontraban ligeramente arrugadas. Al notar que lo veía fijamente se inspeccionó a sí mismo, dándose cuenta del aspecto que tenía. Hizo una mueca, mientras contemplaba su camiseta ajada.

—Hola —le respondí en tono juguetón. Quería que despejara su mente, aunque fuera un rato y que olvidara por un momento lo que había pasado—. No tenías que ponerte tan guapo para causar una buena impresión en ya-sabes-quién. La pobre caerá rendida al verte tan arreglado y perfumado —me burlé.

—No es por ella que me arreglo tanto —se acercó peligrosamente a mí. Me devolvió la sonrisa traviesa que le había regalado segundos atrás—. Sólo me interesas tú, lo sabes mejor que nadie.

Intentó darme un abrazo, pero se veía tan gracioso que decidí alejarme por dos sencillos motivos. Uno: porque la situación se me hacía tan divertida que me costaba trabajo reprimir una carcajada. Dos: sabía que el abrazo tenía doble sentido. Estaba fingiendo, claro. No obstante, era mejor prevenir que lamentar.

—¿Tan rápido rechazas nuestro amor? —hizo un mohín, al mismo tiempo en que los demás ingresaban a la sala de estar. Esta vez sí que me eché a reír, incapaz de contenerme por más tiempo—. Yoh… No te comprendo. Ayer confesamos nuestro amor bajo la luna y las estrellas, mientras las hojas de los árboles se mecían al compás del viento y el lago de aguas cristalinas reflejaba nuestras siluetas. La ocasión fue de lo más hermosa, ¿y ya lo olvidaste? Creí… Juré que había sido hermoso para los dos. El hecho de que nuestro amor sea prohibido…

Ya no era el único que se estaba riendo.

—¡Aléjate, tonto! —exclamé entre risas. Hao lanzó una exclamación. También fue broma, pero por un instante me la creí—. ¡Hao, no! Estaba jugando…

—Heriste mis sentimientos —fingió sorber la nariz. Entonces me percaté de que sus ojos aún reflejaban la tristeza que sentía. Mi plan no había funcionado del todo—. Oye, ¿es cierto que llamó Redseb?

—¡Ah! Cierto… Casi lo olvido. Le habías enviado un mensaje, ¿verdad? —él asintió, desviando la mirada hacia cualquier otra parte de la habitación—. Me pidió que le contara lo que sucedió. ¿Estuvo bien?

—Tranquilo —hizo el amago de una sonrisa—. De todas formas, tarde o temprano se iba a enterar. ¿Te dijo algo más?

—Dijo que estuvo bien que lo hicieras, porque "esas mierdas no se hacen" —repetí, incómodo.

Hao sonrió de lado al escuchar esas palabras. Ambos sabíamos que, si Keiko me escuchaba diciendo groserías, iba a matarme.

—Supongo que tiene razón… Por lo menos en la parte relacionada a traicionar a los amigos —explicó, pensativo.

Trataba de ocultar su tristeza, pero yo sabía que aún se sentía fatal.

—Sabes que no puedes ocultarme nada —solté, mirándolo con preocupación. Mi gemelo suspiró—. Sé que es difícil, pero como te dije antes, no fue tu culpa. ¿Por qué no vamos a entrenar un rato, y luego pasamos por un helado? Podemos comprar uno grande de chocolate con menta, me dijeron que están deliciosos.

Era mi última esperanza para levantar los ánimos de mi hermano. Al escuchar aquello, me contempló con cierto aturdimiento. Supuse que no se lo esperaba. Me alegré al ver un brillo de felicidad en sus ojos. Le había subido un poco el ánimo. Bueno, pues… ¿Quién no querría un helado de chocolate? Aunque una parte del plan no era del todo mía. Anna me obligaba a entrenar, sí. Sin embargo, notó que el desconsuelo de Hao era tan grande que me dijo que utilizara eso como excusa. Lástima que no lo hacía del todo por compasión; una parte de ella quería que aprovechara este tiempo y entrenara en serio. El torneo continuaría en cualquier momento.

Me costó convencer a mamá para que nos dejara ir, pues estaba más preocupada que nunca. Keiko ya sabía del incidente que ocurrió en Tokio hace unos meses; el que involucraba al extraño vampiro de cabellos naranjas y ojos carmesíes. Mikihisa, como siempre, nos ayudó a que nos dejara ir, pero él también estaba muy inquieto. Estuvimos un buen rato fuera de la casa; fuimos hacia una parte que era desértica, buscando un poco de privacidad. No fue tan difícil dar con ese sitio. Cuando llegamos, nos propusimos dar un recorrido por toda la aldea, así sabríamos de los lugares que nadie frecuentaba y podríamos utilizarlos como puntos de entrenamiento. Era genial, porque nadie nos molestaría. Podíamos practicar nuestras habilidades con total tranquilidad, sin miedo a que los demás shamanes se enteraran de nuestros ataques.

