Disclaimer: Shaman King y sus personajes no me pertenecen. Son del gran Hiroyuki Takei. Tampoco son de mi autoría algunos lugares, canciones y/o marcas que aparecen aquí. Sólo la trama, personajes propios y lugares ficticios son invenciones mías. Gracias a Sabr1 por prestarme a su OC (Evolet).

Advertencias: lenguaje soez, gore (leve o moderado), y algunos pensamientos obscenos (Rated T).

Género: General. Tiene un poco de todo.

Pensamientos, comunicación por telepatía, recuerdos, sueños.


16

Almas entrelazadas


Hao Asakura

Habían pasado varios días desde el incidente con mi gemelo. Estaba llevando muy mal la situación y me sentía horrible. Cada vez que veía a Yoh me ponía furioso, pues seguía sin poder creer que él no confiara en mi palabra. Bastó con ver un estúpido video editado para que nos peleáramos. Me deprimía enormemente estar en la soledad de mi habitación. Si me hubieran pagado por todas las veces que lloré en estos días, sería millonario. Sin embargo, ocultaba perfectamente mi tristeza ante los demás habitantes de la casa; fingía indiferencia al desprecio que me tenía mi hermano… o eso era lo que yo creía. Por supuesto, mi familia no iba a tragarse aquello. Sabían que esta disputa me tenía muy mal, pero aun así no decían nada para salir en mi defensa. ¿Qué rayos les pasaba? ¿También creían que era mi culpa?

Unos golpes en mi puerta interrumpieron mis pensamientos. Lancé un resoplido antes de levantarme del piso; ya sabía de quién se trataba. No tenía la necesidad de ver al causante, ya que sólo había una persona que me había estado hostigando tanto en las últimas setenta y dos horas.

—¿Cuándo dejarás de molestar? ¿No ves que estoy ocupado? —le reclamé al abrir la puerta, utilizando un tono sarcástico.

Kaoru hizo caso omiso, como siempre. Se escabulló por la entrada y buscó mi cama para sentarse en ella. Cerré la puerta y suspiré, sabía que no se largaría tan fácil.

—¿Ocupado? ¿Haciendo qué? ¿Amargándote la existencia por un problema que no te atreves a intentar resolver?

Aquello fue un golpe bajo para mí, pero nunca lo admitiría.

—Mi amarga existencia y yo queremos estar solos —respondí, frunciendo el ceño ligeramente. Estaba tan molesto que apenas me di cuenta de lo que había dicho—. Déjame en paz.

—¡Sabes que puedes arreglar las cosas y aun así no quieres hacerlo!

—Si hay alguien que debe disculparse aquí es el idiota de Yoh.

—¡Tú también perdiste los estribos y le gritaste!

—Escucha, si vienes a defenderlo, será mejor que te vayas de una vez —solté con enfado, haciendo ademán de dirigirme hacia la puerta.

Kaoru lanzó un resoplido.

—Mira, no sé cómo diablos apareció ese video en tu cámara. No creo que tú lo hayas grabado…

—Gracias —la interrumpí con sarcasmo—. Por fin alguien en esta casa parece tener una pizca de inteligencia.

—…Eso no quiere decir que no comprenda a Yoh. Soy hermana de ambos, debo ser imparcial —indicó. No necesité ver la expresión de su rostro para saber que estaba frustrada—. Haz un pequeño esfuerzo, sal de esta pocilga y ve a hablar con Yoh. Aclaren las cosas y busquen al maldito culpable si quieren, pero esto ya no puede seguir así.

Supuse que cuando se refería a mi cuarto como "pocilga" lo hacía en broma, porque era una de las habitaciones más limpias de la casa. No le presté tanta atención a su comentario. Me interesaba más dejarle en claro que no estaba dispuesto a disculparme primero, pues no era culpable de nada.

—También insisto en que él debe pedirme perdón. No hice nada para que esto pasara… No me creyó cuando le dije que no era el culpable, Kaoru —apreté los puños, mientras empezaba a caminar de un lado a otro, como si fuera un león enjaulado—. ¿Por qué demonios querría arruinar su compromiso con Anna? Estoy enamorado de alguien más, él lo sabe muy bien…

—Sí, pero…

—Perdí esa cámara hace meses. ¿Por qué aparecería en la aldea?

—No lo sé…

—¿CÓMO IBA YO A EDITAR ESE PUTO VIDEO, SI NI QUIERA SÉ MANEJAR ESOS MALDITOS PROGRAMAS DE EDICIÓN? ¡NO TIENE NINGÚN SENTIDO!

Kaoru frunció el ceño, a la vez que Yami aparecía a su lado. El pequeño espíritu me veía con preocupación.

—Bien, no te disculpes… pero al menos intenta aclararle todo a Yoh.

—¡ES QUE YA LO INTENTÉ! ¡NO ME DEJÓ EXPLICARLE NI MIERDA!

Mi hermanita menor pareció meditar lo que iba a decir por un breve lapso de tiempo. Mi paciencia estaba jugando en mi contra y estuve tentado a irme de ese lugar, pero me pareció una falta de respeto. Kaoru sólo se preocupaba por mí. No podía dejarla ahí plantada por más molesto que estuviera.

—Entonces hablaré con él…

—Déjalo, no tiene caso —hablé por lo bajo—. Sinceramente, no sé si nuestra relación volverá a ser la misma, pero ya no me importa. Si él quiere arreglar las cosas, está bien; sino, también. Es su decisión. No haré absolutamente nada al respecto, te lo vengo diciendo desde hace tres días.

—Son un par de testarudos, en serio —Kaoru bufó, molesta—. En eso sí que se parecen. Los dos son unos orgullosos de lo peor —le hizo una seña a Yami, quien se subió a su hombro—. Vámonos, Yami. Regresaremos en un par de horas para seguir insistiéndole a Hao.

—¡ESPERO QUE NO TE ATREVAS A SEGUIR MOLESTÁNDOME!

—¡Si tú no haces caso a lo que te digo, yo tampoco! —replicó seriamente, cerrando la puerta con fuerza.

Me quedé en silencio durante unos segundos, meditando las palabras dichas por mi hermana. No quería ser yo quien tuviera que hablar con Yoh. Detestaba que mi familia no lo entendiera… Supuse que todos pensaban igual, aunque sólo había hablado con Kaoru desde mi encierro. Me estaba distanciando hasta de mis padres y abuelos, porque seguramente tampoco me creían y estaban a favor de Yoh. No tenía ganas de oír reclamos sobre mi supuesto intento de sabotaje del estúpido compromiso de mi hermano.

—Soledad, vieja amiga… Sólo somos tú y yo, otra vez —comenté con un dejo de tristeza.

Era mi cruda realidad. La soledad me había acompañado desde muy corta edad. Aunque tuviera a mis amigos y a mi padre, siempre sentí un inexplicable vacío… Hasta que conocí a Yoh. Fue entonces cuando me sentí verdaderamente feliz. Me hizo falta durante toda la vida, a pesar de que ignoraba su existencia. Finalmente, entendí que él me complementaba.

Tomé mi teléfono y puse el reproductor de música en aleatorio. Tal vez, esos pensamientos se alejarían de mí al escuchar una buena canción. Necesitaba distraerme, así que opté por dejar que la música hiciera su trabajo. Definitivamente, a veces las cosas no salían como uno lo planeaba. Me eché a reír con amargura al escuchar aquella canción de AeroException. No sabía por qué, pero el tema de la canción siempre coincidía con mis sentimientos. Debí suponer que esta vez no sería la excepción. La letra de Entwined Souls me atormentaría durante un buen rato. Mi grupo favorito siempre lograba plasmar cómo me sentía en sus canciones, y en esa hablaban sobre un lazo especial que se había forjado entre dos personas. Una relación tan especial que superaría todas las adversidades que se les presentara en la vida. También plasmaba el sentimiento de felicidad de ambos –ignoraba si se trataba de una pareja–, y la alegría de sentir que por fin habían encontrado el lugar al que pertenecían en el mundo, estando uno al lado del otro.

—Mierda —susurré al sentir que las lágrimas comenzaban a acumularse en mis ojos—. Otra vez no.

Estaba harto de tanto llorar, y a pesar de ello, no podía evitarlo. Por alguna razón, pensaba que la letra describía mi relación con Yoh. Si era así, mi grupo favorito estaba equivocado. Nuestro lazo se había roto definitivamente.


•❈•


Nuevo día, misma situación de porquería. Yoh seguía sin hablarme y los demás tampoco. Kaoru seguía insistiendo… Bueno, la verdad era que entendía sus razones. Sólo quería volver a vernos felices a mi hermano y a mí, mas ninguno de los dos quería dar su brazo a torcer.

Contadas eran las veces en que bajaba a la cocina, pues intentaba hacerlo cuando nadie estuviera por los alrededores. No quería verles las caras, no después de saber todo lo que realmente pensaban sobre mí. También se habían dejado guiar por ese estúpido video. No sabía lo que opinaban los demás espíritus acompañantes, pero no parecían molestos. Supuse que, si no me dirigían la palabra, era para evitar tener problemas con sus dueños. Jun y Tamao tampoco parecían creer en el archivo que estaba en mi cámara. No obstante, se habían distanciado por la misma razón, para no crear conflictos innecesarios. Sólo Evolet parecía ser la única que me creía, además de mi familia, y yo la había alejado por mi tonta inseguridad. Nunca me había abierto con alguien más. Estaba demasiado acostumbrado a ocultar mis sentimientos.

Volví a suspirar, deseando no toparme con nadie en el camino de regreso a mi habitación… a esa cómoda prisión. Era un alivio que la cocina estuviera vacía para poder beber mi dosis de sangre con toda tranquilidad. Me asusté un poco al sentir que tomaban mis manos con infinita ternura, deteniendo así mi andar. Volteé a ver, notando que se trataba de mi madre. Ella fingió una sonrisa, la cual ocultaba toda su tristeza y angustia por lo que estaba sucediendo.

—Ven conmigo —me pidió, hablando por lo bajo—. Tenemos que hablar.

Dejé que me guiara hasta la habitación que compartía con papá. Ninguno dijo nada en el camino; probablemente, ella estaba pensando en las palabras que iba a usar. Por mi parte, esperaba que no fuera a reclamarme por el video. No quería pelearme con ella. Una vez que llegamos, Keiko abrió la puerta con cuidado. Me extrañó que el cuarto de mis progenitores estuviera vacío. Llegué a pensar que Mikihisa nos esperaría dentro para poder reprenderme junto con mamá. Me hizo una seña para que me sentara a su lado en el borde de la cama. No dudé en obedecerle.

