Disclaimer: Shaman King y sus personajes no me pertenecen. Son del gran Hiroyuki Takei. Tampoco son de mi autoría algunos lugares, canciones y/o marcas que aparecen aquí. Sólo la trama, personajes propios y lugares ficticios son invenciones mías. Gracias a Sabr1 por prestarme a su OC (Evolet).

Advertencias: lenguaje soez, gore (leve o moderado), y algunos pensamientos obscenos (Rated T).

Género: General. Tiene un poco de todo.

Pensamientos, comunicación por telepatía, recuerdos, sueños.


10

¿Problemas?


Yoh Asakura

No podía creerlo…

No podía ser verdad. Debía estar soñando… En todo caso, sería una pesadilla. Porque eso simplemente no podía estar sucediendo. Me negaba a creerlo.

—¿Estás hablando en serio? —cuestionaba Hao.

Llegué a preocuparme un momento por su estado, pues se encontraba alarmantemente pálido. Ni siquiera él se lo creía.

Tiempo atrás, Hao y yo habíamos hecho una serie de promesas el día en que mis padres se reunieron y volvimos a ser la familia que siempre debimos ser desde un principio. Una de esas promesas era la de cuidar a Kaoru con nuestra vida. Defenderla si alguien intentaba hacerle daño, hacerla sentir mejor si estaba triste, entre muchas cosas más, pero, al parecer, habíamos fallado. Me di cuenta que no lo habíamos logrado cuando la vi en ese estado.

Estaba acostada en su cama. Largas cadenas rodeaban su cuerpo, evitando que lograra escaparse cuando despertara. Tuve… Tuve tanto miedo al verla así. ¿Cómo podía alguien atar a su propia hija a su cama, como si de un monstruo se tratara? Tienen que estar bromeando, pensé con enfado. Eso era algo tan inhumano, nunca pensé presenciarlo en mi vida. Lo peor de todo era que Kaos no tenía buen aspecto. Lucía enferma… No, esa no era la palabra correcta. Parecía estar muerta. Esa afirmación me puso los pelos de punta. Cuando vi aquellas marcas en su cuello, acepté la cruda realidad que mis ojos se negaban a creer.

Mi hermanita… Era ahora una vampiresa.


•❈•


—¿Quiere alguien explicarme qué demonios está pasando aquí? —exigió saber una alterada Anna. No entendía lo que estaba sucediendo. La casa era un completo desastre y todos parecían igual de inquietos que ella—. ¿Dónde están los inútiles de Yoh y Hao?

—Acaban de bajar con sus padres al sótano… —Manta tragó duro—. Yoh me pidió que te dijera que no bajes. Creo que están tratando un asunto muy delicado.

—¿Todos están ahí abajo?

—…Ahora que lo mencionas, no he visto a Kaoru en todo el día… ¿Sucedió algo malo? —quiso saber Evolet, temiendo lo peor.

Unos pasos captaron la atención de todos. Tamao venía subiendo las escaleras del sótano con un semblante asustado. Los demás se preocuparon al ver que estaba temblando ligeramente y tenía la tez extremadamente pálida. Sus pasos eran torpes, y eso se debía al miedo que se apoderaba de ella conforme pasaba el tiempo. Abrió su boca, como si quisiera decir algo, pero no logró emitir ninguna palabra.

—¿Qué está sucediendo, Tamao? —inquirió la rubia—. Tú has visto lo que está pasando, ¿no?

Tamao empezó a llorar de repente, alarmando a todos. Jun, quien era la más cercana a la muchacha, se apresuró a darle un abrazo. Quería transmitirle paz con aquella acción, que se sintiera segura. Hacerle saber que todo saldría bien, independientemente de lo que estuviera pasando abajo.

—Kaoru… —decía débilmente, entre sollozos. Cada uno de los presentes temía lo peor—. Ella… Fue atacada por un vampiro.

—¡¿QUÉ?! —exclamaron todos al unísono.

Eso era imposible. ¿Acaso la joven decía la verdad?

—Tamao, con eso no se bromea —susurró Pilika, al mismo tiempo en que sonreía nerviosa.

—No bromeo —Jun la llevó al sofá más cercano para que pudiera sentarse, pues parecía que estaba a punto de desmayarse—. El señor Mikihisa la encontró detrás de unos arbustos, no muy lejos de la casa. Aún estaba consciente cuando él llegó, pero no pudo identificar a su atacante. Luego de eso, se desmayó y él la trajo corriendo hasta aquí… Están tomando ciertas medidas de precaución para que no le haga daño a nadie, pero no podemos acercarnos —comentó con tristeza—. Todos están muy afectados —reconoció.

—No es para menos —añadió Len.

En ese momento, y sin que nadie lo notara, Evolet comenzó a inquietarse. Recordó esa conversación entre Ashil y Jeanne que había podido escuchar a escondidas. Se sabía que los Asakura eran shamanes con grandes poderes… Tal vez, por esa razón la habían convertido. Sin embargo, aquello podía no ser del todo cierto; pues, al parecer, la prioridad de Darkar eran los gemelos Asakura, no los demás miembros de la familia. Quizá fue un descuido de algún otro vampiro del séquito de Darkar. No podía determinar con exactitud el motivo por el cual habían transformado a la menor en uno de esos temibles chupasangres. Igualmente, no importaba si Kaoru ya no era del todo humana. Incluso si ella terminaba siendo un vampiro, sabían que seguiría siendo aquella chica divertida que habían conocido.

…Bueno, tal vez tendrían que tener un poco más de cuidado durante los primeros días. Los instintos vampíricos eran un asunto muy serio.


•❈•


Darkar estaba a punto de explotar. No podía creer que alguno de los suyos hubiera metido la pata hasta el fondo con ese pequeño acto de descontrol. Todos los que estaban al mando del vampiro mayor temieron por su vida, ya que se notaba a leguas lo enfurecido que estaba en ese momento. Se llevó una mano a sus sienes, como si en serio pudiera sufrir de un dolor de cabeza interminable y estuviera buscando cómo aminorarlo.

