Disclaimer: Shaman King y sus personajes no me pertenecen. Son del gran Hiroyuki Takei. Tampoco son de mi autoría algunos lugares, canciones y/o marcas que aparecen aquí. Sólo la trama, personajes propios y lugares ficticios son invenciones mías. Gracias a Sabr1 por prestarme a su OC (Evolet).

Advertencias: lenguaje soez, gore (leve o moderado), y algunos pensamientos obscenos (Rated T).

Género: General. Tiene un poco de todo.

Pensamientos, comunicación por telepatía, recuerdos, sueños.


9

Conociendo al enemigo


Yoh Asakura

—Mira a ese tipo de allá —Len apuntó con la cabeza hacia un chico que, probablemente, también participaba en el torneo—. Es todo lo opuesto a ti.

—¿A mí? —Hao se echó a reír—. Pues claro. ¿Acaso estás ciego? La diferencia es muy obvia. Él no es nada sexy, al contrario de mi persona.

…Aquí olía a gato encerrado. Si no conociera tan bien a mi hermano, diría que fue un simple comentario entre un par de amigos. Ellos no eran precisamente los mejores amigos de todos los tiempos. Aunque, si me ponía a pensarlo bien, Len y Horo-Horo tampoco eran el mejor ejemplo.

Mi gemelo siempre ha tenido talento para ganar su propio dinero. No era extraño verlo por ahí, haciendo una que otra apuesta con el que tuviera aspecto de no ser una persona con suerte. Apostaba por cualquier tontería y con cualquiera: Len, Lyserg, Chocolove, Horo… Pilika, Jun… Kaoru, e incluso, creo que una vez llegó a hacer una apuesta con mi madre. En sus tiempos, Keiko también fue toda una experta en ese tipo de juegos, por lo que no me sorprendía que mi hermano mayor tuviera esas mañas. Debió haberlo heredado.

—Qué modesto eres —comenté, sin dejar de contemplar el boceto que había elaborado recientemente.

Hao se asomó sobre mi hombro, curioso por saber qué estaba haciendo. No pasó mucho tiempo antes de que me viera con cierta burla.

—Creo que alguien tiene un serio caso de…

—No dirás que estoy enfermo de amor, ¿verdad? —inquirí, levantando una ceja. Daba gracias a los Grandes Espíritus porque Annita no estaba con nosotros en el restaurante—. ¿Y tú?

—Ni siquiera te atrevas a sacar el tema.

—Es verdad, Yoh —interrumpió Horo, sonriendo de lado—. Todos sabemos que Hao es el número uno en la Friendzone.

Mi gemelo frunció el ceño ante el comentario. Oh, no…

—Eso no es verdad.

—Claro que sí —intervino Len, quien decidió apoyar al ainu por primera vez—. ¿Has notado que ella pasa frente a ti y ni siquiera te voltea a ver?

Los muchachos se lanzaron a reír. Decidí no seguirles el juego… No tenían una idea del impacto que sus burlas provocaban en los sentimientos de mi hermano, quien ya de por sí pensaba que Evolet no le daría ni la hora. ¡Y no era así!

—Chicos, ya basta…

—Len… —Hao decidió ignorarme. Aunque no me estuviera viendo, le saqué la lengua. Eso me ganaba por intentar defenderlo—, ¿insinúas que no puedo ser como ese chico que pasó por aquí momentos atrás?

—¿No es obvio? —Len sonrió sarcásticamente—. Él tiene pinta de ser un sujeto bueno, amable y, quizás, estudioso. No parece ser ningún tonto, sarcástico, peleonero y flojo como tú.

—¿Estás diciendo que no me interesan las demás personas? ¿Que sólo pienso en mí mismo? ¿Eso crees?

—No era lo que quería decir —aclaró, hablando lentamente. Su sonrisa se transformó por completo. Ahora tenía cierto toque de maldad en los labios—, pero si tú lo dices…

Mi hermano soltó un gruñido por lo bajo y me llevé un buen susto por ello. Menos mal no era ningún vampiro. Era tan grande el alivio que sentía cada mañana al despertar y notar que seguíamos siendo los mismos de siempre. Bueno… Casi.

—Si piensas que no puedo actuar como ese bobo, estás muy equivocado —aquello fue más una afirmación. Muy mala señal.

—¿Quieres apostar?

Por favor, que no acepte la apuesta.

—Mil setenta yenes a que puedo ser igual a ese tarado.

—Bien —interrumpió Horo, interesado en aquella apuesta—. Que sea una semana.

—De acuerdo —aceptó mi hermano, entretanto fingía desinterés.

Al final, la apuesta fue tan grande que Len llamó a las chicas sólo para tener a más gente a su favor. Los que estaban de parte de Len eran: Lyserg, Horo, Pilika, Manta, Chocolove. ¡Ah! También Anna, que con todo el gusto del mundo se puso en contra de mi gemelo. Únicamente Tamao y yo estábamos a su favor… ¿Qué? No quería que Hao se enojara conmigo porque no lo apoyaba. Sin embargo, había una persona que no había dicho nada al respecto. Evolet tenía una expresión de no estar de acuerdo con la situación.

—¿Otra apuesta? ¿De nuevo? —teníamos ese punto en común; no estábamos de acuerdo con la situación. La diferencia era que ella sí lo decía en voz alta y esto era un problema, ya que Hao era un poco adicto a las apuestas—. Yo paso…

—No seas aguafiestas, pue' —le dijo Chocolove.

—Déjame ver si entendí… ¿Tu apuesta implica copiar la manera de ser a alguien más? ¿Por capricho? ¿Por algo de dinero?

—Bueno… Si lo pones así, suena ridículo —admitió Hao, comenzando a avergonzarse un poco por la reacción de Evolet a su pequeño juego.

Tenía una ligera sospecha del motivo de su reacción. Tal vez, y sólo tal vez, estaba preocupada por Hao. Sin embargo, no estaba respondiendo de la manera correcta.

—No es la gran cosa, relájate —comentó Len, dándole un sorbo al cartón de leche que había comprado.

—De verdad, no quiero meterme en eso.

—Anda, Evolet —intentó convencerla Horo-Horo—. Hasta la amargada de Anna está participando.

Poco después, se arrepintió de lo que dijo al notar que Annita casi lanzaba fuego por los ojos.

—Sólo es un juego, me parece que estás… exagerando —musitó Hao, logrando algo extraordinario; que la dulce y tierna Evolet se fastidiara por completo.

Me di un golpe en la frente con suavidad. De ahora en adelante, intentaría hacer que mi hermano pensara antes de decir las cosas. La chica de ojos dorados se cruzó de brazos y no cambió esa mirada que nunca antes le había visto.