—Me tienen muy preocupada, Hao.

—…No es la primera vez que nos peleamos —le confesé, mirándola a los ojos. Keiko no lo sabía, así que no pudo evitar sorprenderse al escucharme—. Sólo que esta vez fue diferente, no sé si las cosas se solucionarán.

Mi madre soltó un pequeño suspiro. Noté que sus ojos reflejaban el profundo desánimo que la carcomía por dentro.

—Yoh me contó lo que sucedió…

—¿Y tú le crees? ¿Crees que soy capaz de hacer algo así? —la interrumpí, sin poder seguir ocultando mi frustración—. Tal vez te dijo que soy un traidor…

—No. Me dijo que, si él te gritó, fue porque tú lo hiciste primero…

—¡Lo hice porque no me escuchaba! ¿Por qué nadie lo entiende? —me molestaba que prácticamente todos estuvieran a favor de mi hermano—. ¡Me acusó de algo que no hice! Creyó en ese video que alguien más editó, en lugar de creer en mi palabra. ¡Ni siquiera sé cómo llegó a parar en la aldea!

Keiko colocó una mano sobre mi cabeza, empezando a acariciar mi larga cabellera. Internamente, agradecí el gesto. Ella quería que me tranquilizara un poco.

—Entiendo cómo te sientes, Hao… Es normal que reacciones de esa forma, teniendo ese carácter explosivo que tienes —alcé una ceja, sintiéndome un poco ofendido. Mamá soltó una risita—. Considero que tu reacción es normal, tras haber heredado mi lindo humor —sonrió de lado—. Yo también fui… bastante explosiva durante mi adolescencia. Tanto que ningún chico se me acercaba. El único que tuvo agallas para abordarme y convertirse luego en mi amigo, fue Mikihisa.

—¿Eras? Creo que aún lo sigues… —callé abruptamente cuando noté que mi madre empezaba a enfurecerse.

—¡¿Qué estás insinuando, jovencito?!

—Nada, mamá —mentí, temiendo por mi vida.

Después de unos cuantos segundos, ella me abrazó fuertemente, atrayéndome hacia su pecho. Simplemente me dejé llevar.

—Sé que es difícil lidiar con un temperamento así, pero tienes que aprender a controlarte mejor… y antes que me malentiendas, no estoy diciendo que tú tengas la culpa por lo que pasó entre Yoh y Anna. Hay algo que no encaja en todo esto, aunque no sé exactamente qué es… Ambos son mis hijos y los amo, y me duele demasiado verlos así. Sólo quiero lo mejor para ustedes.

—Lo sé.

—Aunque no lo creas, te comprendo mejor que nadie —Keiko me regaló una sonrisa triste—. Creo ciegamente en que todo esto se solucionará de alguna u otra forma. Todo volverá a ser como antes.

Las palabras de Keiko me conmovieron mucho, mas no sentí deseos de llorar. No después de haber derramado tantas lágrimas en estos días. Finalmente me abrí un poco con ella y correspondí a su abrazo.

—…Me hiciste tanta falta, mamá —susurré, sabiendo que ella me escucharía a la perfección.

Aquello era tan cierto. Siempre había sentido que me faltaba ese amor maternal en mi vida, puesto que me había criado únicamente con mi padre. Aunque él se hubiera encargado de disciplinarme y cuidarme, los consejos, abrazos y besos de mamá nunca los había experimentado durante trece años de mi vida.

—Mi bebé —musitó, conmovida. Noté que su cuerpo temblaba ligeramente. Mi madre estaba llorando—. Yo también te extrañé demasiado. No hubiera querido que te alejaras de nuestra familia. Ni tú ni Yoh se lo merecían. Lo lamento tanto.

—No te preocupes por eso, ya no importa —sonreí levemente, al tiempo en que le secaba las lágrimas del rostro con ternura. Aquello pareció emocionarla más.

Nos quedamos en silencio por unos minutos, aún abrazados. Nos dedicamos a disfrutar de la compañía del otro, en lo que mi madre intentaba tranquilizarse. Me sentía feliz de tenerla a mi lado. Si bien no estábamos todo el tiempo juntos, dado que ella vivía con mis abuelos en Izumo, sabía que siempre tendría su amor y apoyo cuando más lo necesitara. Por primera vez en mucho tiempo, sentí que ese silencio no era incómodo. Me permitió reflexionar un poco sobre lo que acababa de hablar con ella. No obstante, el sonido de unos suaves golpes me hizo regresar a la realidad. La puerta se abrió, dejando ver a un sorprendido Mikihisa.

—Lo siento, no quise interrumpir —sonrió un poco apenado.

—No te preocupes, ya me iba —lo corté, mientras me levantaba de la cama—. Me pondré a organizar mi ropa o algo —lancé la primera excusa que se me ocurrió.

Me despedí de mis padres y me dirigí a mi habitación, pensando en lo que había hablado con Keiko. Era un alivio saber que tenía el apoyo de algunas personas en esta casa. Ya me sentía un poco mejor, lo suficiente como para pasearme libremente sin temor a los demás. A pesar de que estaba tranquilo, dudaba que ese sentimiento de paz interior durara más tiempo. Lo mejor sería regresar a mi cuarto, antes de que alguien más pudiera verme tan… vulnerable.


•❈•


—¿Hablaste con Yoh? —preguntó una preocupada Keiko.

Esperaba que su cónyuge hubiera logrado convencer al menor de sus hijos varones. Apartó la mirada con un dejo de tristeza, al ver que Mikihisa negó con la cabeza.

—Él cree que Hao es el responsable. Veo un poco difícil hacerlo cambiar de opinión.

—Hao tampoco hablará con él, aunque no me lo haya dicho. Lo conozco muy bien.

—Sí, lo entiendo —susurró Mikihisa, intuyendo cómo debía de sentirse su primogénito—. Es por eso que Kaoru ha estado insistiéndoles estos cuatro días, para que dejen de estar peleados.

—¿Eso estuvo haciendo? —Keiko frunció el ceño, mientras empezaba a molestarse—. Espera a que la vea, le caerá el castigo de su vida.

—No creo que sea necesario —intentó tranquilizarla su marido—. Tienes razón, no es la mejor forma de hacer que esos dos arreglen sus diferencias. Sin embargo, tal vez decidan obedecerle, después de tanta insistencia.

—…Puede salir lastimada —añadió Keiko, preocupándose por su hija menor.

—No creo que los chicos la lastimen —opinó Mikihisa, entretanto abrazaba a su mujer por la cintura—. Por más que ella los esté fastidiando, la aman demasiado como para hacerle daño.

—Eso espero… Ojalá pudiéramos ayudarlos a que solucionen sus problemas.

—Lo único que podemos hacer es buscar la forma de hacerlos sentir mejor —expuso él, acariciando su cabello con dulzura—. Creo tener una idea en mente…

—¿Eh? ¿De qué hablas? —inquirió la Asakura—. Sólo se me ocurre mandarlos a un concierto del grupo ese que tanto les gusta.

—Créeme, es algo mucho mejor que eso —le aseguró el hombre, a la vez que se levantaba de la cama.

Sintió la mirada curiosa de su esposa, justo cuando tomaba su teléfono y buscaba entre sus contactos un número que había añadido recientemente.

—No te entiendo, cielo. ¿Qué vas a hacer?

—Fue un poco difícil conseguir este número, pero mis contactos me ayudaron —se encogió de hombros, al tiempo que escuchaba el tono de espera. Se alegró cuando finalmente descolgaron la llamada—. Hola, habla Mikihisa. ¿Qué tal han estado…?

Keiko no pudo evitar mirar a su esposo como si estuviera loco. ¿Qué estaría tramando?


•❈•


Había decidido salir a pasear por la aldea, así evitaba que mi familia se preocupara por quedarme tanto tiempo encerrado en mi cuarto. No me sorprendió ver que muchos de los shamanes que me encontraba en el camino salían huyendo al verme. Era normal que me tuvieran miedo, luego de mi pelea contra Kurozawa. Quizá pensaban que, en todas las batallas que tuviera, asesinaría sádicamente a mi oponente. Sin embargo, ni siquiera el desprecio de los demás shamanes me causaba tanto daño como el que me tenía Yoh. Sacudí mi cabeza, notando que había llegado a la tienda que buscaba. Entré rápidamente para evitar que siguieran acosándome con la mirada.

Quedé asombrado la primera vez que entré a ese lugar, pues nunca había estado en un sitio parecido. En esa tienda vendían cosas peculiares como piedras preciosas, juegos esotéricos, libros sobre astrología… y también ciertos objetos comunes como merchandising de grupos musicales. Me dirigí hacia un mueble en particular, rebuscando en una de las secciones en específico. Sonreí un poco al encontrar lo que buscaba y no dudé en tomarlo. Ni siquiera me detuve a mirar cuánto costaba, sabía que el contenido era mucho más importante que su precio de venta.

Otra de las razones por las que me gustaba ir a ese lugar, era porque la dependiente me caía muy bien. Era una de los diez oficiales apaches y casualmente era quien le había tomado la prueba a Evolet. Ambas se habían hecho amigas luego de eso. La chica tenía una alocada melena oscura y un par de ojos color turquesa. Llevaba puesto un vestido que tenía estampado un alien en el centro, y unas botas largas. Unos pendientes muy largos en forma de plumas colgaban de sus orejas. Su nombre era Rutherfor, una de las más jóvenes de la Tribu Apache.

Pensé en saludar a Rutherfor cuando pasara a pagar, pero me sorprendió verla tan alterada. Ella pareció notar mi presencia y se acercó velozmente.

—Qué bueno que te veo, Hao —habló tan rápido que me impresionaba que pudiera comprender lo que me decía—. Llegas justo a tiempo, no sabía a quién acudir…

—¿Qué sucede?

—…Estaba charlando aquí con Evolet hace un momento, pero llegó un sujeto extraño, comenzaron a discutir y se la llevó a rastras…

Dejé de oír lo que estaba diciendo. Me había quedado estático… Dejé caer lo que iba a comprar y me disculpé antes de salir a toda prisa de la tienda. Esperaba que Evolet no estuviera muy lejos. Tuve suerte, ya que la vi en medio de una plaza, la cual no estaba muy lejos de la tienda. No me gustó nada lo que veían mis ojos. Un idiota la estaba sujetando del brazo, mientras ella intentaba liberarse y parecía a punto de llorar.

—¡¿QUÉ CREES QUE HACES, MALDITO DESGRACIADO?! —exclamé, mientras me acercaba y me preparaba para darle la golpiza de su vida.

