Disclaimer: Shaman King y sus personajes no me pertenecen. Son del gran Hiroyuki Takei. Tampoco son de mi autoría algunos lugares, canciones y/o marcas que aparecen aquí. Sólo la trama, personajes propios y lugares ficticios son invenciones mías. Gracias a Sabr1 por prestarme a su OC (Evolet).
Advertencias: lenguaje soez, gore (leve o moderado), y algunos pensamientos obscenos (Rated T).
Género: General. Tiene un poco de todo.
Pensamientos, comunicación por telepatía, recuerdos, sueños.
11
Noche oscura a plena luz del día
Yoh Asakura
Odiaba tanto ese sentimiento de paranoia. Últimamente estaba sintiendo que me perseguían a donde quiera que fuera. No se lo había comentado a nadie, porque tenía miedo de que pensaran que estaba loco o peor aún, que me sobreprotegieran. Ya no era un niño, podía cuidarme solo. Sin embargo, no había día en que no vacilara con decírselo a mi familia y amigos. ¿Y si ese tipo decidía hacerles daño? ¿O sólo tenía interés en mí?
Esa sensación de ser vigilado empecé a sentirla unos días atrás. La última vez que ocurrió fue ayer, justo a las nueve de la noche. Había salido de la casa por un momento, a comprar los víveres para lo que restaba del mes. No quería que nadie me acompañara, quería disfrutar por un instante de la tranquila soledad. Decidí ir en la noche, porque a esa hora era más fácil comprar en el pequeño supermercado de la Aldea Apache, pues la gente generalmente hacía sus compras durante el día… Fui un estúpido, ¿verdad?
Todo ocurrió cuando iba de regreso a casa.
—Amo Yoh, deberíamos apresurarnos —me aconsejó mi fiel espíritu acompañante, Amidamaru—. Es muy peligroso estar fuera a esta hora.
—No me pasará nada —le respondí con una sonrisa, en un intento por tranquilizarlo. En ese momento, era ignorante al peligro que se avecinaba—. Te tengo a ti y al Espíritu de la Tierra. Además, no creo que algún shaman esté merodeando por aquí a esta hora, ¿o sí?
No estaba del todo equivocado. Probablemente, shamanes no, pero apostaría por otro tipo de criaturas nocturnas… El Espíritu de la Tierra se encontraba en su forma chibi, abrazando mi cuello como si de un niño pequeño se tratase. Sus ojos grises brillaban con intensidad. Lo miré, extrañado.
—Él también lo siente —comentó Amidamaru, viendo atentamente cada una de las reacciones de mi segundo espíritu, el cual estaba un poco tenso—. ¿No siente usted una presencia extraña, amo Yoh?
Entonces fue cuando me di cuenta… No estábamos solos. Dirigí mi mirada hacia el pequeño bosque que estaba a unas cuadras de mi hogar. Unos ojos rojizos aparecieron entre las sombras.
—No puede ser… —susurré, abriendo los ojos a más no poder.
Por alguna razón, esos orbes carmesíes se me hacían conocidos. ¿Acaso sería…?
—Aún no es tiempo —pronunció el dueño de esos ojos carmesíes, cuya voz era profunda y no pude reconocer.
Aquellas palabras parecían ir dirigidas a él mismo.
—¿Quién anda ahí? —inquirí, a la vez que sujetaba a Harusame con firmeza.
—Será más pronto de lo que crees…
En ese momento desperté, sintiendo que el corazón iba a salírseme del pecho. ¿Había tenido una pesadilla? Más o menos… En realidad, fue una visión del pasado. Ese encuentro con el vampiro había ocurrido el día anterior, tal y como había mencionado con anterioridad. Si bien mi Uranai me mostraba visiones del futuro, a veces también podía ver el presente o pasado. Las visiones podían manifestarse mientras estaba consciente, o incluso mediante sueños. Intenté levantarme de la cama, mientras recuperaba el ritmo de mi respiración lentamente. En ese instante me percaté de algo. No estaba solo en la habitación.
Un hombre me estaba mirando con una sonrisa siniestra. Era alto y delgado, tenía el cabello rubio y unos penetrantes ojos azules. Oscuras ojeras se asomaban debajo de sus ojos. Sus labios estaban pintados de un color muy tétrico y, por la escasa cantidad de luz, no pude distinguir si eran morados o negros. Tenía una especie de armadura cosida al pecho, cosa que me sorprendió. Vestía una larga bata blanca que estaba abierta, unos pantalones azules, botas negras y una bufanda de color naranja. Su sonrisa se ensanchó al percibir mi miedo. Retrocedí, aún sobre mi cama. ¿Cómo diablos había logrado entrar a mi habitación?
Tranquilo, no va a hacerte daño, oí la voz de mi gemelo en mi cabeza.
Sonaba divertido. Conocía muy bien a mi hermano. Podría jurar que se estaba burlando de mí.
¿Qué te hace pensar eso? ¿Su sonrisa de maniático o su atuendo extravagante?
La puerta se abrió de pronto, dejando ver a Hao recargado en el marco de la misma. Se echó a reír al ver mi expresión de terror. Lo fulminé con la mirada. Esta me la iba a pagar.
—Fausto, será mejor que te alejes de la cama. Mi hermano podría orinarse del miedo… ¡Oye! —exclamó con enfado. Le había arrojado una almohada y le cayó justo en la cabeza—. Sólo estaba tratando de ayudar.
—No me estás ayudando en nada —le respondí, sin dejar de ver al tal Fausto.
Mi hermano suspiró.
—Como sea… Yoh, él es Fausto. Es un viejo amigo de papá y es doctor… Fausto, supongo que no tengo necesidad de presentarte a mi gemelo —se dirigió al doctor con un gesto divertido.
Fausto sonrió de la misma manera.
—Sin ánimos de ofender, pero… ¿Qué hace aquí? —aclaré antes de que hubiera algún malentendido—. Pensé que nadie más podía entrar a la aldea, después de que hubiera empezado el Torneo de Shamanes.
—No vengo a participar en la Shaman Fight si es lo que querías saber —me explicó—. Mikihisa me contactó para conversar sobre el asunto que ha estado afectando a la Aldea Apache.
—¿Los vampiros? —lo miré, asombrado. Fausto asintió—. No me malentiendas, pero… ¿Qué podrías hacer tú en este tipo de situación?
Fausto buscó algo en sus bolsillos, mientras que Hao y yo lo mirábamos con interés. No podía creer que tenía algo que podría ser de ayuda. Sacó un pequeño frasco de color amarillo, el cual agitó un poco para que pudiéramos ver su contenido. Eran unas pequeñas pastillas rojas que tenían un líquido del mismo color en su interior.
—¿Medicina? —Hao fue quien se atrevió a exteriorizar mi sospecha. Fausto negó con la cabeza—. ¿Entonces qué son?
—No son cualquier tipo de pastillas…
Abrió el frasco y sacó una pequeña cápsula. La colocó en su mano al mismo tiempo en que yo me acercaba a él para poder apreciarla mejor. Una vez que mi gemelo y yo estuvimos lo suficientemente cerca, tomó la pastilla y la apretó. El líquido rojizo que observamos anteriormente se extendió por toda la palma de su mano y goteó un poco en la alfombra de mi cuarto. Aquello parecía… No, no podía ser posible, ¿O sí?
—¿Sangre? —a simple vista, lucía como sangre.
Fausto asintió con un dejo de tristeza.
—Se llaman BloodPillex. Uno de mis inventos.
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Nos encontrábamos en la sala de estar, donde Fausto explicaría con muchos más detalles el proyecto en el que aún estaba trabajando. Mikihisa estaba feliz de verlo de nuevo, pues desde que él y Hao dejaron Nagoya, no se habían vuelto a encontrar. Al final, supimos que las BloodPillex aún estaban en modo de prueba, pues no había tenido la oportunidad de comprobar si eran completamente efectivas. El contenido del medicamento no era sangre real –mis amigos respiraron tranquilos al escuchar eso–. Él había logrado crear sangre sintética con tan sólo observar el comportamiento de ciertas sustancias. Si lograban funcionar, los vampiros podrían satisfacer sus necesidades y tal vez dejarían de lado la sangre real, pues contenía los mismos minerales y vitaminas que esta; inclusive el mismo sabor. También reveló que, si todo resultaba tal y como él esperaba, tal vez podría fabricar otros productos para que los vampiros no se sintieran tan agobiados con las cápsulas.
—Eres un genio —lo halagó Horo, admirado por el invento del shaman-médico—. Creo que a nadie se le habría cruzado por la cabeza llevar a cabo algo así.
—Te doy tu mérito —dijo Len con su tono arrogante.
