Disclaimer: Shaman King y sus personajes no me pertenecen. Son del gran Hiroyuki Takei. Tampoco son de mi autoría algunos lugares, canciones y/o marcas que aparecen aquí. Sólo la trama, personajes propios y lugares ficticios son invenciones mías. Gracias a Sabr1 por prestarme a su OC (Evolet).
Advertencias: lenguaje soez, gore (leve o moderado), y algunos pensamientos obscenos (Rated T).
Género: General. Tiene un poco de todo.
Pensamientos, comunicación por telepatía, recuerdos, sueños.
14
Buenas noches, papi
Hao Asakura
Debería estar completamente atento a la batalla del equipo Funbari Onsen, el cual estaba conformado por Chocolove, Lyserg y el pequeño Manta. Sin embargo, todo este asunto de Kurozawa me tenía… nervioso, hasta cierto punto. ¿Nervioso, yo? Sabía que sonaba extraño, pero era la verdad. Estaba angustiado porque, aunque tenía un furyoku bastante alto y era mucho más fuerte que un shaman común y corriente, no era nada al lado del vampiro ese. Él era mucho más fuerte que yo; podía crear una barrera que absorbía mi poder espiritual, dejándome vulnerable a sus ataques. Contaba con pocos días para encontrar un entrenamiento que me permitiera superar el nivel de ese vampiro desquiciado, antes de que nos asesinara definitivamente a mi gemelo y a mí el día de nuestra batalla… y ni qué decir de la pobre Evolet, que nada tenía que ver en el asunto, pero también estaba en nuestro equipo e inevitablemente se vería involucrada en todo eso.
—¿Qué esperas, chocolatín? ¡Golpea a Ellie de una buena vez! —reclamaba un emocionado Horo, consiguiendo sacarme de mi letargo.
Chocolove le asestó un buen golpe a Ellie, quien retrocedió un poco asustada.
—Demonios, son más fuertes de lo que creí —musitó la chica, no muy contenta con la situación.
—No es bueno subestimar al enemigo —le advirtió el moreno.
Noté que sus garras de jaguar emanaban una gran cantidad de poder espiritual.
—Los chicos se han vuelto muy fuertes —comentó un sorprendido Yoh.
Su sorpresa fue mayor cuando vio a Lyserg asestarle un golpe a otra miembro de las Cinco Lilys, quien terminó impactando contra el suelo, pero su posesión de objetos aún no se disipaba. Sally se llevó una mano a la cabeza, sin perder su característico rostro impasible en ningún momento.
—Lo siento, chicas —habló Lyserg, mientras preparaba su péndulo—. Lamento mucho que tengamos que lastimarlas, pero nosotros ganaremos esta pelea a como dé lugar.
—¡Nosotras tampoco estamos dispuestas a perder! —contestó Sally.
—Han hecho lo posible por incrementar su capacidad espiritual en estos días —habló Anna, quien estaba sentada junto a Yoh. Se me olvidaba que mi querida cuñada estaba a nuestro lado, especialmente en ocasiones como esta, y que hablaba sin parar. Noté que me lanzó una mirada envenenada, como si supiera lo que estaba pensando… Probablemente sí sabía lo que estaba pensando. Cómo detestaba que usara su Reishi en mi contra—. Ustedes deberían estar haciendo lo mismo desde hace días y eso te incluye a ti también, Evolet. ¿Acaso no quieren derrotar a Darkar?
—Es lo que hemos estado haciendo, Anna —se defendió ella, intentando excusarnos—. No es nada fácil aumentar de golpe el poder espiritual en tan poco tiempo, lo sabes mejor que nadie. ¿Ya no te acuerdas de los entrenamientos de la abuela?
—…Ni me los menciones.
Ambas pusieron mala cara, sintiendo escalofríos.
—En nuestro caso, ningún entrenamiento físico funciona… Dado que estamos muertos —Yoh suspiró—. Gracias a los Grandes Espíritus que esta batalla se hizo en la noche, de lo contrario, el sol nos hubiera matado.
—No sean exagerados —interrumpió Len, cruzándose de brazos—. Los rayos del sol no pueden matar a los vampiros.
—Tal vez, pero sí que duelen… Ya lo experimentamos durante un breve período de tiempo —me estremecí con sólo recordarlo.
Había ocurrido unos días atrás, durante el amanecer. Habíamos salido a buscar a nuestras presas en la madrugada, debido a que a esa hora la mayoría de los animales estaban durmiendo y era más fácil tomarlos desprevenidos. Sin embargo, una vez saciada nuestra sed, me puse a jugar con Yoh para medir nuestras fuerzas y no notamos que el sol empezaba a asomarse. El contacto inmediato con sus rayos nos provocó un escozor increíble y nuestra piel comenzó a ponerse rojiza. En lo que llegábamos a la casa, tardábamos minutos y no horas, debido a nuestra velocidad vampírica. Aun así, ese par de minutos nos causó un ardor terrible. Pasamos horas con ese molesto picor, ya que por alguna extraña razón nuestra piel no parecía querer curarse tan fácilmente.
—Como sea… Yoh tiene razón. Por más actividad física que nos impongas, Anna, nada parece surtir efecto en nosotros. Las sesiones de meditación que nos recomendó nuestra madre ayudó un poco, pero no es suficiente. ¡A este paso los que terminaremos muertos seremos nosotros! No creo que la ira de Darkar impida que ese tipo nos mate.
—O remate —corrigió Yoh con el amago de una sonrisa.
—O remate —suspiré.
Lyserg logró que Morphine se movilizara junto al péndulo de tal manera que la cuerda de este formó la estructura del Big Ben, quizá su ataque más poderoso. Sally quedó fuera de combate en cuestión de segundos, ya que con el impacto que recibió no logró mantener su posesión de objetos.
—Quisiera que estos últimos seis días pasaran volando, así se completaría la estúpida etapa de neófitos y por fin seríamos libres. Tendríamos exactamente una semana más para entrenar libremente durante el día, a diferencia de ahora, que sólo podemos hacerlo de noche/madrugada. Tenemos que aprovechar esa semana al máximo. En estos días no hemos podido entrenar junto a Evolet por nuestro distorsionado horario para dormir, además de que necesitamos supervisión porque nuestra sed no está completamente controlada. Te prometo que cuando mandemos todas esas necesidades de neófito a la mierda…
—Oh no, ya estás igual que Annita —Yoh me interrumpió, lloriqueando cómicamente—. Entrenar todo el día no es bueno para la salud mental, Hao.
—¿Quieres derrotar a Kurozawa o no? —inquirí, un poco molesto, a sabiendas de la respuesta a aquella pregunta.
—¡Claro que quiero! —me reprochó con cierto enfado. Los demás se sorprendieron ligeramente y empezaron a alejarse con lentitud, pues ya habían presenciado cierta discusión que habíamos tenido dos años atrás y no fue nada bonita. Por favor, eso no volvería a pasar…—. De todos modos, nada funciona. Ya lo hemos intentado todo. Dudo que exista otra manera de aumentar nuestra capacidad espiritual.
—Tiene que existir, y seguiremos buscándola —sentencié.
—Disculpen, pero… ¿A qué se refieren con eso de 'una semana'? —preguntó Tamao, algo curiosa.
Parpadeé, confundido. Pensé que todos lo sabían.
—Juraría que Yoh y yo ya les habíamos dicho —exterioricé mi pensamiento, mientras me cruzaba de brazos.
—No nos han dicho nada, yo tampoco lo entendí —comentó Len con simpleza.
Resoplé con fastidio, pues si había algo que en verdad aborrecía era decir las cosas una y otra vez.
—Escuchen, hace días anunciaron la pelea de nuestro equipo contra Kurozawa y los suyos. En teoría, iba a ser en seis días más, pero nuestra condición de neófitos acabaría para entonces. No tendríamos tiempo de entrenar, así que, apelamos al reglamento y Goldva pudo aplazar la pelea una semana más. Tenemos exactamente seis días para encontrar un entrenamiento que pueda funcionar para nosotros y siete para ponerlo en práctica. ¿Entienden? —no pude evitar volver a resoplar—. Bueno, no me interesa si lo entendieron o no, porque no pienso repetirlo.