—Entiendo, soy una exagerada… Tal vez, Len tiene razón y no te interesan los demás. Es un hecho que vas a perder, Hao.

Dicho esto, se alejó de la mesa, no sin antes murmurar que todo esto era ridículo y salió de la cafetería, dejando a más de uno con la palabra en la boca. Miré a mi hermano y me preocupé. Nunca antes lo había visto con esa cara… Ninguno de nosotros tuvo idea de qué decirle, así que los payasos del grupo intentaron levantarle el ánimo.

—Lo he dicho, nadie te supera en eso. Eres el rey de la zona de amistad —soltó Len, sonriendo con malicia.

—¡Friendzone! —exclamó Horo, alargando la última sílaba.

Ay, muchachos…

Al cabo de una hora, la conversación había ido a temas más alegres. Volvimos a casa momentos después. Estaba seguro de que esta sería la semana más estresante y extraña de toda mi vida. Sólo a Hao se le ocurría hacer este tipo de cosas. Si perdía… ¡Le quedaría debiendo siete mil seiscientos yenes a todos en total! Que equivalía a unos setenta dólares estadounidenses, más o menos. El susodicho se encontraba bien tranquilo, escuchando música en la sala de estar. ¿Acaso no le dolía perder tanto dinero? ¿Tan seguro estaba que iba a ganar? ¡Por los Grandes Espíritus!

—¡Hey! —exclamó al sentir cómo le arrancaban los auriculares de los oídos. Sobándose las orejas, me lanzó una mirada iracunda. Se sorprendió al verme. Quizá pensó que eran Annita o Keiko—. ¡Ah! Sólo eres tú.

—¿Cómo se te ocurre hacer una apuesta de esa magnitud? Pensé que estabas ahorrando para comprar ese inútil champú tan caro que venden en Los Ángeles.

—No tienes de qué preocuparte —me aseguró con parsimonia—. Perder no está en mis planes. Además, si gano, no sólo tendré mis siete mil seiscientos yenes de vuelta, sino que duplicaré la cantidad. ¡En total tendría quince mil doscientos yenes! Más los diez mil novecientos que ya tenía ahorrados y que no involucré… ¡Veintiséis mil cien yenes!

—¿Crees que vale la pena arriesgar tanto dinero?

No me contestó.

—¿Perderás toda tu mesada por unos cuantos dólares?

—¿No te das cuenta? —quiso saber mi hermano mayor, usando un tono que hacía pensar que todo era de lo más obvio—. Incluyendo lo que ya tengo ahorrado, son doscientos cuarenta dólares los que tendré en total si gano la apuesta. Es lo suficiente como para comprar mi champú.

Di media vuelta para regresar a mi habitación. No tenía caso lidiar con alguien como Hao.

—¡Ah! —me giré para ver qué quería—. Y para tu información, no es cualquier champú. Es uno especial que mantiene el cabello sedoso y brillante. Tengo una reputación que cuidar hermanito… ¡Oye! ¡No me dejes hablando solo!

Empecé a subir las escaleras que conducían hacia la segunda planta. Decidí simplemente ignorarlo.

—¡Cuando veas los resultados, vas a sentir celos de no tener una cabellera como la mía!


•❈•


Esta era una de las tantas veces en las que me daba un ataque de aburrimiento, pero no se trataba de un simple hastío, sino que era de los extremos. Decidí salir de la casa, sólo para tener algo de tranquilidad por mí mismo. El lugar que estábamos alquilando tenía un par de árboles de sakura en el jardín. Ver los pétalos de sus flores en el césped me ponía un poco nostálgico. Había hecho un par de viajes en toda mi vida, pero nunca había permanecido tanto tiempo fuera de Japón. Cambié la canción que estaba escuchando, pues era algo deprimente y sólo lograba hacerme sentir aún peor. Jamás dejaré que Kaoru vuelva a tomar mi iPod prestado. Negué con la cabeza al darme cuenta de que había introducido nuevas canciones en él.

Baby I love you,

I'm waiting for you…

—Esta canción me gustaría si no fuera tan deprimente —admití por lo bajo, conteniendo las ganas de reír.

—Igual que tu vida, ¿no? —escuché retumbar el eco de una voz femenina.

No necesitaba voltear a ver para saber de quién se trataba. Reconocería ese timbre de voz, aunque tuviera los ojos vendados. Maldita Jeanne… Me quité los AirPods, mientras buscaba con la mirada a la vampiresa de cabellos plateados.

—¿Qué se te ofrece, chupasangre? —pregunté, a sabiendas que lo único que le interesaba era hacerme la vida imposible.

Intenté parecer rudo, aunque el tono de mi voz no me lo permitía.

—No esperaba encontrarte por aquí —aseguró, haciendo un pequeño mohín—. Veo que hoy es mi día de suerte.

—Sí, y yo soy Van Helsing —dije sarcásticamente. Ella se echó a reír al escuchar aquello—. Aunque si lo fuera, ya no estarías en este mundo.

—Escucha, estúpido mortal… —se me acercó peligrosamente.

Por instinto, me alejé de ella, sin quitarle la vista de encima. Sus ojos estaban fijos en mi cuello. Percibí que veía mi yugular con deseo.

—Atrévete a hacerlo y sufrirás las consecuencias —le advertí.

No quería convertirme en uno de esos muertos-vivientes. No me gustaba la idea de que la inmortalidad se apoderara de todo mi ser, convirtiéndome en un errante de por vida.

—Aún no es tiempo —me aclaró, mordiéndose los labios seductoramente. Qué asco…—. Mi amo se decepcionaría si lo hiciera ahora mismo. Además, no tengo el más mínimo interés de hacerlo yo misma. Sería repulsivo… y quién sabe si tu sangre es asquerosamente venenosa.

—Qué graciosa —crucé los brazos en señal de aburrimiento—. ¿Y bien? ¿Qué es lo que quieres? ¿Tu amo mandó algún mensajito?

—Sí y no… —aceptó ella, desviando la mirada—. Está interesado en ustedes dos, por lo que parece.

—Te refieres a mi hermano y a mí.

Así que habíamos llamado su atención, pero… ¿Qué querría un vampiro tan poderoso como él de unos humanos indefensos como nosotros? ¿Éramos parte de su menú? ¿Quería que formáramos parte de su ejército de neófitos? Me imaginaba un sinfín de posibilidades.

—Mándale un saludito a mi prima de mi parte. Dile que me muero por verla.

—No la metas a ella en esto —amenacé, furioso ante la idea de que le hicieran daño a mi Annita.

—Ten por seguro que no le haré daño… Bueno, no seré yo quien lo haga.

Dicho esto, emprendió camino directo al bosque de la aldea. Su tétrica risa resonaba en mis oídos, a pesar de que ya no era visible para mis ojos. Tenía miedo de que le hicieran algo a mi familia y mis amigos. Ese era uno de los propósitos de su clan, estaba seguro de ello y lo peor de todo… Era que lo estaban logrando.