—Me gustaría averiguar si funciona… No obstante, para eso necesito la ayuda de un vampiro recién convertido —explicó Fausto.
—Kaoru fue convertida hace unos días…
Mi hermana fulminó con la mirada al ainu por haber dicho eso.
—Eres un bocón, hermano —lo regañó Pilika—. ¿No te has puesto a pensar que ella no quiere ser un ratón de laboratorio?
A pesar de estar algo molesta, mi hermana pareció entender que su contribución ayudaría mucho a Fausto.
—…Supongo que puedes probarla conmigo —Kaoru suspiró con pesadez.
—Te lo agradezco, pero no. Debe ser alguien que aún no haya probado sangre… O, al menos, alguien que sólo haya bebido una o dos veces como máximo.
—¿Piensas que así podría observarse si logra aplacar la sed del neófito de una mejor manera? —conjeturó Hao. Fausto asintió—. Entonces tendrás que esperar hasta que encuentres a la persona indicada.
—Me temo que la espera no será tan larga —Fausto sonrió tristemente—. El índice de transformaciones vampíricas va en aumento, al igual que la tasa de muertes.
El shaman se acomodó en su asiento y pude percibir que la situación le afectaba enormemente. ¿Le habrá ocurrido algo?
—Eres un muchacho muy perspicaz —Fausto se echó a reír cuando notó que lo miraba fijamente—. Hasta en eso te pareces a tu padre. ¿No solían decírtelo cuando eras pequeño?
—Preferiría no hablar de ello —admití, bajando la mirada hacia el piso.
Me ponía mal recordar todas esas veces en que llegué a escuchar lo mismo, y siempre pensaba en el padre que nunca volvería a tener. Manta puso una de sus manos en mi pierna como señal de apoyo. Le sonreí, asegurándole que me encontraba bien.
—La razón por la que inventé las BloodPillex es porque no quiero que los demás pasen por lo que yo tuve que pasar.
—Fausto… —previno mi padre.
El médico negó con la cabeza, mientras una sonrisa melancólica se formaba en sus labios.
—Esto pasó un tiempo atrás… Creo que Hao tenía unos ocho años, ¿verdad? —mi hermano asintió, un poco inseguro. Tenía la misma expresión de preocupación que Mikihisa—. En ese entonces yo vivía en Alemania, en Heidelberg para ser más exacto, mi ciudad natal —su mirada se clavó en la bufanda anaranjada que llevaba colgada en su cuello. Comenzó a juguetear con ella—. Estaba terminando mi especialidad en cirugía y contaba con la ayuda de Eliza, mi novia. Ella estaba dispuesta a permanecer a mi lado y ayudarme con los pacientes que tendría que atender algún día. Pensábamos mudarnos a Hamburgo o Berlín y poner una clínica allá. Ya lo teníamos todo planeado, incluso un par de amigos de la universidad se habían ofrecido para ayudarme a establecerme en cualquiera de los dos lugares, pero… Hubo algo que detuvo nuestros planes. Jamás nos imaginamos que Hans Reiheit, uno de seguidores de Darkar, se enamoraría de Eliza. Ella trató de decirle de la mejor manera que no correspondía a sus sentimientos, pero el entonces shaman no lo tomó muy bien. Juró que aquello no se quedaría así y se fue de la ciudad. No volvimos a saber de él, hasta un par de años después.
—¿Qué pasó con ella? —inquirió Keiko.
Parecía que ya tenía una idea de lo que le había pasado a la novia del alemán.
—Nos mudamos a una pequeña ciudad en Tréveris, donde casi no había habitantes. Vivimos ahí durante dos años, mientras pensábamos en buscarle una solución a nuestro problema. Teníamos miedo de que Hans regresara y cumpliera con su amenaza. Todo iba bien… Hasta que empecé a escuchar rumores extraños acerca de mi novia. Al parecer, creían que Eliza era una vampiresa y temían que asesinara a todos los habitantes de la ciudad. Varias veces intenté hacerlos entrar en razón, pero nada funcionaba, así que casi no salíamos de casa para evitar problemas. Tampoco permitía que ella fuera a abrir la puerta cuando algún vecino se acercaba a pedirme algo. Fue muy doloroso para los dos… y todo se complicó cuando, un día, los vecinos hicieron de las suyas. Aprovecharon que yo había salido por unos cuantos minutos, entraron a la casa y la asesinaron. Mataron a mi Eliza —Fausto tragó duro, como si tuviera un nudo en la garganta. No necesité voltear a ver a los demás para saber que escuchaban atentamente su historia—. Con el transcurso de los años me enteré que, quien había esparcido los rumores en la ciudad, había sido el mismo Hans. Planificó con muchos detalles el asesinato de mi amada Eliza.
Hubo un silencio general bastante incómodo. Los muchachos veían con algo de lástima a Fausto, mientras que las chicas no pudieron ocultar su sensibilidad y estaban lagrimeando a causa de la tragedia.
—Recordé que mi abuelo solía contarme historias acerca de Johann Fausto I, mi ancestro —prosiguió el shaman alemán—. Gracias a sus apuntes, logré dominar el arte esencial de la necromancia. Sin embargo, no logré devolverle su cuerpo original a Eliza y fue entonces que decidí rendirme. Sólo su alma permanece a mi lado y se ha convertido en mi espíritu acompañante. Si bien Eliza nunca fue un vampiro, esas pastillas las inventé para demostrar que no todos los vampiros convertidos son malos. Todos merecen una oportunidad… Ella la merecía.
Todos estaban intentando asimilar la historia contada por Fausto. Así que uno de los seguidores de Darkar había planeado el asesinato de Eliza, años atrás… Estaba claro que no lo había hecho por su cuenta. Darkar lo había ayudado, según las investigaciones de Fausto. ¿Cómo era capaz de cometer atrocidades como esa?
—Oh, Fausto. Lo siento tanto —Keiko se arrepintió de haberle preguntado sobre lo acontecido a su difunta novia. Mi padre la abrazó de la cintura, atrayéndola más hacia él en un intento por consolarla—. No debí haber preguntado.
—Tú debes ser Keiko, ¿verdad? —mi madre asintió ligeramente. Fausto esbozó una sonrisa sincera—. Tantos años que pasé diciéndole a Mikihisa que fuera a buscarte y hacer las paces, pero el muy testarudo nunca quiso hacerme caso.
—¡Oye! No me hagas quedar mal frente a mis hijos —rio nerviosamente al sentir la mirada seria de Hao.
—No necesitas la ayuda de Fausto para eso, papá —habló mi gemelo, siendo irónico.
Miki lucía muy nervioso, y lo entendía a la perfección. Conocía perfectamente a mi hermano como para saber que era muy rencoroso. Aún no podía perdonar a nuestros padres por lo que pasó.
—Pensé que ya lo habíamos superado —mi gemelo negó con la cabeza, a la vez que torcía el gesto—. ¡Por todos los espíritus! ¿Qué quieres que haga para que dejes de guardarme rencor?
Mi hermano pareció pensarlo durante unos breves segundos, hasta que una sonrisa escalofriante se dibujó en su rostro. De pronto, pude percibir un ambiente pesado en la habitación.
—Quiero el nuevo álbum de AeroException.
—Oh, pensé que me pedirías algo más costoso.
—…El nuevo álbum sale dentro de unos meses, pero… Según los rumores, la versión limitada saldrá a fines de este año. También quiero eso.
—¿Limitada? ¡Eso debe costar una fortuna!
—Yoh también las quiere —agregó, sonriendo con inocencia.
No pude evitar reírme al ver el gesto de Mikihisa.
—¡¿Qué?! ¿Acaso no saben el significado de compartir?
—No —respondimos al unísono.
—…Cometí un grave error al dejarte solo el día en que lanzaron el primer video de ese grupo —suspiró con pesadez.
Los demás se rieron al ver una de nuestras típicas escenas familiares.
—A todo esto, no les he presentado a mi Eliza —Fausto sonrió con tristeza.
Hizo acto de presencia una mujer alta y elegante. De largos cabellos rubios, ojos azules y tez blanca. Tenía puesto un vestido rosa pálido, el mismo tono de sus labios. Enlazó su mano con la de Fausto en señal de apoyo. Todos se acercaron a saludar amablemente al espíritu… Tenía que ser sincero, era muy hermosa. Esperaba que Anna no estuviera espiando en mi mente justo en este instante.
—¿Estás bien, Yoh? —mi hermana se me acercó con cara de preocupación.
Parpadeé perplejo al ver su gesto, pues no me había dado cuenta que quizá me veía un poco consternado. Mi pesadilla-visión del pasado aún estaba muy presente en mis pensamientos.
—¿Por qué lo preguntas? Por supuesto que estoy bien —mentí.