—Esto es inaudito… ¿Cómo es posible que esté rodeado de ineptos? —soltó Darkar, sin dejar de sobarse las sienes. Jeanne soltó una risita; al darse cuenta de ello, se llevó una mano a la boca, asustada de que su amo la hubiera escuchado—. Ah, así que fuiste tú. Debí sospecharlo desde un principio.

—¡Le juro que no fui yo, amo! —exclamó ella con temor.

El líder del séquito se quedó esperando durante un momento, dándole tiempo al culpable para que admitiera su error. Sin embargo, cada uno seguía sumido en sus pensamientos.

—¿Ahora resulta que nadie lo hizo? Saben lo mucho que detesto que no sigan mis instrucciones al pie de la letra… Bueno, si nadie cometió esa falta, no me dejan otra opción. Espérenme un momento.

Darkar se dirigió a otra habitación, no sin antes amenazar a sus seguidores para que no se movieran de su lugar. Se detuvo ante una repisa de madera, la cual contenía diversos juguetes que usaba en casos de emergencia… Como en esta ocasión, ya que nadie quería soltar la información que necesitaba. Tomó lo que buscaba y regresó hasta la sala. Se sorprendió al ver que cada uno de sus súbditos seguía en el mismo lugar, esperándolo pacientemente. Por lo menos, habían respetado la reciente orden que les dio… Hubiera sido el colmo si no lo hicieran, pues sabían que el castigo sería mucho peor.

—Les daré una última oportunidad… ¿Quién lo hizo?

Nada. Absoluto silencio. Darkar sonrió sádicamente. Pensaba que en verdad sus seguidores no podían ser más lamentables, pero al menos se divertiría un rato.

—Está bien, ya que no me dejan otra alternativa… —vio a cada uno de sus aliados, sin poder decidirse quién sería el primero en pasar por su interrogatorio. Se dedicó a pensarlo por unos segundos, hasta que finalmente encontró al indicado—. John, ven aquí.

El joven rubio tragó duro, mas no dudó en obedecer a su amo. Se acercó a paso lento, tratando de ocultar todo rastro de nerviosismo.

—Siéntate —le señaló una silla que había en medio del cuarto. John se sentó, mientras esperaba que su jefe no fuera a hacerle pasar un mal rato—. Muchas gracias por ofrecerte como voluntario para el interrogatorio, John.

Darkar se rio de su propio comentario, pues sabía que él mismo había obligado al joven Denbat para que sirviera como su conejillo de indias. Esperaba que, cuando los demás observaran el destino del muchacho, decidieran hablar de una vez por todas.

—Primero empezaré con un par de preguntas. No te sientas presionado, pero… sabes que el silencio no es una buena opción, ¿verdad? —su malévola sonrisa se acentuó, al ver que el otro vampiro asentía con nerviosismo—. Excelente. Veamos… ¿Dónde estabas el día de hoy a las diez de la mañana?

—Estaba actualizando el registro de los aparatos de tortura que tiene. Tal y como usted me lo pidió.

—Vaya, por lo menos eres consciente de tus responsabilidades —comentó un sarcástico Darkar, al tiempo en que se paseaba de un lado a otro en la sala de estar. Los demás vampiros lo observaban, temiendo por sus vidas—. ¿Sabes por qué estoy furioso? ¿Por qué estoy haciendo todo esto?

—L-La verdad no, Lord Darkar.

—…Alguien cometió el insólito error de convertir a esa niña… la Asakura —siseó con furia. Sus ojos azules parecían echar chispas por lo enojado que estaba—. Creí haberles dicho que estaba TERMINANTEMENTE PROHIBIDO atacar a cualquier otro miembro de esa familia.

—Mi señor, le juro que no fui yo —tembló John, sin molestarse en seguir ocultando su pavor.

—Tal vez no fuiste tú, pero… sé que sabes quién lo hizo. Es más, todos aquí lo saben. Todos, menos yo; y eso no puede ser posible. Después de todo, soy su líder. No pueden ocultarme nada… No deberían.

Hizo una pausa nuevamente.

—¿Me dirás quién lo hizo, Denbat?

—No sé nada, amo. Se lo juro.

Darkar les mostró el objeto que tenía en sus manos. Tenía el aspecto de una espada muy lujosa. Se trataba de una cimitarra, cuyo borde lucía muy afilado. La hoja curva de aquel sable estaba pintada de un color dorado y estaba cubierta por un líquido rojo carmesí. Sabían que aquello era sangre.

—John, dices que estuviste haciendo el inventario de nuestras herramientas. En ese caso, debes de saber qué contiene esto.

—…Tiene un poco de adytheranian —contestó otro vampiro.

—¿Y sabes para qué sirve el adytheranian, Porf? —inquirió Darkar.

El vampiro de la cabeza calva tragó duro antes de responder.

—Es una sustancia que actúa sobre las células del cuerpo, impide la curación rápida de las heridas. Se abre paso a través de estas lesiones y realiza su trabajo en cuestión de segundos. Funciona muchas horas, y en caso de que la cantidad que ingrese al organismo sea demasiada, incluso podría imposibilitar la curación durante días. Al parecer, su efecto se da únicamente en los vampiros.

—¿Les parece si verificamos lo que Porf dice? —propuso con maldad.

Sujetó muy bien la cimitarra y la alzó. El sonido del sable cortando el aire se esparció por toda la sala. John lanzó un alarido cuando sintió un inmenso dolor en su hombro. No paraba de suplicarle a su amo que tuviera piedad de él. Darkar no se detuvo, haciendo infinitos cortes en el mismo punto. Un buen trozo de carne cayó al piso y la sangre no paraba de salir a montones, a través de la gran herida que le provocó el vampiro de cabellos violetas a su seguidor.

—Parece que se te olvidó un pequeño detalle, Porf… El adytheranian también se caracteriza por provocar un intenso dolor en los vampiros —soltó Darkar entre risas—. ¿No es fabuloso? Se supone que los vampiros no deberíamos sentir dolor alguno, pero esta sustancia permite que podamos tener esa sensación… ¿Quieres que continúe cortándote en pedacitos, John?

