Disclaimer: Shaman King y sus personajes no me pertenecen. Son del gran Hiroyuki Takei. Tampoco son de mi autoría algunos lugares, canciones y/o marcas que aparecen aquí. Sólo la trama, personajes propios y lugares ficticios son invenciones mías. Gracias a Sabr1 por prestarme a su OC (Evolet).
Advertencias: lenguaje soez, gore (leve o moderado), y algunos pensamientos obscenos (Rated T).
Género: General. Tiene un poco de todo.
Pensamientos, comunicación por telepatía, recuerdos, sueños.
17
Un poderoso aliado
Hao Asakura
Desde que Yoh había regresado a mi vida, el cambio en mi humor era notable. Durante siete días experimenté tantos sentimientos, que no entendía cómo mi mente aún estaba en perfecto estado. Me alegraba enormemente que todo se hubiera solucionado, justo como solía pensar mi gemelo… bueno, casi. Mi relación con los muchachos ya no era la misma, pero no me importaba mucho. Tenía a Yoh de vuelta conmigo y eso era suficiente. Ya era cuestión de ellos si querían solucionar las cosas conmigo o no. Incluso Nichrom y Redseb de alguna manera seguían furiosos con ellos y con Yoh. Buscaría un tiempo para hacerlos entrar en razón, para que así supieran que ya había arreglado las cosas con mi hermano.
Sentía un tanto vacío mi cuarto sin la presencia de mi gemelo. Este era bastante amplio, aunque no tanto como el de Anna. Las paredes estaban pintadas de un color marfil. Una enorme ventana le daba suficiente iluminación a todo el lugar. Tenía dos camas, siendo una más alta que la otra; la más baja era en la que anteriormente dormía mi hermano. Las sábanas eran de color chocolate, las cuales combinaban perfectamente con el tono crema del armario. La mesita de noche estaba justo al lado de la cama de Yoh. También tenía un estante donde yo había colocado algunos libros, tomos de manga y discos.
Escuché que tocaban suavemente a mi puerta, por lo que aparté la mirada del libro que estaba intentando leer; una novela de terror que había comprado en la tienda de Rutherfor. No necesité saber de quién se trataba, porque sólo había una persona que querría entrar a mi cuarto en este momento. Yoh entró, cubierto por una enorme sábana celeste. La imagen era un poco graciosa, parecía una cabeza flotante.
—No dormí muy bien anoche —explicó al verme reír.
—Eso es obvio —señalé, con una sonrisa sarcástica. No quería admitir que yo tampoco había logrado conciliar el sueño. No sabía si él había pasado por lo mismo, así que decidí hacerme el desentendido—. ¿Por qué? Si tú amas dormir.
—Hubo varias razones… pero la principal fue porque estaba solo —noté que sus mejillas se tiñeron levemente.
—…Descuida, hermano. Me sentí igual —confesé, soltando un pequeño suspiro. Nos quedamos en silencio durante un rato—. Si tanto te incomoda estar en esa habitación, ¿por qué no regresas?
Me reí al ver la sorpresa reflejada en sus ojos.
—¿Hablas en serio? —asentí en respuesta.
—Cállate o me harás cambiar de idea —fingí fastidio ante su actitud, aunque su risa me hizo sonreír. Al notar el estampado de su camiseta, recordé lo que le había comprado días atrás—. Ah sí, casi lo olvido. Tengo algo para ti, pero tienes que cerrar los ojos.
Él me obedeció a regañadientes. Me levanté de la cama para buscar el obsequio dentro de mi armario. Cuando encontré la bolsa de papel, me sentí un poco aliviado. La tomé y caminé hasta quedar frente a mi hermano. Puse la bolsa en sus manos, indicándole que podía ver su contenido. Me sentí feliz al ver ese brillo de emoción en sus ojos. Se trataba del CD de AeroException que él había quebrado, al dejarlo caer el día de nuestra pelea.
—Como el otro estaba autografiado, puedes reemplazar el empaque roto por el de este. Así estará casi como nuevo —comenté con una sonrisa.
—No debiste…
—Pues ya lo compré y no aceptaré un no como respuesta —me dirigí hacia la puerta. Me detuve por un instante con una mano sobre el pomo—. Más te vale que te muevas de una vez, si quieres que te ayude a traer tus cosas de nuevo. Quedé de reunirme con Redseb y Nichrom en la tarde, no tengo todo el tiempo del mundo.
Sabía que Yoh me miraba con una enorme sonrisa, a pesar de tenerlo a mis espaldas. Sonreí, mientras me dirigía a su vieja habitación. Estuvimos trasladando sus cosas durante un rato. Por suerte no eran muchas, ya que sólo se había llevado algunas de sus prendas de vestir, los pocos álbumes de AeroException que había traído a la aldea, unos cuantos libros y otras cosas. Creí que nadie más se había percatado de que Yoh volvía a mi cuarto, aunque estuviéramos haciendo ruido. Nadie en esa casa, a excepción de mi familia, Evolet y Anna, parecían recordar mi existencia.
Hablando de familia, le debíamos una disculpa a alguien en especial. Un pequeño monstruo que había estado peleándose con nosotros para que pudiéramos reconciliarnos. Ninguno de los dos le había hecho caso, frustrándola de sobremanera. Nuestra discusión también le afectó y lo demostró el día de ayer, cuando ya no pudo más y acabó por romper en llanto. Nos dirigimos a la habitación de Kaoru, tratando de ocultar los nervios. No sabíamos si ahora nos estaría odiando.
—Kaos, ¿podemos entrar? —preguntó Yoh, luego de tocar la puerta.
Luego de oír un débil permiso, entramos a su cuarto. Kaoru no esperaba vernos juntos, ya que se veía desconcertada. Nos sentamos en el piso, frente a su cama.
—Queríamos disculparnos contigo —empezó Yoh, desviando la mirada con algo de vergüenza. Debía sentirse muy mal, al igual que yo—. No nos dimos cuenta que todo esto también te estaba afectando.
—Sí, tú sólo querías ayudarnos a solucionar las cosas —admití, tratando de que esa incómoda sensación se fuera de mi pecho.
—…Es normal que sean tan cabezotas los dos. Después de todo, ambos son Tauro —comentó, encogiéndose de hombros.
Rodé los ojos al escuchar aquello.
—Por favor, ¿acaso crees en esa tontería del horóscopo?
—Los astros pueden influir sobre las personas. Quizá no totalmente, pero sí afecta algunos rasgos de la personalidad.
—Es una completa estupidez —insistí con cansancio.
Probablemente tenía razón, pero no iba a aceptarlo.
—En fin, me alegra que por fin hayan solucionado sus problemas, par de bobos —nos sonrió cálidamente.
Se levantó de su cama y se hincó frente a nosotros, dándonos un enorme abrazo, el cual no dudamos en corresponder. Estuvimos unos segundos en silencio, hasta que sentí algo estrellarse sobre mi cabeza. Como ahora era un vampiro, el golpe no me dolió… pero sí me sorprendí al notar un escurrimiento por mi pelo. Llevé una mano a un mechón, sintiendo una textura pegajosa. Era… ¿Huevo?
—¡¿QUÉ DIABLOS TE PASA?!
De reojo, vi que Yoh había cerrado sus ojos, en un intento por controlarse. Yo no me iba a contener, por supuesto.
—¿Qué? ¿Pensaron que no iba a desquitarme? —la sonrisa de mi hermanita se había transformado en una maliciosa. Esa sonrisa que tanto la caracterizaba—. Es lo mínimo que se merecen por su estúpido comportamiento.
—…Esto no se va a quedar así, Kaoru.
—Sí, sí. Como digas, Hao. Siempre dicen lo mismo; saben que nunca podrán ganarme —me retó con diversión. Hice ademán de tirarle los restos del huevo—. ¡No! ¡Fuera de mi cuarto!
Kaoru había sacado su fuerza oculta, porque logró empujarnos fuera de su habitación. Yoh no dijo una sola palabra, sólo se dirigió al baño de su antiguo dormitorio. Supuse que no estaba tan enojado como yo.
Esta me la vas a pagar, Kaoru.
•❈•
—¡MALDITO HUEVO DE MIERDA! TE ODIO CON TODA MI ALMA.
—Es increíble que un huevo pueda más que un shaman tan poderoso —se burló mi adorado espíritu acompañante.
—¿QUÉ QUIERES QUE HAGA? SI MI PUTO CABELLO NO SE DESENREDA. TODO POR CULPA DE ESA CARAJADA QUE ME TIRÓ KAORU. ESTO ES UNA PUTADA…
—Creo que eso ya le quedó claro a todos en esta casa —comentó el Espíritu del Fuego con sorna.
—¡NADIE PIDIÓ TU ESTÚPIDA OPINIÓN, ESPÍRITU DEL FUEGO!
—Wow… Jamás pensé escuchar tantas maldiciones en un sólo minuto —se burló alguien a mis espaldas.
Volteé a ver y me topé con la mirada divertida de Evolet. Comencé a sentir vergüenza por la cantidad de palabrotas que había soltado frente a ella. Miré a mi alrededor, notando que éramos las dos únicas personas en el jardín.
—Lo siento, no quise que tus inocentes oídos escucharan mi sucio vocabulario —me disculpé, apenado. Evolet soltó una risita, mientras se sentaba a mi lado, sobre el césped—. Digamos que Kaoru se desquitó… y en realidad no la culpo, pero es que ya llevo horas lidiando con mi cabello, está demasiado enredado.
Evolet tomó uno de mis maltratados mechones y lo inspeccionó con cuidado. Creí que si fuera mortal estaría lloriqueando por el dolor, pues mi pelo era todo un lío.
—Esto se ve complicado… —habló Evolet con una sonrisa—. Si quieres, puedo arreglar este pequeño desastre.
—¿Harías eso por mí? —quise saber, sorprendido.
Seguramente los ojos me estaban brillando de la emoción, dado que ya estaba harto de intentar devolver a la normalidad esa maraña que tenía por cabellera.
—Claro que sí. Además, siempre quise tocarlo. Se ve tan hermoso y brillante —me confesó. Era increíble la facilidad que ella tenía para hacerme sonrojar—. Entonces… ¿Me dejas hacerlo?
