Disclaimer: Shaman King y sus personajes no me pertenecen. Son del gran Hiroyuki Takei. Tampoco son de mi autoría algunos lugares, canciones y/o marcas que aparecen aquí. Sólo la trama, personajes propios y lugares ficticios son invenciones mías. Gracias a Sabr1 por prestarme a su OC (Evolet).

Advertencias: lenguaje soez, gore (leve o moderado), y algunos pensamientos obscenos (Rated T).

Género: General. Tiene un poco de todo.

Pensamientos, comunicación por telepatía, recuerdos, sueños.


13

Neófito


Hao Asakura

¿Qué rayos había hecho?

Desde que desperté, no dejaba de pensar en lo que había pasado con Evolet. Le advertí que no iba a poder controlarme; la sed me había vuelto loco. Aun así, ella insistió en que bebiera de su sangre para que pudiera recuperarme. Ahora me gustaba mucho más que antes, aunque no creí que fuera posible. Su valentía no se veía en cualquier persona y era algo que en definitiva me enamoraba. Se preocupó por mí y puso en riesgo su vida para ayudarme… Ni siquiera así pude evitar perder la cordura hasta casi matarla. No podía evitar sentirme culpable, a pesar de que Yoh me había repetido hasta el cansancio que no lo había hecho a propósito.

Sentí que me moría del sueño y envidiaba a mi gemelo por estar durmiendo como un tronco, pero no iba a poder hacerlo hasta que alguien me asegurara que Evolet se encontraba perfectamente. Luego de lo ocurrido, había despertado un par de horas más tarde, alrededor de las tres de la madrugada. Estuve platicando con Yoh durante unas horas, hasta que amaneció y él se durmió. También tenía unas terribles ganas de dormir; justo como lo habían dicho mis padres. Sin embargo, no podía evitar rechazar este nuevo síntoma que había adquirido con mi reciente condición vampírica. Había estado aguantando esa somnolencia por varias horas; al menos, era como mi castigo por lo que sucedió con la chica que me gustaba. Me distraje al oír que puerta se abría, dando paso a Mikihisa a aquella fría y oscura mazmorra.

—Hola, Miki —susurré, divertido.

Sabía que me escucharía a la perfección. Mi papá se vio ligeramente sorprendido al verme despierto a esa hora.

—¿Por qué no estás dormido? —quiso saber—. Ya es medio día, deberías estar muriendo del sueño.

—Quería saber cuánto tiempo aguantaba sin dormir —le respondí con un tono sarcástico.

Mikihisa arqueó una ceja al escuchar aquello, porque obviamente no me creyó. Avanzó hasta llegar frente a mi celda y se sentó en el piso. Se nos quedó viendo detenidamente a mi hermano y a mí, tornando el gesto. Ahora lucía angustiado.

Pareció darse cuenta…

—¿Quieres explicarme qué pasó? Esa sangre… ¿Quién estuvo aquí, Hao? —sentí que me cohibía al tener que explicar lo sucedido. En realidad, no quería hacerlo—. No trates de engañarme, hay escasez de sangre en toda la aldea, y tú y tu hermano tienen toda la ropa manchada. No parece ser de más de un par de horas, y tu madre y yo apenas volvimos hace unos minutos.

—Supongo que no puedo ocultártelo —suspiré derrotado, buscando las palabras adecuadas para darle la noticia—. Antes que nada, prométeme que no se lo dirás a nadie. Papá, no quise hacerlo…

—Pues tengo que hablar seriamente con los que estén involucrados —me interrumpió, cruzando los brazos—, dependiendo de lo que hayan hecho.

—Sólo asegúrame que nadie más va a enterarse —mi padre asintió con la cabeza, pero ni eso logró calmarme del todo. Aún seguía nervioso—. Fueron Anna y Evolet las que entraron cuando ustedes no estaban. Yoh y yo estábamos durmiendo, pero supuse que debían faltar unos minutos más para que oscureciera, a juzgar por la cantidad de luz solar que entraba por las ventanas. Ellas parecían estar preocupadas… —intenté fingir desinterés, aunque mi padre ya sospechaba que no era así—. Como había escasez de sangre en la aldea, tuvieron la "grandiosa" idea de suministrarnos de su propia sangre —Mikihisa abrió los ojos, algo asustado—. Anna no lo hizo directamente, pero Evolet se acercó demasiado a mí y… No pude evitar… —me costaba seguir hablando, en verdad estaba preocupado por ella. Creí notar cierta mirada de pena que me dirigía mi progenitor—. Te juro que no fue mi intención hacerle daño. Nunca la lastimaría a propósito… Sólo quiero saber si está bien.

Mikihisa suspiró lentamente, sin moverse de su posición.

—No te culpo, tu madre y yo también pasamos por una situación similar —admitió con voz queda. Lo miré sorprendido por su confesión—. Bueno, tendré que hablar con ellas. Sabían del peligro que corrían al haber entrado a este sitio y no les importó arriesgar sus vidas en el proceso… No te preocupes, hijo. Yo me encargaré, aunque me sorprende que sólo por eso hayas estado desvelándote —sonrió con picardía. ¡¿Qué me estaba insinuando?!—. No he visto a Anna desde que llegamos, pero supongo que ha de estar en su cuarto con Evolet. Si mis suposiciones son correctas, Anna se estará ocupando de ella en este momento, así que no tienes motivos para preocuparte. Evolet está en buenas manos.

—Si tú lo dices… —respondí. No me sentía del todo tranquilo, a pesar de que Mikihisa había pronunciado esas palabras con un tono de voz seguro—. Quisiera hacerte una última pregunta, antes que te vayas —lo detuve, pues había hecho ademán de levantarse. Necesitaba que me respondiera esa duda que me había estado carcomiendo desde el momento en que recobré la consciencia—. Jamás me había sentido tan sediento en toda mi vida. Han pasado cinco días desde que desperté y en todos esos días no había probado ni una sola gota de sangre. Tenía una jaqueca insoportable, pero se supone que ya no debería sentir molestia alguna. Además, sentí muchas náuseas, como cuando pasaba mucho tiempo sin ingerir ningún alimento… Cuando vi la herida de Evolet… No lo sé, simplemente perdí el control sobre mis acciones. ¿Qué fue lo que me hizo enloquecer así?

—Bueno, te lo explicaré —Mikihisa llevó una mano a su barbilla—. Es el hecho de estar varios días sin beber nada. Es decir, es normal que un vampiro se vuelva loco cuando ve sangre; a menos que haga un buen uso de su autocontrol, lo cual es raro ver en un neófito. Recuerda que pasaron cinco días, así que todas esas sensaciones que tenías fueron producto de ello. Cada cierta hora debemos de ingerir sangre, si no, el cuerpo empieza a mostrar ciertos síntomas debido a su falta. Entonces, a lo que voy es que esas sensaciones fueron mucho más fuertes en ti porque tu organismo te pedía sangre y no se lo dabas.

—…pero no vi que a Yoh le pasara lo mismo con Anna.

—¿Estuviste completamente atento a sus movimientos? —bajé un poco la cabeza, dando a entender que no estuve cien por ciento alerta a sus reacciones—. Seguramente, Anna cerró la puerta de la celda antes de que Yoh pudiera atacarla. Después de todo, él también bebió sangre humana. Tuvo que haber pasado por lo mismo. ¿No hablaste con él?

—Lo hice, pero no quiso decirme nada. Estuvimos hablado más de mí que de él, no me permitió que le preguntara cómo estaba.

—Probablemente tu hermano sólo quería que te desahogaras para que te sintieras mejor. Hablar sobre los errores que uno ha cometido es una buena manera de descargarse… Bueno, será mejor que me vaya —se levantó, dejándole un cambio de ropa a Yoh en su propia celda—. Quiero que te cambies y duermas un poco, de lo contrario, no les daré el nuevo álbum y su edición limitada esa que tanto quieren.

—Está bien, lo haré —solté una risa, mientras me colocaba la camiseta que Miki me tendía. Al menos, era lo único que necesitaba cambiarme, ya que mi pantalón, por suerte, no se encontraba tan sucio. Después de eso, me acomodé en el futón, sin quitarle la mirada de encima—. Sólo porque AeroException ha entrado en juego.

—Ah, y Hao… Despreocúpate. Tu novia estará bien —me sonrió de lado.

Abrí los ojos como platos y me incorporé, avergonzado.

—¡Evolet no es mi novia!

—Yo no di nombres, hijo —sentí que mis mejillas me traicionaban y gruñí por lo bajo. Debía ser una cosa de familia que me molestaran tanto. Papá sonrió—. Descansa, ¿sí?

—Hasta luego, pa —me despedí, riendo levemente.