•❈•


—¿En dónde se habrá metido?

Evolet se había ofrecido para ir a comprar los víveres de la cena de esa noche, ya que no se sentía con ánimos de estar encerrada. Justo ahora, se encontraba buscando a Yoh de un lado a otro. Como él decidió salir por un rato, la joven Sakurai tuvo la idea de regresar juntos; pero no lo encontraba en ningún sitio. ¿Qué le habrá pasado? ¿Habría llegado ya a la casa? La simple idea de volver sola la desanimó. Disfrutaba mucho de la compañía de los demás y lo que más detestaba era la soledad.

—¡Agh! ¡Esos malditos shamanes japoneses son todos unos estúpidos!

Haciendo uso de sus reflejos, Evolet se escondió detrás de unos barriles para que no la descubrieran, pues la distancia entre ella y esos vampiros pronto se vería reducida. Además, ese punto era ideal para escuchar a la perfección lo que estaban diciendo.

—No creo que haya necesidad de comentarios racistas —mencionó Ashil, pues sentía las miradas asesinas de los que pasaban a su alrededor—. Mucho menos cuando tú eres mitad japonesa.

—¿Disculpa? ¿Yo? Por favor, Ashil —Jeanne parecía más que molesta—. No me compares con esos humanos.

—Me parece estúpido que seas racista con los de tu propia estirpe —exteriorizó Ashil, entretanto se cruzaba de brazos. Su acompañante lo miró, colérica—. Además, creo que lo más sensato es evitar peleas. ¿Quieres quedar expuesta ante estos mortales?

—…Supongo que tienes razón —admitió la vampiresa.

Jeanne le hizo una seña con la cabeza al muchacho, dándole a entender que platicarían mejor en otro lugar. Evolet temió por un momento. ¡Se acercaban cada vez más hacia donde ella estaba! Si trataba de escapar, notarían su presencia y ese sería el inicio de una batalla segura. No tenía ganas de pelear, aunque quizás haría una excepción con esa detestable francesita de cabellos plateados. Ambos pasaron de largo los recipientes de agua. Hasta entonces, Evolet pudo respirar con tranquilidad. Los dos vampiros se habían alejado un poco, pero al menos ya no estaba tan expuesta como antes. Aún podía escuchar perfectamente lo que estaban diciendo ese par.

—Lord Darkar… ¿Ya tiene fecha? —inquirió el joven, sumamente interesado.

Jeanne parpadeó confundida por unos instantes.

—¿Eh? ¿Fecha para qué?

—Para qué más… ¡Para la conversión!

—¡Chist!

La joven Sakurai abrió los ojos como platos, sorprendida. Sabía que, desde que ellos llegaron, la aldea misma había sido testigo de una gran cantidad de transformaciones vampíricas. Estaba segurísima de que todo era a causa de ese tal Darkar. La duda era… ¿A quiénes transformarían? ¿Cómo era posible que privaran a unos pobres shamanes de su deseo de vivir? No era nada justo. Sólo esperaba que no se tratara de nadie conocido, mucho menos sus amigos.

Realmente los quería. La habían hecho formar parte del grupo y se sentía muy feliz por ello. Cada uno era genial a su manera, y ninguno merecía tener ese horrible final. Inmediatamente pensó en todos: Anna, su mejor amiga y junto a quien había crecido como una hermana. Len, el chico de ascendencia china que a veces tenía problemas existenciales y una fascinación con la leche. Horo-Horo y Pilika, dos hermanos que, aunque se pelearan todo el tiempo, se querían demasiado como para enojarse mucho tiempo uno con el otro. Tamao, la chica más dulce y tímida que había conocido. Lyserg, el inglesito al que le encantaba jugar al detective. Chocolove y sus extraños chistes. Kaoru, quien bromeaba con todo y amaba el Halloween. Manta, el pequeño shaman que provenía de una familia humana y que odiaba que le dijeran enano cabezón. Finalmente, Yoh y Hao, los gemelos que eran como dos polos opuestos, pero, aun así, se habían vuelto inseparables desde que se conocieron.

—El amo aún no tiene fecha exacta. Es todo lo que sé.

—Debe ser pronto, puesto que ellos ya se lo están imaginando… ¿Por qué será? Ah, claro… Tú te has encargado de tirarles indirectas a cada momento en que te los encuentras. ¿No puedes controlar tus deseos sexuales?

—¡Qué horror! ¿Qué estás insinuando? —exigió saber ella—. Además, no he sido la única. Cuando el amo convirtió a sus padres, también les exigió su ubicación. No debe sorprenderte que se hayan hecho una idea de su futuro.

—Si tú lo dices… —Ashil no parecía tragarse aquellas palabras, pero decidió no comentar nada al respecto—. Esos idiotas… No tienen ni idea de lo que les espera. Yoh y Hao Asakura.

Evolet casi soltó un grito con las últimas palabras del vampiro, pero se contuvo al cubrirse la boca con ambas manos. Ellos no merecían ese horrible sufrimiento. Intentó tranquilizarse al ver a Mizu a su lado, quien la contemplaba con suma tristeza. Ella le hizo un gesto para que guardara silencio.

—Serán más fuertes que tú, Renault. Ya no serás la favorita del amo Darkar nunca más.

—Eso sólo pasará si ese par de tontos aceptan pelear de nuestro lado —le informó una furiosa Jeanne—. Algo me dice que no lo harán, y ya sabes qué sucederá si ellos se niegan a cooperar con nosotros.

Jeanne hizo un gesto letal, pasando su dedo índice por su cuello.

—Que desees verlos muertos con toda tu alma es otra cosa. Yo apuesto a que sí accederán a la petición de nuestro jefe, pues no querrán que sus amiguitos y sus papis desaparezcan de la faz de la Tierra.

—Mejor regresemos a la guarida —dijo, burlona—. No hagamos que los demás se preocupen por nosotros.

La chica dio una vuelta grácil, como si fuera un paso de baile. La joven Sakurai desvió la mirada, fastidiada por las acciones de la vampiresa. ¿Qué ganaba con hacerse la diva?

—Adelántate… Iré en un momento.

Evolet entrecerró los ojos, confundida por las acciones del castaño. Una vez que Jeanne desapareció de su campo de vista, Ashil volteó a ver por sobre su hombro con una sonrisa burlona. ¿Pero qué…?

—Esta vez, tuviste suerte —la chica se sorprendió, ya que el vampiro estaba viendo en su dirección. ¿Todo este tiempo supo que ella se encontraba escondida? ¿Por qué no había dicho nada?—. Deja de esconderte.