Asentí, dejando que se sentara detrás de mí. Sus suaves manos recorrieron mis cabellos, al tiempo que los peinaba delicadamente. Su suave tacto era asombroso; y no creía sentirlo así sólo por ser vampiro. Estaba seguro que esa suavidad era natural en ella. Estuvimos hablando, mientras hacía su trabajo con dulzura. No entendía cómo lograba responderle, pues me estaba adormeciendo. Las caricias de Evolet me relajaban demasiado. De pronto, escuché una suave risita. Abrí un poco los ojos, tratando de espabilarme. Sin darme cuenta, había empezado a cabecear.
—Lo siento si te aburro…
—Claro que no… Es sólo que me tranquiliza que me acaricien el cabello, pero nunca me había relajado tanto como ahora —le respondí, frotándome los ojos. Me desperté por completo cuando noté que uno de mis mechones cayó sobre mi hombro. Este parecía seguir un patrón diferente—. ¿Qué es esto?
—…No pude resistirme —se excusó, desviando un poco la mirada—. Tu cabello es tan lindo que quise saber cómo te verías con trencitas. ¿Estás molesto?
—Para nada —la tranquilicé con una sonrisa. Evolet parecía aliviada—. Sólo son unas cuantas. Además, tú me las hiciste. Te lo dejaré pasar, pero no te olvides de quitármelas luego, ¿sí?
—Por supuesto.
Me di vuelta para quedar frente a ella, contemplando su hermoso semblante. Habían pasado unos cuantos días y yo seguía sin poder creer que mis sentimientos eran correspondidos. Incluso ese pequeño gesto de maldad que tuvo con mi cabello me encantaba. No noté que había estado mirándola por mucho tiempo, hasta que ella me trajo de regreso a la realidad.
—¿Qué pasa? ¿Estás bien? —preguntó, curiosa.
—No es nada —le aseguré con una pequeña sonrisa—. Es que aún no puedo creer que me correspondas… Me siento extraño al decírtelo, pero siento que tal vez pude haber conocido a otra chica, pensando que entre tú y yo jamás podría haber algo.
—…Bueno, la verdad es que a mí también me sorprende hayas estado soltero por tanto tiempo —comentó ella por lo bajo.
No pude evitar suspirar al escuchar eso.
—No es tan fácil para mí confiar en los demás, lo sabes —hablé, sintiendo que se me ensombrecía la mirada—. Eso incluye a las chicas también. Si ni siquiera puedo tener una relación amistosa con ellas, mucho menos enamorarme… Especialmente si son humanas, o si sólo están atraídas por mi físico.
—Los humanos no son tan malos, Hao.
—Piensas igual que Yoh —Evolet intentó leerme la expresión, por lo que le rehuí la mirada.
Suspiró suavemente al notar ese cambio en mi estado de ánimo.
—¿…Y si yo fuera humana? ¿No hubieras correspondido a mis sentimientos, por el mismo odio que les tienes a ellos?
La miré con sorpresa. No sabía cómo responder a eso. Ella pareció interpretar mi silencio de otra forma, pues se veía dolida. Se alejó de mí, pero se lo impedí. La sujeté de la mano y volví a atraerla hacia mi cuerpo. Terminé abrazándola por la cintura, firmemente. Esto la sorprendió.
—…Creo que tú tendrías la misma hermosa alma que posees ahora, aunque hubieras nacido como una humana.
Empecé a acortar la distancia que nos separaba, acercando mi rostro al suyo. Evolet entrecerró sus ojos lentamente, ansiando aquel beso tanto como yo. No obstante, nuestros labios ni siquiera se rozaron, ya que una notificación en mi teléfono había interrumpido nuestro momento. Sólo había dos personas que podían escribirme justo ahora. Esos estúpidos…
—Como los odio… —reclamé con notable fastidio. Evolet sonrió tímidamente, un poco apenada. Sus mejillas se habían sonrojado levemente—. Tengo que irme, le prometí a dos tarados que estaría con ellos un rato.
La chica de ojos dorados me vio con confusión. No le había mencionado nada sobre Nichrom y Redseb.
—Es verdad, no te lo había dicho —recordé, llevando una mano hasta mi nuca. En el proceso, y sin querer, toqué una de las trenzas. Sonreí un poco, sintiendo curiosidad por cómo se me verían—. Papá contactó a mis amigos de la infancia, que vinieron a la aldea para hacerme sentir mejor luego de todo lo que pasó. Tenía muchos años de no verlos, hasta llegué a pensar que jamás los volvería a encontrar.
—Oh, eso es genial —Evolet pareció alegrarse por mi propia felicidad—. Debiste haberlos extrañado mucho.
—Más de lo que te imaginas —admití, sonriendo con pesar—. Aunque en este momento los detesto, hubiera querido pasar más tiempo contigo —alcé una mano y acaricié suavemente su mejilla. Mi compañera sonrió ligeramente ante el gesto. Lancé un suspiro cuando me detuve. Me levanté de la grama con lentitud y luego de ayudar a Evolet a ponerse de pie, me dispuse a dirigirme hacia la puerta—. Debo irme… ¿Te veo luego?
Ella asintió, pero me tomó de la mano para detenerme. La miré con curiosidad.
—Espera, aún tienes las trenzas.
—Ay, es verdad —sonreí, sintiendo vergüenza.
Luego de que Evolet hubiera terminado de deshacerme las trenzas –y de que yo me despidiera de ella con un beso en la mejilla–, me dediqué a buscar a Yoh, pues quería llevar a cabo cierto plan que tenía. No tardé mucho en encontrarlo, porque estaba en la sala viendo la televisión con los chicos.
—Necesito que me hagas un favor —le pedí a mi gemelo. Yoh parecía un poco desconcertado. Lo inspeccioné, notando que llevaba puesta una sudadera negra con capucha—. ¿Me acompañas al restaurante de Silver?
Los demás nos veían con curiosidad. Probablemente aún no creían que mi relación con Yoh había regresado a la normalidad.
—Les daremos una sorpresa a Nichrom y Redseb —declaré con emoción. Mi hermanito rio por lo bajo—. Esos imbéciles no se lo esperan.
—Podrías matarlos del susto —frunció un poco el ceño, fingiendo enfado.
Sin embargo, su sonrisa traviesa lo delataba.
—Sé que en el fondo tú también quieres hacerlo, así que tus reclamos no funcionan conmigo —lo tomé del brazo, obligándolo a levantarse. Le di un objeto que tenía entre mis manos, el cual tomó con un poco de duda—. Vámonos.
Me sentía eufórico, sabía que mi plan funcionaría a la perfección. Esos dos me habían hecho creer que me estaban secuestrando e interrumpieron el que pudo haber sido mi segundo beso con Evolet. Ahora me las pagarían.
•❈•
Estaba sentado en una de las mesas del restaurante de Silver y le había pedido a Yoh que se sentara en otra un poco más apartada. Los chicos parecían sentir mucha curiosidad por lo que haríamos, pues también habían decidido acompañarnos, diciéndole a mi gemelo que querían almorzar fuera de la casa. Sí, claro…
—No pensamos que vendrías tan pronto —me saludó una voz a mis espaldas.
Se trataba de Nichrom, quien venía con Redseb. Les sonreí con sarcasmo.
—Me tuvieron esperando toda una eternidad —exageré un poco. Esperé hasta que estuvieran sentados, para poner en marcha mi venganza—. Llegan justo a tiempo. Quiero presentarles a alguien.
Señalé con un gesto hacia la mesa de mi hermano. Me aguanté la risa al ver sus caras de confusión. Yoh los saludó con la mano, aunque parecía más un maniático que mi alegre gemelo. Llevaba puesta la capucha negra, ocultando su cabello. Como aquello no era suficiente, le había pedido que se colocara una máscara que lucía bastante terrorífica. Una careta de Jason Voorhees, el personaje de la saga de "Viernes 13". Su vestimenta provocó un ligero escalofrío en ambos shamanes.
—Él es mi hermano.
—¿Con el que te peleaste la vez pasada? —Redseb arqueó una ceja ante su apariencia—. No sabíamos que tu hermano era un rarito.
—No, no es eso —sus semblantes me hacían tanta gracia, que se me hacía difícil contenerme—. Yoh, ven aquí.
El aludido se acercó a nuestra mesa, sentándose en la silla que estaba a mi lado.
—Él es mi hermanito, Yoh —lo presenté—. Yoh, ellos son Nichrom y Redseb… Ya puedes quitarte tu disfraz.
Mi otra mitad asintió, para dirigir sus manos hacia la capucha de la sudadera. Se la bajó, dejando ver su cabellera castaña. Los chicos lo miraron con curiosidad, pero dicha curiosidad se convirtió en sorpresa cuando Yoh se quitó la máscara que cubría su rostro.
—¡Hola! —los saludó con una sonrisa juguetona.
…
—¡¿QUEEEE?!
No pude evitar soltar una carcajada ante su reacción, pues me resultó más graciosa de lo que imaginé. Vi que la sonrisa de Yoh tembló levemente, debía estarse aguantando la risa. Nuestro parecido les había caído como balde de agua helada.
—¿QUÉ SIGNIFICA ESTO?
—¡TE HAN CLONADO!
—Ay, debí haberlo grabado —me lamenté entre risas, tratando de calmarme… pero veía sus rostros y mis ganas de reír regresaban.
—Son igualitos, Hao —Redseb se levantó de su asiento, tocando con timidez la cara de mi hermano. Yoh sonreía divertido—. Pensé que el imbécil de Nichrom era el único que podía multiplicarse.
—¡Hey! —se quejó él, riendo—. A ver, dense la vuelta y pónganse de perfil.
Obedecimos la insólita orden de mi amigo. Traté de reprimir la risa, pues podía ver de reojo sus caras de estupefacción.
—Puta madre, en serio son idénticos.
—Qué esperaban, pendejos —les dije con burla—. Somos gemelos.
Yoh soltó una pequeña risita a mi lado. Me señaló la mesa de sus amigos, preguntándome si podía reunirse con ellos. No le incomodaba estar en mi mesa, pero pensó que quizá querría estar a solas con mis idiotas. Asentí con la cabeza, despidiéndome de él. Esperaron hasta que Yoh se fuera para comenzar con el interrogatorio.
—¿Qué diablos acaba de pasar?
—Tienes mucho que contarnos, maldito desgraciado. ¿Cómo pudiste ocultarnos que tenías un hermano gemelo?
—Pues no es como si se los hubiera ocultado toda la vida. Crecí creyendo que era hijo único —les recordé con cansancio.