—Amo, se lo suplico —lloriqueaba el vampiro rubio—. Tenga compasión de mí.

—…Eso es lo que pasa por tratar de ocultarme algo tan grave como lo que sucedió hoy en la mañana —frunció el ceño. Señaló a John con un gesto de repulsión, entretanto el pobre vampiro se sostenía inútilmente el hombro; pensando que, de esa forma, pararía de sangrar—. Si nadie dice nada, todos los presentes sufrirán el mismo destino que su compañero. Así que les preguntaré de nuevo. ¿Quién es el responsable?

Finalmente, el culpable se dignó a hablar.

—Fui yo, amo Darkar —Ashil inclinó el rostro, a modo de disculpa.

—…Ashil… "mi arma secreta". No sabes lo mucho que me has defraudado.

Tomó a Ashil del hombro, causando un escalofrío en el vampiro, pues tenía muy presente la imagen de su amo cortando el hombro de John Denbat. Respiró profundamente en un intento por calmarse, aunque él ya no necesitaba de ese acto tan vital para los humanos.

—Déjenme a solas con Ashil. Es una orden —habló un estresado Darkar.

Los demás asintieron nerviosamente y se retiraron del lugar, por miedo a que su líder fuese a hacer algo que pusiera en peligro sus vidas. Entre Marco y Cebin Mendel se llevaron a John, quien seguía gimoteando. Su mano y parte de la ropa que cubría su torso estaban bañados en sangre. Fueron dejando un rastro de sangre fresca a medida que salían del cuarto. Darkar observó al chico francés de pies a cabeza, para comprobar si el joven estaba en sus cabales. Luego de un momento, liberó a Ashil de su agarre y se dispuso a dirigirse hacia la ventana de la enorme sala. Pensaba que nada llegaría a enfurecerlo tanto, después de que se enteró que su único hijo, sangre de su sangre, se había enamorado de una asquerosa humana.

—¿Por qué lo hiciste, Ashil?

El shaman-vampiro tragó duro.

—…Fue culpa de la Asakura, mi Lord. Desde hace mucho tiempo, el olor de su sangre está tentándome a probarla. Sin querer, terminé inyectándole un poco de ponzoña. Fue así como todo sucedió —trató de excusarse Ashil, aunque en su interior sabía que todo sería en vano—. No puedo evitar sentirme muy atraído hacia ella. Todo lo que le veo me parece exquisito. Estoy fascinado con Kaoru Asakura, y además de…

—No seas imbécil, ya comprobaste que esa mocosa no te hará caso —Darkar lo sacó de su ensoñación. El chico parpadeó, confundido. Notó que la sádica sonrisa de su amo volvía a aparecer nuevamente—. No niego que tiene mucho talento, pero jamás alcanzará el nivel de sus hermanos… Había un motivo muy fuerte por el que no quería que se acercaran a los allegados de esa familia y era para que no estén alerta. Ahora por supuesto que lo estarán.

—Dudo que sea así —no sabía si sus palabras tendrían algún impacto positivo, pero nada perdía con intentar salvar su pellejo—. Estoy seguro, mi Lord, que lo que le ocurrió a su hermana no fue nada grave. Lo dejarán pasar y ni siquiera sabrán que estuvimos detrás de…

—¿Estuvimos? Eso me suena a manada —interrumpió Darkar, mirándolo con seriedad—. Son humanos, lógicamente tienen debilidad por la familia. No nos conviene que sus seres más preciados sufran este tipo de ataques, lo único que vamos a lograr con eso es que tomen precauciones. Si deseo convertirlos en algún momento, necesito tomarlos por sorpresa… ¿Sabes cuál era la debilidad de Aquiles, Ashil?

—¿Sus talones?

—Así es.

Darkar Blair alzó nuevamente la cimitarra y desgarró la piel de Ashil. El joven cayó al piso, gritando de dolor. Su líder le había cortado el tendón calcáneo.

—Deberías agradecer que esta vez te perdonaré la vida —habló con poco interés—. No te preocupes, sólo fue el tendón. Podrás curarte, luego de unos días… —Darkar sonrió con malicia—. Tal vez tu pequeña maniobra haya cambiado el rumbo de mis planes, pero quiero creer que las consecuencias no serán tan malas. Aunque Yoh y Hao Asakura tengan mucha más cautela que nunca, estoy seguro de que no se imaginan por dónde los atacaremos —volteó a verlo, mientras esa sonrisa maliciosa se ensanchaba cada vez más.

Ashil optó por dejar de quejarse y se concentró en cubrir la herida de su talón. Estaba muy nervioso, pues hasta él sentía miedo ante la escena que estaba presenciando. Su amo estaba peligrosamente tranquilo y pensativo.

Por todo el revoloteo causado por Ashil, había olvidado lo que venía pensando desde su último encuentro con los Asakura. Creía tener un vago conocimiento de todos aquellos que eran cercanos a Yoh y Hao, sus tan dichosos amigos. Sin embargo, notó un aura muy peculiar en esa jovencita de cabello azabache y ojos dorados. Unos ojos que se le hacían terriblemente familiares… ¿Podría ser?

—Ninguno de ellos, ni su familia ni amigos, podrán evitar el gran paso de este magnífico plan para deshacerme de todos los humanos y por fin crear mi mundo ideal, en el que sólo podrán habitar puros vampiros.


•❈•


—¡¿Por qué putas la tienen encerrada en un calabozo?!

—Tranquilízate, Hao —le pedí a mi hermano mayor.

Claro que yo también estaba muy preocupado por el estado en el que se encontraba mi hermana, pero no ganábamos nada poniéndonos histéricos y eso era algo que Hao no quería entender. Mis padres habían decidido trasladarla al sótano que teníamos en la casa, el cual fue convertido en una especie de calabozo para este tipo de situaciones. Ellos pensaban que las cadenas no serían lo suficientemente fuertes como para poder detenerla cuando despertara. Estábamos conscientes de que Kaoru sería un poco más fuerte que los demás vampiros recién convertidos… Supuse que era a causa de nuestros genes, la verdad no estaba muy seguro de ello. Cuando nos encontramos con Darkar, mencionó algo acerca de que nuestra fuerza podía deberse a que éramos parte de una de las familias de shamanes más poderosas del mundo. Nunca me gustó que mi familia recibiera semejante título, pues nos dejaba como seres superiores a los demás de nuestra raza, y no sabíamos si eso era cierto o no.