—¿Seguro? —insistió ella.
Demonios, me conocía tan bien.
—Sólo fue un mal sueño, nada del otro mundo —comenté por lo bajo para que me dejara en paz, y que los demás no me oyeran, claro estaba.
Por supuesto, las cosas no salieron como yo lo esperaba. Un par de oídos, que poseían una agudeza mayor a la de cualquiera de los presentes, alcanzaron a escucharme.
—¿Mi bebé tuvo un mal sueño? ¡Aww! Ven aquí, mi vida.
—¡Mamá! —exclamé, sintiendo que los colores subían a mi rostro.
Inmediatamente, todos rompieron en risas, incluso mi hermano. Lo fulminé con la mirada, a la vez que sentía que empezaba a faltarme el aire, pues Keiko me abrazaba con su fuerza sobrenatural. Ahora que lo pensaba… ¿El rubor se debía a la vergüenza que sentía en ese momento, o era por la fuerza descomunal de mi madre?
—Amor, vas a matar a nuestro hijo —Mikihisa soltó una risa nerviosa, mientras me señalaba.
—¿Qué…? ¡Lo siento, Yoh! —me liberó sin nada de cuidado.
Caí al piso estrepitosamente, pero eso era lo que menos importaba en ese momento. Empecé a toser con fuerza, sintiendo que no lograba recuperar el oxígeno que había perdido.
—¡No respirooo!
—No seas exagerado, hijo —Keiko rio con nerviosismo—. Bueno, volviendo al tema, cuéntale a mami lo que soñaste.
—Mamaaaa —le recriminé entre jadeos, mirándola con los ojos entrecerrados por el tono de voz que usó conmigo… Qué pena. Una vez que sentí que podía respirar con normalidad, le respondí sin entrar en detalles—. Ah, no fue la gran cosa. Fue algo que pasó hace unos días. Nada importante.
Mi secreto no iba a permanecer oculto por mucho tiempo.
—Claro, casi nada… Sólo te encontraste con uno de los seguidores de Darkar y nos lo ocultaste —Anna se acercó a mí, más seria de lo normal.
No pude evitar ponerme nervioso. A pesar de que ahora éramos novios, aún tenía miedo de algunas de las actitudes de mi prometida. Todos tornaron el gesto. Vi caras de preocupación y enojo, como las de mi familia y mi novia.
—¿A quién te encontraste? —inquirió Hao, cruzándose de brazos.
El Espíritu del Fuego se materializó a su lado, mostrándose curioso.
—…Kurozawa —lo nombré entre susurros.
Un silencio incómodo se formó durante unos breves segundos. Noté que tanto Kaoru como Evolet voltearon a ver a Anna con un dejo de nerviosismo. Como si supieran que el volcán activo que era mi novia fuera a estallar en cualquier momento. Mi prometida apretó tanto los puños como sus labios, los cuales se pusieron blancos, y mi hermano… parecía ligeramente asustado. Podía entenderlo a la perfección, después de lo que habíamos vivido en Tokio.
—Mencionó algo acerca de que sería más pronto de lo que creía…
—Maldito —soltó Anna con frustración, dejándose caer en uno de los sillones.
Nos quedamos en un extraño silencio por unos momentos. Cada uno estaba sumido en sus pensamientos, tanto que no nos dimos cuenta que la puerta se había abierto.
—¡Hola a todos! Sentimos no haber aparecido durante estas semanas, nuestra estadía en China se alargó más de lo que esperábamos —venían llegando los padres de Len, quienes viajaron a China para atender unos asuntos de negocios. Aparecieron en la sala de estar con un montón de maletas. Sin embargo, callaron abruptamente cuando se percataron de que estaban interrumpiendo algo muy delicado—. ¿Qué sucede?
—Larga historia, mamá —musitó Len, soltando un suspiro.
Jun se encargó de poner al tanto a sus padres de lo que había pasado, mientras yo intentaba ordenar las ideas en mi cabeza. ¿A qué se refería Kurozawa con eso? ¿Por qué tenía tanto interés en nosotros? ¿De verdad quería que trabajáramos para Darkar? ¿Sería cierto aquel parloteo sobre nuestros poderes?
—Por los Grandes Espíritus, Keiko. ¿Cómo es posible que esto esté pasando? Tienen que ser más cuidadosos a partir de hoy, no sabemos qué puede pasar.
En Tao intentaba calmar a su esposa con un abrazo, pero no lo lograba.
—Sabía que algo andaba mal desde que ese patán de Darkar se acercó a nuestra casa.
Keiko mantenía su vista fija en el piso. Conocía perfectamente ese gesto. Estaba enojada… No, ese término se quedaba corto a comparación de lo que sentía en esos momentos.
—Tranquila, mamá —intentó calmarla Hao, quien se ganó una mirada colérica de parte de ella.
—Escúchenme bien. A partir de ahora, no saldrán de esta casa si no los acompaña alguno de los que estamos aquí. Va para los dos. ¿Quedó claro?
—¡¿Qué?! ¡Ni que fuéramos unos bebés!
—Dije… ¿QUEDÓ CLARO?
—Sí, mamá —mi hermano se encogió en su asiento, algo asustado, abrazando a la versión en miniatura de su espíritu acompañante.
Sin previo aviso, oímos un pitido familiar. Nuestros oráculos virtuales habían comenzado a sonar minutos atrás y nadie les había puesto atención por importarles más mi tonto sueño. Hao soltó al espíritu rojizo y se levantó en busca del suyo. En este momento, no me encontraba tan bien como para pelear. Todo ese asunto de Darkar y sus aliados me tenía más paranoico de lo normal. Sólo recordaba haberlos visto después de nuestra primera batalla y se veía complacido con los resultados de esta.
—Ojalá seamos nosotros. Sólo hemos peleado una vez y es aburrido estar tanto tiempo sin hacer nada —admitió Evolet, quien tenía su mentón recargado en la palma de su mano y lucía bastante aburrida.
Ni siquiera se había molestado en ver su propio oráculo, el cual era rosa claro.
—…No somos nosotros —negó Hao, volviendo a la sala de estar—. Hace casi un mes que inició el torneo con nuestra batalla como apertura, pero no hemos vuelto a recibir ningún mensaje.
—Entonces, ¿quiénes pelearan y cuándo? —Horo-Horo se dedicó a ponerle toda la atención del mundo a mi gemelo.
—Dentro de tres días volverán a pelear ustedes, Mortal Kombat —respondió con una sonrisa burlona.
—¡Que somos Xtreme Fatality! —lo corrigió Kaoru, haciendo un ligero mohín.
—Sigo pensando que es un nombre tonto —dictaminó Len—. Hubiera sido mejor que nos llamáramos como lo propuse.
—En tus sueños, cabeza de aguja.
—¡¿Qué dijiste, Horokeu?!
Nuevamente, ignoré las disputas de mis amigos. Estaba más nervioso a causa de lo que había pasado el día anterior. Quizá debería estar preocupado porque no volvimos a tener un enfrentamiento desde esa primera vez, pero todo eso de Darkar y sus planes me tenía muy inquieto. ¿Acaso la conversión de Kaoru en uno de esos pálidos seres era parte de sus objetivos? ¿Qué tenía que ver ella en esto? ¿Habían convertido a mis padres por la misma razón? Tenía serias dudas de que lo hubieran hecho únicamente para molestarnos… O tal vez sí, mas tenía la ligera sospecha de que había un motivo mucho más oscuro detrás de todo esto.
—Es hora de ir a entrenar, Yoh —Anna traía en sus manos una bolsa de dudoso contenido. Supuse que contenía pesas de más libras a las que estaba acostumbrado. Suspiré con tristeza—. No pongas esa cara. Sabes de sobra que mis entrenamientos te ayudan muchísimo.
—Es tan genial entrenar por tu propia cuenta —comentó Hao.
No pude evitar mirarlo con odio, pero la victoria le duró muy poco.
—¿Pensaste que me olvidaría de ti, cuñado? —mi prometida soltó una risita cruel, a la vez que dejaba caer otra bolsa en las piernas de Hao—. Eso no es todo. Los chicos les harán compañía, ya saben que no pueden andar solos a partir de hoy.
—Ahora resulta que necesitamos guardaespaldas —resopló mi gemelo.
—¿Qué? ¡Ni loco! Como si no tuviera suficiente al entrenar con la histérica de mi hermana —se quejó el ainu, hasta que sintió el aura oscura de Pilika crecer detrás de él—. Era broma, hermanita. Amo tus entrenamientos… No sabes cuánto me encanta entrenar contigo hasta no poder más. Seguramente el entrenamiento de Anna ni siquiera se compara con el tuyo.
Me quedé pálido al escucharlo.
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—¡YO Y MI BOCOTA!