Al oírme, el sujeto la soltó. Mizu apareció al lado de su dueña, gruñéndole con cierta ferocidad al imbécil que se había atrevido a maltratarla. Me sorprendí mucho al notar quién era el agresor de la chica de orbes dorados. Él tuvo la misma reacción.

—¡¿TÚ?! —ambos nos veíamos con rabia contenida, luego de haberlo dicho al unísono.

Recordaba perfectamente a ese imbécil. Lo había conocido dos años atrás cuando fui a la casa de mis abuelos para pasar las vacaciones de verano. Solía visitar bastante el templo, pero más adelante me enteré que era Evolet quien le interesaba. Iba a casa de mis abuelos a pedir su mano cada tanto, a pesar de que siempre se la negaban. Aún recordaba la pelea física en la que nos metimos luego de haber visto cómo hacía llorar a la protegida de mi abuelo. Noté que seguía igual que siempre, largo cabello castaño amarrado en una cola de caballo baja, ojos cafés, estatura media y vestía como un nativo americano.

—Creí haber sido muy claro contigo, Allen —hablé al pararme frente a Evolet—. No quería que volvieras a estar cerca de ella.

—Por lo que veo, tú no pierdes la costumbre de meterte en lo que no te incumbe, Asakura —espetó, mirándome con furia—. Lárgate, este asunto no te concierne.

Me aguanté las ganas de calcinarlo vivo.

—Te repetiré exactamente lo mismo que te dije hace dos años; déjala en paz, si no quieres que te mate —le advertí, con un tono de voz peligroso.

Me miró con desagrado. Al notar mi pose amenazante y mis enormes colmillos, los cuales habían crecido por la ira que sentía, no dudó en largarse de la plaza. Volteé para ver a Evolet, tornando el gesto. Pude notar que aún estaba muy alterada.

—¡Chicos! —Rutherfor venía corriendo hacia la plaza, alcanzándonos en un santiamén—. ¿Están bien? ¿No les pasó nada?

—No te preocupes, ya se fue. No volverá a acercarse, si sabe lo que le conviene —pronuncié, evidentemente enfadado.

Nos entretuvimos un rato para intentar consolar a Evolet, quien parecía estar en blanco. Luego de verificar que todo estuviera bien, Rutherfor registró su pequeño bolso, sacando un objeto que reconocí al instante.

—Creo que querías comprar esto… Te lo traje, pero creí que ya lo tenías.

—Bueno, no es para mí —le aclaré, sonriendo de lado—. Es un regalo.

—Entiendo… En ese caso, te lo dejaré en nueve dólares.

—Creí que sería más caro —admití por lo bajo.

Sin descuidar a Evolet, tomé el dinero que traía en el bolsillo y pagué por el objeto. Rutherfor sonrió al darme la bolsa.

—Gracias por tu compra, pero creo que deberían irse a descansar —claramente lo decía más por Evolet, quien aún se veía ausente. Rutherfor volvió a buscar algo en su bolso y sacó una pequeña cajita, tendiéndosela a mi compañera—. Esto es para ti. Te hará sentir mejor.

Eran bolsitas de té de manzanilla con lavanda. Mi compañera se sorprendió.

—No te preocupes, es cortesía de la casa —habló la apache, evitando que ella dijera algo más y guiñándole un ojo en complicidad.

La chica de ojos dorados pareció conmoverse.

—Gracias, Rutherfor.

Nos despedimos de ella y retomamos el camino de regreso a casa. Intenté sacarle plática a Evolet para levantarle el ánimo. Sin embargo, ella estaba bastante absorta en sus pensamientos. Al verla en ese estado, pensé que quizá sería mejor llevarla a un lugar retirado para que pudiera tranquilizarse. Incluso se me olvidó que podría oscurecer en cualquier momento.

—Oye, hay un lugar que es muy especial para mí. Me gustaría que lo conocieras —le susurré al oído. No sabía si era imaginación mía, pero pareció estremecerse con esa pequeña acción—. Te ayudará a tranquilizarte.

Evolet asintió de forma distraída. Nos dirigimos hacia el bosque, el cual estaba cerca de donde nos encontrábamos. Era un lugar muy bonito. Nos rodeaban muchas flores y árboles de todo tipo, dándole un aspecto hermoso. También debía haber algunos animales sueltos entre la espesura, mas ninguno se acercó a nosotros, quizá por mi condición vampírica. Debían verme como un depredador… y ciertamente, lo era.

Supuse que debía estar helando, pues las plantas se movían de un lado a otro al compás del viento otoñal. Me quité la chaqueta que traía, la cual sólo utilizaba por costumbre y se la coloqué a Evolet en los hombros. Ella se acomodó la prenda, agradeciendo el gesto que tuve. Noté que habíamos llegado hasta un pino muy alto, mi árbol favorito. No era muy complicado subir, pero al ver el estado en que se encontraba mi compañera, le di la espalda y me agaché, quedando a su altura.

—Sube —los hermosos ojos dorados de Evolet me vieron confundidos. Me reí ligeramente—. Tranquila, no te dejaré caer. Puedes confiar en mí.

Dudó un poco, pero terminó por rodearme el cuello con sus brazos. Luego de asegurarme que estuviera bien sujeta a mí, fui subiendo con grandes saltos. Gracias a mis habilidades vampíricas, llegamos hasta una de las últimas ramas con mucha facilidad. Ella se bajó con cuidado de mi espalda y se acomodó. Me senté a su lado.

—Desde aquí se puede ver el atardecer —le sonreí—. Te encantará.

Pareció notar mi esfuerzo por animarla, por lo que me sonrió de vuelta.

—Gracias por compartir tu lugar secreto conmigo.

El sol comenzaba a despedirse, tiñendo el cielo con esas tonalidades naranjas que le daban un aspecto muy pacífico a la naturaleza, a pesar de no ser un lugar seguro. Ese fenómeno parecía gustarle tanto a ella como a mí.

—…y gracias por defenderme de Allen —habló bajito, llamando mi atención—. Nunca esperé encontrármelo por aquí. No supe cómo reaccionar.

—Intenta no preocuparte más por eso. Si es lo suficientemente inteligente, no volverá a acercarse a ti.

Evolet rio por lo bajo, aunque su risa murió rápidamente. De nuevo la estaba notando un poco preocupada.

—Ya que estamos aquí… Me gustaría hablar contigo sobre lo que está pasando —imaginé que ese tema tendría que salir a la luz, pero no sabía que sería tan pronto—. Sé que me habías dicho que hablaríamos cuando te sintieras preparado, pero estoy preocupada por ti —suspiré, comenzando a sentirme mal por ver la tristeza en sus bellos ojos—. Has pasado cinco días encerrado, Hao. No hablas con nadie… Apenas y volviste a charlar con tu familia hace unos días. ¿Qué es lo que te tiene así? ¿Qué fue lo que sucedió con Yoh?

Me quedé en silencio por un instante, pensando en la manera de responder a tales preguntas. Quizá no debí quedarme callado, porque ella pareció malinterpretarlo. Soy un idiota.

—No te enojes conmigo —le rogué, hablando precipitadamente—. No es que no confíe en ti, es sólo que… Esto es muy difícil para mí. No suelo hablar de mis sentimientos tan abiertamente. Me avergüenza hacerlo.

—No tienes por qué sentirte apenado —me consoló ella, levantándome la mirada con una de sus delicadas manos—. No tiene nada de malo demostrar lo que sientes.

—¿Tú crees? —ella asintió.

—Las emociones te ayudan a relacionarte mejor con las demás personas. Sería bueno que dejaras de esconderlas. Quizá no sea tan fácil al principio, pero puedes comenzar con expresar cómo te sientes y decir lo que piensas, por lo menos conmigo. Es algo que hacemos todos los… humanos —me eché a reír por lo bajo al escucharla usar ese tono. Al parecer, ella sabía lo mucho que detestaba ser comparado con ellos—. Hablo en serio. Nadie se reirá de ti por eso.

—Lo sé, pero… —ahora que no tenía a Yoh, me sentía muy perdido. Desvié mi mirada de la suya, pues me ponía muy nervioso—. Bueno… intentaré hacerlo contigo, si eso te hace feliz.

Sonrió con dulzura.

—No sabes cuánto.

Carraspeé para volver a concentrarme.

—En cuanto a lo que sucedió entre Yoh y yo… Digamos que apareció una vieja cámara que había perdido hace mucho tiempo. Esa cámara tenía un único video que fue a parar a manos de Anna. En él, se ve que Yoh está besando a otra chica, pero… yo estuve ahí. Eso jamás pasó, Evolet —le aseguré, mientras recordaba las imágenes contenidas en ese archivo multimedia—. Alguien debió modificarlo.

—…Alguien que claramente quería separarlos —me sorprendí al oírla y volteé a verla. Ella suspiró—. Supongo que ahora Yoh cree que fuiste tú —asentí, bajando la mirada—. Qué gran malentendido.

—Lo es —concordé, sintiéndome fastidiado porque mi gemelo no me creía—. Pensé que ya lo sabrías. Yoh se lo contó a todos sus amiguitos…

—También son tus amigos…

—No, no lo son —negué, a la vez que fruncía el ceño—. Si lo fueran, al menos me habrían dado el beneficio de la duda. Creo que nunca lo fueron…

—No digas eso.

—Sabes que tengo razón —guardé silencio por unos segundos, pensando que tal vez sería bueno sincerarme con ella—. No se lo había dicho a nadie, pero en estos días me he sentido muy solo —Evolet pareció indignarse un poco por mi comentario—. Nadie más lo sabe y tampoco recuerdo habérselo contado a Yoh. Toda mi vida me he sentido solo. Él fue quien llenó ese vacío cuando nos conocimos. Sin embargo, al pelearnos otra vez, me he vuelto a sentir incompleto.

—¿Te sientes solo, dices? ¿Y yo que soy? ¿Una pintura? —me reí un poco cuando hizo esa comparación. Si ella era una pintura, entonces era la más linda de todas—. Crees que estás solo, pero no es así. También me tienes a mí, Hao.

—Evolet… —susurré su nombre, completamente enternecido.