Decidí ignorar sus caras de ironía. Típico malhumor marca Asakura.
—No entendí… ¿Pelearán en seis días o no?
Anna alzó su rosario, atrapando con él a Horo-Horo, para después estrellarlo contra las gradas que estaban detrás de nosotros. Las personas que se encontraban alrededor de dicha zona se asustaron con esa particular maniobra. Sonreí con burla.
—Qué curioso, justo estaba pensando en un ataque similar.
—A veces me asustas, Hao —comentó Kaoru, intentando disimular su temor.
Las garras de Chocolove aumentaron hasta alcanzar un tamaño que no habíamos visto antes.
—Vamo', Mic. Tenemo' que ganar este combate.
—Sobre mi cadáver —replicó Ellie con una sonrisa de sorna.
—No quería llegar a estos extremos… —Chocolove rio por lo bajo—. ¡Prepárate, Mic! ¡Garras del Dios Jaguar!
Definitivamente, la velocidad de Chocolove había incrementado. Esa era una de sus especialidades. Ellie estaba confundida, pues no veía otra cosa más que miles de pares de garras que la atacaban por doquier. La chica trataba de defenderse como podía con su arma, mas aquello era muy difícil. Chocolove asestó su golpe final, dando por terminada su pelea contra la joven shaman. Ya sólo quedaba el pequeño Manta contra… ¿Sharona?
—No es justo, pobre Manta —musité, pues la diferencia era un poco evidente.
—Ojalá Milly hubiera participado, así sería más equitativo para el joven Manta —opinó Tamao.
—¡Tú puedes, Manta! ¡Hazla puré! —lo animó Horo desde la escalinata.
Siguió animándolo a pesar de que Sharona lo miraba muy feo.
—No creo que sea bueno hacerla enfadar —le advertí al ainu.
—¿No le temes a nada? A veces quisiera ser como tú en ese aspecto, te envidio —confesó Horo-Horo, haciendo un mohín de enfado y suspirando luego.
—Darkar y Kurozawa a veces me dan miedo —admití por lo bajo, para que sólo él pudiese escucharlo.
Abrió los ojos a más no poder.
—¿E-estás hablando en serio? ¿Tú? ¿El creído de Hao Asakura le teme…?
—¡Cierra la boca o te vas a arrepentir!
—¡Cállense los dos! —Anna nos abofeteó al mismo tiempo, obteniendo diferentes resultados, por supuesto. A Horo lo noqueó por un par de segundos. A mí… Nada, pues mi ahora dura piel no permitía que me lastimara fácilmente. Era de las pocas cosas que me gustaban de ser un vampiro—. Auch, mi mano.
—Eso te pasa por intentar golpearme —me burlé, divertido.
—¡Miren! ¡Manta ha hecho crecer su posesión! —exclamó Yoh, captando nuestra atención.
La posesión de objetos de Manta seguía creciendo, triplicando así su tamaño. No entendía cómo alguien de tan pequeña estatura podía cargar con un arma de tan grandes proporciones.
—¿Estás seguro de que puedes derrotarme con eso, Oyamada? —Sharona le mostró una sonrisa burlona—. Esa cosa es mucho más grande que tú, dudo siquiera que puedas acercarte.
—Mis amigos no son los únicos que están buscando cómo hacerse más fuertes. ¡Nosotros también nos volveremos más poderosos para continuar en el torneo!
—Tonterías, ¿cómo es posible que mejoren tanto en un par de días?
—¡Te lo mostraré! ¡Mosuke, acabemos con esto!
—¡Como desees, Manta!
Manta concentró la mayor cantidad de poder espiritual posible en la cabeza del martillo, para que su golpe tuviera un mejor resultado. Retrocedió unos cuantos pasos para tomar mayor impulso. Parecía que la líder de las Cinco Lilys temblaba ligeramente. A menudo la confundían con un vampiro por la extrema palidez de su piel. Le tocaba renegarlo una y otra vez, pues la única de las integrantes de su grupo que había dejado atrás su humanidad era Sally.
—¡MARTILLO DE HIERRO!
Sharona recibió un golpe que la hizo estrellarse contra uno de los muros de la arena, cayendo semi-inconsciente. Chocolove y Lyserg se dirigieron hacia donde se encontraba Manta, satisfechos por el resultado de la pelea. Todos los presentes aplaudían y gritaban, muy conformes con el resultado.
—Parece que tenemos a los ganadores de esta emocionante pelea… —anunció Radim, maravillado por la batalla que acababa de presenciar—. ¡EL EQUIPO FUNBARI ONSEN OBTIENE LA VICTORIA!
—¡Esos son mis amigos! —gritó un eufórico Horo.
—¡Esos son mis abrigos! —exclamó Chocolove, vistiendo un abrigo de piel de jaguar. A su lado, apareció un tembloroso Mic. No le agradaba ver a su amo con un abrigo de piel de su misma especie—. Mic, no era pa' que te asustaras, pue'.
Si no fuera vampiro, no hubiera podido ver con claridad cómo fue que Chocolove acabó tirado en el suelo, pues Len lo había atacado velozmente. A mí tampoco me gustaban mucho las bromas de Chocolove, pero no tanto como para golpearlo hasta dejarlo moribundo… O quizá simplemente no sentía la necesidad de hacerlo, puesto que Len o Horo se encargaban de ello. Oí las carcajadas de Tamao y Pilika a mi lado, inclusive noté que Evolet se aguantaba una risita. No podía comprender cómo las chicas entendían el extraño humor de Chocolove.
—Me gustaba más cuando no hacía esas bromas de cuarta —bufó Len, dejando notar su fastidio con facilidad.
—Vamos, admite que es divertido golpearlo —lo codeó Horo-Horo con diversión.
—Oye, Chocolove. Puedo invocar a un alma en pena para ayudarte si quieres.
—E-Estoy bien, Kaoru. Gracias —Chocolove sonrió, nerviosamente—. No me siento tan mal después de todo.
—Bueno, ya vi su pelea. Estuvo entretenida. ¡Felicidades! —exclamé, mientras me levantaba del asiento, apresurado—. Ahora me voy…
—¿No vendrás a celebrar con nosotros? Pensé que éramos amigos —dijo Manta, reprochándome.
Debía admitir que aquello me hizo gracia.
—No es eso, simplemente tengo que aprovechar la noche para ir a entrenar. Ya saben, las criaturas de la noche odiamos el sol —expresé con un tono de burla—. Tú también deberías hacerlo, Yoh.
—Sabes que sólo será una cena y ya. No quieres que se sientan mal, ¿o sí?
—Agh, está bien —rodé los ojos al escuchar sus pensamientos. Mi gemelo celebraba internamente por lograr convencerme—. Supongo que no habrá problema si dejo el entrenamiento para más tarde.
Dicho esto, retomamos el camino de regreso a casa. Era tedioso ir con nuestra posesión de objetos hasta que llegáramos a dicho lugar, pero teníamos que hacerlo ya que era una noche más oscura de lo normal y con esta plaga de vampiros que iba expandiéndose cada vez más… pues era mejor prevenir que lamentar.
No pude evitar regañarme a mí mismo cuando pasamos por el lugar donde Yoh y yo habíamos sido atacados y convertidos en vampiros. Aún seguía culpándome por lo que había pasado. Todo por ser débil… Por esa razón me había obsesionado un poco con todo eso del entrenamiento. No había necesidad de utilizar mi Reishi en los chicos para saber qué era lo que pensaban sobre mí. Sabía de plano que ellos creían que exageraba, pero jamás lo entenderían. Quería derrotar a Kurozawa con mis propias manos y en nuestras condiciones actuales no podía hacerlo. Necesitaba algún milagro, pues sabía que ningún entrenamiento común daría resultado. ¿Por qué? Ya que ahora éramos unas sanguijuelas, ningún entrenamiento físico serviría de nada porque nuestra fuerza simplemente no aumentaba. Todo aquello era en vano. Aun así, seguía teniendo esperanzas en que habría algo que nos ayudaría a derrotar al vampiro de ojos sangrientos. Yoh me hizo regresar a la realidad.