Era bastante evidente que me obligaron a que les contara todo y así lo hice. Hasta les mostré la copia de los resultados de ADN que tenía guardada en mi billetera. La historia les impactó bastante. Me decían que parecía una película. Supuse que tenían razón, porque sonaba muy extraño que nos hubieran separado cuando apenas éramos unos bebés. Nos pasamos el resto de la tarde jugando Blackjack. Hicimos una pequeña apuesta, ya que quería mantener la promesa que le hice a Evolet. No quería faltar a mi palabra, por lo que tenía que dejar de involucrar grandes cantidades de dinero en mis apuestas. Ese día me lo había pasado muy bien en compañía de ellos.
•❈•
No sabía por qué, pero de pronto me sentí muy… desconfiado. Como si algo estuviera a punto de suceder, aunque no sabía si se trataba de algo bueno o malo. Fue justo antes de que me dieran ganas de alimentarme. No obstante, algo me decía que no fuera a la cocina. Una parte de mí creía que era mejor ingerir una de las pastillas de Fausto, las BloodPillex. Me debatí por un rato, pensando sobre lo que debía hacer. Finalmente, ignoré ese extraño presentimiento y me dirigí a la cocina. A lo mejor y los Grandes Espíritus me odiaban, porque todos los chicos se encontraban en dicho lugar. Pude notar sus semblantes penosos y pensé que el mío probablemente era igual.
—Definitivamente este espacio necesita una señalización de "punto de encuentro" —comenté, intentando fingir indiferencia—. Siempre están todos aquí.
Me dirigí hacia el frigorífico y tomé lo que buscaba. Decidí que esta vez no sería tan mala onda; el contenido de esa pequeña bolsa lo bebería tranquilamente en mi habitación. Estuve dispuesto a irme, aunque no contaba con que una voz sería más rápida que mis pies. Horo fue el que impidió que me largara de ahí.
—No te vayas, Hao. Queríamos hablar contigo —empezó el ainu.
Recordé el desprecio con el que me había hablado el día anterior, pero no dije nada. Únicamente lo miré sin demostrar emoción alguna. Pareció tomarlo como buena señal, ya que siguió con la conversación.
—Queríamos disculparnos. Te juzgamos muy mal sin siquiera averiguar la verdad sobre el asunto.
—Yoh es nuestro amigo —añadió Len con seriedad—. Así que no dudamos en creer en su palabra.
—Sí… y lo entiendo —hablé, encogiéndome de hombros. Los chicos me miraron sin poder creer lo que había dicho—. Son leales a Yoh, lo cual es genial. Sólo lo estaban defendiendo… Creo que él tiene suerte de tenerlos como respaldo.
—Pue' tú también ere' nuestro amigo, flamita —señaló Chocolove.
No pude evitar levantar una ceja ante ese sobrenombre.
—Así que deja de cuestionarte tanto sobre si nuestra amistad es verdadera —me reclamó Lyserg con un tono de voz afable.
¿…Qué? ¿Cómo sabían lo que yo pensaba sobre ellos? De repente, la respuesta vino a mí a la velocidad de la luz. Claro, sólo alguien pudo habérselos comentado.
Maldición, Yoh. ¿Por qué tenías que decirles?, protesté, a través de la telepatía que teníamos.
Lo miré sintiendo algo de enfado, pues odiaba que supieran sobre mi problema de confianza hacia los demás. Se disculpó conmigo sin dejar de sonreír.
—Puedes confiar en nosotros… Sé que puede ser un poco difícil al principio. No tienes por qué temer en decir lo que de verdad piensas. También cuentas con nuestro apoyo —soltó Manta. Pude percibir un brillo en sus ojos, por lo que supe que estaba siendo sincero.
—Gracias… Supongo —les agradecí con una sonrisa sarcástica.
Estuve hablando con ellos por un rato, al parecer trataban de hacerme ver que hablaban muy en serio sobre lo del apoyo incondicional. Me narraron cada uno de los detalles de la pelea de Funbari Onsen, a la cual no había ido por obvias razones. Al parecer se enfrentaron al Equipo Enseioth, del cual formaba parte la psicóloga de nuestra escuela. Yoh sintió un poco de lástima por Maya, pues ella nos había ayudado mucho con lo de la prueba de ADN, pero le alegraba que los chicos siguieran participando en el torneo. Me impresionaba lo lejos que estábamos llegando los tres equipos, probablemente todos lograríamos clasificar a la etapa final de la Shaman Fight. Debía admitir que la idea sonaba genial.
Luego de un rato, Yoh y yo decidimos regresar a la habitación que nuevamente compartíamos. No teníamos mucho qué hacer, así que pensamos en ver un par de entrevistas viejas de AeroException para matar el tiempo. Cuando íbamos por uno de los pasillos, encontramos algo tirado en el piso. Era una pequeña caña de juguete para mascotas. Tenía un diminuto cascabel dorado y una pelota de tela muy colorida, de la cual se desprendían un par de plumas.
—¿De quién será esto? —se preguntó Yoh, tomando el juguete.
Me encogí de hombros, restándole importancia.
—No tenemos mascota, que yo sepa.
Mi hermanito se veía muy curioso; parecía ser la primera vez que veía algo así. Hizo sonar el cascabel, cuyo sonido se expandió por el pasillo. Unos segundos después, Mizu se acercó hacia nosotros, moviendo sus colas hacia todos lados. Se detuvo frente a Yoh, haciendo una pose como si estuviera dispuesta a jugar con él.
—Aww… Mira, Hao. Parece que le gusta.
Yoh movió la pelota, causando que Mizu diera unos pequeños saltos, tratando de alcanzar las plumas del juguete.
—Invocaste al demonio —bromeé con una sonrisa. Sin embargo, torcí el gesto rápidamente—. Es increíble que quiera a todos en esta casa y a mí me odie. Tal vez tienes razón, y ella está…
—¿Celosa? Pues te lo dije —respondió él, mientras seguía jugando. Mizu subió por las piernas de mi hermano hasta llegar a su hombro. Se restregó contra su mejilla, causando que Yoh riera—. Creo que sólo intenta proteger a su dueña. Ya debió captar las intenciones que tienes con ella.
—Lo único que sé, es que quiere alejarlos a ti y a Evolet de mi lado —le contesté, mirando con recelo a la gatita.
Quizás esos eran sus verdaderos planes, porque noté que sus ojos brillaron con malicia.
—Escúchate, hermano. ¿Por qué esta adorable bolita de pelos querría hacer algo así? —objetó mi ingenuo hermano menor.
Estuve a punto de replicarle, hasta que oímos una voz de fondo.
—¿Mizu? ¿Dónde te has metido? —reconocí perfectamente el timbre de voz de mi chica. Seguramente estaba buscando a su espíritu acompañante. La gatita dejó de jugar con Yoh para buscar a su dueña con la mirada. Sus orejas se movían de un lado a otro, tratando de captar la dirección de la que provenía su voz. En un santiamén, notamos que Evolet apareció por la esquina del pasillo. Mizu saltó del hombro de Yoh y corrió hacia ella, lanzándose a sus níveos brazos—. Oh, aquí estas… Espero que no les haya causado problemas, chicos —se disculpó, acercándose con cierta pena.
—No, para nada. Estábamos jugando con ella —le aclaró un sonriente Yoh, tendiéndole la caña a la chica de ojos dorados.
Al ver la reacción que había tenido Mizu con el palito, supimos que era el juguete favorito del espíritu.
—Qué alivio… y hablando de alivios, acabo de encontrarme con los demás y me lo contaron todo. Qué bueno que ya se entendieron contigo, Hao —se alegró ella.
Me encantaba ver esa sonrisa en sus labios. Tenía ganas de besarlos dulcemente, pero no podía, pues Yoh se encontraba con nosotros.
—Eso creo… Espero que esa maldita de Jeanne ya no vuelva a meterse con nosotros —rodé los ojos ante esa posibilidad—. Nunca olvidaré lo que nos hizo. Si cree que esto se va a quedar así, está muy equivocada.
—¿…A qué te refieres con eso? —Evolet se veía ligeramente preocupada.
Decidí tranquilizarla, antes de que siguiera pensando cosas erróneas sobre mí.
—Tranquila —me sinceré con una pequeña sonrisa—. Quiero vengarme, pero no me mancharé las manos por eso. Ya pensaré en algo…
—¡Evolet! —los tres nos sobresaltamos y volteamos a ver, notando que Pilika se acercaba a la recién nombrada.
Una vez que estuvo a su lado, empezó a decirle algo en su oído con discreción. Enarqué una ceja al presenciar esto, preguntándome qué tanto le estaría secreteando. Evolet soltó una risita luego de escuchar la propuesta de la ainu.
—Me parece perfecto. Avísale a Tamao, yo hablaré con Anna y Kaoru —pareció recordar nuestra presencia y nos miró—. Hasta luego, chicos.
Ambas muchachas se alejaron de nosotros, mientras hablaban por lo bajo y se reían de lo que decían. Volteé a ver a mi hermano, quien también las miraba con un semblante de extrañeza. ¿Qué estarían planeando?
•❈•
—¿Se puede saber qué demonios hacemos aquí, Horokeu? —cuestionó Len, notablemente fastidiado.
¿Cómo no estarlo? Estábamos en una situación bastante extraña. Todos nos encontrábamos en mi habitación o, mejor dicho, en la que ahora compartía con Yoh. Horo nos había pedido que nos reuniéramos aquí, aunque eso no era lo más raro. Por alguna extraña razón, nos había pedido que estuviéramos en pijamas. Miré el lugar con detenimiento, sintiéndome incómodo. Éramos siete varones y estábamos bastante apretujados. Nuestro dormitorio no era lo suficientemente grande como para que todos cupiéramos.
—¿Y por qué estamos vestidos así? —inquirió Manta, señalando su propia vestimenta.
—Eso es porque… ¡Tendremos nuestra primera pijamada de hombres! —exclamó el Usui, completamente feliz.
Nadie dijo nada durante unos minutos. El silencio se hizo presente en el lugar. Vimos a Horo como si estuviera loco, pues su comentario era muy… peculiar.
—¿Pijamada de hombres? ¿Es en serio? —le pregunté, sin poder creer lo que estaba diciendo.
—Eres tan idiota que no te das cuenta de lo estúpido que eso suena —Len veía a su mejor amigo como si hubiera perdido la cordura… y quizás así era.
—Entonces… ¿Qué les parece "reunión de machos pecho peludo, espalda plateada, barba de leñador y voz de espartano"?
…
—…Sonaba mejor lo de "pijamada de hombres" —confesó Len por lo bajo, sintiendo vergüenza ajena.