De momento, no teníamos permitido ver a Kaoru, a pesar de que aún se encontraba inconsciente. Nadie podía asegurar que no nos atacaría al despertar… Eso era lo que mi papá decía cada vez que le pedíamos verla. Él y Keiko aseguraban que nuestro olor la volvería loca y su sed aumentaría. No podía imaginarme a mi hermanita menor convertida en una hermosa y temible vampiresa. El sólo pensarlo hacía que me diera piel de gallina, aunque era consciente que, en el fondo, seguiría siendo mi pequeña Kaos.

—Entiéndelo, Hao. Lo hacemos tanto por su bien como por el de todos los demás —confesó Mikihisa con un tono cansino.

—Sé que la tienen apartada para evitar que nos ataque, pero… ¿No les parece demasiado? Se pondrá triste cuando despierte y lo entienda todo.

—No teníamos otra alternativa. Ella estará más segura estando en ese lugar, y los demás también. No hay posibilidad de que pueda escapar —explicó mi papá—. En ese calabozo, ya no serán necesarias las esposas para mantenerla sujeta, debido a que las paredes y los barrotes de la celda contienen poder espiritual apache, el cual está fusionado con un poco de magia antigua —el semblante de Mikihisa reflejaba lo cansado que se sentía, y era bastante obvio que también estaba intranquilo por Kaoru. Ninguno de nosotros quería que ella sufriera esa terrible transformación—. Gracias a Silver, ahora contamos con cuatro celdas especialmente fabricadas por si vuelve a ocurrir este tipo de incidentes de nuevo… Parece algo cruel, lo sé. Sin embargo, es esto o poner en riesgo la vida de los demás.

—…En pocas palabras, si alguno de nosotros se convierte también… —hice una pausa, pues ya sabía cuál sería su respuesta.

—Tendríamos que encerrarlo ahí. Lo lamento.

No pasó mucho tiempo antes de que mi gemelo volviera a hablar.

—Aun así… pienso que Kaoru se sentirá sola ahí dentro.

—No se preocupen por eso —nos tranquilizó—. Su madre y yo podremos visitarla, pueden estar tranquilos.

—…Sólo nos queda confiar en que ella saldrá adelante de esto —le dije a mi gemelo, luego de suspirar—. Si lo que ella necesita es mantenerse alejada de la sangre, pues la ayudaremos con eso.

—Pobre Kaos —soltó él, mientras acariciaba la cabeza de Yami con lentitud. El espíritu acompañante de Kaoru se había acercado a él cuando se percató de su estado de ánimo, como si quisiera consolarlo—. ¿Y tú, Yami? ¿Tú sí podrás estar con ella? ¿Podrías avisarnos si necesita algo en cualquier momento?

El pequeño espíritu asintió con la cabeza.


•❈•


Los días pasaron con rapidez, hasta que finalmente mi hermana despertó. Estuvo en un estado de inconsciencia alrededor de tres días, mientras su organismo trataba de adaptarse a los nuevos cambios que conllevaba la transformación vampírica. Seguían sin dejarnos verla, a pesar de todo. Teníamos que colaborar lo más que pudiéramos, aunque fuera con algo tan simple como lo era mantenernos alejados de ella. Finalmente, Mikihisa accedió a nuestras peticiones… Bueno, más o menos. Seguimos a papá por ese largo pasillo hasta llegar a donde se encontraba el calabozo. Lo único que nos separaba del lugar donde se encontraban las celdas era una puerta de metal, la cual también estaba reforzada con el poder espiritual de Silver y la magia antigua. Ese poder espiritual evitaba que nuestro olor llegara adentro, de manera que no podíamos tentarla a que bebiera de nuestra sangre. A la par de la puerta, habían construido una pequeña ventana, donde podíamos ver el interior de aquella deprimente habitación.

Kaoru se encontraba acostada en el piso, en la segunda celda del lado izquierdo de la habitación. Yami estaba sentado junto a ella, viéndola con una gran tristeza. Esperaba que su compañía sirviera para que ella no se sintiera tan sola en estos momentos. El conejito amarillo de largas orejas jaló cariñosamente uno de los mechones de cabello de mi hermana, intentando advertirle que tenía visitas. Kaoru se sobó el lugar donde sintió el suave tirón… Anteriormente le hubiera dolido, si aún fuera humana. Fue entonces cuando se percató de lo que su espíritu acompañante trataba de decirle.

—Oh, hola —soltó, sorprendida por nuestra llegada. Seguía tumbada en el frío piso, pero aun así nos veía fijamente a los ojos—. Vaya, no esperaba que vinieran a verme.

—No digas eso —le contesté tristemente. ¿Acaso creía que no veníamos a visitarla porque simplemente no queríamos?—. Hemos hecho hasta lo imposible por venir a verte antes.

—Lo sé —admitió ella, fingiendo una sonrisa—. Jamás pensé que así se sentiría ser un vampiro. Es agotador.

—Lo sentimos mucho. Ojalá hubiéramos llegado a tiempo para impedir que te transformaran —enunció Hao con un dejo de tristeza.

—No es culpa suya —su sonrisa se volvió un poco más amigable—. De hecho, no fue culpa de nadie. Sólo del vampiro o vampiresa que me transformó.

—¿Recuerdas algo de tu atacante? —lo menos que podía hacer era ayudarla a encontrar al culpable de todo esto—. ¿Su aspecto? ¿Su espíritu acompañante? ¿O era un vampiro purasangre?

—¿Un purasangre? —repitió Kaoru con extrañeza. Comenzó a reírse casi al instante, causando que nos relajáramos visiblemente—. ¿Qué rayos es eso? No me digan que hasta los vampiros tienen clases sociales, como los purasangres y los… ¿Qué? ¿Sangresucia? —comentó entre risas.