Anna había decidido que tuviéramos el más peligroso de los entrenamientos. ¿Estaba exagerando? Por supuesto que no. En este momento, me correspondía a mí enfrentarme a los obstáculos que nos había puesto. Estábamos en el bosque que se encontraba cerca de nuestro hogar. Si se prestaba la debida atención, se podía escuchar el sonido relajante de una cascada a lo lejos del lugar. Un verdadero paraíso, dirían…
Sí, claro…
Había ocho troncos de árboles que se balanceaban de un lado a otro, colgando de cuerdas muy frágiles. Al pasarlos, debía correr sobre lava ardiente, mientras evitaba unos picos de madera que bien podrían abrirme agujeros por el cuerpo. Luego, el suelo se abría y aparecía una plataforma enorme que subía y bajaba con armas de todo tipo y tamaños diferentes, que se activaban al tocarlas; para no activarlas, debía saltar en pequeños soportes de acero que no tenían nada peligroso. Después de pasar esta trampa, debía enfrentar a Zenki y Goki, los guardianes demonio de Anna… Oh, y lo mejor –que se note mi sarcasmo– era que todo eso debía hacerlo con los ojos vendados.
—Por los Grandes Espíritus… —Evolet vio con un gesto cansino a su mejor amiga. Debió sentir pena por nosotros—. ¿No te parece que exageras, Anna?
Annita sonrió de lado y un brillo de maldad invadió sus ojos.
—Escúchenme… —nos llamó la atención—. Ya que mi querida amiga insiste, cada uno tendrá quince minutos para terminar. De no ser así, serán mil quinientas sentadillas como castigo.
—¡Un momento! —la detuvo ella, sonrojándose de la vergüenza—. No fue lo que quise decir…
—¿Prefieres que sean diez minutos? ¡Buena idea! —Anna volvió a disminuir el tiempo.
—Oye… —Kaoru miró a Evolet con pena ajena—. Sé que no es tu intención, pero lo estás empeorando. Mejor cierra la boca.
Nuestra amiga no cabía en sí misma de la pena. Nos pidió disculpas con la mirada. Sonreí levemente para hacerle saber que no pasaba nada… ¿Que si estaba nervioso? Claro que lo estaba, esta vez Anna se había pasado. Había recibido todo tipo de entrenamientos ideados por mi prometida: darle una vuelta al parque central de Tokio en la madrugada con un saco de una tonelada sobre la espalda; hacer diez mil lagartijas con ella sentada en mi espalda, pelear contra cada uno de los espíritus que ella invocara en un lapso de doce horas… Entre otras cosas que prefería no recordar por el bien de mi salud mental.
—¿Estás listo? —Anna me sonrió con dulzura.
Sentí miles de gotitas de sudor en mi nuca. ¿Cómo podía hablarme de esa manera si estaba a punto de matarme con ese entrenamiento infernal?
—Estaría mintiendo si te dijera que sí, Annita.
Ella se acercó hasta donde me encontraba y cubrió mis ojos con una venda. Escuché su risa cantarina por todo el lugar, sintiendo que las piernas iban a fallarme en cualquier momento.
—Lo harás bien, de eso no hay duda… Tamao, activa las trampas.
—P-por supuesto, señorita Anna.
¿De verdad sería capaz de lograrlo?
•❈•
En otro lugar no tan cercano, Ashil se encontraba sentado en el lugar favorito de su amo, entretanto Jeanne rebuscaba más información sobre los shamanes que participaban en el torneo, para saber cuáles de ellos podrían resultarles útiles y cuales servirían como alimento para su clan. Ashil no podía dejar de preguntarse por qué diablos lo hacía. Si no les servían de nada, simplemente debían ignorarlos, ni siquiera valía la pena tenerlos en cuenta. No eran más que unos simples mortales con complejos de grandeza por ser shamanes.
Complejos de grandeza… Como los de ese Hao, quien parecía ser el guardaespaldas de Kaoru. Se le erizaba la piel con el hecho de sólo pensarlo. Bajó la mirada hacia sus pies. Ya no había cicatrices en ellos. El adytheranian había desaparecido de su organismo unos días atrás. A pesar de que su cuerpo ya no mostraba ninguna señal de haber sido herido, su mente lo recordaba a la perfección. Lord Darkar podía ser extremadamente sádico cuando quería.
—¿Han visto a Kurozawa? —inquirió Marco, llegando repentinamente al cuarto junto a Meene y todos los demás—. Últimamente ha estado actuando muy extraño, y es mala señal.
—Ahora que lo mencionas, casi no lo he visto por aquí —aseguró Ashil—. Sólo lo veo cuando tenemos una reunión importante y Lord Darkar nos convoca a todos, pero fuera de eso no parece pasar mucho tiempo en esta casa.
—Ni siquiera parece tener respeto por el amo. Hay que deshacernos de él… —propuso Cebin Mendel.
Era un vampiro que siempre tenía su rostro cubierto con una máscara sonriente. Porque, según él, era divertido ver el rostro confundido de sus víctimas hasta que estas se percataban de su verdadera naturaleza.
—No podemos hacer eso, al menos no todavía. Él ha sido un gran espía dentro de este grupo. Si lo asesinamos, ¿qué le diríamos al amo? —pronunció Chris Venstar, el más sensato del equipo—. Ni siquiera sabemos qué está haciendo Kurozawa en este momento.
—Tampoco podemos quedarnos de brazos cruzados. Podría estar poniéndonos en riesgo.
Jeanne se levantó de su asiento y se encaminó hacia donde se encontraba un diminuto cofre con detalles dorados. Aún recordaba el momento en que su amo les había enseñado a ella y a Ashil ese extraño mapa que estaba en blanco, y desde ese día la duda la carcomía por dentro. Se preguntaba si realmente dicho objeto funcionaba, pues su amo había estado buscando una alternativa para activarlo.
—¿Qué contiene ese viejo pedazo de metal?
—Un pergamino inútil que no sabemos si funciona —respondió Ashil con escepticismo.
Los demás se vieron entre sí, intrigados por las palabras del joven de ojos grises.
—O, como yo prefiero llamarlo, "no-es-de-su-incumbencia" —Darkar entró en la habitación con un gesto arrogante. Sus seguidores inmediatamente le hicieron una reverencia. Sólo lograron que su sonrisa vanidosa se ensanchara aún más—. Como insisten tanto, lo único que voy a decirles es que el contenido de ese "viejo pedazo de metal" nos ayudará a obtener la victoria en la batalla final.
—Es tan listo, amo —parecía que a Meene le brillaban los ojos, completamente emocionada al escucharlo—. No sé qué haríamos sin usted.
Darkar se echó a reír al verla.
—Simple, aún estarías viviendo en un basurero de Canadá, justo como cuando te encontré —la mirada de Meene se ensombreció, pues aún le dolía recordar su vida cuando era una shaman indefensa, estando a merced de esos humanos asquerosos que la trataron como una basura.
—Señor, ¿está seguro que ese mapa funciona? Es decir, está en blanco… —exteriorizó Ashil con cierto temor.
En el fondo, pensaba en que Darkar tal vez podría volver a torturarlo por cuestionar sus acciones.
—Debería funcionar, pero al parecer necesito algo más para ello —Darkar frunció el ceño ante sus propias palabras—. Algo que se me está complicando demasiado conseguir.
—¿Podemos saber qué es eso que tanto necesita, señor? —habló Marco—. Tal vez podamos ayudarlo a buscar.
Darkar pareció considerarlo por un momento.
—Necesito encontrar a mi hijo…
—¿…Su hijo? ¡¿Tiene un hijo?!
El líder del clan sonrió de lado al ver las reacciones de sus seguidores.
—Así es, tengo un único hijo de sangre.
Nadie dijo nada durante un momento. Todos trataban de asimilar la información. Ni siquiera Jeanne lo sabía, y eso que se consideraba como una hija para él.
—¿Qué pasó con él, amo?
—Me abandonó, como la rata traidora que es —Darkar frunció el ceño, furioso ante el recuerdo de la traición a su propia sangre—. Como ustedes sabrán, soy el gobernante de todos los vampiros que existen en este mundo —sus aliados asintieron con la cabeza. Recordaron lo sorprendidos que estuvieron cuando su líder les confesó que era el legítimo rey—. Vivía con mi hijo en nuestro país de origen. Él era el príncipe perfecto… Hasta que se enamoró de… una humana.
Un siseo de rabia y asco fue la respuesta que recibió.
—Debió ser la peor de todas las deshonras —comentó Jeanne, notablemente decepcionada.