—¿Acaso sigues culpándote?
—Sabes que esto nos pasó porque soy débil —murmuré, luego de haber soltado un suspiro con pesadez.
—Tarde o temprano iba a suceder —al escuchar esas palabras de la boca de mi hermano, lo miré con ligera sorpresa—. ¿Qué? Tengo razón y lo sabes. Darkar estaba desquiciado con la idea de que nos volviéramos más fuertes. Pudimos haberlo evitado hace dos semanas, pero igualmente habría encontrado la forma de transformarnos más adelante.
—…Sigo creyendo que fue mi culpa —reí bajito al escuchar un ruido exasperado de su parte.
•❈•
Luego de un corto viaje a pie, llegamos a la casa. Keiko se nos adelantó para abrir la puerta principal.
—Muero de hambre. Dime que cocinarás algo delicioso, Tamao.
—P-por supuesto, joven Horo.
—¿No puedes pensar en otra cosa que no sea comida? —lo regañó Len.
—¡Pues más vale que no tengamos que comer comida china!
Keiko abrió la puerta principal con rapidez. Todos ingresamos a la casa, encontrándonos con que estaba demasiado oscuro en su interior. Había como una especie de… ¿Niebla? Era tan extraño, porque ni con mis ojos de vampiro podía observar con claridad la sala de estar, cuando ahora poseía una visión "HD" que me permitía observarlo todo. De repente, se hizo la luz. Keiko soltó una exclamación que nos sobresaltó a todos. Abrí los ojos, sorprendido al ver a los responsables del pequeño susto de mi mamá.
—¡Papá! ¡Mamá! ¿Qué hacen aquí?
Noté que otra persona estaba rebosante de alegría al ver a mis abuelos. Evolet se había precipitado a darle un abrazo a Yohmei, quien se lo devolvió con cariño. Anna no era tan eufórica como su mejor amiga, pero me percaté de que también estaba contenta por ver a la abuela. Les hizo una pequeña reverencia a ambos.
—¿Qué tiene de malo que estemos aquí? Pensé que ibas a estar feliz de ver a tu querido padre —Yohmei fingía estar molesto por la reacción de mi madre—. Al menos alguien sí lo está.
—Vinimos para ver qué tal les iba a nuestros niños en el torneo, no puedes prohibirnos eso… y no me salgas con que ese tal Parker es peligroso, que nos pueden matar y demás patrañas…
—Darkar —la corrigió Yoh.
Trataba de aparentar que estaba sumamente preocupado, pero sabía que, por dentro, estaba muriéndose de la risa… y cómo no hacerlo, si tanto Yohmei como Kino eran increíbles. Admiraba la valentía que ambos tenían. Ahora entendía por qué Mikihisa los veía como ejemplos a seguir. Mis abuelos eran simplemente geniales.
—Como se llame —de pronto sentí como si la abuela pudiera observarme a través de aquellos anteojos negros, aunque estaba consciente de que ella había sido privada de su visión muchos años atrás—. No pueden exigirnos que nos vayamos como si nada. Yohmei y yo estamos aquí para apoyar a nuestros queridos nietos, y no me refiero solamente a observar sus peleas —dicho esto, se levantó del sofá y se dirigió a una de las… ocho maletas que se encontraban tiradas en la sala de estar. ¿Por qué traerían tanto equipaje?
Entonces recordé que Yoh me había comentado que tuvo un extraño sueño dos días atrás. Estaba en un lugar completamente oscuro, sosteniendo firmemente a Harusame. Vestía ropas ligeras, dado que podía moverse libremente y, al parecer, yo lo acompañaba… ¿Acaso aquel era algún tipo de entrenamiento? Aún no lo sabíamos con certeza, pero esperaba que sí. Necesitábamos volvernos más fuertes para poder ganar nuestra próxima pelea, la cual no sería tan fácil si no aumentábamos nuestro furyoku. Por esa razón, estaba feliz de que nuestros abuelos hubieran venido a apoyarnos. Ellos conocían un sinfín de entrenamientos espirituales que podrían ser de gran ayuda. Ahora más que nunca deseaba que ellos tuvieran algo que pudiera sernos útil. No importaba el precio que tuviera que pagar para volverme más fuerte… Si con eso lograba proteger a mis seres queridos, lo aceptaría.
—Todavía recuerdo cuando llegaste con Mikihisa a Izumo, hace más o menos dos años —comentó Kino con una sonrisa, mientras continuaba revolviendo el contenido de su equipaje—. No sabes lo feliz que fui al saber que por fin volverían a estar juntos después de tantos años. En ese entonces, estaba sorprendida al enterarme que tu espíritu acompañante era el mismísimo Espíritu del Fuego, y es que no a cualquiera se le presenta la oportunidad de poseer un espíritu sagrado como a ti. Fue cuando supe que Yoh no era el único que estaba destinado a algo grande.
—Lo que Kino está tratando de decir, es que tenemos la solución para ustedes —Yohmei rio bajito al sentir la mirada furiosa de su esposa—. Tengo entendido que cuentan con trece días más para aumentar su poder espiritual, de tal manera que sobrepasen el nivel de los tipos a los que se enfrentarán en su próxima batalla.
—Sé que no nos incumbe, pero… —interrumpió Horo—. ¿No les molestaría compartir con nosotros esas técnicas secretas de las que tanto hablan?
Estaba tan intrigado por la visita de los abuelos, que olvidé que los chicos también escuchaban atentamente nuestra conversación.
—Tú mismo lo has dicho, es un asunto que solamente le concierne a la familia Asakura —habló Anna, sin dejar de cruzar sus brazos.
—En ese caso, tú tampoco deberías estar tan pendiente de sus secretos.
—Soy aprendiz de la abuela Kino desde los seis años, además de ser la futura esposa de Yoh… Idiota.
Decidí ignorar la disputa que tenían la prometida de mi hermano y el ainu.
—Si es por el bien de nuestro equipo, considero que Evolet también debería tomar el entrenamiento con nosotros, abuela —mencionó Yoh, adelantándose a lo que iba a decir.
Me sorprendió que tanto la abuela como el abuelo se rieran, como si Yoh hubiera contado el mejor chiste del mundo.
—Créeme, Yoh. Ella no lo necesita, está perfectamente entrenada desde que nació —la mencionada se ruborizó por el halago y desvió la mirada—. Además, es un entrenamiento especializado por su condición de vampiros.
—Entonces… ¿También puedo entrenar con Yoh y Hao? —preguntó Kaoru.
Sus ojos brillaban con emoción de tan sólo pensar en un entrenamiento que la volvería más fuerte.
—No, lo siento —Kaoru miró con cierta molestia a Yohmei—. …Y antes de que digas que es preferencia o algo así, simplemente creemos que no eres apta para este tipo de entrenamiento, ya que en cierta manera está relacionado con los poderes que posees en este momento.
—¿Mis poderes? ¿De qué estás hablando?
—Luego te diremos las razones, ahora hay cosas más importantes de las cuales ocuparnos —se excusó Kino. La vimos acercarse hasta el centro de mesa y dejó caer cuatro enormes libros—. Estos libros son para la meditación… Sé que ya deben estar hartos de hacerlo, pero es importante que logren incrementar un poco más su capacidad espiritual antes de empezar con la siguiente etapa de su entrenamiento. Supongo que ya pudieron comprobar que ayuda un poco, mas no lo suficiente. Así que, sólo tendrán que hacer la sesión de meditación utilizando estos libros que ven aquí. Calculo que tienen lo suficiente para una sesión de tres a cuatro días.
—¿…No crees que es demasiado? —susurré, esperando no ser golpeado con el bastón de la abuela.