No tenía escapatoria, por lo que se irguió para dejar de ocultarse detrás de los barriles. Tenía que enfrentarlo, pues no creía que la dejaría huir y ella tampoco pensaba salir corriendo como una cobarde. Mizu, por otra parte, se mantenía en alerta por si su dueña necesitara que la protegiera. Una vez que estuvieron frente a frente, Ashil la escrutó con la mirada. Como si estuviera intentando averiguar… algo. Evolet permaneció en silencio, sin desviar la mirada. No iba a dejar que ese sujeto la intimidara.

—Llévales este mensaje a tus amiguitos… —la chica soltó un ligero suspiro de alivio. Por un momento, temió que tuviera que luchar con él—. Que se preparen.

Dicho esto, se volteó con una elegancia propia de su personalidad y comenzó a alejarse por el mismo camino que había tomado Jeanne. Evolet observó a su espíritu acompañante con preocupación. ¿Qué iban a hacer ahora?


•❈•


No podía creer que estuviera a punto de decirlo… Después de todo, tal vez Hao sí gane la apuesta. ¿Por qué? Pues estaba controlándose bastante bien, ya que no había dicho ningún comentario sarcástico ni se había quejado por los excesivos entrenamientos de mi prometida desde entonces. Hasta se ha estado comportando mucho más amable de lo usual… y aquello me daba miedo. Claro, no le había dicho nada a nadie. Mi temor por la metamorfosis que mi hermano estaba sufriendo sólo la sabíamos mi conciencia y yo.

Otra persona que actuaba raro últimamente era Evolet. Habían pasado unos días y seguía con el mismo comportamiento. Se había vuelto distante, y no sabía el motivo. Tampoco sabía si Hao también sospechaba algo, pues no había querido decirle nada. No obstante, parecía que se había alejado más de nosotros dos, particularmente. No entendía por qué; no recordaba haberla ofendido ni nada por el estilo y dudaba mucho que mi gemelo lo hubiera hecho. La verdad era que me preocupaba; ya que, aunque ella no se diera cuenta, sabía lo feliz que se sentía al haberse integrado a nuestro círculo de amigos. Todos la apreciábamos mucho.

—Xtreme Fatality peleará dentro de una semana —anunció un divertido Horo, juntando sus manos con la intención de imitar un megáfono.

—Sigo creyendo que es un nombre estúpido —comentó Len por lo bajo.

El ainu rio divertido.

—Ah, ¿sí? Pues da gracias a los Grandes Espíritus porque, al menos, no nos llamamos "Los Peluditos".

—Fatality es por Mortal Kombat, ¿verdad? —pregunté, haciendo un esfuerzo por contener la risa.

—Seh, y Xtreme porque, entre más extremo sea, todo es mejor —habló Horo-Horo con emoción.

—Pues esa es la razón más estu… —todos voltearon a ver a Hao con sonrisas malévolas—…penda que he escuchado. Ustedes me asombran, chicos. Sí que tienen visión.

—Admítelo —Lyserg le dedicó una sonrisa burlona—. Estuviste a punto de perder la apuesta.

—¿Yo? —se llevó una mano al pecho, fingiendo sorpresa—. ¡No! Para nada.

—Por un momento me ilusioné —admitió Horo, lloriqueando cómicamente.

Por el rabillo del ojo, vi que Evolet pasaba por el corredor, seguramente de salida a alguna parte. No pude evitar contener un poco el pánico. Estaba algo pálida y parecía que sus ojos habían perdido un poco de brillo, pues ahora estaban opacos. Tenía ganas de preguntarle qué le pasaba, pero sabía que, a lo mejor, no lograría sacarle nada. ¿Annita ya habrá hablado con ella? Esa pregunta rondaba por mi mente, hasta que llegó la noche. Fue entonces que decidí hablar con mi prometida para ponerle fin a todo este asunto.

Anna estaba en la cocina, hablando con Tamao y Pilika sobre… Bueno, cosas que sólo ellas, las chicas, comprenderían. En un momento de descuido de las dos, tomé la mano de mi futura esposa y la jalé hasta que llegamos al jardín. Le había tapado la boca para que no gritara; sin embargo, eso no impidió que me diera una cachetada por mi atrevimiento. Habrá resonado por todo el lugar, por lo que me pareció extraño que nadie se acercara a ver qué pasaba.

—¡Auch! Eso dolió —reclamé entre susurros, sujetándome el lugar adolorido.

Quizá me estaba ruborizando, porque sentía que la sangre empezaba a acumularse en mi mejilla izquierda.

—¿Yoh? —un brillo culpable se formó en los orbes ambarinos de mi novia—. ¡Lo siento! No sabía que eras tú… Aunque también me has dado un gran susto. Esto parecía un secuestro.

—Al menos, no usaste la legendaria izquierda —bromeé, sonriendo levemente—. Sólo quería hablar contigo.

Nos sentamos debajo de un enorme árbol que había en el jardín y ahí le expliqué todo lo que estaba pasando. Ella asentía conforme le iba hablando; y me pareció que tampoco estaba enterada del porqué Evolet actuaba de esa manera tan… inusual. Ella nunca había sido así conmigo ni con mis amigos. ¿Por qué cambió repentinamente?

—Incluso Hao está preocupado, pero no ha tenido el valor para hablar con ella. Llegué a la conclusión de que, como tú eres su amiga, ibas a saber algo.

De pronto, Anna me regaló una pequeña sonrisa.

—Tranquilo, Yoh. Si es por lo que ocurrió hace unos días, no te preocupes. No creo que ella esté así por lo de la apuesta. Ya lo habrá olvidado —comentó, pensativa—. También la he notado extraña, pero estoy segura de que algo más grave le preocupa.

Solté un suspiro, entretanto examinaba una flor rosa del montón que teníamos en el patio. No sabía si estaba enloqueciendo o qué, pero por un momento juré que el polen brotaba de ella, brillando intensamente. Me sentí abrumado por no tener las respuestas que quería. Siempre llegaba a resolver los misterios de las situaciones a mi alrededor y desde que supe de la existencia de los vampiros, nada era lo mismo. La flor se marchitó para mi sorpresa.

—Deberías controlar mejor tus emociones —Anna sonrió de lado. Su sonrisa era como las tantas que ella mostraba únicamente cuando estábamos solos—. Pobre flor…

La recogió con sus delicadas manos, mientras la observaba detenidamente.

—Creo que los humanos somos como flores —me miró fijamente—. Ellas son hermosas, como nuestros sentimientos. Si nos dejamos derrumbar ante los problemas que se nos presentan en la vida… Es como si una flor se estuviera marchitando.

—Si Hao te escuchara hablando tan bien de los humanos —hice una mueca divertida, consiguiendo arrancarle una risa durante un breve momento—. Es más, si te oyera diciendo que somos humanos… Espera. ¿Desde cuándo te has vuelto tan filosófica?