—No tengo la culpa de que se les diga así —me encogí de hombros—. Hemos estado investigando por nuestra cuenta, entretanto esperábamos que despertaras y pues, fue una de las cosas que descubrimos. Al parecer, esa es una de las maneras en las que llaman a los vampiros que no son shamanes. Únicamente son vampiros… Ah, esto es tan confuso —admití entre risas. Ella asintió—. Pensándolo bien, dudo que a ti te haya convertido un purasangre. No creo que en esta aldea anden rondando tantos vampiros de ese tipo. Estoy casi seguro que todos los vampiros de la aldea siguen teniendo los mismos poderes que tenían cuando aún eran…

—¿Humanos? —adivinó ella, mostrando una leve sonrisa—. Esto es tan raro. A pesar de verlos con esas ropas y saber que está haciendo un calor de los mil demonios, no puedo sentirlo. No siento frío, calor… Nada. Tampoco siento dolor, eso lo comprobé hace unos momentos —comentó, mirando levemente a Yami—. Creo que será fácil acostumbrarme a esto… Bueno, supongo que este lugar debe tener algo especial para que ustedes estén hablando conmigo tranquilamente.

—Está reforzado con una combinación del poder espiritual apache y… creo que es magia antigua. Quizás es algún conjuro creado por los apaches —el Espíritu del Fuego apareció en su forma miniatura, posándose sobre la cabeza de Hao por si algo malo ocurría—. Eso es para que no puedas escapar de este lugar, por si en algún momento de locura se te antojara salir al exterior, y esta puerta que ves aquí, tiene un poco de esa combinación bizarra. Es por eso que no sientes nuestro olor a sangre.

Si mis padres no me hubieran dicho que mi hermana era ahora una vampiresa o de no haber visto la mordida de su atacante en su cuello, lo más probable era que no me hubiera dado cuenta. A simple vista, seguía siendo la misma; mismo color de cabello y mismos ojos. Anteriormente su piel era blanca; ahora era increíblemente pálida, como si estuviera enferma.

—¿Cuántos días tendré que estar aquí encerrada? —preguntó Kaoru—. No creo que me tengan en esta extraña prisión durante toda la eternidad.

—No sabemos con exactitud, pero creemos que sólo será por unos días más. Hasta que puedas controlar tu sed de sangre.

—Ah… En ese caso, permaneceré aquí por siempre —sonrió sarcásticamente, dejándome observar sus puntiagudos y blancos colmillos.

Kaoru estaba un poco dolida. Claro, yo también lo estaría si me dejaran encerrado en aquella tétrica celda. No obstante, parecía comprender que ella se encontraba ahí para evitar que lastimara a alguien más.

—Suficiente plática por ahora —mamá forzó una sonrisa, a la vez que nos obligaba a ponernos de pie. Habíamos estado todo el rato sentados, observando a nuestra hermana desde la ventanilla—. Ya es tarde y necesitan dormir.

—Además, su hermana necesita alimentarse.

Mikihisa traía una bolsa negra en sus manos.

—¿Qué llevas ahí? —inquirió un curioso Hao.

—Bolsas con sangre de animal… No creo que quieran ver esto. Puede ser un tanto desagradable para ustedes.

—¿Sangre de animal? —repetí con extrañeza.

En ese momento, había olvidado la investigación que había hecho mi tío unos meses atrás.

—Es para aplacar sus deseos de beber sangre humana. Es parte del proceso para adaptarse a su nueva forma vampírica —hizo una breve pausa—. Será mejor que se vayan de aquí, esto no será grato de ver —Mikihisa mostró una sonrisa—. Además, es tarde. Ya casi es medianoche y mañana hay escuela.

—No, ya no hay escuela —le informé—. La suspendieron hasta nuevo aviso, porque varios alumnos estaban siendo convertidos o asesinados por vampiros. No querían que los demás tuviéramos la misma suerte.

—Ya veo.

Kaoru se mostró ligeramente sorprendida por los sucesos que se había perdido durante los días de su transformación que aún no acababan.

—Seguiremos hablando por la mañana… O por la tarde, dudo que se despierten temprano —Miki se echó a reír suavemente—. A veces pienso que podrían competir con un koala.

—¡Hey!

—Sólo estaba bromeando —tomó la bolsa con cuidado, como si temiera que pudiéramos ver su contenido—. Que descansen.

—Buenas noches.


•❈•


Finalmente, mi hermana salió de esa horrible celda. Fue más pronto de lo que pensábamos, ya que sólo estuvo encerrada diez días. Keiko decía que se debía a que ella no era un purasangre, sino una shaman convertida en vampiro; así logró controlar su sed mucho mejor que un vampiro normal.

Como mi hermano y yo habíamos estado platicando con ella durante esos días, ya no teníamos tanto miedo de lo que pudiera llegar a pasar. Además, las palabras de mamá nos habían tranquilizado. Sin embargo, los otros… Intentaban que no se notara, pero ellos sí le temían un poco. Nos dedicamos a hacerle entender a los demás que seguía siendo la misma de siempre. Únicamente Annita y Evolet se acercaban a ella con toda la confianza del mundo, como si estuvieran seguras de que Kaoru no las lastimaría, cosa que me tranquilizaba un poco. No quería que mi hermanita se sintiera mal por todo esto.

—No soy un monstruo, ¿o sí? —musitó ella, siendo escuchada únicamente por mi persona.

—¿Qué…? ¿Por qué dices eso? ¡Por supuesto que no! —le aseguré. Me alarmé al escucharla decir eso. Ella no era ningún monstruo—. No digas eso, Kaos —suspiré—. Escucha, ahora no eres del todo humana, es verdad. Sin embargo, eso no quiere decir que seas una aberración. Tal vez los chicos sientan un poco de miedo al verte, pero eso es porque no saben cómo reaccionar ante tu nueva naturaleza. Aún no logran asimilarlo del todo.

Me gustaría que volviera a ser la de antes, que ya no fuera una inmortal. Al ver esa mirada triste en su rostro, prometí que encontraría la forma de acabar con esta maldición.