Darkar permaneció en silencio durante unos minutos. Mientras sus seguidores trataban de procesar el secreto que les había revelado, él estaba recordando la noche en que su hijo escapó. Odiaba tanto a esa humana repugnante, por haber puesto en su contra a su propio hijo; a su hijo, por haberse enamorado de ella y adoptar una ideología que, a su parecer, era más que errónea; y finalmente… a la aberración que tuvieron… al bebé semi-mortal. Su odio hacia los humanos se incrementó a causa de ellos. Su sucesor se había fugado con la criatura cuando nació. Se preguntaba dónde la habría ocultado y si aún seguía con vida.
Nadie pareció percatarse de que un vampiro de ojos carmesíes ingresaba al recinto a pasos sigilosos. Traía su vestuario manchado con rastros de tierra y sangre, seguramente se había dado el festín de su vida. Su pantalón estaba roto y no era precisamente porque ese estilo estuviera de moda. Definitivamente no era por eso. El shaman que le había servido de tentempié había sido duro de matar. Había cometido el error de intentar acabar con un shaman bastante fuerte, a pesar de su corta edad. Al final lo había logrado y poco le importó que su víctima fuera un niño de diez años. Llegó hasta la elegante escalinata de mármol y nadie seguía sin darse cuenta de su presencia. Todos lucían consternados por la charla que estaban teniendo con su líder. Un paso en falso fue el que lo delató.
Lástima, pues en verdad pensó que lograría pasar desapercibido.
—Bienvenido, Ayato —Darkar rio al ver la inseguridad plasmada en el rostro del joven vampiro.
Los demás lo vieron con sorpresa. Nunca habían escuchado el verdadero nombre del muchacho, pero tampoco era como si les importara. Todos lo conocían por Kurozawa.
—Lamento el retraso, mi señor. No sabía que usted nos había convocado para una reunión.
—De hecho, Kurozawa, no lo hice —lo miro con desdén—. Sin embargo, logré escuchar un pedazo de la plática que tenían tus compañeros y tienen toda la razón. Últimamente sólo has estado viniendo a nuestro hogar cuando yo los llamo para una junta. Fuera de eso, permaneces todo el tiempo merodeando por la Aldea Apache… ¡¿Se puede saber qué has estado haciendo en estas últimas semanas?!
—Nada importante —Kurozawa dirigió su mirada hacia uno de los espantosos cuadros que decoraban la pared—. Ya sabe, alimentándome de shamanes que no merecen que los dejemos con vida y esas cosas.
—¿De veras? Interesante —Ashil se levantó inmediatamente para que su amo pudiera sentarse en su sillón favorito—. Y supongo que andar espiando a cierta familia ancestral de shamanes no se ha convertido en una de tus actividades cotidianas, ¿o me equivoco? —observó cierto brillo en los ojos de Kurozawa. Así que estaba en lo cierto…—. Quiero que me dejen un momento a solas con él.
Los shamanes-vampiro no dudaron en salir de la habitación a una velocidad luz, pues notaron que su señor estaba a punto de perder la paciencia y no era nada lindo cuando Darkar entraba en cólera… Aún recordaban cuando le arrancó la cabeza al último aliado que había osado a desobedecerlo. Darkar se levantó de su asiento y se dirigió hacia la escalinata de mármol. Buscaba la manera de tranquilizarse, porque sabía que algo muy malo podría pasar si llegaba a enfurecerse más de lo que ya lo estaba.
—Recuerdas lo que te había comentado sobre mis planes… ¿verdad, Ayato?
—Sí, mi Lord.
—¿Sobre convertir a los gemelos Asakura?
—Así es.
—…Pues, ¿qué crees que piensen ahora que se han dado cuenta que los has estado siguiendo todo el tiempo? ¿Crees que no sospechan nada sobre lo que queremos hacer? ¡¿Qué demonios tienes en la cabeza, Ayato?! ¡TE DIJE QUE NO PODÍAN SOSPECHAR NADA!
—…Lo único que hice fue espiarlos. No saben nada acerca de sus planes, señor.
Una risotada sarcástica se escuchó por toda la residencia. Los demás vampiros que habitaban ahí sintieron un escalofrío recorrerles por la espina dorsal… Kurozawa ya podía darse por muerto.
—Por supuesto que lo saben, has sido un descuidado —Kurozawa tembló ligeramente al ver el peligroso brillo en los ojos azul topacio de su amo—. ¡¿Cómo no van a darse cuenta de que los has estado siguiendo por toda la maldita Aldea Apache?! Y lo peor de todo es que no sólo te conformaste con el hecho de seguirlos… Ellos ya sabían que queríamos convertirlos, pero a causa de tu maldito acoso, ahora ya ni siquiera los van a dejar solos en ningún momento. Así que Ayato, quisiera pedirte un enorme favor.
—C-Claro que sí, amo.
—Quiero dejarte bien clara una cosa… Si yo te digo que tienes que asistir cuando los convoque a todos a una reunión, lo harás. Si yo te exijo que te alimentes de algún shaman en específico, lo harás. Si yo te ordeno que por nada del mundo TE ACERQUES A LOS ASAKURA, vas a obedecerme sin replicar ni nada. ¿Te quedó claro?
Miró a su jefe, completamente sorprendido. Si de todos modos los iba a convertir, ¿por qué le pedía que tuviera discreción? El vampiro no le hallaba lógica a las palabras de su amo. Además, lo único que había hecho era espiarlos a ellos y a sus más allegados. Claro, Darkar tenía algo de razón. Sin embargo, Kurozawa quería llevarse los créditos por su transformación, porque no quería ni imaginar que alguien más lo hiciera… ¿Por qué se interesaba tanto en su conversión? Ni él mismo estaba seguro de esa respuesta.
—Como usted desee, amo. Sus deseos son mis órdenes.
Bueno, él quería divertirse un rato más… Los planes del amo podían esperar un poco. Una vez que se hubo quedado solo, Darkar resopló. Decidió dejar de pensar en el inepto de su súbdito y se concentró en otra cosa. Abrió el cofre, tomó el viejo trozo de pergamino y lo extendió sobre la mesa. Se quedó mirándolo por unos segundos, sintiéndose frustrado.
—Aquí vamos de nuevo —susurró peligrosamente—. Más te vale que funciones, pedazo de porquería.
Tomó una daga que traía entre sus ropas y se hizo un ligero corte en el antebrazo. No pudo evitar hacer una pequeña mueca, aunque no sintiera dolor alguno. Observó cómo la sangre caía sobre el papel. El líquido carmesí se deslizaba a través del pergamino. Cuando las gotas de sangre llegaron justo al centro, fueron absorbidas y empezó a revelarse un camino. Darkar abrió los ojos a la desmesura, esperando que esta vez sí funcionara. El mapa le mostró el territorio del Medio Oriente. Sus ojos parecían brillar de la emoción, tal vez funcionaba… Sin embargo, su alegría se transformó en enojo cuando el mapa desvaneció su contenido, justo antes de mostrar la ubicación exacta. Volvió a quedar completamente en blanco.
—¡Maldita sea! —dio un golpe contra la mesa, completamente furioso.
Nuevamente, había fallado. Observó de reojo el mapa, tratando de contener su molestia. En el pergamino habían aparecido unas letras muy elegantes.
"El camino será descubierto cuando el sacrificio del creador y del heredero sea entregado a voluntad".
—Eso ya lo sé, estúpido mapa —bramó, tras soltar un resoplido.
Ese era su problema. Para hacer funcionar el mapa, necesitaba a su heredero. A su hijo, a quien no veía desde hace casi dieciséis años, aproximadamente. No daba con su paradero, por más de que había mandado a cientos de vampiros a perseguirlo. Aún si lo encontraba, seguiría teniendo problemas, pues sabía que la sangre debía ser entregada voluntariamente. Necesitaba encontrar una solución a su problemática con urgencia.
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Me acerqué con precaución al campo de entrenamiento que mi prometida había creado, temiendo enormemente por mi vida.
—No tengas miedo, Yoh —susurré, luego de tragar duro. No podía evitar sentir pánico, pues ya había visto todas las trampas que intentarían matarme—. Anna sólo quiere que te hagas más fuerte. Es por tu bien.
—Recuerda, tienes diez minutos para terminar el entrenamiento y pobre de ti si no lo logras, Yoh —casi podía imaginarme el duro castigo que me esperaría.
…Podía considerarme hombre muerto.
Me acerqué despacio hacia los enormes troncos que se balanceaban sin cesar, intentando percibir las vibraciones de la tierra. Únicamente dependía de las nuevas habilidades que había adquirido gracias al Espíritu de la Tierra. Uno, dos, tres… ¡BUM! Habían chocado entre sí los dos primeros troncos. Dejé que siguieran moviéndose, hasta que ya no quise esperar. Decidí permanecer quieto hasta que estuvieran lo suficientemente cerca para poder saltar entre ellos. A pesar de tener los ojos vendados, podía sentir que iban acercándose uno al otro. Lo repetí con los troncos restantes. Salté entre los dos que iban a chocar, ya que cada par de maderos difería en cuanto a la distancia en que colisionaban, lo que me facilitaba pasar entre ellos.