—Creo que es culpa de este lugar. Esta aldea es tan extraña.

—Lo sé.

Estuvimos así durante un buen rato. El silencio se hizo presente en ese instante. La luna y las estrellas resplandecían como nunca antes lo habían hecho; y eran muchas las que estaban presentes esa noche. De repente, comenzó a cambiar el clima a medida que entraba la noche e hizo un poco de frío, lo cual me pareció extraño porque estábamos a inicios de agosto. Cuando Anna empezó a temblar, me quité el abrigo para colocárselo en los hombros. La vi sonreír para sí misma cuando me dediqué a acomodárselo mejor. La atraje hacia mis brazos y ella no dudó en acomodarse en mi pecho. Fue un alivio que no me viera sonrojado, porque mi cabello cubría mis mejillas… Bueno, la izquierda no tanto. Aunque tampoco importaba. Igualmente podía pensar que era debido al golpe que me había dado unos minutos atrás.

—Gracias —nuestras miradas se cruzaron durante un buen tiempo—. No puedo creer que esté a punto de decir esto… Gracias por pedirme ser tu novia ese día. No sabes lo feliz que me has hecho, Yoh.

—Es a mí a quien has hecho inmensamente feliz, Annita —susurré, esperando un bofetón en mi otra mejilla.

Al parecer, nunca llegó a ocurrir. Anna se estaba acostumbrando al sobrenombre que le puse cuando teníamos seis años. No le gustaba que nadie más la llamara de esa forma. Conmigo era diferente. Yo era una de las pocas personas con las que se mostraba como era realmente, y aquello me alegraba mucho. Anna tomó mis cabellos entre sus dedos. Podía ver una copia mía reflejada en sus ojos color ámbar.

—Te ves tan… guapo cuando no llevas tus auriculares puestos —una sonrisa pícara se formó en sus labios—. Te dije que un cambio te vendría bien.

—¿Tú crees?

Nuestros rostros estaban demasiado cerca; eran milímetros los que nos separaban del otro. Incluso podía sentir la respiración de Anna en mi rostro. Rodeó mi cuello con sus finas manos, acortando aún más la distancia. Por mi parte, la abracé de la cintura a la vez que rozaba mis labios con los de ella. No había duda de que era el chico más suertudo del universo.

—No creo que sea apropiado que me seduzca de esta manera, señorita Kyoyama —susurré, consiguiendo que mi prometida riera por lo bajo.

—Señor Asakura, permítame recordarle que estamos solos —alcé una ceja, sabiendo que eso no era del todo cierto—. Nadie se atreverá a venir, porque saben que nadie debe interrumpirme cuando estoy contigo…

Sin dejarla terminar, capturé sus labios en un tierno beso. Mi futura esposa pareció sorprenderse durante unos breves segundos. Sin embargo, en el mismo instante me correspondió el gesto. Fue un beso muy dulce, que demostraba los sentimientos que ambos habíamos estado ocultando durante tanto tiempo. Yo la amaba más que nada en el mundo. Cuando me enteré de que me casaría con Anna cuando fuese mayor, tuve la oportunidad de acercarme más a ella y conocerla mejor. Me prometí a mí mismo ser un buen esposo y complacerla en todo lo que ella quisiera. Sus manos recorrieron mi pecho lentamente y no pude evitar estremecerme con el acto.

—¿Estás bien? —se separó de inmediato, como si hubiera sido atacada por una descarga eléctrica.

Sus mejillas adquirieron un tono carmesí, haciendo que se viera más hermosa que nunca. No pude responderle porque volví a besarla, esta vez con mucha más pasión. Sentí que sonreía dulcemente. Mis manos viajaron hacia sus piernas, las cuales estaban enrolladas alrededor de mi cintura. Ella soltaba pequeños suspiros, disfrutando del momento que estábamos teniendo juntos. Solté un gemido cuando ella mordió levemente mi labio inferior.

—C-creo que… deberíamos… entrar ya… —hablé entrecortadamente, sintiendo cómo los cálidos labios de mi novia viajaban por todo mi cuello—. Está helando.

—¿No te gusta? —parecía ligeramente desanimada—. Es una lástima, me estaba esforzando tanto para que fuera de tu agrado.

La empujé contra el árbol, mientras ella se apegaba cada vez más a mi cuerpo. ¿Era yo o la temperatura estaba subiendo?

—Annita…

Una parte de mí quería continuar con lo que estábamos haciendo, pues se sentía genial. Lo único malo era que nos encontrábamos en un sitio donde cualquiera podía llegar de repente, y si alguien nos veía… No sabía por qué, pero llegué a pensar que Anna terminaría conmigo. Ella no soportaría las burlas de los demás. Justo en ese momento en que me debatía conmigo mismo, una voz nos hizo separarnos bruscamente. Era mi madre, quien nos llamaba desde adentro de la casa porque estaba preocupada por ambos.

—Será mejor que entremos —dije en cuanto recuperé el ritmo de mi respiración.

Anna se sacudió el polvo de su corto vestido, al mismo tiempo en que la ayudaba a ponerse de pie. Coloqué con delicadeza un mechón rubio detrás de su oreja, haciendo que sonriera por esto.

—De acuerdo, pero me debes una.

Entramos a la casa, encontrándonos con los demás en la sala.

—Uy, tortolitos.

—Qué estaban haciendo, ¿eh?

—Yoh y Anna sentados en un árbol…

No me tomó por sorpresa que mi prometida empleara una de sus famosas técnicas con mis amigos. Tomó a Manta de la cabeza y lo lanzó con toda su fuerza. Mi pobre amigo fue a dar contra todos los chicos, dejándolos tirados en el piso en estado de semi-inconsciencia. Hao apartó su mirada de la revista de farándula asiática que estaba leyendo, preguntándose a qué se debía tanto alboroto.

—¿Se puede saber qué les pasa…? —dejó la pregunta inconclusa al ver a mis semi-inconscientes amigos. Luego, notó que aún seguía tomándole la mano a mi futura esposa. Una sonrisa divertida empezó a formarse en su rostro—. Vaya, qué tenemos aquí…

En el rostro de Anna comenzaba a sobresaltar una pequeña vena. Mi gemelo tragó duro, comprendiendo que podría avecinarse un grave peligro.

—Calladito te vez más bonito —le aconsejé.

Era oficial y algo obvio. Mi Annita podía volverse mucho más peligrosa cuando estaba enojada.

¿Lo acabas de notar?, inquirió mi gemelo con la mente.

Le sonreí inocentemente.

—Tengo hambre —Anna nos fulminó con la mirada. Hao me abrazó, temiendo por su vida—. Más les vale que cocinen algo bueno, ¿me oyeron?