—¿Te cansaste tan rápido? —intenté provocarlo. ¿Tuve éxito con ello? Claro que sí. Desde un principio sabía que aquello marcharía a la perfección—. Hey, hasta la abuela tiene más agilidad que tú.

Esquivé uno de sus ataques por poco. Ahora me daba cuenta de que era un chico con suerte… Suerte de no ser calcinado vivo. Hao, por momentos, andaba un poco distraído ese día.

—No estoy agotado. Siento mucho si no era lo que querías escuchar —sonrió, sarcásticamente—. ¿Y tú?

Negué con la cabeza.

—Tranquilo, podrás descansar luego de que te haga puré —Hao rio por lo bajo.

Un sonido agudo nos interrumpió. Me tapé los oídos ya que, al ser un área desértica, el eco se intensificaba y era peor. Hao alzó su oráculo virtual y presionó un botón. Aquel misterioso aparato dejó de sonar y apareció un mensaje en la pantalla.

"El Torneo de Shamanes dará inicio a partir de este momento. Cualquier shaman que no haya ingresado en el territorio apache queda automáticamente descalificado, pero esto no significa que no pueda entrar a nuestra aldea. Tendrá derecho a presenciar las demás batallas y apoyar a los suyos, pero el pase de acceso que tenía para participar le será negado. Los Grandes Espíritus les han concedido más tiempo del debido para formar sus equipos. No hay restricciones en cuanto al nombre, no obstante, el número máximo de integrantes será de tres. Pueden inscribirse manualmente, o a través de sus oráculos virtuales; para ello, tendrán hasta el décimo día de este mes. Las listas se encontrarán en cualquiera de nuestros recintos de recreación y demás. Si no se inscriben a tiempo, también quedarán fuera de la competencia".

—Genial —comentó un sarcástico Hao—. He ahí nuestro primer reto: escoger el equipo donde estaremos por el resto del torneo.

—¡Oh, vamos! No será tan malo —lo animé. Bueno… Hice el intento de alentarlo—. Podría incluso ser divertido.

Se notaba que a mi hermano no le había hecho gracia mi comentario.

—¿Divertido? No tienes ni idea de los problemas que nos traerá todo esto. Además de escoger compañeros de equipo, tendremos un lío a la hora de escoger al líder y, cómo olvidarlo, el nombre del grupo. Somos nueve los que participaremos, tres equipos de tres integrantes cada uno… Será un desastre.

—Te estás ahogando en un vaso de agua —le sonreí, antes de recoger a Harusame de su lugar en la arena rojiza—. Todo saldrá bien. No entiendo por qué te preocupas tanto. Ya verás que será más sencillo que el examen de química que tuvimos hace dos meses.

—¿Química? Esa asignatura es muy sencilla —se burló, pero al instante cambió su semblante a uno angustiado—. Oye, antes de volver a casa… Aún iremos por el helado, ¿verdad?

Me eché a reír sin poder evitarlo. Me hacía gracia que Hao prefiriera ir por el helado, antes que reunirse con los demás para organizar los grupos. Definitivamente, las prioridades de mi hermano eran otras.


•❈•


—Horo-Horo y Chocolove, los dos estarán en mi equipo y punto.

—Lo siento, chamaco —Chocolove sonrió, nervioso—. Le prometí a Lyserg que me iría con él y Manta.

—¡¿Prefieres hacer equipo con ellos que conmigo?!

—No te enojes, Taito —movió las manos nerviosamente, contemplando cómo la afilada punta de la lanza de Len se acercaba con peligrosidad a su nariz.

—¿Te irás con ellos, Manta? —le pregunté, ligeramente desanimado. Pensé que ya nos habíamos puesto de acuerdo—. Creí que estarías conmigo.

Anna y Manta me pidieron que guardara silencio con la mirada. Era la primera vez que coincidían en algo. Todos nos habíamos ido al jardín para ponernos de acuerdo con la cuestión esa de los grupos. Hao no sabía que tenía planes con mi mejor amigo. Ahora entendía… Querían que estuviera en el mismo equipo con mi hermano. Era un gesto muy lindo, pero creía que en cierta forma era demasiado.

—Tú y Hao son más poderosos que cualquier shaman ordinario, lo sabes muy bien.

—No sería nada justo.

—Tendrán más oportunidades de ganar…

—No es justo —repetí con decisión.

Manta suspiró con pesadez.

—No lo has comprendido, ¿verdad? —no supe qué expresión había puesto en ese preciso minuto, ya que Manta se apresuró en añadir—. Digamos que el favor es más para Hao.

—Se supone que nadie más lo sabe —le recordé en tono de broma.

Mi amigo de baja estatura sonrió de oreja a oreja.

—Alguien de elevado IQ, como yo, no tiene problema alguno de relacionar ciertas situaciones…

—Ya regresó por quien lloraban.