—Te diré algo que tal vez necesitabas oír —tomó mi rostro con sus manos—. Yo te creo…

No pude evitar sentir un impulso y uní mis labios con los suyos en un tierno beso, evitando así que siguiera enterneciéndome. No podía creer que por fin estuviera besándola, después de tanto tiempo; aunque lo que más me impactaba era que ella comenzó a corresponderme la acción luego de unos momentos. Sus labios tenían un sabor muy dulce… ¿Vainilla? No estaba seguro, sólo sabía que ese delicioso néctar me encantaba. Traté de no profundizar demasiado el beso, ya que temía que pudiera herirla con mis afilados colmillos. Me separé de ella cuando me percaté que empezaba a faltarle el oxígeno. Cerré los ojos, esperando lo peor. Pensé que me ganaría una cachetada o algo por el estilo, debido a mi osadía. Vaya sorpresa la que me llevé al abrir los ojos y verla sonriendo levemente.

—¿Pensaste que te golpearía? —rio suavemente cuando notó mi expresión de estupefacción—. No soy Anna, puedes estar tranquilo.

—Lo siento, tal vez fue muy precipitado…

—No importa. De hecho, me alegra que lo hicieras —su facilidad para tranquilizarme me asombraba.

Noté que se sonrojó un poco. Sonreí, completamente feliz. Por primera vez desde que la conocí, me sentí confiado. Entonces, decidí confesárselo todo.

—Me gustas mucho, Evolet. No me había atrevido a decírtelo, pero estoy enamorado de ti desde hace mucho tiempo.

Ella bajó levemente la mirada, sin borrar su leve sonrisa.

—Lo sé…

—¿QUÉ? ¡¿YA LO SABÍAS?! —exclamé, sin poder creer lo que me decía.

—¿Cómo no saberlo? Los chicos no son muy discretos que digamos.

—¡…ESOS IDIOTAS! ¡LOS VOY A MATAR!

Mi instinto asesino fue detenido por un repentino y cálido abrazo. Evolet se había acurrucado en mi pecho con una gran sonrisa. Me sorprendí, pero respondí al cariñoso gesto.

—Tú también me gustas, Hao —me confesó, y no pude evitar abrir mucho los ojos—. Aunque ya sabía que correspondías a mis sentimientos, quería escucharlo de ti y no de los estúpidos rumores.

No podía describir la felicidad que sentí en ese momento.

—…Creo que es un poco injusto que fuera el último en enterarme —me quejé, cruzando los brazos. Evolet soltó una risita—. Entonces… ¿Desde cuándo te gusto? —inquirí, curioso—. Estoy sorprendido. De verdad pensé que nunca me verías de esa forma.

—Bueno, no soy tan evidente como tú —levanté una ceja, pero sonreí divertido—. Sentí mucha gratitud cuando me protegiste aquella vez. Quise volver a verte, pero no tuve la oportunidad hasta que me mudé a Tokio. Con el paso de los días empecé a sentir algo por ti. Por eso quería hacerte un regalo especial por tu cumpleaños —confesó, mientras una de sus manos acariciaba mi pecho por encima de la camiseta. Se mostró sorprendida al notar algo—. Aún lo tienes puesto.

—Por supuesto. ¿Pensaste que lo perdería? —le sonreí con dulzura—. Se volvió importante para mí, porque me lo regalaste tú.

Evolet pareció cohibirse, por lo que bajó la mirada. Se veía terriblemente adorable.

—Fue mi regalo favorito ese día… He sentido mucha curiosidad desde entonces. ¿Por qué este collar es tan importante para ti?

—Para serte honesta, no lo sé —llevó una mano a su cuello, sosteniendo la mitad de su colgante—. Sólo sé que es lo único que tengo desde que era bebé, antes de que llegara a la casa de tus abuelos.

Nos quedamos en silencio durante un breve lapso de tiempo. Ella se encontraba un poco pensativa, mientras seguía inspeccionando su accesorio. De repente, y para interrumpirnos, Mizu se materializó entre nosotros. Me estaba gruñendo.

—Vas a hacer que me enfade, Mizu —murmuró Evolet, sujetándola del cuerpo para apartarla de mí—. Siento mucho que actúe así contigo.

—Creo que es normal. Una vez, Yoh me dijo que podría estar celosa, y ahora sé que tiene razón —hablé, divertido. Al verla, me recordó nuestra última pelea—. Hablando de ella, me sorprendió que los poderes de Kurozawa no le afectaran. ¿Sabes por qué fue?

Mi compañera pareció sorprenderse, pero negó con la cabeza.

—No tengo ni idea —el silencio volvió a hacerse presente, pero ella pareció notar algo más—. Esto me ha dado una idea. Ya sé qué hacer para que ayudar a Yoh y Anna. Déjamelo a mí. Todo se solucionará, te lo prometo.

Sentí una gran tranquilidad ante sus palabras.

—Está bien. Gracias por todo, en serio —le agradecí, sonriéndole sinceramente.

Volteé a ver hacia el sol, notando que estaba por desaparecer. El cielo ya tenía unas tonalidades púrpuras en su mayoría. Fue cuando supe que nuestro pequeño momento había acabado.

—…Odio hacer esto, pero tenemos que volver —me disculpé, hablándole suavemente—. Ya está oscureciendo —ella se veía un poco desanimada, pero entendía la gravedad del asunto.

Podría decirse que había logrado que se sintiera mejor, aunque ella también lo había hecho conmigo. Tomó la mano que le ofrecía y la ayudé a levantarse. Bajamos del árbol y retomamos el camino de regreso a casa. Disfrutábamos en silencio de la compañía del otro. Me sentía muy feliz por lo sucedido con Evolet, minutos atrás. Sin duda, aquello había mejorado mi estado de ánimo. Entramos a la vivienda luego de unos minutos. Me sorprendió que la sala estuviera vacía, ya que a esa hora normalmente los chicos estaban viendo la televisión. Evolet se giró sobre sus talones, sonriéndome con diversión.

—Espero que te sientas un poco mejor.

—Por supuesto que sí —sonreí, igual de divertido.

—Bueno, Anna me necesita… Iré a hablar con ella, y veré si ahora me deja entrar a su cuarto —supuse que también debió soportar el malhumor de Anna.

Uno de sus mechones se movió de su lugar, cubriéndole parte del rostro. La vista era muy graciosa. Tomé ese mechón rebelde y lo coloqué con cuidado tras su oreja. Evolet se sonrojó un poco. Se veía muy hermosa cuando sus mejillas se coloreaban con ese tono rojizo. Me acerqué lentamente a ella, para intentar robarle un beso. Abrí los ojos con sorpresa, puesto que no esperaba que ella colocara su dedo índice sobre mis labios. Nuevamente volvió a dibujarse esa sonrisa divertida en su rostro. Esa sonrisa que me volvía loco.

—No tan rápido —pronunció, empleando un tono de voz juguetón—. Cualquiera podría vernos. Qué te parece si mejor lo dejamos para… nuestra cita.

¡¿Qué?! ¿Había escuchado bien?

—Tranquilo, te avisaré cuando llegue el momento —quizá mi rostro estaba delatando el nerviosismo que sentía, porque ella parecía divertirse por eso—. Tengo que hacer un par de cosas antes de que eso suceda.

—Es fácil para ti decirlo —sonreí de lado, derrotado—. No te pone nerviosa.

—Eso es lo que tú crees.

Me sonrió y se despidió con un movimiento de su mano, dejándome plantado a mitad de la sala. Sonreí, viendo el pasillo por el que ella se había ido. Evolet me volvía loco y era algo que no podía evitar. No obstante, me había quedado con la duda sobre lo que planeaba hacer.


•❈•


Yoh se sentía como un extraño en esa habitación. Pasaron unos cuantos días desde que había regresado a ese lugar que le parecía completamente desconocido. Había colocado unos cuantos pósteres de su grupo favorito, y organizado todos los álbumes que tenía en una repisa. Aun así, no se sentía cómodo estando ahí… Aunque, pensándolo bien, no era como si tuviera otra opción. Él había tomado la decisión de largarse de la habitación de Hao.

Le dolía demasiado pensar en su gemelo. Jamás se imaginó que le haría algo tan grave como hacerle quedar mal con Anna. ¿Es que acaso a Hao le gustaba su prometida y quería que los abuelos reconsideraran su compromiso? Muy en el fondo, creía que aquello no tenía mucho sentido, pero no quería admitirlo. En esos días había estado muy mal. Él no era un chico que se enojaba hasta el punto de pelear a gritos… y lo había hecho igual. Como aquella vez, dos años atrás.

—¿Cómo pudiste, Hao? —susurró para sí mismo.

Soltó un suspiro, notando que la tristeza volvía a apoderarse de él. Sentía como si algo le faltara en su vida, aunque no quería admitirlo. Escuchó que tocaron a su puerta con un poco de insistencia. Estaba tan metido en sus pensamientos que no se había percatado que alguien quería entrar a su cuarto. Puso cara de fastidio al pensar en quién podría ser. Sólo había una persona que había estado insistiendo tanto en esos últimos días: Kaoru. Su hermanita se había encargado de presionarlo para que arreglara su relación con Hao. Él no quería, pues pensaba firmemente en que Hao debía de confesar lo que hizo. Era tonto que le estuviera mintiendo si había suficientes pruebas que demostraban que él era el culpable de todo ese caos.

—¡Ya basta, Kaoru! ¿Qué no ves que quiero estar…? —su frase quedó inconclusa cuando abrió la puerta.

Se llevó una gran sorpresa. Anna Kyoyama se encontraba de pie frente a la puerta de su habitación. Se veía muy preocupada… y un poco triste.

—¿…Puedo pasar?

—S-sí —tartamudeó Yoh, intentando ocultar su nerviosismo. Abrió un poco más la puerta, sintiéndose un poco torpe—. Entra, por favor.

Anna tomó asiento sobre la cama, puesto que no había sillas. Parecía que se debatía internamente, y es que la chica no encontraba las palabras adecuadas para exteriorizar su inquietud.

—Yo… Quería disculparme contigo —susurró la rubia, entretanto jugaba con el borde de su vestido—. No debí ponerme así. Me dejé llevar por lo que vi en ese video y no te di tiempo para que me explicaras qué era lo que había sucedido. Pensé que todo lo que vi era real.

—No tienes que pedirme perdón, Annita. Nada de esto hubiera sucedido si yo te hubiera aclarado en un principio lo de Mei.

—¿…Entonces sí me engañaste con ella? —cuestionó la chica, mordiéndose ligeramente el labio.

Trató de no enojarse con su prometido. Esta vez quería escuchar primero lo que él tenía para decir, antes de sacar conclusiones.

—Conozco a Mei desde que éramos pequeños —le explicó él. Estaba pensando muy bien lo que le diría a la Kyoyama, para que ella permaneciera tranquila—. Me llevaba muy bien con ella. Cuando fuimos creciendo, empecé a notar que me parecía linda. Me gustaba un poco, sí… pero todo cambió cuando conocí a alguien más… —Yoh alzó la vista, sus ojos reflejaban la ternura que sentía en ese momento—. Hasta que te conocí a ti, Anna.