Era increíble que aún tuviera miedo de recibir uno de sus famosos bastonazos, a pesar de que ahora era un ser inmortal, capaz de no sentir dolor alguno. Tanto los bastonazos de la abuela como los golpes de Anna eran terribles. Yoh me hizo una seña para que me callara. Suspiré y tomé uno de los libros para hojearlo. No entendía cómo rayos íbamos a lograr terminar esos libros en cuatro días, si cada uno tenía cientos de páginas.
Compartimos una deliciosa cena entre todos, aunque algunos sólo podíamos alimentarnos de sangre. La compañía era lo que más se disfrutaba. Estuvimos hablando un buen rato con nuestros abuelos hasta que mamá decidió cortarnos el cabello, de tal modo que este quedara como lo teníamos antes de convertirnos en vampiros. Detestaba con toda mi alma que me lo cortaran, incluso cuando sólo se trataba de las puntas; simplemente amaba tener mi hermosa cabellera larga. Sin embargo, Keiko logró dejarme el cabello exactamente como lo tenía anteriormente… Creo que llegué a amarla más de lo que la amaba antes, si es que aquello podía ser posible. Yoh no supo qué responder cuando Yohmei le preguntó por los auriculares naranjas que le había regalado. Al principio era extraño verlo sin ellos, porque los utilizó durante muchos años. Finalmente, decidió decirle la verdad, que durante la pelea que tuvo con Silver se rompieron, al recibir el impacto de uno de los ataques más fuertes del apache.
Cuando todos decidieron irse a dormir, me armé de valor para hablar con Evolet. Últimamente estaba actuando un poco extraño, como si ella supiera algo que los demás ignorábamos. Por más que lo intentara, no podía dejar de pensar en ello. Al principio, traté de restarle importancia; no sabía si, por el hecho de estar enamorado de ella, no quería imaginar que nos estuviera ocultando algo, o porque era demasiado estúpido como para no notarlo en un principio. No obstante, cada vez era más difícil que su actitud pasara desapercibida. A veces hablábamos sobre casi cualquier cosa, pero cuando tocábamos el tema de los vampiros, ella se ponía muy tensa… ¿Por qué reaccionaba de esa manera? Miles de ideas venían a mi mente, aunque todas eran demasiado descabelladas. Además, teníamos pendiente el asunto de lo que ocurrió aquella vez en el armario. De verdad necesitaba aclararlo. No quería que tuviera una idea errónea sobre mí.
Me acerqué hasta la puerta de su cuarto, aún sin decidirme a tocar la puerta. ¿Realmente conseguiría que ella me dijera algo? Creía que ya éramos lo suficientemente cercanos como para hablar sobre cualquier cosa. Tal vez, a Anna sí le confesaría las razones por las que actuaba así… en especial conmigo. Grande fue mi sorpresa cuando ella abrió la puerta, sin que yo hubiera tenido que tocar. Al parecer, iba de salida a alguna parte, porque tenía puesto un abrigo encima.
—¿Hao? —se sorprendió—. ¿Qué haces aquí?
—…Quería hablar contigo —mi voz no sonaba del todo segura—. Claro, sólo si te apetece. Sé que es algo tarde… ¿Ibas a alguna parte?
Se sonrojó violentamente al darse cuenta que aún estaba en pijamas. Traía un bonito vestido de seda muy fino que se amoldaba a las curvas de su bello cuerpo. Eres un maldito pervertido, ya deja de pensar en eso… Lo bueno de la situación era que mi cabello se encargaba de cubrir perfectamente mis mejillas. Gracias a eso, Evolet no se había percatado de que estaba sonrojado.
—Iba a la cocina por un poco de agua, pero… —se cubrió más con su abrigo—. Sólo dame unos minutos para cambiarme, ¿sí?
Era sorprendente el efecto que tenía en mí, pues no era la persona más paciente del mundo, pero cuando se trataba de ella, el asunto cambiaba. Una vez que terminó de alistarse, le pedí que fuéramos al patio para así hablar con más tranquilidad. Caminamos por la casa en silencio, evitando así despertar a cualquiera que ya hubiera conciliado el sueño. Salimos a la intemperie y nos acercamos al árbol de cerezo, donde nadie podría escucharnos. Ella se sentó, mirándome de manera curiosa. ¿Acaso se imaginaba el motivo de nuestra "pequeña charla"?
—Bueno… ¿De qué querías hablar?
—No sé por dónde empezar —admití, sonriendo de lado—. …He notado que últimamente has estado alejándote de nosotros —especialmente de mí, pensé—. No sé si te habremos ofendido en algún momento. Si ese es el caso, te pido que nos perdones.
Evolet parecía ligeramente sorprendida.
—…No ha pasado nada, en serio. No tienes por qué preocuparte… Es que no sé cómo explicarlo… —trató de encontrar las palabras adecuadas—. Siento que el hecho de que a ustedes los hayan convertido fuera mi culpa.
—¿Qué? ¿Por qué dices eso? —me asusté por unos segundos.
Jamás esperé que esas palabras salieran de sus labios.
—…Escuché una conversación entre Jeanne y Ashil, ese día que había salido sola a buscar los víveres para la cena. Estaba buscando a Yoh para que regresáramos juntos a la casa y me los encontré. Estaban hablando de una conversión… —pude percibir que sus ojos tenían un brillo de tristeza—. Al principio no supe que se trataba de ustedes, sólo sabía que tenían pensado convertir a ciertos shamanes pronto. Siento que es culpa mía, si les hubiera comentado que presencié ese hecho, tal vez esto se habría evitado… Incluso luego de que Ashil me lo advirtiera…
—Espera… ¡¿Qué?! —exclamé, intentando hacerlo en voz baja para no alertar a nadie en la casa—. ¿Ese maldito degenerado se acercó a ti? ¿No te hizo daño? ¿Estás bien? Espera a que me lo encuentre…
—¡Hao! —me sujetó de ambas manos, trayéndome a la realidad y haciendo que dejara de murmurar maldiciones contra el vampiro francés. Evolet me sonrió levemente—. Estoy bien, no me ha hecho nada.
—Tampoco te dijo nada… ¿Fuera de lugar? —intenté indagar, pues aún no se me olvidaban las cosas obscenas que ese malnacido había pensado sobre mi hermana.
Si se atrevió a hacer lo mismo con Evolet, ahí sí que lo mataba.
—Eh… No, creo que no —noté que comenzó a acariciarme el brazo para intentar calmarme. No me había dado cuenta hasta qué punto me exalté—. Es muy dulce de tu parte que te preocupes por mí, pero no fue nada grave… En fin, tuve miedo de decirles la verdad. Lo siento tanto.
La vi bajar la mirada con culpa. ¿Así que era por eso…?
—…Nada de esto ha sido tu culpa —la consolé. Evité que una lágrima escapara de sus ojos, acariciando levemente su mejilla derecha. Su piel era más suave de lo que me imaginaba—. Supongo que era algo que iba a pasar en cualquier momento. Creo que ni aun así hubiéramos podido evitarlo. Darkar nos tenía en la mira desde hace mucho tiempo… Probablemente años, pero hasta hace poco nos enteramos de ello.
—Entonces… ¿No estás molesto? —inquirió con sorpresa.
Me reí suavemente por su reacción.
—¿Por qué habría de estarlo? Te entiendo perfectamente, la aldea está en una situación muy delicada con todo este lío de los vampiros. Tengo que admitir que, de haber estado en tu lugar, quizás hasta yo habría tenido miedo; así que no tienes que culparte de nada. Aquí el único que debe sentirse culpable de todo esto soy yo —respondí, sonriendo con amargura—. Si hubiera entrenado más, si fuera más fuerte… Hubiera evitado que Kurozawa nos hiciera esto a mí y a mi hermano. No se lo digas a nadie, pero jamás había sentido tanto miedo en mi vida. Ni siquiera cuando era niño y los demás me perseguían, queriendo matarme a pedradas por ser alguien diferente. Nunca se me ocurrió que su nivel de furyoku fuera demasiado alto. No pensé que su poder nos impediría invocar a nuestros espíritus acompañantes, como aquella vez en que nos acorraló en ese oscuro callejón de Tokio.