Hao llegó con su teléfono celular en las manos. Lucía… distinto. Como si se hubiera deshecho de un peso que llevaba encima. Intercambió una rápida mirada conmigo y supe que todo estaría bien. Ya no volvería a su estado depresivo, estaba seguro de ello.

—Rayos, ya llegó este… —musitó Len.

—Seh, teníamos suficiente con uno de los dos —le siguió Horo, riendo.

—¡Oigan! —les recriminé, riéndome también.

—¿Ya formaron los grupos? —inquirió mi hermano, ignorándolos.

Uno sí que ya estaba formado. El equipo sería liderado por Lyserg. Haría un gran trabajo como líder y no sería tan autocrático como otros, –entiéndase, Len–. Lo único que les hacía falta aún era el nombre. Sin embargo, todavía quedaban dos por formar. ¿Con quién se irían Horo-Horo y Len? Tenía dudas sobre si sería mi hermana Kaoru o Evolet, la chica que me encantaría que fuera novia de mi hermano. ¡Es que era perfecta para él! Pero ella tenía que corresponder a sus sentimientos primero. Por momentos, tenía ciertas dudas, porque a ella no se le notaba, así como a mi gemelo. ¿Ya sabrá que Hao está enamorado de ella? Y si fuera así… ¿Qué pensará sobre eso? Realmente esperaba que pudiera fijarse en él. Me agradaba la idea de que fuéramos cuñados algún día.

Nos encontrábamos solos en el patio, pues los padres de Len habían salido a buscar los víveres para la cena y los míos estaban encerrados en la casa, contemplando la escena desde el vestíbulo. ¿Por qué tenían tanto miedo de hacerle daño a los demás? En todos estos días que pasamos juntos, habían tomado precauciones para no lastimarlos y no pasó absolutamente nada… No, era otro el motivo por el cual actuaban de ese modo tan misterioso. No querían que los demás shamanes se dieran cuenta de su condición. Cuando salían, tenían que adaptarse, pues el clima cambiaba constantemente. En caso de que hiciera calor, debían andar con ropa más adecuada al ambiente, pero… ¿Acaso las demás personas no se espantarían al ver una pareja de shamanes con la piel extremadamente pálida y dura como el mármol? Sin omitir los afilados colmillos que escondían con tanto afán. Agradecía a los Grandes Espíritus que, al menos, sus ojos aún fuesen del acostumbrado tono café y no del color de la sangre, así como los de Jeanne o los de Kurozawa, el vampiro que intentó atacarnos hace tiempo y que ahora sabíamos cómo se llamaba. También agradecía que no les brillara la piel o que no se calcinaran al contacto con los cálidos rayos del sol… Hollywood y sus creencias, no me cansaba de repetirlo.

—Ya lo decidí, me iré con ellos —sonrió Kaoru, adelantándose hasta quedar entre Horo y Len, sonriéndoles con simpatía—. Será interesante poder combatir junto a los mejores amigos de todos los tiempos… y tal vez, después logre desquitarme con Len por haberle dicho a mi Yamito que sólo servía para ser comida de humanos.

—¡Estupendo! —exclamó Len, entusiasmado de tener listo a su equipo—. Como líder del grupo, declaro que nuestro equipo tendrá por nombre The Ren…

—¿The Ren? ¿Qué clase de nombre es ese? —exclamaron al mismo tiempo los otros dos integrantes del grupo, fulminando con la mirada al cabecilla del mismo.

—Soy el líder, así que yo doy las órdenes aquí. Además, mi nombre se escucha mucho mejor como título.

—Me rehúso a unirme si tenemos ese nombre de porquería —Horo se cruzó de brazos, al tiempo que hacía un mohín—. ¿Qué tal si nos llamamos de otra manera?

—¿Qué proponen? —resopló el Tao.

—¡Xtreme Fatality!

—Parece que fue sacado de algún videojuego —opiné al instante.

Tanto Horo-Horo como Kaoru me lanzaron una mirada asesina. Sentí que una gotita de sudor me bajaba por la nuca y decidí cerrar la boca.

—Pues es mejor que 'The Ren' —comentó Hao, mirándolos con pena ajena.

—¡Nunca tendremos un nombre tan ridículo! Como jefe del grupo, yo puedo nombrarnos como se me dé la gana…

—¡¿Y quién ha dicho que tú serás el líder, tiburoncín?!

—Es lo más lógico, ¿no crees? —replicó, sarcásticamente.

Al ver el semblante del ainu, lo supe. Otra pelea se avecinaba. En otras circunstancias me habría parecido hasta cómico, pero no era el momento.

—¡Agh! Voy a matarte, chino de…

—Agujero negro —Kaoru lanzó el ataque, sin siquiera tomarse la molestia de ver el blanco al que apuntaba.

Los dos soltaron un alarido cuando cayeron al vacío, en el punto exacto donde se había formado un enorme hoyo de aspecto… cómo decirlo, era espeluznante. Por un momento, me afligí. Keiko mataría a Kaoru por "homicidio doloso"; y a mí y a Hao por no detenerla a tiempo antes de que cometiera tal delito. Decidí que me calmaría, a la vez que buscaba con la mirada alguna señal que nos indicara que nuestros amigos aún seguían con vida.