Después de esto, venía la prueba de fuego, por muy irónico que sonara: la lava ardiente. Me quité mis zapatos preferidos para que estos no se quemaran, y comencé a caminar entre los trozos de roca caliente. Todo parecía demasiado fácil, hasta que escuché un sonido acercándose hacia mí, como si se trataran de… misiles. Formé un muro de roca conforme iba atravesando la lava, logrando que los picos de madera chocaran contra él. Ningún madero logró golpearme en todo el camino de fuego ardiente. Sentí que empezaban a arderme los pies cuando los saqué de la roca fundida. Más tarde tendría ampollas. Rayos…
Ni siquiera terminé de pensar en eso cuando sentí un ligero temblor. El suelo se estaba abriendo. Recordé qué armas iban a salir de este, así que busqué las plataformas de metal que me ayudarían a escapar, las cuales también se desplazaban de derecha a izquierda por un pedazo del campo de entrenamiento. Fui tan feliz cuando supe que no sería tan difícil saltar entre ellas y nada me quitó la sonrisa del rostro, ni el sonido de cuchillos que sobresalían entre los escombros, ni las explosiones que provocaban las armas de fuego. Cada vez se escuchaban más de cerca los bramidos de los poderosos espíritus de mi prometida; Zenki y Goki, dos gigantescos demonios que tenían una sorprendente similitud con ogros. Además de su físico, no sería tan fácil combatir con ellos por el hacha y escudo indestructibles que poseían. Me sorprendí ligeramente cuando me percaté que había brincado sobre la última plataforma de metal. Ya casi terminaba el entrenamiento y, por estar pensando en los demonios de Anna, no me había dado cuenta de ello.
—Te quedan cinco minutos para acabar con Zenki y Goki.
—¡Amidamaru, ya sabes qué hacer!
—Por supuesto, amo Yoh.
Apenas puse un pie fuera de la última plataforma, sentí que ambos demonios se abalanzaron sobre mí. No había tiempo que perder, por lo que desenvainé a Harusame para pelear.
—¡Posesiona a Harusame! ¡Posesiona a La Espada Sagrada!
—Acabaremos contigo, Yoh Asakura —escuché una voz demasiado grave para ser la de un humano, pues se trataba de uno de los demonios.
—Ese es el mandato de nuestra señora Anna.
Ni siquiera lo piensen…
Me dejé guiar por los sonidos del viento y las vibraciones del suelo, pues era lo único que podría salvarme esta vez. Cada golpe, cada pisada me eran de gran ayuda en ese instante. En ningún momento dejé de blandir mi espada, chocando con las armas de los Shikigami, los cuales parecían tener una fuerza sobrenatural mayor a la de antes, conforme pasaba el tiempo. Ese entrenamiento se hacía cada vez más difícil, pero… Si pude superar cada obstáculo, ¿por qué no podría con una simple batalla contra dos demonios de unos tres metros?
—Te quedan dos minutos y treinta segundos.
Apreté los dientes, mientras intentaba pensar en una forma de acabar rápidamente. Mi furyoku no era muy fuerte en ese lapso de tiempo y no sabía si iba a poder aguantar el ataque que había ideado en cuestión de segundos.
—Espíritu de la Tierra —lo invoqué.
Estaba consciente que podría ganarme el odio de Annita si algo salía mal. No obstante, no perdía nada con intentarlo. Sentí la presencia del espíritu de la naturaleza, aunque no pudiera verlo por la venda en mis ojos.
—¡Posesiona a La Espada Sagrada!
Ahí estaba nuevamente… La posesión de objetos que había usado contra el líder del Equipo Amarillo. La espada de fuego cuyas mitades eran de color azul y cobre, y que tenía una empuñadura color oro. Ninguno de los presentes decía nada, parecía que ni siquiera respiraban… ¿Acaso lo estaba haciendo mal? ¿Sería la burla luego de aquello?
—Un minuto…
No bastaron ni cinco segundos para que me lanzara sobre ambos demonios, que trataron de mejorar su defensa al ver mi nueva arma. El fuego del arma crepitó con fuerza cuando esta se acercaba a ambos espíritus, que procuraron no bajar la guardia. Un golpe bastó para cortarlos a los dos por la mitad, logrando así que ellos desaparecieran y que terminara el combate.
…
—¿Lo logré? —musité, poco antes de quitarme la venda de los ojos.
Cuando lo hice, la imagen frente a mí me sorprendió. Las plataformas y troncos aún seguían balanceándose en su lugar, al igual que las armas continuaban sobresaliendo del suelo, y donde estaban anteriormente los espíritus de Anna, había humo esparciéndose por todo el lugar. No pude quitar mi cara de sorpresa, ni siquiera cuando Amidamaru y el Espíritu de la Tierra en su forma chibi aparecieron a mi lado, igual de asombrados.
—¡Lo logró, amo Yoh! ¡Felicidades! —exclamó un emocionado Amidamaru.
Me acerqué hacia donde mis amigos se encontraban sentados y todos tenían un semblante aún más atónito que el mío. Sonreí con inocencia.
—¿Quién es el siguiente?
•❈•
Los días pasaron muy rápido para mi gusto, ya que no pude descansar en ningún momento. Anna se había tomado muy en serio lo de prepararnos para nuestra siguiente batalla en el torneo. Todos habían logrado superar las diversas pruebas que ella nos había puesto hace días… A pesar de ello, aún parecían exhaustos por el entrenamiento. Siendo sinceros, yo también seguía bastante asombrado; nunca pensé que haríamos algo parecido.
Ahora lo que importaba era la pelea del equipo Xtreme Fatality, quienes estaban muy ansiosos por seguir clasificando a lo largo de la Shaman Fight. No podían ignorar la ligera preocupación, pues ahora sólo quedaban equipos muy fuertes, según los rumores, y tenían que seguir ganando si querían clasificar a la ronda de batallas individuales. En ellas se decidiría al ganador y futuro Shaman King –o Shaman Queen–.
Tenía un extraño presentimiento que temía contar a mi familia y amigos. Era parecido al presentimiento que tuve cuando me enteré de que Darkar nos vigiló durante varias semanas. ¿Será que nos volvería a perseguir ese día, o yo estaba conjeturando cosas demasiado pronto? Por esa razón, no quería comentarle nada a nadie, pues no sabía si mi mente me estaba jugando una mala broma. Procuré mantenerme tranquilo horas antes de la dichosa pelea, pues mi hermana ansiaba poder ganar de una vez por todas y lo último que necesitaba era ponerse nerviosa a causa de mi mal presentimiento.
—¡Maldición, Yoh! ¿Cómo pudimos permitir que nos dejaran atrás?
Por supuesto, no todo podía salir tal y como uno lo planeaba.
—Tranquilízate, Hao —aquí casual intentando tranquilizar a alguien más, mientras luchaba con mi miedo interno; algo típico en mí. Yoh Asakura con ustedes, señoras y señores—. No fue nuestra culpa quedarnos dormidos. La alarma no sonó y ya.
Los demás ya se nos habían adelantado para ver la pelea y ninguna de nuestras alarmas logró despertarnos a tiempo.
—¿No lo entiendes? Si papá y mamá llegan a saber que salimos de la casa sin la supervisión de nadie, nos van a matar.
—¿Desde cuándo te importa cumplir con las órdenes de nuestros padres? Pensé que ya éramos 'lo suficientemente grandes' como para seguir bajo la supervisión de un adulto —comenté, utilizando las mismas palabras que él.
—No empieces, sabes que tengo razón —murmuró, mientras veía con nerviosismo a su alrededor—. Estaremos muertos si no llegamos rápido al coliseo.
Apresuramos nuestro paso, debido a que el camino era un poco solitario por la falta de shamanes que, seguramente, estarían presenciando la pelea de dos poderosos equipos. Por supuesto que nuestros padres iban a matarnos, pero había algo peor… No nos habíamos percatado de que alguien más nos estaba siguiendo desde lejos.
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—¡Bienvenidos a este ansiado encuentro entre shamanes! Yo, Radim, estoy feliz de ser el anfitrión de esta batalla que dará inicio en unos momentos… Por favor, no olviden pasar por la tienda de recuerdos que se encuentra a unos metros de este lugar; así podrán disfrutar de increíbles fotos y otros suvenires de nuestra hermosa aldea. Los precios de nuestros productos no incluyen impuestos.