Subió hacia el segundo piso y sus pasos hicieron eco por toda la casa. Incluso parecía como si le fuese a salir humo de las orejas en cualquier instante.

—¿Pizza? —volteé a ver a mi hermano, aún sorprendido por el cambio de actitud de Anna.

Hao asintió, sin dejar de ver las escaleras, que lucían como si se hubieran roto por aguantar un peso demasiado grande. Como si un elefante o algún animal pesado las hubiera arruinado.

—Trae la guía telefónica. Supongo que también necesitaremos un carpintero… y un doctor que los vea a ellos —señaló, al ver que los chicos comenzaban a recobrar el sentido.

Anna era capaz de golpearlos hasta dejarlos atontados, pero yo sería la excepción por ser su novio, ¿verdad?

¿…Verdad?


•❈•


—Vamos, Hao. Tú puedes hacerlo… Mira, ahí está.

Mi gemelo se quedó paralizado en medio del pasillo, fuera del aula de clases. Evolet estaba a unos metros de nosotros, guardando un par de cosas en su casillero. Al parecer, no había notado nuestra presencia.

—¿Sabes qué? ¡Cambié de opinión! Lo haré mañana… O en un mes…

Rodé los ojos y lo detuve del hombro antes de que se escapara.

—No me salgas con eso —le recriminé, haciendo que me viera a la cara. Estaba muy serio—. Si no es ahora, no lo harás nunca y esto jamás va a solucionarse. Sólo ve a hablar con ella y luego… asegúrate de no hacerme tío tan joven.

Mi hermano hizo tal mueca que casi me eché a reír, pero evité hacerlo para que Evolet no nos oyera. Tal vez me pasé un poco con eso, pero él tenía que relajarse.

—Creo que te saltaste un par de etapas, Yoh… Está bien, iré.

Le di una palmada amistosa en el hombro, antes de ocultarme lo suficiente como para ver y oír, pero no para ser descubierto. Mi pronto-a-ser-cuñada se encontraba distraída, viendo el interior de su casillero. Pareció despertar de su ensoñación y suspiró. Al momento en que cerró su casillero, mi hermano llegó junto a ella. No lo había notado, por lo que cuando lo vio así de sorpresa, no pudo evitar soltar un ligero grito. Hao se sobresaltó, pero se las arregló para sonreírle a modo de broma.

—¿Tan feo estoy?

Evolet parpadeó, confundida. Al instante, negó precipitadamente con la cabeza.

—No, no… Perdona, no te había visto y me sorprendí. No te esperaba, Hao —sujetó con más fuerza un par de cuadernos contra su pecho y se colocó un mechón de cabello detrás de la oreja—. ¿Necesitas algo?

Anda, Hao. Tú puedes hacerlo…

—Discúlpame si te he asustado. Yo sólo… —mi hermano tragó con dificultad y alzó la mirada para verla—. Quería hablar contigo… Más bien, disculparme.

La joven lo miró, extrañada.

—¿Disculparte? ¿Por qué? …No me has hecho nada que yo recuerde.

—Es que llevabas días sin hablar con nadie, pensé que… Bueno, en fin, perdóname si te he hecho sentir mal el otro día con esa apuesta. Nunca fue mi intención herirte con lo que dije ni nada parecido —Evolet pareció sorprenderse y pude verle un ligero sonrojo en la cara—. Tienes razón, soy un ambicioso…

—No, Hao —lo interrumpió. Su mirada se había suavizado—. Perdóname tú a mí. He sobreactuado con eso, en realidad… —parecía debatirse entre decirle o no decirle algo. A veces, me preguntaba por qué Hao no utilizaba su Reishi con ella—. Me preocupas cada vez que te metes en una apuesta. Temo que un día puedas llegar a lastimarte por ello.

Mis suposiciones eran ciertas, Evolet sólo estaba preocupada por él. Eso hacía que me sintiera extrañamente eufórico. Mi gemelo parpadeó un par de veces, tal vez porque no se lo esperaba. Por otro lado, ella no podía controlar la repentina verborrea que se le vino encima. Seguramente, eran los nervios. Esto iba por buen camino.

—Además, no necesitas imitar a nadie. Len se equivoca, tú ya eres alguien increíble y así es como me… —Evolet se llevó una mano a la boca por inercia, evitando así que oyéramos lo que iba a decir. El sonrojo de su rostro se acentuó—. Ignora eso, por favor.

¡Nooooo! ¡Estaba tan cerca!

Hao se sorprendió con su reacción y, de repente, comenzó a reírse. Claramente estaba más relajado que al inicio. Evolet bajó la mirada, probablemente pasando la mayor vergüenza de su vida. Sonreí con cierta simpatía.

—Está bien, olvidemos esto —propuso Hao, sujetando levemente el mentón de la chica y haciendo que lo viera a los ojos—. ¿Qué tal si vamos a la cafetería? Los demás nos están esperando ahí… Ah, y si te hace sentir más tranquila, intentaré moderarme con las apuestas. Lo prometo.

Evolet mostró una pequeña sonrisa y asintió, estando de acuerdo con mi hermano. Ambos se alejaron en dirección contraria a donde yo me encontraba. ¡Por fin se había hecho la paz!


•❈•


La pelea del equipo Xtreme Fatality se llevaba a cabo ese día. Kaoru era la más nerviosa de los tres, pero como era de esperarse, sus nervios se disiparon a la hora del combate. Los tres derrotaron fácilmente a sus oponentes, el equipo Italianos de Italia… En serio, ¿qué le pasaba a la gente de hoy en día? El nombre de nuestro equipo no era el mejor del mundo, pero Hoshi-Gumi no era un nombre que nos hacía quedar en ridículo. ¡Obviamente los italianos eran de Italia!

En fin, había llegado el tan ansiado día para mi hermano. Por fin, era el séptimo día desde que había hecho esa apuesta. Ahora sólo tenía que esperar unas cuantas horas más para que oficialmente fuera el día ocho. Luego de eso, los siete mil seiscientos yenes serían todos suyos. ¡Sería el ganador! No podía creerlo. ¡Mi hermano era un maldito con suerte! Compraría su inservible champú, después de todo. Bueno, eso fue lo que pensé durante un momento. Hasta que apareció el chico desconocido que vimos el otro día, por el que mis amigos habían hecho esa tonta apuesta. Se nos acercó con una gran sonrisa e inmediatamente me di cuenta de que era más falsa que la de Jeanne.

—¡Felicidades por ganar su pelea! Estuvieron excelentes —felicitó a mis amigos.

Los tres miembros del grupo se voltearon a ver, pues claramente estaban igual o más confundidos que todos los demás.

—…Gracias.

El sujeto se acercó a mi hermana y depositó un beso en su delicada mano. Sentí que Hao se tensó a mi lado, pero no se movió para nada.