Alcé la vista hacia el cielo, pues había escuchado un ruido raro que venía de la nada. Unas ondas empezaron a formarse en el aire, aunque se suponía que no eran visibles al ojo humano. Era como si algo estuviese mal… Un agujero negro apareció donde, minutos atrás, estaban dichas ondas. Len y Horo-Horo cayeron al suelo con un estrépito, incapaces de protegerse del impacto. Se veían un poco aturdidos.

—¿Se encuentran bien? —preguntó una asustada Evolet, llevando una mano a su pecho y viendo con preocupación a ambos chicos.

Sentí que se me ponía la piel de gallina. Jamás había visto tal cosa. Kaoru debió mandarlos a un lugar horripilante para que ellos estuvieran tan afectados.

—He estado trabajando en nuevos ataques —me informó con una sonrisa inocente—. ¿Verdad que son geniales? Este lío del torneo es importante, así que estuve creando y probando nuevas técnicas para poder llegar a las finales de la Shaman Fight.

—Tú y tus extraños ataques que tienen que ver con cosas oscuras —se lamentó Hao, negando con la cabeza—. Nunca cambiarás, monstruito.

—Ustedes tampoco, par de gigantones.

—Esos son celos —le indiqué en tono de broma.

Ella se echó a reír en silencio.

—Claro, Yoh. Estoy celosa de no tener que agacharme para entrar la casa, próximamente…

—¡Hey!

—Me hubiera encantado formar equipo contigo, Evolet —mi hermana menor nos ignoró olímpicamente, para luego dirigirse a la chica de ojos dorados—. Es una lástima, porque por un momento pensé que podríamos combinar ataques. ¿Te lo imaginas?

—Habría estado genial —admitió Evolet con toda la sinceridad del mundo. Mizu se materializó a su lado, moviendo la cola para todas las direcciones posibles. ¿Estaría feliz con la idea?—. Lástima que ya me has cambiado por Len y Horo.

Ambas rieron con ese último comentario. Sin quitarle los ojos de encima a Evolet, le propiné un codazo nada amistoso a mi hermano. Hao me lanzó una mirada colérica.

—¡Oye!

Lo mandé a callar con una mirada gélida. Miré con disimulo a la chica por la que tanto babeaba, para darle a entender lo que pasaba ese día. Ella no tenía equipo. Tal y como lo habían planeado Anna y Manta. Debía admitir que era uno de los mejores proyectos que había visto en todos mis años de existencia. Era perfecto y a prueba de errores. Hao cambió su estado de ánimo tan repentinamente que, por un momento, me alarmé un poco. Al parecer, se había dado cuenta.

—Dile que venga con nosotros —murmuré entre dientes, desviando la mirada hacia mi celular.

Comencé a fingir que me distraía con aquel aparato tecnológico, puesto que quería que fuera más convincente. Sonreí por lo bajo cuando encontré una foto que había tomado un tiempo atrás. Era una foto de Anna. Llevaba puesto un hermoso vestido de noche color negro, que hacía resaltar sus ojos ambarinos. Estaba posando como toda una supermodelo, y era por veces como esa que adoraba a mi hermanita por hacerme este tipo de favores. Menos mal que se la tomé a escondidas. Aunque ahora era mi novia y dudaba que tuviera sentimientos homicidas hacia mí. Bueno, la verdad no sabía qué esperar de mi Annita. ¿Sobreviviría a esta o me mataría en el intento? Esperaba que ocurriera la primera opción.

—No creo poder…

—¡Sólo hazlo! —ordené, sin apartar la mirada de mi celular de pantalla táctil y dándole un ligero empujón en la espalda como incentivo.

—¿Quieres venir con nosotros, Evolet? —lo preguntó tan rápido que a algunos les costó entenderlo.

Me reí levemente, no era como lo había imaginado, pero al menos estaba hecho. ¡Hao se atrevió a hacerlo! ¿Quién lo diría? Lo vi sonreír, más animado. Evolet volteó a vernos con gran sorpresa, como si de verdad no se lo esperara.

—¿Yo? —quiso saber ella, como si aquello no tuviera sentido.

—No veo a otra chica tan linda por aquí, ¿o sí?

Silencio total.

No iba a mentir, estaba sorprendido. No creí que esas palabras fueran a salir de la boca de mi hermano con tanta naturalidad. Los demás comenzaron a lanzarle miradas pícaras y Hao, por la cara que acababa de poner, apenas se había dado cuenta del impacto de sus palabras. Los chicos estallaron en carcajadas, mientras él intentaba disculparse atropelladamente y Evolet se sonrojaba. Me encantaba cuando las cosas iban bien, el plan de Anna estaba dando unos resultados geniales. Los tres estaríamos en el mismo equipo y los combates serían de lo más interesantes de ahora en adelante. ¿Encontraríamos a gente aún más fuerte que nosotros? Sólo el tiempo lo diría.