Volteé para ver si no había nadie alrededor, pues se me hacía extraño que hubiera demasiado silencio. Al parecer, era mi noche de suerte, porque no había absolutamente nadie. Ni siquiera podía oírlos con mi Reishi.
—A lo que voy es… No sientas que esto ha sido tu culpa, y cuando necesites hablar o decir algo, cualquier cosa, quiero que sepas que aquí estaré para ti —creo que nunca había hablado con tanta sinceridad. Evolet sacaba la mejor parte de mí y eso me gustaba—. Por favor, te pido que no te alejes de nosotros nunca más.
—…Está bien, no lo haré —me aseguró con una sonrisa, tranquilizándose.
—Eres muy linda…
Noté que las mejillas de Evolet se coloreaban de un tono rosa intenso. ¡Mierda! Lo había dicho en voz alta. ¿Por qué esto sólo me pasaba a mí? ¡Maldición! Ahora pensará que soy un rarito.
—L-Lo siento, no fue lo que quise decir… —me apresuré a disculparme, moviendo mis manos con nerviosismo. Diablos, ¿cómo se suponía que tenía que actuar?—. Quiero decir, sí eres hermosa, pero… ¡Ah!
Evolet se echó a reír con ganas. Sus mejillas aún seguían teñidas de ese lindo color rosa.
—Eres muy divertido, Hao —comentó entre risas—. Bueno, gracias por el cumplido. Tú… —dudó un poco sobre cómo continuar esa oración—, tú también me pareces lindo. Creo que eres alguien con sentimientos muy especiales, y se eso se nota cuando estás con los que amas.
Eso no me lo esperaba para nada. Debí haber puesto una expresión extraña, ya que ella me sonrió de manera comprensiva antes de responder a mi pregunta implícita.
—…Me parece lindo que cuides a tus seres queridos, como aquella vez en que ese sujeto desagradable agredió a Kaoru y tú le saltaste encima como todo un hermano protector… Fue adorable —confesó, desviando ligeramente la mirada.
Pareciera que le daba vergüenza decírmelo. No notó que la miraba con la boca ligeramente abierta y sintiendo un enorme calor esparciéndose dentro de mí. No obstante, la aparición de su espíritu acompañante me sobresaltó. Mizu me fulminaba con la mirada, supongo que porque sabía hacia dónde podía tomar rumbo esta extraña plática. Estaba seguro de que ese animal me odiaba más de lo que creía.
—Mizu, ya basta… ¿Cuál es tu problema? —le preguntó Evolet, molestándose. Luego me miró, apenada—. Discúlpala, por favor.
Desde hacía un tiempo estaba pensando en confesarle mis sentimientos a la chica de ojos dorados que me traía loco… pero no estaba seguro si era el momento indicado para ello. A veces creía que el sentimiento era mutuo, pues casi nos besamos cuando estuvimos escondidos en ese armario para salvar nuestro pellejo de Anna. Sin embargo, podría ser que sólo me estuviera obsesionando con ella y todo fuera producto de mi imaginación.
…No, no me sentía listo para sacar el tema del armario de nuevo. No quería ser rechazado. Ahora entendía el miedo que Yoh sintió por tanto tiempo.
—¿Hao? —ella me tomó del brazo de una forma cariñosa, intentando llamar mi atención—. ¿En qué estás pensando?
—Nada en particular —mentí sin mala intención—. No tiene importancia… Será mejor que vayas a dormir, son las dos de la madrugada y tienes entrenamiento mañana.
—Lo que tú digas, papá —bromeó, sacando la lengua. Me reí por su ocurrencia—. ¿Y qué hay de ti?
—Tengo otras cosas que hacer… Ya sabes, la tarea que me dejó la abuela —le recordé, divertido—. Tengo que buscar a Yoh para que empecemos a leer esos viejos libros que nos dio Kino. No me atreví a decirle a mis abuelos que ya estoy harto de tanto meditar. No es que no funcione, pero no tuve los resultados que esperaba. La meditación no es suficiente como para ganarle a Kurozawa en nuestra pelea —Evolet seguía abrazando mi brazo, mientras me veía algo intranquila—. Quiero que ese infeliz sepa que no debió haberse metido con mi familia y si necesito pasar por un arduo entrenamiento, así será. Haré lo que sea necesario con tal de que pueda derrotarlo de una vez por todas.
—Ten mucho cuidado —me pidió, mirándome con preocupación.
Le sonreí, feliz de tenerla a mi lado, aunque fuéramos sólo amigos… por ahora.
—No te preocupes.
Sin esperármelo, Evolet me sonrió con dulzura antes de acercarse a depositar un tierno beso en mi mejilla. Eso me dejó paralizado y me pareció que duró una eternidad. Ni siquiera me preocupé por lo que ella pudiera sentir al tener contacto con esa piel helada que ahora poseía.
—Buenas noches, Hao.
•❈•
Los cuatro días pasaron demasiado rápido. Se suponía que ahora mi capacidad espiritual había incrementado, pero yo me sentía exactamente igual. Levanté la mirada, para encontrarme con un par de ojos parecidos a los míos.
—¿Crees que haya funcionado? —preguntó Yoh.
—No estoy seguro —admití, dudando—. Se supone que esto es para poder sobrevivir al siguiente entrenamiento que nos tienen preparado. Creo que estoy un poco asustado, no sé qué esperar de todo esto.
—Los entrenamientos de los abuelos no son nada lindos —musitó mi gemelo. Los ojos le brillaban como si fuera a llorar—. Duran demasiado tiempo y cansan mucho… Quizá son peores que los de Annita, ya que con los de ella podría decirse que nuestras vidas no peligran.
Quise refutarlo, pero me contuve. Quizás era mejor que Yoh siguiera siendo optimista y pensara inocentemente que Anna no era tan mala en comparación a los abuelos. Claro, en cuanto a entrenamiento. De repente, escuché que tocaron la puerta. Era Keiko, quien traía muchas bolsitas transparentes que contenían sangre.
—Pensé que aún no habían terminado —sonrió, dulcemente—. Esto es para ustedes. Beban hasta saciarse, ya que después sólo dependerán de las pastillas de Fausto.
—¿A qué te refieres? —inquirió un extrañado Yoh—. ¿No entrenaremos aquí en la aldea?
—No exactamente, cariño.
Esperamos un par de horas más para que todos despertaran, porque querían acompañarnos al dichoso lugar. Tanto Len como Horo querían que mis abuelos los dejaran entrenar con nosotros. Sin embargo, ellos argumentaban que aún no estaban preparados para tomar un riesgo así; además de que era uno de los muchos secretos que protegía el clan Asakura. Mikihisa y En Tao se encargaron de alquilar autos para poder transportarnos, pues teníamos prohibido invocar a nuestros espíritus acompañantes para viajar sobre ellos. Kino se negaba a decirnos hacia dónde demonios nos dirigíamos, por más que le dijera que odiaba las sorpresas. ¿Por qué se esmeraban en ocultarlo si al final terminaríamos por saberlo?
—Muy bien, es aquí —indicó Yohmei.
Las cuatro camionetas en las que viajábamos se detuvieron al ver a los shikigamis invocados por mi abuelo. Abrí los ojos con sorpresa. Se trataba de un valle rocoso y nos encontrábamos justo en una de las orillas de este. Al fondo del valle, podía verse un pequeño camino que conducía hacia una especie de cueva-laberinto de roca. Era increíble… ¿Cómo diablos sabían de la existencia de este lugar?
—Escuchen, aquí es donde culminarán con su entrenamiento —dijo la abuela con una sonrisa—. Aunque no pueda ver el aspecto que tiene este sitio, su silencio me indica que está igual que antes… Porque he estado aquí, hace unos treinta años —finalizó, en tanto nos bajábamos de los autos.