—T-tengo novio —mintió ella, mientras se sonrojaba de la pena.

La situación le incomodaba tanto que no había dudado en mentirle al muchacho para que se alejara. Hubo un momento de silencio, pero luego… Todo pasó tan rápido que tardé un poco en reaccionar. Primero, una cachetada hizo eco en el restaurante de Silver. Luego, vi a Kaoru sobándose la mejilla muy despacio, la cual estaba más roja que el resto de su cara. Después, me di cuenta de que Hao se levantó de su asiento y todos mis amigos hicieron sus posesiones de inmediato.

—Bien que te gustó, ¿verdad, perra? Tienes el aspecto de una chica inocente, pero eres la puta más grande que he conocido en toda mi vida…

—¡Lamentarás haber dicho eso! —Hao se acercó a paso lento al individuo ese y un aura maligna empezó a formarse a su alrededor—. Me quedarás debiendo dinero, maldito bastardo.

—Ah, ¿sí? Pues no les tengo miedo a ti ni a tu estúpido hermano gemelo…

Hao le asestó un golpe en el estómago y el desconocido cayó al piso, incapaz de defenderse. Mi gemelo se echó a reír al ver la debilidad del otro shaman, que lucía como si quisiera levantarse a pesar de que no podía hacerlo.

—¿Qué dijiste, desgraciado?

Hao levantó su pierna izquierda y colocó su pie sobre el cuello del muchacho.

—Que no les tengo miedo ni a ti ni a tu maldita familia…

Se abalanzó sobre él, comenzando así una feroz pelea. Ninguno de los presentes daba crédito a lo que veían con sus propios ojos, pues Hao se había convertido en el chico "ejemplar" en tan sólo siete días… y ahora estaba tirando su imagen a la basura. Después de que la nube de humo se disipara, el sujeto salió corriendo despavorido. Su camiseta se había prendido en llamas, estaba todo golpeado y ensangrentado. Por otro lado, Hao tenía una enorme sonrisa divertida dibujada en los labios. Trató de arreglar su cabellera castaña con sus manos y se sacudió el inexistente polvo de los pantalones.

—¡Nadie se mete conmigo ni con mi familia, idiota! —le gritó al chico apenas visible. Luego, se dio cuenta de que todos lo mirábamos anonadados y se encogió de hombros, sin borrar esa sonrisa divertida de su rostro—. Pff, qué tarado, ¿no?

Kaoru también estaba muy sorprendida. Mi gemelo le dirigió una mirada y le sacó la lengua con diversión. Mi hermana corrió a abrazarlo, agradecida por haberla defendido.

—¡Eres un tonto!

—Yo también te quiero —respondió él, y todos los presentes rieron porque Hao había vuelto a ser el de antes. Soltó un suspiro—. Lástima que perdí.

—No lo creo —admití, entretanto mis dos hermanos volvían a sentarse—. El trato era que los siete mil seiscientos yenes serían para el ganador de la apuesta, eso sucedería si podías cambiar en toda una semana. En este momento son las 14:45. Hace cinco minutos oficialmente empezó el día ocho. Así que, querido hermano mío, todos aquí te deben el dinero que apostaron. Ya puedes comprar tu tonto champú para un cabello sedoso y brillante.

—¡TE AMO! —ahora al que abrazaban era a mí y sólo pude reír ante esto.

—Lo sé.

—Te daré un poco de mi champú para que tengas una cabellera tan brillante y sedosa como la mía —me tomó un mechón de cabello, cuidadosamente. Chasqueó la lengua—. No es que lo tengas tan mal, pero necesitas cuidártelo un poco más. No seas flojo, Yoh.

—¡Hey!

—Vaya, vaya, vaya… —un numeroso grupo de personas había entrado al restaurante—. Divirtiéndose, por lo que veo.

Un hombre de gran estatura se nos acercó, seguido de varios shamanes-vampiros. Entre ellos pude distinguir a Ashil y a Jeanne. Los demás eran unos completos desconocidos para mí. Nunca antes había visto a ese vampiro… Sí, era un vampiro. Su tez terriblemente pálida lo delataba a la perfección, además de esa belleza inhumana que era característica propia de esas criaturas. Tenía el cabello un tanto largo y de color morado, le caía en la cara de forma rebelde. Además, esos ojos azul topacio eran tan helados que me puso la piel de gallina. Ese hombre era peligroso.

Jeanne se acercó a nuestra mesa como si nada, y tomó mi rostro con una de sus frías manos.

—Mi amo viene a hacerles una propuesta, mortales.

—Dile que no estamos interesados —la miré con odio, tratando de zafarme de su agarre.

Por muy increíble que pareciera, no podía. Su fuerza vampírica no la podía superar ninguno de los que estábamos presentes.

—¿Qué quieres…? —empezó Hao.

Miró con odio al que creíamos que era el líder del clan. El hombre se sentó en una de las sillas vacías, sin siquiera pedir permiso. Pude sentir que Anna sujetaba su rosario con fuerza. Le tomé la mano en un vano intento por tranquilizarla.

—Darkar… Darkar Blair —él sonrió, mostrándonos sus blancos y puntiagudos colmillos—. Creo que ustedes ya saben por qué estoy aquí. Sé que, en más de una ocasión, han tenido alguna pista de lo que quiero, ¿o me equivoco?

—…Suéltalo, Jeanne —le ordenó una furiosa Anna—. Suelta a mi prometido, maldita.

—Jeanne —me aparté bruscamente de ella al sentir un ligero ardor en mi mejilla. Un fino hilo de sangre corría sobre esta—. No trates de esa manera a nuestros amigos.

—Escucha, amigo… —Hao se acomodó en su asiento y pasó un brazo alrededor mío, como apoyo—. No tenemos ningún interés en ser parte de alguno de tus tratos. No somos esclavos de nadie y no obedecemos órdenes de ningún estúpido vampiro que se atrevió a convertir a nuestros seres queridos.

Varios de los vampiros ahogaron un rugido ante el insulto a su amo, pero Darkar los tranquilizó con la mirada.

—Así que no quieren trabajar para mí —Darkar nos observó con sumo interés.

—Pensé que era obvio —le contesté, retándolo con la mirada.

—Son más estúpidos de lo que parecen —afirmó él, cruzándose de brazos.

Los vampiros que estaban junto a él se pusieron algo tensos. En el grupo, pude notar a uno de cabellera anaranjada y ojos carmesíes… Un momento, era el sujeto que nos había atacado en Tokio.

—Escuchen, niños —acercó su rostro a los nuestros y sus ojos brillaron con deseo. Arqueé una ceja ante esto—. Sólo quiero hacer un trato con ustedes, lo hago por su bien. Si fuera ustedes, aceptaría sin dudarlo. Todos salen ganando; yo obtengo lo que quiero y ustedes tienen garantizada la protección de su familia y amigos.