Volví a acostarme, permitiendo que el sopor se apoderara totalmente de mí.


•❈•


—¿Cuántos días han pasado desde que Yoh y Hao fueron atacados? —preguntó Horo con tristeza.

—Una semana —respondió Manta. Al igual que él, también estaba preocupado por sus amigos—. Estuvieron sedados dos días y recobraron la consciencia hace cinco.

—¿Crees que logren salir de ahí antes de que se cumplan los diez días? —le preguntó Lyserg a Kaoru, quien negó con la cabeza.

—Lo dudo —admitió, apesadumbrada—. Especialmente porque estoy segura de que algo sucedió, aunque mi padre no quiso decirnos nada. No sé con certeza lo que Yoh y Hao hicieron, pero no pude evitar pensar que tuvieron un ataque de ansiedad e intentaron salir de la celda. Hace un par de horas, fui a la habitación donde están encerrados y noté que tenían las inscripciones en otras partes del cuerpo. Debieron haber activado el conjuro antiguo de los barrotes otra vez.

Anna se acercó a la cocina, llamando la atención de todos. Lucía terriblemente preocupada. Se dirigió hacia el lugar donde estaba guardado el botiquín de primeros auxilios y examinó su contenido, hasta encontrar lo que necesitaba. Todos se extrañaron al verla sacar una aguja e hilos de sutura, además de vendas y otros materiales… ¿Por qué necesitaría todo eso?

—No es de su incumbencia —aclaró la itako, dejándolos a todos con la palabra en la boca. Habían olvidado que ella, al igual que el gemelo de cabellos largos, podía leer los pensamientos de quien quisiera—. No tengo por qué darles explicaciones, banda de zoquetes.

—¡Tanda de retretes! —exclamó un divertido Chocolove, vistiendo un disfraz de inodoro. Mic flotaba a su lado, vestido como si fuera un rollo de papel higiénico. Ninguno de los dos se percató de la patada voladora que le propinó Horo-Horo hasta que fue demasiado tarde—. ¡Ay, mi nariz de bola!

Mic flotaba junto a su amo, quien lloriqueaba por haber sido herido.

—…Debo admitir que teníamos semanas de no escuchar tus pésimos chistes —mencionó Len, quien se había quedado con las ganas de ser él quien le diera su merecido a Chocolove.

—Casi olvidaba cómo se sentía darte una golpiza por contar esas bromas que no le hacen gracia a nadie…

Horo fue callado abruptamente al escuchar las risotadas de Pilika y Tamao. Al parecer, eran las únicas que disfrutaban de los chistes de Chocolove. Todos voltearon a verlas con una gota de sudor en la frente, sin entender cómo es que podían causarles risa las ocurrencias del muchacho.

—Ustedes sí me entienden, Pilikita y Tamal —a Chocolove parecían brillarle los ojos de la emoción. Mic imitaba a su dueño, ambos estaban llorando de la felicidad—. ¿Lo ves, Mic? No hay que perder la esperanza en la humanidad. Yo sé que, al igual que ellas, hay muchas personas que esperan ser contagiadas con la brisa de la risa.

—Oye, Chocolatín, tengo una duda desde hace unos días… Llevabas mucho tiempo sin contar tus malos chistes. ¿Qué te había pasado? ¿Tenías miedo de que Len y yo volviéramos a darte una paliza?

—Les diré, pero no se rían —esperó por un breve momento, para ver si alguno de los presentes se burlaba. No obstante, nadie lo hizo—. No sé ustedes, pero… el ambiente en esta aldea no me gusta. No estoy seguro, siento como si no debería tomarme las cosas tan a la ligera. Todo este rollo de los vampiros va en serio, ni siquiera sabemos si nosotros también formaremos parte de los planes de Darkar.

—Hasta donde yo sé, Darkar Blair sólo está interesado en Yoh y Hao —interrumpió Anna, quien regresaba de la segunda planta.

Los demás notaron que ya no llevaba todo lo que había sacado del botiquín; decidieron no preguntar nada.

—La verdad es que no podemos asegurar nada —Len se cruzó de brazos, mientras analizaba esa posibilidad—. Claramente, ellos son más fuertes que nosotros, pero si nos llegáramos a convertir en vampiros… Quizá podríamos llegar al mismo nivel.

—Ni siquiera lo menciones —añadió Kaoru—. Créanme, esto no es tan bonito como parece… Entonces, Chocolove, ¿estás diciendo que todo esto de los vampiros y el torneo te tiene tenso? ¿Por eso no habías estado contando chistes?

—Eso creo… El torneo se está poniendo cada vez más difícil, en especial porque ahora los Grandes Espíritus tienen que asegurarse que los combates sean parejos; o todos los integrantes de los dos equipos son vampiros, o todos son shamanes, o combaten entre sí aquellos miembros que sean vampiros para que sea más justo. Como pasó contigo, Kaoru… Bueno, creo que a partir de ahora haré mi mayor esfuerzo por traer alegría a esta casa —sonrió confiado, logrando contagiar a sus amigos—. Es bueno despejar la mente de este tipo de problemas.

—Eso no quiere decir que nos reiremos de tus chistes, pero podemos divertirnos golpeándote. ¿No te parece buena idea, pinchito?

—Ya escuchaste al puercoespín —dijo Len, sonriendo arrogantemente—. Más te vale que mejores esos chistes tuyos.

—¡Lo haré!

—Bueno, creo que mis hermanos ya han sufrido demasiado —Kaoru fingió una sonrisa a la vez que se acercaba al refrigerador. Lo abrió para después sacar una bolsa negra cuyo contenido desconocían—. ¿A alguien se le antoja sangre? …Por todos los espíritus, era una broma —se echó a reír con ganas al ver los gestos de los demás—. No se preocupen, es sangre de animal. Aún no pueden beber de las donaciones que le regalan a Fausto, o enloquecerán. Además, no es mucha la sangre que hay aquí, sólo es para que puedan aguantar un par de días más.

Dicho esto, se dirigió hacia la mazmorra. Una sonrisa se había dibujado en sus labios. Chocolove tenía razón, no era bueno angustiarse tanto por algo sobre lo que no tenían control. Siempre había que verle el lado positivo a las cosas, tal y como su hermano le había enseñado años atrás. Sus hermanos mayores iban a recobrar sus fuerzas cuando su fase de neófitos terminara y volverían a ser los mismos de siempre. De alguna manera, todo se solucionaría.


•❈•


Por fin pasaron los diez putos días, pensé, mientras mis ojos brillaban de alegría. A mi lado, Yoh estaba riéndose por mi reacción, a pesar de que él estaba igual o más emocionado que yo. Por fin podríamos salir de esas oscuras y tenebrosas celdas, donde nos habían privado de nuestra libertad durante casi dos semanas. Las únicas dos veces en que pudimos beber sangre fue cuando Evolet y Anna hicieron su intento de suicidio, y cuando mi hermana nos trajo un poco. Lo malo de la segunda ocasión fue que había sido poco después del incidente con las chicas. No quise aceptar la bolsa que Kaoru me ofreció, pero Yoh se comunicó mentalmente conmigo y me aconsejó que la tomara, para evitar levantar sospechas. Hasta la fecha, el único que sabía lo que había pasado era nuestro padre. Según lo que me contó, había tenido una plática muy seria con ambas chicas, en la que no había podido evitar regañarlas un poco por su alocado comportamiento. Sabía que no lo hacía por mala gente, sino que, en el fondo, también se había preocupado.

Durante el sexto día de nuestro encierro, Fausto había decidido que tenía que comprobar si sus experimentos funcionaban. Envió a Eliza a la celda con un par de pastillas en la mano, las cuales eran rojas y contenían un líquido del mismo color. Las famosas BloodPillex… y vaya que eran efectivas. Ingerí una cápsula que me mantuvo tranquilo durante casi diez horas; diez horas en las cuales no tuve deseos de beber aquel líquido carmesí. Fausto, al saber la noticia, brincó de la alegría, mientras abrazaba a una avergonzada Eliza. Me reí por lo bajo al verlo… Fausto era un genio, se merecía un reconocimiento o algo así. El shaman médico nos aseguró que, si alguna vez volvía a haber escasez de sangre, no lo pasaríamos tan mal con la ayuda de sus medicamentos.

—Buenos días, hermanitos —canturreó Kaoru con una sonrisa en los labios.

Yami le arrebató la llave de mi celda y la abrió, igual de feliz que ella. Le acaricié la cabeza, notando que movía sus orejas hacia atrás en señal de placer.

—Ya era hora de que nos sacaran de aquí —le respondió Yoh, recogiendo su futón.

—Amo Yoh, por fin es libre.