Todos se fueron de espaldas al escuchar aquello. Era increíble la propaganda que le hacían a la Aldea Apache. Sin embargo, había alguien que no estaba prestando atención. Lyserg estaba muy preocupado y no era precisamente por la pelea. Sentía que faltaba algo… o tal vez, alguien.
—Oigan, ¿no vieron a Yoh y Hao? —preguntó Chocolove.
¡Así que eso era! Volteó a ver a todas partes en busca de ellos, pero no los encontró. ¿Se habrían quedado dormidos? Aquello era extraño, pues a ellos no les gustaba perderse de las batallas de sus amigos, por muy débiles que fueran sus contrincantes.
—No logramos despertarlos, así que Tamao y yo pusimos un conjuro en la casa para evitar que los intrusos puedan entrar —le informó Anna a Chocolove, quien no estuvo muy conforme con la respuesta.
—¿Crees que funcionará, güerita?
—Claro que sí, a menos que encuentren una forma de romper las runas, o si ellos deciden salir de la casa…
La itako calló abruptamente. Todos se alarmaron al escuchar sus palabras, ya que era obvio que no se iban a contener.
—…Vamos, dudo que sean tan inconscientes y salgan solos, ¿o sí? —Lyserg lucía muy angustiado por la situación de los gemelos—. Digo… Pensé que les había quedado claro que no podían ir por ahí sin la compañía de alguien más.
—¡Iré a ver si están bien! —Manta se levantó de su lugar, dispuesto a ir en su búsqueda.
No obstante, no contaba con que Jun Tao iba a detenerlo.
—No, resultaría muy peligroso si vas solo, Manta.
—¿Por qué lo dices? —el shaman calló al ver el lugar que ella señalaba.
Darkar y sus secuaces se encontraban sentados en una de las esquinas del estadio, sin que ningún otro shaman se percatara de su presencia. El shaman inglés recordaba a cada uno de los seguidores del poderoso vampiro: Jeanne, Marco, Meene, Ashil y otros con rostros conocidos… Un momento, faltaba alguien.
—¡No está!
—¿A qué te refieres…?
Keiko dejó su pregunta inconclusa al entender de lo que estaba hablando el chico de cabellos verdes.
—Kurozawa. No está viendo la pelea.
—Demonios…
—Este es el momento que todos han estado esperando… ¡Con ustedes, Xtreme Fatality! —Kaoru, Horo y Len ingresaron por una de las entradas a la arena—. Que se enfrentarán a… ¡Los ninjas de Kioto!
Anna no dejaba de lanzar maldiciones, mientras veía el combate. Su prometido y su cuñado corrían gran peligro y ella no podía hacer nada en este momento. Sólo esperaba que la pelea terminara rápido, para luego ir a asegurarse de que ambos estaban a salvo.
•❈•
—Hao, nos están siguiendo…
—Tranquilo, ya casi llegamos al estadio —mi gemelo apretó fuertemente sus dientes, en un intento por ocultar su miedo.
—Si yo fuera ustedes, no estaría tan seguro de ello —una risa malvada se escuchó por todo el lugar, provocando que tanto mi hermano como yo dejáramos de avanzar.
—¡Amidamaru! —lo llamé, pero él no apareció.
Eso me puso nervioso, porque me recordó cuando estuvimos en esa calle sin salida de Tokio, donde nos atrapó Kurozawa… Al igual que ahora.
—Maldición, ninguno de nuestros espíritus aparece… Yoh, tendremos que salir corriendo de aquí a la de tres, ¿entendiste? —me susurró, a lo que yo asentí—. Uno…
—No podrán escapar de aquí —canturreó Kurozawa.
Su sonrisa de comercial se ensanchó, permitiendo que sus colmillos sobresalieran de sus rojizos labios.
—Dos…
—No tiene caso, no saldrán con vida de esta —mientras más retrocedíamos, más se nos acercaba ese maldito desgraciado.
—¡Tres!
Nos echamos a correr como si no hubiera un mañana, y cualquiera habría pensado que estábamos locos… Claro, si alguien nos hubiera visto en ese instante. Sin embargo, nuestra escapatoria se vio interrumpida cuando chocamos contra un muro invisible que el vampiro de ojos inyectados en sangre había colocado ante nosotros, sin que nos diéramos cuenta.
No podrán salir de esta…
Definitivamente tenía razón. Estábamos encerrados en un enorme cubo de poder espiritual que nos impedía escapar de ese lugar. Kurozawa lucía más poderoso de lo normal y me hizo dudar si podríamos sobrevivir a sus ataques.
•❈•
—¡No bajes la guardia!
Horo-Horo se encontraba peleando contra una shaman que vestía un kimono. Su atuendo lo sacó un poco de onda, porque si era una "ninja", tenía que vestir como tal, ¿no?
—Lo siento, no estoy acostumbrado a pelear con mujeres —le lanzó uno de sus comunes ataques de hielo y la joven no pudo esquivarlo. El ainu aprovechó para voltear a ver a Len de forma apremiante—. Apresúrate, no sabemos qué demonios está pasando allá afuera.
—No tienes por qué mencionarlo, ya sé lo que tengo que hacer… ¡Súper ataque de la cuchilla dorada!
Su oponente no pudo esquivar el ataque, logrando con ello que perdiera su posesión. Ya sólo tenían que enfrentarse a las otras dos shamanes; tenían que terminar rápido con el enfrentamiento, debido a que ya estaban enterados del peligro que corrían sus amigos.
—Acabemos con esto de una vez, Kororo —su snowboard brilló con intensidad, dándole a entender que había entendido sus palabras—. ¡Avalancha Devastadora de Horo-Horo!
Una inmensa ola de nieve se elevó por encima del Usui, dándole de lleno a la chica e impidiendo que pudiera moverse. La katana que tenía su enemiga en sus manos resplandeció y luego su espíritu acompañante, una antigua princesa guerrera, se materializó a su lado. Ahora sólo les quedaba enfrentarse a la líder del grupo, quien no se veía para nada débil.
—Sólo contamos contigo —exclamó la joven que estaba casi enterrada en la nieve.
La última del equipo, quien parecía haber salido del Harajuku, asintió con la cabeza, mientras concentraba todo su poder en su oversoul.
—¡Es ahora o nunca! ¡Muéstrales tu verdadera forma!
El espíritu de cabellos claros y cortos se transformó en una versión mucho más fuerte que la anterior. El color de su cabello cambió a naranja y creció hasta llegar a sus glúteos, y un par de orejas de zorro aparecieron en su cabeza. También le salieron más colas a la altura de su rabadilla. Sus ojos se convirtieron en pequeñas rendijas y un par de filosos colmillos se asomaron por su boca. Sin embargo, lo extraño no fue sólo su apariencia, sino que había logrado convertirla en un enorme titán, como Hao lo hacía con el Espíritu del Fuego.
—Demonios, se nos acaba el tiempo —Horokeu apretó sus labios hasta convertirlos en una fina línea blanca.
—Si pudimos con las otras, podremos con esta —la voz de Len era potente, como todo un líder. Hablaba con decisión y firmeza, transmitiendo la misma seguridad a los miembros de su equipo—. Kaoru, Horo y yo la atacaremos de frente para que puedas realizar uno de tus nuevos ataques. Ganaremos esta pelea si combinamos nuestras fuerzas, no tengan dudas.
—¿Están seguros que podrán distraerla, mientras reúno las fuerzas necesarias? —Kaoru no sonaba del todo convencida.
—Completamente. Nos encargaremos de ella, pero tú asegúrate de reunir un poco más de poder espiritual.
—Intenta invocar al espíritu más fuerte con el que tengas trato. Confiamos en ti.
Horo y Len prepararon sus armas y se abalanzaron sobre la kitsune, quien lanzaba golpes furiosos con sus colas. Kaoru cerró sus ojos por un breve momento, procurando estar concentrada al cien por ciento. Apretó con fuerza el arma que sostenía en sus manos al tiempo en que unas sombras empezaron a aparecer a su alrededor, emitiendo una energía oscura que le erizó la piel a la mayoría de los presentes. Tomó un respiro antes de pronunciar aquellas palabras que tanto temía, porque sí… Tenía miedo de fallarle a sus amigos.
—¡Invocación nocturna! —un gran círculo púrpura apareció debajo de sus pies, liberando una luz intensa del mismo color—. Acude a mi llamado, Eurallis.
Un espíritu vengativo apareció frente a ella. Tenía el cabello blanco como la nieve, al igual que su tez. Sus ojos eran azules como el cielo y se podía percibir un brillo maligno en ellos. Su vestuario consistía en un largo vestido blanco con detalles azules, que lucía más como una capa. Unas vendas rodeaban desde su cuello hasta sus pies, dejando entrever partes de su blanquecina piel, como si de una momia se tratara. A su alrededor, destellaban pequeñas llamas celestes.