—Soy una vampiresa, Yoh —ella bajó la mirada—. Ahora soy inmortal, tengo una fuerza sobrehumana, bebo sangre…

—No sangre humana —la interrumpí.

Kaoru me miró con cansancio.

—Eso es porque nuestros padres se encuentran aquí. Si no hubieran venido a la Aldea Apache, lo más probable es que ya me los hubiera almorzado a todos —confesó, tristemente.

—Claro que no.

—Sabes que tengo razón —hizo una mueca—. Por eso es que los demás me tienen miedo. Porque luzco diferente… Porque soy diferente.

—Kaos… —sentí que los nervios me traicionarían en cualquier momento. En la vida hubiera pensado que yo tendría este tipo de conversaciones con ella—. No deberías pensar así. Sabes que todos te recuerdan como la enana monstruito fastidiosa que eres —le alboroté los cabellos, al instante en que ella me reclamaba. Reí bajito, pues sabía que se lo decía cariñosamente—. Hablando en serio, sólo es cuestión de que se acostumbren a la idea. Tú no le harías daño a nadie a propósito.

—¿Cómo estás tan seguro de eso? —Kaoru se cruzó de brazos—. ¿Cómo sabes que no intentaré lanzarme directo a la yugular de alguien? Sigo siendo una neófita, por si lo has olvidado. Si de casualidad llego a atacar a alguien, se va a deber a mi… ¿Instinto? Esa no es una justificación.

—Sólo digamos que tengo un buen presentimiento —le dije con una sonrisa—. Deberías tener más confianza en ti misma; si piensas que no atacarás a nadie, entonces no lo harás. Otra razón por la que te puedo asegurar que no le harás daño a nadie es porque ya pasó el plazo en el que un shaman convertido en vampiro, o un "sangresucia", porque veo que te gusta referirte a ellos de esa manera… —ella se echó a reír, mientras desmentía lo que yo había dicho— …aún es incapaz de controlar su sed de sangre. Creo que hasta tendría razón si te digo que tu fuerza ha disminuido un poco, a comparación de lo fuerte que eras el día que despertaste, luego de haberse completado tu transformación. ¿Ahora ves a lo que me refiero? No eres un monstruo y nadie puede decir que lo eres únicamente porque has cambiado en ciertas cosas. Físicamente sigues siendo la misma… Bueno, algo así —quiso darme un suave manotazo. No obstante, como estaba consciente del nuevo nivel de fuerza que tenía, decidí apartarme con rapidez—. ¡Hey! Tengo razón. Deberías admitirlo, te guste o no. También eres igual en cuanto a carácter. Sigues siendo mi monstruito favorito con una seria adicción a lo tenebroso.

—Espero que los demás piensen igual que tú.

—Lo harán —una sonrisa se dibujó en mi rostro cuando se lo afirmé.

—Oh, casi lo olvido… —soltó ella de repente—. ¿Y Hao?

—No lo sé —me encogí de hombros—. La última vez que lo vi fue en la mañana. Me dijo que iba a ir al supermercado o algo así.

Hablando del rey de Roma, Hao entró a la casa, azotando la puerta. Tenía una expresión indescifrable.

—¿Qué sucede? —interrogó mi hermana menor.

—Nada, realmente —soltó un largo suspiro—. Acabo de pelearme con un idiota.

—Pensé que la apuesta te había servido para ser mejor persona y no responder ante las provocaciones —me burlé de mi gemelo, logrando que sonriera de lado.

—Eso se supone, pero… ¿Qué querías que hiciera? ¡Estaba insultando a AeroException en mi presencia!

—Pues no es razón suficiente para que te pongas a argumentar con los demás. Lo sabes de sobra.

—Por favor, como si tú no lo hubieras hecho antes.

Traté de aguantar la risa como pude y Hao lo notó. Sonrió con burla, al ver mi mueca divertida.

—Ya has tenido que hacer eso, ¿verdad?

—Tal vez…

—Qué bueno que no soy fan de ningún cantante, o estaría igual que ustedes —comentó Kaoru, tratando de molestarnos.

Estaba sonriendo un poco, pero la alegría no llegaba a reflejarse en sus ojos. De pronto, se escuchó el abrir y cerrar de la puerta principal. Vimos que Evolet y Anna venían llegando de una salida que seguramente había durado un par de horas. Me sorprendía ver de nuevo a Evolet después de tanto, pues aún seguía algo distanciada de nosotros. Pensé que las cosas se arreglarían luego de haber hablado con Hao, pero no fue así.

—Hola, Kaos. ¿Ya te sientes mejor?

—¿…Supongo? —respondió Kaoru, viendo a ambas chicas con extrañeza.

Ellas se miraron con una pequeña sonrisa misteriosa, antes de volver a ver a nuestra hermana.

—Te hemos traído algo —habló Anna, mientras le tendía un pequeño paquete.

Era una caja de tamaño mediano, el envoltorio era de color naranja y tenía unos pequeños fantasmas haciendo distintas muecas. Un enorme listón negro le daba el toque final al detalle. Tanto Hao como yo estábamos igual de curiosos. Era un gesto muy lindo de parte de las chicas, quienes le sonreían cálidamente a Kaoru.

—…Que yo recuerde aún no es mi cumpleaños —musitó Kaos, algo sorprendida por el detalle—. ¿Qué celebramos?

—¿No es obvio? ¡Saliste de la celda! —insistió Evolet, guiñándole un ojo—. Es razón suficiente.

—En ese caso… ¡Regalo! —exclamó Kaoru, sin poder contener su emoción. Empezó a dar ligeros brinquitos, viendo con una inmensa alegría el presente—. ¿Qué es?

—Pues ábrelo para descubrirlo —indicó Anna, algo divertida.

Abrió la caja con cuidado. Debía de encantarle mucho el envoltorio, porque lo normal sería que desgarrara completamente el papel. Se sorprendió mucho cuando vio su obsequio. Era un pequeño squishy de un osito vampiro. Sin duda alguna, aquello le iba a encantar.

—M-me encanta… ¡Gracias! ¡Gracias! ¡Gracias!