El espíritu del samurái apareció a su lado, llorando a mares al ver que su amo abandonaría ese cuarto de una vez por todas. Me reí con ganas al verlo, mientras abrazaba al Espíritu del Fuego en su forma chibi.

—¿No podías liberarnos más tarde? Aún me muero de sueño —comenté con una sonrisa adormilada, provocando la risa en mis dos hermanos.

—Oigan, aguanten otro par de horas. Mamá y papá planearon algo para ustedes, como celebración por salir de aquí —dijo Kaoru—. Son apenas las cuatro de la tarde. No les cuesta nada soportar unas horas más.

—Lo dices como si fuera tan fácil —se quejó Yoh, cruzando los brazos.

Salimos de aquel cuarto lentamente, saboreando la tan ansiada libertad. Una vez fuera, miré en todas las direcciones, buscando a alguno de mis amigos. Ninguno de ellos estaba en el pasillo del sótano, donde se encontraban las jaulas, pero era totalmente comprensible. Era terrible estar por aquí. La casa era lo bastante grande para que pudieran caber hasta treinta personas en ella… Anteriormente, era de veinte. Sucedió que nuestros padres, con ayuda de los Tao, pidieron permiso a la jefa de los apaches para que pudieran remodelar la casa a su gusto. Goldva accedió a la petición, recordando que nuestra familia había ayudado a la aldea en incontables ocasiones durante muchísimos años. Sin embargo, ahora tendrían que pagar más de alquiler… Casi el doble, lamentablemente.

Subimos a la primera planta, apreciando los detalles que habían cambiado en estos días. El diseño de la casa se parecía más al de un templo oriental antiguo. Tenía dos pisos y los pasillos se conectaban entre ellos, dándole un aspecto cuadrilátero y dejando el jardín en el centro mismo. De esa manera, todos podían acceder a él desde cualquier habitación. En la primera planta estaban las habitaciones comunes, tales como la cocina, el comedor, la sala de estar, algunos baños y todo eso. En la segunda planta estaban las habitaciones personales y todas ellas tenían un baño y dos puertas. Una que daba a un amplio balcón, que era personal, y la otra que daba al pasillo del interior de la casa. Si bien los muebles de los cuartos le daban un aspecto occidental, mi mamá decidió decorarlos con adornos de procedencia asiática, para que la casa tuviera una parte de nuestra cultura. Dos largas escaleras conectaban ambos pisos, una a la izquierda y otra a la derecha. En cuanto al jardín del centro mismo de la casa, estaba perfectamente decorado gracias a Ran Tao.

Apenas estábamos recorriendo los pasillos del primer piso, cuando Yoh me dio un ligero codazo y me señaló con la cabeza hacia el jardín, más específicamente hacia un árbol de sakura. Ahí, sentada bajo la sombra del mismo, estaba Evolet leyendo un libro con toda tranquilidad. ¿Y cómo no hacerlo? El jardín mismo transmitía una gran paz. Noté que hasta Mizu estaba tirada en la grama, disfrutando del cálido clima. Eso supuse, ya que no podía sentirlo por mí mismo.

—Ve a hablar con ella, yo distraeré a Kaoru —me habló Yoh, sonriéndome de manera cómplice para luego darme una palmadita en el hombro.

Él se alejó, yendo detrás de nuestra hermana, quien continuaba con su recorrido sin saber que habíamos dejado de seguirla. Sólo Yoh había notado que lo que más quería hacer al salir de nuestro encierro, era saber si Evolet estaba bien. Un enorme alivio me recorrió por completo y decidí ir a hablar con ella. Ya no me ponía tan nervioso como antes, pues ahora la sentía más cercana a mí. Sonreí levemente y me acerqué al árbol, y claro, ella alzó la mirada de su libro al notar mi presencia. No esperaba para nada que me sonriera tan emocionada, mientras se ponía de pie.

—Hao… ¡Ya saliste!

Dicho esto, no pudo controlarse y pasó sus brazos alrededor de mi cuello para darme un abrazo. Solté una pequeña risa. Ya me estaba acostumbrando a sus eufóricos abrazos y no me molestaban en absoluto. Le devolví el gesto, pasando mis brazos por su cintura con cuidado. No quería hacerle daño con mi nueva fuerza.

—A mí también me alegra verte, y saber que estás bien —respondí, mientras nos separábamos.

Bajé la mirada hasta su muñeca vendada. Ella imitó mi gesto y viró los ojos, como si ya supiera lo que pasaría.

—Sé lo que vas a decir, pero, por favor, no lo hagas —me pidió, a lo que yo la miré con solemnidad—. No me regañes por lo que hice. Sólo quería ayudarte y lo hice de corazón… Bueno, admito que fue algo peligroso.

—¿Algo? —musité, divertido. Evolet se contagió de mi ligera risa—. Entiéndeme, nunca me hubiera perdonado que… te quitara la vida por mis necesidades de vampiro, y a pesar de eso, debo admitir que tu pequeña locura me ha salvado. Bueno, la tuya y la de Anna que también salvó a Yoh… En verdad, lo siento.

La chica de ojos dorados me sonrió.

—No te preocupes. Valió la pena que tu papá nos regañara un poco —pareció buscar a alguien más con la mirada y luego me volteó a ver—. ¿Yoh no salió contigo?

—Ah, sí… De hecho, Kaoru nos estaba dando un recorrido por la casa para familiarizarnos con las nuevas instalaciones, pero quise venir a hablar contigo cuando te vi, para asegurarme que estuvieras bien —pareció conmoverse, porque me sonrió cálidamente—. Yoh se ha ofrecido a distraerla por mí un rato.

Evolet rio con simpatía.

—Bueno, entonces será mejor alcanzarlos, antes de que Kaos llegue y piense cosas que no son… ¿Vamos?

No pensé que esas palabras me herirían tanto, a pesar de que no fueron dichas con esa intención. Creí que era obvio, pero al parecer ella no tenía ni idea de lo mucho que me gustaba… y tal vez, eso era lo que más me lastimaba. Sea como fuere, le sonreí de vuelta y la seguí al interior de la casa. No había pasado mucho tiempo antes de darnos cuenta que era muy fácil perderse en la nueva casa. Por azares del destino, dos espíritus detuvieron nuestro andar. Conchi y Ponchi, los espíritus guardianes de Tamao, se acercaban hacia nosotros a toda velocidad, riendo fuertemente con las mejillas coloradas. El mapache traía un objeto de color rosa en sus manos. Evolet parpadeó sorprendida durante unos breves segundos, pero se sonrojó en cuanto pareció reconocer aquella tela.

—¡CONCHI, PONCHI, DEVUÉLVANME ESO AHORA MISMO SI NO QUIEREN MORIR! —la voz de la prometida de mi hermano resonó en todo el corredor.

Ambos pillos chillaron asustados y salieron corriendo como almas que llevaba el diablo, soltando la prenda al instante. Me acerqué despacio hasta donde se había caído la ropa y la tomé con cuidado, apreciando mejor los detalles.

—¡Hao, no lo toques…! —intentó detenerme Evolet, entre nerviosa y preocupada.

Oh, no… eso era… Lo solté al instante, sintiendo que mis mejillas imitaban a las de Evolet. Justo en ese momento, se desató el caos. La dueña de aquella prenda íntima femenina era la mismísima Anna Kyoyama. La susodicha salió de la habitación de Tamao, hecha una furia y dispuesta a matar a golpes a los culpables del robo de sus bragas.

—¡ERES UN ANIMAL DEGENERADO, HAO! ¡SUELTA ESO EN ESTE MISMO INSTANTE!

—Será mejor que corramos —murmuró Evolet, dando un par de pasos hacia atrás por el miedo.

Anna sacó su rosario especial, haciéndolo girar por el aire como si se tratara de una vaquera del viejo oeste.

—¡Corre! —exclamé.

Tomé a Evolet de la mano y salimos corriendo de ese lugar. Si pensábamos escapar con tanta facilidad, estábamos muy equivocados. ¡¿Por qué demonios habían puesto tantos pasillos inútiles?! Por la forma en que habían remodelado la casa, ahora ni siquiera sabía en dónde se encontraba mi habitación. Corrimos por todos los pasillos existentes, buscando el escondite perfecto. Abríamos todo tipo de puertas, asustando a los dueños de las habitaciones. Por supuesto que no lo hacíamos a propósito, lo único que queríamos era salvar nuestro pellejo. Fue entonces que vimos la luz al final del oscuro túnel… Por fin, un cuarto vacío. Entré con Evolet, quien no parecía cansada por la corrida que dimos en toda la casa. Eso me extrañó, porque se suponía que mi velocidad vampírica era mayor. ¿Por qué no se había cansado?