Evolet rio por lo bajo, dejando un poco atontado a mi hermano. Seguramente fue para despejar sus enrojecidas mejillas.

—De acuerdo —la chica se encogió de hombros con diversión—. Sólo les diré que yo paso de ser la líder. No quiero tener que lidiar con eso.

—¿Entonces quién…? —ambos le lanzamos una mirada acusadora a mi hermano. Tragó duro antes de responder a su propia pregunta—. Debí haberlo imaginado… Está bien. Yo lo haré. ¡Por todos los espíritus!

Hao nos registró mediante su oráculo virtual. ¿Cómo diablos le llegaría el mensaje a Goldva? No podía creer lo floja que era esta gente. Mi caso no era muy diferente, pero… ¡Ellos dirigían toda una competencia entre shamanes! Quedarían con mala reputación a nivel global. En verdad no podía creerlo.

Al final, no nos llevó mucho tiempo encontrar un buen nombre. Uno que no fuera ni muy pretencioso ni muy cursi. Así que decidimos llamarnos Hoshi-Gumi… ¿Estaba cursi? A mí me pareció de lo más normal. No era algo tonto como The VIP Team –un pajarillo me contó que Jeanne optó por ese nombre–, o algo parecido a El equipo de helado de vainilla con Choco Krispies. Nos hacía mucha gracia ver ese tipo de nombres en las listas. Como si no pudieran diferenciar entre un buen nombre y uno vergonzoso. Mi prometida quiso que nuestro equipo se llamara Funbari Onsen, pero claro, Hao no estaba dispuesto a sufrir ninguna burla. Él y Anna tuvieron una leve discusión y, finalmente, todos estuvieron de acuerdo con que el equipo conformado por Lyserg, Chocolove y Manta llevara por nombre el del próximo hotel del que Anna sería dueña. Cabe destacar que los aludidos no estaban del todo de acuerdo con ella. Sin embargo, se rindieron al sentir el aura maligna de mi prometida.

Al poco tiempo, volvió a oírse el extraño pitido que indicaba que habíamos recibido un mensaje de los organizadores del torneo. Suponíamos que era la respuesta a nuestra inscripción.

Genial. ¿Qué tal si no aceptan nuestro equipo?

¿Por qué no habrían de hacerlo?, inquirí mentalmente.

No lo sé. ¿Celos?, Hao me miró con incredulidad.

Mejor veamos qué nos mandaron.

"El equipo Hoshi-Gumi queda oficialmente inscrito para el octavo Torneo de Shamanes llevado a cabo en la Aldea Apache. A continuación, les enviaremos a cada integrante un mensaje con la fecha programada, en la cual se realizará la pelea correspondiente.

Atentamente,

Goldva".

Inmediatamente nos enviaron el otro mensaje. Tragué duro, contemplando con asombro el contenido de este.

"Hoshi-Gumi vs. The Yellows: 11 de Julio".

—Maldición…

Estaba de acuerdo con Hao. No quería que las batallas empezaran exactamente una semana después de haber comenzado las clases. Keiko tenía razón, la vida no era justa.


•❈•


—¿Qué día tendrán su primera pelea los Asakura?

—Sábado 11 —informó Jeanne con una sonrisa de autosuficiencia.

Se sentía orgullosa de tener al tanto a su amo, aunque fuera para asuntos no tan interesantes. Lo importante era quedar bien con Darkar, pues así tendría un puesto importante en el nuevo mundo que él esperaba crear con tantas ansias. Darkar se había portado como un padre para ella, la había cuidado como tal aun sabiendo que sus verdaderos padres se encontraban con vida. No obstante, ella no podía regresar con ellos. ¿Cómo iba a explicarles que se convirtió en uno de esos seres inmortales que tanto afamaban en la pantalla grande?

—Es en una semana. La batalla de apertura si no me equivoco —Darkar se cruzó de brazos—. Tenemos que verlo a como dé lugar.

—¿Y si lo reconocen? —el vampiro de cabellos violetas sonrió, confiado.

—No lo creo. Habrá muchísima gente… Será imposible que logren identificarme entre todas las personas que piensan presenciar ese combate.

Jeanne se limitó a encogerse de hombros.

—Será como usted diga, amo.

Luego de hacer una ligera reverencia, Jeanne salió el cuarto, dejándolo solo. Darkar se revolvió el cabello con pesadez. Estaba seguro de que comprobaría todas y cada una de sus investigaciones en esa batalla. Presentía que se irían a confirmar algunas de las dudas que tenía con respecto a ellos. Además, así podría saber quiénes eran los que formaban parte de su círculo de amigos y familia. Tal vez, podría intentar usarlos en su contra si no llegasen a cooperar, pensó con una sonrisa sádica. Su plan saldría a la perfección. Ellos no podrían negarse, ya que sólo contaban con dos opciones: luchar de su lado o vislumbrar cómo cada uno de sus seres queridos perecía frente a sus propios ojos. No soportarían aquel dolor. Era obvio que dirían que sí. El único clan que saldrá victorioso será el suyo. Su anhelo por un mundo habitado sólo por vampiros se volvería realidad. Su deseo iba a cumplirse.