—Vamos, será divertido —trató de animarnos el ainu con una enorme sonrisa—. Podremos jugar videojuegos durante toda la noche, ver películas de acción…
—¿Cómo fue que tuviste esta brillante idea? —le pregunté sarcásticamente—. Dudo que tu cerebro haya funcionado y la idea apareciera como por arte de magia.
—Tienes suerte de que esté tan emocionado, Hao. De lo contrario, te daría una paliza por tus comentarios… Siendo honesto, Pilika organizó una pijamada de chicas. Sentí un poco de envidia al saberlo, así que pensé que tal vez nosotros podíamos hacer lo mismo. Tener una reunión… ya saben, más masculina.
—¡Podemos tener nuestro rincón masajista! —exclamó Chocolove.
El shaman afroamericano apareció cubierto únicamente por una toalla. No sé cómo lo había hecho, pero estaba posando de una forma sugerente sobre una camilla de masaje. A su lado, Mic sostenía un bote de crema.
—…Lo de los videojuegos suena bien —Manta retomó la conversación, intentando ignorar la broma barata de Chocolove.
—Sí, por favor juguemos antes de que me quede ciego —pidió Lyserg, mientras hacía una ligera mueca de asco.
Le daba toda la razón. Sentía que, si miraba a Chocolove, mis ojos arderían casi tanto como lo haría mi piel si estuviera bajo el sol abrazador, luego de sobrepasar el límite de tolerancia.
—¡NO ME IGNOREN, PUE'!
Estuvimos jugando, por un rato, un juego muy peculiar que propuso Manta. El juego era una adaptación de un manga llamado Karakuridoji Ultimo, de un tal… Hiroyuki Takei. Desconocíamos quién era el autor de la obra; nunca habíamos escuchado hablar sobre él. Avanzamos bastante con el videojuego, pero en algún momento de la reunión nos cansamos de hacer lo mismo. Nunca imaginé que las "pijamadas de hombres" serían tan aburridas.
—Me aburro —susurró Yoh, enterrando su rostro en mis cabellos.
—Es verdad, esta cosa está más muerta que nosotros —comenté con cansancio, refiriéndome a nuestro estado vampírico. Miré a Horo—. Oye, más vale que pienses en algo antes de que te golpee por este fracaso de pijamada.
El ainu estuvo pensando durante unos cuantos minutos, hasta que por fin una idea cruzó por su mente. Sonrió con diversión.
—¡Lo tengo! ¿Qué les parece si le jugamos una broma a las chicas?
Nos explicó en qué consistiría la broma, la cual no se escuchaba nada mal. El problema era que olvidábamos con quién nos estábamos metiendo…
•❈•
Mientras tanto, en la habitación de Anna, las chicas se encontraban de lo más divertidas. Las demás seguían sin poder creer que la itako había accedido fácilmente ante la petición de su mejor amiga. Sólo Evolet sabía que la rubia veía esa pijamada como una oportunidad para relajarse un rato.
Debido a que el cuarto de la Kyoyama era el más grande de la casa, ellas se encontraban muy bien acogidas. Las paredes estaban pintadas en unos tonos color marfil y el techo tenía un par de arañas muy elegantes colgando. La cama de dos plazas estaba ubicada casi en el medio, decorada con colchas y almohadas de un color ocre. Una enorme puerta corrediza de blindex daba al extenso balcón, y a la vez era adornada por elegantes cortinas de terciopelo. Había varios sillones por todo el cuarto, que combinaban a la perfección con la cómoda alfombra en la que todas estaban sentadas. Aprovecharon el espacio para traer una serie de productos cosméticos y dejarlos a su alrededor. Kaoru se veía muy concentrada en lo que estaba haciendo, pues estaba aplicando esmalte sobre las uñas de Anna; Evolet le hacía un peinado con trenzas a Pilika y Tamao se encontraba preparando una mascarilla para hidratarse la piel.
—De acuerdo, otra pregunta… —Pilika se animó a lanzar su curiosidad—. Si pudieran escoger a alguien mayor, ¿con quién andarían?
—¿Podría ser cualquiera que conocemos? —quiso saber Kaoru, al tiempo que colocaba una nueva capa de barniz en el meñique de Anna.
Pilika asintió, metiéndose una paletita a la boca.
—Por ejemplo, los apaches… ¿Quién de todos ellos?
—¡Silver! —exclamaron al unísono, para después soltar una risita.
Era bien sabido por todas las chicas en la aldea que él era el más apuesto de los diez oficiales.
—…Hablando de chicos… —habló Anna, volteando a ver a su mejor amiga con cierta acusación—. Me pareció extraño que invitaras a salir a Hao de forma espontánea, antes de que planeáramos reconciliarlos. Me huele a que algo pasó antes.
—¿Q-qué? No sé de qué hablas —al instante en que se sonrojó, Evolet trató de evadir el tema.
Sin embargo, no contaba con la habilidad mental de la itako, y así fue como Anna terminó leyendo los pensamientos de su mejor amiga.
—¡¿Se besaron?!
—¡¿Qué?! —exclamó Kaoru, desviando la brocha que contenía el esmalte, el cual manchó el dedo anular de su cuñada—. Ups, lo siento.
—¡Anna! ¡Sabes que odio que uses tu Reishi en mí! —se enfadó la joven Sakurai, pero pareció ser ignorada por el resto de sus amigas.
—¿Hao y tú se besaron? ¡Ya era hora! Ese jueguito de "me gustas desde lejos" ya pasó de moda. En verdad te felicito —se rio Pilika.
—Me alegro por ustedes. El joven Hao parece ser un buen chico —Tamao sonrió levemente, mientras sus mejillas se coloreaban con alegría.
—¿Ya son novios? —Kaoru le sonrió divertida a su otra amiga—. ¿Somos cuñadas oficialmente?
—…Todavía no —Evolet sonrió con nerviosismo.
En ese momento, sentía demasiada vergüenza. Deseaba meterse bajo una roca.
—¿…Aún no? No entiendo qué diablos está esperando ese bobo.
La menor de los Asakura frunció el ceño. No podía evitar sentirse frustrada, ya que la idea de que ella fuera su cuñada le hacía demasiada ilusión. Un fuerte ruido la distrajo de sus pensamientos, e hizo que todas se callaran. Pudieron oír un par de risas y golpes a través del pasillo.
—¿No creen que sean los chicos? —musitó Tamao.
Se sonrojó un poco cuando recordó que sus pijamas eran algo cortos. No quería que ellos las vieran así vestidas.
—Deben ser ellos, son tan tontos que no pueden estar en silencio ni un momento… No se preocupen, no habrá problema si entran aquí. Ya pensé en todo —Kaoru les sonrió a las shamanes. Ellas la vieron con confusión.
La puerta de la habitación se abrió, dejando a ver a Horo con un enorme balde de agua. A sus espaldas se encontraban los chicos restantes. Sin embargo, sus sonrisas divertidas se esfumaron rápidamente cuando Horo, sin poder evitarlo, cortó una cuerda muy fina que estaba sujeta al piso. Un balde aún más grande que el que ellos tenían cayó, mojando a cada uno de ellos. Parecía como si se hubieran colocado debajo de una enorme catarata.
—Dicen que la curiosidad mató al gato, ¿no? —pronunció Kaoru con un pequeño destello de maldad en sus ojos.
—¿QUÉ LES PASA? ¡NOS HAN EMPAPADO! —las acusó Horo, apartándose los cabellos de su frente.
—¿Qué les pasa a ustedes? ¿Cómo es posible que hayan pensado en mojar a unas inocentes señoritas?
Los gemelos alzaron una ceja ante lo dicho por la menor.
—¿Qué diablos estás haciendo, hermano? —Pilika se veía visiblemente enfadada.
Horo tragó duro al ver su semblante.
—Lo siento, estábamos aburridos, así que pensé en jugarles una pequeña broma… Tuve envidia de su reunión, es todo —admitió Horo, desviando un poco su mirada.
Los demás muchachos, a excepción de los gemelos, estaban temblando levemente debido a que el agua estaba muy fría. Pilika pareció suavizar el ceño ante lo dicho por su hermano y lo pensó mejor.
—…Bueno, ya que estamos aquí, ¿por qué no organizamos una pijamada entre todos? —propuso ella, sonriendo con ligera emoción.
—¡Sí! ¡Eso sería estupendo! —el ainu secundó la idea, muy feliz por la propuesta de su hermanita—. ¡Será la mejor fiesta de todas!
Los hermanos Usui se pusieron a brincar por la emoción, entretanto los restantes los veían con una gotita de sudor en la nuca.
—Como sea, pero primero déjennos cambiarnos —suspiró Len, rodando sus ojos—. No podemos andar así, o mojaremos toda la casa.
•❈•
Luego de habernos cambiado la ropa mojada y que las chicas se cambiaran los pijamas, aprovechamos que no había nadie más en la casa para adueñarnos de la sala. Era lo suficientemente grande para que estuviéramos cómodos. Todos se mostraron sorprendidos cuando Horo y yo llevamos bebidas alcohólicas para amenizar la noche. Nos sentamos formando un círculo y en el centro colocamos las botellas de tequila, vodka, vermut y ron.
—Hay suficiente para todos, así nadie se quedará sin ingerir alcohol —advirtió Horo, fulminando a todos con la mirada. Los demás lo vieron con un poco de extrañeza, pues no esperaban que se tomara tan en serio lo de las bebidas—. Pueden preparar los shots que prefieran.
—Pensé que sólo sería una pijamada —susurró Manta, viendo con preocupación las botellas.
—No seas aguafiestas —me burlé, mientras acomodaba unos recipientes que contenían los ingredientes restantes para los tragos, al tiempo en que Horo subía el volumen de la música.
Sabíamos que no sería divertido si sólo nos sentábamos a embriagarnos, así que Lyserg propuso un juego. El típico "verdad o reto" que no podía faltar. Cada uno podía elegir entre un desafío o una pregunta, lo escribiría en un papelito y lo arrojaría en un recipiente. Miré fijamente ambos contenedores, temiendo por lo que me podría tocar hacer. No había duda, esa noche sería una locura.
—Oficialmente damos inicio a esta pijamada con un Trago Azul —indicó Horo, preparando la famosa bebida para cada uno.