Dejé de pensar en eso y me encargué de cerrar la puerta, dejándome caer al piso con alivio. Anna ya no podría asesinarnos, estábamos a salvo… O eso fue lo que creí. De la nada, empecé a escuchar una voz con cierto tono malvado. Se trataba de la prometida de mi hermano. Estaba cantando esa tonta canción que odiaba con toda mi alma, pues se me erizaba la piel cada vez que la escuchaba. ¡Maldita Anna! Sabía perfectamente que yo tenía un serio trauma con esa película cuyo nombre no quería mencionar, y encima venía cantando la canción de la antagonista con una voz maquiavélica y nada desafinada. A mi lado, Evolet se asustó al notar lo cerca que estaba su mejor amiga.

—Tenemos que escondernos antes de que nos encuentre.

Buscó con la mirada por todos lados, hasta que vio el enorme armario de la habitación. No dudó en correr hasta él y abrirlo, llevándome con ella a la fuerza. Me desplacé sin prestarle mucha atención, inundado por los recuerdos del único temor que tuve en mi niñez. Abrió las dos puertas rápidamente y me pidió que me acomodara dentro. Le hice caso y luego la vi entrar al armario también, cerrando ambas puertas y asegurándose que nada pudiera abrirlas. Oí que Anna terminó de cantar aquella canción infernal y abrió la puerta de la habitación, la cual golpeó la pared ante la fuerza del movimiento. Ambos nos sobresaltamos, pero evitamos hacer cualquier ruido que nos delatara. Recuperé la postura al sentir que Evolet me tomaba el rostro con ambas manos en un gesto delicado. Volví a la realidad, mientras ella me susurraba.

—Tranquilo, no hay nada que temer. El fantasma de esa película no existe.

Suspiré suavemente al escuchar las palabras de la chica. Le agradecí con la mirada el gesto que había tenido conmigo.

—Soy un tonto —reí en silencio.

En verdad lo era, por estar asustado de una tonta película que ni siquiera estaba basada en hechos reales, pero… eso no quitaba el hecho de que era una de las mejores películas de terror de Japón, y que tenía muchos remakes que estaban traducidos en todos los idiomas posibles. Tampoco había que olvidar que se basaron en una antigua leyenda japonesa para crear la película.

—Sé que estas aquí, Hao. Nadie puede tocar mi ropa interior sin morir en el intento, lo sabes muy bien. Encontraré una forma de asesinarte, aunque seas inmortal.

Tragué duro al escuchar aquello.

Sabes que sólo bromea. No le hagas caso… la voz de Evolet resonó en mi cabeza. Me sorprendí por un momento. Sin embargo, con la misma rapidez me recuperé de la sorpresa. Había utilizado mi Reishi sin ser consciente de ello. Ella pareció darse cuenta de sus pensamientos y se llevó las manos a la cabeza. ¡Oh, no! ¡Anna sabrá que estamos aquí! ¡Soy una tonta!

No te preocupes… pensé con calma. Ella volteó a verme con sorpresa. Otra ventaja de este poder es el de bloquear mis pensamientos o los de cualquiera, para que otros usuarios del Reishi no puedan abusar de sus poderes. Anna no puede leer tus pensamientos ni los míos en este momento. Así que puedes estar tranquila.

¿Cómo es que puedo escuchar lo que piensas?

Soy capaz de comunicarme mentalmente con los demás, le respondí mediante el pensamiento y con una sonrisa en mis labios. Es la primera vez que lo uso inconscientemente, así que… Perdóname. ¿Te molesta que te lea la mente?

Al parecer, estaba pensando en la respuesta, pero Anna nos interrumpió antes de que pudiera contestarme. Volvimos a sobresaltarnos.

—Sal de ahí, pequeña rapunzel —¿…Anna se estaba burlando de mi hermoso cabello? Esa me la iba a pagar—. O empezaré a cantar tu canción favorita, aquella que te da tanto miedo. También podría invocar a la propia Okiku, para que te asuste hasta el final de los tiempos. Suena divertido.

Se acercaba lentamente hasta nuestro escondite casi perfecto, el armario. Podía jurar que cada pisada me erizaba más y más la piel. Comencé a temer por mi vida. El sonido que hacían sus sandalias de madera adquiría mayor fuerza conforme avanzaba hacia el mueble. Mientras más cerca estaba, más nos hacíamos para atrás los dos, hasta que nos topamos con el fondo del armario. Noté que Evolet comenzó a temblar y terminó por abrazarse a mi pecho, sorprendiéndome en el acto. A veces los Grandes Espíritus eran grandiosos… De no ser por el tipo de situación en la que estábamos, les estaría agradecido de por vida.

Anna empezó a canturrear de forma maligna. Observé, por el pequeño espacio que había entre ambas puertas del closet, que sus manos se acercaban con peligrosidad hacia los agarraderos de este. Bueno… había sido una buena persona, después de todo. Había luchado tanto para llegar lejos en el torneo, y era irónico que esa no fuera la causa de mi muerte. ¿Qué dirían los otros shamanes si se enteraran que Hao Asakura había sido asesinado a manos de una rubia desquiciada?

—Te estaba buscando, Annita —la detuvo una voz muy conocida.

Yoh asomó su cabeza por la puerta y luego se adentró a la habitación.

¡JURO QUE TE AMO, YOH! ¡TE COMPRARÉ TODOS LOS CHOCOLATES QUE QUIERAS POR HABERNOS SALVADO!

Evolet hacía un gran esfuerzo por reprimir una risita. Le guiñé un ojo, mientras llevaba un dedo a mis labios, pidiéndole que se mantuviera en silencio. Vi que Anna se volteó para verlo, mientras que él se acercaba muy despacio, temblando ligeramente. Incluso Yoh le tenía miedo… Sonreí de lado cuando llevó una de sus manos hasta el hombro e hizo un movimiento como para desenredarse el cabello. Conocía ese gesto a la perfección, pues era algo que habíamos ideado un par de meses atrás, para que supiéramos cuando uno le estaba salvando el pellejo al otro si estaba en problemas. En serio amaba a mi hermano por cosas como esta.

—Estaba buscando al imbécil de tu hermano —musitó Anna, mirando hacia otro lado para que Yoh no notara el rubor en sus mejillas.

—Él no está aquí. Lo vi salir de la casa hace un momento, probablemente estaba huyendo de ti. Tuvo suerte de que el sol no estuviera tan fuerte, así no le hará ningún daño… —Yoh rio levemente por su gesto—. ¿Puedo preguntarte algo, Anna?

—¿Qué sucede?

—¿Por qué estás tan nerviosa? No es normal que te pongas así.

—Yoh, tontito —se rio bajito, mientras que mi gemelo enarcaba una ceja completamente divertido—. ¿No te das cuenta que te has puesto aún más guapo de lo que ya eras? Creo que ser vampiro te sienta bien… No pongas esa cara, no estoy diciendo que sea bueno perder la humanidad. Me refiero a que… ¡Por todos los espíritus, mírate! Tu cabello ha crecido un poco y te hace ver mucho mejor. Sé que tu tez bronceada ha desaparecido, pero ese tono enfermizo no te queda tan mal. Te pusiste guapísimo de la noche a la mañana.

Qué asco, están coqueteándose.

Yoh se acercó peligrosamente hacia ella, y de repente me asusté. ¿Acaso habrá olvidado que nos encontrábamos aquí?

—¿Guapo yo? Creo que la hermosa aquí eres tú, Annita —la halagó, mientras colocaba una mano en su cintura y la acercaba más hacia él.

Evolet y yo nos miramos con espanto. ¡Estaban armando una escenita a unos metros de nosotros! ¡¿Qué rayos…?! ¡No quería verlos en acción, me traumaría! ¡Por los Grandes Espíritus!

Vaya lío en el que nos metimos… pensó Evolet, igual de avergonzada que yo.

Se cubrió levemente los ojos, mientras una sonrisa nerviosa se dibujaba en la comisura de sus labios. Pude percibir, a pesar de la poca luz que entraba al armario, que sus mejillas estaban teñidas en un lindo color rosa. Sonreí al verla.

Y que lo digas…

Mi gemelo y su prometida se besaban con mucha pasión, cosa que nos ponía incómodos a Evolet y a mí, pues no teníamos más opción que mirar la escena. Yoh sabía que estábamos ahí, únicamente lo había olvidado en pleno acto de alborotamiento de hormonas. Sin embargo, Anna ignoraba completamente nuestra presencia. Si nos encontraba, colgaría mi cabeza en la pared… Mejor dicho, nuestras cabezas, porque ponía en duda si le perdonaría la vida a Evolet por ver cómo se follaba a su novio… ¿Exageraba con lo de follar? Pues no. Ella estaba intentando quitarle la camiseta a mi hermano, a la vez que él le acariciaba los muslos. Anna temblaba al sentir las manos de Yoh masajeando su piel… Grandes Espíritus, ¿qué fue lo que hice para merecer esto? Ya estaba lo suficientemente traumado de la vez que atrapé a mis padres haciendo sus cosas, sin querer obviamente.