—Yoh… —murmuró.

Sintió algo cálido en su interior. Las palabras del chico estaban haciendo efecto. Le sorprendía que el Asakura fuera capaz de hacerle experimentar tan hermosos sentimientos. Era su don.

—Luego de que los abuelos nos comprometieran, pude conocerte mejor. Fue entonces cuando me enamoré por completo de ti. Sabía que detrás de esa máscara de frialdad, se escondía una chica muy dulce. Fue por eso que me animé a acercarme. Quería que entendieras que podías confiar en mí, que siempre permanecería a tu lado. No estoy contigo porque los abuelos nos hayan comprometido, sino por decisión propia. Por eso te pedí que fueras mi novia hace unos meses. Porque te amo, Annita. Jamás amaría a otra chica, además de ti… Bueno, creo que mi abuela, madre y hermana no cuentan.

Se echó a reír suavemente al escuchar esa confesión que, seguramente para Yoh, había sido un poco cursi.

—Yo también te amo, Yoh —musitó, acercándose más al chico para fundir sus labios en un beso.

Yoh se sentía en el cielo. Creyó que su relación con Anna jamás volvería a ser la misma, pero vaya que se equivocó. Besó a su prometida con mucha dulzura, pues la había extrañado demasiado. Se rio un poco cuando su novia rodeó su cuello con sus manos, atrayéndolo más hacia ella. Él la tomó por la cintura, sin interrumpir en ningún momento el contacto con sus cálidos labios. Anna se apartó un poco cuando sintió que sus pulmones se quedaban sin aire. Tenía las mejillas ligeramente sonrojadas. Yoh le sonrió con ternura, a la vez que una de sus manos acariciaba la mejilla izquierda de la chica. Anna tembló un poco al sentir el suave toque. En todo ese tiempo, echó de menos a su chico.

—Esto significa que volvemos a ser novios, ¿verdad?

—Por supuesto que sí, tonto —le sonrió la itako. Torció el gesto cuando, de pronto, notó que Yoh estaba ensimismado. Quiso despertarlo dándole un golpe, aunque luego se arrepintió. Su dura piel le hizo ver la realidad—. Maldición, siempre se me olvida.

—Lo siento —se excusó Yoh, sacudiendo un poco la cabeza.

—Estabas distraído —musitó Anna, preocupándose levemente—. ¿Qué pasó?

—Tuve una visión.

—¿Justo ahora?

—Más o menos, déjame ver… —le explicó Yoh. Se contrajo un poco ante el recuerdo, sintiéndose un poco nervioso. No sabía cómo se tomaría la Kyoyama esa revelación—. Estábamos en un lugar muy bonito, no recuerdo exactamente dónde. Te veías muy hermosa y yo estaba feliz porque no sospechabas nada. Te conduje hasta el sitio donde lo tenía todo preparado. Te emocionaste al ver cada uno de los detalles. Aproveché esa emoción para poner una de mis rodillas en el suelo, pidiéndote que te casaras conmigo.

—Yoh… —musitó nuevamente su nombre. El hermoso sueño del Asakura la conmovía demasiado. Soltó una risa, intentando que las lágrimas no escaparan de sus ojos—. Admítelo, tú quieres matarme de la ternura.

El castaño rio un poco, al tiempo que acariciaba esa cabellera rubia que tanto adoraba.

—Fue una visión que tuve por medio del Uranai… Aunque tú estabas tan molesta que dudé que fuera a cumplirse. Pensé que se quedaría en un simple y hermoso sueño.

—Pues no sé cómo le hará, señor Asakura, porque ya me dejó con ganas de tener esa preciosa boda —le sonrió ella, abrazando al chico—. Estaré encantada de casarme contigo cuando llegue el momento.

Anna no esperó más y unió nuevamente sus labios con los de Yoh en un corto beso. Detestaba que el acto durara tan poco. No obstante, tuvo que separarse al recordar que le había prometido a la abuela que le ayudaría con unas tareas del hogar.

—Tengo que irme —quería quedarse, pero tenía que ayudarle a Kino—. …Creo que deberías hablar con Hao.

—No empieces, Annita —Yoh rodó los ojos, fingiendo fastidio.

—Espera, no es por eso… No me percaté a tiempo por la rabia, pero a pesar de que es la cámara de tu hermano, él no pudo haberlo hecho —explicó la rubia—. No tiene sentido, sabemos que está enamorado de Evolet. Hablé con ella hace un rato y piensa que alguien más alteró el archivo, pero no me dijo quién —se apresuró a decir, al ver que el joven quería interrumpirla.

—No lo sé —habló un pensativo Yoh—. Quisiera creerlo, pero todo es tan confuso.

—Piénsalo bien —hizo una pausa, esperando que su novio recapacitara sobre lo que había pasado—. Te hace falta Hao, lo sabes.

Se despidió del Asakura con un beso de piquito. Se marchó de la habitación, teniendo cuidado al cerrar la puerta.

La mente y el corazón de Yoh parecían estar ante un dilema. No sabía qué hacer. Quería creer que Anna tenía razón y que Hao no había sido el responsable de su ruptura con ella. Sin embargo, habían pruebas que supuestamente demostraban lo contrario. Una parte de él creía que no era muy lógico que su gemelo hubiera grabado ese video para hacerle daño. Conocía a Hao a la perfección y no pensaba que tuviera la mala intención de modificar el archivo con alguno de esos programas de edición… aunque tenía sus dudas.

—Maldición, no sé qué hacer —musitó, abatido.

Tomó una de las almohadas y cubrió su rostro con ella. Extrañaba a su gemelo, pero no quería ser él quien diera el primer paso. Decidió que era Hao quien tenía que hacerlo. Lo que no sabía, era que su hermano mayor pensaba exactamente lo mismo que él.


•❈•


Ese día el equipo Funbari Onsen tendría una nueva pelea. Ignoraba quienes serían sus oponentes esta vez, ya que yo no iría a ver dicho enfrentamiento. Consideraba que no era adecuado que fuera a ver la pelea de los chicos que debían aborrecerme con todo su ser. Fue por eso que decidí quedarme.

La casa estaba casi vacía, pues todos habían decidido ir al encuentro, a excepción de Mikihisa. Aquello me desconcertaba. ¿Por qué se había quedado? ¿Era porque yo no había ido? Su llamado para que fuera al jardín me sacó de mis pensamientos. Me dirigí hacia el punto de reunión, sintiéndome bastante tranquilo. No tenía miedo de que alguien nos escuchara, puesto que no había absolutamente nadie más en ese lugar. Solamente éramos él y yo, como solía ser antes de que conociera a Yoh.

—¿Qué pasa? ¿A qué se debe este sorpresivo encuentro? —me burlé un poco.

Miki sonrió. Ya era todo un avance para él que volviera a utilizar ese tono irónico que tanto me caracterizaba.

—Se nota que estás un poco mejor. De lo contrario, no estarías burlándote de tu padre como siempre.

—Supongo que sí —coincidí, encogiendo un poco mis hombros—. Digo, no es como si fuera a estar encerrado toda mi vida en esa prisión llamada cuarto. Tengo que aprender a lidiar con la indiferencia y el odio de Yoh…

—Yoh no te odia —me corrigió. Notaba a mi padre un poco cansado. Él tampoco estaba de acuerdo con la pelea que había tenido con mi gemelo, pero sabía que no podía insistirme para que fuera a rogarle a Yoh que me perdonara—. Antes que empieces a reclamarme, no fue por eso que te llamé. Tengo una sorpresa para ti.

—¿Me compraste algo? No tenías que hacerlo.

—Es aún mejor que eso —me sonrió, sin poder contener su emoción. Parpadeé, confundido. No sabía qué demonios le pasaba a mi papá—. Ve al lago y espérame ahí. Llegaré con tu sorpresa más tarde. Necesito arreglar ciertos detalles primero.

—¿Y se supone que tengo que esperarte en el lago por quien sabe cuánto tiempo?

Mikihisa se echó a reír al notar mi fastidio. Arqueé una ceja ante eso.

—Sólo vete. Llegaré después.

Dicho eso, me sacó a empujones de la casa. Miré la puerta con sorpresa. No podía creer que mi propio padre me había tirado a la calle, sin siquiera decirme qué era lo que me tenía preparado ese día. Mi familia es extraña, no hay duda de eso, pensé con diversión. Aun así, los amaba con toda el alma.

Tal y como Mikihisa me lo pidió, me dirigí hacia el lago. Una vez que llegué al sitio acordado, me senté frente a la laguna, esperando que el susodicho se dignara a aparecer. Me dediqué a mirar aquella fuente de agua por un momento. Observé mi reflejo, notando las profundas ojeras que habían aparecido debajo de mis ojos. No había podido conciliar muy bien el sueño estos días, por todo lo que había sucedido. Ahora que estaba solo, me permitía volver a sentir un poco de tristeza. No me percaté de que alguien se aproximaba con cautela al lugar donde me encontraba. Todo pasó demasiado rápido… Sentí que la oscuridad me envolvió, sin poder evitarlo. Alguien me había vendado los ojos con tanta delicadeza y velocidad, sorprendiéndome en el proceso. Traté de quitarme aquel trozo de tela, pero unas manos me lo impidieron.

—Para deshacerte de la venda en tus ojos, tendrás que adivinar quiénes somos —habló alguien a mi lado.

Intenté levantar una de mis cejas en señal de sorpresa. Sin embargo, el vendaje estaba tan ajustado que me lo impedía. ¿Por qué diablos esto parecía un secuestro? ¿Se trataba de mi padre? …No, no creía que aquello fuera posible. Mi padre jamás usaría un dispositivo para modificar su voz, sonando igual a Darth Vader.

—Bueno, considerando que estoy vendado y has cambiado tu ridículo tono de voz, creo que no será tan fácil descubrir quién eres.

Un par de carcajadas resonaron por todo el lugar, convertidas en la risa de aquel mítico personaje de Star Wars. Conocía a un par de estúpidos que harían eso, pero era imposible que estuvieran en la Aldea Apache.

—Está bien. Te daremos una pista.