Mi hermana se abalanzó sobre mi prometida y su mejor amiga en un intento por abrazarlas. Las chicas aceptaron gustosas el gesto, tratando de ocultar sus muecas de incomodidad. Quizá Kaoru las estaba dejando sin aire.

—Oye, las vas a matar. Recuerda que ahora tienes una fuerza sobrenatural —advirtió Hao, un tanto divertido por la situación.

—Oh, es cierto —las soltó, permitiendo que volvieran a respirar nuevamente—. Lo siento, chicas.

—No hay problema… Además, es entendible. Sabíamos que te gustaría —confesó Evolet con una pequeña sonrisa—. Está muy bonito.

—¡Sí! ¡Es muy lindo!

—Tenebrosamente lindo —la corregí.

Kaoru se sorprendió un poco al escuchar esa frase que ella solía repetir cuando era más joven.

—…Sí, es tenebrosamente lindo —coincidió, sonriendo divertida—. Muchas gracias por el regalito, lo cuidaré eternamente… Bueno, eso tiene sentido. Ahora soy un vampiro, así que estaré aquí por toda la eternidad —comentó, torciendo un poco el gesto.

—Vamos, no te desanimes. Cuando te sientas triste, recuerda que tienes el squishy y puedes apretarlo. Eso te hará sentir mejor —mencionó Evolet.

—Es que… es tan lindo. No me dan ganas de apretarlo —admitió, mientras un pequeño mohín se formaba en sus labios. Los cuatro nos fuimos de espaldas al escuchar esas palabras—. Siento que, si lo estrujo, se desgastará. Mejor lo mantendré en su empaque y lo sacaré en algunas ocasiones.

Tanto Anna como Evolet negaron con la cabeza, mientras sonreían levemente.

—Hablando de vampiros, aún no sabemos quién fue el que te atacó —recordó Hao, frunciendo el ceño. Luego, se dirigió a mí—. ¿No has tenido alguna visión sobre lo que pasó? Tal vez, así sepamos quién fue el culpable.

Negué con la cabeza. Me sentía frustrado porque mi Uranai no había sido de mucha ayuda últimamente; no había tenido visiones en días. Tanto mi gemelo como yo queríamos averiguar quién había sido el responsable de robarle la mortalidad a nuestra hermana. Sabía que Hao quería desaparecerlo de la faz de la Tierra. Yo, por otra parte, no era partidario de los asesinatos. Aunque había hecho sufrir a Kaoru, ella aún seguía con nosotros. A pesar de que ahora era un vampiro, nada cambiaría nuestra relación fraternal. Siempre sería nuestra molestable hermanita menor.


•❈•


Momentáneamente, en otro lugar un poco alejado de la residencia, Kurozawa se encontraba escondido entre las ramas de un árbol. Tenía una vista perfecta de la casa donde se hospedaban los Asakura.

—Sé que Lord Darkar me matará si hago esto, pero ya no lo resisto —una sonrisa maléfica se formó en sus labios—. Tengo que esperar unos días más y luego podré hacerlo a mi antojo. No importa cuándo, pero quiero ser yo el que tenga el enorme placer de darles esta sorpresita que, sin duda alguna, les encantará. Esto es algo que nadie se imaginará y no podrán evitarlo.

Alguien se asomó a la terraza de esa elegante residencia con el fin de tomar un poco de aire fresco. No era nada más ni nada menos que la chica de cabellos rubios y penetrantes orbes ambarinos. La honorable prometida de Yoh Asakura.

Anna Kyoyama.

Sería interesante que esa muchacha tuviera el mismo destino que la menor de los Asakura, porque también era bastante fuerte. Además, ese carácter tan duro que intimidaba a cualquiera la hacía perfecta para ser una vampiresa. Sin embargo, eso no era parte de los planes… Al menos, no por ahora. Por el momento, debían concentrarse en su próxima jugada.


•❈•


Anna sintió una presencia desconocida. Buscó con la mirada al dueño de esa misteriosa aura. No sabía por qué tenía ese presentimiento de que algo malo ocurriría pronto… En realidad, ese mal presentimiento ya lo venía sintiendo desde antes, y estaba casi segura de que eso tenía que ver con Yoh. Se sobresaltó al sentir otras presencias ajenas a la suya en la habitación.

—Me asustaron… —se molestó por un momento, pues no se había dado cuenta de que Kaoru y Evolet habían entrado a su cuarto—. ¿Qué hacen aquí?

—Te fuiste sin decir nada… Nos preocupamos —le explicó la joven Sakurai, mientras tomaba asiento en una de las cómodas sillas de mimbre que decoraban la habitación—. ¿Estás bien? ¿Sucede algo?

—Sólo necesitaba un poco de aire fresco —confesó la itako—. Aunque creí sentir una extraña presencia hace un par de minutos. ¿Pueden sentirla? —ambas chicas negaron con la cabeza. Anna suspiró, derrotada—. Tal vez sólo fue mi imaginación. Estoy algo estresada.

—Quizá necesites descansar —sugirió Kaoru, a la vez que se sentaba a su lado.

—Bueno, ¿cómo se lo tomaron los demás? ¿Ya dejaron ese ridículo temor a tu nueva naturaleza? —la rubia optó por cambiar el tema.

—Eso creo —Kaoru soltó una pequeña risita—. Luego de que ustedes dieran el buen ejemplo, los demás intentaron imitarlas… Al menos, vamos progresando.

Evolet le sonrió con cariño a la Asakura menor, acariciándole los cabellos.

—Sólo es cuestión de tiempo para que se den cuenta de que no hay nada malo en ti. Sigues siendo la misma, Kaos.

—…Muchas gracias, chicas.

Anna recordó la primera vez que había visto a la hermana menor de su novio. No se despegaba de él por nada; a simple vista, se podía decir que era un poco tímida. La sacerdotisa no era el tipo de muchacha que conversaba abiertamente con todo el mundo. Ella era muy reservada y sólo se abría con las personas que eran dignas de confianza. Después de mucho tiempo, también logró confiar en la Asakura. ¿Por qué? Ni ella misma lo sabía. Tal vez se debía a que, en cierta forma, le recordaba al mismo Yoh. Los dos eran muy buenas personas; justos, amables, optimistas, divertidos… Sí, a lo mejor era eso.