Bueno, Anna no está del todo equivocada, volteé a ver a Evolet al oír sus pensamientos. Se destapó la cara y me sonrió levemente. Yoh y tú se han puesto muy guapos… Creo que el cabello así de largo te sienta muy bien. Siempre me ha gustado eso de ti.

Daba gracias a que la oscuridad en el armario era la suficiente como para que ella no notara que los colores se me habían subido a la cara. Estaba confesándome abiertamente que le gustaba mi pelo largo. ¡Nadie me lo había dicho nunca!

Es un alivio que no las hayamos atacado en todo este rato desde que salimos de esas celdas…, cambié de tema, sintiéndome un poco nervioso. Desvié la mirada, intentando no ver esos hermosos ojos que ella poseía. ¿Crees que nuestro autocontrol se está fortaleciendo porque ya casi termina nuestra etapa de neófitos?

Bueno, podría ser porque no has bebido sangre humana desde el incidente que tuvimos…, bajé ligeramente la mirada, pues aún sentía algo de vergüenza.

Por otro lado, ella ya no le daba tanta importancia.

Gracias a los Grandes Espíritus. El olor de todos ustedes me volvía loco… Se me hacía agua la boca con tan sólo percibir su aroma a unos cuantos metros de distancia. Suena repugnante, lo sé, pero… Aún siento ese delicioso aroma desprenderse de ti. Vainilla, sal de playa y ese olor metálico de la sangre. Aunque sienta el olor a tu sangre, no tengo deseos de beber descontroladamente de ella como la última vez. Estoy sorprendido.

Me di cuenta que Evolet comenzó a sonrojarse y desvió ligeramente la mirada, como si estuviera avergonzada una vez más. Me sorprendió ver su reacción. ¿Estaría nerviosa sólo porque le dije que olía delicioso? …Oh claro, yo era el idiota. Oír eso no era nada normal. A pesar de eso, su reacción me pareció de lo más tierna.

Es tan adorable…, pensaba para mis adentros.

No contuve el impulso de tomarla del mentón y levantar su rostro. Ella se me quedó viendo, algo sorprendida por mis actos. Sin meditar mis acciones, comencé a acercarme a su rostro con cautela. Mientras más cerca estaba, más hermosa me parecía. Sus ojos tenían un extraño color semejante al oro líquido que parecía moverse como el agua calma, y eran enmarcados perfectamente por sus largas pestañas negras. Sus labios que tenían un grosor medio, perfecto en mi opinión, estaban coloreados de un rojo suave que me tenía locamente hipnotizado. Me sorprendió no ver resistencia alguna, pues no parecía querer apartarse de mí. ¿Quería que yo diera el primer paso? ¿Correspondía a mis sentimientos? Mis pensamientos fueron interrumpidos al sentir la cercanía de nuestros rostros, el roce de nuestros labios y nuestras respiraciones en un mismo compás… Me encantaría que este momento no se acabara nunca.

—Por fin te encuentro, Yoh… Ay, picarones —Kaoru llegó de improviso a la habitación y se echó a reír, divertida por haber descubierto a mi gemelo y a su novia en plena acción. Ambos acabaron por separarse a la fuerza—. Al menos deberían cerrar la puerta.

—Date por muerta, Kaoru —gruñó la Kyoyama.

—Lo siento, Anna —se disculpó, guardando su distancia—. No era mi intención. Mamá te estaba buscando. Parece que la abuela llamó, y creo que era algo urgente.

…Demonios, Kaoru. No sabía si agradecerte por salvar mi vida, o matarte por arruinar lo que pudo haber sido mi primer beso con Evolet. Apenas ocurrió esto, ella se había alejado de mí como si quemara, intentando no verme a la cara.

—Está bien, iré a hablar con la abuela —habló, acomodándose la ropa—. Gracias por avisarme, Kaoru. Sólo por eso te lo dejaré pasar.

Anna salió del cuarto, sólo pude oír sus pasos alejándose. Kaoru volvió a mirar a mi hermanito con burla. Él estaba buscando su camiseta por el piso. Sin dar aviso, abrí la puerta del armario casi de golpe. Le lancé una mirada peligrosa a mi gemelo.

—Pudiste ahorrarme ver eso, qué asco —le reclamé, pero Yoh se rio. Miré a Kaoru, quien parecía sorprendida de verme escondido ahí—. Y tú… Te detesto.

—¿Por qué? ¿Qué hice? ¡Tú eres el pervertido al que le gusta espiar parejas!

Ayudé a Evolet a salir del armario, dándome cuenta que debía tener las piernas entumecidas por estar tanto tiempo en la misma posición. Ambos decidimos ignorar la mirada entre pícara y sorpresiva de mi hermana menor.

—¡No soy ningún pervertido! ¡Yoh sabía que estaba aquí!

—¿Qué? ¡Yoh! ¡Sabías que los dos estaban ahí y aun así tú…! —Kaoru regañó levemente a mi gemelo, causándome un par de risas—. ¡Santo cielo! ¡Debería darte vergüenza!

—¿…Saben qué? Sólo por eso me disculparé únicamente con Evolet; ustedes dos se pueden ir a la… ya saben —nos reímos ante su incapacidad de decir palabrotas. Bajó levemente la cabeza y le ofreció una mirada de disculpa a mi compañera—. Perdóname si eso te puso incómoda. No fue mi intención.

—No pasa nada, Yoh —sonrió ella, aunque aún se le notaba la incomodidad.

—¿Y tu hermano qué? —inquirí, siendo ignorado por él y ganándome una risita de parte de Kaoru—. Espera a que vuelvas a pedirme algún favor, malagradecido.

—Como sea, estaba buscándolos —nuestra hermanita nos señaló con un dedo acusador—. Espero que Anna no me mate cuando sepa que le mentí. La abuela Kino tiene unos cuatro días de no haber llamado —sacó un poco su lengua—. Busquen sus sombrillas, los rayos de sol están fuertes de nuevo. Saldremos por un rato… ¡A su primera caza! ¿No están emocionados?

—Oye, tranquila vieja —citó un divertido Yoh. Kaoru le dio un manotazo, sonriendo de lado—. ¿Qué? Es tu programa favorito.

—¿Caza? ¿En la aldea? Está prohibido usar escopetas u otro tipo de armas de fuego para acabar con la vida de los pobres animales —musité, preocupándome un poco.

—No me refiero a ese tipo de caza —nos guiñó un ojo al ver nuestros semblantes confundidos—. Ya lo verán, vámonos… ¡Vengan conmigo, par de gemelos malvados! Los guiaré en esta travesía por el peligroso desierto, en busca de un inimaginable tesoro.

—¿De cuál te fumaste? —pregunté, tornando el gesto a uno burlón.

Yoh y Evolet rieron por el comentario que le hice a nuestra extraña hermana menor. Bajamos rápidamente para descubrir qué tanto tramaba mi nada normal familia. Mikihisa nos estaba esperando con una sonrisa en la entrada de la casa. Keiko se acercó con un par de sombrillas azules y nos dio una a cada uno.

—Esto los mantendrá a salvo del sol. Iremos hasta la entrada de la aldea, donde hay un puesto de alquiler de autos. Aunque Goldva no quiera admitirlo, le beneficia todo este asunto de los vampiros. Mira que tener autos blindados con vidrios polarizados en alquiler…

—¿Blindados? ¿No que no íbamos a cometer asesinatos con armas de fuego contra los pobres animales? —habló Yoh. Mis padres se echaron a reír, al igual que Kaoru. ¿Qué rayos les pasaba?—. Ellos son los que necesitan protección, no nosotros.

—Digamos que ese lugar no es tan seguro como parece. Nunca sabes cómo podrían reaccionar los vampiros si te acabas su única fuente de alimento.

Salimos y nos dirigimos hacia el puesto de autos. Era increíble que, hasta el momento, a las únicas que había visto eran Anna y Evolet. ¿Qué pasaba con los demás? ¿Aún nos tendrían miedo? No podía dejar de hacerme tantas preguntas, pero todo era tan extraño. El viento esparcía la esencia que despedían los demás shamanes. Perfumes con olores artificiales agradables, flores, frutas… y sangre, como era de esperarse. Lo que nos pasmaba, tanto a mi gemelo como a mí, era que esos deliciosos aromas no provocaban ningún intento de homicidio en nosotros. Cuando Tamao abrió la puerta de la habitación en la que estuvimos encerrados aquella vez, había olvidado quién era justo cuando percibí los olores que despedían mis amigos. ¿Por qué ahora todo era diferente? No podía dejar de preguntármelo.