No bromeaba cuando decía que nadie se libraría de beber alcohol. Mezcló los ingredientes de dicho trago. Lo curioso de esto, era que se bebía prendido en fuego. Encendí todos los tragos y Horo le puso pajillas a cada uno. Observamos las hermosas flamas azules que se alzaban dentro de los vasos, como si estuvieran danzando elegantemente. Horo alzó su copa, pidiendo que lo imitáramos. Chocamos las copas, antes de beber su contenido de un largo trago. Sentí que la garganta me ardió un poco cuando el líquido se abrió paso a través de mi faringe. Nunca había probado algo parecido. Mire de reojo a mis amigos, a quienes parecía que se les había cortado la respiración con la bebida. Esperamos a que recuperaran el aliento para poder comenzar a jugar.
Para decidir quién preguntaría y quién sería la víctima, decidimos seguir la tradición de utilizar una botella vacía. El Usui fue el valiente en iniciar. Giró la botella y cerré los ojos con pesar al ver el resultado. La boca de la botella me señalaba, por lo que yo tendría que sufrir con lo que fuera que decidiera. La base estaba en dirección a Horo; él sería quien me preguntaría. Como no sabía qué tipo de preguntas había ahí, escogí reto. Horo tomó uno de los papeles del recipiente y pareció reconocerlo. Se lo pasó a Evolet, excusándose que sería más interesante que ella lo leyera.
—Veamos… Tienes que saltar desnudo al lago… ¡¿Qué?! —mi chica se sonrojó demasiado cuando se percató de lo que acababa de leer.
La mayoría lanzó un silbido sugerente, seguido de unas risotadas.
—Se cumplió tu sueño de verlo desnudo, ¿eh? —la picó Anna con una sonrisa de lado.
Evolet le dio un codazo, cubriéndose el rostro nerviosamente.
—…Ya que —me encogí de hombros, levantándome de donde estaba sentado.
—¡Espera! ¿En serio lo harás? —me cuestionó Evolet, aún con las mejillas sonrojadas.
—No es como si tuviera otra opción, es un reto —traté de tranquilizarla con una sonrisa, aunque en el fondo yo me sentía más avergonzado que ella.
Salí de la casa y me dirigí hacia el lago con paso lento, pues me sentía nervioso. Claro, no lo demostraría. Una vez estando ahí, me desnudé y me lancé a esa masa de agua cristalina. Supuse que debía estar muy fría, pero por ser vampiro, la temperatura de ese estanque ya no tenía ningún efecto en mí. El contacto con el agua relajó mi cuerpo. Cuando subí a la superficie, me percaté de que mi ropa ya no estaba.
—¡LOS VOY A MATAR!
Eran unos imbéciles de primera. Ahora tenía que regresar a la casa completamente desnudo. No era como si el lago estuviera tan lejos, pero me tomaría unos minutos llegar a la casa. En ese momento deseaba que los Grandes Espíritus se apiadaran de mí y me mataran. Me apresuré un poco en llegar, pues estaba preocupado de que alguien notara mi desnudez. Sonreí enormemente cuando vi a Yoh a mitad del camino, tendiéndome ropa. Definitivamente era como un ángel caído del cielo.
—Te amo —le susurré, después de haberme cambiado. Él sonrió con diversión.
Cuando llegamos a la vivienda, me di cuenta que Chocolove y Horo estaban carcajeándose con todas sus fuerzas. Hice un gran esfuerzo por no carbonizarlos, sorprendiendo a más de uno. En realidad, yo también estaba asombrado de no sucumbir ante mis instintos agresivos.
—Qué asco, hermanito. Jamás volveré a ser la misma por tu culpa —Kaoru fingió estremecerse un poco.
—Nadie te pidió que vieras, pulgarcita —sonreí burlonamente.
Ella imitó mi gesto, seguramente estaba pensando desquitarse por su nuevo apodo.
—Luego me las pagarás. Como sea, quiero que Yoh y tú prueben esto —nos mostró un vaso que parecía contener una bebida rojiza. Ella sonrió ante nuestra confusión—. Es Bloody Mary.
—…El Bloody Mary está hecho con jugo de tomate —señalé.
Hablé despacio, pensando que quizás había olvidado ese pequeño detalle.
—¿…Y?
—No podemos beber nada que no sea sangre —añadí con un tono de voz cansado.
—Sólo bébanlo, les gustará.
Dudando un poco, le obedecimos. Me sorprendí al notar el sabor dulce de la sangre, mezclado con lo que parecía ser vodka. Era una bebida muy deliciosa. No sabía si me agradaba por tratarse de sangre, o si ya me estaba emborrachando y por eso ya no sentía el sabor amargo del alcohol. Todos los que no eran vampiros se estremecieron cuando se dieron cuenta que el ingrediente principal de esa bebida era sangre. Como pudieron, disimularon sus caras de asco.
—Bueno, prosigamos…
En la siguiente ronda, Pilika le puso el reto a Len de mezclar todas las cosas que había dentro del refrigerador y comérselo. Por supuesto que lo hizo, pero terminó corriendo al baño a vomitar. Nos burlamos de él al ver lo pálido que estaba luego de eso. La siguiente víctima fue Chocolove, cuyo reto fue muy peculiar. Len leyó el papel en voz alta, declarando que debía ser maquillado por las chicas. Evolet y Kaoru vieron su oportunidad, así que fueron por sus cosméticos y pusieron manos a la obra. El pobre terminó con la mitad del rostro pintado como si se tratase de un ángel, mientras que la otra mitad lucía un aspecto más oscuro. Nos reímos mucho.
La botella giró una vez más, señalando a Manta y a mi cuñada. El pequeñín debía preguntar. Anna optó por la misma opción que los demás y escogió reto. Manta se echó a reír cuando leyó lo que estaba escrito en el papelito.
—El reto dice que tu chico debe de cantarte una canción, así que Yoh también está involucrado en esto —soltó entre risas.
—Oye, ¿por qué yo? —reclamó mi molesto hermano.
Sonreí ante la escena, sintiendo que comenzaba a marearme un poco. Yoh debía estar un poco ebrio como para enojarse con Manta por algo tan insignificante. No importaba lo mucho que se molestara, los chicos no iban a permitir que se librara de esa; así que no tuvo de otra y se levantó para buscar algo. Después de unos minutos, regresó con una guitarra acústica. Recordé lo mucho que odiaba cantar, pues creía que lo hacía mal, a pesar de que le insistíamos en lo contario. Mi gemelo se sentó frente a su novia, quien también estaba ligeramente sonrojada por la situación.
—Espero que te guste, Annita… —dijo entre susurros.
Había hablado tan suave que probablemente sólo los que éramos vampiros habíamos logrado escucharlo.
Oh, her eyes, her eyes
make the stars look like they're not shinin'
Her hair, her hair
falls perfectly without her trying
She's so beautiful and I tell her everyday…
Todos lucían muy sorprendidos al escuchar la voz de Yoh y su habilidad secreta con la guitarra. Mikihisa era muy bueno en ambas cosas, a lo mejor y su don se debía a eso. Mientras mi hermano seguía en lo suyo, noté que las demás parejas empezaban a ponerse… acarameladas. Pilika se había recostado sobre el pecho de Len, y Horo acariciaba suavemente una de las mejillas de Tamao, haciéndola sonrojar en el proceso. Sonreí al verlos, si Horo estuviera concentrado en lo que pasaba a su alrededor, asesinaría a Len por tener esos gestos con su hermanita. Yoh miraba con gran ternura a su prometida entretanto seguía con su canción. Anna le devolvía el gesto con sus mejillas aún rosadas. Observé que su sonrisa tembló un poco, parecía contenerse para no echarse a llorar ahí mismo.
When I see your face
There's not a thing that I would change
'cause you're amazing
Just the way you are
And when you smile
The whole world stops and stares for a while
'Cause girl you're amazing
Just the way you are…
Justo cuando la canción ya casi terminaba, sentí una leve caricia en uno de mis brazos. Miré a mi lado y noté que Evolet había sido la responsable de esa pequeña acción. Le sonreí con dulzura y deposité un tierno beso en una de sus mejillas. Ella se sonrojó un poco, pero agradeció el gesto con una de esas sonrisas que tanto me encantaban. Mi hermanito finalizó su canción y todos rompimos en aplausos, felicitándolo por lo bien que había cantado. Él sólo apartó la guitarra hacia un lado, sintiendo de nuevo cierta vergüenza.
—Oigan, ¿vieron lo mismo que yo? —preguntó Horo con una sonrisa.
—Claro que sí… ¿Qué fue ese beso, Hao? —quiso saber Lyserg.
—No sabía que eras tan romántico —comentó un divertido Len.
Todos se echaron a reír, burlándose del pequeño gesto que tuve con Evolet. Esos idiotas me estaban avergonzando frente a ella.
—Váyanse a la mierda —solté con enfado, al tiempo que les mostraba el dedo medio. Los chicos rieron aún más fuerte; creía que sólo mi cuñada, hermano y casi-novia eran los únicos que no se estaban mofando de mí. Evolet bajó mi mano con suavidad, mirándome seriamente. No pude evitar apenarme más—. Lo siento.
—Esperen un momento. Eso significa que… ¡HAO HA DEJADO LA ZONA DE AMISTAD, AMIGOS!
—¡LO LOGRASTE, HAO! ¡SALISTE DE LA FRIENDZONE!
—¡BRINDEMO' POR NUESTRO AMIGO, EL FLAMITA'! —exclamó Chocolove, alzando su trago de tequila con sal y limón.
Todos lo imitaron, menos mi querida Evolet. Se había cubierto la cara con ambas manos y parecía querer que la tierra se la tragara.
—¡POR HAO!
—¡EL CUENTA CACAO! —el moreno hizo su intento de broma.
Se disfrazó como si fuera un recolector de aquel grano, cuyos productos derivados me encantaban tanto. Mic estaba disfrazado de una araña, pensando que se refería al artrópodo venenoso que tenía ese nombre. Nunca pensé que llegaría el momento en que yo me encargaría de darle la paliza de su vida al shaman de Nueva York. Horo y Len me miraban con orgullo, diciendo que era bienvenido al club de golpeadores de Chocolove. Supuse que ya todos estábamos bastante ebrios, porque normalmente no hubiéramos estado tan afectuosos.
El siguiente turno era el de Manta. Según Yoh, era la ocasión perfecta para vengarse. El reto que le puso a su pequeño amigo era del de dejarse hacer cariñitos por las chicas. Todas aceptaron gustosas, después de todo decían que Manta era muy tierno… Claro, todas menos Anna. Ella jamás se rebajaría a darle besos o hacerle caricias al Oyamada.