Era muy raro que me sintiera tan calmado, a pesar de estar vendado ante dos completos desconocidos. Sentí ambas presencias muy cerca, por lo que supuse que se habían sentado frente a mí. Estiré una de mis manos, buscando a ciegas los rostros de esos sujetos. Estuve tocando sus facciones y noté que ambos estaban aguantándose la risa. Debía tener una expresión muy graciosa en el rostro, mientras intentaba saber quiénes eran mis secuestradores. Al ver que no obtenía ningún resultado, pasé a tocar sus cabellos. Aquello sí me pareció un poco más conocido, aunque me negaba a creerlo. Me parecía imposible. Mis manos recorrieron sus alborotadas cabelleras, y una de ellas terminaba sujeta en una larga trenza.

¿Qué diablos…?

De repente, uno de ellos tomó mi mano derecha y la colocó sobre una de las suyas. El gesto me pareció demasiado extraño. Estuve tentado a reír, pero mi risotada murió al sentir un anillo muy peculiar. Mis dedos viajaron por la dichosa sortija, sintiendo un grabado que me trajo muchos recuerdos. Ese anillo lo habíamos comprado Nichrom y yo, para regalárselo a Redseb en uno de sus cumpleaños.

—Qué hijos de puta —susurré, mientras una sonrisa se asomaba por la comisura de mis labios.

Ambos rieron al tiempo en que me quitaron la venda. Los observé por un momento, notando lo diferentes que estaban… Era obvio que sus cambios físicos serían notables, tenía años de no verlos. Aunque, al mirar a Nichrom, me alejé por instinto. Hice aparecer mi posesión de objetos. Ambos parecieron asustarse un poco.

—¡¿Cómo te atreves a aparecer aquí como si nada, maldito traidor?! —era increíble que casi hubiera olvidado que había intentado asesinarnos a Yoh y a mí. Mis amigos me vieron con desconcierto—. Espera un momento. ¡Creí haberte matado! ¿Cómo demonios estás vivo?

—No me mataste. Sólo quemaste una de mis copias —refutó, sonriendo de lado.

—¿Copias? —repetí, mirándolo con incredulidad.

Sin esperármelo, aparecieron nueve réplicas de Nichrom a mi lado. Eso me dejó boquiabierto. Volteé a ver a Redseb, exigiéndole una explicación.

—No me mires a mí, ustedes son los únicos con poderes anormales —Redseb se encogió de hombros.

Fue hasta entonces que noté un par de colmillos saliendo de las encías de mi amigo de la infancia.

—Oh, no. Tú también…

—Era normal que me convirtiera en un vampiro si tenía que pasar tanto tiempo con este pendejo.

—¡Oye! —se quejó, riendo—. Bueno, te lo explicaré antes de que realmente me mates —Nichrom se dirigió a mí con una sonrisa traviesa—. Cuando estaba en Canadá, me enteré que había cierto grupo de vampiros que decidió unirse a Darkar. Conseguí chantajearlos con una buena cantidad de sangre para que me revelaran su paradero. Iban de camino a su guarida, así que decidí infiltrar a una de mis copias en ese grupo para averiguar sus planes y lo habría logrado… de no ser por ti.

—¡Y yo qué iba a saber! Tuviste que habérmelo dicho.

—Mis réplicas no pueden hablar, es el único defecto que tienen —hizo una mueca divertida—. Sabía que ese idiota estaba detrás de ti, por eso no dudé en arriesgarme para descubrir qué tramaba.

Me sentía un completo estúpido. Todo este tiempo, Nichrom trató de salvarme el pellejo y yo lo había tratado tan mal.

—Lo siento, no tenía idea.

—No te preocupes… Estamos aquí por otro motivo —me aseguró, tornando el gesto. Ahora lucía angustiado—. Tu papá nos dijo que estabas muy mal. ¿Qué fue lo que sucedió?

Así que eso era lo que tramaba…

—No es nada, sólo discutí con alguien —declaré por lo bajo.

Decidí sincerarme con ellos y les conté absolutamente todo sobre mi pelea con Yoh, sin revelarles que era mi gemelo. Parecían horrorizados ante la posibilidad de que alguien fuera tan despreciable como para provocar semejante malentendido entre los dos.

—Bueno, no importa lo que haya sucedido. Sabes que cuentas con nosotros para lo que sea —habló Redseb luego de un rato.

—Nos quedaremos en la aldea para apoyarte en lo que queda del torneo —añadió Nichrom—. Tu padre también nos contó lo lejos que has llegado en la Shaman Fight. Pedazo de escoria, ¿no pensabas decirnos nada?

—No, la verdad no —admití, sonriéndoles con burla—. Estaba esperando hasta convertirme en Shaman King, para restregarles mi título en sus asquerosas caras.

Apreciaba lo que Mikihisa había hecho por mí. No pensaba que esos idiotas regresarían a mi vida. Descubrí, con alegría, que quizá contaba con más apoyo fuera de mi círculo familiar y de la chica que tanto quería. También tenía a ese par de imbéciles, a los que aún podía considerar como amigos.


•❈•


A pesar de que Yoh y yo seguíamos sin hablarnos, ya no sentía enojo hacia él. Hacía dos o tres días había dejado de hacerlo. ¿Seguía doliéndome su indiferencia? Por supuesto que sí, aunque hacía todo lo posible por ocultarlo. También había empezado a frecuentar las demás áreas de mi hogar más seguido, sin importar que me encontrara con alguien. Todo el apoyo que había recibido a lo largo de la semana por fin estaba dando sus frutos. Ya me sentía mucho mejor, pero aún me faltaba algo más para volver a ser el mismo de antes.

Mi gemelo…

No lo había visto en todo el día, pero recordé que había escuchado que él y Horo-Horo irían a hacer las compras para la cena de esta noche. Si no mal recordaba, eso había sido una hora atrás. Sentía que se estaban tardando demasiado.

—¿Aún no regresan? —preguntó Kaoru, entrando a la cocina—. Anna se pondrá furiosa si no empiezan a hacer la cena en unos minutos.

—Debieron distraerse con algo…

De pronto, sentí como si algo me oprimiera el pecho. Tenía un mal presentimiento. Era como si algo estuviese mal… Kaoru volteó a verme con preocupación cuando corté lo que iba a decir tan de repente. El sonido de la puerta de la entrada nos llamó la atención. Horo se apresuró a entrar, cargando una bolsa que parecía un poco pesada. La dejó sobre la mesada de la cocina, soltando un suspiro. Al verme, me dedicó una mirada venenosa, pero ignoré este hecho al ver que estaba solo.

—¿Dónde está Yoh? —le pregunté fríamente.

—¿Aún te sientes con derecho de preguntar por él después de lo que hiciste? —omití su reclamo, enojándome más.

—Escucha, idiota. Me importa una mierda lo que pienses de mí. Sólo quiero saber dónde demonios está Yoh.

—Quiso quedarse solo un momento, ya sabes cómo es —reveló el ainu, haciendo un gesto con la mano—. Tal vez fue a pasear o algo así…

Había dejado de escucharlo, pues algo hizo cortocircuito en mi cabeza.

—¡¿Qué putas tienes en la cabeza, Horokeu?! ¿Cómo se te ocurre dejarlo solo cuando está a punto de anochecer? ¡Eres un estúpido! —le reclamé, asustándolo.

Sin permitir que ninguno de los dos dijera nada más, salí disparado de la cocina con esa horrible sensación en el pecho. Por las miradas de horror que habían puesto Horo y Kaoru, supe que habían comprendido que Yoh estaba en peligro. Llamé a Amidamaru y al Espíritu de la Tierra. Ninguno de ellos apareció a mi lado cuando los nombré. Me sentí un poco aliviado, eso significaba que estaban con mi hermano. No obstante, esa sensación no iba a durar mucho tiempo. Antes de salir de la casa, noté que la Espada Sagrada y Harusame estaban sobre un sofá en la sala.

—¡Qué imbécil! —lo insulté en voz baja. Me apresuré a tomar ambas armas, bajo la mirada de los que se encontraban en ese lugar—. ¡Vámonos, Espíritu del Fuego!

Mi espíritu acompañante volteó a verme con preocupación, dejando de lado su juego con los demás espíritus. No dudó en seguirme al ver mi agitado semblante. Me apresuré a abrir la puerta y salí en busca de Yoh. Por primera vez en meses, me alegraba enormemente de ser un vampiro, ya que podía recorrer velozmente la aldea en cuestión de minutos. Finalmente, encontré a mi hermano.

No podía creer lo que veían mis ojos. Yoh estaba en el restaurante de Silver, siendo acorralado por la maldita de Jeanne. No lograba entender cómo fue que lo había atrapado, si mi gemelo era mucho más fuerte que ella. Busqué con la mirada a los espíritus acompañantes de Yoh, pero no los veía por ningún lado. Fue entonces que noté que había una pequeña tablilla negra y un recipiente de vidrio, sobre una de las mesas. Recordé que las tablillas eran usadas para confinar a los espíritus, por lo que Amidamaru debía estar atrapado ahí. El Espíritu de la Tierra, por otro lado, no podía escapar del recipiente.

Entré con sigilo al restaurante. Yoh pareció notar mi presencia, así que lo silencié con un gesto. Pasé una mano a través de mi larga cabellera, como si me la estuviera desenredando. Le di a entender que debía mantenerse callado, pues iba a ayudarlo. Era la señal que habíamos inventado meses atrás. Jeanne parecía divertirse con la situación, tanto que permaneció distraída. Aproveché para lanzarle una llamarada de fuego, logrando que cayera a unos metros de nosotros. Me reuní con mi hermano, protegiéndonos en todo momento.

—No recuerdo que hayas sido invitado a esta reunión —habló Jeanne, usando ese tono de voz que tanto odiaba. Sin previo aviso, sentí que algo me tomaba de los tobillos y me levantaba en el aire. Se trataba de Shamash, quien no parecía querer soltarme tan fácilmente—. Vamos a darle una lección, Shamash. Así aprenderá a no meter sus narices donde no le incumbe.

Dicho esto, el espíritu me lanzó sobre una de las mesas, la cual se rompió durante el impacto. Intenté ponerme de pie, pero Jeanne fue más veloz. Tomó una espada cuya hoja era curva, en forma de hoz. Reconocí esa herramienta al instante. Se trataba de un Khopesh, un sable que fue muy popular en el Antiguo Egipto.

—¿Te gusta? Pensé que sería lindo utilizar un arma con la que te sientas muy bien identificado —susurró con malicia, a la vez que acercaba peligrosamente el filo a mi cuello—. ¿Sabes que es el adytheranian? —rio divertida al ver mi semblante impasible. Traté, por todos los medios, de no demostrarle temor—. Por supuesto que no, pero… Me encantaría probarlo contigo. Me pregunto qué sucedería si te inserto esto justo en la yugular, para que la sustancia vaya directo a tu corazón…

—Myorei, concédeme tu alma.