Mis amigos quedaron boquiabiertos al escuchar aquello.
—El entrenamiento consiste en atravesar el laberinto de roca que hay al otro lado del acantilado. Aunque sean vampiros, no será tan fácil. Por eso les dijimos que trajeran las píldoras que fabricó Fausto, dado que no habrá ningún ser vivo del cual podrán alimentarse.
Esto sería más difícil de lo que imaginaba. Nuestros amigos nos dejaron solos, diciendo que volverían por nosotros en una semana, que era el tiempo que permaneceríamos aquí. Anna tardó un poco más de tiempo en despedirse de Yoh pues, aunque no lo admitiera, estaba preocupada. Mi hermano la tranquilizó con un beso en la sien. Sentí una envidia sana hacia mi otra mitad. Él podía expresarse abiertamente con la persona que amaba. Pensando en eso, desvíe la mirada y me topé con la de Evolet. Me guiñó un ojo en complicidad y me susurró un 'suerte', a lo que yo respondí con una pequeña sonrisa… Si volvía con vida de esta, y luego de la pelea, le diría lo que sentía por ella. Estaba decidido.
Una vez que nos quedamos solos, me dirigí hacia mi gemelo.
—Tendremos que cuidarnos el uno al otro. No podemos separarnos, Yoh —le recordé, antes de adentrarnos a la cueva. Estaba muy oscuro… Ni siquiera con mi visión de vampiro podía ver a través de ella. Sentí un ligero viento, lo cual era extraño porque nos encontrábamos dentro de una caverna. Tomé la muñeca de mi hermano con fuerza, para no perderlo—. Este lugar es enorme, no entiendo cómo rayos saldremos de aquí en una semana.
—¿Cuánto tiempo crees que aguantemos sin dormir?
Oh, por todos los… Sabía que olvidaba algo. Aún nos quedaban dos días más en los que aún seríamos neófitos, por lo que necesitaríamos dormir en algún momento del día. En ese instante, no me encontraba tan cansado, pero sabía que no podría resistir por mucho tiempo.
—Tienen que haber tramos en esta cueva donde no haya monstruos o lo que sea que tengamos que enfrentar —pensé por un momento—. Nos turnaremos para dormir, así no nos tomarán por sorpresa.
—Jamás pensé que tendría que dormir rodeado de monstruos —pronunció Yoh, intentando ocultar su risa—. Esta situación es tan extraña…
Habíamos mencionado a los monstruos demasiado rápido, ya que se nos apareció un espíritu maligno. Se trataba de una mujer anciana de facciones muy feas, que tenía su cabello blanco, largo y desgreñado.
—¿Yamamba?
—Me alegra encontrar un par de jovencitos algo perdidos. Justo a tiempo… ¡Para devorármelos!
Hice mi posesión de objetos con rapidez, dispuesto a atacar a Yamamba, uno de los mitos más conocidos en Japón. La anciana mostró sus dientes, unos colmillos amarillentos muy afilados. Se lanzó velozmente hacia nosotros, dispuesta a devorarnos, pero fue detenida por una espada enorme, cuyas llamas azules y cobrizas lanzaban chispas de vez en cuando. Yoh atravesó la boca del demonio con su espada, logrando que este desapareciera.
—Tal vez pudieron derrotarme a mí, el demonio Yamamba, pero habrá peores pruebas a las que tendrán que enfrentarse —habló, al tiempo que se desvanecía.
—¿Dormir? ¿Qué es eso? —Yoh sonrió, a pesar de lucir terriblemente cansado.
Seguimos avanzando por el tenebroso túnel. Uno tras otro, iban apareciendo más y más demonios a los que teníamos que derrotar. Nuestro furyoku se iba extinguiendo, teníamos sueño y hambre… Debido al cansancio extremo, necesitaba más de una BloodPillex para calmar mi sed de sangre. Si llegábamos a descansar, era por unos veinte minutos, turnándonos para hacerlo. En ese momento, odiaba todo.
Fueron pasando los días y con ello, desaparecieron nuestras necesidades de neófitos. Finalmente, llegamos hasta lo que parecía el final del laberinto. Había una especie de pedestal hecho de roca, el cual estaba vacío. Tenía unos símbolos grabados. Me acerqué a verlos detenidamente, sorprendiéndome al notar que eran tanto estrellas de cinco puntas, como los árboles de siete estrellas; los dos símbolos que caracterizaban a la familia Asakura.
—¿Qué significa esto?
—Jamás pensé que la tan afamada familia Asakura solicitaría mi ayuda nuevamente —habló una voz un tanto tenebrosa. Yoh y yo buscamos a quien fuera que nos estuviera hablando, pero no encontramos nada—. Debe estar ocurriendo otra catástrofe para que se dignen a buscarme.
—¡Muéstrate!
Sentí que mi piel se erizaba. Malditas sensaciones humanas, no entendía por qué tenía la impresión de sentirlas en cualquier instante, si mi estado vampírico ya no me lo permitía. Frente a nosotros, apareció una llamarada de color morado intenso que parecía agrandarse cuando hablaba.
—Mi nombre es Myorei, el demonio que cuida esta puerta del Inframundo.
¡¿Puerta del Inframundo?! ¡¿Qué demonios…?!
Sus risas retumbaron en toda la caverna. Parecía como si las llamas violáceas crecían conforme el demonio se reía.
—No puedo creer que en verdad se lo creyeran —soltó entre risas.
Lo miramos con cara de pocos amigos.
—Escucha, Mirai…
—Myorei —me corrigió con su voz grave.
—Como sea… —chasqueé la lengua—. Soy Hao y él es mi hermano Yoh, y sí, somos parte de la familia Asakura. Supongo que ya sabes por qué estamos aquí.
—En efecto —afirmó el ser espiritual—. Vienen a mí buscando poder… Me agrada que sean lo suficientemente valientes como para venir hasta aquí por su cuenta —se echó a reír por lo bajo—. ¿Sabían que sólo los miembros de la familia Asakura saben de la existencia de este lugar? Eso fue porque Yohken Asakura, su ancestro, hizo un pacto conmigo hace casi seiscientos años. Llegó a este mismo sitio para pedirme ayuda por una supuesta plaga de vampiros que estaba arrasando con todo el planeta.
No podía creer lo que el demonio nos estaba diciendo. ¿Un Asakura había hecho un pacto con él hace muchos siglos? …pero lo más impactante fue lo que mencionó sobre la existencia de los vampiros.
—¿Pensaron que los vampiros existen desde hace poco? —comentó con un tono burlesco—. Tienen miles de años de existencia, niños.
—¿…De casualidad el vampiro que estaba provocando estragos se llamaba Darkar Blair?
—Es difícil recordar un nombre que sólo escuché una vez en mi vida —admitió—. Lo que sí recuerdo bien, es que era un vampiro de cabellos violáceos y ojos azul topacio.
No podía creer que ese maldito estuviera generando el caos desde hacía más de seiscientos años atrás.
—Como iba diciendo… Yohken quería detenerlo sin importar el precio que tuviera que pagar por ello, pero no contaba con que su furyoku no era lo suficientemente alto como para que pudiera resistir el poder que le estaba otorgando. Así que, en su lecho de muerte, me ofreció su alma a cambio de que, en caso de que alguno de sus descendientes quisiera usar este poder para acabar con los chupasangres, pudiera dárselo —hizo una breve pausa—. Ahora que ya saben las consecuencias de querer ser más poderosos que un inmortal de más de mil años de existencia, que incluso podría ser más viejo que eso… ¿Aún desean que les brinde mis poderes?