—Chicos, ¿siguen despier…? —la pregunta de Miki quedó en el aire al ver el desastre que hacíamos en la sala.
Los adultos se sorprendieron al ver la cantidad de botellas de alcohol esparcidas por el piso. Algunos muebles estaban movidos, debido a que Chocolove intentó ocultarse detrás para no recibir mis golpes. Notaron que estábamos en pijamas y con los rostros sonrojados por lo borrachos que estábamos. El olor a alcohol inundaba completamente el cuarto.
—Creo que mejor hablaremos por la mañana… —Keiko sonrió con nerviosismo.
—Ah, no. Claro que no —dictó Mikihisa, mientras nos miraba a todos con cierta seriedad—. Llegó el momento de que sepan un par de cosas, para prevenir que algo más suceda.
Mi padre se estaba pasando. Nos estaba dando LA CHARLA como si fuéramos niños de primaria. A pesar de que sentía la cabeza un poco pesada debido a los tragos, aún era un poco consciente de lo que decía. Quería enterrar la cabeza bajo tierra, para no tener que seguir escuchando esos consejos vergonzosos. ¿Por qué demonios tenía que hablarnos sobre el sexo y sus precauciones tan tranquilamente, mientras estábamos así?
—¡Por todos los espíritus! ¡Qué vergüenza! —susurró Kaoru, cubriendo su rostro con sus manos.
—Ten —Yoh me tendió el cuchillo que estábamos usando para cortar los limones para el tequila—. Mátame, porfa. Ya no quiero seguir escuchando esto.
Me eché a reír por lo bajo, considerando hacer lo mismo conmigo.
Un par de minutos después, volvimos a estar solos en la sala. Los adultos se habían excusado, diciendo que irían a dormir. Continuamos bebiendo, hasta que perdimos la razón. Horo y Len se abrazaban entre sí, riéndose como locos. Lyserg, Manta y Chocolove lloraban en una esquina, lamentándose por estar solteros… En fin, todos hacíamos cosas que normalmente no haríamos. Sin embargo, había algo que ignoraba en ese entonces. Lo mucho que sufriría con el siguiente reto.
—Esto está interesante —Kaoru sonrió con maldad al leer el reto que tenía en sus manos. Yoh tragó duro, temiendo por su vida—. Bueno, ya que tanto tú como Hao son unos incestuosos, los reto a que se besen.
—¡¿QUÉ MIERDA?! —exclamó Yoh con furia. Si no me hubiera visto involucrado en aquello, me hubiera reído al escucharlo insultando—. ¡No puedes obligarnos a hacerlo!
—¡Claro que puedo! —ese diablito que teníamos por hermana menor nos sonrió con autosuficiencia—. Así que ya basta de parloteo y bésense, par de incestuosos.
Yoh se levantó de donde estaba y se me acercó, tambaleándose. Tenía la vista bastante nublada, por lo que no podía ver mucho la expresión de su rostro. Imaginaba que debía estar avergonzado. Se sentó frente a mí y unió sus labios con los míos en un beso que pareció durar una eternidad, aunque en realidad había sido corto. Los chicos se rieron cuando nos separamos completamente asqueados. Quería mucho a Yoh, pero no tanto como para amarlo de esa forma.
La botella volvió a seleccionar a un par de personas. Era mi turno de hacer sufrir a Lyserg. El pobre tenía tanto miedo, así que escogió una pregunta. Tomé uno de los papeles del recipiente y tuve que hacer un gran esfuerzo para leer lo que estaba escrito en él. Tenía la vista tan nublada que apenas y veía las letras.
—¿Alguna vez estuviste a punto de perder a un ser amado? —leí, sorprendiéndome por la pregunta.
Lyserg tuvo la misma reacción, pues el silencio se hizo presente por un momento.
Mientras narraba lo que sucedió un día en que unos ladrones habían entrado a su casa y casi asesinaban a sus padres, recordé esa vez en que Mikihisa había tenido un terrible accidente. Un furgón lo había atropellado, dándose luego a la fuga. Mi padre terminó en coma y estuvo así por varios meses. En ese tiempo, tuve demasiado miedo. Aunque tenía unos siete años, era muy consciente de lo que estaba pasando. Sabía que, si mi padre moría, iría a parar a un orfanato, dado que en ese entonces no conocía a ningún otro familiar que no fuera mi progenitor. No pude evitar echarme a llorar con ganas al recordar ese terrible suceso. Era más vulnerable a sentir debido a mi estado de ebriedad. Noté que me abrazaban y me acariciaban la espalda, tratando de hacerme sentir mejor. El alcohol no me permitía ver quiénes eran, pero sabía que no podían ser otros más que Yoh y Evolet. Los restantes sólo guardaron silencio, sorprendidos de verme así.
Una vez que me calmé, escuchamos que algunos oráculos virtuales comenzaron a sonar… Sinceramente nos valió tres hectáreas de verga, por lo que nadie se levantó a mirar quiénes eran los elegidos para el próximo combate. Apenas y podíamos con nuestra consciencia, como para preocuparnos por eso. No presté mucha atención a los que seguían jugando; sentía pesada la cabeza, impidiéndome concentrarme.
Los chicos fueron cayendo uno a uno. Todos estaban tirados en el piso, profundamente dormidos. Era muy extraño que los únicos que aún no habíamos sucumbido ante el sueño éramos la chica de hermosos ojos dorados y yo. Evolet se acercó hacia donde yo estaba. Me sonrió con travesura y me besó con mucha pasión, acción que por supuesto devolví. Me empujó levemente, haciendo que me acostara en el piso. Su sonrisa se ensanchó, mientras se quitaba el pijama de manera lenta y provocadora. Se me hacía muy raro que, de pronto, la vista me funcionara a la perfección. Podía ver cada uno de los detalles de su hermoso cuerpo. También me extrañaba que no me preocupara que los chicos nos vieran así, y a ella tampoco. Terminó por sentarse sobre mí, estando únicamente en ropa interior. Se veía preciosa de esa manera y mi cuerpo lo sabía, porque empezaba a reaccionar ante esa imagen que tenía frente a mí.
—Sé que tú también quieres divertirte un rato —rio un poco.
Mis manos recorrieron su suave piel, hasta detenerse en el broche de su sostén.
Desperté, sintiendo que el corazón estaba a punto de salirse de mi pecho. Era una sensación humana que ya no debería experimentar. Noté que tenía una cabellera castaña encima de mi torso. Casi me dio un paro cardiaco, hasta que descubrí que se trataba de Yoh. Había despertado con mi sacudida. Debía tener una terrible migraña, justo como la que yo empezaba a sentir en ese instante. Me miró y una sonrisa divertida se dibujó en su rostro.
¿Qué clase de sueños son esos que tienes?, se burló mediante la telepatía que compartíamos.
¿Qué? ¿Acaso lo viste?
No sé si habrá sido por esta extraña telepatía que tenemos o si me lo transmitiste inconscientemente con tu Reishi, pero sí que lo vi.
Maldición… gracias por tu charla, papá, pensé con sarcasmo.
En ese instante, me percaté de que todos estaban durmiendo en distintos lugares. Horo se movió para cambiar de posición sobre la mesa. Chocolove… no supe cómo demonios llegó a parar sobre el refrigerador. Los demás, pues dormían unos encima de otros. Bastó un par de minutos más para que todos despertaran, ayudados por los cálidos rayos del sol que entraban por las ventanas. Las quejas por el dolor de cabeza no se hicieron esperar y tampoco el malhumor. Cuando los adultos bajaron, nos miraron completamente divertidos. Quizá no pensaron que terminaríamos en la mierda luego de esa pijamada.
—Ustedes hicieron este desastre, ustedes lo limpian —sentenció Keiko con algo de seriedad.
•❈•
Al parecer, nuestros padres nos impusieron alguna especie de castigo, porque luego de asearnos y limpiar la sala, nos obligaron a Evolet, a Yoh y a mí a buscar el desayuno al restaurante de Silver. Los tres salimos de la casa, arrastrando los pies y murmurando maldiciones por la resaca. Luego de un momento, noté que todas las shamanes que me encontraba por el camino me miraban con sonrisas pícaras y no entendía por qué. Me preguntaba qué rayos había sucedido en esa pijamada, pues no recordaba mucho.
—¡Hola! —nos saludó Zria con un tono de voz amable. Torció el gesto por uno burlón cuando se percató de nuestro semblante—. Por todos los espíritus, se ven destruidos.
—Créeme que lo estamos. Sólo venimos por comida, luego nos iremos a dormir o algo.
—¿A dormir? …pero si tienen un combate hoy.
—¡¿Combate?! —repetimos los tres al mismo tiempo.
Fue entonces cuando recordé que un par de oráculos virtuales habían sonado durante la pijamada. Alcé mi muñeca para revisar el mensaje. Vimos con horror que anunciaba nuestra próxima pelea, la cual sería ese mismo día…
—¡¿QUÉ?! ¡¿DOS HORAS?! —chilló Evolet, poniéndose pálida.
—Mierda —solté, sintiéndome muy agobiado. Teníamos que apresurarnos, pues la regla implicaba estar una hora antes en la arena—. ¡Gracias por avisarnos!
Corrimos hasta la casa, escuchando la suave risa de Zria a lo lejos. Era muy buena persona, porque pudo no decirnos nada y hubiéramos perdido por no habernos presentado a la batalla. Llegamos a la casa, casi tirando las compras en el proceso. Era una suerte que nuestros uniformes de combate estuvieran limpios o de lo contrario hubiéramos tenido que pelear vestidos así. Mi ropa consistía en una chaqueta deportiva roja de mangas largas con detalles negros y un pantalón negro con franjas rojas a los lados. Evolet llevaba puesto un top deportivo de color rosa claro y un short corto del mismo color; por debajo tenía un body de red negro. Ambos usábamos guantes sin dedos de color negro y calzado deportivo. Estuvimos listos justo a tiempo. Soltamos un suspiro de alivio, a la vez que nos dejamos caer sobre las bancas de la sala de espera. Si hubiéramos demorado más de una hora, nos tocaría recibir la penitencia que Goldva había impuesto para ese torneo. Tener que limpiar cada uno de los baños públicos del lugar.
—¿Qué vamos a hacer? La cabeza nos está matando —susurró Evolet, sobándose las sienes.
Ni siquiera sabía si había podido tomar algo para la resaca.