—Es porque tu autocontrol es mejor que antes —respondió una tranquila Keiko. Parpadeé sorprendido, era como si me hubiese leído la mente—. Sé que eso era lo que estaban pensando los dos, porque Kaoru tuvo la misma duda en su momento. Podría decirse que su autocontrol actual es de un setenta por ciento, ya que han pasado diez de los veintiún días que comprende la etapa de conversión. Sin embargo, aún existe el problemático treinta por ciento restante; podrían descontrolarse si vieran a alguna persona sangrando levemente… No me vean así, esto de los vampiros es extraño, ni nosotros entendemos por qué todo funciona así.

—Ya escucharon al cerebrito de su madre, no hagan más preguntas —pidió Mikihisa, divertido.


•❈•


Nos tomó un par de minutos más para llegar a la entrada de la Aldea Apache. Había un muy amplio estacionamiento de autos blindados, cuyo costo de alquiler no era muy caro si escogíamos sabiamente el auto. Como había mucha demanda por el elevado número de shamanes que se habían convertido en vampiros y no todos podían costearse el alquiler de dicho medio de transporte, Goldva había decidido que las tres primeras horas de uso costaría la cuarta parte del precio original. Mikihisa veía los autos sin interés alguno. El apache encargado, un hombre de unos treinta años de edad, no lograba convencerlo con ninguno de los autos que veía. Keiko había pedido que nos llevara a la zona donde estaban los autos más económicos… y feos, debía admitir.

—Si no le llama la atención ninguno de estos, podríamos pasar a ver los autos más costosos y elegantes —el hombre sonrió ante la idea.

Keiko le lanzó una mirada asesina.

—Usted está diciendo eso por la dichosa comisión por ventas. Le pagarán más si alquilamos uno a un precio más elevado.

—Claro que no, señora. Jamás haría tal cosa.

—Papá, sólo escoge uno que no esté tan feo y ya, me aburro —se quejó Kaoru, sentándose en la parte delantera de un Toyota no tan reciente—. Este de aquí es aceptable, pero no cabemos cinco personas en él, a menos que nos apretujemos.

—…Llévenos a donde están los mejores automóviles, estos son horribles —comentó Mikihisa con una mueca.

Mis hermanos y yo nos reímos cuando Keiko le dio un zape en la nuca a Miki.

—Como guste, señor Asakura.

Al hombre le brillaban intensamente los ojos, debido a que tendría una buena paga ese día. Todos los apaches eran así, lo único que les importaba era ganar más dinero con los shamanes que venían a la aldea, y detestaba eso. Sentí que me quedaba sin aliento al ver tantos autos… hipotéticamente hablando, claro. Estar en ese sitio era como estar en el cielo. Contemplé cada uno de los autos con emoción, reconociendo la mayoría de las marcas que se encontraban ahí: Lamborghini, Mercedes-Benz, BMW, Ferrari, Bentley, Porsche… En ese instante, creí haber muerto y resucitado en el mismo cielo.

—Mira este auto —musitó Yoh, mientras acariciaba un deportivo color gris.

—Hombres… —dijeron Keiko y Kaoru al mismo tiempo, rodando los ojos.

Mikihisa veía embobado todos los autos que estaban a su alrededor, hasta que encontró el indicado. Un Audi Q5 color azul en perfecto estado. Abrió las puertas del todoterreno para comprobar que todo estuviera en orden.

—Parece que por fin lo he encontrado… ¡Nos llevaremos este!

—¡Sí! —exclamamos mi gemelo y yo al unísono, completamente emocionados.

—¡¿Estás loco, Mikihisa?! —le reclamó mi enojada madre—. ¿Acaso no has visto cuánto te costará rentar esta cosa? Y ustedes dos… —se refirió a nosotros, lanzándonos una mirada envenenada—. No celebren las cosas que hace su padre. Por todos los espíritus, ¿por qué tenían que salir como él?

—No seas aguafiestas, Keiko —la miré con una sonrisa—. El auto está genial. Además, los cinco cabemos en él. ¿No era eso lo que importaba?

—A veces es bueno permitirse ciertos lujos, cariño —Mikihisa sonrió de forma relajada, mientras buscaba su chequera—. Especialmente cuando tu salario es lo suficientemente bueno como para pagar algo así.

Pagó el auto rápidamente, subimos y nos dirigimos hacia el lugar desconocido. Me hubiera gustado manejar por mí mismo ese fabuloso auto, pero ni mi hermano ni yo podíamos hacerlo por ser menores de edad y, por ende, aún no teníamos la licencia. Dormí durante casi todo el viaje… O al menos lo intenté, porque Kaoru me tocaba el rostro constantemente con un palito extraño. Algún día me desquitaría de todas las bromas que me hacía.

Cuando nos bajamos del auto, me sorprendí por el sitio en el que nos encontrábamos. Era un enorme bosque de árboles de todo tipo, que no permitían que ningún rayo de luz se colara a través de ellos. Pensaba que era muy extraño, mientras nos adentrábamos entre la espesura. ¿Qué rayos hacía un bosque en medio del desierto? No tenía nada de lógica. Creí que el cansancio me estaba afectando la cabeza y esto se trataba de alguna alucinación anormal. Debía haber decenas de especies diferentes de aves, pues todas emitían distintos sonidos al mismo tiempo. Unos cuantos metros después de la entrada, había un lago de aguas cristalinas, justo como en el bosque que había detrás de la casa en la que vivíamos en la aldea. Sin previo aviso, se acercó un pequeño venado, dispuesto a beber de este. En cuanto nos vio, se alejó muy asustado.

—Es normal que se asusten al vernos, saben que ellos son la presa en esta extraña cadena alimenticia —rio suavemente Mikihisa—. De aquí en adelante se encuentran los demás animales, supongo que estarán en sus escondites.

—Les recomiendo alimentarse de la sangre de los carnívoros, generalmente son los que tienen mejor sabor —aconsejó Kaoru, buscando con la mirada a alguno de estos—. Les mostraré cómo se hace, primero déjenme encontrar alguno… ¡Aquel lobo blanco de allá servirá!

La vimos correr hacia lo que era… ¿Un lobo de clima frío? ¿Qué diablos…? No lograba comprender qué estaba pasando aquí. Supuse que esto era obra de los Grandes Espíritus o algo así, porque no le encontraba otra explicación. El lobo corría velozmente para que mi hermana no lo alcanzara. De la nada, ella consiguió estar a la par de él y se le tiró encima, impidiendo que pudiera escapar. Colocó una de sus frías manos sobre los ojos del pobre animalito, el cual gimoteó asustado.

—No temas, esto será rápido —giró delicadamente la cabeza con su mano libre, teniendo una mejor vista del cuello del animal.

Rápidamente, acercó sus brillantes colmillos para perforar su cuello. El lobo emitió un agudo sonido una vez y luego le siguió el silencio, dejando caer su cabeza cuando su vida le fue arrebatada. Sentí lástima por la pobre criatura, no merecía pasar por semejante sufrimiento sólo para servirnos de alimento. Una vez hubo acabado, Kaoru limpió todo rastro de sangre de su rostro y nos miró tristemente por unos cortos segundos.

—Es así como tendrán que sobrevivir a partir de hoy —musitó con voz queda—. Es esto o beber sangre humana, lo cual es mucho peor y es algo que ustedes aún no pueden hacer, no si quieren tener un excelente control sobre su sed.

Si tan sólo supiera que ya lo habíamos hecho…

—Bien, llévanos a ese lugar del que hablas. Quiero salir de aquí, este lugar no me agrada —respondí con cierta urgencia.

Dimos unos cuantos pasos más para llegar a la zona más oscura del bosque, donde habitaban la mayor parte de los animales en el territorio: zorros, conejos, venados, lobos… Creí que se estaban escabullendo al vernos, pero la verdadera razón por la que huían era porque un buen grupo de participantes de la aldea estaban llegando al lugar, peleándose por beber del mejor animal de la enigmática arboleda.

—Wow, ¿incluso a ustedes los han convertido?

—Ya está, no hay ninguna esperanza para detener esta maldita plaga.

—Hola Pino, Sally. También nos alegra mucho verlos —los saludé con una sonrisa irónica, ganándome un no tan suave golpe de parte de mi gemelo.

Nos habíamos vuelto muy amigos al saber que también eran fans de AeroException.

—Habíamos escuchado de un ataque a dos personas hace unas semanas, pero jamás pensamos que se trataba de ustedes —soltó Zria, la compañera de equipo de Pino, cuyos integrantes no habían podido escapar de las garras de Darkar.