—Ellos no tienen nada que ver —habló Hao, frunciendo el ceño—. No los metas en esto.

—No me dejan otra alternativa —Darkar se encogió de hombros—. Lo único que quiero es más poder del que ya tengo, y eso los involucra a ustedes. Cuento con los shamanes más capacitados para este trabajo, y si se dan cuenta, todos ellos ya son inmortales. ¿Acaso no quieren tener la fuerza, el poder y la inmortalidad de un vampiro? Yo podría brindarles eso y más. ¡Podrían hasta ganar el Torneo de Shamanes!

—¿A cambio de qué? —inquirí, a pesar de saber la respuesta desde un principio—. ¿Quieres que luchemos a tu lado? No tiene caso que insistas. No queremos formar parte de la más horrible de las guerras que han sucedido en el mundo. Sé lo que tramas. Deseas deshacerte de los humanos porque no te sirven, y que sólo los vampiros habiten este mundo. Que sean ellos los que gobiernen.

Darkar levantó una ceja y sonrió, como si le hubieran contado un chiste buenísimo.

—Definitivamente eres un Asakura, Yoh. Los de tu clan siempre han sido buenos deduciendo cosas y evitando catástrofes. ¿Sabes por qué los quiero a ustedes? Son parte de una de las familias de shamanes más poderosas en el mundo. Los dos tienen una excelente cantidad de poder espiritual; y todo eso gracias a los malditos Grandes Espíritus, que los han bendecido con sus espíritus acompañantes. ¿Por qué crees que tú y Hao tienen a dos de los espíritus elementales consigo? Tiene que haber alguna razón. Gracias a ello, tal vez ustedes puedan ser de los shamanes más fuertes en estos tiempos.

—¿Y qué si es así? —Hao formó una llama en su mano libre.

Darkar sonrió ante esa demostración de poderes.

—Tú posees el Reishi, ¿verdad? Y tú, Yoh, el Uranai. ¿Existe algún shaman que pueda leer los pensamientos y sentimientos de los demás? —nos quedamos callados, pues no íbamos a delatar a mi Annita—. ¿Y hay alguien que pueda ver el pasado, presente y futuro mediante visiones? Claro que no. Ahora, imagínense. Ustedes dos convertidos en vampiros. Además de la fuerza sobrenatural, belleza y velocidad inhumana… ¿Llegarían a desarrollar otros dones? ¡Serían mucho más fuertes que ahora! ¡Serían invencibles!

—¿Y qué? —preguntamos al unísono.

Darkar se rio por lo bajo.

—"¿Y qué?", Obviamente quiero ser yo el que saque ventaja de todo ese poder. Seremos grandes y haremos grandes cosas juntos si ustedes dos cooperan.

—Gracias por la oferta, pero no estamos interesados en lo más mínimo —le sonreí con amargura—. Tus metas son demasiado crueles y no harás bien al destruir a la humanidad por un capricho tuyo… Menos si ya te atreviste a arrebatarle la humanidad a mis padres, únicamente porque querías saber nuestro paradero. Podrás odiar a los humanos, aunque tú tengas la apariencia de uno. Sin embargo, tu corazón está mucho más podrido que el del humano más cruel que exista.

—Le dije que ellos rechazarían su ofrecimiento, Lord Darkar —expresó una divertida Jeanne.

Darkar notó que no tenía caso seguir con la conversación. Nos miró brevemente por unos segundos y soltó un suspiro, como si realmente no quisiera tener que usar la fuerza… porque eso era probablemente lo que iba a pasar. Estuvo a punto de levantarse, pero se detuvo como si algo lo hubiese provocado. Abrió los ojos como platos, y noté que se asombraba al ver algo… o a alguien por detrás de mi hombro. Tuve la necesidad de voltear levemente para ver de quién se trataba. Evolet se había quedado estática en su lugar, sin poder avanzar más. Ahora recordaba que había prometido alcanzarnos en el restaurante de Silver apenas terminara con unos encargos que le habían hecho mis abuelos. Al parecer, venía llegando. Darkar se había quedado viéndola como… si no esperara verla o como si la reconociera. Evolet, por el contrario, sentía muchísimo miedo. Se le notaba en los ojos. ¿Podría ser…? ¿…Se conocían?

Antes de que cualquiera pudiera abrir la boca para decir algo, Hao se levantó casi bruscamente de su asiento, haciéndole frente al vampiro líder y evitando así que siguiera acosando a nuestra amiga con la mirada.

—Ya te ibas, ¿no?

El hombre pareció volver en sí, mostró una ligera sonrisa sádica y dio media vuelta dispuesto a marcharse, como si nada hubiese pasado. El séquito siguió a su jefe, a pesar de la confusión que hubo en ese preciso instante. Estaba seguro de que luego le harían preguntas… Hasta yo estaba algo curioso. Vi a mi Annita acercarse a ella.

—¿Estás bien?

La chica le sonrió de una manera fingida para restarle importancia al asunto.

—No esperaba llegar en mal momento. ¿Quién era ese?

Annita le hizo un gesto con los ojos, como dando a entender que se lo contaría todo después. Eso sí que fue extraño…, pensé mientras meditaba acerca de la situación.

Darkar nos amenazaba con nuestros seres queridos porque era lo que le convenía. Nos quería a los dos y, al parecer, éramos indispensables para la realización de sus planes. Él sacaría provecho de las habilidades que teníamos y de las que podríamos tener si llegase a ocurrir lo que nos había contado. Nunca me imaginé que podrían estar interesados en nosotros, por lo que no pude evitar sorprenderme hoy. No quería convertirme en un vampiro, me gustaba ser mortal. Lo que menos quería era llegar a ser un chupasangre. Sin embargo, una cosa era segura. Ni mi hermano ni yo estábamos dispuestos a dejar que nos transformaran y tampoco íbamos a permitir que lo hicieran con alguien de nuestro círculo.

¿Lograríamos impedirlo?


•❈•


¡Hola! ^^

Les traigo un nuevo capítulo. Los chicos por fin conocieron al líder del grupo enemigo. Créanme, las cosas a partir de este capítulo se complicarán para ellos. Más adelante sabrán a lo que me refiero.

Quiero agradecer a Sabr1 por los consejos para editar los capis y las ideas que me ha dado para el fic. ¡Muchas gracias, nee! n.n

Y a ustedes, lectores… ¡Gracias por leerme! Espero que les haya gustado el capítulo. Si gustan, pueden dejarme un lindo review, yo los acepto encantada xD Cualquier duda, sugerencia, crítica o pedido, no duden en escribirme.

¡Nos vemos! ^^