Dudé por un momento. ¿En verdad quería tanto poder? Lo único que deseaba era deshacerme de Kurozawa; hacerle pasar por el mismo sufrimiento que nos hizo sentir a ambos cuando nos atacó. No obstante, ahora sabía otra parte de la historia de mi ancestro. Yohken ofreció su vida para intentar acabar con Darkar y fue asesinado por el inmenso poder que le dio Myorei. Eso significaba que este demonio era demasiado poderoso. Deseaba con toda mi alma ser más fuerte de lo que ya era, pero tampoco quería morir por mi ambición… Pensándolo bien, el único que merecía ser destruido no sólo era Kurozawa. Todo esto lo había empezado Darkar. Él había averiguado casi todo sobre nosotros, incluso fue hasta Izumo a amenazar a nuestros padres para que les diera nuestra ubicación. Investigó todo acerca de nuestros poderes y demás información que pudiera serle útil. Desde un principio, era la mente maestra detrás de todo para transformarnos en esto y así poder sacar provecho de nuestras habilidades, obligándonos a formar parte de su séquito de vampiros. Era un maldito, y yo tenía que hacerlo pagar.
—Si nos brindas tus poderes… ¿Moriremos igual que Yohken? ¿Te adueñarás de nuestras almas, así como lo hiciste con la de él? —quiso saber mi hermano.
Myorei se echó a reír con fuerza. Apreté mis labios, intentando contenerme. Me entraron muchas ganas de putearlo. ¿Por qué demonios no nos respondía?
—Ustedes son muy graciosos… No puedo decirles con seguridad si morirán o no. Ambos son muchísimo más fuertes que él. El poder espiritual de Yohken rondaba los trescientos mil; y tengo entendido que, actualmente, el de ustedes es de setecientos mil. Eso es más del doble de lo que tenía su antepasado.
Volvió a hacer una pausa.
—¿Quieren saber a cuánto podrán llegar si aceptan hacer el trato conmigo? —preguntó con un tono de voz divertido. Por los Grandes Espíritus, no estaba preparado para escuchar esa respuesta—. Si aceptan mi oferta, su furyoku aumentará hasta llegar más o menos a… un millón trescientos mil.
—¡¿Qué?! —exclamamos al unísono.
Este ente, quien nuevamente estaba burlándose de nosotros, nos había tomado por sorpresa.
—¿Estás hablando en serio? —pregunté, incrédulo. Si Myorei pudiera asentir, creo que lo hubiera hecho—. Esto es demasiado bueno para ser verdad… Espera un momento, ¿cómo podemos estar seguros de que nos estás diciendo la verdad? ¿Por qué confiaríamos en ti?
—Siendo sincero, dudo mucho que ustedes mueran. Ya les dije que son más poderosos que su ancestro. A pesar de eso, ni siquiera así son tan fuertes como para derrotar a Darkar y sus secuaces. Así que, en vista de que esa sanguijuela anda haciendo de las suyas de nuevo, les haré una propuesta. Les daré mis poderes a cambio de que ustedes me hagan el favor de acabar con esa sabandija. Tampoco me quedaré con sus almas ni nada por el estilo. Sólo háganlo y este inmenso poder será todo suyo.
—Supongo que de igual forma hubiéramos tenido que buscar la manera de deshacernos de él, aunque no fuera a través de este trato que hacemos contigo —admití.
—Así que puedes contar con nosotros —Yoh coincidió conmigo.
—Espléndido —soltó con un tono malicioso.
Dicho eso, empezó a formarse una neblina poco visible a nuestro alrededor. Por primera vez en mucho tiempo, sentí un frío que me calaba los huesos. Era increíble el poder que tenía Myorei. Justo cuando iba a preguntar por qué volvíamos a tener esas sensaciones tan… humanas, la niebla desapareció. Era extraño, me sentía exactamente igual que antes. ¿De verdad habrá funcionado?
—Por supuesto que funcionó —¿Acaso me había leído la mente?—. Y mírense, tenía toda la razón. Sobrevivieron debido a que su poder espiritual es mucho más grande que el de Yohken… Les daré un consejo. Si es que lograran volver a ser humanos de alguna u otra forma… —me brillaron los ojos al escuchar aquello. ¿Podíamos dejar de ser inmortales?—. …No saquen conclusiones antes de tiempo, no es seguro que vuelvan a la normalidad, pero… si eso llegara a ocurrir, no abusen de este nuevo poder. Probablemente no les haya pasado nada porque los han convertido en vampiros, pero quién sabe si en su forma humana, por así decirlo, resistirían tanto poder.
•❈•
Por fin había llegado el gran día.
Desde que nos habían otorgado estos misteriosos poderes de Myorei, no podía evitar sentirme feliz… y temeroso, a la vez. ¿Qué pasaría si ni siquiera con esa ventaja podíamos derrotarlo y terminaba matándonos a los tres, o algo así? No quería que nada les pasara a Yoh ni a Evolet, los integrantes de mi equipo. No iba a permitir que los asesinaran vilmente. Nos encontrábamos en el estadio donde se llevaría a cabo la batalla. Estaba muy intranquilo; ni la música de AeroException podía calmarme, lo cual era extraño porque siempre me tranquilizaba al escucharlos. Sentí que alguien me tocaba el hombro, así que volteé la mirada para encontrarme con la de mi gemelo.
—Saldremos en tres minutos más, Hao.
—Lo siento, estoy un poco distraído.
—¿…También tienes miedo? —preguntó. Aunque era casi imperceptible, pude percibir el nerviosismo en su voz—. Escucha, pase lo que pase allá afuera, tenemos que mantenernos tranquilos. No tuvimos oportunidad de probar nuestras nuevas habilidades, así que sólo nos queda confiar en Myorei. Si alguno de los tres tiene dificultades con su oponente, nos apoyaremos entre todos para así poder ganar este combate.
—Es increíble que suenes más maduro que yo, cuando soy el mayor de los dos —solté, sonriendo de lado.
—¿Mayor? ¿Tú? —se burló—. Se nota que no practicas mucho el hábito de la lectura, hermano.
—¿Y tú sí? —se la regresé, sin vacilar.
—Te lo digo porque hay un estudio donde dice que, como los gemelos fueron gestados juntos, técnicamente ninguno de los dos es el mayor o el menor. Así que cuando me dices que eres el mayor para chantajearme, ese truco ya no te funcionará —comentó, para después sacarme la lengua con algo de gracia.
Le devolví la sonrisa. Era un maldito.
—Chicos, saldremos en dos minutos —nos apremió Evolet cuando llegamos a la puerta que nos dirigía hacia el centro de la arena—. Será mejor ponernos de acuerdo sobre quién se enfrentará a quién, ¿no?
—Yo pido a Kurozawa.
Me sorprendió lo rápido que pronuncié aquellas palabras. Tanto Evolet como Yoh se mostraron sorprendidos ante mi falta de inseguridad… Al menos, en ese lapso de tiempo me sentía más confiado de mis habilidades como shaman.
—¿Estás seguro?
—Por supuesto —les aseguré a ambos—. ¿Qué hay de ustedes? ¿A quién quieren enfrentarse?
—Me encargaré del tipo de la máscara —propuso mi hermano—. Se ve bastante fuerte, pero creo poder hacerme cargo de él.
—¿Mendel? Está bien —concordó Evolet—. Yo iré contra Venstar.
No pude evitar tomarla del brazo antes de que saliéramos.
—Debo pedirte un favor… Si al principio notas algo extraño en la atmósfera y sientes que no puedes invocar a Mizu, será mejor que te apartes y te protejas —le pedí, ganándome una mirada de confusión de su parte—. Yoh y yo nos encargaremos de esa parte.
—¿…Están seguros de eso?
—Totalmente —me apoyó Yoh, sonriendo levemente—. Ya verán como todo se solucionará.
Evolet terminó por reírse levemente.
—Está bien, pero espero que no se les haga costumbre.
Cuando nos situamos en el centro del estadio, ni siquiera presté atención a las palabras que nos decía el animador de la pelea. Estaba más concentrado en cada uno de los movimientos que hacía el vampiro frente a mí. En el momento en que se percató de que lo mantenía vigilado, me sonrió con burla. Seguramente ya sabía que él sería mi oponente.
—¡QUE COMIENCE LA BATALLA!
—¡Espíritu del Fuego! —lo llamé.