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—Mañana pelearemos frente a toda esa gente…

De todos los shamanes que habían venido a participar del torneo, tuvimos que ser el primer equipo seleccionado para la pelea de apertura. No podía creerlo. Había muchísimos shamanes en la aldea… ¿Por qué justo a nosotros? Tan sólo pensarlo hacía que se me erizara la piel. Tenía miedo, lo admitía. Todos los que habían logrado llegar hasta este continente poseían un poder espiritual adecuado, que les permitiría llevar la pelea hasta lo máximo que pudieran resistir. Casi toda la semana tuve que pasar aguantando todo tipo de comentarios. Desde: "Me han contado que los demás shamanes son súper fuertes", incluyendo: "Tendrán miles de pares de ojos observándolos con toda la atención del mundo", hasta cosas que, como dijo Hao, eran más que estúpidas. Un buen ejemplo sería: "¿Qué harían si los enviaran de regreso a Japón?". Hao se contuvo de reaccionar como quería, pues no podía darse el lujo de meterse en problemas.

Cerré mi casillero, preguntándome cómo rayos habrán hecho para trasladar la escuela tal y como estaba hasta la Aldea Apache. No le faltaba absolutamente nada. Todo estaba exactamente en el mismo lugar que allá en Tokio. Los salones de clases, la biblioteca, el centro de cómputo, la cafetería… Incluso los casilleros estaban ahí. ¡Era increíble!

—El equipo amarillo —repetí, pensativo. Hao sonrió de lado. No podía parar de burlarse del nombre de nuestros contrincantes—. ¿Quiénes crees que sean?

—Pues por el nombre que se pusieron, diría que son unos tontos.

—No cantes victoria tan rápido —le advirtió Anna a mi hermano mayor.

Se nos acercó cargando una pila de libros y me apresuré a ayudarla con ellos. Supuse que estaban pesados… Fue cuando los cargué que confirmé lo pesados que estaban. Era como si estuviera levantando pesas de diez libras, aproximadamente. ¿Qué era todo esto?

—Son para la Shaman Fight —nos informó al notar que contemplábamos los libros con ligera preocupación—. Aquí hay diversa información para que no se les dificulte tanto a la hora combatir. Tácticas para mantener elevado el poder espiritual, para mejorar sus ataques, un poco de historia de la aldea… y hasta investigaciones sobre seres mitológicos.

—Vampiros —ella asintió, aliviada de que comprendiera la situación.

—¿Dónde están los demás? Ya tenemos que irnos. Los dos tienen que entrenar si es que quieren llegar a las finales —mi prometida observó a su alrededor con el ceño fruncido—. Espero que Evolet no esté tratando de esconderse. Que sea mi amiga no la salva del entrenamiento.

Nos vimos en la obligación de buscar a nuestra compañera de equipo, y una vez que llegamos a casa, entrenamos todo el día; sí, fue todo el día. Para darme más ánimos pensaba constantemente que, con la experiencia de haber ganado una pelea, ya no sentiría tanto temor ante la idea de que el público se nos quedara viendo. Sólo sería ese día. Ganaríamos y seguiríamos adelante. Todo fuera por llegar a la última etapa.

Cada uno luchaba por alcanzar sus sueños… ¿El mío? Pues, yo no quería nada material como dinero, o autos… o llegar a tener cientos de mujeres, como un ejemplo que nos había comentado Silver. Lo único que yo deseaba era vivir en un mundo tranquilo, sin preocupaciones. No me importaba que me calificaran de niño hippie, así que hacía caso omiso a ese tipo de comentarios. Solamente deseaba tranquilidad y que todo este asunto de los vampiros acabase de una vez por todas.


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Sábado 11 de Julio; 18:00 P.M.

Había lámparas encendidas por toda la aldea, pues el cielo ya había empezado a oscurecerse. Estaba muriéndome de los nervios. Una parte de mí me decía que no tenía nada de qué preocuparme, porque tenía planeados mis movimientos en caso de que surgiera alguna complicación. Por otro lado, no sabía qué clase de oponentes eran los del otro equipo. Me habían llegado todo tipo de rumores. Muchos decían que eran los más fuertes de toda la aldea, mientras que otros aseguraban que eran los shamanes más débiles de todos los tiempos. No sabía a quién creerle. Igualmente, esperaba que no nos vencieran. La verdad era que no quería regresar a Japón tan pronto. Quería convertirme en el Shaman King y velar por la seguridad de las personas a las que más quería en el nuevo mundo que construiría; un mundo donde la paz se conozca por cada polo de la Tierra. Donde no haya matanzas ni cualquier otro tipo de violencia.