Volteó a ver hacia el lugar donde, minutos atrás, había sentido esa extraña presencia. No había absolutamente nada. Qué extraño, pensó. Quizá sus amigas tenían razón y sólo necesitaba descansar, pero ese sentimiento de que estaban en peligro no la dejaba en paz.

—¿Sabes? Hace unos minutos, Hao me contó que había hablado con Silver…

—¿Silver? ¿Por qué? ¿Acaso le dijo algo sobre su próxima pelea? —sintió que estaba haciendo muchas preguntas a la vez, pero no podía evitarlo.

—Dijo que tuviéramos cuidado con el vampiro de cabellos naranjas y ojos carmesíes que quiso atacarlos aquella vez en Tokio. Al parecer, ha estado muy sospechoso en estos días. Quizás está buscando nuevas presas para saciar su sed por la sangre.

Así que eso era. Anna lo comprendió todo en ese instante. Se trataba de él… Estaban en peligro. Sin permitir que Kaoru continuara hablando, abandonó la terraza rápidamente para entrar de nuevo a su cuarto. Hizo caso omiso de las exclamaciones de ambas shamanes y se concentró en buscar su rosario.

—Anna, ¿qué rayos…? —quiso saber Kaoru, asomándose por la puerta.

—¿A dónde vas? —Evolet intentó detenerla, pero la rubia no se dejó—. ¡Anna!

—¡Chist! Iré a buscar a ese maldito de una vez por todas.

—¿De quién estás hablando? —fue entonces cuando Kaoru lo comprendió todo; la locura que Anna iría a hacer—. ¡Anna! ¿No me digas que es lo que pienso?

—No le digas a Yoh —le pidió ella—. Tengo que encargarme de esto yo sola.

—Por favor, no cometas ninguna locura —le pidió Evolet, mientras la tomaba del brazo, dispuesta a zarandear a su amiga—. ¡Es peligroso!

—Estaré bien, confíen en mí.

Salió de la casa en busca de aquel vampiro. Sabía que había perdido la cabeza al ir sola en su búsqueda, pero ese sentimiento de peligro que la había invadido no le dejaba otra opción. No iba a quedarse de brazos cruzados. Tenía que averiguar de una vez por todas qué era lo que ese maldito chupasangre planeaba hacerle a su novio.


•❈•


Kurozawa pateó una pequeña piedra que se había interpuesto en su camino. Suspiró con derrota, pues aún se encontraba meditando sus actos. Sabía que tomar esa decisión cambiaría un poco los planes de su amo… y eso no lo pondría precisamente feliz. Tenía la soga en el cuello y el tiempo tampoco lo ayudaba. De repente, sintió que alguien lo estaba siguiendo. ¿Quién se atrevía a molestarlo justo cuando andaba en busca de algún shaman débil que le sirviera para calmar su sed?

—Hey, cuidado con esos colmillos —advirtió Anna con seriedad, a la vez que sujetaba su rosario con fuerza.

El vampiro alzó una ceja. Estaba un poco sorprendido, debía admitirlo. ¿Cómo fue que la Kyoyama lo había encontrado? Esta itako no deja de sorprenderme, pensó con sorna. Una sonrisa sarcástica se formó en sus labios sin poder evitarlo.

—¿A qué se debe el honor de tu visita? —quiso saber, aparentando que no sabía el motivo por el cual la joven de cabellos rubios se encontraba en ese lugar.

—¿Qué planeas hacerle a Yoh? ¡Más te vale que lo dejes en paz! —el vampiro soltó una carcajada cuando se dio cuenta que la muchacha estaba defendiendo a su pobre novio—. ¡Hablo enserio! No tengo miedo de usar mi rosario ahora mismo para hacerte pedazos.

—No podrás tocarme un pelo con ese juguetito —fanfarroneó él, después de haberse tranquilizado.

Se acercó a una velocidad sorprendente y la sujetó con fuerza del hombro, impidiendo que se moviera. Anna abrió sus ojos con sorpresa. Quizá debió haberlo pensado mejor antes de cometer esa locura, pero ahora no podía hacer nada. Kurozawa la tenía sujeta del hombro, ejerciendo una presión increíble… Tanto que empezaba a dolerle el brazo. La suave brisa que se había formado durante esos momentos se convirtió en un viento aún más fuerte. Las hojas de los árboles caían por doquier y los niños corrían en busca de un lugar para refugiarse. Ella seguía ahí parada, pues ni el repentino cambio climático parecía asustar a ese insólito vampiro.

—Nada de lo que Lord Darkar tenga planeado hacerle a tu noviecito y a su gemelo es de tu incumbencia. Creo que no es necesario recordarte que nadie podrá detener este gran paso para lograr, de una vez por todas, el mundo ideal que mi amo desea —ejerció mayor presión sobre el hombro de Anna, provocando que la joven soltara un alarido por el terrible dolor que sentía. Se echó a reír al ver que dos espíritus imponentes aparecieron a cada lado de la itako. Decidió soltarla, sin dejar de mirarla con diversión—. Bueno, esta ha sido una plática agradable. Nos veremos luego… Cuando esa parte del plan del que tanto te hablo se haya cumplido.

Retrocedió con lentitud hasta que fue tragado por las sombras del bosque. Anna no podía dejar de mirar, con miedo, el lugar por donde el vampiro se había ido. ¿Qué demonios pensaba hacer? No entendía a lo que se refería. Sin embargo, eso no significaba que se quedaría de brazos cruzados. Tenían que proteger a Yoh y Hao, costara lo que costara.


•❈•


¡Hola! ^^

Ese Kurozawa es todo un misterio, ¿verdad? Me pregunto qué pasará en el próximo capítulo (la que ya lo sabe y finge no tener ni idea xD)

Espero que el capi haya sido de su agrado n.n Si tienen alguna duda, sugerencia o comentario no duden en escribirme.

¡Nos vemos! ^^