Y no eran los únicos…

—Pues, yo no entiendo cuál es el objetivo de todo esto —pronunció Fudo, apareciendo de la nada—. Quiero decir, ¿de qué sirve convertir a tanta gente en vampiros? ¿Planean usarnos o qué?

—Ni idea —confesó Pino, un tanto decepcionado—. Bueno, iremos a buscar nuestro sustento del día —tomó de la mano a Zria, quien se puso un poco nerviosa con el gesto—. Vámonos, tenemos que encontrar a Cadimahide para cazar en una zona menos concurrida. Además… —agregó, sonriéndome con autosuficiencia—, debemos darles oportunidad a estos novatos.

—¡Hey! ¡¿Cómo que novatos?!

—Sólo lo dicen para molestar, Hao —comentó mi hermanita entre risas. Mis padres habían ido a alimentarse a otro lugar, dejándola como nuestra guía o como quieran llamarle—. Nos vemos, chicos.

—Por supuesto, el equipo de Lyserg será nuestro rival dentro de cinco días, supongo que irán a apoyarlos —le dijo Sally, al mismo tiempo en que buscaba con la mirada a sus amigas—. Díganles que les mandamos muchos saludos.

—Ok, les diremos que las cinco Lilys les envían besos y abrazos.

—¡QUE NO NOS LLAMAMOS ASÍ! —le bramó Sally a Yoh, quien no pudo contener sus risas.

Fudo, el muchacho de cabellos rojizos, los miró con una sonrisa.

—Yo también tengo que buscar a mis amigos. Nos vemos al rato.

Continuamos rastreando a nuestras futuras presas durante un buen rato. Al final, logré cazar dos ciervos, una liebre y un pequeño gato montés. Seguramente, mi hermano había cazado la misma cantidad de animales. Sin embargo, todo empezó cuando ambos vimos un oso… Definitivamente quería ese oso, pues Kaoru tenía razón. La sangre de los animales carnívoros tenía un mejor sabor. No lograba comprender a qué se debía eso. Pensaba que era un oso hermoso, mientras lo contemplaba a lo lejos; un oso pardo de brillante pelaje. El tamaño del animal era considerable, así que a lo mejor y se trataba de un adulto. De pronto, noté que Yoh comenzó a acercársele sigilosamente. Lo miré casi con indignación.

—¿Qué rayos te pasa? Yo lo vi primero.

Se rio al escucharme.

—¿Tú? ¿Estás hablando en serio? Te has alimentado más que yo, por lo tanto, merezco ese animal.

—No si yo lo consigo primero —lo desafié con una sonrisa.

Yoh abrió los ojos como platos para después volver a soltar otra risita, sin despegar sus ojos del oso. Estaba aceptando nuestra disputa.

—¿Me estás retando? —quiso saber, dibujando una sonrisa en su rostro.

Nos miramos fijamente durante unos breves segundos, sin hacer ningún movimiento. No nos dimos cuenta que el oso retomó su recorrido a través del bosque. Noté que la mano de Yoh se acercaba lentamente a Harusame, la cual había traído por si ocurría algún percance en el camino hacia este lugar. Sonreí al predecir su ataque, pues no permitiría que tomara la delantera.

—¡Espíritu del Fuego!

—¡Amidamaru, posesiona a Harusame!

—¿Harás tu posesión de objetos sólo con Harusame? Qué deprimente —me burlé. El Espíritu del Fuego se había transformado en una espada que sostenía fuertemente con mis manos. No valía la pena luchar con la verdadera forma de mi espíritu si esto era sólo por diversión—. Al menos haz la posesión con la Espada Sagrada, o que te ayude el Espíritu de la Tierra.

—En realidad, quiero comprobar esa teoría de la nueva fuerza que tenemos —sonrió de lado para después correr hacia mí. Di un salto en el aire, evitando su ataque—. ¿Por qué me esquivas? ¿Tienes miedo?

—Siento lástima por ti, porque ese oso será mío —blandí la espada en el aire, haciendo que unas llamaradas de fuego volaran directo hacia él. Yoh convirtió su oversoul en un escudo, sorprendiéndome un poco. Tenía meses de no ver ese movimiento—. No entiendo, normalmente logras mantener mi nivel si haces la posesión sólo con el Espíritu de la Tierra, o si la combinas con Amidamaru, pero con esa posesión tan débil…

—No es tan débil —refutó él, sin mostrar emoción alguna—. No olvides que con ella pude ganarle a Silver y clasificar en este torneo.

—…Esto no será divertido —admití, desganado. Deshice mi posesión—. Tú ganas, ve por el oso.

—¡Sí! El oso es todo mío… Eh, ¿Dónde está?

Acabábamos de percatarnos que le habíamos perdido el rastro al animal.

—¡No puede ser! ¡Dejaste escapar al puto oso!

—¡Oye, tú también lo querías! ¡No toda la culpa recae en mí!

—¡Maldición, no puedo creerlo! ¡Nos robaron al oso, Yoh!

—Dejen de hacer tanto escándalo —Kaoru salió de entre la espesura, relamiéndose los restos de sangre que tenía en los labios—. Todos los están viendo. ¿No les da un poco de vergüenza?

Efectivamente, todos los shamanes que se encontraban en ese lugar nos miraban con sorpresa o burla.

—Tengan… —nos lanzó un par de patas de algún animal enorme. Apenas y pude atraparlas—. Son para la buena suerte —comentó con una risita nerviosa, mientras empezaba a retroceder.

…Ahí fue que nos dimos cuenta…

—¡Tiene que ser broma, Kaoru! ¡¿Te comiste al oso?!

—¡Devuélvelo, maldita! —le reclamé con una mueca enojada.

No logré el efecto esperado, ya que se rio inocentemente.

—No quiero —negó con el mismo tono.

Los tres nos preparamos para una batalla por diversión.

—Basta de juegos, ya nos vamos —sentenció Mikihisa, quien venía llegando. Sonrió al vernos—. ¿No pueden estar quietos ni un sólo momento? Por los Grandes Espíritus, llaman demasiado la atención.

—Cúlpalos a ellos, yo sólo vine a detener su pelea —respondió Kaoru, intentando escapar de la situación como siempre.

—¡Kaos!

¿Por qué no podía tener una familia normal? Supuse que nunca iba a tener una respuesta a dicha pregunta.

—Aunque seamos más fuertes que antes, dudo siquiera que le lleguemos a los talones a Darkar —comentó Yoh, esquivando la mirada inquisidora de mis padres—. Si tuviéramos que luchar con él en alguna ocasión…

—¿Quién eres y qué hiciste con el señor "todo saldrá bien"? —bromeé, divertido.

—Sé que va en contra de lo que pienso, pero es que me siento nervioso. El entrenamiento será todavía más pesado y, aun así, no sabemos si será suficiente para hacerle frente. Creo que sólo así no nos tomarán desprevenidos los retos que nos impongan los Grandes Espíritus.

—Hablaremos de eso después, primero hay que aguantar un par de días más y evitarnos los malestares… Aunque no siempre esté de acuerdo con esto, creo que 'todo saldrá bien' —lo tranquilicé con una sonrisa.

—¿Cómo puedes estar tan seguro de eso? —quiso saber una curiosa Kaoru.

—Intuición… Ahora, vayamos a lo importante —guardé silencio un momento y luego miré a Mikihisa—. ¿Puedo conducir de regreso? —papá soltó una risa, pero negó con la cabeza—. Vamos, ya es de noche. No tengo ganas de dormir y estoy completamente alerta, así que no habrá peligro alguno.

—Yo también quería manejar el Audi antes de tener que devolverlo —soltó un deprimido Yoh.

Me quedé viéndolo por unos cuantos segundos.

—…Si quieres, podemos conducir la mitad del trayecto cada uno.

—¡Sí! ¡Tenemos un trato! —exclamó muy feliz.

—¡Bien! ¡Dame esas llaves, papá! —le exigí, mientras me ponía los lentes de sol que le había robado. Seguramente me veía más apuesto que de costumbre—. ¡Eh, eso es trampa!

El muy desgraciado alargaba su brazo todo lo que podía, no queriendo entregarlas tan fácilmente. Aunque hubiese crecido un poco, seguía sin alcanzar su estatura. Era increíble, debía medir casi dos metros. Me emocioné cuando por fin me las entregó, a regañadientes. Me di cuenta de que la casi diaria escena familiar se repetía: Keiko regañándonos por todo, Mikihisa intentando tranquilizarla, Kaoru tratando de defendernos, pero únicamente lograba salvar su propio pellejo, Yoh y yo… pues nada, simplemente éramos nosotros.