—Te presento a la diosa de la muerte… Eurallis —Kaoru hizo un gesto con su mano, como presentándola.
—Pff, no me hagas reír. Desde que soy una vampiresa, ya no le tengo miedo a nada —una sonrisa forzada se dibujó en los labios de su contrincante—. Supongo que eso también aplica para ti, Asakura.
—Eurallis es especial, no la subestimaría si fuera tú —la joven le sonrió con diversión al ver que dicho espíritu miraba a su contraria arrogantemente—. Eurallis, acaba con ella.
—Como guste, mi ama.
Se acercó con rapidez hacia donde se encontraba la kitsune, quien no dejaba de contemplar a la diosa con sorpresa y con cierto temor.
—¡Ataque de la cuchilla dorada!
—¡Espada de hielo!
—¡Luz abismal!
El espíritu hizo aparecer una enorme esfera de luz azul eléctrico, la cual despedía relámpagos del mismo color. Los tres ataques en conjunto hicieron retroceder a la kitsune, quien desapareció del lugar, dejando a su dueña indefensa. Así concluyó la batalla, nombrando como ganadores al equipo Xtreme Fatality, pero no había tiempo para festejar. Empuñaron sus armas, mientras salían corriendo del campo de batalla, sorprendiendo a los shamanes que habían presenciado ese gran enfrentamiento.
—Tenemos que buscar a Yoh y Hao —les recordó Anna, una vez que se reunieron fuera del estadio.
Tenían que encontrar a los gemelos, antes de que fuera demasiado tarde.
•❈•
—¡Déjanos salir de aquí, maldito!
Miré a mi hermano, nervioso; los dos estábamos cansados de la lucha física que estábamos teniendo contra Kurozawa. Ninguno de nuestros espíritus acompañantes acudía a su llamado y estaba muy seguro de que el enorme cubo de poder espiritual en el cual estábamos encerrados tenía mucho que ver en eso.
—Le prometí a mi amo que iba a poder controlarme, ya que, según él, aún no es hora de actuar, pero ya no puedo resistirlo… Se ven tan apetitosos. Quiero ser yo quien tenga semejante honor de probar su sangre y me pondría furioso si alguien más que yo cumple con mi cometido.
—¿De qué demonios estás hablando, sabandija? ¡Sácanos de aquí! —demandó mi enojado gemelo, obteniendo una risa sarcástica como respuesta.
—…De convertirlos, claro —abrimos los ojos como platos. Era verdad, Darkar ya lo había mencionado con anterioridad, pero escucharlo justo cuando no podíamos luchar nos parecía hasta cruel. Era injusto—. No sé si alimentarme de su sangre y luego matarlos. Sería una pérdida de poder espiritual, pero es que se ven tan deliciosos que no sé si pueda contenerme. Qué dilema…
—Tenemos que salir de aquí. No es hora de platicar con el enemigo, Hao.
—No me digas qué es lo que tengo que hacer, de todos modos, no hay forma de escapar de este maldito lugar.
Kurozawa se nos acercó peligrosamente. La sed que sentía en ese momento se reflejaba en sus ojos, los cuales ya de por sí destellaban con malicia.
—¿Quién quiere ir primero? ¿Alguno de ustedes se ofrece como voluntario?
—¡TU PUTA MADRE SE OFRECE COMO VOLUNTARIA!
—¡HAO!
Al vampiro no le gustó que ofendiera de esa manera a su, probablemente, difunta madre. Hizo uso de su velocidad inhumana y nos golpeó fuertemente, causando que empezáramos a sangrar casi de manera inmediata. Él sonrió, hambriento al ver tanta sangre derramada.
—Estamos perdidos, Yoh —susurró mi gemelo, temiendo por nuestras vidas—. No saldremos de esta.
Kurozawa se acercó hasta él y lo tomó del brazo. Hao intentó zafarse de su agarre, pero no podía hacer nada contra ese sujeto sin su espíritu acompañante. El vampiro le dobló el brazo, consiguiendo que mi hermano soltara un alarido de dolor. Su sonrisa se hizo más grande cuando notó la agonía de mi otra mitad. Terminó aventándolo con toda su fuerza sobrenatural contra el suelo, que se hundió un poco al recibir el impacto. Maldición…
—¡NO!
Corrí hacia mi hermano, pero fui detenido por las manos de Kurozawa. Insertó sus uñas en mis hombros, como si fuera un gato jugando con una bola de estambre. No supe si era posible, pero sentí que sus uñas crecían dentro de mis músculos y desgarraban mi carne, mientras movía su mano hacia abajo para hacer aún más grande la herida. Mostró sus colmillos antes de darme una patada en el estómago y tirarme con toda su fuerza hacia la otra pared hecha de furyoku, que también absorbía el nuestro.
—Chupasangre de mierda, voy a matarte.
—Es curioso que digas eso, cuando ni siquiera puedes levantarte —Kurozawa se acercó peligrosamente hacia mi hermano mayor, quien intentaba ponerse de pie por todos los medios posibles. Cuando llegó a su lado, pateó fuertemente su pierna. Cerré los ojos fuertemente cuando escuché un par de horribles chasquidos, seguido de sus gritos de dolor. Kurozawa rio complacido—. ¿En cuántas partes te habré roto la pierna? Déjame ver… —empezó a contar las heridas del muslo, en el cual se podían observar unas manchas entre azul y morado—. Uno, dos, tres… Nada mal, cada día voy mejorando.
Intenté levantarme, pero todo el cuerpo me dolía. Sentía que iba perdiendo mis fuerzas, así como perdí sangre cuando el inmortal clavó sus garras en mis hombros. Me propinó una patada en las costillas cuando se percató de lo que intentaba hacer. Sentí que empezaba a faltarme la respiración. A lo mejor y me había roto unas cuantas costillas. Tosí algo de sangre al no aguantarlo más.
—Qué divertido es jugar de esta manera con los famosos gemelos Asakura, lástima que no tengo tanto tiempo para perderlo en ustedes… Es hora de terminar con esto.
Oí un extraño sonido, justo cuando sentí que algo puntiagudo penetraba la piel de mi cuello, como si fuera un taladro. Kurozawa había insertado sus dientes y estaba succionando mi sangre…
—¡YOH!
—¿Celoso de la suerte de tu hermano? No te preocupes, también habrá para ti.
Cuando me tiró contra el suelo por segunda vez, empecé a arrastrarme por este, ensuciando mi ropa. Sin embargo, eso era lo que menos importaba en este momento. Sentí un fuerte escalofrío al oír los gritos de mi hermano, como si algo lo estuviera torturando… Kurozawa nos estaba matando. El seguidor de Darkar se echó a reír con fuerza al vernos tirados en el suelo, apenas conscientes de lo que pasaba a nuestro alrededor.
—Si sobreviven a esto, será muy interesante —decía entre risas—. Porque dudo que la poca ponzoña que ingresó a sus organismos pueda salvarlos de esta.
Dicho esto, desapareció como si nada, llevándose consigo las paredes de furyoku que había materializado para que nadie pudiera intervenir en sus asuntos. Amidamaru y los dos espíritus elementales aparecieron a nuestro lado, sumamente preocupados por lo que nos había pasado. Continué arrastrándome por la tierra, dejando un rastro de sangre tras de mí. Sentía que iba quedándome sin oxígeno a cada minuto y que en cualquier momento perdería la consciencia. A unos cuantos metros de distancia, Hao se encontraba en las mismas condiciones. Apenas y se mantenía despierto.
—Tus costillas… No te sobre esfuerces…
—E-estaremos bien… ya vendrán por nosotros…
A los pocos segundos, sentí que todo comenzaba a dar vueltas. No obstante, yo seguía ignorando esa horrible sensación. Quería llegar al lado de mi hermano para asegurarme que se encontraba bien, a pesar de que sabía que él podría estar en las mismas condiciones. Cuando llegué a su lado, Hao ya había perdido la consciencia.
—¡YOH! ¡HAO!
Fue lo último que escuché antes de que todo se volviera oscuro.
•❈•
¡Hola! ^^
Vaya forma de terminar el capi, ¿verdad? xD ¿Qué opinan? ¿Les gustó? :S Quería que esa pelea contra Kurozawa fuera lo más sádica posible. En el siguiente capi sabrán qué les pasó a los pobres gemelitos :c
Espero que les haya gustado este capítulo n.n Si gustan, pueden dejarme un review, saben que me hace feliz. Si tienen alguna duda, comentario, crítica (ya saben, lo que siempre digo xD), se las respondo con todo gusto.
¡Nos vemos! ^^