Estábamos tras bambalinas, esperando a ser llamados. Jugueteaba con el cordón de mi reproductor de música; cuando estaba hecho un manojo de nervios, no podía quedarme quieto. La música me tranquilizaba un poco, aunque no era lo suficiente. De pronto, sentí que Hao me dio un golpe amistoso en el hombro. Volteé a verlo y mis ojos se encontraron con los suyos. Sus orbes oscuros reflejaban la angustia que intentaba controlar por todos los medios. Así que no era el único…

—Señoras y señores, démosle un caluroso aplauso a uno de los equipos rivales del día de hoy —el comentarista parecía emocionado ante el ambiente que lo rodeaba. Claro, como no era él quien iba a pelear…—. Desde la moderna ciudad de Tokio… ¡Hoshi-Gumi!

Las enormes compuertas se abrieron al mismo tiempo y los tres nos dirigimos hacia la arena a paso lento. El estadio era enorme y me tomó por sorpresa lo lleno que estaba. Ya casi no había asientos disponibles. De modo que toda esta gente esperaba ser complacida con un duelo genial. Tragué duro. Sin presión, decían…

—Y el equipo retador, ellos vienen desde California. Hoy tenemos con nosotros a… ¡The Yellows!

Por el lado contrario, ingresaron tres tipos que no me resultaron para nada conocidos. Reprimí una sonrisa que amenazaba a formarse en mis labios. El equipo retador estaba conformado por dos tipos flacuchos y altos, y uno bajito y con sobrepeso. Iban vestidos con túnicas de color amarillo patito, en honor al nombre de su grupo. Delante, y supuse que también por detrás, estaban bordados en negro los "nombres" de cada uno de ellos: Amarillo uno, Amarillo dos, y Amarillo tres.

—¿Esto es una broma? —mi hermano y yo no pudimos evitar reírnos ante el comentario de nuestra compañera, pues estaba en lo cierto.

—Al parecer, no —respondió mi gemelo.

La risa no sólo nos atacó a nosotros, sino que también a todos los espectadores. Pobres… Me daban tanta lástima. Hasta sus espíritus eran ridículos. El de Amarillo uno era un pollo gigante con aletas dorsales parecidas a las de un estegosaurio. Era la combinación perfecta de un pollo y Godzilla. Él lo llamaba Pollozilla. El segundo era un robot de largos brazos que terminaban en tenazas, también de color amarillo. Yellowbot le pertenecía a Amarillo dos. Amarillo tres, por otro lado, poseía un pez de aspecto primitivo. Tenía un hocico alargado que se asemejaba al de un lagarto, dientes largos y puntiagudos, y su piel era escamosa. ¿Cómo lo llamaba? Simple: Pejelagarto.

Lo curioso con el último espíritu acompañante era que…

—Momento —Hao sonrió con burla—. ¡Ese pez ni siquiera es amarillo!

—No te burles de mi pejelagartín —el animal se relamió los labios, mostrándole su dentadura puntiaguda. El flacucho intentó sonreír con malicia, cosa que no logró. Parecía más una mueca deprimente—. A menos que quieras ser su cena.

—Sigue soñando.

Logré calmar mis nervios de momento. Amidamaru posesionó a Harusame rápidamente, mientras que con la otra mano tenía sujeta la Espada Sagrada. Hao también llamó al Espíritu del Fuego, quien posesionó su propia arma, formando la espada de fuego que tanto le gustaba. Finalmente, Evolet sacó el instrumento que utilizaba como medio de posesión, una pequeña lira. Mizu posesionó el instrumento musical, volviéndolo un poderoso arco con sus respectivas flechas, dejando un leve rastro de resplandor rosa claro.

—¿Preparados?

Esperaba que Hao tuviera razón. Deseaba con toda mi alma que esto fuera pan comido. Todos guardaron silencio en el estadio. Querían presenciar esa pelea con sus propios ojos, estaba más que claro, y no porque los dos equipos fueran invencibles. Presentía que habían llegado chismes a los oídos de todos sobre nuestra familia, poderes y demás.

¡Suerte!, Hao me sonrió con mucho ánimo.

Le devolví el gesto, sintiendo la adrenalina correr por mis venas.

¡Suerte!

—¡Que empiece la batalla!

Una mirada bastó para pedirles a Hao y a Evolet que me dejaran al Pejelagarto. No sabía por qué, pero tenía ganas de batirme a duelo con ese animal tan extravagante. La criatura utilizaba la tierra como su poder. Torné el gesto, volviendo a mis sentimientos de inseguridad. ¡Compartía mi mismo elemento! Ese tipo de pensamientos cruzaba por mi mente, entretanto esquivaba una de las grandes rocas que me había lanzado. Nos veríamos nivelados. Sin embargo, yo era más fuerte que él. Tenía a Amidamaru conmigo. No había forma de que perdiéramos. Estuve a punto de atacarlo, cuando percibí un cambio en el semblante del shaman que yo, por un momento, consideré débil. Tal vez no lo era, después de todo. El siguiente movimiento no lo esperaba.