—No lo sé, pero hay que dar lo mejor —traté de animarlos—. Pase lo que pase…
Finalmente, fuimos llamados para ingresar a la arena. Nos encontramos con el Equipo Icemen, nuestros oponentes del día. Nunca había tenido la oportunidad de verlos pelear, así que no sabía qué esperar de este encuentro. Se les veía bastante confiados, ya que al ver nuestro aspecto no dudaron en reírse de nosotros.
—Escogieron un mal día para beber, niños —se burló Pino.
Le devolví la mueca, no iba a permitir que nos subestimaran. Los integrantes de su equipo formaron sus respectivas posesiones de objetos. Decidimos imitarlos, aunque lo hicimos torpemente.
—Cierra la boca.
—Me caen muy bien. Nuestro fanatismo hacia AeroException es igual —parecía que la mención de su grupo favorito lo ponía muy feliz—. Sin embargo, eso no cambia el hecho de que los haremos puré en esta pelea.
—Ya veremos quién destroza a quien —lo reté.
—Los competidores de este día son el equipo Hoshi-Gumi… —Radim nos señaló con su micrófono. Los gritos de las personas que nos apoyaban empeoró mi dolor de cabeza—, y el Equipo Icemen. El ganador será quien clasifique a la etapa final de la Shaman Fight. ¿Están listos?
Todos asentimos, preparándonos para la batalla.
—En ese caso… ¡QUE COMIENCE LA PELEA!
No esperábamos que el equipo de Pino fuera tan rápido. Se abalanzaron sobre nosotros justo antes que Radim terminara de dar inicio al combate.
—Yo me encargo de Pino —le indiqué a mi equipo, antes de lanzarme hacia el líder del grupo enemigo. No contaba con que mi migraña jugaría en mi contra. Pino lanzó uno de sus ataques de hielo y pude esquivarlo por muy poco—. ¡Maldición!
—¿A quién se le ocurre beber tanto alcohol un día antes de la batalla que decidiría quién clasificaría a la última etapa del torneo? …Ah, sí. ¡Sólo a ustedes! —exclamó, alzando su bastón de pastoreo.
Levanté mi espada y traté de golpear con ella al rubio, pero fallé con mi ataque por unas milésimas. Chasqueé la lengua, sintiéndome demasiado frustrado. Ese insoportable dolor de cabeza no dejaba que me concentrara. Volteé a ver a los demás miembros de mi equipo, notando que estaban en las mismas condiciones. Evolet y Zria compartían el mismo elemento y, a pesar de ello, en esta ocasión la rusa parecía tener ventaja sobre mi chica. Yoh trataba de destruir la imponente armadura de Cadimahide, sin tener ningún resultado. El shaman trataba de aplastarlo con sus enormes puños. Mi hermanito se llevó unos buenos golpes, pero no parecía rendirse tan pronto.
—La pelea es aquí, Hao —la voz de Pino me trajo a la realidad.
Volteé la mirada con rapidez, para darme cuenta que me había congelado las piernas. Me golpeó con su bastón, haciéndome retroceder por el impacto de su golpe. Casi pierdo el equilibro tras el ataque, consiguiendo que mi adversario se echara a reír.
—¡Mierda!
Mientras tanto, Zria había encerrado a Evolet en un enorme cubo de agua. No pude evitar preocuparme, a la vez que intentaba de esquivar los múltiples ataques de Pino. Sin embargo, ella se cruzó de brazos y le sonrió con malicia a Zria.
—¿Olvidas que puedo respirar bajo el agua? —habló, tratando de no demostrar que su jaqueca la estaba matando. Hizo un movimiento con sus manos y Mizu destruyó las paredes de su pequeña cárcel. Evolet cayó al suelo, tosiendo un poco por el agua que había tragado—. No fue nada, vamos Mizu.
Odiaba admitir que no nos estaba yendo tan bien en esta ocasión. El Equipo Icemen nos estaba propinando unos buenos golpes. Al inicio los esquivábamos por unos centímetros, pero unos momentos después, aquello se nos hacía más difícil.
—Esperaba que fueran unos dignos oponentes, considerando las peleas que habían tenido hasta ahora —Pino se acercó a sus amigos, sin dejar de estar a la defensiva—. Es lamentable que estén fallando sus ataques; es como si estuvieran iniciando con su entrenamiento como shamanes.
—¿Saben algo? Son ustedes los que tienen suerte de que nos encontremos en este estado —comenté con altanería. No necesité ver a mis espaldas para saber que Yoh y Evolet también los desafiaban con la mirada—. Evolet tiene un mejor control del elemento agua que Zria, bien podría darle una paliza. Yoh hubiera destrozado esa armadura de juguete de Cadimahide en cuestión de segundos y… tus ataques ni siquiera hubieran tenido efecto en mí, Pino. Ya sabes, el fuego derrite al hielo.
Los vampiros gruñeron al verse ofendidos. No les teníamos miedo, ya que sabíamos que nuestras vidas no peligraban.
—Qué valor tienen al intentar denigrarnos de esa manera… Seremos tan buenos con ustedes que le pondremos fin a esto de una vez por todas.
Noté que estaban haciendo una extraña formación. Estaban dispuestos a utilizar el ataque más fuerte que tenían.
—Oigan, Pino y sus amigos van en serio —grité, para que ellos pudieran escucharme—. Utilizaremos nuestro último recurso.
—¡Pero nunca lo hemos puesto en práctica! —se preocupó Evolet.
—No importa —le sonreí, transmitiéndole la confianza que sentía en ese momento—. ¡Podemos hacerlo!
Utilizamos una técnica parecida, pues combinamos nuestros oversouls para formar una enorme ballesta de color cobrizo. Era tan grande que requería de la fuerza de los tres para cargarlo. El equipo de Pino se veía bastante sorprendido, pero no dudaron en atacarnos con todas sus fuerzas.
—¡AURORA BOREAL!
Frente a nosotros se formó un iceberg gigante, el cual se partió en miles de pedazos de un tamaño colosal cuando Cadimahide lo golpeó fuertemente. Antes de que los pedazos cayeran al suelo, apretamos el gatillo de la ballesta, soltando una flecha que despedía una enorme cantidad de furyoku. La flecha dio de lleno contra uno de los trozos de hielo, generando una explosión lo suficientemente grande como para destruir los pedazos restantes. Abracé a Evolet hacia mi pecho y salté a un lugar seguro, alejado del centro del coliseo. Yoh aterrizó a mi lado, esperando que la luz se disipara para saber el resultado de la pelea.
—¡EL EQUIPO HOSHI-GUMI CLASIFICA A LA ETAPA FINAL DEL TORNEO DE SHAMANES!
Nos dejamos caer al suelo, debido al mareo que nos estaba afectando en ese momento. El estadio se llenó de gritos y aplausos. El público estaba satisfecho por la pelea que habíamos dado. Pino, Zria y Cadimahide se acercaron hasta nosotros con paso lento. Pino me ofreció su mano y no dudé en estrechársela.
—Dieron un buen combate. ¡Felicidades!
—Gracias. Ustedes también estuvieron geniales —sonreímos igualmente.
Hablamos por un momento y luego se despidieron. Ni siquiera habíamos podido respirar, cuando, sin previo aviso, oímos que un par de personas habían descendido a la arena del coliseo. Nos levantamos con rapidez al reconocer a Darkar, Ashil y Jeanne, quienes nos miraban con sonrisas espeluznantes.
—Pasaron a la etapa final, mis respetos —nos felicitó Darkar con una sonrisa sarcástica—. Si me permiten, me encantaría probarlos con algo.
Noté que sus ojos brillaron de una manera intensa, pero desvié mi atención al sentir que mi dolor de cabeza se intensificaba, al punto de hacerme gritar y caer al suelo. No sabía cómo, pero no había duda que el líder de ese asqueroso séquito de vampiros era el responsable de mi sufrimiento. De hecho, todos los presentes en el recinto estaban siendo atacados por esa insoportable migraña. Todos, menos Evolet… y esto pareció desconcertar al mismo Darkar, ya que abrió su boca a más no poder.
Escuchaba gritos de dolor por todos lados, pidiendo que se compadeciera de ellos. Sin embargo, el dolor se detuvo cuando una figura alta aterrizó frente a nosotros, como protegiéndonos. No supe cómo lo hizo, pero su aparición pareció haber interceptado ese ataque mental por parte de Darkar. El vampiro líder pareció sorprenderse por ver al misterioso recién llegado, aunque cambió su semblante por uno furioso. A su lado, Jeanne y Ashil lo miraban con confusión.
—No podrás protegerlos por siempre —musitó, fastidiado. La figura encapuchada no se movió. Darkar volteó a ver a los otros dos—. Vámonos.
Dicho esto, los vampiros se dieron a la fuga. Evolet se arrodilló a mi lado, preocupándose por mí. Acarició mis cabellos en un intento por calmar mi dolor de cabeza, que ahora era más fuerte del que tenía antes de la aparición de Darkar.
—Tranquila, estoy bien —intenté sonreírle, pero luego noté que la figura volteó de nuevo hacia nosotros—. Tú… Eres el del otro día.
—Creo que lo que quisiste decir fue "gracias".
Se bajó la capucha, dejándonos estupefactos por su aspecto. Se trataba de un vampiro que aparentaba unos treinta años. Su piel era extremadamente pálida, tenía su larga cabellera violácea amarrada en una cola de caballo alta. Sus ojos dorados brillaban con intensidad. El sujeto me recordaba tanto a… Darkar.
—¿Qué pretendes? ¡Si buscas pelea…!
—Alto ahí. No vengo a buscar pleito, y si así fuera… ya habría barrido el suelo contigo, mocoso —sentí que me atacaba un tic en el ojo izquierdo. ¿Cómo se atrevía a llamarme mocoso?
De reojo, noté que mi hermano se había quedado viendo a la nada. Eso sólo pasaba cuando estaba teniendo una visión.
—…Podemos confiar en él —me detuvo mi gemelo, mirándome seriamente.
—¿Qué? —noté un brillo de seguridad en sus ojos, fue así que entendí cómo había llegado a esa conclusión—. ¿Uranai?
—No creo que alguien que esté huyendo de sus captores y esté desesperado por salvar su vida y la de un bebé recién nacido sea mala persona.
Alcé la mirada, para encontrarme con la del vampiro terriblemente parecido a Darkar. Aunque su semblante estuviera de lo más serio, podía percibir la tristeza en sus ojos dorados. Ninguno supo qué decir.
—Será mejor que salgamos de aquí —musitó el desconocido.