Tanto Jeanne como yo nos sorprendimos al oír una tercera voz. Volteé a ver hacia donde estaba mi hermano. Estaba impactado por la imagen que veía con mis ojos. En verdad era aterradora hasta cierto punto. Yoh se había transformado parcialmente. La mitad derecha de su rostro se había vuelto negra y el ojo del mismo lado había cambiado de color a un verde esmeralda muy intenso. Su brazo derecho había cambiado a un color rojo-púrpura y sus dedos terminaban en afiladas garras. Sin perder más tiempo, se abalanzó sobre Jeanne, cayendo ambos al piso y liberándome en el proceso. Su espeluznante mano se cerró alrededor del cuello de la vampiresa. Ella rio con diversión.

—¿Piensas matarme, Asakura? Por favor, no me hagas reír —me impresionaba que la estúpida de Jeanne pudiera burlarse de mi hermano, viendo la situación en la que estaba—. Por cierto, no tienen ni idea de lo mucho que me divertí editando ese ridículo video. Fue tan divertido hacerlos sufrir tanto y verlos pelearse como un par de animales… ¡AH!

La Renault soltó un alarido al sentir que mi gemelo ejercía mayor presión en su garganta. Me quedé perplejo ante lo que pasaba frente a mí. Jamás pensé ver a Yoh en ese estado, cegado por la ira. Estuvo a punto de matar a Jeanne, pues pareció darse cuenta de que podía arrancarle la cabeza si seguía así. Terminó soltándola, mientras se destransformaba. Vi la duda en sus ojos castaños.

—Malditos… —nos insultó Jeanne, al tiempo en que se masajeaba el cuello—. Lamentarán haberse metido conmigo.

Tarde me di cuenta de que fuimos rodeados por más vampiros que seguramente también formaban parte del ejército de Darkar. Rápidamente, Yoh se acercó a la mesa para alzar la tablilla y el recipiente, rompiéndolos en el proceso y liberando a sus espíritus acompañantes. Por mi parte, llamé al Espíritu del Fuego para ayudarme. Me puse a pensar en las posibilidades que teníamos de salir con vida de esa situación. Eran prácticamente nulas, debido a que estábamos completamente rodeados y nos superaban bastante en número. Dudaba que pudiera acabar con ellos usando los poderes de Myorei, pues tendría que actuar demasiado rápido. Al final, me alegré de estar junto a Yoh. Si no pude solucionar mi situación con él, al menos me sentía feliz de morir a su lado.

Cerré los ojos al sentir que el momento de mi muerte se acercaba, pero nada pasó. Decidí entreabrirlos un poco, curioso por saber qué lo había interrumpido. Me quedé pasmado al observar la escena. Un halo misterioso rodeaba a cada vampiro enemigo que estaba en ese lugar, haciéndolos levitar en contra de su voluntad. Uno por uno, fueron lanzados fuera del restaurante, quebrando los vidrios en el proceso. Los vampiros se mostraron igual de espantados que nosotros y al no ver al enemigo que los atacaba, no dudaron en huir de la escena. Ni mi hermano ni yo hicimos movimiento alguno, pero nos sobresaltamos cuando una sombra aterrizó de un salto frente a nosotros. Era una persona de gran estatura y estaba completamente cubierto por una larga capa negra, por lo que no podíamos verle la cara. Supuse entonces que él había sido responsable de dicho ataque. Volteó a vernos y se acercó a paso lento. No tuvimos oportunidad de decir nada, ya que todo ocurrió muy rápido. El sujeto alzó levemente su mano y nos dio una tremenda cachetada a ambos. Por supuesto, el golpe no nos dolió, aunque sí nos dejó anonadados.

—Tuvieron suerte de que me encontrara cerca —pronunció. A pesar de que no podía ver al sujeto, me bastó escuchar su tono de voz para saber que estaba molesto—. Déjense de estupideces. Son hermanos, paren de pelear.

Luego de haber dicho esto, desapareció como una ráfaga de viento. Mi gemelo y yo aún estábamos presos de la sorpresa. Nos miramos un momento, sin decir nada. En un acuerdo silencioso, nos dedicamos a ordenar un poco el restaurante tras nuestra pelea, y finalmente optamos por volver a la casa. Me sentía muy incómodo, no habíamos pronunciado palabra en todo el camino de regreso. Ya no estaba molesto con él, pero me inquietaba pensar en cómo debía abordar el tema. Habíamos pasado toda una semana distanciados.

Entramos a la casa y nos encontramos con Kaoru en la sala de la residencia. Lucía preocupada, pero su semblante cambió al vernos entrar. Debió estar esperándonos. Un ligero brillo de emoción se mostró en sus ojos, pues a lo mejor creyó que ya lo habíamos aclarado todo. Dicha emoción murió al notar que no nos dirigíamos siquiera las miradas.

—¡Maldita sea! ¡No lo puedo creer! ¿Van a seguir sin hablarse?

—Kaoru, no… —quise regañarla, pero no me dejó continuar.

—¡No! ¡Escúchenme ustedes! —nos veía con ira. Yami apareció encima de su cabeza, intentando calmarla—. Son un par de tontos al permitir que su orgullo pueda más que su cariño. ¿Por qué les cuesta tanto dejar su obstinación de lado y hacer las paces? ¡Compórtense como los malditos casi adultos que son! —hizo una breve pausa, torciendo el gesto. Sus ojos se llenaron de lágrimas e intentó que su voz no fuera a quebrarse en ese momento—. Estuvieron trece años de sus vidas separados… ¿Van a permitir que una tonta pelea los vuelva a distanciar?

Nos dio la espalda y salió corriendo. No pude evitar sentirme como una basura al verla llorar. No pensé que nuestra situación también la lastimaría. Debido a esto, no había notado que no éramos los únicos en la misma habitación.

—Bien hecho, idiotas —comentó Anna con sarcasmo.

Lucía enfadada, al igual que la persona que estaba a su lado.

—Debería darles vergüenza hacer llorar así a su hermanita.

Evolet se cruzó de brazos con seriedad. Sus regaños sólo hacían que me sintiera peor.

—¿Saben qué? Allá ustedes si no lo quieren solucionar, pero dejen de lastimar a los demás por eso —nos sorprendió oír tal regaño por parte de la itako.

Sin esperar más, ambas se alejaron por el mismo camino que tomó mi hermana. Sentía una gran vergüenza luego de haber sido reprendido de esa manera. Miré de reojo a Yoh, sólo para notar que él se sentía igual. Cuando se dio cuenta de que lo miraba, me dio la espalda y subió directamente a su habitación, dejándome solo en el pasillo. Solté un suspiro, liberándome un poco de toda esa tensión acumulada. Kaoru tenía razón, no podía negarlo. Era la oportunidad perfecta para reconciliarme con Yoh y ambos habíamos tirado esa posibilidad a la basura.


•❈•


No había notado que me quedé en el mismo lugar durante casi media hora. Estaba tan metido en mis pensamientos y en la culpa que no me moví de ese sitio. Por su parte, Yoh debía sentirse muy incómodo para compartir un mismo espacio conmigo.

—¡Aquí estás! Por un momento creí que te irías.

Sentí que me faltaba el aliento al ver a Evolet acercarse… Bueno, aquello no podía suceder ya que era un ser inmortal, pero sí me sorprendió verla tan arreglada. Vestía una delicada blusa corta y sin mangas de color blanco, y una minifalda celeste con pequeñas florecillas. Tenía su cabello amarrado hacia un costado.

—¿Estás bien? —pareció preocuparse por la cara de idiota que seguramente estaba poniendo en ese instante.

Sacudí levemente la cabeza.

—S-Sí… ¿Puedo saber a qué se debe que estés más hermosa de lo usual? —inquirí con un tono de voz juguetón.

—Gracias por el cumplido —me agradeció con una sonrisa—. Respondiendo a tu pregunta, me cambié porque tendremos nuestra cita.

—¡¿QUÉ?! ¿AHORA?

Evolet no dejaba de tomarme por sorpresa. Se echó a reír suavemente.

—Sí, claro. ¿Por qué no?

—¡Porque no estoy listo! Tengo que cambiarme.

—Así te ves muy bien, Hao…

Sin detenerme a escucharla, salí corriendo hacia mi cuarto. Sus risitas aún resonaban en mi cabeza, avergonzándome más. Tuve que rebuscar entre toda mi ropa, dejándolo todo desordenado. No me importaba, ya lo arreglaría al volver. Sonreí satisfecho al encontrar algo decente. Decidí ponerme una camisa color vino, cuyas mangas llegaban a la altura de los codos, y un pantalón azul oscuro. Me veía bastante bien con ese atuendo. Bajé nuevamente hasta el pasillo, donde Evolet me esperaba.

—¿Nos vamos? —le pregunté, poniéndome nervioso al sentir que me tomaba del brazo.

Ella asintió como respuesta.

—¿Te parece si vamos al lago? Las estrellas están hermosas esta noche y apuesto a que se ven mejor desde ese lugar.

No iba a rechazar su petición. Parecía gustarle que fuera romántico, así que acepté. Me vendría bien distraerme un rato luego de lo ocurrido. Salimos de la casa, dirigiéndonos hacia el lago. Me agradaba la idea; no estaba muy lejos, por lo que podríamos estar tranquilos en ese lugar. Tenía la sensación de que no ocurriría nada malo esa noche. Me sentía muy bien.

Al llegar, noté que unos cuantos troncos medianos estaban acumulados muy cerca. Miré a Evolet con curiosidad, pero ella sólo se encogió de hombros. Decidimos aprovechar la situación. Mientras ella se sentaba en un tronco largo que estaba más o menos apartado del resto, me dediqué a encender una fogata con mis poderes. La llamarada era bastante grande, pero no parecía peligrosa. No había de qué preocuparse, porque yo no permitiría que se expandiera demasiado. Me senté junto a Evolet, quien me sonrió con dulzura. Noté que tenía un brillo de emoción en los ojos. Quizás estaba contenta de estar aquí conmigo, igual que yo. Eso me hizo feliz.

—Tenías razón, las estrellas se ven mucho mejor desde aquí —comenté, impresionado al ver tantos cuerpos celestes en el cielo.

Nos dedicamos a tratar de identificar las constelaciones y logramos encontrar unas cuantas. Mi padre me había enseñado varias cuando era un niño. Recordaba escuchar con emoción cada una de sus explicaciones, mientras mi mente intentaba memorizar aquellos nombres que, en aquel entonces, me parecían extraños. Me agradaba que a Evolet también le gustara mirarlas, era una de las cosas que teníamos en común.