—¡Escudo terrestre!

Él, junto a su espíritu acompañante, se vieron envueltos por una gruesa capa de roca. Un escudo que los protegía de cualquier ataque.

—¡Espada Fugaz de Amidamaru!

Mi ataque no tuvo efecto. No podía penetrar esa envoltura persistente. Probé con cada uno de mis ataques, siendo ayudado por Amidamaru, pero no lograba nada. Todo seguía igual… ¿Qué iba a hacer?

—¡Maldición!

Estaba consciente de que mi madre me mataría por haber utilizado ese tipo de vocabulario. Lo siento, Keiko, me disculpé al tiempo en que apretaba los labios, pensando en alguna táctica para destruir ese escudo. En ese instante, me importaba más ese tipo y su defensa.

Por su parte, Hao asestó un golpe letal y su contrincante chocó contra la pared del recinto, perdiendo su posesión de objetos. Evolet, igualmente, acabó con el robot amarillo en cuestión de segundos, luego de darle con una de sus flechas. El sujeto también perdió su posesión.

—¿Necesitas ayuda? —inquirió mi hermano, volteando a ver en mi dirección.

Él y Evolet tuvieron intenciones de acercarse, pero se los impedí.

—¡Quiero encargarme de este tipo por mi propia cuenta!

—Es imposible, Yoh Asakura —habló de pronto el dueño del pejelagarto, burlándose de mi debilidad—. Esta armadura es indestructible por fuera. Nadie ha sido capaz de penetrarla.

¿Por fuera? ¡Diablos! ¿Por qué no lo pensé antes? Era indestructible por fuera. En cambio, por dentro… Sentí que, de nuevo, volvía esa emoción por el combate. Ya sabía lo que tenía que hacer.

—Amidamaru —me dirigí a la Espada Sagrada, la cual emanaba una cantidad abundante de poder espiritual—. Llegó la hora de probar la nueva técnica. ¿Estás listo?

La espada brilló intensamente. Lo interpreté como un sí. Estaba seguro de que Amidamaru me apoyaba con esta locura que iría a hacer, pues le fascinó el día en que creé este nuevo ataque. Estuvimos todo el día practicándolo.

—¡Espíritu de la Tierra! —apareció en su forma chibi, mirándome con sus brillantes ojos grises. Estaba igual de emocionado—. ¡Concédeme tu alma! ¡Posesiona la Espada Sagrada!

El arma que tenía en las manos pasó a transformarse completamente. Su empuñadura era de color oro. La hoja de la espada estaba hecha de llamas. Una mitad era de fuego azul, mientras que la otra se había convertido en fuego color cobre. Las llamas crepitaban, incitándome a lanzar un ataque que nombrara a nuestro equipo vencedor.

Me dirigí hacia la armadura hecha de roca, pensando en que ya teníamos la victoria asegurada. La incrusté, logrando que el escudo se agrietara, pero, aun así, no conseguí destruirlo del todo. Con un movimiento de la mano, hice que unos gruesos picos de piedra sólida aparecieran en el interior de la armadura y lo traspasaran hacia afuera. Saqué la espada y la volví a insertar en una de las grietas que se había formado con anterioridad, empleando más fuerza que la vez anterior. El muro se destruyó por completo, dejando ver a un asustadizo shaman. Le di el golpe final con la espada, haciendo que perdiera su posesión y que luego cayera inconsciente.

—¡HOSHI-GUMI GANA!

Evolet corrió hacia donde yo estaba, abrazándome con todas las ganas del mundo. Gesto que correspondí, para luego soltarla. Hao también se acercó, pero menos exaltado. Parecía uno de esos sujetos que detestaban demostrar sus sentimientos. Eufórico, lo obligué a que me diera un abrazo y los tres, de lo más sonrientes, oíamos cómo nos ovacionaba el público. Silver admitió que jamás se había visto una pelea como aquella.

—Por algo somos el mejor equipo de aquí —presumió Hao.

Le di un zape de lo más divertido. Este era un buen comienzo. De ahora en adelante, sólo debíamos asegurarnos de mantener el mismo nivel, o mejorar si era posible. Estaba seguro de que mis compañeros de equipo coincidían conmigo en querer derrotar al equipo de Jeanne. Les ganaríamos a toda costa.


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¡Hola! ^^

¿Qué tal el capi? ¿Les gustó? Espero que sí. Traté de hacer que la pelea fuera lo más emocionante posible, dándole nuevos ataques a Yoh. Esta no será la única vez en la que aparecerán habilidades nuevas, esperen a ver los próximos capítulos n.n

Espero que el fic esté siendo de su agrado. Las sugerencias, comentarios, críticas son bienvenidas. Sus reviews me hacen muy feliz.

¡Nos vemos! ^^