No estaba seguro de depositar mi confianza en él, pero las visiones de Yoh nunca se equivocaban. Nos encaminamos hacia la salida, y una vez fuera de la instalación, nos encontramos con nuestra familia y amigos, quienes esperaban por nosotros. Tuvieron la misma reacción al ver al misterioso hombre. La sorpresa se vio reflejada en los rostros de cada uno de ellos.
—…En nombre de todos, te agradezco por salvarnos del ataque de Darkar —agradeció Kino.
Aunque estuviera privada de la vista, sabía que el vampiro era muy similar a nuestro enemigo. Supuse que era porque Yohmei se lo había dicho cuando lo vio. Me sorprendí al ver que el vampiro inclinaba levemente la cabeza, en señal de respeto por mis abuelos. Noté que se veía un poco asombrado por su presencia en la aldea.
—Por favor, permítenos invitarte a una taza de té, como agradecimiento —el susodicho quiso negar con la cabeza, pero un gesto de mi abuela lo detuvo—. Insisto, tenemos que hablar.
—…Está bien —aceptó él, derrotado.
El camino hacia la casa fue uno silencioso, pues nadie sabía qué decir en un momento así. El ataque tan repentino de Darkar se me hizo algo sospechoso… ¿Por qué lo haría adrede? Más tarde, entendería por qué.
Cuando llegamos a las cercanías de nuestro hogar, todas las piezas encajaron perfectamente. Sólo había sido una pequeña distracción… Eso les había bastado a los demás vampiros enemigos para que destruyeran la casa en la que nos estábamos quedando. Todo había sido derrumbado, provocando que algunos ahogaran una exclamación. Los adultos se veían sumamente preocupados, pero no contábamos con que el vampiro desconocido se adelantaría, hasta quedar frente mismo a los restos de la casa.
—Qué manera de jugar sucio —dijo el hombre con voz queda—. No se preocupen, yo me encargo.
Alzó levemente sus manos y sentimos que el suelo comenzó a temblar. De pronto, los objetos levitaron en el aire. Todo lo que se había roto parecía acomodarse lentamente, regresando a su posición original… Absolutamente todo, seguramente también la vajilla de porcelana que había comprado mi madre hacía poco. No pude evitar quedarme viéndolo por un rato. El vampiro miraba con detenimiento la casa, sin desconcentrarse de lo que estaba haciendo. No había duda, era el mismo poder de telequinesis con el que nos había salvado la vida a mi hermano y a mí, unos días atrás. En un par de minutos, la casa se veía como si nunca le hubiera pasado nada. El vampiro no emitió ninguna palabra, pero su agotamiento era notable. Mi madre lo invitó a pasar a la casa, pidiéndole que se sentara en uno de los sillones que estaban en la sala. Le ofreció un recipiente metálico que conocíamos tan bien. En su interior había un poco de sangre.
—Muchas gracias, pero me alimenté hace poco —lo rechazó con educación.
—¿Por qué no hablas de una vez? ¿Quién demonios eres? ¿Y por qué necesitas permanecer oculto en este lugar? —lo acusé, retándolo con la mirada.
—Más respeto, Hao —me regañó mi madre, lanzándome una mirada envenenada.
Sabía que luego me ganaría una reprimenda por mi falta de tacto.
—…Tienes razón. Es normal que desconfíen de mí, cuando nuestro primer encuentro no fue el mejor —admitió, mientras se acomodaba en el sofá. Todos sus movimientos eran elegantes—. Mi nombre es Cedric Romanov… y si estoy constantemente ocultando mi rostro, es porque sufrí una… ¿Cómo le llaman ustedes? ¿Persecución política?
—¿Por qué? —repetí, sin cambiar mi tono de voz.
Cedric me sonrió de lado. Parecía divertido con mi actitud.
—Digamos que tengo una ideología distinta a la de mis compatriotas —explicó, sin entrar en mayor detalle—. Si estoy aquí, es porque me enteré de lo que ese tal Darkar está haciendo. Me temo que no estoy de acuerdo con la masiva conversión de shamanes en vampiros. Fue por eso que vine, para evitar que suceda algo peor.
No sabía por qué, pero una parte de mí creía que tal vez estaba diciendo la verdad. Claro, jamás lo admitiría, porque no era como si confiara completamente en él. Estuvimos hablando por un rato más, hasta que mis abuelos le pidieron que los acompañara a una de las habitaciones de la casa. Se excusaron con que querían mostrarle los productos a base de sangre sintética que inventó Fausto… Aunque parecía más como si quisieran hablar con él sobre un asunto privado.
Una vez que nos dispersamos, me puse a ver algo de televisión. Estaba contento porque el dolor de cabeza había disminuido un poco. Yoh se sentó a mi lado, colocando frente a él una pequeña mesa de dibujo que mi madre le había comprado.
—Te está quedando muy bien —mencioné, mirando maravillado la ilustración que Yoh había hecho.
Se trataba de un paisaje muy hermoso. Quizás era alguno de los lugares de la aldea que aún no había explorado.
—Silver me propuso pagarme cincuenta dólares si le dibujaba un mural para su restaurante. Era una buena cantidad de dinero, no podía rechazar la oferta —rio por lo bajo—. Tengo listo el line art. Estuve trabajando en él desde hace dos días.
—…No sé qué rayos me dijiste, pero suena complicado.
Yoh se echó a reír ante mi ignorancia con respecto a esos términos de dibujo.
—Sólo me falta colorearlo y estará listo. ¿Qué color crees que se vería bien para las flores? ¿Rojo?
Observé la ilustración de Yoh, admirando cada uno de los detalles. Tenía miedo que Silver rechazara su dibujo por haberle recomendado un color que podría arruinar el resultado final. Decidí no opinar al respecto.
—Supongo que sí.
Yoh tomó un lápiz rojo escarlata. Sonrió al imaginarse lo hermosas que se verían las flores de su pintura con ese color. Sin embargo, esa sonrisa se borró de su rostro cuando sus ojos castaños brillaron intensamente. Parecían estar bajo trance. Me sorprendí al observar cómo garabateaba sobre lo que había dibujado, reemplazando el paisaje por una imagen bastante… perturbadora. Los muchachos, al notar que Yoh dibujaba sobre el papel de forma arrebatada, se asustaron mucho. Trataron de acercársele para tranquilizarlo, pero tuve que detenerlos al comprender lo peligroso que podría resultar eso. No me sentía tan aterrado como ellos, pues ya había visto a mi otra mitad comportándose de esa forma con anterioridad.
—¡No lo toquen! —los detuve, lanzándoles una mirada de advertencia—. Podría ser peligroso para él que interrumpan su visión. Por favor, aléjense.
Los chicos me obedecieron. Se mantuvieron a unos pasos de nosotros, viendo con horror el dibujo. El alboroto atrajo a los padres de Len y a los míos. Incluso mis abuelos y Cedric se acercaron a la sala, encontrándose con la imagen de mi hermano teniendo una visión profética. Cuando finalmente se detuvo, Yoh se echó un poco hacia atrás, jadeando ligeramente. Sus ojos regresaron a la normalidad. Me miró con confusión por un momento. Sus ojos se llenaron de lágrimas. Se lanzó hacia mi pecho, llorando copiosamente. Lo abracé para intentar calmarlo, a la vez que volteaba a ver a cada uno de los presentes. Sus rostros lucían igual de aterrados. Después de unos minutos, mi hermanito había dejado de sollozar, pero aún continuaba lagrimeando un poco.
—¿Puedo? —pregunté con suavidad, acariciando su frente.
Él asintió, permitiéndome utilizar mi Reishi para poder leer su mente. Pude ver la visión que él había tenido. Nos encontrábamos en un lugar de la aldea que desconocíamos, luchando contra Darkar. A nuestro alrededor yacían los cuerpos de algunos de nuestros amigos; algunos decapitados, otros con sus órganos regados por el suelo. Vi los cuerpos de Manta, Lyserg, Redseb… Kaoru… Anna… Evolet… Darkar estaba frente a nosotros, sonriendo con malicia. Alzó una especie de arma y la enterró de lleno en mi corazón. Salí de la mente de Yoh, notando que había empezado a llorar nuevamente. Miré de soslayo el dibujo que había realizado minutos atrás. A pesar de haberlo hecho de una forma tan violenta, sus garabatos estaban perfectamente dibujados. Confirmaban lo que Yoh acababa de ver a través de su habilidad mental.
—Tranquilo, no permitiremos que eso suceda —le susurré, intentado que se tranquilizara.
—…Sabes que mi Uranai nunca falla —pronunció con la voz entrecortada.
No era que estuviera presumiendo, Yoh sólo estaba diciendo la verdad. De todas las técnicas de adivinación existentes, el poder que tenía era el único capaz de ver el pasado, presente y futuro con una exactitud del cien por ciento.
—Lo sé, puedes predecir el futuro a la perfección… pero todo depende de las acciones que realicemos. El futuro puede cambiarse si nos lo proponemos. Si entrenamos e incrementamos nuestros poderes, podremos hacerle frente a Darkar y evitar que eso suceda. Todo estará bien —cité la frase que tanto solía usar. Me miró un poco conmovido, agradeciendo el esfuerzo que estaba haciendo por hacerlo sentir mejor—. Te lo prometo, Yoh.
—Espero que tengas razón, porque tengo tanto miedo.
Fue una visión del futuro bastante aterradora. Definitivamente sucedería si nos confiábamos y no hacíamos nada por detener a Darkar. Nos asesinaría a todos y lograría lo que tanto se había propuesto. Un mundo donde los vampiros fueran los que gobernaran, destruyendo a cada uno de los humanos existentes en el planeta. Teníamos que aumentar nuestra fuerza, no había ninguna duda. Estaba seguro que, si Yoh y yo permanecíamos juntos, tendríamos más oportunidades de lograrlo.
•❈•
¡Hola! ^^
Aquí de nuevo… Continuando con este fic. Les dije que me tendrían más a menudo por aquí, y es algo que estoy dispuesta a cumplir xD El fic terminará sí o sí.
¿Qué opinan del capi? Un final bastante perturbador, ¿verdad? D: Ese Darkar es todo un sádico.
Quiero dedicarle este capi a Sabr1 por su cumpleaños. ¡Feliz cumpleaños, nee! n.n Gracias por las ideas que me has dado, y por ayudarme a revisar la redacción :P
Espero que les haya gustado. Acepto sugerencias, comentarios, críticas. Pueden hacerme llegar sus inquietudes a través de un review. Son bienvenidos.
¡Nos vemos! ^^