Nuestra tarea se vio interrumpida cuando sentí dos presencias conocidas rondando. Se trataba de mi hermano y su prometida. Me volteé para intentar convencer a mi compañera de que nos fuéramos de ese sitio, pero ella fue más rápida y me tomó de la mano, evitando así que me levantara. No pasó mucho tiempo antes de encontrarnos cara a cara con Yoh y Anna. Mi gemelo vestía una camisa manga larga casual de color blanco y un pantalón beige. Mi cuñada también se había arreglado un poco. Llevaba puesta una blusa color negra que tenía mangas sueltas a los costados, cayendo por sus hombros; y un short corto de color crema. Cuando Yoh se percató de que también me encontraba ahí, trató de huir. Anna lo tomó por los hombros y lo arrastró hacia donde estábamos. Evolet acarició mis manos antes de levantarse de su lugar.

—No te vayas —le susurré, temiendo que me dejara a solas con Yoh.

—Tranquilo, todo estará bien —me calmó con esa sonrisa que tanto amaba—. Confío en que sabrán resolverlo, Hao.

Anna terminó por obligar a mi gemelo a sentarse junto a mí. Mi hermanito hizo ademán de levantarse, pero una mirada furiosa de su novia lo detuvo.

—No se irán de este lugar hasta que hayan hecho las paces —nos fulminó con la mirada—. Dejaré a Zenki y Goki muy cerca de aquí para asegurarme que no huirán como un par de cobardes. Tienen la orden de molerlos a golpes si intentan escapar.

El nerviosismo se apoderó de nosotros. No queríamos intentar comprobar si todo eso era cierto, así que no dudamos en obedecerle.

—Lo siento, chicos —susurró Evolet, forzando una sonrisa.

Ambas se retiraron, dejándonos completamente solos… Bueno, casi. Estaba seguro de que los poderosos shikigamis estaban muy cerca. Estuvimos un buen rato sin decir nada. No sabía qué decirle a Yoh, luego de esos siete terribles días en que estuvimos distanciados. Después de tanto tiempo, ese día lo tenía sentado a mi lado. No pude evitar sentirme un poco nervioso, pues no sabía qué hacer.

—Vaya temperamento el de Annita, ¿verdad? —comentó Yoh, intentando sacarme plática.

Sonreí de lado.

—No entiendo cómo es que la aguantas…

—En su defensa, es muy dulce cuando estamos juntos —me corrigió.

Lo miré de reojo, notando que estaba jugando nerviosamente con sus dedos.

—Si tú lo dices…

La conversación murió rápidamente. Maldito silencio, pensé con rabia. Sabía que esto no podía seguir así, por lo que me dispuse a disculparme.

—Yoh, yo…

—Hao…

La frase quedó entrecortada cuando nos percatamos que ambos habíamos tomado la iniciativa de continuar con nuestra pequeña charla. Nos miramos con sorpresa por unos segundos. Yoh sonrió amargamente.

—Quería disculparme contigo. Me comporté como un idiota… Tenías razón, tú no serías capaz de intentar separarme de Anna.

—Yo también lo siento, no tenía que haberte gritado. Estabas en todo tu derecho de reclamarme, ese video se veía demasiado real. Además, se encontraba en mi cámara… No entiendo cómo fue que Jeanne encontró ese vejestorio, creí que lo había perdido en Izumo.

—Aun así, te acusé injustamente. Ni siquiera te di tiempo para que me contaras tu versión de la historia. Desconfié de ti y lo lamento mucho.

—Oye… La única culpable de todo este lío es esa chupa-sangre —aseguré, mirando a mis espaldas. Ya no sentía la presencia de los demonios de Anna—. No sé cómo fue que logró que todo pareciera tan verídico. Supongo que debió pasar días planificándolo para que saliera a la perfección. Odio admitirlo, pero fue muy lista.

—…No te entiendo —me aseguró, mirándome a los ojos. Noté que se le estaban llenando de lágrimas—. Te traté como si fueras un monstruo, te insulté, estuve a punto de herirte físicamente… y aquí estás, a mi lado, mirándome con tanto amor. No me lo merezco. Deberías seguir molesto conmigo. ¿Acaso no me odias?

—Claro que no, Yoh.

—¿…Por qué?

—¿Por qué habría de hacerlo? Eres mi hermanito —susurré con ternura.

Esas palabras fueron suficientes para que Yoh empezara a llorar con ganas. Lo abracé, atrayéndolo hacia mí. Yoh gimoteó un poco, aferrándose a mi pecho. Acaricié sus cabellos, intentando tranquilizarlo.

—Creo que jamás te lo había mencionado, pero fui muy feliz el día en que nos conocimos… Toda mi vida me sentí muy solo, a pesar de tener a Redseb y Nichrom como amigos. Sentí que algo más me hacía falta para desaparecer ese terrible vacío que había dentro de mí. Pasé muchos años intentando descubrir qué era, pues creía que era ilógico que me sintiera así al tener a mi padre y amigos que me cuidaban todo el tiempo… Cuando te conocí en ese concierto de AeroException, me ilusioné demasiado. Me había sentido muy bien en ese rato que habíamos hablado —le confesé, sintiendo que las lágrimas me nublaban un poco la vista. Yoh sollozó más fuerte entre mis brazos—. Deseaba con toda mi alma que fuéramos hermanos —hice una pequeña pausa, tratando de alejar el nudo en mi garganta—. El día que nos hicimos esa prueba de ADN y descubrimos la verdad, ese vacío desapareció. Me di cuenta que tú eras la parte que me complementaba y lo que siempre me había faltado. Eras mi otra mitad.

Mi gemelo continuaba temblando descontroladamente. Sentía que me había empapado la camisa con sus lágrimas, aunque no me importaba en lo más mínimo.

—Estos siete días fueron una completa tortura para mí. Creí que te había perdido nuevamente. Me comporté como un estúpido, no quería cambiar de parecer. Tenía que pedirte perdón por haberte gritado, por no haber controlado mi temperamento y también por haberme dejado dominar por mi condición vampírica… pero no podía. Mi orgullo pudo más que mi cariño. Fue por eso que estuve a punto de perderte.

—N-no digas eso —habló con una voz entrecortada. Alejó un poco su rostro de mi pecho, buscando mi mirada. Si hubiera sido otra persona, me habría sentido avergonzado por llorar frente a él. Sin embargo, se trataba de Yoh. La única persona a quien no podía ocultarle nada—. La culpa es mía…

—Ya basta, en serio —lo detuve, forzando una sonrisa—. Si continuamos echándonos la culpa, seguiremos aquí hasta el final de los tiempos —sequé sus lágrimas con suavidad. Yoh me sonrió, para luego imitarme. Trató de limpiar el poco rastro de lágrimas que había en mis mejillas—. Te extrañé demasiado, hermano.

—Igual yo. Te extrañé mucho en esta horrible semana —me aseguró, abrazándome fuertemente. Correspondí la acción, a la vez que cerraba mis ojos—. Te quiero, Hao.

—Yo también te quiero, Yoh.

Permanecimos un rato más en ese cómodo silencio, hasta que sentí que Yoh se sobresaltaba. Lo noté mirando aterrado por detrás de mi espalda, así que volteé y casi me caí del tronco al notar que tanto Anna como Evolet nos veían desde un punto no tan cercano. Anna estaba apoyada por un árbol y Evolet intentaba secarse las pocas lágrimas que se le habían escapado.

Grandes Espíritus, mátenme ahora.

—Hasta que por fin se dignaron a hablar. Por un momento, pensé que tendríamos que tomar medidas aún más drásticas —se burló Anna.

Intenté limpiarme el rostro, sintiendo muchísima vergüenza. Las chicas me habían visto llorar. Yoh soltó una risa, completamente feliz. Me miró con ternura y yo lo imité sin poder evitarlo. Sabía que ya todo volvería a ser como antes.

—No puedo creer que fui terriblemente engañado —le reclamé a Evolet. Ella me miró con diversión—. No era una cita. Sólo querían que nos reconciliáramos.

—Deberías agradecerme… Además, no te mentí del todo —se excusó, sacando un pequeño pañuelo—. Aún tendremos nuestra cita, sólo déjame reponerme —sonrió cuando pareció ocurrírsele una idea—. ¡Ya sé! ¿Y si tenemos una cita los cuatro? Hay una feria en el pueblo por el Halloween.

—¿Por qué no? —musitó Anna, sin emocionarse tanto—, pero deja de lloriquear o se te correrá el maquillaje.

—¿Eh? ¿Iban a tener una cita? —Yoh se veía confundido. Evolet y yo nos echamos a reír al ver su rostro—. ¿De qué me perdí?

—Te lo explicaré por el camino, pero antes deberíamos ir a cazar —sugerí. Me acerqué a mi chica para tomarla de las manos y besárselas, frente a un atónito Yoh—. Gracias… por todo.

—Siempre cumplo mis promesas, Hao —me sonrió de vuelta.

Ambos nos adentramos en el bosque. Una vez que estuvimos lejos de las chicas, Yoh me lanzó una mirada acusadora.

—¿Acaso ya son pareja? —se alegró al pensar en esa posibilidad.

—Aún no, pero tal vez pronto lo seamos —le aseguré.

Nos desplazamos entre la espesura, buscando algún animal del cual pudiéramos beber. Sería más fácil tomarlos desprevenidos a esa hora.

—¿Sabes? AeroException tenía razón.

—Siempre la tiene —me sonrió con burla, pero luego pareció pensarlo—. ¿Por qué lo dices?

—Es un secreto —sonreí con diversión, encogiéndome de hombros.

Estaba feliz de volver a tener a mi hermano a mi lado. Nuestro lazo era más fuerte que nunca y nada volvería a separarnos.


•❈•


¡Hola! ^^

Antes que nada, ¡Feliz año nuevo! Espero que este año traiga muchos éxitos para ustedes n.n Aquí me tienen de nuevo. No me tardé mucho, ¿verdad? :P Quería actualizar lo más rápido posible, como disculpa por haber demorado tanto con el capi anterior.

Han pasado tantas cosas en este capítulo que no sé qué decir xD Algunas escenas fueron todo un reto de escribir. Espero que les hayan gustado n.n

Acepto comentarios, sugerencias, críticas sobre el capi; igual las dudas. Ya saben, pueden preguntarme por medio de un review. Espero que hayan disfrutado de este capi que es, oficialmente, el más largo que he escrito hasta ahora.

¡Nos vemos! ^^