—Irás en el copiloto. Vámonos, Yoh —me miró con diversión cuando le entregué un par de lentes oscuros, aunque terminó por aceptarlos—. Tal vez atropellemos a alguien en el camino.

—Si eso pasa, mamá nos mataría —se rio al imaginarse la cara que Keiko habría puesto si hubiese escuchado lo que dije.

¿Cómo era posible que pudiera conducir si aún no tenía el dichoso permiso? Pues… Mikihisa nos había enseñado a los dos durante unas vacaciones pasadas. Nos llevaba a lugares un poco retirados, para que mamá no se enterara… Claro que al final acabó haciéndolo. Todo por culpa de una pequeña bocona malvada llamada Kaoru. Lo bueno fue que ni papá ni nosotros nos llevamos tantos regaños, pues Miki logró convencerla de que era bueno que aprendiéramos a conducir, por si ocurriera alguna emergencia y él no estuviera presente.

…Además, no era como si nos fueran a detener en pleno desierto por andar conduciendo sin licencia. No había ningún policía u otro tipo de autoridad que pudiera darse cuenta. Nos subimos al auto, despidiéndonos de los demás shamanes que habíamos podido conocer durante este curioso torneo. Tenía que admitirlo, eran muy buenas personas. Casi solté un chillido de emoción cuando arranqué el motor. Por fin podría conducir un Audi… ¡Amaba tanto los Audis!

—Esto es tan genial —admití, acomodándome en el asiento de cuero. Era tan cómodo—. ¿Qué tal allá atrás, papá? —inquirí con sorna, pues no estaba muy feliz de que le hubiera arrebatado su querido automóvil alquilado.

—¿Así tratan a una de las personas que les dio la vida? —inquirió, dramatizando—. Si no fuese por mí, no estarían aquí en este momento.

Yoh y yo nos reímos por lo enfadado que simulaba estar Mikihisa. Parecía un niño al que le habían arrebatado su dulce favorito.

—¿Por qué hablas en plural? Yo no he dicho nada —se defendió mi gemelo entre risas.

—Porque seguramente pensaste lo mismo que tu hermano. No tienen piedad ni de su propio padre. Recuerden que yo alquilé esta preciosidad —papá sonrió con burla.

—Al ser gemelos, supongo que piensan lo mismo —comentó Kaoru, echándole sal a la herida.

—¡Hey, eso no es verdad! No siempre pensamos igual…

—Como sea, pongamos música —cambié el tema, para evitarnos los enfados.

Estuve cambiando las estaciones de radio, buscando alguna buena canción. En algunas pasaban dubstep y esas cosas, que me gustaba un poco, pero quería divertirme un rato. Fue cuando encontré una de las canciones más viejas de AeroException, en la que gritaban un poco y la música era un tanto… satánica, como diría mi madre. Aunque para ella, todo el rock moderno era satánico. Yoh se puso a reír como loco cuando se dio cuenta de mis planes malvados. Quise sacudir mi cabello, así como lo hacían algunos cantantes de ese género musical, pero no pude por estar conduciendo. Así que me dispuse a cantar la canción, únicamente para molestar a mi querida madre.

—Canta conmigo, Yoh —le pedí, sabiendo que se negaría.

El pobre no podía parar de reír, pues también debía estar imaginando la épica reacción de Keiko. Empecé a cantar, a pesar de que mi hermano se había negado.

—¡Hao! ¡Quita esa maldita canción en este instante!


•❈•


Al día siguiente, fuimos al restaurante de Silver después de la pequeña siesta que tomamos mi gemelo y yo. Me gustaba dormir cuando aún era una persona común y corriente, pero ahora con mayor razón prefería hacerlo de noche y no en la mañana/tarde. Sólo tenía que esperar un par de días más y podría enviar todas estas necesidades de neófito al carajo. ¿Nuestros amigos? Bueno, ya estaban actuando como si nada hubiese pasado. Estaba agradecido con ellos, de eso no había duda, pues todavía podía contar con su apoyo. Se mostraban dispuestos a ayudarnos y apreciaba eso, aunque no lo demostrara todo el tiempo. Reconocía lo difícil que era para ellos acostumbrarse.

—Vaya, no esperaba verlos por aquí hasta dentro de un par de días más —habló un hombre de voz grave.

Ese tono… Lo reconocería hasta en mis peores pesadillas. Maldito Kurozawa.

—¿Qué haces aquí? —preguntó mi hermano, manteniendo la calma.

Por supuesto, él también debía guardarle cierto rencor por lo que nos había hecho.

—Qué asco, creo que ya se me quitaron las ganas de beber esto —solté de pronto, alejando el recipiente de metal de mis labios. Era un contenedor muy bien fabricado. No se podía observar los líquidos que había en su interior y no permitía que se escapara ningún olor, así mis amigos podían permanecer tranquilos cuando bebiera sangre frente a sus narices. Si no la veían, no les causaría tanta repulsión—. Siento náuseas de tan sólo verte, maldito.

—No deberían hablarme así. Después de todo, fui yo quien les mostró esta nueva y maravillosa vida.

Todos se mostraron sorprendidos ante esto. Ni Yoh ni yo habíamos querido decirles que Kurozawa fue el que nos transformó. Aunque era uno de los principales sospechosos, aún se mostraron consternados.

—No vamos a agradecerte una mierda, así que vas a tener que esperar sentado —espeté con cierta molestia.

Al vampiro pareció agradarle mi respuesta.

—Cuidado con ese lenguaje. Los niños pequeños no tienen por qué hablarle así a su padre.

—¿Padre? —preguntamos Yoh y yo al unísono.

Kurozawa se mostró divertido ante nuestra duda.

—Así es como deberían llamarme ahora, ya que yo fui quien los convirtió.

—Escúchame, si aprecias tu maldita vida, deberías largarte antes de que pierda la poca paciencia que me queda y te calcine vivo, ¿oíste? —le gruñí. Hasta a mí me sorprendía darle advertencias al enemigo. Normalmente me desquitaba al instante—. Hablo en serio, te estoy dando una oportunidad, así que aprovéchala. Porque cuando te vea otra vez, desapareceré hasta tu asquerosa alma. No creas que dejaremos pasar el hecho de que nos hayas transformado a la fuerza. Nos arrebataste nuestras vidas. Por consiguiente, no veo ningún inconveniente con que yo haga lo mismo contigo.

—Alguien no estuvo muy feliz de que hicieras eso —pronunció Anna con voz tétrica, llamando la atención de Kurozawa—. A pesar de que puedas regenerarte, tienes cicatrices en la piel, especialmente en los dedos. Como si te los hubieran dañado tanto que no pudiste curarte correctamente.

—Eres muy lista, ahora veo por qué los Asakura te escogieron como prometida para uno de ellos —se acercó peligrosamente hacia ella. Yoh hizo su posesión de objetos con la ayuda de sus dos espíritus acompañantes, haciendo reír al vampiro de cabellos naranjas—. Aunque, pensándolo bien, tendrías que ser la prometida de Hao, por ser el mayor de la familia. ¿O me equivoco, Keiko Asakura? —todos voltearon a ver a mi madre, quien tenía una mirada seria—. Ah, las familias de shamanes de ahora. Son todos unos tontos sentimentalistas.

—Tontos sentimentalistas que te patearán el trasero —amenazó Horo, empezando a enojarse.

Kurozawa rio fuertemente al oírlo.

—Está bien, esperaré a que los "Grandes Espíritus" decidan nuestro destino. Muero por comprobar su nueva fuerza; si es que logran superarme… Esperen, parece que hablé muy pronto.

De repente, empezaron a sonar algunos oráculos virtuales al mismo tiempo. ¿Será posible…? Alcé el mío y apreté un botón, abriendo el mensaje que habían enviado los apaches y que contenía la decisión de los Grandes Espíritus.

—Dentro de diez días pelearemos contra los… ¿Sadist Warriors?

Kurozawa alzó su oráculo, el cual era de color rojo borgoña, más oscuro que el mío. El aparato brillaba con intensidad.

—Sadist Warriors —nos confirmó él con una tétrica sonrisa. Ni siquiera podíamos ver algún espíritu acompañante a su lado, pero eso era imposible. Estaba seguro de que tuvo que haberlo necesitado para atraparnos a Yoh y a mí esa vez—. Esto será interesante. Nos vemos en diez días, hijos míos.


•❈•


¡Hola! ^^

¿Qué tal el capi? ¿Les gustó? Los gemelos se enfrentarán a Kurozawa… ¿Cómo creen que acabe todo esto? :S

Bueno, espero que les haya gustado. Muchas gracias por leerme n.n ¡Sus reviews son bienvenidos! Cualquier duda, sugerencia, comentario, etc., no duden en escribirme.

¡Nos vemos! ^^