Acto seguido, se transformó en una poderosa espada de fuego, mi posesión de objetos predilecta. Ahora que lo pensaba bien, jamás había peleado con el Espíritu del Fuego en su verdadera forma. Kurozawa se echó a reír, y vaya que detestaba esa risa. Era un maldito hijo de perra…
—No entiendo por qué se tomaron la molestia de hacer sus oversouls, si ya saben que esta batalla terminará en cuestión de sesenta segundos. ¡Egil! —lo llamó el vampiro. A su lado, apareció un elfo de aspecto espeluznante—. Ya sabes qué hacer.
Al instante, se formó el enorme cubo de poder espiritual que tan bien conocíamos mi gemelo y yo. El estúpido ataque con el que había logrado debilitarnos. Sin embargo, no contaba con que no funcionaría. Me sorprendí al notar que Mizu aún seguía junto a Evolet, pero decidí no desconcentrarme. Ella se apartó, tal y como se lo había pedido. Sonreí con malicia.
—Espíritu de la Tierra, deshazte de estas paredes de furyoku.
El espíritu sagrado obedeció y procedió a devorarse los muros del cubo de Kurozawa, quien lucía desconcertado. Aproveché su momento de distracción y me acerqué hacia su espíritu acompañante, para enterrarle la espada de fuego en el medallón que colgaba de su cuello. La medalla se hizo añicos.
—Qué lástima, ahora ya no podrás volver a crear ese estúpido cubo —dije, fingiendo que sentía pena por el vampiro. Observé por el rabillo del ojo a Yoh y Evolet, quienes formaban los oversouls con los que acostumbraban a pelear—. Debes tener más cuidado con lo que piensas, imbécil. Fue muy fácil para mí descubrir tu pequeño secreto.
Me divertía tanto esta pelea, estaba resultando mejor de lo que esperaba.
—Parece que tendremos que enseñarles una lección a estos mocosos —habló con un tono tenebroso.
Se dirigía a su espíritu acompañante, el cual nos sonrió de manera diabólica. Kurozawa hizo su posesión de objetos. Consistía en una enorme hacha de oro que se veía bastante poderosa. Me lanzó un ataque, el cual esquivé sin problemas. Me sorprendía que mi velocidad y fuerza de vampiro no hubieran disminuido, pues tendría que ser un poco más débil porque ya no era un neófito. Normalmente eso les sucedía a los vampiros que dejaban esa etapa atrás.
—¿Por qué no nos haces un favor y te mueres de una vez? —pronuncié, agitando mi espada con fuerza, provocando que salieran llamaradas de fuego por doquier.
—Si no los había matado antes era porque esa fue la voluntad de Lord Darkar —soltó de pronto, intentando utilizar su hacha dorada como escudo—. Sin embargo, al ver su insolencia, me están dando ganas de hacerlo justo ahora. No sé si contenerme.
—Dudo mucho que tu adorado amo no te torture hasta la muerte si eso ocurre, ¿no crees? —le recordé, disfrutando de una imagen mental del tipo de ojos carmesíes siendo atormentado de mil maneras—. Mira, mis dos compañeros de equipo ya derrotaron a tus amiguitos sin problemas.
Era la verdad. En el suelo estaban inmovilizados Chris Venstar y el raro de Cebin Mendel, siendo sujetados por tallos que se veían algo gruesos. Era curioso, el ataque de Yoh lucía más fuerte. Pareciera que mi gemelo estaba esperando que acabara con Kurozawa de una vez por todas.
—Bueno, es hora de terminar con esto —sonreí, complacido de ver la inseguridad en los ojos sanguinolentos de esa sabandija que tanto odiaba. Pensé en las palabras que nos había dicho el demonio, para asegurarme de hacer un uso correcto de sus poderes—. ¡Myorei, concédeme tu alma!
Sentí un ligero escozor en la mitad izquierda de mi rostro. Era como si las venas de mi cara se estuvieran sobresaltando. Kurozawa retrocedió asustado al verme. Los espectadores de nuestra batalla lucían igual de aterrados. Sonreí, intentando fingir que no sentía dolor alguno, pero casi lanzo un alarido de dolor al sentir que se me desgarraba la espalda para que, de esta, salieran un par de alas esqueléticas. Lancé una bola de fuego, la cual cayó pesadamente sobre su pecho, enviándolo al otro extremo del estadio. Fue un ataque tan poderoso que hasta se agrietó el sitio donde impactó con fuerza. Me acerqué, caminando lentamente hacia él. Sonreí de lado al ver que intentaba levantarse del suelo.
—Buenas noches, papi —canturreé con diversión. Me divertía llamarlo de esa forma, pues él así nos lo había pedido en el encuentro que tuvimos luego de que nos convirtiera. Lo vi mover sus labios, pero ninguna palabra salió de ellos—. ¿Qué dices? ¿Tienes frío? No te preocupes, papi… Haré que duermas bien calientito.
En menos de cinco segundos, cuatro pequeñas llamaradas violetas se habían formado a su alrededor, danzando velozmente. Se mostró confundido al ver aquello e intentó acercarse hasta donde se encontraba su arma, quizá para poder defenderse.
—Eh, ¿a dónde crees que vas? —quise saber, fingiendo preocupación—. Los niños malos como tú merecen arder en el infierno.
Las pequeñas flamas se juntaron y crecieron hasta sobrepasar la altura del shaman vampiro, quien comenzó a lanzar alaridos, disculpándose con Darkar por ser ineficiente. El Espíritu del Fuego apareció frente a él, devorándose su alma y la del tenebroso elfo. Nunca había hecho eso y no pensé que llegaría a hacerlo algún día, porque era inhumano. Pese a ello, me vi en la necesidad de efectuar tal acción, puesto que de esa forma me aseguraba que nunca más regresaría para vengarse de nosotros. Escuché un pequeño pitido. Volteé a ver, para buscar al causante de tal ruido. Era mi oráculo virtual, el cual indicaba que el poder que poseía mi espíritu acompañante había aumentado. Aquello me sorprendió bastante, no me lo esperaba.
—¡EL EQUIPO HOSHI-GUMI HA GANADO ESTA PELEA!
Sentí miles de miradas sobre mí y ninguna de ellas estaba emocionada por lo que acababa de pasar. Lo más probable era que me tuvieran miedo. Dirigí la mirada hacia una de las enormes pantallas que estaban en la arena, las cuales tenían como función enfocar cada detalle de la batalla para aquellas personas que no tenían un buen asiento. Me observé a mí mismo, igual de pálido que los demás vampiros… con la diferencia de que la mitad izquierda de mi rostro era de color negro y mi ojo izquierdo había cambiado al mismo color que los de Kurozawa. Ahora era de un intenso color rojo carmesí.
Todos mis amigos, mi familia… Evolet, Yoh… me veían con cierto terror en los ojos. Suspiré, sintiendo que las alas esqueléticas, al igual que los cambios en mi cara, desaparecían en un santiamén. No pude evitar sentirme triste. Traté de impedir que los recuerdos de mi niñez regresaran a mi mente, pero todo fue en vano. Sin quererlo, me había convertido en el demonio que los demás niños tanto temían y que querían matar, convencidos de que era uno de ellos.
…No puede ser…
•❈•
¡Hola! ^^
Hao finalmente asesinó a Kurozawa… Recuerdo que incluso yo me sorprendí mientras estaba escribiendo este capi, pero pudo hacer uso de los poderes de Myorei, lo cual me tenía muy emocionada. ¿Qué opinan del capi?
Gracias por leerme. Finalmente terminé de editar los capítulos anteriores a este. Aún faltan cosas por leer, en esta trama que gira en torno a los gemelos Asakura. Continúa el drama, romance, gore… y todo eso que contiene el fic, y que espero que le guste a más de alguno xD
Muchas gracias por leerme. Si gustan, pueden dejarme un review comentándome como estuvo el capi. Si tienen dudas, comentarios, sugerencias o críticas, no duden en decirme.
¡Nos vemos! ^^
